sábado, 26 de octubre de 2013

Madrid, 25 y 26 de octubre de 1913


Hace cien años en Madrid...


  Sábado 25  
Máxima  16,2º
Mínima   9,6º



1913
OCTUBRE
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In Memoriam

AMPARO SOLER LEAL
Madrid, 23 de agosto de 1933
Barcelona, 25 de octubre de 2013


NOTA: Sepan disculpar los lectores de estas efemérides si no se tocan más palos que los de la política. Estos días la situación era crítica y los periódicos llenaban sus páginas con la última hora desde la Cámara y el Palacio; noticias reales, tergiversadas, inventadas, y otros tantos cotilleos.


La situación política
Con la publicación de este titular creemos que está todo dicho.


Los alrededores del Senado mostraban gran animación. Muchos madrileños se habían acercado para ver a los senadores y ministros que asistían a la sesión de ese día. La fila de los que deseaban acceder a la Tribuna pública era inmensa.



A las tres y treinta y cinco minutos de la tarde se abrió la sesión con los bancos rojos y azules casi completos. Se dio lectura a varios proyectos de Ley y a continuación tomó la palabra el conde de Romanones.

"Señores Senadores: Tenemos en nuestras manos la suerte del partido liberal.
Tengo que explicar por qué yo, sin requerimientos previos, hago uso de la palabra, y por qué he elegido el Senado para levantarme. He tomado la iniciativa, porque quiero que este debate se desarrolle dentro de la mayor templanza, y porque deseo que sirva para estrechar lazos políticos hoy próximos a romperse.
He elegido esta Cámara, porque aquí se desarrollaron los principales hechos que motivan el que yo me levante hoy aquí.
El Gobierno, para vivir en el Parlamento y aprobar sus proyectos, necesita una mayoría suya, una mayoría adicta, y esta tarde ha de saber, de una manera cierta, si cuenta con ella. ¡Yo no quiero vivir de precario, no sé vivir de esta manera vergonzante!
Yo no necesito esta tarde vuestros votos, Sres. Senadores. Yo sólo quiero que defináis vuestra actitud. Si yo no os inspiro confianza, buscad otro y agrupaos a su lado, y yo me resignaré, bajando la cabeza, a respetar la nueva autoridad."

Acto seguido, un secretario leyó la siguiente proposición de confianza:
"Los Senadores que suscriben ruegan al Senado se sirva declarar que, habiendo oído con complacencia las manifestaciones del Sr. Presidente del Consejo de Ministros, aprueba la conducta del Gobierno de S. M. durante el interregno parlamentario, y confía en aquél para el desarrollo de su programa y la afirmación de la política liberal y democrática, que genuinamente representa.—Pulido, Cendrero, Conde de Garay, España, Aguilera, Maestre."

A partir de ahí comenzó el rifirrafe entre unos y otros, y otros y unos, hasta que llegó el momento de las votaciones. La expectación era mayor que nunca.
El secretario Sr. Ranero declaró al terminar la votación que 102 Senadores habían votado a favor del Gobierno, y 107 en contra. La proposición, por tanto, quedó desechada por cinco votos.


Desde el Senado marchó Romanones al Palacio Real para conferenciar con Alfonso XIII. Al salir dijo lo siguiente:

"He dado cuenta a S. M. de la sesión de hoy, del resultado de la votación y de las manifestaciones que en el Senado se han hecho, y de que de los tres elementos que hacen falta para gobernar me faltaba uno de ellos.
Contaba con la absoluta confianza del Rey, con el ambiente del país, favorable a mí, habiendo muchos signos que lo demuestran; pero no tenía el instrumento parlamentario para desarrollar la política y hacer leyes que beneficiasen al país.
Declaré rotundamente que las actuales Cortes no eran instrumento de Gobierno, y que yo era el que tenía mayor fuerza en la mayoría.
Su Majestad se lamentó de lo ocurrido, pues estaba resuelto a que las Cortes actuales agotaran su vida legal para lo cual en todo momento había facilitado los medios necesarios; pero en vista de que no resultaban instrumento de Gobierno y morían, hacía constar que no era por su voluntad. Haciéndose cargo de todo lo ocurrido, aceptaba la dimisión que le presentaba el Gobierno, lamentándolo, aunque todavía cifraba algunas esperanzas."

Mucho extrañó a la gente política que Alfonso XIII manifestase por adelantado la opinión de que las Cortes ya estaban muertas, pues esto parecía suponer su propósito preconcebido de cambiar de política; por eso se creyó que el presidente del Consejo se había equivocado.



El asesinato de Jalón
La sentencia del Supremo
Este día de hace cien años se conocía el contenido del testimonio de la sentencia firmada por la Sala de Justicia del Consejo Supremo.
El documento, que en toda su extensión estaba muy nutrido de doctrina jurídica. Constaba de 11 puntos donde se analizaba minuciosamente todos los extremos del proceso hasta en sus menores detalles. El último punto, es decir el décimo primero, contenía la sentencia.

"11.º - Que el que es responsable criminalmente lo es también civilmente.
Se revoca la sentencia del Consejo de Guerra de oficiales generales, y se dicta la siguiente:
Se declara autor del delito complejo de robo con homicidio, previsto y penado en el caso 1.º del art. 516 del Código penal ordinario, á Manuel Sánchez López, siendo de apreciar las circunstancias agravantes de premeditación y alevosía, y la que por razón de ser el edificio militar señala el art. 175 del Código de Justicia Militar, y se le condena á la pena de muerte, que se habrá de ejecutar en la forma que previene el art. 636 del mencionado Código de Justicia Militar, con las accesorias de inhabilitación absoluta perpetua y pérdida de empleo en caso de indulto.
Se declara coautora del delito complejo de robo con homicidio á Luisa Sánchez Noguerol, apreciando la agravante de premeditación, y compensándola con la atenuante de haber obrado impulsada por estímulos de conmiseración hacia sus hermanos menores, cuya suerte pretendía mejorar, con arreglo á la circunstancia octava del art. 9.° del Código Penal ordinario, y se la condena á cadena perpetua, que en atención á su sexo se sustituye por la de reclusión perpetua.
Ambos procesados son subsidiariamente responsables de la indemnización de 15.000 pesetas á la familia de la víctima, así como de las 5.000 pesetas de la ficha y del importe de las alhajas y efectos desaparecidos, y de restituir al dueño de la casa de compra venta de la calle del Barquillo, D. Pedro Esteban, la cantidad que por el reloj, cadena y dije entregó á Sánchez.
Todo con arreglo á los artículos que se mencionan del Código Penal ordinario y de Justicia Militar."



Paludismo en el Parque del Oeste
Se conocían este día las numerosas quejas de padres que venían sus hijos atacados de calenturas palúdicas a causa de haber estado jugando en el Parque del Oeste.

Decía La Correspondencia de España:
"Hace tiempo que sabíamos que éste sitio de recreo y esparcimiento de la infancia, una de las mejores reformas hechas en Madrid durante los últimos años, constituía un verdadero peligro para la niñez.
Nada dijimos porque esperábamos que las autoridades municipales tomarían cartas en el asunto. Pero los días pasan y el paludismo se acentúa."

Y así era. El paludismo crecía especialmente en los barrios de Arguelles y Pozas, cercanos al Parque del Oeste, donde había una gran cantidad de niños atacados de fiebres palúdicas.
La cantidad de charcos con aguas estancadas eran los causantes de la enfermedad; pequeños pantanos que hacían del idílico paraje un sitio donde los niños encontraban la enfermedad en vez del saludable robustecimiento.

Continuaba diciendo el periódico:
"Además, los riegos son hechos de manera muy inhábil, las pequeñas cascadas artificiales son remansos más que otra cosa, por cuya superficie vuela el mosquito del paludismo; la humedad, aun en los días de sol, es grandísima, y todo se conjura en contra de la salud de los niños.
De lamentar es que los hijos de los madrileños no puedan jugar al aire libre, entre árboles, sin correr graves riesgos.
Damos a los padres la voz de alarma y rogamos al alcalde se dé un paseo por el Parque del Oeste y disponga lo necesario para su pronta higienización."



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  Domingo 26  
Máxima  16,8º
Mínima   10,4º



Coplas del domingo, por Antonio Casero

¡YA ESCAMPA!
—Joven: yo llevo un paraguas
que, aunque está pa pocas bromas,
aun pue que la cubra algo
de su escultural persona.
¿Que le faltan las vainillas
y que la seda está rota?
En cambio, su dueño, joven,
está pa que se lo coman,
de chaval y de bonito
que se encuentra, las golosas,
y perdóneme la dama
si yo mismo me'doy coba...
Hija, se va usté poniendo
talmente como una esponja;
yo sé mu bien que a las flores
el agua no las estorba;
pero esto ya es el diluvio
y no hay opción, reina mora.

(La joven, en vista del aguacero y del
pelma, se refugia en un portal donde hay
un chirivitil, y en él un viejo remendón
de mal pelaje y corto de vista, a juzgar
por las gafas que usa. Tras de la moza
fue el mozo, y entre la tarde nublosa
y los intrusos, el remendón no sabe donde
clava y está dado a los demonios.)

Parece que nunca ha llovido;
miste que cae que da gloria.
¿Quie usté que vaya a buscar
el palio de la parroquia
pa llevarla a usté a su casa
u al obrador, so reciosa?
¿Quiere usté que alfombre la calle
de tapiz pa que usté ponga
esos pies, que donde pisan
nacen claveles; y rosas?
¿Quie usté que vaya corriendo
y la traiga la carroza
que vulgarmente la dicen
de doña Juana la Loca?
¿Qne quie usté, reina, del mundo?
Dígame qué se le antoja;
lo que quiera, lo que anhele.
¿Que la pide a usté esa boca?
De tres pesetas p'abajo
pida usté, si quiere, gloria.
De tres pesetas p'arriba,
la liquidación forzosa;
hace que no lleco al duro
dos meses; ¡la bancarrota!...
Paece que escampa un poquito...
entodavía caen gotas;
pero diga usté, comadre,
sí u no, y el Papa en Roma,
que al salir usté a la rue
va a salir el Sol, y es cosa
de que interpele usté al nieto
de mi agüela. ¿Es usté sorda?
¿U es que pa oír a la joven
hay que dir al Rial, seriosa?...
Comadre, diga usté algo,
no sea usté mala persona.
—¡Caray, mia que es usté pelma!
—¡Hija, mia que es usté hermosa!
—Se estima.
—Lo dicho es dicho.
—¡Gracias!
—Las que a usté le sobran;
¡ole las caras riéndose!
—Hombre, tie usté güena, sombra.
—Vaya una tarde serrana
pa que usté no fuera tonta,
y supiera usté quererme
lo que yo a usté,¡so guasona!
—Güeno; pero no arrempuje,
que no va a pasar la tropa.
—¿Va usté a quererme muchito?
—Hasta quedarme sin gota
de sangre en las venas.
—¡Madre!
—¡Ay, hijo, que te emocionas!
—Si es que es usté mu bonita.
—Y usté es un chusco.
—¡Chulona!
—¡Moreno, que m'atormentas!
—¡Morena, que me sofocas!...
El zapatero.—¡Pollitos,
caray, que la vida es corta!
Güeno está de que me quiten
la luz, sí; pero, ¡recontra!,
que aun tie rescoldo el brasero...
y... vamos... no gastéis bromas...
que cierro el chirivitil
y emigro a la Califonria.
—Los primeros zapatitos
de nuestra primera rorra,
u rorro, usté se los hace.
—Y voy a hacerle una obra
que el Gobierno la declara,
u dejo de ser Juan Mora,
menumento nacional.
—Agüelo, ¿quie usté una copa?
—Una, no; ¡doscientas doce!
—Cuando tú quieras, paloma.
—¡Quita el pistón, que me pierdes!
—¿Vas a quererme, chulona?
—Como nunca t'han querío.
—¡Júralo!
—¡Y lo juro!
—¡Loca!
—¡Ya escampa!
-¿Qué?
—Na, que escampa;
¿vamos a tomar la copa?
—Vamos adonde usté quiera;
al infierno u a la gloria,
y Dios bendiga la lluvia,
que siempre fue bienhechora.
—Y de los zapatos, ¿qué?'...
—Pues que manos a la obra.
—Pero ¿corren mucha prisa?
—Hombre, sí; quizá que corran...



Situación política
Se acabó lo que se daba


La enorme expectación despertada por el acontecimiento político del día y el anuncio de que en la mañana de aquel debían comenzar en Palacio las consultas para resolver la crisis, congregó desde las primeras horas de la mañana gran multitud de personas en la plaza de Oriente.
El rey recibió en Palacio para la consulta a los siguientes hombres de la política: 11:45 horas, D. Miguel Villanueva (Presidente del Congreso); 11:25 horas, Sr. García Prieto (Cabeza de los liberales disidentes); 13:20 horas, Conde de Romanones; D. Eduardo Dato y el señor Azcárate salieron juntos del Palacio a las tres de la tarde; 14:50 horas, Sr. Maura, que abandonó el Palacio a las 16:35 horas. Los Sres. Montero Ríos se comunicó por telegrama pidiendo que, en caso de no formarse Gobierno, se propusiese a García Prieto para la continuación de los liberales hasta terminar la vida legal de las Cortes. El marqués de Pidal se comunico por carta manifestando que debía ser llamado al Poder el Partido Conservador.



Incidente contra Maura
A la salida del Palacio, el Sr. Maura dijo a los periodistas:
"Mi actitud está bien definida; la he hecho pública muchas veces, y como lo que no he dicho lo inventan, no tengo nada que añadir."

Fue entonces cuando se produjo el incidente. Algunos silbaron y otros aplaudieron al jefe conservador, siendo detenido un individuo, al que acusaron de anarquista, que tuvo que ser puesto en libertad, pues resultó ser un conocido médico de Barcelona, y hasta partidario del Sr. Maura.





Romanones vuelve a Palacio
A las cinco menos diez de la tarde llegó a Palacio el conde de Romanones, y después de enterarse de que los conservadores habían aconsejado la continuación de los liberales, exclamó:
"¡Está bien, quieren liberales después de derrotarlos. Es como si derribaran a uno y luego desearan que pasease por la Castellana."

A las cinco y veinticinco salió Romanones de Palacio, diciendo:
"De mi cuerda no hay más que yo. No somos nosotros los que gobernaremos. El que venga dentro de poco, será el encargado. Al fin voy a descansar."

Todo el mundo creyó que el que llegaría sería Maura, y así se telegrafió a todas partes; pero a las cinco y treinta y cinco se presentó en Palacio el Sr. Dato.


Don Eduardo Dato
Al salir de Palacio, a las seis y veinticinco, dijo el Sr. Dato:
"Su majestad me ha hecho una relación detallada del proceso de la crisis, y rae dijo que, en vista de que los liberales no podían seguir gobernando con las actuales Cortes, había rogado al Sr. Maura que se encargase de formar Gobierno.
Como el Sr. Maura declinó el honor, por las circunstancias del partido conservador, entregando al mismo tiempo al monarca una nota explicativa, S. M. me otorgó el encargo de formar Gobierno.
Yo ni decliné ni acepté esa misión, y rogué al rey que me concediese un plazo hasta mañana, a las doce, para contestar."


Dato se dirigió al domicilio del Sr. Maura en la calle de la Lealtad, pero éste se había marchado al campo. Desde allí se desplazó al hotel del conde de Romanones, donde conferenció largo rato. Al finalizar el encuentro con el caído jefe del Gobierno, marchó a su domicilio donde le esperaban los Sres. González Besada y Sánchez Guerra.
A las once de la noche abandonó el Sr. Dato su domicilio, dirigiéndose al del general Azcárraga. Dato mantuvo una larga conferencia con el general, y a las doce y veinte minutos salía de casa de éste.



Salón Doré





Humor centenario

Diálogo:
-¡Salud, y a ver cómo nos deshacemos de estos disidentes!



Recetas de la bisabuela
ASADOS EN PARRILLA
Tómese carne de tapa de ternera, tajadas de vaca, y pierna de carnero ó cerdo, y háganse en trozos de unos cuatro dedos de largo y uno de grueso, y echeseles un adobo compuesto con un poco de aceite, perejil, pimienta, cebolletas y chalotas todo muy picado.
Se ponen en una cazuela al fuego, y cuando están á medio cocer se retiran. Después se echan en una caja de papel muy untada de aceite, echando también todo el aderezo, juntamente con un poco de pan rallado y sal; se cubren con una hoja de papel y se ponen sobre las parrillas para que se asen á fuego lento.
Cuando están en su punto se rocían con un chorrito de vinagre y se sirven en la misma caja en que se han asado.

VACA
La mejor carne es de un encarnado oscuro, veteada de fibritas blancas y cubierta de gordura. Para el puchero los mejores trozos son los del pecho y cuello, a espaldilla ú hombros son mas inferiores, y aun mucho mas el sobrelomo y la cabeza.

Vaca verde. (Entrada).
Se corta la carne haciéndola tajadas iguales y gruesas como una pieza de diez reales, y se colocan en un molde ó cazuela unas encima de otras formando una corona: se sazonan con sal y pimienta, humedeciéndolas con una cucharada de sustancia ó caldo. Hágase que cuezan despacio media hora, con fuego arriba y por abajo. En seguida se prepara una salsa con sustancia ó caldo en la que se cocerán por espacio de cinco minutos yerbas finas, añadiendo un chorrito de vinagre.
Vuelqúese sobre un plato la vaca y viértase en medio la salsa.

Ropa vieja, ó vaca y a cocida. (Entrada).
Tómese cebollas y córtense á ruedas, las que se pondrán al fuego en una cazuela con un pedazo de manteca, dándoles algunas vueltas hasta que estén casi cocidas; añádaseles entonces un polvo de harina y menéense hasta que estén bien doradas. Se humedecen con caldo, vino blanco, pimienta y sal, y se deja todo hasta que las cebollas estén enteramente cocidas, y no quede nada de caldo; entonces se echa la vaca cocida en trocitos, y se deja que cuezan para que tomen el gusto de la cebolla, y se sirve sazonándola con mostaza ó unas gotas de vinagre.

Carne de vaca cocida al aceite. (Entrada).
Se hace tajadas la vaca que se ha retirado de la mesa y se colocan en un plato ribeteado con perejil picado, chalótas y pepinillos. En una salsera se sirve una salsa hecha al aceite, ú otra picante confeccionada con mostaza, aceite, vinagre y chalotas, llamada remolada, para que cada uno la sazone á su gusto.

Carne cocida y que ya ha estado en la mesa. (Entrada)
También esta se sirve con leda clase de salsas, picante, de pobres , de tomate, pepinillos, á la Robert, blanqueta , remorada con tostones, etc. Puede guarnecerse con patatas fritas.



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© 2013 Eduardo Valero García - HUM 013-258/259 EFEMERIDES1913


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