lunes, 20 de marzo de 2017

Curiosa factura del Hotel Nacional. Madrid, 1957

El 20 de marzo de 1957 José Valero y Amparo García contraían matrimonio en la iglesia de Santa Teresa y Santa Isabel de Chamberí. Después de un austero convite y festejo familiar, los recién casados se dirigieron al emblemático Hotel Nacional.



Inaugurado en febrero de 1925 gracias a la iniciativa de D. Ramón Carnicer, reputado industrial, presidente de la Sociedad Anónima de Calzados La Imperial y entonces teniente de alcalde de nuestra ciudad, el Hotel Nacional daba la bienvenida y cobijo al viajero que entraba por la estación del Mediodía.

Nueve años atrás había adquirido los terrenos para construir un edificio que albergase almacenes y oficinas de La Imperial en sótano y primer piso; en el resto del inmueble, de diez plantas, se dedicaría a Hotel Meublé. Pronto se dará cuenta el Sr. Carnicer del error que cometía; situado en zona tan estratégica, con el antiguo Salón del Prado y la importante calle de Atocha en sus vértices; en plena Glorieta de Atocha y enfrentado a la estación de ferrocarril, el hotel debía ser único y moderno.
Así nacerá el edificio que hoy todos conocemos.


Curiosidades
Inundación, incendio y robo
El día previo a su inauguración el hotel sufrió una inundación, habían estallado los depósitos de agua de pisos superiores; el agua bajaba por las escaleras e inundaba la planta baja. Se acabó de achicar el líquido elemento a las tres de la madrugada, hora en que un paseante entró en el establecimiento para advertir que había fuego en una habitación; se trataba del despacho donde se guardaba la documentación del hotel. Sofocado rápidamente con los sistemas de incendio de los que disponían, aún faltaba otra sorpresa: un robo.

En un primer momento se pensó en Pórtoles, famoso ladrón de hoteles y otros sitios de robar, mas las pesquisas policiales, aunque lentas, fueron efectivas; un año después del robo era detenido en Berlín un polaco que la noche previa al robo se había registrado en el Nacional con el nombre de Charles Sprage.


Estampas del Nacional
Describir las características arquitectónicas y de servicios que ofrecía el hotel nos llevaría un tiempo que queremos ocupar en el motivo del título del presente artículo: “Curiosa factura del Hotel Nacional. Madrid, 1957.” Aún así, ofrecemos estas preciosas fotografías de la fisonomía del edificio e instalaciones tres años después de su inauguración.
Corresponden a la revista “Viajes por España” y no se indica autor de las imágenes.


Escalera principal

Detalle del Hall

Cafetería

Restaurante

Azotea y jardín

Pasillo

Habitación

Habitación

Salón particular

Baño


Curiosa factura del Hotel Nacional
Como hemos comentado al principio de este artículo, el 20 de marzo de 1957 contraían matrimonio José y Amparo, padres del autor/editor de Historia Urbana de Madrid, y pasaban la noche de bodas en el Hotel Nacional.

Lo curioso de la factura, además de ser diferente a las conocidas en internet, es el número de habitación y el coste de la misma.

El matrimonio ocupó la habitación 236, cuyo precio era de 156 pesetas. Por el desayuno pagaron 50 pesetas y 30 por la póliza de turismo. El total de la factura ascendía a 236 pesetas, número idéntico al de la habitación.

El logotipo aparece debajo del ticket Nº 15104 de fecha 21 de marzo de 1957
COLECCIÓN VALERO GARCÍA
Signatura: VALGAR_DOC_001a_JVH-002
© 2017 Eduardo Valero García-HUM 017-001 HOTEL NACIONAL
© 2017 HISTORIA URBANA DE MADRID ISSN 2444-1325


COLECCIÓN VALERO GARCÍA
Signatura: VALGAR_DOC_001_JVH-002
© 2017 Eduardo Valero García-HUM 017-001 HOTEL NACIONAL
© 2017 HISTORIA URBANA DE MADRID ISSN 2444-1325a


Ahora me permito la licencia de hablar en singular.
En 1998, dos años después de la reinauguración del hotel, que había estado abandonado por casi 20 años, mi padre hizo esta fotografía.

COLECCIÓN VALERO GARCÍA
Signatura: VALGAR_FOT_1543-98_JVH-002
© 2017 Eduardo Valero García-HUM 017-001 HOTEL NACIONAL
© 2017 HISTORIA URBANA DE MADRID ISSN 2444-1325

Entramos al hotel con la esperanza de poder visitar aquella habitación, pero la distribución del edificio había cambiado y fue imposible. Aún así, mi padre recibió elogios por parte de la gerencia del hotel.

Sesenta años se cumplen hoy de aquella boda que mi madre celebra en silencio. Hace dos días, el 18, recordábamos los ocho meses del fallecimiento de José (Pepe para todo el mundo).

Sirva el recuerdo para homenajear a este manchego, madrileño por adopción, que vivió en el barrio de Argüelles y luego en el de Chamberí, hasta que las vicisitudes de la vida le obligaron a emigrar a Marruecos y luego a Argentina, de donde regresó en el año 2002.


Bibliografía

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2017) "Curiosa factura del Hotel Nacional. Madrid, 1957", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325 [VER: "Uso del Contenido"]

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.

© 2017 Eduardo Valero García - HUM 017-001 HOTEL NACIONAL
Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325


lunes, 13 de marzo de 2017

Estudios cinematográficos Roptence. Madrid, 1935

Historia Urbana de Madrid participa un año más en las Jornadas Madrileñas de Novela Histórica que se celebrarán los días 21 y 22 de abril de 2017 en la Casa del Lector de Matadero Madrid.
Con el lema “Creando Madrid a través de la novela histórica”, esta segunda edición contará con la presencia de renombrados autores (escritores, novelistas, directores, etc.) que hablarán de sus obras ambientadas en el Madrid de diferentes épocas.

Cuatro serán las mesas preparadas para hacer un recorrido histórico por la villa y corte. En la titulada “Madrid recreado” intervendrán Javier Olivares (El Ministerio del Tiempo), Juan Carlos González (Carpetania Madrid) y Ana B. Nieto (con su novela Manuela, basada en la serie de TVE Acacias 38). Por su parte, Eduardo Valero disertará sobre los estudios cinematográficos madrileños y la representación de nuestra ciudad en la filmografía de diferentes épocas. Como es habitual, la mesa comenzará con un audiovisual; en este caso el que llevará por título “Madrid cinematográfico”.


La presencia de Madrid como protagonista en una filmación se remonta al año 1896 gracias a Alexander Promio, quien rueda, entre otros espacios de la ciudad, la Puerta del Sol y su característico ambiente. Este será –si acaso–, el inicio de la producción cinematográfica que más tarde se consolidará con la creación de diferentes estudios.

Sin ser el más antiguo, pero importante en su producción, en el presente artículo hablamos de los desaparecidos estudios Roptence y recordamos al “aparato sonoro” homónimo.


Estudios cinematográficos Roptence
Instalados en un precioso palacio de la calle Príncipe de Vergara¹, número 84, el sábado 29 de junio de 1935 por la tarde quedaban inaugurados los Estudios cinematográficos Roptence S. L.; siendo sus directores los señores Antonio y Octavio Roces y Rafael Escriña. En la dirección artística, don J. Sierra de Luna y el conocido hombre de negocios cinematográfico don José Pérez Flores en la jefatura de distribución.



Se trataba de la inauguración oficial, pues en su nuevo emplazamiento ya se había rodado la adaptación de la comedia de Arniches “¡Es mi hombre!”, dirigida por Benito Perojo, con Valeriano León y Mary del Carmen como protagonistas.

¹ El palacio de la calle Príncipe de Vergara había sido construido en 1919 para el afamado cirujano José Goyanes y Capdevila, fundador del Instituto Nacional del Cáncer y autor de, en aquellos tiempos, novedosos métodos de cirugía y anestesia arterial. En 1931 Goyanes será cesado de la dirección del Instituto por un extraño caso referente al robo de dos tubos de radio valorados aproximadamente en 50.000 pesetas. Falleció en Tenerife, donde residía desde muchos años atrás, el 16 de mayo de 1964.



Anteriormente los estudios habían estado situados en un local más pequeño de la calle Francos Rodríguez, número 16, donde se realizaban doblajes y –según datos encontrados–, fabricaban sus afamados sistemas sonoros, de los que hablaremos más adelante.

El 13 de julio aparecía la publicidad del nuevo Estudio Roptence en el periódico La Libertad [XVII (4.768) Madrid, julio de 1935].



En el palacio de Goyanes se instalaron las oficinas, salas de prueba y de doblaje, juntamente con los archivos y cocinas. En lo que habían sido garajes y quirófano privado se ubicaron los laboratorios, y en el solar contiguo se construyeron los siguientes edificios: estudio de "impresión" (rodaje), camerinos, talleres y casillas de transformadores y alternadores.

Los arquitectos José Sanz de Bergue y José Fonseca Llamedo serán los encargados de las reformas y construcción de todas la áreas y secciones del Estudio. Uno de los principales inconvenientes que tuvieron que solventar fue el nivel de ruidos, ya que a diferencia de los estudios ubicados fuera de población (los estudios de Aranjuez o Ciudad Lineal), Roptence estaba situado en pleno barrio de Salamanca, a escasos metros de arterias muy transitadas.

Resolver el tema acústico implicaba también otro problema, el de la ventilación; algo que solventaron con la colocación de cinco ojos de buey en la parte más alta y unos ventiladores de expulsión en tres de ellos.



También la puerta de acceso al estudio de rodaje merecía un estudio pormenorizado; además de impedir la entrada de sonidos debía ser de fácil apertura y cierre.





Por su parte, para evitar ecos y reverberación, los muros y techos fueron revestidos con aislante acústico, lo mismo que el suelo. Todo un sofisticado estudio que iba más allá de los cálculos de materiales en la construcción y en los que intervenían fórmulas como las de Beljajew o las curvas de Vern O. Knudsen.




Pero como no nos atrevemos a disertar sobre esos asuntos porque lo nuestro es la historia, ofrecemos una serie de planos y fotografías para que nos hagamos una idea de cómo fueron los estudios de la calle Príncipe de Vergara.






En el siguiente plano podemos apreciar la piscina, de 16 m de largo por 12 de ancho y 6 de profundidad.









El estudio de rodaje era una imponente nave de 30 x 18 m, con una altura de 10 m en su parte más alta, y cubierta con armadura metálica. A 6,50 m corría todo a su largo una galería de servicio sostenida sobre palomillas a la que se accedía por cuatro escalas de acero situadas en las esquinas y sujetas a los muros.




La siguiente fotografía  nos muestra la instalación en pleno rodaje. Sin duda, a tenor de los focos que penden de la estructura y a pesar de los métodos de ventilación de los que ya hemos hablado, las sesiones de rodaje eran sofocantes.



Sobre ese tema existe una anécdota verdadera de cuando el actor Valeriano León hizo su primera prueba de sonido para Roptence y le valió conseguir el papel principal en "¡Ese es mi hombre!".
Benito Perojo había insistido a pesar de las dudas de Valeriano, quien nunca había hecho cine; pero se animó y acudió a los estudios de Príncipe de Vergara.

Se encendieron los focos y Perojo dio la orden de acción, entonces se desarrolló el siguiente diálogo:

Valeriano: -¿Me vais a tonificar por los rayos ultravioleta?
Perojo: -Te vamos a probar...
Valeriano: -¿Asado o frito?
(Comenzó la prueba y todo el estudio se desternillaba de la risa)
Valeriano: -¿Pero, de qué se ríen estos señores?
Perojo: -De ti, porque lo estás haciendo como los propios ángeles...
Valeriano: -Bueno, eso de que lo hago como los ángeles es una figura retórica,
porque en tal caso lo haré como Pedro Botero, el de las calderas,
pues con estos focos y el calor que traigo de la calle,
estoy que me emparedáis en un panecillo y resulto un filete a la parrilla.



En el estudio se utilizaba el más completo y moderno sistema de iluminación de la marca Weinert.
En cuanto al sonido, correspondía al sistema Breusing-Roptence y la cabina de proyección estaba equipada con aparatos Roptence. El camión para exteriores también estaba dotado de aparatos Breusing-Roptence.


El laboratorio y la sala de montaje contaban con aparatos y maquinaria de precisión de la casa Unión, de Berlín.


Las cámaras toma vistas eran las más avanzadas de la época, de la firma Cinephone, modelos Super Parvo y Parvo.

La ubicación de estas instalaciones sobre el terreno podemos verla en el artículo que Angel Caldito publicaba en Historias Matritenses el 20 de marzo de 2009.


http://historias-matritenses.blogspot.com.es/2009/03/estudios-roptence.html


Volviendo al día de la inauguración, el fotógrafo Cortés retrató a la plana mayor de los estudios durante el “lunch” ofrecido en los jardines del palacio aquel sábado de junio de 1935. Entre ellos el director Benito Perojo y el actor Valeriano León.




Casi un mes más tarde, el 27 de julio, los jardines volverán a llenarse de glamur; a las nueve y media de la noche se celebraba un banquete íntimo por la culminación del film “¡Es mi hombre!” y se rendía homenaje al director, equipo de producción y actores.

En la siguiente fotografías, el actor Valeriano León en un momento del rodaje de la comedia grotesca de Arniches. (No se especifica autor de la estampa).



En los años 40, Roptence formaba parte de los cinco estudios cinematográficos más importantes de Europa; los otros eran CEA, Ballesteros, Chamartín y Sevilla Films.

La siguiente fotografía es entrañable y curiosa; en ella podemos ver a la poetisa y maestra Carmen Conde, figura más representativa de la generación del 27, trabajando de "minutera" para el film "Ana María" en 1943.



En mayo de 1949 había fallecido D. Ernesto González Bernaldo de Quirós, decano de los distribuidores cinematográficos y presidente del Consejo de Administración de Roptence. Al año siguiente llegará el abrupto declive.

En octubre de 1950, en la Magistratura nº 3 del Palacio de Justicia Laboral una treintena de artistas de cine presentaban demanda contra Roptence Sociedad Anónima. Reclamaban 902.032 pesetas, cantidad correspondiente a la diferencia entre lo pactado contractualmente y lo percibido por los artistas, entre los que se encontraban Sara Montiel, Fernando Rey, José Jaspe, Rafael Luis Calvo, Manuel Requena, Alicia Romay, José María Lladó y otros.
Del total reclamado, 215.000 pesetas correspondían a lo demandado por Manuel Mur Oti, director del film "Wolfram".

No era la única empresa cinematográfica que atravesaba dificultades económicas. De todas las existentes en España, en 1951 sólo CIFESA mantenía una producción constante.




En junio de 1955 los estudios denunciaban el robo de cables y otros materiales valorados en 16.000 pesetas. El suntuoso edificio por el que habían pasado renombradas estrellas del séptimo arte nacional se venía desmantelando poco a poco desde 1950.


© DIARIO ABC S.L. Madrid, 2009
Fragmento de ABC 19/10/1950


Así como se inauguró y dejó a lo largo de su existencia grandes producciones madrileñas que hoy forman parte de la historia del cine español, también agonizó y sucumbió.
Su espacio fue ocupado por el también mítico Cine Mola, y más tarde por la Sala o discoteca Jácara, donde el 20 de octubre de 1988 Nacha Pop se despedirá de su público por primera vez. El 26 de octubre de 2007 lo hará por segunda y última vez en el Palacio de los Deportes. Jácara ya había desaparecido en los 90.


Filmografía
En nuestro proceso de investigación hemos encontrado un importante listado de películas en las que interviene el estudio Roptence. No en todos los casos se trata de producción propia. Algunos títulos llevan enlace a YouTube.

1935
¡Es mi hombre!
La hija de Juan Simón
Rosario la Cortijera

1936
La reina mora
Centinela, alerta

1937
En busca de una canción

1940
El milagro del Cristo de la Vega
Don Floripondio

1941
Porque te vi llorar

1943
Ana María

1946
Vuelta al ayer

1949
La guitarra de Gardel
Ciudad de fuego

1953
El diablo toca la flauta

1956
Un abrigo a cuadros
Minutos antes



Aparato sonoro Roptence
El viernes 14 de agosto de 1931 en el cine Maravillas se presentaba el modernísimo “aparato sonoroROPTENCE, de fabricación madrileña y creación de Antonio F. Roces y Miguel La Puente.
La sala de exposición y demostración estaba ubicada en la calle Cardenal Cisneros, 69.







En nada era comparable con los sistemas de sonido extranjeros y su calidad superaba al precio, que al ser de producción nacional lo hacía más económico. Así, en 1932, se decía del Roptence:
“[…] ha llegado a un grado de perfección que nada tiene que envidiar a las casas más importantes de Europa y América pues el éxito obtenido ayer [se refiere a la reapertura del cine Goya de Puente de Vallecas (15 de septiembre de 1932)] de los ya tan acreditados como populares marca ROPTENCE es de los que no puede, ya no igualarse, sino superar ninguna otra firma de las conocidas hasta la fecha.” [La Libertad XIV (3.898) Madrid, septiembre de 1932]


Las fotografías de los aparatos posiblemente correspondan a Díaz Casariego (no se especifica en las publicaciones).


El sistema había sido instalado con anterioridad en su versión portátil en el Petit Casino de San Sebastián.

En septiembre de 1932 se publicitaba en La Voz de Asturias:



Y así finalizamos la historia de Roptence, uno de los estudios cinematográficos que hubo en Madrid y cuya reputación llegó hasta Hollywood, aunque nunca lograron prosperar los lazos comerciales.
Roptence fue la empresa más involucrada en la transición del cine mudo al sonoro, prueba de ello es el sistema patentado del que hemos hablado; por eso la hemos elegido como referente de la producción cinematográfica madrileña, sin ser menos los otros estudios que existieron en nuestra ciudad.


Eduardo Valero García, autor-editor de Historia Urbana de Madrid,
también participa en el blog de las Jornadas Madrileñas de Novela Histórica

Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

Sanz de Bergue, J y Fonseca Llamedo, J., 1935. Los Estudios Roptence. Arquitectura. Revista del Colegio Oficial de Arquitectos. Madrid, XVII, nº 7, pp. 264-274

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2017) "Estudios cinematográficos Roptence. Madrid, 1935", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

[VER: "Uso del Contenido"]

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.
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Muchas de las fotografías y otras imágenes contenidas en los artículos son de dominio público y correspondientes a los archivos de la Biblioteca Nacional de España, Ministerio de Cultura, Archivos municipales y otras bibliotecas y archivos extranjeros. En varios casos corresponden a los archivos personales del autor-editor de Historia Urbana de Madrid.
La inclusión de la leyenda "Archivo HUM", y otros datos, identifican las imágenes como fruto de las investigaciones y recopilaciones realizadas para los contenidos de Historia Urbana de Madrid, salvaguardando así ese trabajo y su difusión en la red. Ha sido necesario incorporar estos datos para evitar el abuso de copia de contenido sin citar las fuentes de origen de consulta.


© 2017 Eduardo Valero García - HUM 017-001 CINE
Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325



domingo, 26 de febrero de 2017

La niña monstruosa en tiempos de Carlos III

En el Madrid de la Ilustración todo lo extraño, diferente o curioso, era motivo de examen e investigación. Carlos III, gran entusiasta de las ciencias naturales, quizá se interesó por conocer el suceso que vamos a narrar.

Eugenia Martínez Vallejo, desnuda.
Juan Carreño de Miranda (1614-1685)
Hacia 1680. Óleo sobre lienzo, 165 x 108 cm
Museo Nacional del Prado. Número de catálogo: P02800
Colección real (Real Alcázar, Madrid, pinturas traídas de casa de Carreño a las bóvedas de Tiziano y cuarto bajo del príncipe, 1686, s.n.; Palacio de La Zarzuela, El Pardo-Madrid, retrete de la reina, 1701, s.n.; La Zarzuela, pieza primera, 1747, nº 3); Juan Gálvez; col. infante Sebastián Gabriel de Borbón; duque de Marchena; Museo del Prado (donación José Antonio González de la Peña, barón de Forna), 1939.
ENLACE


En el mes de septiembre de 1784, a dos años de la aprobación del proyectado Real Gabinete de Historia Natural y a cuatro del fallecimiento del monarca, entraba en la villa y corte una niña muy peculiar.

Del pueblo de Cantalejo (Segovia) llegaban el matrimonio de labradores Juana Sanz y Julián Zamarro con su única hija, de la que conocemos mucho pero no su nombre. Hasta el mes de octubre estuvieron en Madrid exhibiendo el cuerpo de la criatura al público.

Lo que asombró al pueblo madrileño y llamó la atención de los doctos señores que la examinaron, fue el tamaño de la pequeña, que contaba entonces un año y tres meses de edad.
La niña cantalejana pesaba “tres arrobas y cinco libras”, medida utilizada en aquellos tiempos y cuyo equivalente en kilos es 36,282 Kg.

Una arroba= 11,339 x 3= 34,017 Kg.
Una libra= 0,453 x 5= 2,265 Kg.

Nacida con un peso y tamaño normal, a los tres meses de edad había comenzado la evolución de un crecimiento antinatural. Lo curioso es que no se le había dado “otro alimento mas que la teta”.
Si tenemos en cuenta que hoy el peso de una niña oscila a los quince meses entre los 8,4 y 12,5 kilogramos, los datos son asombrosos.

Los médicos, después de un pormenorizado análisis, dictaminaron que siendo sus proporciones normales y su aspecto saludable, la niña carecía de cualquier signo de monstruosidad. Su desarrollo extraordinario era genético a decir de las conclusiones a las que llegaron los galenos y que rezan en la noticia que publicamos: la “grosura no procede de monstruosidad, sino de robustez y buena complexion de sus padres ; lo cierto es, que estos manifiestan mucha sanidad, y confiesan que siempre han sido enemigos de manjares nocivos y licores ardientes.

Memorial literario instructivo y curioso de la Corte de Madrid. 11/1784, página 94
© BNE-HD
© 2017 Eduardo Valero García-HUM 017-001CARLOS III
© 2017 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

No era algo novedoso. Por todos es conocida la historia de la burgalesa Eugenia Martínez Vallejo, “la niña monstrua de los Austrias”, cuya fisonomía conocemos gracias a los retratos que Juan Carreño de Miranda le hizo por encargo de Carlos II.

A los seis años de edad, Eugenia pesaba “cinco arrobas y veinte y una libras”, es decir, 66,208 Kg. Estos datos los obtenemos de la descripción que el Museo del Prado hace sobre el óleo de Carreño [1] y donde cita al cronista Juan Cabezas y su “Relación verdadera en que se da noticia de los prodigios de la naturaleza que han llegado a esta Corte, en una Niña Gigante llamada Eugenia Martínez de la Villa de Barcena, del arzobispado de Burgos.” , aparecido, según consta en otras publicaciones, en 1680.

Cita el artículo:
Es -escribía- blanca y no muy desapacible de rostro, aunque le tiene de mucha grandeza. La cabeza, rostro, cuello y demás facciones suyas son del tamaño de dos cabezas de hombre, con poca diferencia. La estatura de su cuerpo es como de mujer ordinaria, pero el grueso y buque como de dos mujeres. Su vientre es tan desmesurado que equivale al de la mayor Mujer del Mundo, quando se halla en días de parir. Los Muslos son en tan gran manera gruesos y poblados de carnes que se confunden y hacen imperceptible a la vista su naturaleza vergonzosa. Las piernas son poco menos que el Muslo de un hombre, tan llenas de roscas ellas y los Muslos, que caen unos sobre otros, con pasmosa monstruosidad, y aunque los pies son a proporción del Edificio de carne que sustentan, pues son casi como los de un hombre, sin embargo se mueve y anda con trabajo, por lo desmesurado de la grandeza de su cuerpo. El qual pesa cinco arrobas y veinte y una libras, cosa inaudita en edad tan poca.

No hemos conseguido el documento original, pero en nuestra investigación topamos con otro episodio publicado también en 1680 pero acontecido en 1679.

 
El lunes 13 de diciembre de aquel año, en Jaén, una tal Dionisia daba a luz “un portento, un prodigio, un Gigante, pues parecía tener mas de dos años, blanco, hermoso, sus miembros, aunque formidables, proporcionados en su grandor cada uno […] y en ocho meses que ya tiene de edad no se le ha visto llorar, antes si reir: es muy apacible, y afable, mama como las demás criaturas, y no le han nacido dientes […] que oy parece tiene de grandor mas que si fuera de diez años, y de grueso y robustez de treinta.

El texto completo, lejos de ser científico, deriva a los aspectos astrológicos y religiosos: milagros, Justicia divina, entre otros.

Gregorio Marañón advirtió en 1945 que Eugenia Martínez Vallejo pudo ser el primer caso conocido de síndrome hipercortical. Por su parte, y para ambos casos, la medicina actual apunta al síndrome de Prader-Willi.

Cosas que ocurrían en la España de los Austrias. También en el ilustrado Madrid dieciochesco; el de Carlos III y sus avances hacia la modernidad, que lo eran, aunque las noticias nos resulten curiosas; hoy dignas de programas sensacionalistas o de misterios.



Eduardo Valero García, autor-editor de Historia Urbana de Madrid,
también participa en el blog de las Jornadas Madrileñas de Novela Histórica

Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

[1] Museo del Prado. Texto extractado de Álvarez Lopera, J. en: El retrato español en el Prado. Del Greco a Goya, Museo Nacional del Prado, 2006, pp. 114-115

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2017) "La niña monstruosa en tiempos de Carlos III", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

[VER: "Uso del Contenido"]

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.
De las imágenes:
Muchas de las fotografías y otras imágenes contenidas en los artículos son de dominio público y correspondientes a los archivos de la Biblioteca Nacional de España, Ministerio de Cultura, Archivos municipales y otras bibliotecas y archivos extranjeros. En varios casos corresponden a los archivos personales del autor-editor de Historia Urbana de Madrid.
La inclusión de la leyenda "Archivo HUM", y otros datos, identifican las imágenes como fruto de las investigaciones y recopilaciones realizadas para los contenidos de Historia Urbana de Madrid, salvaguardando así ese trabajo y su difusión en la red. Ha sido necesario incorporar estos datos para evitar el abuso de copia de contenido sin citar las fuentes de origen de consulta.


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viernes, 24 de febrero de 2017

Carnaval de Madrid, cien años atrás (1917)

Este viernes, 24 de febrero de 2017, se inaugura el Carnaval de nuestra ciudad. Como cada año y para la ocasión, Historia Urbana de Madrid revive los festejos del pueblo madrileño de cien años atrás.



Días frescos en Madrid durante la celebración de los Carnavales. Las temperaturas mínimas no superaban los 4º, ni las máximas los 14º. Como cada año, desde 1915, se cuestionaba esta fiesta debido a la triste situación que vivía Europa, sumida en la Gran Guerra. Pero como veremos a continuación, Madrid cumplió con la profana tradición y rindió culto al dios Momo con alabanzas a lo ridículo y grotesco.

De esta guisa se manifestaba la revista La Ilustración Española y Americana sobre el asunto de la guerra:
¿Es posible que ese insensato cascabeleo del loco Carnaval pueda dejarse escuchar dominando los estruendos de la gigantesca tragedia de que es teatro el mundo entero y cuyas derivaciones afectan incluso a los pueblos que pudieron conservar su condición de espectadores?
¿No significa un cruel sarcasmo esa fiesta de la alegría, cuando la muerte impera en todo el universo? […] ¡Triste carnaval este carnaval de 1917, dibujando un cuadro de colorines sobre un fondo gris de muerte y desolación!” [1]

Pero el pueblo necesitaba fiesta. Bastante complicada era la situación política y social como para hacer duelo por los vecinos europeos. Así, pues, comenzamos nuestro trabajo con las crónicas del Carnaval de hace cien años.





Carnaval de 1917
Aquel año las Carnestolendas se celebraron en febrero, los días 18 a 21. La flor y nata de esta villa y corte venía organizando desde enero sus tradicionales bailes de máscaras; lo mismo que los Centros sociales, la burguesía y el pueblo llano.

También en enero, el día 15, el Ayuntamiento acordaba no conceder licencias a las comparsas de hombres disfrazados de bandidos. Por otra parte, corría el rumor sobre la decisión del alcalde Ruiz Jiménez de ordenar que las máscaras no circulasen por el Paseo de la Castellana y Recoletos (que era lo habitual), sino por el Paseo del Prado, instalando las tribunas sobre el de "Tragineros". Afortunadamente esto último no se cumplió.




A propósito de los disfrazados de bandidos, el ingenioso José Pérez Zúñiga aprovechó la ocasión para dar rienda suelta a sus habituales críticas humorísticas:

“Señor alcalde mayor:
Acabo de averiguar
(y no ha podido tomar
una medida mejor)
que en los disfraces prohibidos
para las fiestas que vienen
figura el de los que tienen
el aspecto de bandidos.
¡Bastantes vemos hoy día
vestidos de caballeros
que son unos bandoleros!”


Días más tarde la Comisión municipal de Espectáculos anunciaba la prohibición de las citadas comparsas de bandidos, además de todas aquellas que “no fuesen de buen gusto” o que pudiesen relacionarse o hiciesen alusión a la guerra europea.

Además, acordaban la entrega de premios de 3.000, 2.000 y 1.000 pesetas a las carrozas más bellas y originales. También habría premios para las máscaras de a pié.

El día 17, por la noche, recorrió las calles de la ciudad una cabalgata que anunciaba los festejos.


Trenes baratos
La Compañía de los Caminos de Hierro establecía un servicio especial de billetes de ida y vuelta a precio reducido desde el día 18 hasta el 22 para los “Isidros” que venían a disfrutar del Carnaval de Madrid. Estaba destinado a los viajeros desde Valladolid y estaciones intermedias.
Por otra parte, la Compañía del Mediodía ofrecía el mismo servicio para los viajeros de Guadalajara, Aranjuez y Toledo.


Carnaval y comercios
En un Carnaval no puede faltar el confeti, las serpentinas y otras tantas cosas de arrojar; disfraces, caretas, antifaces y, cómo no, carrozas y coches engalanados. Muchos comercios e industrias ofrecían sus productos y servicios en esas fechas. Aquí algunos:















Días de Carnaval
Fueron días frescos pero soleados. Madrid amanecía con nieblas, pero Febo, o "Lorenzo", se dejaba ver a primera hora de la tarde para regocijo del pueblo fiestero.

La calle de Alcalá, Recoletos, Paseo de la Castellana y todas aquellas que confluían en el centro estaban atestadas de público y máscaras. La originalidad en los disfraces brilló por su ausencia; salvo algunas excepciones. Abundaron los trillados pierrots, zaparrastrosos, bebés, payasos (clowns, en esos tiempos), destrozonas y mamarrachos.




Aquel año las tribunas estuvieron muy animadas y se extendían desde la plaza de Colón hasta el monumento a Isabel la Católica. Eran las del Círculo de Bellas Artes, Casino Militar, Gran Peña, Centro de Hijos de Madrid, Círculo de la Unión Mercantil, Casas de Socorro de los distritos, Bomberos, Asilos municipales y Ayuntamiento. Las del Jurado y la Prensa estaban situadas junto al monumento de la católica reina.








Al atardecer comenzó el desfile. Veintiocho carrozas, veintidós coches adornados y multitud de máscaras de a pié discurrieron por el paseo.

Esperada y muy ovacionada fue la presencia de la infanta Isabel, acompañada de la inseparable señorita Juana Bertrán de Lis. La tan querida “Chata” no se perdía ninguna de las celebraciones y saraos de la sociedad madrileña. La gente se apiñaba junto a su coche y le lanzaban confeti.




El dibujante Marín retrató aquella escena con la exageración propia del caricaturista



También pasearon en sus coches, y por separado, las preciosas Pastora Imperio y La Goya, que fueron muy aplaudidas.

El Jurado, entre los que se encontraba nuestro respetado Antonio Casero, otorgó el segundo premio (2.000 pesetas) a la carroza titulada “Bodas de Camacho” y el tercero (1.000 pesetas) a la carroza “El Cigarral”. El primer premio quedó desierto, algo que fue muy criticado por ser injusto y por tener sólo una explicación: los recortes de hace cien años.









También hubo premios de 500 pesetas a carrozas, coches y máscaras. Nombrar a todos y cada uno de los premiados nos llevaría un tiempo, por eso hemos preferido ofrecer imágenes de cuan alegres y pintorescas eran. Las fotografías corresponden al reportero gráfico González, del periódico El Día.



















La nota curiosa del martes de Carnaval
El lunes 19 había llegado a Madrid un contingente de 238 indios ingleses y portugueses que iban de camino a Gibraltar para embarcarse rumbo a la india portuguesa. Fueron recibidos por el embajador inglés en la estación de Delicias y hospedados en el Palace Hotel. El aspecto de estos indios daba miedo; los clientes del Palace protestaron y los 238 fueron instalados en un solar de la calle Medinaceli. Entonces protestaron los indios, quienes, para evitar más escándalos, el día 20 fueron llevados a la estación del Mediodía a esperar allí la salida del tren.

Siendo sus vestimentas un tanto estrafalarias, con turbantes y zarcillos en las orejas, no llamaron la atención de los madrileños porque vieron el paso de los indios como si fuese un grupo más de disfrazados.





Bailes de máscaras
En los Círculos, Centros y casas aristocráticas se celebraban bailes de máscaras desde últimas horas de la noche y hasta despuntar el alba. Habitualmente no acababan antes de las cinco de la mañana y eran bastante animados.

A comienzos del siglo XIX estos bailes fueron prohibidos; ya lo habían sido en siglos anteriores. En 1834 volvieron a permitirse y la sociedad los recibió con gran aceptación. Así se fueron sumando a los celebrados en salones privados, teatros y casinos, una ingente cantidad de locales, destacando entre todos ellos el Capellanes. Su rival era el Circo de Paul de la calle Barquillo número 7.

Emilio Arrieta en 1864 escribe para una obra definida como “revista cómico-lírica-fantástica”, una habanera que decía:

“No me lleves a Pol (sic)
que me verá papá.
Llévame a Capellanes
que estoy segura que allí no va."


Las columnas de sociedad de los periódicos anunciaban primero los bailes más postineros y al día siguiente publicaban un relato pormenorizado de lo bien que se lo habían pasado condes, marqueses, grandes y pequeños de España y señoras y señoritas de la clase más acomodada. Hasta se hacía una descripción detallada de sus disfraces.


En los teatros
Famosos eran los bailes de máscaras celebrados en el Teatro de los Caños del Peral, reinando Carlos III. El propio Giacomo Casanova había asistido cuando anduvo haciendo de las suyas por la villa y corte en 1767, y se quedó maravillado con el baile de moda: el fandango.

En 1917 teatros como el Español, Comedia, Zarzuela, Lara, Eslava, Infanta Isabel, Apolo, Cómico, Reina Victoria, Álvarez Quintero o Barbieri, ofrecían funciones por la tarde y noche; después, a partir de la una y media de la madrugada, inauguraban sus bailes.

En el cartel del Teatro Eslava un retrato de la actriz Luisa Puchol con disfraz propio del día domingo de Carnaval. La fotografía es de Larregia.





Disfraces
Las revistas de moda marcaban la pauta para los bailes de máscaras, basándose siempre en los cotilleos de la alta sociedad o las tendencias francesas e italianas.
Para 1917 se ofrecían los siguientes modelos:











Sin entierro de la sardina
Había llovido mucho en Madrid durante enero y también los días previos a Carnaval. La Pradera del Corregidor, lugar donde desde 1916 se celebraba el entierro, estaba casi inundada, más no era este el motivo de su supresión porque hasta allí se acercaron los madrileños para disfrutar del concurso de disfraces infantiles.

Las siguientes fotografías, de Salazar, muestran el aspecto que tenía el "aprendíz de río" después de las lluvias. La crecida destruyó la pasarela de reciente construcción que estaba frente a la Pradera del Corregidor.




De un plumazo el Ayuntamiento había suprimido la celebración del “sepelio de la raspa” sin mayores explicaciones. Y es que desde sus inicios, este festejo que es colofón de los Carnavales, fue blanco de las críticas. Alguno dijo, con el tono gracioso del madrileño en fiesta, que si la supresión era por motivos económicos. “¡Haber enterrado siquiera un boquerón!
No hubo sardina, pero el pueblo continuó con la tradición de ir a la pradera para continuar con la juerga. Allí también hubo jurado y concurso de comparsas, carrozas y disfraces, pero de premios más humildes: 50, 25 y 10 pesetas.

Los niños iban disfrazados, practicando para su celebración particular del domingo de piñata.





Así fue y así vivieron los madrileños de hace cien años el Carnaval. Fiesta pagana que sufrirá prohibiciones a lo largo de su historia, hasta quedar suprimida por completo en varias ocasiones, como durante la dictadura de Primo de Ribera y al acabar la Guerra Civil.
Madrid hará un esfuerzo por recuperarlo en la década de los ochenta del pasado siglo, y desde entonces continuamos con su celebración, con mayor o menor brío.

Nosotros nos quedamos preparando el disfraz de "destrozones", llenando huevos con líquidos olorosos y preparando "mazas" para "dacar".


¡Feliz Carnaval!



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Bibliografía
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[1] Cangas Argüelles, Ángel. Crónica general. La Ilustración Española y Americana. LXI (VI) p. 82. Madrid, 15 de febrero de 1917

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2017) "Carnaval de Madrid, cien años atrás (1917)", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

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© 2017 Eduardo Valero García - HUM 017-001 CARNAVAL
Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325