martes, 8 de octubre de 2013

Recuerdos de papel. Palacio de Comunicaciones. Cibeles




Pasadas las doce de la mañana de un domingo de junio de 1935, viene la manola de misa con su velo, garbo, y limpieza de pecados. Baja la escalinata anisada del Metropolitano rumbo a casa o con la intención de cruzar al Banco de España por el paso subterráneo que un día será refugio de bombas e indigentes.
El Palacio de Comunicaciones araña el cielo madrileño y es la única referencia de que ahí está la diosa Cibeles, inmortal, como todas las diosas. Llámese también a este portentoso Palacio "Nuestra Señora de las Comunicaciones" o "Catedral de las Comunicaciones".
Tranvías, automóviles y autobuses cruzan los paseos de Recoletos y del Prado, donde se instalaba la flamante Feria del Libro, para subir por Alcalá con mayor velocidad que el carro tirado por mulas que se niega a sucumbir en el pasado.
Los reclamos publicitarios viajan sin billete y se pavonean por las céntricas arterias del Madrid que a esas horas comienza a ser de vermú y chato de vino, con tapita; de Rastro; de jardines de El Retiro; de pavoneos por la Castellana; del piri; de los pecados enjugados momentos antes por la manola.


Fotografía de Montaña. Mundo Gráfico, 1935




© 2013 Eduardo Valero García - HUM 013-002 RECUPAPEL


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