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sábado, 31 de diciembre de 2016

La Fuente del Cura de la calle del Pez

La emblemática calle del Pez, otrora arteria muy noble de esta villa y corte por sus importantes vecinos, era arroyo contundente en épocas pluviales. En ella hubo una fuente de regias aguas de la que hoy hablamos a través de su historia y leyenda.
La que estaba al final de la calle del Pez, llamada del Cura, ha sido suprimida, distribuyendo sus dos caños; uno á la plazuela de los Mostenses para aguadores, y el otro á la travesía de la Cruz-verde, calle Ancha de San Bernardo, como caño de vecindad […]” [1]

El 23 de septiembre de 1848 desaparecía del paisaje señorial de la calle del Pez la fuente conocida como “del Cura”. Ciento sesenta y ocho años después de su desmonte la recordamos.

Los periódicos de aquellos días atribuían la desaparición de la fuente a las mejoras urbanas que se desarrollaban en diferentes puntos de la ciudad. La noticia era de interés y, por tanto, publicada en el Heraldo, La España, El Observador, El Espectador, La esperanza y El Clamor Público; de éste último recuperamos su texto:


Ubicada sobre la calle del Pez, aproximadamente entre las de las Pozas y de Cruz Verde, la fuente era sustituida por un caño de vecindad para esta última arteria.

Como todo lo que ocurre en Madrid, entonces también surgió la polémica. Para algunos la fuente era “incómoda y estrafalaria”, además de un estorbo para el transeúnte; para otros hubiera sido más loable restaurarla, añadiendo dos caños a los ya existentes.


Calle y fuente del Cura
Lo cierto es que durante mucho tiempo, la del Cura, como otras fuentes, fue citada como punto de referencia en los avisos de la villa, e incluso llevó este nombre el tramo de la calle del Pez comprendido entre San Bernardo y Andrés Borrego (antigua de los Panaderos).

Plano de la Villa y Corte de Madrid: en sesenta y quatro láminas… 
D. Fausto Martínez de la Torre y D. Josef Asensio (1800)
Madrid. Imprenta de D. Joseph Doblado

Son muchos los anuncios donde aparece, al menos desde el año 1744. En algunos casos sin otra referencia domiciliaria, como éste del "Kalendario Manual, y Guía de Forasteros en Madrid" de ese año, que habla de un miembro del Consejo Real de Indias:


Añadimos algunos anuncios más y el año de publicación:

1758

1760

1762

1763

Y así podríamos publicar un centenar de ellos y nombrar a cada uno de los hombres importantes que en rededor de ella vivieron, como este señor marqués:

1764


Sus aguas
El agua de la fuente del Cura provenía de uno de los cinco viajes que abastecían a todas las de Madrid; en este caso era la del Viaje de Amaniel (o del Rey), que proveía, además, a las fuentes del Cuartel de guardias de Corps; de Matalobos (en la calle Ancha de San Bernardo); las de los dos patios pequeños de Palacio; la de la Casa del Tesoro; la de la casa del conde de Altamira, y la de las caballerizas Reales. [2]
Todas las quales, juntas con la del Cura, la de Matalobos , y la de los Hornos de Villanueva , que son de viage aparte , y con los de agua gorda de los Caños del Peral, y los de la calle de Segovia, viene á tener Madrid al pie de setecientas Fuentes de salutífera agua dulce.” [3]
En el siguiente plano del Archivo General de Palacio podemos apreciar lo que fue el valle de Amaniel, con mojoneras y nombre de los propietarios de las tierras que lo rodeaban.

"Detalle del valle de Amaniel, con mojoneras y propietarios de las tierras que lo rodean,
en el que se indican posibles emplazamientos del inicio del viaje ¿1655?."
AGP, Sección de Planos, nº 1204.
Los Viajes de agua de Madrid durante el antiguo régimen.
Virgilio Pinto Crespo (Dirección)
Rafael Gili Ruiz
Fernando Velasco Medina
© De la edición, Fundación Canal. Julio 2010
ISBN: 978-84-932119-6-7
DEPÓSITO LEGAL: M-33574-2010


En un estudio de la calidad del agua y otros aspectos físico-médicos, el catedrático de química Luis Prous escribía sobre el análisis del agua de la fuente del Cura realizado el 11 de abril de 1800:
“[…] repetimos este experimento en presencia del mismo Don Pedro Gutiérrez Bueno con el agua de la fuente del Cura, cogida en tiempo claro: estaba a trece grados del termómetro; y para sumergirse en ella el pesa-licor hasta la señal del agua destilada necesito 0,5 de grano.” [4]
Ya había realizado un estudio similar sobre la densidad del agua don Juan Claudio Polanco entre los años 1728 y 1729, obteniendo resultados similares, pero siendo más pesada que en 1800.

Fuentes del Viaje de Amaniel en 1855


Ubicación en los planos de Madrid
Nada queda de aquel surtidor de la homónima calle de la fuente del Cura; sólo las referencias escritas y varias representaciones en planos antiguos. Estos documentos nos ofrecen una visión clara de su emplazamiento; en todo caso, señalizada por pequeños pictogramas que la ubican casi con precisión meridiana.
Así, y presentados por orden cronológico, en el Plano de la Villa de Madrid de Mancelli y Wit (1622 ó 1635) apreciamos una especie de rollo o picota con pilón que representa a la famosa fuente.



En otro plano de Madrid de 1715, obra de Gabriel Bodenehr, queda más o menos representada como en el plano anterior.

Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya
R.M. 171609 – Mapes d’Espanya (s. XV-XX)
http://cartotecadigital.icgc.cat


Más tarde, en el Plano geométrico e histórico de la Villa de Madrid de 1761, Nicolás Chalmandrier ofrece una fuente más definida (quizá una recreación), donde podemos apreciar taza y pilón ricos en detalles escultóricos:

Bibliothèque nationale de France, département Cartes et plans, CPL GE DD-2987 (1642 B)


Lo mismo ocurre en el facsímil del Plano topográfico de la Villa y Corte de Madrid de Antonio Espinosa de los Monteros y Abadía (1769), publicado en 1902.



Ya en el siglo XIX, a treinta y seis años de su desmonte, la fuente es delineada por Pedro Lezcano y Carmona como un simple punto sobre la cartografía de la emblemática calle:



Y en el Plano parcelario de Madrid de 1879 aparece la inscripción “F”, quizá haciendo referencia al caño o fuente de vecindad para la calle Cruz Verde.




Un inciso: La fuente de la calle Cruz Verde
En todos los casos, la fuente se sitúa más cercana a la calle de Las Pozas, sin embargo, como se anunciaba en las noticias, pasaba a ser caño de vecindad para la calle de Cruz Verde, otrora de las Tres Cruces; arteria poco agraciada donde la Santa Inquisición realizaba ejecuciones con la posterior cremación de los cadáveres.

¿Detalles de la ejecución?
Los habituales de aquellos tiempos.
De aquellos tiempos, en los
que la vida humana no tenía valor alguno...
Primero, la tortura.
Luego, un montón de ramas
con sus hojas verdes.
Unas ramas que formaban
una cruz.
La cruz del martirio.
La de la expiación.
La del castigo...
Unas ramas que se consumían
lentamente y lentamente devoraban
el cuerpo arrojado sobre ellas.
¡Ferocidad de los tiempos!
Increíble ferocidad, que hoy nos llena de pavor.
De angustia. […]
Terminada la ejecución a que
nos referimos, el público se retiró
lentamente del lugar del suplicio,
donde quedaban chisporroteando
las ramas verdes.
Aquellas ramas que el pueblo
asoció desde entonces al lugar
donde aquella tortura se había
verificado y donde seguirían verificándose
durante muchos años.
Lugar que aún conserva el
nombre siniestro.
Lugar que lleva el título de la
Cruz Verde en recuerdo de haber
estado allí uno de los primeros
quemaderos que hubo en la corte,[…]”

Fragmento de ”La calle de la Cruz Verde”, de Juan López Núñez [5]


Emilio Carrere posiblemente llame “fuentecilla” a ese caño de vecindad en una columna publicada en ABC:
De los cafés de los que no quedan ni los restos, quiero recordar el café de Prada, en la calle Ancha, junto a la fuentecilla de la Cruz Verde.” [6]
Esta cita de Carrere habla de la existencia de otra fuente, ya que, anterior a las noticias sobre el caño de vecindad, se hacía referencia a la de la calle Cruz Verde al menos desde los primeros años del siglo XIX. Así, en el Diario de Madrid del 7 de septiembre de 1806 se anunciaba:



Años más tarde, en el Nuevo Diario de Madrid del 17 de noviembre de 1821 aparecía este anuncio:



Resulta curioso que, mediando 15 años entre un anuncio y otro, en la misma casa se ofreciesen nodrizas.

El número 23 (antiguo) de la calle Cruz Verde corresponde a la Manzana 481 de la planimetría de Madrid, y la sitúa bastante retirada de la fuente del Cura, por lo que ésta, como otra que descubre Carpetania Madrid en su ruta "El Rey pasmado, las andanzas de Felipe IV", pudo estar ubicada en un patio interior.



Misma ubicación se da en el libro manuscrito “Distribución de las aguas pertenenciente a este viaje, año de 1812” pero como proveedora de agua de la fuente del Cura y perteneciente al Viaje de la Castellana.
Fuente pública del Cura la Calle del Pez esta toma debajo de una losa que se encuentra al comienzo de la Calle de la Cruz-berde junto a la acera que esta frente de la casa nº 23 de la manzana 481, teniendo su dirección la cañería por la Calle de la Cruz asalir a la del Pez donde ya se introduce enotra fuente, cesando aquí todas las […] pertenecientes á este viaje de la Castellana.” [7]
Sin embrago, en el estudio hidrométrico realizado entre el 16 de abril y el 20 de julio de 1867 por D. Félix María Gómez, Arquitecto de fontanería y alcantarillas de la villa de Madrid, se la califica como fuente pública cuyas aguas provenían del viaje de Amaniel.



Paisaje urbano
En todos los planos que hemos visto ha quedado reflejada la famosa fuente, pero en la Topografía de la Villa de Madrid de Pedro de Texeira (1656) no se hace referencia a ella. Quizá este mapa nos sirva, por sus detalles, para imaginar cómo se fue poblando la zona donde tuvo propiedades el eclesiástico D. Diego Henríquez y su relación con la fuente.
Como veremos más adelante, esas propiedades fueron adquiridas por la Villa en tiempos de Felipe II.



También, para recrear la vista y hacernos una idea del estado de ruina en que se encontraban muchas casas en el siglo XVIII, ofrecemos el plano de construcción de una vivienda en la calle del Pez, vuelta con la de los Panaderos (muy cercana a la fuente). La imagen corresponde a un expediente de reedificación del año 1752.



En el documento, la Cofradía de Nuestra Señora de la Almudena, nueva propietaria de los terrenos, solicitaba permiso para efectuar obras de reedificación “teniendo presente el fatal estado de su fábrica”. [8]

A ese deterioro de la que fue calle de vecinos importantes y con proliferación de comercios e industrias, en 1847 se sumaba la insalubridad y el abandono, no sólo por los habitantes sino también por el consistorio.



Conocidos ya algunos detalles sobre la fuente y sus aledaños, centramos nuestro interés en su historia y leyenda.


Historia y leyenda de la fuente del Cura Diego Henríquez
Utilizamos dos versiones sobre la fuente del Cura Henríquez para conocer su parte histórica y la posible leyenda.
La primera versión corresponde a la obra “Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid” de Antonio Capmany y Montpalau, publicada en 1863 por El Contemporáneo. Este autor sitúa la historia en el año 1469.
La segunda, más extensa y divertida, corresponde al novelista Manuel Fernández y González, quien escribe “La Fuente del Cura” (publicado el 8 de abril de 1881 en la revista La América), relato histórico-novelesco en veinte cuadros con el cura y su tía como protagonistas. Para este autor la historia se desarrolla entre 1462 y 1469.
En esos tiempos reinaba en Castilla –con no pocos inconvenientes- el Trastámara Enrique IV (Valladolid, 1425 – Madrid, 1474).


1 - Antonio Capmany – Calle de la Fuente del Cura
Atendiendo a la descripción que Antonio Capmany y Montpalau hace sobre la calle de la Fuente del Cura, sabemos que ésta ya existía en 1469 y que era propiedad, junto con cinco pozas, del tal Diego Henríquez:
“[…] y la fuente de su casa, fué de las primeras que se vieron en Madrid con juegos y saltadores que en la mañana de San Juan subían á una grande altura, llamando la atención de los moradores de esta villa que íban á verla […]”. [9]
Decía Capmany que la fuente era “de aguas muy finas” y que don Diego en esos tiempos era casi octogenario.
Decía también que este señor pasaba la mayor parte del año en Guadalajara; que era sobrino de doña Isabel Henríquez [Hurtado de Mendoza], duquesa del Infantado, y que a su primera misa asistió de madrina nada menos que la “Rica-hembra” de Guadalajara, doña Juana de Mendoza, esposa de Alonso (o Alfonso) Henríquez, Almirante de Castilla.

Como hemos comentado, Capmany sitúa la historia en 1469, por tanto es imposible que la “Rica-hembra” asistiese a la misa, pues había fallecido en 1431.

Con estos datos podemos decir que el cura Diego Henríquez (o Enríquez) perteneció al linaje de los Enríquez de Castilla y fue descendiente de alguno de los catorce hijos de Juana y Alonso, puesto que su tía, Isabel Henríquez Hurtado de Mendoza, era la octava entre ellos.

En nuestra búsqueda incesante encontramos a Diego Enríquez, hijo de Enrique Enríquez de Mendoza, conde de Alba de Liste, y de María de Guzmán Suárez, Señora de Alba de Liste.
Enrique Enríquez de Mendoza, conde de Alba de Liste era hermano carnal de Isabel Hurtado de Mendoza.

Tampoco podemos asegurar que sea el Diego que nos ocupa, puesto que en el portal de genealogía sologenealogia.com indican que había nacido hacia 1463 y fallecido en 1550.

En el relato de Fernández y González que veremos más adelante, el cura lleva por nombre el de Diego Enríquez de Cabrera. Pero ese Diego, relacionada también con los Mendoza y los condes de Alba de Liste, había nacido entre 1572 y 1604.


Complicado resulta poder aseverar la identidad del tal Diego Henríquez, personaje que quizá nada tiene que ver con esta historia, lo mismo que su augusta tía Isabel Henríquez. Pero como las leyendas suelen basarse en hechos reales, alguna concordancia con esta noble familia tuvo que existir.

Continuamos con las explicaciones de Capmany, quien asegura que, una vez fallecido el cura Henríquez, sus propiedades fueron adquiridas por la Villa:
En la época de Felipe II, cuando trasladó su corte de Toledo, compró la villa esta posesión, con la fuente y minas que llamaban del Cura Henriquez, y mucho mas adelante se construyeron casas, erigiéndose una fuente para comodidad del vecindario, la cual ha permanecido hasta nuestros días, siempre con la denominación de la Fuente del Cura, nombre que le ha quedado á la calle, aunque la fuente ya se ha quitado de allí.
Y así acaba lo que contaba Capmany. Otros autores hicieron referencia a la fuente, creando un poco más de confusión a la búsqueda de datos concretos.
Así, D. Ramón de Mesonero Romanos en su libro “El antiguo Madrid” escribía de la fuente:
“[…] habiendo desaparecido también hace pocos años la mezquina fuente que á su salida á la Ancha de San Bernardo, llevaba el nombre del Cura por haberla costeado el párroco de Colmenar.” [10]
Vuelven a decirlo Peñasco y Cambronero años después, en 1889:
“[…] se llamaba en el siglo pasado Fuente del Cura, por lo que ya existía con este nombre, construida por el párroco de Colmenar.” [11]
Esto nos lleva a pensar que la fábrica de la fuente era de piedra de Colmenar, y no de mármol como veremos más adelante. Y que quizá don Ramón quería decir que había costeado el dispendio un “colega” del cura. No hemos hallado datos que puedan confirmar esta hipótesis.

Antes de continuar advertimos al lector que todo lo aquí entrecomillado corresponde a las consultas realizadas en los documentos citados en la bibliografía. Cualquier similitud con lo existente en otras publicaciones de internet, donde no figura ni una sola comilla, no nos interesa.

Continuamos, pues, con nuestra historia y prescindimos de otros datos que cuenta Pedro de Répide sobre parte de los terrenos de Henríquez que compra Juan Coronel, de la leyenda del pez y la calle homónima.


2 - Fernández y González – La Fuente del Cura
Fernández y González y Antonio Capmany ofrecen datos coincidentes en lo biográfico del personaje Diego Henríquez, mas existe una diferencia notable en cuanto a la edad; si para el primero en 1462 el cura no llegaba a los 30 años ni era eclesiástico, para el segundo en 1469 era un sacerdote casi octogenario.

Por otra parte, Isabel Henríquez Hurtado de Mendoza había nacido en 1417, lo que quiere decir que en 1462 tenía 45 años y en 1469, 52 años. Este dato tiene su importancia, pues, en efecto, Diego Henríquez no pudo ser anciano en esos tiempos. Desde el punto de vista histórico, el cura Henríquez pudo haber nacido hacia 1438.

Pero falla Fernández y González al decir que Isabel era nieta de la Rica-hembra, pues era su hija; y también al decir que era viuda en 1462, ya que su marido, Juan Ramírez de Arellano, señor de Aguilar de Inestrillas y de los Cameros, fallece en 1469.

En relación a Isabel Henríquez, las biografías encontradas señalan ese año de 1469 como el de su fallecimiento, algo en lo que coinciden ambos autores. Es posible que el relato que viene a continuación –salvando sus errores cronológicos-, indique que era viuda reciente y el final de la historia (a partir del cuadro quince) se desarrolle a mediados y finales de 1469.

La obra de Manuel Fernández y González relata la historia de dos amores imposibles, sus consecuencias y el fatal desenlaza que tiene por resultado la construcción de la fuente.

Escribía Fernández y González en el cuadro segundo de su relato:
En 1462, época en que le damos á conocer á nuestros lectores, el don Diego, que no habia cumplido sus treinta años, aún no era eclesiástico. Habia estudiado, es cierto, en la famosa Universidad de Salamanca […] según se murmuraba, era más fuerte don Diego, era en las ciencias ocultas, particularmente en la astrología judiciaria.
Y como la nobleza de entonces pasaba de mantener vagos, dice el novelista en el cuadro cuarto:
Así fué, que apenas acabados sus estudios y cuando apenas si contaba venticuatro años don Diego, se le conminó si no entraba en religión, ó por lo menos en el sacetdocio, se le quitarían los alimentos, se le dejaría reducido á sus propias fuerzas y se buscaría un protesto plausible para echarle de la familia […]”
Y esto se lo comunicó la ya mentada tía Isabel Henríquez en el cuadro quinto; y aquí el fallo cometido por Fernández y González sobre el parentesco de Isabel con la “Rica-hembra”:
“[…] doña Isabel Henriquez, su tia, que se jactaba de venir en línea recta de la famosa esposa del almirante Henriquez, que se conoce por excelencia en la historia de aquél tiempo el sobrenombre honorífico de la Rica-hembra, y por razón de la sangre, y de la tradición y del ejemplo, su nieta doña Isabel, tia de nuestro don Diego […]”
Muy mal le sentó aquello al joven Diego, que era galante, pendenciero, y poco le entusiasmaba la iglesia. Pero peor le sentó porque se lo decía su tía, de quien se sentía atraído y profundamente enamorado.
Así queda reflejado en el cuadro séptimo:
Además de esto, tenia el don Diego clavada, como una espina en el corazón, una mujer y no podia resollar sin que la espina le hiciese daño; y cabalmente la señora de sus pensamientos, que le traia casi loco, guardando el secreto de unos amores que no se atrevía á manifestar, era su propia tia doña Isabel, que tenia unos ojos de fuego, negros como la noche, como la noche profundos y como ella llenos de misterios; unas mejillas redondas, densas y pálidas, con fuerza de vida, con la blancura suave y sensual de la azucena; una boca pequeña y fresca, de labios húmedamente rojos; que cuando se sonreía, que era con frecuencia, causaba eú sus megillas dos oyitos en que se enterraban las almas de los más helados, y dejaban ver una dentadura quo por sí misma enloquecía: esto sin contar con la riqueza de los cabellos rizados, negros como la endrina, y un lujo de formas mórvidas, macizas, duras, protuberantes, con una gran belleza y de tal manera incitativas, que toda locura á que por ellas se sintiera arrojado un hijo de Adán, habria sido disculpable; que tal era aquella Eva que mandaba á su Sobrino se hiciese clérigo.
Pero hete aquí que su ardorosamente descrita tía también se sentía atraída por su joven sobrino.

Entonces en el cuadro noveno surgen las preguntas:
—¿Y cómo,—podrá decir el curioso lector,—no se casaban aquellos enamorados secretos que de tal manera por la no satisfacción de sus secretos amores se consumían, cuando todo ello era cuestión de dispensa y habia dineros largos para que Roma alzase á la carrera las dificultades, permitiéndoles ser felices?
¡Válame Dios por la ignorancia de las cosas de otros tiempos!
¿Cómo una ilustrísima viuda, una dama de altos respetos, toda una duquesa del Infantado, habia de cometer la indignidad imperdonable de violar su viudez, siquiera fuese con la autorización del Papa, ofendiendo la memoria, y aun pudiera ser muy bien que el alma en pena de su marido, dando lo que él tal vez echaba de menos en la eternidad, el encanto de su hermosura y el paraíso de delicias de su alma enamorada, no ya á un cualquiera, que siempre hubiera sido mostruoso, sino á un su sobrino carnal, que ésto pasaba ya de los límites de lo inconcebible? […]”
El cuadro décimo se desarrolla en Guadalajara. Antonio Capmany nos había contado que el cura pasaba gran parte del año en aquella provincia, donde también residía su tía.
Y es en este cuadro donde Isabel obliga a su sobrino a marcharse y no volver hasta ordenarse y haber cantado misa. Enríquez, desconsolado, espeta:
—que si vos queréis que me encapille la sotana es por poner más estorbos al amor que me tenéis, y que por los divinos ojos se os ha salido; y yo os digo que donde voy á profesar es en vuestros deliciosos brazos que el amor ha hecho para ventura mía, y de este corazón abrasado que no sabia cuánto vos le amabais.
Entonces los sentimientos que los parientes se profesan fluyen ardorosos, aunque medianamente controlados por parte de su tía; pero, lejos de saciar los más “nobles” deseos de la carne, terminan en una gresca.
Y como era desatentado y atrevido, á fuer de estudiante dejado de la mano de Dios, y vio lo aturdida que su tia estaba, que casi agonizaba, á ella se fué con los brazos abiertos y en ellos la estrechó tan de improviso y con tal fuerza, que al no ser doña Isabel tan grande y tan forzuda, del abrazo no se suelta; y aún así no se vio libre sino con gran detrimento de su persona y aun de su trage, que rasgándose alguna parte más de lo conveniente la casta hermosura del seno dejó al descubierto; de lo que tal vergüenza á doña Isabel la sobrevino, que cubriéndose con el brazo izquierdo lo que la avergonzaba y levantando el derecho, dio una terrible bofetada á su adorado sobrino, diciéndole toda indignada y furiosa:
—Tomad por lo que habéis hecho.
Y luego ella misma se dio otra descomunal bofetada, añadiendo:
—Y yo también, si por algo he dado ocasión á vuestra desvergüenza.
Llama Isabel a sus criados a gritos. Huye don Diego saltando muros y, a pesar de las inclemencias del tiempo y el frío, raudo parte de Guadalajara con su escudero hacia su casa de Madrid. Y a ésta llega enfermo.
Y en el cuadro decimo primo se repuso Isabel de tamaña escena. Tranquilizó a sus criados, que alerta estaban, con la manida escusa de que había visto un ratón. La servidumbre entre ellos cuchichearon: “—Parece mentira que siendo tan alentada y brava la señora la pongan tan á morir los ratones.

Y a morir se puso la noble dama y acabó en la cama, según cuenta Fernández y González en el cuadro decimo segundo. Tan mala como su sobrino se puso; y los galenos dictaminaron que “la señora tenia una calentura de mucho cuidado, y que fortuna sería sí no se andaba con ella bien de prisa.”

Por medio de la avanzada medicina de entonces, es decir: “sangrías”, “aguas cocidas de cuantas yerbas Dios crió”, “ventosas” y “pediluvios”, los médicos sacaron adelante a tía y sobrino.
“[…] y limpios de la fiebre del cuerpo los dejaron; pero no de la fiebre del alma que crecía y crecía en ambos, y de tal manera que ella se dolía y se arrepentía de haber sido tan cruel, más para sí misma que para su enamorado, y él de haber sido tan cobarde, tan temedor de gritos, que bien pudo haber sofocado, después de lo cual hubiera sobrevenido forzosamente el casamiento que era para don Diego no sólo un ansia del alma, si no también de la codicia y de la vanidad, dado que doña Isabel por estar próximamente emparentada con el rey, y por ser duquesa propietaria del Infantado, era un partido capaz de sacar de quicio al menos ambicioso […]”
Ya en el cuadro decimo tercero Isabel Henríquez, por medio de una misiva, conmina a su sobrino a que se haga religioso; y le anuncia que, en vista de lo mucho que le ama, ella se encierra en el convento de Santa Clara de Madrid. [12]

Contesta su sobrino don Diego con otra misiva. En esta sale a la luz el nombre con el que Fernández y González bautiza al cura: “Diego Henríquez de Cabrera”, del que ya hemos hablado.
Mi muy amada tia; pues que vos creéis que yo estoy torcidamente empeñado en propósitos con cuya consecución podria perderse mi alma, y por el amor que me tenéis, me ordenáis que me ordene, sin más réplicas ni argumentos á obedeceros me allano, y tanto más cuanto que vos me decís que no tendréis paz en el alma sino cuando me veáis sacerdote. Empezad á tenerla, conociendo cuánto os amo, dado que os obedezco.—Vuestro amantísimo sobrino, don Diego Henríquez de Cabrera.
A partir de ese momento, desde el cuadro decimo quinto al decimo séptimo, el autor sitúa la historia en Valladolid. Dice que dos meses después de las epístolas, apadrinado por el rey y amadrinado por su tía, el ínclito cantaba misa en la iglesia del convento de San Gregorio, en Valladolid.
Llegado el momento de la consagración, a la duquesa del Infantado le sobrevino un síncope que a punto estuvo de dejarla en el sitio. La llevaron a su posada y fue atendida por los galenos.

Se hizo la noche y el novel cura tuvo a bien sobornar a uno de esos doctores para que le llevase disfrazado como su practicante a los aposentos de su tía Isabel, y que allí le dejase a solas con ella.
Al llegar cerca de la posada, caminando por un lóbrego callejón junto a las tapias del cementerio de San Andrés, se les aparecieron unos fieros hombres blandiendo sus espadas y amenazándoles de muerte.
Por patas salió el galeno, más don Diego les hizo frente y desenvaino su espada; entonces los recios hombres se desvanecieron en la oscuridad dejando paso a una mujer vestida de blanco y cubierta con un velo.
Lejos de pensar en un fantasma, Diego vio en ella a su tía. Y una voz de ultratumba habló:
—Vas á ver—le dijo con una voz que ponía espanto por que parecía venir de la eternidad,—lo que es lo que has querido lograr con un sacrilegio perdiendo tu alma.
Aquella figura femenino comenzó a descomponerse; desapareció la carne de su cuerpo y quedó convertida en lamentable esqueleto.

Acto seguido el joven despertó sentado en un sillón de su posada. Había tenido una horrible pesadilla.
Nervioso y angustiado, pensó en su tía y raudo partió hacia la posada donde descansaba la duquesa para conocer el estado de su salud.
Al llegar preguntó al portero; éste le respondió:

—La duquesa a muerto.

Y en efecto así fue, doña Isabel Henríquez Hurtado de Mendoza, había muerto poco antes de las doce de la noche, y fue en el año de 1469. (En esto coincide con Manuel Capmany y con la biografía de la dama).

En los cuadros siguientes Diego está en Madrid; había salido de Valladolid nada más enterarse del fallecimiento de su tía.
Manuel Fernández y González recrea el momento en que el cura Diego Henríquez pide a un renombrado escultor la confección de una fuente:
—Yo […] como lo veis tengo en esta heredad mía cinco pozos y una fuente de agua cristalina: ¿porqué no habíamos de hacerles un hermoso pilón de mármol blanco, y en él un peñasco, y sobre el peñasco la estatua de una mujer que yo os diré? No reparéis en el costo que yo soy rico, ni atendáis más que a la hermosura de la obra.
Y así fue que se instaló una artística y preciosa fuente que pudo ser más o menos como la recreamos basándonos en el estilo propio del siglo XV y la descripción que hace Fernández y González en el cuadro decimo octavo:
Aceptó el escultor, y seis meses después la obra, hermosa sobre toda ponderación, estaba hecha, y el agua saltaba en ingeniosos juegos de los surtidores.
Sobre el peñasco, sentada, abatida, con los brazos abandonados y con la expresión de la más honda desesperación, había una estatua que representaba á doña Isabel.
Para la semejanza habían valido retratos.
Del pecho le saltaba un chorro de agua, que parecía representar las lágrimas en que su corazón se deshacía.
Nadie entendía lo que esto significaba.





Dice Fernández y González que se tardó seis meses en confeccionarla, y que poco tiempo después don Diego adoleció de muerte.

Antonio Capmany comenta que el cura “en los últimos años de su vida adoleció de una hidropesía”, y que sus criados lo hallaron muerto una tarde apoyado sobre la taza de la fuente.

Tanto Capmany como Fernández y González aseguran que el confesor de Diego Henríquez ordenó retirar la escultura y enterrarla, colocando en su lugar una cruz.
Para Capmany estuvo allí hasta su desaparición (en 1848); sin embargo, para Fernández y González, con el transcurrir de los tiempos la cruz “fue cambiando de forma, y tomando cada vez una más humilde.”

Esto nos hace suponer que a finales del siglo XVII o principios del XVIII también había desaparecido la cruz. O quizá la que mencionan ambos autores sea una deformación de la historia y esté asociada a la fuente de la calle Cruz Verde que hemos citado más arriba.

Basamos nuestra suposición en uno de los dibujos que ilustran el citado libro “Distribución de las aguas perteneciente a este viaje, año de 1812”, una de las tantas joyas que atesora nuestra Biblioteca Nacional, donde podemos apreciar una fuente de estructura piramidal con cuatro caños en la que es visible el escudo de la villa, por tanto, pública y con aguadores.



Hechas estas aclaraciones, continuamos con Manuel Fernández y González, quien finaliza su historia novelada en el cuadro vigésimo con estas palabras:
Tal es la tradición que se nos ha contado, y así la hemos hecho aparecer en nuestro relato.

Como hemos conocido durante este trabajo, existen dos versiones sobre la historia y posible leyenda; la primera de 1863, y la segunda de 1881. Versiones posteriores se apoyan en estas dos, añadiendo o quitando datos, más ninguna aporta mayor consistencia.

Nuestra intención ha sido encontrar las referencias y coincidencias históricas que permiten dar veracidad –con más o menos exactitud-, sobre los hechos que pudieron llevar a la construcción de la fuente.

Que existiese tal y como la hemos recreado queda en entredicho; sin embargo, vistos los planos que la representan, la fuente allí estuvo instalada y quizá con una cruz desde su origen o tal como se retrata en la ilustración de 1812.

Ningún documento gráfico puede corroborar la presencia de obra escultórica tan peculiar como la que dicen había encargado el cura; caprichoso retrato de importante persona llamada Isabel Henríquez Hurtado de Mendoza, duquesa del Infantado.


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Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

[1] Madoz; Pascual
[2] Décadas médico-quirúrgicas y farmacéuticas. 1821, n.º 13. Análisis y observaciones de las aguas de Madrid… página 175.
[3] Diversion de cortesanos y estrella de forasteros guía pequeña de Madrid – 1778 – Madrid, Imprenta de Andrés de Soto
[4] Décadas médico-quirúrgicas y farmacéuticas. 1821, n.º 13. Análisis y observaciones de las aguas de Madrid… página 176.
[5] Juan López Núñez (1935) La calle de la Cruz Verde. Del folletín de la vida. La Voz, XVI (4.402) p. 4
[6] Emilio Carrere (1945) Crónica y responso de los cafés desaparecidos. ABC, XXXVIII (12.191), p. 3
[7] Anónimo. Distribución de las aguas perteneciente a este viaxe, año de 1812. Manuscrito con ilustraciones. Biblioteca Nacional de España. Signatura: MSS/21478
[8] Expediente de reedificación de una casa en la Calle del Pez. (1752) Madrid. Petición de reedificación, informes, licencia y planos. Biblioteca digital Memoria de Madrid. Signatura: 1-84-16 Ayuntamiento de Madrid.
[9] Origen histórico y etimológico de las calles de Madrid” de Antonio Capmany y Montpalau, publicada en 1863 por El Contemporáneo.
[10] Mesonero Romanos, Ramón de. El antiguo Madrid. 1861 p. 293
[11] Peñasco de la Fuente, Hilario; Cambronero, Carlos. (1889) Las calles de Madrid. Noticias, Tradiciones y Curiosidades. Madrid. P. 384
[12] Madoz…. “Santa Clara: estaba situado este convento entre la calle del Espejo y la que todavía lleva su nombre; pero habiendo sido demolido en la época de la invasión francesa de 1808, […] se levantó de nuevo en la calle Sancha de San Bernardo, núm. 80, casa del duque de Montemar […].”

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2016) "La Fuente del Cura de la calle del Pez", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

[VER: "Uso del Contenido"]

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.
De las imágenes:
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Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

viernes, 2 de septiembre de 2016

La olvidada fuente de la Glorieta de Atocha (Plaza del Emperador Carlos V)

A la colección particular de Historia Urbana de Madrid se suma desde el pasado mes de julio el patrimonio de mi familia, conformando así un importante archivo de documentos relacionados con la historia de nuestra ciudad y su gente. De ese patrimonio –y como siempre, hablando en plural-, ofrecemos hoy una estampa del Madrid de la década de los 60 del pasado siglo. Se trata de una postal que nos recuerda el aspecto de la plaza del Emperador Carlos V, su fuente y los alrededores de la glorieta de Atocha hacia 1963.

La plaza, conocida como “Glorieta de Atocha o de Carlos V” ha sufrido varios cambios a lo largo de su historia; quizá el más drástico ocurrió a finales de esa década con la construcción del famoso “Scalextric” que dejó casi oculta y deslucida la fuente que nos ocupa y de la que pocas referencias existen.

La anunciada postal -que vemos a continuación-, ilustra lo que comentamos. Se trata de la fuente que adornó la entonces “nueva” plaza del Emperador Carlos V hasta la década de los 80, proyecto del arquitecto municipal D. Manuel Herrero Palacios.

"Postal 34. Madrid.-Plaza de Carlos V: Fuente"
Heliotipia Artística Española - Madrid (1963)
COLECCIÓN VALERO GARCÍA
Signatura: VALGAR_POST_001_JVH-001
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-001 FUENTE CARLOS V
© 2016 HISTORIA URBANA DE MADRID ISSN 2444-1325


Decía M. Barbeito Herrera en el número 1.148 de Hoja del Lunes (1961) que “Hasta el año pasado no conoció Madrid una fuente luminosa. Ahora, dentro de muy poco, tendrá dos más: una, planeada por el arquitecto municipal señor Herrero Palacios, y la encargada al ingeniero don Carlos Buigas. La primera está en vías de realización inmediata, pendiente nada más de sacar las obras a concurso.

Don Manuel Herrero Palacios fue arquitecto municipal que ostentó el título de Director de Parques, Jardines y Estética Urbana del Ayuntamiento de Madrid. Conocido es por varias obras realizadas en la ciudad, entre las que se encuentran la fuente del Nacimiento del Agua (Plaza de España), de los delfines (Plaza de la Rep. Argentina), la de los cisnes autómatas (Red de San Luis), la reforma de la Puerta del Sol y de la antigua Casa de fieras de El Retiro, llevando su nombre estos últimos jardines. En la breve biografía conocida se habla de otros de sus proyectos más no se cita la fuente del Emperador Carlos V.


La olvidada fuente
Como hemos comentado, son pocas –por no decir ninguna-, las referencias que existen sobre la fuente del Emperador Carlos V de los sesenta. En este artículo la recuperamos del olvido y volvemos a sus años de esplendor, cuando adornó la glorieta y su plaza, y reguló la circulación del tráfico tan intenso que siempre tuvo.

El objetivo del fotógrafo capta para la postal la fuente y el amplio paseo de la Infanta Isabel, otrora paseo de Atocha; espacio muy frecuentado por los madrileños de antes en las noches estivales, por lo fresco que allí se estaba, y lugar de festejos religiosos y espectáculos regios.

Así aparecía retratada en un grabado publicado en la revista El Artista de abril de 1835, con el paseo del Prado y Jardín Botánico al fondo.



Un año más tarde, en 1836, Vicente Camarón la dibuja desde otro punto de vista, con la Puerta de Atocha al fondo.

"Vista de la Puerta de Atocha. V. Camarón"
Litografía, 1836
© BNE-BDH
Signatura:INVENT/22946
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Viene bien, entonces, recordar someramente cómo fue configurándose ese punto donde estuvo la fuente.



Antecedentes históricos
No fue capricho bautizar a la fuente, plaza y glorieta con el nombre de Emperador Carlos V. Nos cuenta Mesonero Romanos en su obra El Antiguo Madrid, que durante el reinado del Habsburgo, allá por 1523, se escoge esa zona de antiguos atochares y primitivo santuario o ermita de Nuestra Señora para la fundación y construcción de un convento de la orden de Santo Domingo, el Convento de Atocha. En 1588 Felipe II, gran devoto de la virgen de Atocha, mandará construir una suntuosa capilla y desde entonces pasará al patronato real; refrendado esto por Felipe III en cédula del 10 de noviembre de 1602.

En tiempos de Carlos III, hacia 1781, y como parte del proyecto de modernización del Salón del Prado, se instala cerca de la primitiva Puerta de Atocha una fuente conocida popularmente como “de la alcachofa”, obra de Ventura Rodríguez, Alfonso Vergaz y Antonio Primo.

Así la describe A. Fernández de los Ríos en Guía de Madrid. Manual del madrileño y el forastero:
Es por su gusto y buena construccion la mejor del Prado; su dibujo se debe á D. Ventura Rodriguez, su ejecución á los escultores D. Alfonso Vergaz y D. Antonio primo. Toda la fuente, cuyo conjunto es de exquisito gusto, está construida de piedra caliza y formada de una columna que lleva las armas de Madrid sostenidas por una nereida y un triton. La columna sostiene una taza de 13½ piés de diámetro y en el centro se levantan varios niños agrupados bajo una alcachofa, de cuyo centro se eleva el agua á bastante altura.” [1]

Refuerza estas palabras la imagen captada por Jean Laurent hacia 1870, cuando la fuente aun permanecía en Atocha, junto al Jardín Botánico.

"MADRID. - 941 . - Fuente de la Alcachofa. J. Laurent. Madrid."
(Hacia 1870)
© BNE-BDH
Signatura: 17/32/52
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En los Archivos de la Villa se conserva el documento de modificación de los terrenos del Observatorio Astronómico y cesión de los jardines del Botánico para las obras de ensanche de la Puerta de Atocha (1852). En la disposición cuarta se establece lo siguiente:
"El Ministerio de Gracia y Justicia cede al Ayuntº. para el uso público, en compensación del terreno que este dá al Observatorio toda la parte y construcciones del Jardín Botánico comprendida entre el actual paseo de Atocha y la nueva línea que se establece."[2]



La "nueva línea" correspondía al espacio delimitado en el plano con la letra K, tramo final del Paseo de Atocha y confluencia con el "Paseo de las Cuatro fuentes."
Dice Pascual Madoz de este último paseo:
"Cuenta este trozo 1337 pies de largo (407, 52 metros) por 378 de ancho (115,21 metros), disminuyendo hasta 173 (52, 73 metros) que tiene en la conclusión del Botánico: el hermoso aspecto que ofrece el Jardín de que solo le separa una gran verja de hierro, permitiendo registrar lo elegante de sus formas y aspirar el perfume de sus flores, hace que este paseo sea de los mas concurridos por la sociedad elegante que hasta la caida de la tarde le prefiere al salón del Prado: consta de seis filas de árboles que forman otras tantas calles, si bien desde la fábrica de bujías de la Estrella quedan reducidas á cuatro: á su conclusión y próximo á la puerta de Atocha, se encuentra la fuente llamada de la Alcachofa, labrada también en piedra caliza." [3]


Los siguientes fragmentos de planos nos ubican en el tiempo para conocer la fisonomía de la zona y situación de la puerta y fuente. Las imágenes hablan por sí mismas y rebaten la opinión de aquellos que sitúan la actual fuente en el mismo emplazamiento que la antigua.

Tanto Pedro de Texeira en 1656, como Nicolás de Fer en 1706, dibujan una especie de pilón que identifican como fuente del Hospital General.




En el plano de Nicolás de Chalmandrier de 1761 podemos apreciar la situación de la Puerta de Atocha, la fuente llamada de las Delicias (nº 170) y un embalse o reservorio de agua (nº 205).



En la Hoja kilométrica de 1860 se aprecia la ubicación de la fuente en los terrenos cedidos del Jardín Botánico. Aun no existía el Ministerio de Fomento.



El plano de Facundo Cañada, del año 1900, muestra la glorieta sin fuente y el espacio que ocupará el monumento a Claudio Moyano Samaniego.



En el plano del Ayuntamiento de Madrid, de 1929, vemos la configuración de la glorieta y plaza con la inclusión de las bocas de Metro (tema que estudiamos más abajo).



Por último, la comparativa de la situación primitiva de la fuente de la Alcachofa en 1873 y su réplica del siglo XX en una vista aérea de 2006.



Al Retiro
En sesión del Ayuntamiento del 8 de septiembre de 1880 se acuerda trasladar la fuente al Parque de Madrid (El Retiro). El viernes 12 de noviembre comenzaban las obras de excavación en aquel sitio.
Durante ese periodo de tiempo algunos vecinos de la Castellana solicitaron al consistorio se instalase donde estaba el obelisco, pero aquella moción fue rechazada. Mucho antes, cuando se proyectaba el ensanche del Paseo del Prado, existió la idea de colocarla en la Puerta del Sol, pero tampoco prosperó esa iniciativa.

Un inciso
Durante la epidemia de cólera que azotó Madrid en 1885 se declaró el “motín de las verduleras”. Los vendedores de verduras, hortalizas y frutas mostraron su disconformidad por la Real Orden publicada el 16 de junio en la Gaceta de Madrid que declaraba oficialmente la epidemia de cólera morbo asiática, algo que había creado el terror colectivo y afectaba a la venta de productos frescos por el riesgo a contagio. Los días 19 y 20 de junio la situación fue complicada, hubo palos y sangre durante las manifestaciones, el Gobierno actuó con contundencia, apoyado por la prensa que definía el conflicto como “oportunista”.

¿Por qué contamos esto? Por el breve relato publicado en La Ilustración Española y Americana que a continuación transcribimos y es muestra del ocurrente humor madrileño:
El dia del motin de las verduleras, como faltaron las alcachofas en la plaza, se hizo indispensable aquella verdura en todas las mesas de buen tono; era el plato del día.
El cocinero de un titulo recorrió en vano todos los mercados, preguntando dónde las encontraría á cualquier precio.
El mayordomo le habia dicho que no volviera sin ellas.
Llegó la tarde, pasó la noche, y el cocinero no volvía.
Al dia siguiente supieron en la casa que el criado estaba preso.
Habia intentado robar la fuente de la Alcachofa para servírsela á sus amos.

Desaparecida la fuente, en la década de los veinte del pasado siglo se instalará la boca del Metropolitano de Alfonso XIII.


La estación del suburbano
El 26 de diciembre de 1921 quedará inaugurado el ramal Sol-Atocha del Metropolitano de Alfonso XIII. Comprendía las estaciones de Sol, Progreso (Tirso de Molina), Antón Martín y Atocha.
Es de destacar las dificultades técnicas de la obra por los obstáculos hallados en el subsuelo. Como curiosidad citamos los encontrados en Atocha, que fueron los siguientes: colectores generales de la calle Trajineros y carcavón de la glorieta de Atocha, la conducción del Canal de Isabel II, distribución de gas, electricidad, pozos y galerías abandonadas, entre otros.

La calle de Atocha contaba con una pendiente máxima del 4% hasta la glorieta. El tramo hasta la calle de San Pedro se construyó en túnel, y desde allí hasta Atocha (432 metros finales) en zanjas abiertas, debido a la escasa cota.

El siguiente plano nos muestra los accesos de la estación de Atocha, apoyado por una vista aérea del año 1927.

"Estación del Metro y sus accesos en la Glorieta de Atocha"
Archivo HUM (Año 1921)
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Ortofotomapas Madrid capital 1927
© CAM-Dirección General de Urbanismo-Consejería de Medio Ambiente
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Bajamos a la tierra para contemplar la boca del Metro y su ubicación en la glorieta.

"46. Madrid.- Paseo de Atocha y Estación del Mediodía""Edición Extra Madrid"
Hauser y Menet
(Entre 1920 y 1930)
Núm Inventario: Inv. 34131
© Archivo de la Villa. BD-MdM
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Cuatro eran las entradas de Metro; la principal corresponde a la fotografía de Hauser y Menet, situada en el centro de la plaza; la segunda, para dar servicio a la estación del Mediodía con doble escalera para acceder a los espacios de entrada y salida de viajeros; la tercera entrada correspondía a la del Ministerio de Fomento; y la cuarta, en la esquina de la calle Atocha con la glorieta.
El diseño de la estación permitía a los viajeros llegar hasta los andenes de entrada y salida de los trenes de la estación del Mediodía sin necesidad de atravesar la glorieta; lo mismo que los viajeros que se dirigían al Ministerio de Fomento.

Dicho esto a modo ilustrativo, llega el momento de centrarnos en la olvidada fuente del Emperador Carlos V.


La nueva fuente del Emperador Carlos V
El Boletín Oficial de la Provincia de Madrid, número 78, del 1 de abril de 1961 (O.-45.203), anunciaba el concurso público para la construcción de “una fuente luminosa, giratoria, en la Glorieta del Emperador Carlos V, con el tipo de 2.442.881,18 pesetas, con plazo de ejecución de seis meses y garantía de un año, con cargo al Presupuesto especial de Urbanismo.” Firmaba la resolución el Secretario general, señor Juan José Fernández-Villa y Dorbe, el 27 de marzo de 1961.

La construcción de la fuente pondría broche de oro a la culminación de las obras acometidas en la zona sobre un proyecto del ingeniero municipal José María Paz Casañé que dotaba a la plaza de 300 metros de longitud y dos rotondas.

Las obras viarias habían comenzado en enero de 1959 y finalizaron en octubre de 1961, dando como resultado un andén central de cinco metros de ancho, con aparcamientos de metro y medio a los lados, y dos calzadas de 18 metros con capacidad para seis coches en su ancho. Dos metros y medio para la línea tranviaria, con siete metros y medio de ancho la acera de la estación de Atocha, siete la opuesta, y espacios verdes en sus límites. Además, se sustituían los dos pasos de peatones antiguos por uno de doble ancho que cruzaba por el centro las dos calzadas.

Esto que comentamos es visible en la maqueta del proyecto Paz Casañé fotografiada por Portillo para Hoja del Lunes en 1961.






Los trabajos habían tenido su complicación puesto que se removió todo el pavimento, se modificó la ubicación de las entradas de Metro y se elevó la rasante en aproximadamente metro y medio por el lado de la estación de Atocha. Todo ello con la dificultad de no cortar el tráfico rodado en su totalidad y el paso de los tranvías que iban a las cocheras y talleres de la zona Norte.

Debemos aclarar que las obras de ensanche de la estación de Metro y la modificación del acceso al Ministerio de Obras Públicas estaban fuera del proyecto, por lo que en octubre de 1961 continuaban en ejecución. Por su parte, la obra municipal concluía con los árboles ya plantados, los semáforos colocados y con todos los elementos urbanísticos instalados. Sólo faltaba la fuente, los espacios ajardinados de esa zona y una farola ornamental que se situaría en el extremo opuesto, a la entrada de Santa María de la Cabeza.

Volviendo a la fuente, los titulares de la prensa del mes de marzo de 1961 daban cuenta de la que se preparaba en Atocha. Con bombos y platillos se anunciaban las características del proyecto, centrando la atención en la monumental fuente y su chorro luminoso.




Y es que la fuente de Herrero Palacios tenía un pilón de 24 metros de diámetro y otros dos concéntricos de 8 y 20 metros, con una novedad: los surtidores, en lugar de ser fijos, realizaban un movimiento rotatorio al estar dispuestos sobre un gran plato giratorio. Se construiría en piedra natural y artificial.

En el centro de la fuente se ubicaba una tobera de cinco centímetros de la que saldría un chorro vertical de 20 metros de altura, rodeado de 28 chorros que alcanzarían los 7 metros. De otro anillo de 3 metros de diámetro saldrían 80 surtidores de trayectoria parabólica, completando así un magnífico y potente espectáculo de luz y movimiento.

Como bien dice el titular, la magnífica fuente lanzaría 139 litros de agua por segundo, consiguiendo el efecto lumínico con 6 proyectores de luz cambiante de 1.500 vatios de potencia, 12 de 500 y 160 de 200. Todos ellos alimentados por una instalación eléctrica de 54 kilovatios.

El 14 de mayo de 1962, en el artículo titulado “Estampa, ya clásica, de un gran Madrid que se reforma, crece y se completa”, decía Hoja del Lunes (página 12):
[…] Crece como la selva Madrid, y en el corto espacio de un año ha visto realizados algunos de sus mejores sueños. Se han reformado los bulevares, se han inaugurado la avenida de los Reyes Católicos y la espaciosa y vital glorieta de Carlos V y el modernísimo mercado de la Cebada… Madrid se embellece, se completa, se perfecciona a ritmo acelerado. Surgen por todas partes los edificios suntuosos, proliferan las colonias y los poblados modernos y funcionales, aumentan las riadas de luz, aumenta el nivel de vida. […]

El texto iba acompañado de una fotografía de Portillo, panorámica de la novísima plaza de Carlos V con el Ministerio al fondo.


Sumamos otro punto de vista más cercano a la fuente. En este caso corresponde a Federico Vallina y es también del año 1962.

Atocha
Federico Vallina (1962)
© ARCAM
ES 28079 ARCM FEVA0001_000018
 
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El 31 de julio de 1963, a las ocho de la tarde, el alcalde de Madrid, conde de Mayalde, acompañado por el primer teniente de alcalde, señor José María Gutiérrez del Castillo y el arquitecto Herrero Palacios, inauguraba la luminosa fuente. La noche del día 30 se habían efectuado las pruebas técnicas, con resultados satisfactorios.

En el reverso de la postal que vimos al principio, enviada en febrero de 1964 a José Valero Hernández por don José Ramos Moreno (padre y tío respectivamente del autor del blog), dice:
Pepe: La fuente que podrás admirar no la conoces, pues la inauguraron el verano pasado, como ves el fondo es Pacífico y Pº Infanta Isabel y Mª Cristina, es una fuente que se mueve sola con la presión del agua, es muy bonita, particularmente por la noche, ya que al girar iluminada cambia de tono las luces, solamente hay una parecida en Alemania, el paseo y la calle ha sido arreglada y ha quedado como ves en la postal […]


Con esas palabras queda reflejado el entusiasmo de los madrileños por aquella nueva fuente luminosa de la que podemos decir que fue un portento de la ingeniería hidráulica y lumínica.
Y, por supuesto, hubo quienes posaron frente a la magnífica fuente y guardaron esas imágenes para recordarla siempre, como hoy lo hacemos nosotros. Ese es el caso de la siguiente estampa, donada por doña Susana García Sierra y atesorada por el Archivo Regional de la CAM.

Glorieta de Atocha (1964)
"Un niño en la hierba. Se ven al fondo cables de tranvía y trolebús"
© ARCAM
ES 28079 ARCM SUGA0001_000003

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El paso elevado o "scalextric"
Así como la nueva fuente había cambiado la fisonomía de la glorieta de cuarenta años atrás, un esperpéntico paso elevado le quitaba todo su esplendor a escasos cinco años de su inauguración. El conocido “Scalextric de Atocha” era inaugurado el 16 de mayo de 1968 por el alcalde de entonces, señor Carlos Arias Navarro. Su construcción supuso un coste de noventa y cuatro millones de pesetas.

En el siguiente video correspondiente al NO-DO Nº 1325ª, de 27 de mayo de 1968, podemos apreciar la fuente en funcionamiento y el flujo de tráfico del paso elevado.



El Scalextric comenzará a desmantelarse el 14 de marzo de 1985, después de 17 años de actividad con un tráfico rodado diario de 200.000 vehículos, convirtiendo Atocha en uno de los puntos de mayor contaminación.

El viernes 24 de enero de 1986 escribirá Pedro Montoliú en El País:
Un total de 1.200 toneladas de hierro y hormigón serán retiradas de la glorieta de Carlos V y almacenadas cerca de la carretera de Toledo, donde se encuentran los 26 tramos retirados hasta ahora. […]El domingo, a las tres de la tarde, grúas de gran altura especialmente trasladas a Madrid desde Puertollano (Ciudad Real), con una capacidad para levantar 150 toneladas cada una, retirarán el primero de los tramos del ramal que une el paseo del Prado con el de Santa María de la Cabeza, el más cercano a las viviendas de la glorieta. Exactamente se comenzará por el situado al comienzo de la calle de Atocha, lo que obligará a interrumpir el paso de vehículos por esta calle. A continuación serán desmontados los ocho tramos restantes y llevados en vehículos especiales al depósito de la carretera de Toledo, donde, presumiblemente, terminarán por ser desguazados.
La razón del desguace es que, hasta ahora, los ayuntamientos del Área Metropolitana que habían solicitado en principio el aprovechamiento de los tramos desmontados han rechazado esta posibilidad tras examinar el material. De no utilizarse ninguno, se procedería a separar la estructura metálica con objeto de convertirla en chatarra. Se estima que podrían aprovecharse hasta 3.000 toneladas de hierro, de las 4.400 que pesa todo el scalextric. Una pequeña parte se utilizaría para hacer llaveros, para lo que se encargaría a un escultor el diseño de una figura.

La desaparición de este paso elevado formaba parte de una operación urbanística que mejoraría la conexión de la zona Sur con el centro urbano y coincidía con el proyecto de remodelación de la glorieta y la estación de Atocha, además de la creación de la terminal de largo recorrido y transporte público de cercanías diseñadas por el arquitecto Rafael Moneo.

Ortofotomapas Total comunidad 1975-2006
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Durante esas reformas se instalará la fuente actual, réplica de la que hubo antaño en la plaza y cuyo original –como ya hemos citado-, se encuentra en El Retiro. La nueva fuente de la Alcachofa se instalará definitivamente en 1986 sobre una base circular y un cuadrado, reticulado en su interior, que da forma a cuatro estanques en los que se ubican cuatro surtidores simulando alcachofas.
En nada se parece a la poderosa y luminosa fuente de Herrero Palacios.

Fernández Alba, Antonio (2011).
Del ejercicio de la arquitectura.
En: "Antonio Fernández-Alba, Premio Nacional de Arquitectura 2003 :
libro de fábricas y visiones recogido del imaginario de un arquitecto [de] fin de siglo, 1957 - 2010".
Ministerio de Fomento, Madrid, pp. 68-161. ISBN 978-84-498-0896-8. p. 95
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Fernández Alba, Antonio (2011).
Del ejercicio de la arquitectura.
En: "Antonio Fernández-Alba, Premio Nacional de Arquitectura 2003 :
libro de fábricas y visiones recogido del imaginario de un arquitecto [de] fin de siglo, 1957 - 2010".
Ministerio de Fomento, Madrid, pp. 68-161. ISBN 978-84-498-0896-8. p. 97
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La siguiente fotografía, también de la publicación de Antonio Fernández-Alba, muestra la fuente durante el proceso de remodelación de la plaza del Emperador Carlos V. (Año 1985)

Fernández Alba, Antonio (2011).
Del ejercicio de la arquitectura.
En: "Antonio Fernández-Alba, Premio Nacional de Arquitectura 2003 :
libro de fábricas y visiones recogido del imaginario de un arquitecto [de] fin de siglo, 1957 - 2010".
Ministerio de Fomento, Madrid, pp. 68-161. ISBN 978-84-498-0896-8. p. 94
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Muchos recordaréis que en mayo de 2004 en la glorieta se instaló de forma temporal el entonces llamado Bosque de los ausentes (Bosque del recuerdo, trasladado en 2005 al Parque de El Retiro).


Fin de la historia
Y así, desde los tiempos del emperador Carlos, primero de España y quinto de Alemania, hasta los alcaldes Tierno Galván, Barranco, Rodríguez Sahagún y Álvarez del Manzano, hemos conocido brevemente la metamorfosis de la plaza y glorieta de Atocha.
La investigación sobre la olvidada fuente de los sesenta finaliza aquí, truncada por la falta de datos que nos permitan dilucidar dónde acabó después de su desmonte.


Actualización de contenido:
Gracias a la aportación de +Francisco Casas Velarde podemos aportar datos relevantes sobre el destino de la fuente diseñada por Herrero Palacios.
Dice don Francisco en un comentario:
"Creo que está fuente nunca fue trasladada a otro lugar, sino que fue destruida. Recuerdo haber pasado un día por la glorieta y ver cómo la arrasaban con excavadoras. Una pena porque era una fuente preciosa."
Por ser testigo presencial del modo en que fue retirada la potente fuente del Emperador Carlos V, las palabras de don Francisco son ahora epitafio de esta historia.
Podemos asegurar, entonces, que después de su desmonte (por llamarlo así), la fuente acabó en las escombreras. Lamentable final para ese artilugio de agua y luz que adornó la glorieta y plaza por dos décadas.

Nuestro sincero agradecimiento a +Francisco Casas Velarde por esta información.


Tres cosas deseo –hablando en primera persona– después de la publicación de este trabajo: principalmente que sea del agrado del lector; que aporte datos sobre la historia de elementos urbanos desaparecidos; y, finalmente, sea respetado por quienes hoy hablan de Madrid, citando su procedencia y no atribuyéndose méritos que no les pertenecen.


Bibliografía
[1] FERNÁNDEZ DE LOS RÍOS, Ángel. Guía de Madrid, Manual del Madrileño y del Forastero. (1876) Madrid. Oficinas de la Ilustración Española y Americana, p. 413
[2] Documento: Cesión del terreno del Real Jardín Botánio para el proyecto de ensanche de la Puerta de Atocha. (1852) Archivo de la Villa. Biblioteca digital memoriademadrid. Disponible en: http://www.memoriademadrid.es/buscador.php?accion=VerFicha&id=228866&num_id=2&num_total=2
[3] MADOZ, Pascual. Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico, Madrid. (1848) Madrid. Parte recerativa-Paseos y arbolados: Paseo de las cuatro fuentes a la de la Alcachofa, p. 404

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2016) "La olvidada fuente de la Glorieta de Atocha (Plaza del Emperador Carlos V)", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325 [VER: "Uso del Contenido"]

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.

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