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martes, 26 de febrero de 2019

Recuerdos de papel. Menú del Palace Hotel. Madrid, 20 de febrero de 1919

«Las cosas tienen alma, y en el misterio de las oscuridades el alma de las cosas dice más que en la vulgaridad de la luz.»
Del Rastro a Maravillas, Pedro de Répide.
Mi estimado amigo José Losa Teresa, conocedor de esta pasión mía por la historia y las antigüedades, tuvo a bien regalarme un tesoro proveniente de su colección particular. Se trata de un recuerdo de papel que el pasado 20 de febrero de 2019 cumplió cien años.
Este pequeño documento impreso en papel de excelente calidad, con un tamaño de 15,6 cm de largo por 9,7 cm de ancho, e impresión tipográfica exquisita, corresponde al menú ofrecido por el Restaurante del Palace Hotel de Madrid el jueves 20 de febrero de 1919.



José Losa lo heredó de su tío, D. Emilio López, quien había ingresado como botones del emblemático hotel en el momento de su inauguración. Don Emilio tenía entonces 12 años.

En la siguiente fotografía, del danés Christian Franzen, vemos retratado a un joven botones del Palace Hotel. La fotografía original es propiedad de la tienda Casa Postal, de Madrid.



Y, aunque parezca un insignificante trozo de papel, en torno a él se desarrollaron varios acontecimientos de interés para la historia urbana de nuestra ciudad. Curiosamente, alguno de ellos parece repetirse después de un siglo y están relacionados con noticias de provincias.


El menú
Era costumbre en los restaurantes postineros de Madrid que el menú se redactase en francés. Así lo hemos visto en el viaje en el tiempo realizado a Lhardy en 1892.
Como vemos en el propio menú, y en esta publicidad de 1919, el precio de las comidas era de 8 pesetas.


En cuanto a los cocineros, la responsabilidad de la confección de los platos recayó en D. José Blanco (figura también como José Blasco), jefe de cocina, y D. Ramón Sentis, cocinero; profesionales de la gastronomía muy acostumbrados a la preparación de menús para una ingente cantidad de comensales.

Por la tachadura que vemos en “Potage Freneuse”, parece que fue muy solicitado y acabaron con su existencia antes de finalizar el servicio. En realidad, no era otra cosa que una sopa francesa, pero tenía que estar muy buena.

Aquí la receta, por si la queréis hacer.

Ingredientes para 4 personas:
• 600 gr pequeños nabos
• 2 puerros blancos
• 2 papas grandes
• 80 gr de raíz de apio
• perejil
• 50 gr de mantequilla clarificada
• 30 gr de mantequilla
• Azúcar en polvo
• 4 c. con crema fresca
• ½ litro de caldo de pollo
• Sal pimienta
• Crutones Fritos De Pan Blanco

Preparación:
• Pelar los nabos.
• Detalle en tiras regulares con la mandolina.
Vierta la mantequilla clarificada en una cacerola, agregue los nabos.
• A fuego alto, dorarlas ligeramente.
• Cubra, baje el fuego y déjelos reposar durante 30 minutos a fuego lento.
• Pelar los puerros. Lavarlos y rebanarlos.
• Pelar la patata y la raíz de apio.
• Lavarlos, detallarlos en dados pequeños.
• En la mantequilla derretida, fríe los puerros mientras revuelve para que no se manchen. Sal y pimienta
• Mojar con caldo. Llevar a ebullición y agregar el apio y la papa. Tapar y dejar cocer a fuego lento durante 30 minutos.
• Escurrir los nabos confitados. Añadir a las otras verduras en el caldo.
• Continuar cocinando durante 20 minutos.
• Aplasta todas estas verduras en la fábrica de vegetales o cambia a la licuadora.
• Regrese la sopa al calor para mantenerla caliente.
• Al servir, agregue la crème fraîche.
• Picar el perejil y esparcirlo en la sopa.
• Añadir los picatostes fritos en mantequilla. 

La receta original, en francés, la encontraréis en La Gastronomie aur coeur de la Wallonie.


Banquete Hispano-marroquí
Un mes antes, la noche del 20 de enero, el equipo de cocineros, dirigido por Blanco, había preparado un banquete para la Comisión de homenaje al nuevo presidente de los Centros Comerciales Hispano-marroquíes, Sr. Gerardo Doval.

Esta Comisión estaba integrada por el Ayuntamiento de Madrid, el Ministerio de Fomento y el Tribunal Supremo, que ya es decir.

Las tarjetas para asistir al banquete podían adquirirse en la Librería de Fernando Fe (Puerta del Sol, 15); Centro Comercial Hispano Marroquí (calle San Agustín, 2), y en la Casa de Abanicos de Manuel de Diego (Puerta del Sol, 13).





Un inciso:
Los cocineros españoles contra el Palace Hotel. Madrid, 1912
Redactar los menús en francés, con platos cuyas recetas eran netamente francesas, puede aceptarse. Pero lo que no aceptaron los cocineros españoles fue la discriminación que la Compañía del Palace hizo en un primer momento. La dirección del hotel consideró que en sus cocinas solo podían trabajar profesionales galos; los españoles no eran considerados personal cualificado.

La protesta de los chefs madrileños y de otras provincias fue contundente y llegó a su punto álgido cuando, pocos días antes de la inauguración del hotel, el Palace pidió al Hotel Ritz un cocinero.

Se trataba de D. Félix Ruiz del Castillo (en la fotografía), cocinero de mérito que conocía a la perfección los idiomas francés e inglés por haber trabajado ocho años en el Hotel Bristol de Londres y haber hecho prácticas durante tres años en las cocinas parisinas.

La Dirección del Palace consideró que, al ser español, solo podía trabajar de ayudante.

El domingo 20 de octubre de 1912 se organizó un mitin de protesta en una sede de las Sociedades de Hostelería, ubicada en la calle Visitación, número 8. Asistieron profesionales de la gastronomía pertenecientes a Sociedades de toda España, tanto de cocineros como pasteleros, confiteros, reposteros, camareros y similares.

En las siguientes fotografías, publicadas en el Semanario ilustrado Las Ocurrencias, quedan retratados algunos de los asistentes al mitin y tres de los principales organizadores de la protesta.





De izquierda a derecha, Antonio Sala Plá, secretario de la Sociedad El arte culinario, además de cocinero durante siete años en casa de la duquesa de Abrantes y cinco en la de la condesa de San Junois. También había trabajado en las cocinas de Palacio y en el Veloz Club, entre otros restaurantes. Juan Gómez, cocinero jefe del Hotel Inglés y presidente de El arte culinario, y Atilano Granda, afamado cocinero y presidente de la Unión culinaria.

El jefe de cocinas del Palace, M. Ernest Lacoste, había enviado una carta disculpándose y haciendo constar que él pertenecía a las Sociedades obreras francesas.

Por su parte, González Marcos, representante de Solidaridad Obrera, dijo en su discurso: «Bueno que el trabajo no tiene ni debe tener fronteras, en eso estamos; pero que esas fronteras no nos las pongan en nuestras alcobas.»

Todos los allí presente estaban de acuerdo en una cosa; mientras los cocineros españoles eran ofendidos de tal manera y elevaban sus protestas al Gobierno, el presidente Canalejas continuaba comiendo en el Palace. Lamentablemente, fue por poco tiempo, ya que Canalejas era asesinado en la Puerta del Sol el 12 de noviembre de ese año.

Después de aquel primer mitin se sucedieron otros tantos, y la prensa nacional se interesó por la situación. Mala imagen para el recién estrenado Palace Hotel.

En la fotografía, el mitin celebrado en el Teatro Romea la noche del 3 de noviembre de 1912.



Afortunadamente, los cocineros españoles tuvieron cabida en los fogones del Palace; así lo muestra esta fotografía de 1913.



Posteriormente, su lucha fue otra, la del descanso dominical que perseguían todos los trabajadores. Pero esa es otra historia.


Restaurant del Palace Hotel
El siguiente plano de planta muestran las dimensiones del Restaurante, Salón de banquetes y cocinas.
Corresponde a la planta baja del edificio, donde se aprecia el gran hall; la recepción y dirección; oficina de caja y cambio; conserjería; oficina de Correos; oficina de teléfonos interurbanos; elegante Grill-room al estilo inglés y bar americano. Jardín de invierno estilo Luis XVI con una cúpula de cristal de Venecia que cubre una superficie de 800 m². Dos salas, una de lectura y otra de visitas. Guardarropa y salón de peluquería.




Señalado en rojo sobre el plano, el suntuoso Restaurante inglés con capacidad para 2.000 personas, con ventanas a la plaza de las Cortes, plaza de Cánovas y calle de Cervantes.

Localizado con color amarillo, el Salón de banquetes, diseñado para agasajos, bailes, fiestas y reuniones, con capacidad para más de 1.000 personas.

En color verde, las zonas inherentes a los servicios de la Cocina.

En el entresuelo se encontraba la primera "brasserie" del mundo y las cocinas de esta; una bodega con capacidad para 25 millones de botellas. En la "brasserie" se instala un restaurante a la carta, más de cincuenta mesas de billar y espacio para la orquesta.
 

El jueves 13 de febrero de 1919 en el Palace
Siete días antes de la fecha del menú, el Palace Hotel había sido escenario de una importante manifestación de estudiantes en protesta contra el caciquismo.

El asunto venía de los sucesos ocurridos en Granada los días 11 y 12 de febrero, cuando el pueblo granadino se levantó en contra del caciquismo, representado en la figura de Felipe La Chica (alcalde de Granada) y Juan Ramón La Chica (diputado por Granada).

La Guardia civil, mandada por la tiranía caciquil, arremetió de forma contundente contra las columnas de manifestantes, compuestas estas por Sociedades obreras, catedráticos, diputados, ciudadanos y muchos estudiantes.

Durante los disturbios fallecieron por disparos el estudiante de Medicina Ramón Ruiz de Peralta y la joven Josefa González Vivas, quien estaba asomada al balcón de su casa.

En las fotografías, retratos de los fallecidos y de los caciques granadinos. De estos últimos sólo puedo decir que sus caras les delatan.




El Año Político de 1919 hacía un resumen de los hechos que llevaron a la manifestación:
«Allí (en Granada) no había Diputado si no se contaba con el Sr. La Chica; ni Gobernador, si no se sujetaba a las exigencias del cacique (que no siempre eran justas); él siempre era Diputado, y la Alcaldía y los principales puestos y sinecuras de la provincia eran para sus deudos y allegados.
Y como su tribu constituía ya una verdadera fuerza, cuando caía un partido, el que lo sucedía procuraba entenderse con el reyezuelo, repartiéndose las actas y todo lo que hubiera que repartir, con lo cual dicho se está que su poder crecía cada vez más, pasando así por diversas jefaturas políticas, según la que él veía que podía, desde Madrid, dispensarle mayor influencia.
Pero fueron tantos los abusos que cometió, que ya el pueblo no pudo resistir más, y sin que podamos determinar las causas, se alzó contra él la opinión, de tal modo compacta y unánime, que determinó una verdadera revolución.»

Se trató el tema en el Congreso, destronando de la alcaldía a Felipe La Chica; aceptando la renuncia del Gobernador lachiquista, y cerrando la Universidad y los comercios.

Después, la tragedia, y más tarde la manifestación de los estudiantes madrileños que pedían la cabeza del diputado Juan Ramón La Chica. Lo buscaron en el Congreso, apostándose en la escalinata portando velas encendidas y cantando letanías. Lo persiguieron hasta el Palace Hotel, donde se le suponía refugiado, apedreando la fachada y accediendo hasta el vestíbulo.




La Chica, que no podía volver a Granada, se refugió cobardemente en el Congreso y con escolta policial. Más tarde, en el mes de marzo, tuvo el descaro de volver a la ciudad andaluza, pero el pueblo solicitó se le expulsase, y a eso se comprometió el Gobernador civil.

Los sucesos de Granada y la presencia del lachiquismo en el Congreso, sumados a la situación social del momento, estuvieron a punto de crear una crisis de Gobierno, que de por sí ya estaba bastante maltrecho.

En tono de humor, y como resumen de lo que acontecía hace cien años en Madrid, esta viñeta de Tovar publicada en el Heraldo de Madrid del 6 de marzo de 1919.



La valla de Vitórica
Existió en la calle de Cedaceros una valla puesta por el señor Juan Vitórica y Casuso que, además de acaudalado señor, era diputado a Cortes por Madrid. La valla, denominada “de Vitórica” o “de la calle Cedaceros”, dificultaba el tránsito por aquella arteria y su Señoría se negaba a quitarla, manteniendo un largo y farragoso pleito con el Ayuntamiento.




Hacía tiempo, durante el mandato del alcalde Ruiz Jiménez, que se mandó derribar la fachada de la casa de Vitórica por peligro de derrumbe, pero el ínclito señor colocó esa valla e hizo caso omiso a las ordenes municipales.




El tema llegó a la Gobernación civil y en ese año de 1919 estaba en su punto más álgido. El pleito pasó a mayores, dándose a conocer en la prensa y en las sesiones del Congreso de los diputados. Pero la tediosa valla continuaba en su sitio.

Fueron los estudiantes quienes el día 13 de febrero dieron carpetazo al expediente al pasar por la calle Cedaceros de regreso de su manifestación en el Palace. Hicieron añico la valla y recogieron trozos para llevarlas al Ayuntamiento. Allí, una comisión de jóvenes parlamentó con el alcalde y le hicieron entrega de los simbólicos restos de la valla, manifestando que ya se había acabado el litigio municipal. De paso, advirtieron que si se subía el precio del billete de tranvía obrarían de igual forma, quemando los coches en la vía pública.
Muy contundentes los estudiantes del siglo pasado.




Por otra parte, en el Congreso de los diputados se desarrollaba una escena muy cómica. El diputado Vitórica pedía al presidente que se le amparase en sus derechos porque en la tribuna de la prensa se le había ofendido.

Un diputado dijo que ya estaba allí el de la valla y otro exclamó que había que poner una valla en la tribuna. El presidente respondió: «‒Y a su Señoría otra». Hubo risas, y también protestas.

Para concluir, haciendo honor al gracejo madrileño, no faltó quien solicitó se cambiase el nombre de la calle por el de “El hombre de la valla”. Ironía que tiraba por tierra los apellidos del diputado.


A los postres
Más podría contar sobre aquel Madrid que nos enseña este pequeño pero valioso trozo de papel. Mucho más si me centro en la cuestión del separatismo catalán, presente en el Congreso aquellos días y de las huelgas constantes en protesta por las subsistencias y la precariedad laboral.

Pero el Palace Hotel ha sido el foco de atención, y en él se continuará esa vida frenética de los altos vuelos, cons sus banquetes, bailes, celebraciones, y el famoso Modern Style, evento inaugurado la tarde del martes 11 de febrero, y que reunía a la flor y nata de la sociedad madrileña para tomar el té, bailar y conversar.

Queda aquí mi agradecimiento a don José Losa Teresa, quien con su regalo ha abierto una ventana al Madrid de un siglo atrás, en el que se amalgaman trágicos sucesos con cómicos acontecimientos y algunas curiosidades.

Queda, también, el recuerdo a don Emilio López, aquel jovenzuelo que comenzó a trabajar en el Palace con 12 añitos, más tarde en el Hotel Ritz, y que acabará de portero y propietario de tres taxis. Así eran los madrileños de antes.


Eduardo Valero García


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En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2019) "Recuerdos de papel. Menú del Palace Hotel. Madrid, 20 de febrero de 1919", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

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Historia Urbana de Madrid
ISSN 2444-1325

jueves, 1 de junio de 2017

La Casa de Iván de Vargas, la familia Forns y un secuestro. Madrid, 1935

Hace unos días, buscando datos asociados a nuestro Santo Patrón San Isidro Labrador, dimos con un curioso suceso. Los hechos ocurrieron en el Madrid de 1935, en la antigua casa de Iván de Vargas, edificio hoy convertido en la Biblioteca Pública Municipal del mismo nombre.

Llamaron nuestra atención dos fotografías idénticas -y publicadas en distintas fechas-, de la Casa de Iván de Vargas, vecina a la Plaza del Cordón. La primera era una composición al uso de la época que incluía la casa y una imagen de San Isidro; la segunda hacía referencia al suceso que relataremos. El guardia urbano que aparece nada tenía que ver con la noticia, pues la fotografía era de archivo.




La casa de Iván de Vargas
La Casa de Iván de Vargas fue construida en el siglo XII. La que aparece en las fotografías es la que pudo ser levantada hacia 1720 sobre los terrenos de la primitiva edificación. Otros datos hallados podrían datar la construcción entre los siglos XVI y XVII.
Como hemos comentado, hoy la casa es Biblioteca y su fisonomía difiere de la original. Incluso en 1935 tenía en su fachada elementos que no existían en 1928.




Todos los detalles sobre la nueva edificación, obra del Estudio Andrada Arquitectura, los podemos encontrar en el sitio web Plataforma arquitectura.

En los años 60 del pasado siglo vivieron allí, además de uno de sus propietarios, el académico de Bellas Artes D. Joaquín Valverde Lasarte y el famoso pintor Guido Caprotti, muy aficionado a celebrar el día del Santo patrón con una fiesta a la que asistía multitud de amigos para tomar rosquillas y sangría.

ACTUALIZACIÓN
Citado en el párrafo anterior a Guido Caprotti (1887-1966), el 15 de diciembre de 2025 recibimos un comentario del escritor Edgar Caprotti Jiménez, nieto del pintor. Se trata de un testimonio interesante  por haber habitado aquella casa.
Vivió allí casi desde su nacimiento (marzo de 1963) hasta su marcha el 23 de junio de 1995 junto a sus padres.
Edgar nos cuenta:

"Habité el primero derecha de esa casa junto a mis padres, mi abuelo el pintor Guido Caprotti y su mujer Laura De la Torre y mi bisabuela y madre de esta, Laura Hernández. Mis abuelos llegaron a la casa hacia 1941 junto a mi padre, Edgar, su hermano Óscar y su hermana Laura, que se casarían y dejarían la casa en los años 50, antes de nacer yo.
Mi bisabuela llegó antes que yo, por los años 50 creo. Y mis padres se casaron en 1962, naciendo yo al año siguiente (no nací ahí, pero me llevaron a los escasos días de nacer).
Por cierto, el balcón abierto que se ve en el patio en la segunda foto y primer piso sobre la reja del hecho del secuestro que se cuenta aquí, fue mi cuarto desde muy pequeño. (...) Conocí al pintor Joaquín Valverde y Clara Forns, hija de José Forns y nieta de Rafael Forns, padre".

Cabe destacar que Edgar Caprotti de la Torre, abogado de profesión y padre de quien nos escribe, fue jugador del equipo de baloncesto del Real Madrid durante seis temporadas. Destacó como internacional varias veces y figura prominente en las copas obtenidas entre 1948 y 1950. Además, fue miembro de la Asociación de jugadores de baloncesto del Real Madrid. Falleció en la Villa y Corte el 3 de marzo de 2012 a los 87 años.

Edgar Caprotti de la Torre
Hemeroteca RMCF


De esos años son las estampas de los fotógrafos Vidal (1964) y Torremocha (1967), respectivamente.




La casa por dentro
En 1935, año del suceso, la casa ya había sufrido notables reformas aunque mantenía gran parte de su estructura y decorado original. Se conservaba el pozo del milagrero Isidro; la escalera y su viguería que conducían al piso principal; azulejos toledanos; suelos de madera arcaicos, y otros tantos elementos decorativos.

El propietario que tomó posesión de ella en 1912-a quien citaremos más adelante-, conocerá la casa tal y como había sido construida, con tres alturas en la esquina enfrentada a la Plaza del Cordón y dos en la parte de la Costanilla de San Justo. En los bajos estaban las cuadras y dependencias; en la primera planta el piso principal que habitaron los descendientes de Vargas, y en la última la servidumbre. El nuevo propietario alineará las alturas del resto de la finca, dando por resultado la fisonomía que vimos en las fotografías.





Cabe destacar que documentos históricos y títulos de la propiedad se conservaban en una vitrina, pero fueron quemados por milicianos durante la Guerra Civil.

Por otra parte, hay que destacar que si bien Iván de Vargas pudo habitar esta propiedad, no lo hizo San Isidro; éste vivirá en la aneja a San Andrés; sin embargo, también servirá junto a su mujer en esta casa.

Durante mucho tiempo madrileños e "isidros" se acercaron allí para recoger agua del pozo el día del Santo. Los últimos dueños de la propiedad complacían al visitante dejándoles acceder al patio donde se encontraba. Este pozo difiere del que hoy se encuentra expuesto en la Biblioteca, cuyo brocal tiene labrada la imagen de San Isidro.




Prólogo del suceso
El sábado 14 de septiembre de 1935 los madrileños conocían una desgarradora noticia, un afamado médico, Rafael Forns y Romans, había sido detenido por mantener secuestradas a su mujer y la sirvienta de ésta en las habitaciones más lúgubres de la blasonada casa.


Para entender mejor la relación de la casa de Iván de Vargas con un reputado médico ajeno al linaje, es interesante conocer a la familia Forns, sus principales miembros, y su vinculación con aquel edificio.


Los herederos de la casa de los Vargas
El abogado y periodista Rafael Delgado Maldonado de Guevara, descendiente del linaje de los Vargas, hace una exposición del Tracto sucesivo de la casa, que incluía, además, la posesión de la llave del sepulcro del San Isidro. [1]

Enumera Delgado Maldonado de Guevara a cada uno de los herederos desde Pedro I de Vargas hasta contar veinte entre el siglo XV y el XX. Es en ese siglo, el año de 1912, cuando doña Victoria Lorenzo y Rodríguez, heredero número dieciocho, permuta la propiedad y llave a su médico, don Rafael Forns y Romans, conocido otorrinolaringólogo y pintor paisajista.


La familia Forns
Rafael Forns y Romans




Rafael Forns y Romans nace en Castellón el 12 de diciembre de 1868. Estudia Medicina y Farmacia en Barcelona, y en 1888 viaja a Madrid para completar sus estudios. Se instalará en la casa del doctor Letamendi (Plaza de las Cortes, 8), donde conocerá a Aurora Quadras Cubero, ahijada del doctor.

Ganará la plaza de Médico del Colegio Nacional de Sordomudos y Ciegos de Madrid, especializándose en Otorrinolaringología. Entonces abrirá consulta en la Plaza del Ángel, 13 y 14, y en la calle Victoria, 2.

Compaginará su profesión con la de pintor, obteniendo a lo largo de su vida gran reconocimiento en Madrid y otras ciudades españolas, europeas y americanas.

El 12 de abril de 1894 contrae matrimonio con Aurora en la iglesia de San Sebastián. De esta unión nacerán dos hijos: Rafael (1897) y José (1898).

El 30 de mayo de 1912 se trasladará con su familia a la recientemente heredada casa de Iván de Vargas, donde tendrá espacio suficiente para su estudio de pintura.

Curiosidades de la vida, Rafael Forns y Romans fallecerá en esta casa el 15 de mayo de 1939, festividad del Santo Patrón de los madrileños. Se desconoce el motivo del fallecimiento, pero desde los años 30 padecía de arteriosclerosis.

El 20 de junio de 1939 le será retirado su título catedrático por orden de Franco. Don Rafael había sido activista republicano y en la siguiente fotografía podemos verlo retratado junto a Francisco Maciá en la casa de Iván de Vargas.



Aurora Quadras Cubero fallecerá en Lisboa el 2 de enero de 1952 a la edad de 89 años.



La trayectoria profesional y artística de Rafael, además de su vinculación con la corona y personalidades de las ciencias, las artes y la literatura, fue extensa y llamativa. Por la casa de Iván de Vargas pasarán muchos de ellos, incluida una jovencísima Rosa Chacel y al mismísimo Joaquín Sorolla.

Si es de interés del lector, les invitamos a visitar el excelente trabajo biográfico publicado en el blog Rafael Forns Romans (1868-1939), de Carlos Forns Bada, biznieto del pintor.

La unión de las familias Forns y Bada data del año 1951.



Como podemos apreciar en la portada de la Revista Especialidades Médicas que dirigía el doctor Forns, la editorial estaba en la propia casa de Iván de Vargas.



También es de destacar la colaboración de ambos hijos en la publicación. Tanto Rafael como José habían heredado de su padre una notable inteligencia y conocimientos en las ramas del arte y las ciencias.

Las excentricidades del doctor Forns llevaron a que en 1930 la fachada de la casa estuviese adornada con imágenes del Santo Patrón (visibles en las dos primeras fotografías del artículo).



Rafael Forns y Quadras
Rafael Forns y Quadras era licenciado en Derecho y doctor en Medicina. Desarrollará una brillante trayectoria diplomática que comenzará en 1920 como Encargado de Negocios de España en Berlín.

Fue secretario primero en el Protectorado de Marruecos y Encargado de Negocios de España en Berlín, Cuba, Río de Janeiro Liverpool, Lisboa, etc. Puestos que desempeña durante la República.

En agosto de 1936 le cesan en su cargo de Secretario de Embajada en Roma, entonces se pasará al llamado Gobierno de Burgos e impedirá que los pensionados en Europa cobre prestación alguna.
Una noticia publicada en el Diario de la Marina, de la Habana, indicaba que Rafael Forns actuaba “en nombre de los rebeldes”.

Llegó a ser ministro plenipotenciario en varios países de Europa y recibió la Gran Cruz del Mérito Civil. Pidió la excedencia en 1959. También colaborará en diversos periódicos, adaptará obras de teatro y compondrá obras musicales junto a su hermano.

Falleció el 29 de noviembre de 1971 en un taxi cuando proveniente de Barcelona, donde residía, se dirigía desde la Estación de Chamartín a un hotel madrileño.





José Forns y Quadras
En 1915 se licenciará en Derecho pero su trayectoria profesional estará ligada a la música y al cine. En este ramo figurará como presidente de la Sociedad de Autores Cinematográficos y miembro del Consejo de Cinematografía Nacional.

Junto a su hermano participará en la adaptación y composición de musicales que obtuvieron gran éxito durante su extensa producción. 

En 1926 fundará junto a José Buchs el estudio cinematográfico “Ediciones Buchs-Forns”, situado en la mismísima casa de Iván de Vargas.

Allí se realizarán varias producciones, entre ellas el film mudo “El Dos de Mayo”, del año 1927. Si bien los interiores fueron rodados en el hotel de Santiago Alba, en otras películas aparecerán los suntuosos salones de la casa de Iván de Vargas. Estas son: "La extraña aventura de Luis Candelas", "El conde de Maravillas" y "Los misterios de Toledo".




Fue catedrático del Conservatorio, compositor y crítico musical. En 1933 publicará el libro Historia de la música.

En las revistas y periódicos de la época era muy frecuente ver su nombre en las noticias de espectáculos y su firma en diversos artículos.

En 1945, durante el acto de posesión de su plaza  de académico de Bellas Artes, leerá un discurso sobre "El derecho de autor de los artistas".

Falleció en Ginebra (Suiza), el 7 de septiembre de 1952.

Tanto Rafael como José heredarán la propiedad de los Vargas, donde vivirán conservando gran parte de la obra pictórica de su padre y la decoración que aquel había realizado en la restauración de la vivienda, inspirada en el Santo.


Últimos propietarios
Los Forns y Quadras serán los últimos propietarios. Rafael pondrá mayor interés en legar la histórica casa al Ayuntamiento, manteniendo negociaciones que nunca llegaron a buen término. El obstinado diplomático jamás consiguió cumplir con el deseo de su extravagante padre: convertir la casa en Museo de San Isidro.

En 1996 eran pocos los inquilinos que habitaban la ya muy deteriorada propiedad. Para evitar la intrusión de "okupas" se vieron obligados a tapiar muchas de sus ventanas y balcones. Así lo informaba el Diario ABC el 10 de julio de aquel año:

Noticia ABC 10/07/1996
No se indica autor de la fotografía
© ABC (Madrid)

El inmueble había sido expropiado por el Ayuntamiento por un valor de 362 millones de pesetas y en diciembre de 1999 lo cedía a la Fundación "Nuevo Siglo".

El 31 de julio de 2002 la casa de Iván de Vargas era derribada. El gerente municipal de Urbanismo, Sr. Luis Armada, informaba que la decisión venía dada por el lamentable estado de la finca que ponía en riesgo la seguridad de los transeúntes. Se había decretado su estado de ruina en 1994.

La Fundación para el Progreso de Madrid incluyó el derribo en su lista de los diez horrores urbanos de 2002, ocupando el segundo puesto.


El secuestro
El matrimonio del doctor Forns con Aurora Quadras se había desgastado notablemente, a tal punto que vivían un divorcio “oficioso” y la convivencia en el hogar era insoportable. De hecho, los abogados de ambas partes estaban buscando la mejor solución para el grave conflicto.

El doctor no facilitaba en nada los posibles acuerdos; sus negativas, cuestionamientos y vacilaciones complicaban aún más la situación. Su intransigencia era tal que un día de verano del año que nos ocupa decidió echar a su esposa.
“-Es necesario que salgas de esta casa. Yo te ofrezco por ello mil doscientas pesetas mensualmente. Acéptalo de buen grado, porque si no marchas de aquí, te desheredaré a ti y a tus hijos.”
Coaccionada, Aurora abandonó el hogar por el temor de ver a sus hijos sin herencia y, quizá, para escapar de los maltratos del notable académico.

Rafael Forns no tardará mucho en incumplir su palabra. En agosto se negará a pagar las mil doscientas pesetas estipuladas. Entonces Aurora pondrá el asunto en manos de su abogado, quien se personará en la casa para reclamar el importe. Obtendrá un cheque por mil pesetas y, ante la protesta del letrado, espetará que no daría ni un duro más, seguido de la amenaza de desheredar.

En el mes de septiembre volverá a incumplir su palabra. En esa ocasión será Aurora quien se presente en el domicilio; exactamente el domingo 8 de ese mes.

El encuentro fue violento y hasta peligroso en algunos momentos, pero Aurora, reivindicando su derecho a habitar la casa, se acomodó en las habitaciones principales. Al poco se trasladó a las estancias más lejanas y sombrías, donde se guardaban los trastos viejos, para evitar males mayores.

Poco tardará el doctor en cerrar aquella zona de la casa a cal y canto, dejando atrapadas a doña Aurora y su sirvienta, Juana Andrés Nogueras. La comunicación con las estancias principales quedaba condenada y la única comunicación con el exterior era a través de las ventanas con vista al patio interior. Tras sortear unos peldaños, un camino conectaba el patio con el zaguán de la casa.

Las fotografías tomadas por Cortés desde el patio interior muestran la localización de las habitaciones. La primera de las imágenes corresponde a una ventana enrejada de las habitaciones donde permanecían secuestradas la señora y su sirvienta. En la segunda podemos ver el balcón de la habitación donde dormían las desdichadas mujeres.




La salida desde el patio al zaguán, cuyo uso no era frecuente y había sido abandonada, la utilizará una gran amiga de Aurora para llevarle algunos alimentos que sirvienta y patrona cocinaban de modo rudimentario, haciendo fuego con madera proveniente de las sillas acumuladas en otra habitación.

Así cada día hasta el viernes 13 a las siete y media de la mañana, momento en que el portero de la casa le prohibió el paso por orden de su patrón. La tarde del día anterior el desquiciado doctor Forns había puesto candados en la puerta que conducía del zaguán al patio.

Lo único que pudo hacer el portero fue aceptar el paquete con alimentos por si podía hacérselo llegar a las pobres señoras. Acto seguido, la amiga de Aurora dio cuenta de la situación al abogado de aquella, quien se personó en la casa y levantó acta notarial. Inmediatamente después acudió al Juzgado de guardia para tramitar la denuncia por secuestro.

Y por la tarde se presentó el juez de guardia para interrogar al doctor, quien negó toda acusación. Por fin, después de muchas preguntas, entregó las llaves al juez, quien dispuso se abrieran los candados de las cuatro puertas que separaban a las secuestradas del resto de la casa.

Entre gritos y lágrimas, Rafael Forns y Romans fue conducido al Juzgado donde quedó incomunicado en los calabozos del Palacio de Justicia. La madrugada del día 14 se dictó auto de procesamiento y prisión domiciliaria atenuada.

El 20 de noviembre la Sala segunda del Tribunal Supremo en sentencia de urgencia condenaba a Rafael Forns a dos meses y un día de arresto mayor por “coacción en la persona de su esposa”.

Conclusión
Y así la casa de Iván de Vargas, vinculada con la vida y milagros del Santo Patrón de los madrileños y labradores, fue testigo mudo de los desvaríos producidos por la enfermedad de un notable académico.

Esta historia no puede ni debe desmerecer lo mucho que representó para Madrid el patriarca de los Forns; tampoco el buen hacer de sus hijos en el cine, el teatro y la prensa; en especial el primogénito, Rafael, que desde los años 50 del pasado siglo luchó por donar su patrimonio a Madrid y los madrileños.

Queda el recuerdo a doña Aurora Quadras Cubero, a su sirvienta Juana Andrés Nogueras, y a esa amiga anónima que supo actuar para que esta historia hoy contada no tenga un final trágico.  



Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

[1] DELGADO MALDONADO DE GUEVARA, Rafael, 2016. Tracto sucesivo de la Casa de Iván de Vargas (San Justo), Madrid. En: Maldonado y Macanaz [en límea] Disponible en: http://maldonaz.blogspot.com.es/2016/08/tracto-sucesivo-de-la-casa-de-ivan-de.html [cosulta: 28 mayo 2017].

Prensa:
Mundo Gráfico, Estampa, Crónica Heraldo de Madrid, El Sol, ABC

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2017) "La Casa de Iván de Vargas, la familia Forns y un secuestro. Madrid, 1935", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

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Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

domingo, 28 de mayo de 2017

La cigarrera más vieja de la Fábrica de Tabacos de Embajadores. Madrid, 1930

En el Madrid de 1930 vivía la que se decía era la cigarrera “más vieja de España”. Se llamaba Valentina Alonso de Espinosa y contaba con 95 años en mayo de ese año. Este es uno más de los personajes pintorescos que vivieron en nuestra ciudad y forman parte de su historia urbana.




El escenario adecuado para nuestro relato es la Fábrica de Tabacos del Portillo de Embajadores, lugar donde las cigarreras realizaban una actividad frenética y a su vez poderosa. Frecuentes eran los amotinamientos y reivindicaciones de estas trabajadoras, tanto en el Madrid decimonónico como en el siglo XX. Frente poderoso en todas las luchas: rojas unas, amarillas otras. 

No es de estrañar que nuestro querido Benito Pérez Galdós dijese de aquel gremio de cigarreras:

"... alegría del pueblo y espanto de la autoridad."

El fotógrafo Almazán toma esta instantánea de unas cigarreras en 1934 después de abandonar una huelga de brazos caídos a las doce de la noche.



Omitimos referencias a la Fábrica de Tabacos para no extendernos demasiado, aunque os ofreceremos imágenes del edifico en tiempos de la protagonista de nuestra historia:


La cigarrera Valentina

Había nacido doña Valentina en Toledo el año de 1835 y a los 11 o 12 años la enviaron a casa de unos parientes en Madrid.

Aunque su mayor deseo hubiese sido ingresar en un convento toledano de la Orden Capuchina para cantar al órgano (cosas de la primera juventud), a los 20 años (1855) ingresará a trabajar de cigarrera en la Fábrica de Tabacos.

Llevaba trabajando allí 75 años y en todo ese tiempo había confeccionado la ingente cantidad de nueve millones trescientos mil cigarros puros.

“-De diez a doce paquetes de cigarros puros, que antes tenían cuarenta y cinco, y después cuarenta cigarros de los llamados de a cuatro.” Esto respondía la veterana cigarrera a un periodista de Crónica que la entrevistaba. Indicaba además que antes de llegar las maquinarias al edificio de Embajadores todo el trabajo que se hacía era manual y había allí unas diez mil cigarreras. En el año que nos ocupa la cifra descendía a escasas cuatro mil.

Aquella operación de trabajar el cigarro puro era denominada “liar el niño”; formas de definir las cosas que tenían esas mujeres de rompe y rasga; de garbo y salero; chulaponas; castizas, y piquito de oro también.

Vivía Valentina en una casa vieja de la calle Mesón de Paredes, con unos ochenta escalones de por medio hasta acceder a su vivienda. La anciana los subía y los bajaba hasta seis veces al día; una de las veces para ir a la fábrica, porque continuaba trabajando dos horas y media por la tarde. Ya no hacía jornada completa, aunque la había hecho durante décadas, cuando su porte era el de las cigarreras retratadas en tantos sainetes.

A las cuatro me levanto,
a las cinco el chocolate,
a las seis lío el petate,
a las siete a trabajar,
y entero en un jornal saco
de cigarros un millar.
Pues pa repique San Ginés,
me sale ya a mí el tabaco
por las plantas de los pies.

Ganaba casi cuatro pesetas por día, pero eso dependía de la labor que realizara. Y si un día no acudía, no ganaba nada. Así era la vida de algunos ancianos en un Madrid no tan lejano.

A los 36 años (1871) se había casado con un calesero (cochero), Juan Vivo y López, alias el “tío Vivo”. Fruto de aquella unión nacerán “tres hijos varones y una hembra”, carga que se hizo pesada cuando en 1887 al “tío Vivo” se le dio por morir. Cincuentona y viuda.

De los cuatro hijos sólo quedaba uno en 1930. Se llamaba Pedro y había marchado a vivir a Zamora en busca de mejor porvenir.

El grabado de E. Vela nos muestra el taller de cigarros en 1879. El dibujante G. Meléndez es el encargado de confeccionar el boceto y, seguramente, entre todas las cigarreras esté retratada Valentina.



Años más tarde, en 1898, será el fotógrafo Compañy quien las retrate. La primera fotografía corresponde al taller de cigarros; la segunda, al de cigarrillos.




Valentina nunca había estado enferma, a excepción de algún catarro. Hacía dos comidas diarias y no tomaba desayuno. Se cuidaba ella sola y cosía sin gafas, todo un mérito para tan avanzada edad.

Vivía completamente sola, con sus compañeras de trabajo como únicos parientes más cercanos. Y es que al parecer la querían mucho en aquella viejuna fábrica, otrora de Naipes y Aguardientes.

La “tía Viva” le llamaban esas compañeras y amigas. Quizá haciendo referencia al mote de su difunto marido o al personaje creado por Jacinto Benavente para su comedia “De cerca”, otra tía Viva que en 1909 tenía 89 años.

Y muy viva debía estar la cigarrera; incluso lo estaba un año más tarde, cuando Crónica le hace preguntas en un reportaje sobre las cigarreras y lo que esperaban de la República. En esa ocasión la citan como “Flora Alonso” y suman a su edad nada menos que 13 años.

¿Tenía la “tía Viva” noventa y cinco años en 1930 o ciento ocho en 1931? No, se trataba de un error de cálculo; en 1931 tenía 96 años.

El fotógrafo Cámara retrata a Valentina –o “Flora”-, para el reportaje. La identifica con el número 1 y con el 2 a su compañera María Grainés, de 82 años. Ninguna de las dos tenía intención de jubilarse y, junto a otras compañeras, los domingos se echaban una “cana al aire”. En su propia definición, se trataba de ir por ahí a comer paella y pasar la tarde de la mejor manera posible.



Bien podríamos mentar a la Carmen de Bizet, y a otras de mismo nombre y profesión, sevillanas y de otras provincias. O a las que inspiraron cuplés, sainetes y zarzuelas, que hasta en el mudo y el sonoro cine quedaron inmortalizadas.




Por hacer una comparación, citamos a María Josefa, una cigarrera vieja que el crítico José Félix Tapia describía como de “sangre de chulapona, de castiza, de heroína, de aquella «Malasaña» de 1808”.

María Josefa era uno de los personajes creados por Pilar Millán Astray para la comedia asainetada “Las tres Marías”, estrenada en el Cervantes la noche del 25 de febrero de 1936.

En la fotografía, de Pío, vemos a la actriz Milagritos Leal caracterizada como María Josefa, la anciana cigarrera. A su lado el actor Salvador Soler Mari.



Valentina conoció la Castellana cuando era un melonar, y a la reina Isabel II y las Revoluciones. Vivió su juventud en un Madrid que para ella parecía “un corral de vacas”, y fue testigo de otros tantos acontecimientos que dieron paso a la villa y corte moderna.

No podemos precisar cuándo marcho al cielo de los madrileños, sólo podemos afirmar que existió y seguramente falleció cuando ya no pudo “liar el niño”; antes o durante la guerra.

Si pasas por Embajadores y te acercas a la antigua Fábrica de Tabacos, recuérdala. Recuerda a cuantas cigarreras hubo e imagínalas en su plena juventud, con percales en pañuelo y delantal, medias caladas y zapato de tabinete, luciendo ese porte que era imán de los piropos.


Esta anochecer, saliendo
de la Fábrica e Tabacos
—porque yo soy cigarrera
pa lo que ustés gusten—marcho
Embajadores arriba,
y oservo que vie un muchacho
como de unas diez y nueve
primaveras, muy ufano,
con su pitillo en la boca,
en los bolsillos las manos,
y contoneando el cuerpo
como diciendo: "Esto es garbo;
y señora a quien yo miro
con este mirar gitano,
es señora que se muere
de gusto... por mis peazos."
Empezó a chicolearme
atrevido y vivaracho;
mas, como a mí no me gusta
que me vengan molestando...
porque no..., me planto en seco,
me pongo en jarras, le aguardo
a que se ponga a mi vera,
y le digo: "Vamos claros,
amigo; si alguna cosa
tié que decirme, ya estamos
cara a cara y pecho a pecho;
conque... ¡vaya usté soltando!"
Al pronto, el barbián se puso
amarillo, verde, pálido...
y oservé que hasta la cola
le temblaba, del cigarro.
Como usté quiera, gachona,
me voy a hacer parroquiano
de usté..., y no va a ser flojo
lo que la dé... de trabajo.
Porque servidor, señora,
es de los hombres más largos
pa consumir cigarrillos
que fabriquen esas manos.
Conque ya lo sabe, prenda:
cuando quiera, nos liamos...
usté a arreglarme pitillos;
y yo, a su vera, a fumármelos.
Se iba usté a poner enfermo
porque el... fumar mucho es malo;
y mayormente escupiendo,
como usté hace a cada paso.
Y a mí me gustan los hombres
que no consuman cigarros
como agua, sino que sepan
hacerlos durar... un rato...
Y me alejé de él, riendo,
y el pobre quedó acharado
pensando seguramente
en lo que yo iba pensando:
en que hay mucha semejanza
entre el amor y el cigarro.
Los cigarrillos de a veinte
son fuertes, cortos y malos;
los de cincuenta, resultan
de más duración, y... vamos
que satisfacen de veras
porque son algo más largos,
no se queman tan de prisa
y saben más... a tabaco.
En cambio los de sesenta,
con ser más finos, más caros
y más de postín, no saben
más que a paja... y por lo tanto
siendo más flojos, ni llenan
ni satisfacen. Pa el caso
es como si una tuviese
hambre y la diesen un cacho
de longaniza o jamón .
que no haiga, ni pa probarlo,
y que se lo zampa una
sin sentirlo ni notarlo.
Ustés no me negarán
que un hombre, a los veinte años,
más que un hombre hecho y derecho
es un chico que ha empezao
a sentirse hombre, y por eso
comienza a quemar tabaco...
con más pretensiones y humos
que el mismísimo cigarro.
En seguida se echa novia,
porque de amor y cigarros,
a los veinte años, consumen
los hombres un rato largo.
—¿Me quedrás mucho, mi vida?
Dame un beso, dos, tres, cuatro...
y febriles nos estrujan
entre sus robustos brazos,
y como tien tanto ardor
los infelices... pues, ¡claro!
resulta que se les pone
la cabeza mal, con tanto
fuego, y hay que tratársela
con muchísimo cuidao,
porque si no, en poco tiempo
se queda una sin muchacho.
Aman lo mismo que fuman:
de cada chupá, un cigarro:
y asi no se saca gusto
que eso... ¡sólo es hacer gasto!
Y ahora díganme ustés
si hablo yo mal, cuando hablo
eso de que se parecen
hombres, amor y cigarros.

ENRIQUE GRIMAU DE MAURO
“Hombres, amor y cigarros (Monólogo de una cigarrera)”
Madrid, 1930.






Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2017) "La cigarrera más vieja de la Fábrica de Tabacos de Embajadores. Madrid, 1930", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

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• En todas las citas se ha conservado la ortografía original.
• De las imágenes:
Muchas de las fotografías y otras imágenes contenidas en los artículos son de dominio público y correspondientes a los archivos de la Biblioteca Nacional de España, Ministerio de Cultura, Archivos municipales y otras bibliotecas y archivos extranjeros. En varios casos corresponden a los archivos personales del autor-editor de Historia Urbana de Madrid.
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© 2017 Eduardo Valero García - HUM 017-004 RECUPAPEL
Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325