jueves, 12 de octubre de 2017

Efemérides: La primera Fiesta de la Raza. Madrid, 12 de octubre de 1917

No nos equivocamos al decir que hace cien años se celebró la “primera” Fiesta de la Raza porque en efecto así fue. El 12 de octubre de 1917 la conmemoración del Descubrimiento de América llevará esa denominación y por vez primera contará con actos oficiales y discurso del rey.


Mundo Gráfico, VII (312) Madrid, 1917
Fotografía: CAMPÚA
© Archivo HUM
© 2017 Eduardo Valero García-HUM 017-001 FIESTA NACIONAL
© 2017 Historia urbana de Madrid ISSN 2444-1325

Con anterioridad a 1917 la celebración no pasaba de algún acto conmemorativo fomentado en 1913 por el político español y presidente de la Unión Ibero-Americana, D. Faustino Rodríguez-San Pedro, y celebrada por primera vez en 1914 bajo el título de “Fiesta de la Raza”. No era de carácter oficial y la Prensa la anunciaba como “Día de la Raza”.

Será el 17 de noviembre de 1916 cuando el Ayuntamiento de Madrid acuerde que se declare en lo sucesivo fiesta nacional el 12 de octubre. En mayo de 1917 el alcalde esto solicitará al Gobierno, instando además a que por Real decreto se hiciese extensible a todos los Ayuntamientos de España.

El 4 de octubre de 1917 el Presidente de la República Argentina, D. Hipólito Irigoyen, firmará el Decreto por el que se declara fiesta nacional el 12 de octubre. En España así será considerada, mas no se hará efectiva como tal hasta el 18 de junio de 1918, fecha en que el Senado aprobará el proyecto de Ley declarando la histórica fecha como fiesta nacional bajo la denominación de “Fiesta de la Raza”, más tarde refrendada en el Congreso.

En este punto es obligado el recuerdo y reconocimiento a un teniente de alcalde, el Sr. Hilario Crespo, muy involucrado en el fomento de la fiesta nacional e impulsor de los festejos concernientes al Ayuntamiento. Así, en 1917 bregaba por la erección de un monumento representativo del hermanamiento hispano-americano que contuviese a España, América, Colón, Isabel la Católica, Colón y Cervantes; quizá su intención era acelerar la construcción del aletargado monumento a Cervantes de la Plaza de España. Además, para aquel año de 1918 propondrá la celebración de un certamen de Juegos florales o Fiesta de las Flores en el mismísimo Teatro Real. En estos juegos intervenía el arte y la poesía.

La fiesta nacional denominada “de la Raza” permanecerá vigente hasta el 10 de enero de 1958, fecha en que Francisco Franco firmará un Decreto por el que pasa a denominarse “Día de la Hispanidad”.


Así se celebró la primera Fiesta de la Raza de 1917
Las provincias de España y capitales iberoamericanas se sumaron a los festejos pero, como es lógico, nuestro interés se centra en la celebrada en Madrid.

A las dos y media de la tarde del viernes 12 de octubre de 1917 se reunieron en la plaza de Cánovas del Castillo (Neptuno) los niños las escuelas municipales y los Exploradores de España. Según las noticias de la época se contaron más de 7.000 escolares.

Comenzó entonces el solemne desfile por el Paseo del Prado y el de Recoletos hasta la Plaza de Colón, donde se depositaron ofrendas florales a los pies del monumento a Colón. Allí les esperaban el alcalde, Sr. Prado Palacio y personalidades de la enseñanza. Bandas municipales y del Ejército amenizaron el desfile interpretando himnos y marchas.

Nuevo Mundo, XXIV (1.241) Madrid, 1917
Fotografía: CAMPÚA
© Archivo HUM
© 2017 Eduardo Valero García-HUM 017-001 FIESTA NACIONAL
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Nuevo Mundo, XXIV (1.241) Madrid, 1917
Fotografía: CAMPÚA
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La Nación, II (353) Madrid, 1917
Fotografía:MARÍN Y ORTIZ
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A las cinco de la tarde se celebró una velada a la que asistieron el embajador de Argentina y el ministro de Cuba. La Casa de la Villa había sido engalanada con tapices y colgaduras.
Muchos fueron los discursos, entre ellos el del ministro de Instrucción pública; el del citado Rodríguez-San Pedro, y otras tantas personalidades. Finalizado el acto se sirvió un lunch y la banda municipal interpretó algunas melodías.

La Nación, II (353) Madrid, 1917
Fotografía:MARÍN Y ORTIZ
© Archivo HUM
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El rey y su familia se encontraban en San Sebastián, y desde allí Alfonso XIII leerá un discurso dirigido a todas las naciones hispanoamericanas y al pueblo español.

Esa misma noche se estrenaba en el Teatro de la Zarzuela la obra cinematográfica “La vida de Cristóbal Colón y su descubrimiento de América” en cinco partes y un prólogo. El film había sido proyectado con anterioridad en el Palacio Real.



Finalizamos este recuerdo a la primera Fiesta de la Raza viajando al Madrid de cien años atrás, disfrutando como los madrileños de antes de ese films, gran producción del naciente cine español que tuvo un coste de más de un millón de pesetas.




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Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2017) "Efemérides: La primera Fiesta de la Raza. Madrid, 12 de octubre de 1917", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ Historia urbana de Madrid ISSN 2444-1325

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Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.
De las imágenes:
Muchas de las fotografías y otras imágenes contenidas en los artículos son de dominio público y correspondientes a los archivos de la Biblioteca Nacional de España, Ministerio de Cultura, Archivos municipales y otras bibliotecas y archivos extranjeros. En varios casos corresponden a los archivos personales del autor-editor de Historia urbana de Madrid.
La inclusión de la leyenda "Archivo HUM", y otros datos, identifican las imágenes como fruto de las investigaciones y recopilaciones realizadas para los contenidos de Historia urbana de Madrid, salvaguardando así ese trabajo y su difusión en la red.
Ha sido necesario incorporar estos datos para evitar el abuso de copia de contenido sin citar las fuentes de origen de consulta.


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domingo, 8 de octubre de 2017

El Ayuntamiento compra un edificio por un duro. Madrid, 1981

Hace tan solo 36 años, en la década de los 80 del pasado siglo, surge la historia que da título al presente artículo. Es casi un hecho anecdótico que deriva del entonces renovado Plan Especial de Protección y Conservación de Edificios y Conjuntos Histórico-Artísticos de la Villa de Madrid.
Pero para llegar a la anécdota es necesario conocer someramente algunos aspectos del citado plan de urbanismo.

La historia que contamos hace referencia a la calle Toledo, aquí retratada a finales del siglo XIX o principios del XX.
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ES 28079 ARCM 0689R/Recto
Madrid, Toledo-Strasse
Trinks & Co. / Liesegang
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En 1980 se ponía en marcha -no sin los siempre presentes desacuerdos en la corporación municipal-, el Programa de Actuación en la Zona Centro (PAC) que pretendía rehabilitar y conservar el patrimonio edificado existente, manteniendo al individuo residente. Con esto se intentaba evitar la demolición de edificios para convertir el centro de la ciudad en un gran centro comercial y empresarial; algo que en este siglo XXI no se ha tenido en consideración, sea por destrucción o remodelación casi radical de edificios emblemáticos.

En este sentido, el primitivo Plan Especial Villa de Madrid (1979) decía en dos de sus puntos:
1.º Preservar y conservar el patrimonio urbano en cuanto que tenga caracteres artísticos o históricos, demostrativos o significativos de formas de vida o de técnicas que sean consideradas como formando parte de un acervo cultural que es patrimonio de todos los ciudadanos.
2.º Preservar y conservar todos aquellos edificios y elementos que dan carácter a otros edificios o instalaciones singularizadas, de tal forma que se consideran parte integrante de ellos, que verían mermado su valor o parte de él si desapareciese el entorno en que se encuentran.
No se trataba de un capricho sino de una necesidad. Debemos tener presente que la precaria Ley de Arrendamientos de 1946 había paralizado la conservación y mejora de las viviendas en alquiler; además, el naciente interés de urbanizar el extrarradio propiciaba un abandono de la ciudad ya existente. Estos dos factores promovieron en parte la especulación inmobiliaria, fomentando el deterioro y posterior demolición.

A pesar de esto, enseguida aparecieron los detractores del plan de 1979 y las plataformas de defensa de los propietarios de fincas.



En el Plan Especial de 1980, de la Gerencia Municipal de Urbanismo del Ayuntamiento de Madrid, se establecieron tres categorías de protección: integral (el edificio se conserva tal cual está); estructural (mantenimiento de la fachada), y ambiental (el derribo implica una nueva construcción para evitar solares).

Pero el plan que nos ocupa, enmarcado en el ámbito del PAC, pretendía frenar la especulación de propietarios sin escrúpulos y la preocupación de vecinos sumidos en la incertidumbre de ver sus casas derruidas.
El Ayuntamiento gestionaba la compra de inmuebles con mayor necesidad de recuperación para rehabilitarlos y venderlos a sus habitantes a un precio inferior al de las viviendas sociales. En el distrito Centro se estaba negociando la compra de diez edificios, entre ellos algunas corralas, como la de la calle Miguel Servet.

Dicho esto -muy a grandes rasgos-, vamos a explicar cómo consigue el Ayuntamiento un edificio por cinco pesetas y cuál es, porque este edificio existe.


Un edificio por un duro
Comenzamos por el final contando que el edificio en cuestión fue construido en 1870, según Catastro, aunque ya figura representado con idéntica planta en las Hojas kilométricas de 1860. Seguramente, y como consta en una noticia de 1981, debió ser remodelado o reconstruido en 1885. [1]

Fachada del edificio antes de la rehabilitación

Se levanta sobre la calle de Toledo, entre las de Santa Ana y de las Velas (hoy de López Silva), casi enfrentado a la calle Sierpe y cercano al Mercado de la Cebada, y más aún al antiguo “Cinelandia”, cine sonoro al aire libre que hacía esquina con la calle Ruda.

Su numeración actual es el 91 de la citada calle. Anteriormente, desde el 1874, figuraba con el número 97. El cambio de numeración se efectuará el 6 de junio de 1931.

Consta de cinco plantas y una superficie gráfica de 57 m². En la planta baja dos locales comerciales, uno de ellos destinado a almacén y con sótano. Una vivienda por planta en las superiores, con una superficie de 55m² cada una de ellas (46 m² vivienda + 9 m² de zonas comunes). La planta quinta no es otra cosa que un trastero de 3m².



La fachada es mínima, con una longitud total de 3,80 m. Según noticias del diario ABC, el edificio tiene la categoría de “corrala”, información no proporcionada en otras fuentes consultadas. Las características no son propias de ese tipo de edificación. 





El Ayuntamiento la compra a un tal don Enrique –“que vive en Valladolid”-, por un precio simbólico de cinco pesetas (a peseta por planta). En el momento de la transacción sólo estaban ocupadas dos plantas, siendo sus vecinos personas de edad avanzada.

En 1982 la finca se rehabilita en parte y a los vecinos se les deja en régimen de alquiler de por vida ante la imposibilidad de comprar. Situación similar a la ocurrida con los vecinos de la casa llamada “de la vela” (Embajadores, 39), inquilinos longevos, jubilados, sin medios para hacer frente a las 400.000 pesetas, precio de venta marcado por el consistorio.

Casa de la vela (Embajadores, 39) que aún existe

También ese año, en el mes de agosto, el Ayuntamiento y la Caja de Ahorros de Madrid firmarán un acuerdo por el que la Caja concedía un préstamo ilimitado para “salvar urbanísticamente la ciudad”, proyecto que facilitaba la rehabilitación y compra de viviendas antiguas.

El préstamo, subvencionado a fondo perdido por el consistorio, tendrían en cuenta la situación económica y social de los ocupantes de las viviendas, ofreciendo un importe máximo equivalente al 70% de la inversión, amortizable en 10 años con un interés no superior al 13%.

Dos años más tarde, como había ocurrido en 1979, también aparecerán los detractores; en esta ocasión la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos denunciaba que no era admisible cargar sobre los inquilinos el coste de la rehabilitación o modernización de las viviendas que ni siquiera eran de su propiedad.



En 1984, bajo el eslogan “SEGUIMOS MANOS A LA OBRA – PROGRAMA DE REHABILITACIÓN PÚBLICA”, la Empresa Municipal de la Vivienda anunciaba los trabajos ya realizados, los que se encontraban en ejecución y los que aún estaban pendiente de realización. En la siguiente lista damos cuenta de ellos.

Edificios rehabilitados:
Espino, 6
Mesón de Paredes, 79
Embajadores, 39
Toledo, 91
Abades, 18
Plaza de Cascorro, 11
Ribera de Curtidores, 13
San Cayetano, 10
Rodrigo de Guevara, 4

Edificios en rehabilitación:
Mira al Río, 9
Almendro, 7
Mediodía Grande, 20
Amparo, 11
Alamillo, 2
Pozas, 8
Embajadores, 16
Dos Hermanas, 15
Ribera de Curtidores, 8
Ribera de Curtidores, 9 Ext.
Abades, 5

Edificios en proyecto:
Sombrerete, 13
Tribulete, 12
Embajadores, 46
Paz, 8
Amparo, 71
Molino de Viento, 24
San Hermenegildo, 20
Santa Lucía, 4

Pero esto no era el todo. La tercera actuación del proyecto (1982) incluía un total de 10.820 viviendas para su rehabilitación, situadas en Lavapiés (2.000), el Rastro (4.700), Plaza de la Cebada (150), Plaza Mayor (300), Puerta del Sol (450), calle de la Ballesta (180), Malasaña (2.800), San Bernardo (120), Plaza del 2 de Mayo (400) y Leganitos (120).

El anuncio de la Empresa Municipal de la Vivienda iba acompañado de una especie de logotipo con la representativa osa (oso si se prefiere) pregonando lo antedicho.

Copia exacta del logo publicado en 1984


Más sobre el edificio
Fue este inmueble, junto con la casa de la vela y las corralas de las calles del Espino y Miguel Servet, las primeras en ser rehabilitadas una vez adquiridas por el Ayuntamiento. En 1984 las obras del edificio de la calle Toledo, 91, habían finalizado y sus habitantes ya vivían en él. Para entonces se llevaban gastados 170 millones de pesetas en las obras de rehabilitación.

Fachada del edificio de Toledo, 91, después de la rehabilitación de 1982

Al parecer, en la década de los 70 del siglo XIX, cuando aún estaba acotado con el número 97, el local de la calle Toledo lo ocupaba una “antigua y acreditada casa de préstamos”. En 1922 un anuncio por palabras indicaba que se traspasaba el local por cese, preferentemente “para préstamos”.

Es probable que el comercio se convirtiese en una tienda de ropa o máscaras, ya que en febrero de 1931 se liquidaban disfraces a “precios baratísimos”. Posteriormente, y desde ese año hasta al menos 1933, el local se destina a Estanco. Actualmente es una peluquería.



El portal de la finca es a su vez entrada al local comercial. Una especie de recibidor separa ambos servicios, quedando enfrentada a la entrada el acceso al comercio y hacia la izquierda el portero automático y entrada a la su zona de escalera. En cuanto al segundo local que indica catastro, con sótano, su acceso se hace por el interior del local principal.

Para un edificio con fachada mínima (3,80 m), la solución de acceso a las zonas comunes y comercio está muy bien resulta, teniendo en cuenta que hablamos de un inmueble con más de 150 años de historia.



La finca colindante (Toledo, 93) fue construida en 1987, aunque su apariencia no dista mucho de las construcciones de sus vecinas de Toledo 91 y 89; esta última levantada en 1870 y reformada totalmente en 2011.



Y esta es la anecdótica historia del edificio de la calle Toledo, 91. Muchos recordaréis aquellas actuaciones municipales; quizá algún lector resida en una de aquellas viviendas rehabilitadas.



Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

[1] Gimeno, Pilar. "A peseta el piso" (1981) Hoja del Lunes Nº 2.217. Madrid

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2017) "El Ayuntamiento compra un edificio por un duro. Madrid, 1981", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ Historia urbana de Madrid ISSN 2444-1325

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© 2017 Eduardo Valero García - HUM 017-001 - MUNICI
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domingo, 24 de septiembre de 2017

Santos Yubero y las casas con corredores, también llamadas corralas

Hace un tiempo se publicaba en el grupo de Facebook Historias Matritenses, una fotografía de la famosa casa de vecindad conocida como “La Corrala” de la calle Mesón de Paredes, entre las de Tribulete y Sombrerete. Fue realizada por Cristóbal Portillo (1920-1997) el 12 de mayo de 1965.

Andrés Molina González la rescata del Archivo Regional de la CAM, donde se halla, y la ofrece al madrileño de hoy como recuerdo de otros tiempos; contraste de la fisonomía de tan emblemático espacio del barrio de Lavapiés en la década de los 60 del siglo pasado.

© ARCAM Fondos: Cristóbal Portillo
(12 de mayo de 1965)
Signatura: 98917_007
Archivo Anmogon [ENLACE]

En relación con los fondos Cristóbal Portillo, el Archivo Regional atesora 941.299 imágenes fotográficas descritas en un total de 65.676 registros.

La estampa nos recordó una crónica de otro fotógrafo, D. Martín Santos Yubero, escrita para la Hoja Oficial del Lunes madrileña el día de Navidad de 1978.
No será la primera vez que Yubero escriba sobre la actualidad del Madrid de su tiempo; ya publicamos hace dos año (4 de diciembre de 2015) un curioso artículo sobre la lápida de Arniches y su calle homónima, con un estupendo “photoshop” realizado por este fotógrafo.


Santos Yubero y las corralas
Como hemos comentado, Santos Yubero escribía sobre las corralas en un artículo para Hoja Oficial del Lunes. Lo titulaba “Las casas con corredores no son corralas”, e iba acompañado de una fotografía de la corrala de Mesón de Paredes. En él cuestionaba el uso del calificativo “corralas” dado a las antiguas “casas de corredor” que, en palabras de don Martín, “a los madrileños maduros nos produce risa.


Afirmaba categóricamente que a esas casas no se les debía llamar “corralas”, porque no lo eran, y citaba a la que hoy mostramos, denominada también “La Revoltosa”:
Ni siquiera las famosas de Tribulete y Sombrerete, a las que la gente del pueblo llama «las casas de la corrala», así, matizando, porque la Corrala es el nombre secular del amplio espacio que tienen delante los corredores de esos dos antañones edificios, que parecen uno solo por su unión medianera.
Nos sorprendió este rotundo análisis catedrático de tan ilustre vecino de Lavapiés, y poco tardamos en consultar el diccionario de la RAE, que define:
corrala
De corral.
1. f. En Madrid especialmente, casa de vecindad antigua constituida por viviendas de reducidas dimensiones a las que se accede por puertas situadas en galerías o corredores que dan a un gran patio interior.

¿Van al traste las afirmaciones de Santos Yubero?
Conscientes de que tan popular persona no hablaba en vano, consultamos un diccionario de años anteriores; en este caso la Nueva Enciclopedia Sopena – Diccionario Ilustrado de la Lengua Española de 1955.
La sorpresa fue mayúscula al no encontrar la palabra “corrala”. Sólo aparece “corral”, con la lógica referencia al Corral de la Pacheca, y entre varias acepciones la siguiente: “Corral de vecindad: Casa de vecindad.”

Nos acercamos un poco más en la consulta al año en que Yubero esto decía; entonces pasamos el dedo por el Diccionario Enciclopédico VOX – Lexis22 (1976) y tampoco la encontramos.

Sobre esta acepción de “Corral”, define la RAE:
Corral de vecindad. 1. m. And.: Casa de vecindad: 1. f. casa que contiene muchas viviendas reducidas, por lo común con acceso a patios y corredores.

Explica Yubero que en otros tiempos (Siglo XVI), en el lugar donde se emplaza la “corrala”, hubo varios corrales para diversos usos, pertenecientes todos al escribano Antonio Cros y Estrada.
“Desaparecidos algunos de aquellos corrales, pasó a ser llamada la Corrala por la gente, y en ella se establecieron diversas actividades, no suprimiéndose los espacios cercados para aves, conejos y otros animalitos.”
Y como vecino de la zona, añade:
“El que suscribe estas líneas ha conocido en este solar estación de carros de todas clases, mercado de frutas y verduras, un cabaret, aparcamiento de automóviles-invasión más bien-, y mucho antes, los recreos de los centenares chicos que se educaban en las Escuelas Pías de San Fernando, situadas enfrente.”
Después hace un inciso y se refiere a la famosa Casa de Tócame Roque como edificio de varias plantas con una arquitectura destinado a viviendas humildes.
Y era muy célebre desde tiempo antiguo por su numeroso vecindario apiñado en cuartos alineados en pasillos (corredores). […] La ocurrencia de don Ramón [de la Cruz] motivó que la chispa, el gracejo de nuestro Madrid, bautizara con el nombre de Casas de Tócame Roque a todas-que eran muchas-las edificaciones con corredores.
Santos Yubero se ratifica y asegura, entonces, que las casas con corredores no son corralas.
Terrible dilema planteaba a los madrileños de los años 70, acostumbrados a llamarlas así al menos desde el Siglo XIX.

Pero resulta que en 1958, en una crónica sobre la historia y evolución de las viviendas madrileñas, aparece otra fotografía de Portillo -en este caso desde el ángulo contrario al ya mostrado-, y con una leyenda a pie de imagen que corrobora lo dicho por Yubero.

Hoja Oficial del Lunes (III) 1.003. Madrid, junio de 1958
© MECD-BVPH - Archivo HUM
© 2017 Eduardo Valero García-HUM 017-001 CORRALA
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A pie de foto: “La típica casa de corredores”. Sí, ni trampa ni cartón; estaba clarísimo. Más si nos remitimos a los textos de aquella crónica relatada por el historiador Rafael Sánchez Pérez, quien decía que la gente sin posibles vivía en ese tipo de construcción llamadas “casas de vecindad”.
Eran monstruosos inmuebles que albergaban en cada planta 15, 20 y aún más familias. Por no disponer del suficiente número de habitaciones (la mayoría de las viviendas sólo tenían dormitorio, comedor y cocina), las familias vivían en absoluta promiscuidad. El retrete, cuando no común (existía uno por planta para uso de todos los inquilinos que habitaban en ella), sólo se encontraba separado de la cocina por un simple y sencillo tabique. Este tipo de casa de vecindad era denominado también “casa de corredores”, porque las viviendas tenían salida a una galería continua que seguía el perímetro de un enorme patio, único sitio por donde recibían luz y ventilación.
Acotaba Sánchez Pérez que ese tipo de vivienda aún existían en los barrios del sur, “principalmente en el Rastro y Lavapiés”, y eran el resultado de las malas prácticas de algunos propietarios sin escrúpulos que habían construido esos “engendros” para los trabajadores llegados de otros sitios.


Las casas de corredor, también llamadas Corralas
Santos Yubero tenía razón, pero, muy a pesar de sus explicaciones, no pudo contra el rico léxico madrileño. De ahí que la RAE incluya “Corrala” en nuestro diccionario, así como ha aceptado otras tantas palabras. De algunas nos reservamos la opinión.

La primera noticia que hemos encontrado, donde se cite como tal, fue publicada en el Diario de Madrid (Nº 157) del año 1804.



Posteriormente, en el Diario Oficial de Avisos de Madrid, del año 1853, aparece esta referencia:



Y en la misma publicación, pero del año 1857:



Podemos entender, entonces, que el uso de la palabra “corrala” se utilizaba tanto para definir el espacio donde guardar animales, así como para habitar personas. Por otra parte, también lo definían como un terreno baldío donde se depositaba material de derribo, etc., (Corralón).

Hasta bien entrado el Siglo XIX la palabra no era definitoria. De forma habitual se decía “en el lugar llamado” o “en el sitio denominado”, como se hace referencia en estas noticias de 1887 y 1888 respectivamente:





Parece que esto de los suicidios era muy frecuente en aquellas casas de vecinos. De 1880 traemos otra de esas siniestras noticias:



¡Cómo no suicidarse en lugar tan deprimente! A diferencia de los vecinos que hoy ocupan las corralas, antaño eran sitios poco recomendables:



Tampoco eran espacios dignos de la mayor profilaxis e higiene. Nos basta ilustrar tal situación con una queja que los vecinos de la zona hacen llegar al director del Heraldo de Madrid en 1904:


Y sobre higiene y denominación "Corrala" tenemos un claro ejemplo en la siguiente fotografía. Se trata de un antiguo caserón de la calle Antonio López que llamaban "La Corrala"; lugar conflictivo y refugio de gitanos que vivían en precarias condiciones.
La estampa, del fotógrafo Marina, fue publicada en AHORA [Año VI (1475) Madrid, 1935] con motivo de una reyerta entre un gitano y un payo.




Volviendo a la corrala de Mesón de Paredes, en 1914 la situación era de tal inseguridad que el Ayuntamiento tuvo que tomar medidas. Se dispuso que los guardias municipales de la Inclusa, además de una pareja de Caballería, vigilasen con celo el “sitio denominado La Corrala”, en la calle Mesón de Paredes, para evitar que se convirtiese en punto de reunión de “gente de mal vivir”.

En el recuerdo queda la que hubo en la calle de Embajadores, entre las de Sebastián Herrera y Palos de la Frontera, demolida en los años 20 del pasado siglo. En sus terrenos se levantará el Laboratorio Central de Sanidad Militar Española. [Ver el edificio en la actualidad en Google Maps]



Revista UNIÓN PATRIÓTICA, I (3) Noviembre, 1926
No se especifica autor de la fotografía
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Al recuerdo hemos traído la de la calle Embajadores, pero limitaremos la extensión del presente artículo centrándonos en la de Mesón de Paredes; sitio de festejos por excelencia.


La corrala de Mesón de Paredes
Según cuentan las crónicas, los terrenos que conforman las calles de Tribulete, Sombrerete y Mesón de Paredes, fueron propiedad de los padres escolapios de las Escuelas Pías de San Fernando hasta 1790, año en que son cedidos al Ayuntamiento. Pero los escolapios parecían no reconocer esa cesión, que fue motivo de litigios durante los años 20 y 30 del siglo pasado, toda vez que el Ayuntamiento intentó acometer obras sobre la plaza.

Lo cierto es que, para la verbena de San Cayetano, siempre se anunció en la prensa que los reverendos padres cedían aquel espacio (La Corrala) para los festejos. Incluso en 1926 los Escolapios querían ceder los terrenos para que el Ayuntamiento construyera un colegio.



Y ya que hablamos de La Corrala y su verbena de San Cayetano, recordamos la “kermesse” que durante años organizaron vecinos y centros culturales. La fotografía de Piortiz muestra la populosa casa de vecindad en 1933 y el espacioso lugar donde la montaban; otrora lugar infecto y después improvisado campo de futbol, entre otras cosas.



Medio siglo más tarde, el Ayuntamiento tenía a bien ajardinar lugar tan sainetero y de sainete. La fotografía de Torremocha muestra la plaza poco antes de ser inaugurada, el 14 de mayo de 1973.



Entremedias de ambas fotografías, en 1955 el fotógrafo Godoy retrata la corrala adornada y dispuesta para ser escenario de “La verbena de la Paloma”. A pie de foto podía leerse:
Hoy, como ayer, Madrid se encuentra a sí mismo en «La verbena de la Paloma» y se siente más madrileño al verla en el escenario de La Corrala, entre las casas de corredor, donde resonó la risa de «La Revoltosa».




La siguiente fotografía, también de Godoy, muestra el escenario desde otro ángulo. Era el mes de junio de 1958 y "Doña Francisquita" la zarzuela que se iba a representar. El precio de la silla lateral era de 15 pesetas; 40 la preferencia, y 75 pesetas la tribuna.




Citadas estas magníficas zarzuelas, no podemos obviar el anuncio de la representación de "La Revoltosa", cuya primera representación se verificó el domingo 3 de junio de 1956; y recordar que también se representó allí "La Gran Vía" en 1957.



Pero no sólo se decoraba el escenario. Para la verbena de San Cayetano patios y corredores de la corrala fueron profusamente decorados. La fotografía de Portillo, publicada en Hoja del Lunes, es muestra del arte madrileño y su gracia en esto de vestir de fiesta calles, casas y balcones.




Monumento histórico-artístico
En 1975 el Colegio Oficial de Arquitectos de Madrid (C.O.A.M) declaraba a la corrala en estado ruinoso. Poco después, el 12 de febrero de 1976, se visaba un nuevo expediente en el que se rectificaba; el edificio no estaba en ruinas, pero sí necesitado de obras de “conservación y consolidación”, bajo la idea de convertirla en Corral de Comedias.

El 23 de abril del mismo año presentaban en el Registro general del Ministerio de Educación y Ciencia una solicitud para que fuese declarada monumento histórico-artístico.

En noviembre de 1977 se daba a conocer la noticia: “Ya es la Corrala monumento inatacable”. Y lo fue desde el 18 de noviembre de ese año, cuando recibió el merecido título de monumento por la Dirección General del Patrimonio Artístico y Cultural. En este expediente, el popular edificio aparecía denominado, además, como “Casa-patio”.

Ya hemos visto los razonamientos de D. Martín Santos Yubero. Ahora conoceremos las explicaciones de M. Barbeito Herreras cuando en 1957 el arquitecto Enrique Ovilo Llopis proyectó ensanchar y restaurar la corrala.
La Corrala no es más que una plaza, casi rectangular y muy de pueblo, con unos 70 metros de largo y 28 de anchura, enmarcada en tres de sus lados por las calles de Tribulete, Mesón de Paredes y Sombrerete. Cierra el cuarto lado la fachada interior de dos casas, separadas de la plaza por el muro de dos patios de vecindad. Sin esa arquitectura que tan bellamente saben engalanar los vecinos para celebrar su verbena, la plaza carecería de carácter.


Existen otras muchas corralas en Madrid, otras tantas han desaparecido; pero el claro ejemplo de lo que asevera Yubero lo tenemos en las calles Espino y Miguel Servet, posiblemente una de las casas de corredor más antigua y que estuvo en peligro de demolición en 1978.

En 1977 el Equipo multidisciplinar 4i pondrá en marcha el proyecto "Las corralas de Madrid", estudio concienzudo de las más de 400 construcciones de este tipo que había en la Villa y Corte. De ese estudio se desprende que la corrala "La Revoltosa" o de Mesón de Paredes, no era la más representativa, aunque en la actualidad sí lo parezca.

El Ayuntamiento de 1978 se lucirá, en el símil de Veranos de la Villa, con el programa "Madrid Castizo", espectáculo netamente arnicheano que acaparó la atención de multitud de público. Como en 1955 o 1958, la corrala se transformaba en escenario del Madrid y los tipos madrileños de Arniches.
Tanto fue el éxito, que el 25 de septiembre (más de 20 días después de su primera función), el periódico Hoja del Lunes anunciaba:



En agosto de 1979 la corrala se asemejaba más a un corral de comedias. El éxito del año anterior animaba al Ayuntamiento a continuar allí la celebración de espectáculos saineteros.


Poco más tarde, en noviembre, la Asociación de Actores levantaba el telón del teatro Lavapiés, sobre la calle Tribulete y muy cercano a la corrala. Comentaba el cronista Antonio Valencia en Hoja del Lunes del 26 de ese mes: "Es una sala semicircular muy bien trazada, con el techo en abanico hasta en la decoración, y, en suma, ofrecen excelentes condiciones para el arte escénico. Los vestíbulos son amplios y tienen sala de exposiciones, salón de tertulia (...)"

En la década de los 80 se volverá a representar "Madrid castizo", así como otros eventos lúdico.festivos.



Don Benito Pérez Galdós y Pío Baroja, entre otros, citaron a las corralas en sus obras. En 2004 hará lo propio Gregorio Robles Morchón en su novela La familia de Íñigo Zubiaurre.[1]

Describe una corrala -que él llama “corralilla”-, y la sitúa en la calle Alberto Aguilera, 44, hacia el año 1945. Cuenta que era “algo estrecha y cutre” y se encontraba detrás de una casa elegante.
Después de ascender por una escalera tan estrecha que no caben dos personas, hay que recorrer un pasillo largo e irregular, que entonces llamaban el pasadizo, y de esa forma se accede al patio de la corrala por el primer piso.
Aquella corrala que recuerda Robles Morchón es ejemplo de casa de vecindad, con reminiscencias de casa a la malicia, donde todo era minúsculo:
No da directamente a la calle, sino que se encuentra en un segundo plano, detrás de una casa de buen porte en la que entonces vivían gentes de posibles; ahora no lo sé, aunque supongo que también. Pasado el portalón, hay que ir hasta el fondo y se deja a la izquierda el acceso a la casa burguesa. Después de ascender por una escalera tan estrecha que no caben dos personas, hay que recorrer un pasillo largo e irregular, que entonces llamaban el pasadizo, y de esa forma se accede al patio de la corrala por el primer piso.
En contraste con la casa principal que da al exterior, en la corrala todo es angosto. Cada pisito apenas llega a los treinta metros cuadrados y este espacio se divide entre la cocina y tres minúsculas habitaciones, la primera de las cuales suele hacer de recibidor y de sala de estar. En aquella época no tenían retretes, por lo que el personal hacía sus necesidades en uno común que había en cada pasillo exterior.


¿Le damos la razón a don Martín Santos Yubero?
Nosotros se la damos, aun reconociendo que la voz popular la ha rebautizado acertadamente “corrala”, edificación con siglos de historia.

Corral o casa de vecindad; casa-patio; casa con corredor o corrala; cualquiera de las denominaciones es válida; lo mismo que la defensa hecha por Santos Yubero, planteada con la sana intención de llamar a las cosas por su nombre.

Aunque, en efecto, por la configuración arquitectónica debe definirse como "casa con o de corredor", no podemos oponernos al vulgo que la bautizó "corrala"; del mismo modo que llamamos "pirulí" a Torrespaña.


Cómodo se siente el autor de este artículo en La Corrala del siglo XXI, con patio de antiguo palacio, el de las Comunicaciones, y gente de radio que le permite pregonar por las ondas historias de Madrid y los madrileños de antes.


Dedicatoria:
A Cistina Sánchez Barbarroja y todo el equipo del programa La Corrala
A la Emisora Escuela M21 Radio – Ayuntamiento de Madrid
A Andrés Molina González, por recuperar tantas historias fotografiadas



Enlaces relacionados:
- Paseando por las corralas madrileñas (2013) Mercedes Gómez - Arte de Madrid



Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

[1] Robles Morchón, Gregorio (2004) La familia de Íñigo Zubiaurre. Madrid. Editorial Biblioteca Nueva ISBN 9788497423847

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2017) "Santos Yubero y las casas con corredores, también llamadas corralas", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ Historia urbana de Madrid ISSN 2444-1325

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© 2017 Eduardo Valero García - HUM 017-001 CORRALA
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