domingo, 21 de junio de 2020

Benito Pérez Galdós en el Día Mundial de la Música

En el cuarto principal de la calle de la Montera, 59, la afamada corsetera Carolina Wagner confeccionaba corsés para las damas de la alta sociedad madrileña desde 1852. Muy cerca de su taller, en la calle del Olivo, el joven periodista Benito Pérez Galdós dedicaba unas palabras a otro Wagner, al compositor.

Coincidiendo con el Día Mundial de la Música, que se celebra este 21 de junio, transcribimos dos textos de Benito Pérez Galdós. Recordemos que el novelista, además de melómano, tocaba el piano y el harmonium.




Durante su etapa como periodista y, tiempo después, como columnista para La Prensa, de Buenos Aires (Argentina), escribirá exquisitas críticas en las que se evidencian sus conocimientos sobre la música y su condición de cronista de cuanto acontecía en el panorama musical del Madrid decimonónico.


Una crítica a La marcha del Tannhäuser, de Wagner

La Nación, domingo 22 de junio de 1865

La banda militar ofrecía un concierto variado en el Teatro de Rossini de los Campos Elíseos. Días antes se había interpretado Il Profeta. Era costumbre que después de las funciones se lanzaran fuegos artificiales en la gran plaza.




Una débil lluvia caía desde hacía uno días sobre Madrid. A pesar de que en primavera los conciertos se celebraban al aire libre, la banda militar se vio obligada a hacerlo en el teatro. Así lo contaba el joven periodista:
Aquí pasamos unos días infernales; una lluvia menuda o impertinente cae desde hace cuatro días sobre Madrid, molestando a todo el mundo, impidiendo los paseos y ensuciando las calles. Los catarros están a la orden del día: este tiempo detestable desarrolla una infinidad de enfermedades, que apuran la paciencia del que las padece, y pone en tortura al que no es agraciado con una confortable biliosa o unas calenturas gástricas.
El último concierto estuvo desanimado; el frío de la noche impidió que pudiera hacerse al aire libre, y al trasladarse la orquesta al teatro se le quita a dicha función todo su carácter.
Los Campos Elíseos han perdido parte de su atractivo, a causa del mal estado del piso que las lluvias han hecho intransitable.

La banda militar tenía muy buena reputación y sus interpretaciones eran magistrales; nadie lo ponía en duda, ni el propio Galdós:
Nada diremos de la orquesta. Tocó como siempre; es decir, con una maestría, un aplomo y una precisión extraordinarias.

En los conciertos de esos días habían ejecutado las piezas que Galdós cita: «Las sinfonías de Robert Bruce, por Rossini; de Freitzchits, por Weber; y de La Mutta di Portici, por Auber; La Invitación al walls, de Weber; El Trenolo, de Strauss; El Tótico y el Tren express, de Musard; y la Marcha del Taunhanser, de Wagner».

De esta última hará una breve y humorística crítica:
La marcha de Wagner sorprendió por su gran originalidad y por el excesivo y molesto estrépito que produce en ella la instrumentación de metal. Esta música del porvenir será muy buena, pero preferimos la del presente, que no aturde tanto, ni produce dolores de cabeza. Si los músicos que han de venir siguen este camino, sucederá que encallecidas las orejas del auditorio con tan estrepitosa algarabía, necesitará una enorme dosis de ruido, y a las orquestas se añadirá con el tiempo un melodioso cañón de a ochenta.




En la columna Revista de Madrid del 8 de junio del mismo año, ya había dado su opinión sobre la «música del porvenir»:
No se crea que Guillermo Tell es una ópera concienzuda y profunda, en que la ciencia es todo y la inspiración escasa: no. Esta obra está escrita con la misma espontaneidad que el Barbero de Sevilla. Hay ciencia, pero esta ciencia está al servicio de la creación simple; la adorna, no la oscurece, es lo accidental y no lo esencial, como sucede en la música llamada impropiamente del porvenir, en esa música jeroglífica que Wagner y Berlioz presentan al auditorio a manera de enigma o problema, cuyo mérito consiste en no ser descifrado.

Pero el joven periodista no era el único que criticaba la obra de Wagner. El mismo día 22, en la columna Correspondencia de el diario El Contemporáneo se transcribía lo que había dicho un escritor alemán:
Ricardo Wagner acaba de tomar en Munich una revancha del ruidoso fiasco del Taunhauser en la Opera de París. Su ópera Tristan é Isault ha obtenido un éxito completo. El joven rey de Baviera aplaudía con entusiasmo, dice un testigo presencial. Pero Wagner no por eso deja de conservar en Alemania obstinados detractores; he aquí lo que dice un escritor alemán respecto a la impresión que ha esperimentado:
«Para juzgar mejor el efecto cerré los ojos durante una escena del segundo acto. De repente me pareció oír el ruido de un regimiento de caballería al galope, que cayese sobre un centenar de mujeres indefensas; una espantosa confusión de gritos, truenos y cañones. Abrí los ojos y ¿qué era todo aquello? un suspiro de Isault.»


Conciertos en Madrid

La Prensa, miércoles 3 de marzo de 1886

Habían pasado casi 21 años desde la crítica a Wagner y la música del porvenir. Una nueva primavera estaba a punto de llegar y con ella los espectáculos al aire libre y los alegres carteles de circos y teatros de verano.
Madrid vivía bajo la regencia de María Cristina de Habsburgo; a un mes de la celebración de Elecciones generales, y a escasos dos meses y medio del nacimiento de Alfonso XIII. A esto sumemos la elección de Galdós como diputado por el distrito de Guayama (Puerto Rico) el 5 de mayo de 1886. Jurará o prometerá su cargo el 11 de junio.
En aquel ambiente de Restauración daba conciertos el violinista Pablo Sarasate. Lo hacía en el Circo de Rivas, acompañado por la orquesta de la Sociedad de Conciertos.
El violín no es ya para Sarasate un instrumento, es un órgano, un sentido, algo que tiene su propia carne y sus propios nervios, y puede traducir al exterior su propia alma; lo que más sorprende y cautiva en él es cómo saca de aquellas cuerdas los sonidos, más dulces, claros y transparentes, digámoslo así, que se pueden oír.
La pureza de su estilo es tal que no hay palabras, con que ponderarla. La misma voz humana en su expresión más perfecta, resulta bronca y desapacible comparada con aquellos acentos verdaderamente celestiales. Juntamente con este don, posee el de una ejecución que parece imposible.

Añadía Galdós:
El domingo último dió su primer concierto de los tres anunciados, en el Circo de Rivas, acompañado por la magnífica orquesta de la «Sociedad de Conciertos», que hace veinte años viene ejecutando allí todas las primaveras la música sinfónica del repertorio clásico. Las apreturas eran tan grandes en el teatro, que el público sobrante se situaba en las escaleras y se estacionaba en las puertas. Era uno de esos llenos que espantan; pero que hacen estremecerse de satisfacción a los empresarios. Sarasate tocó un gran concierto de Beethoven y otro de Mendelsohn.

Antes de comenzar la transcripción de la segunda parte de su columna para la prensa argentina, damos unas breves pinceladas históricas sobre la Sociedad de Conciertos y el Teatro de Rivas.

Sociedad de Conciertos
Galdós indica que la orquesta llevaba veinte años realizando conciertos. No se equivoca; sin embargo, hay que puntualizar que la Sociedad fue fundada aquel año de 1886, tal como se hace referencia en el libro Benito Pérez Galdós. La figura del realismo español:
«… en 1886, los compositores Barbieri, Gaztambide y Chueca fundarán la Sociedad de Conciertos de Madrid, renovada orquesta que absorberá a la antigua Sociedad Artístico Musical de Socorros Mutuos (1860-1866). La nueva Sociedad, de régimen cooperativo, será la primera orquesta sinfónica de España. En 1903, muchos de sus integrantes fundarán la Orquesta Sinfónica de Madrid». [1]

Circo de Rivas
Era el circo de los varios nombres. Había sido construido por el empresario Simón Rivas, de ahí su primitivo nombre. Estaba situado en el Paseo de Recoletos, entre la calle de Bárbara de Braganza y la plaza de Colón, muy cerca del de Price.
Se le bautizó como del Príncipe Alfonso en honor del que sería Alfonso XII y en 1870 pasará a llamarse Teatro Circo de Madrid, pero muchos lo seguirán llamando del Príncipe Alfonso.
Decía Pedro de Répide
«Era el Príncipe Alfonso, que empezó siendo circo, construido por don Simón de las Rivas, y con cuyo apellido hubo de ser conocido primitivamente. El Teatro del Príncipe Alfonso tuvo la importancia musical de las audiciones de la Sociedad de Conciertos, bajo la dirección de Mancinelli, de Bretón y de Jiménez, y era otro escenario de ópera, en el cual hubo estrenos considerables, como el de La Bohéme, de Puccini, que por cierto no gustó al ser oída como novedad».

De la recopilación de artículos para La Prensa realizados por Alberto Ghiraldo, ofrecemos un fragmento del titulado La Música. Corresponde a Arte y crítica, segundo volumen de Benito Pérez Galdós. Obras inéditas (1923).


LA MÚSICA
II
Esta es la época de los grandes conciertos. Ya la ópera, al comenzar marzo, principia a decaer. Es diversión de invierno, y le dan abrigo y vida las condiciones arquitectónicas del teatro Real, que tiene algo de estufa.
En cambio, los conciertos clásicos respectivos, celebrados en local ancho, ventilado y sin gas, son flor y fruta de primavera. Atraen mucha gente, y los melómanos, que aquí abundan tanto, hallan en ellos inefables goces. Veinte o más años lleva de existencia la «Sociedad de Conciertos», y cada vez es más robusta su existencia. Compónese de músicos de primer orden, de lo más granado en el arte, y está constituida como una sociedad industrial, de modo que los grandes beneficios que obtiene se distribuyen a prorata entre los socios y no van a pasar al profano bolsillo de un empresario. Admirable muestra del espíritu de asociación, la «Sociedad de Conciertos» rinde culto al Arte en la forma más propia. Allí el trabajo y la destreza artística tienen galardón cumplido.
Gracias a ella nos hemos ido familiarizando con todo el repertorio clásico de música sinfónica hasta tal punto, que bien podemos jactarnos de conocer a Beethoven casi lo mismo que se le conoce en Viena.
La ejecución es admirable, cuidadosa, perfecta. Desde que la «Sociedad» inició sus trabajos dando a conocer la gran «Sinfonía Pastoral» hasta el año último, en que se tocó por primera vez la «Novena Sinfonía» con casi toda la vasta creación del más insigne de los compositores orquestales, todo lo ha interpretado de un modo magistral. No sólo hemos conocido las grandes obras sinfónicas, sino las sinfonías de óperas que no se cantan y los trozos más notables del «Egmont» y el «Prometeo».
El maestro Barbieri fue el iniciador de esta Sociedad y el que dirigió los primeros conciertos clásicos. A él se debe sin duda la introducción en España de este arte admirable, no igualado por nadie ni en ninguna parte desde que feneció el más moderno de los maestros alemanes: Mendelsohn. A los pocos años púsose al frente de la Sociedad el célebre Monasterio, después la dirigió el maestro Vázquez, y en la actualidad, la batuta está en manos del maestro Bretón, compositor joven y de mucho aliento, recientemente pensionado por nuestro Gobierno en Roma y Viena.
El repertorio de estas escogidas solemnidades es puramente clásico. Lo constituyen, en primer lugar, la trinidad que podríamos llamar «santísima», de la religión musical: Haydn, Mozart y Beethoven. Siguen tras estos dioses los insignes patriarcas y ángeles mayores: Weber, Mendelsohn, Schumann, Schubert, y los profesores Cherubini, Glucks y Handel.
Se admiten también obras de compositores modernos, del género sinfónico, y en tal concepto Meyerbeer, Wagner, Litz, Berlioz, Joumod, David y aún el mismo Souppé suelen sentarse a la mesa sagrada.
Me recuerdo como si fuese ayer del primer concierto dado por la «Sociedad», el cual fue como una revelación para nosotros; mostrábanos un mundo nuevo, lleno de encantos y de purísimos deleites.
Oímos entonces por vez primera la «Sinfonía Pastoral», la del «Canto Magio», de Mozart, un andante con variaciones de Haydn, el allegretto scherzando de Beethoven, la marcha de «Tananhausser», de Wagner.
Algunas de estas extraordinarias piezas se han hecho después casi populares entre nosotros. Tras la «Pastoral» conocimos la «Heroica», y todas las que componen la inmortal corona de aquel músico sin par.
El «Septeto», que siempre se toca entre tempestades de entusiasmo, se nos reveló bastante más tarde.
De Mendelsohn hemos oído hasta la saciedad «El sueño de una noche de verano» y las tres magistrales oberturas de Weber, a saber: «Freychutz», «Oberon» y «Euriavthe» han llegado a sernos familiares.
Las «Siete Palabras» y algunos trozos de los «Oratorios», de Haydn, han sido engarzados en estas coronas de admirables joyas. Mozart ha llevado a ellos sus andantes dulcísimos; Listz, su impetuosa inspiración; Gluks, su severa poesía, descollando siempre, a juicio mío, Beethoven, conjunto asombroso de todas las cualidades, el numen más robusto, más original, más vario, más atrevido, más patético que Euterpe ha echado al mundo. Lo tengo por el más grande de todos los músicos, y sus obras me parecen la cantera de donde manos hábiles han extraído todas las óperas que se han compuesto en lo que va de siglo. Él trabajó para los demás y creó el arte de sus sucesores. Elevando la sinfonía a un mayor esplendor y dándole todo el desarrollo posible, dejó en ella los gérmenes de la composición dramática en todos sus matices. Su gran «Septeto», adaptado a orquesta por Monasterio, es, a mi parecer, la cúspide de la inspiración musical y el punto más alto a que puede llegar entre los humanos la interpretación o la adivinación de lo divino.
En estos conciertos hemos conocido también las piezas sinfónicas de Meyerbeer, escritas en ese estilo vigoroso, dramático que le caracteriza. La obertura de «Strnensés», que algunos llaman «La reina de las Sinfonías», y además la «Polonesa» y los «Intermedios» apenas se tocan ya, porque se han oído demasiado, si bien estas cosas no envejecen nunca. Lo mismo pasa en las marchas de «Schiller» y «De las Antorchas».
La «Rapsodia húngara», de Listz, arrebató hace años. Ya se toca rara vez. No pasa esto con la sinfonía «Pastoral» y el «Septeto», de Beethoven, que se han de ejecutar todos los años, so pena de que la «Sociedad» incurra en las iras del público. El tan discutido Wagner ha dado muchos triunfos a nuestros concertistas. «Tannhausser», «Lohengrin» y los «Nibelungos» han tenido ecos grandiosos. Es un lindo atleta que sorprende con su esfuerzo muscular.
Se le ve levantando montañas y venciendo dificultades que anonadan. De tiempo en tiempo, para refrescar los ánimos, «La Sociedad» vuelve los ojos a las puertas del Arte y pone sobre los atriles al paternal, bondadoso y afabilísimo Haydn.
Es éste un señor muy bueno, tranquilo, discreto cual ninguno; que jamás se propasa, que dice las cosas claras, limpias, ingeniosas y sin malicia. Se está viendo, al oirle, la peluca con rizos que no se descompone nunca. Su estilo es cortesano, natural, gracioso y lleno de urbanidades. Parece que está saludando siempre. En Mozart se halla inspiración más alta y no menos elegancia que en el viejo Haydn.
Es patético, de una variedad inagotable, de infinitos recursos, dulce y apasionado, reformador y castizo a la vez. Luego viene el gigante, el que con su inspiración indómita trastorna todo el edificio musical y vuelve lo de arriba abajo, el gran reformador, el que contraviene las reglas viejas y las hace a su gusto cuando quiere, el que sabe sacar de los instrumentos todos, absolutamente todos, los acentos de las pasiones humanas, desde la alegría loca al furor demente, el que interpreta el cielo y la tierra, imitando ayes de dolor humano y de éxtasis que apenas tienen una cláusula con que expresarse. Tal es Beethoven, temperamento rudo y despótico, el más grande de los músicos y el primero de los sordos célebres, pues sin oído oyó cuanto se puede oír y supo transmitir al pentagrama todo ideal que es posible concebir por medio del sonido.
«La Sociedad de Conciertos», deseando alentar a los músicos españoles que no han tenido miedo a las numerosas dificultades del arte sinfónico, nos ha dado a conocer felices ensayos de los maestros Marqués, Chapí, Espadeso, Monasterio, Bretón, Valle y de otros, obras estimables que merecen sinceros elogios. «La Sinfonía Ménica», de Chapí, es digna de una corona. Esta y alguna pieza del maestro Marqués han sido aplaudidas en Munich y Viena.
Este año los conciertos están, como siempre, concurridísimos. Los afortunados empresarios, que son los mismos músicos, no tienen que caldearse la cabeza por discurrir la manera de atraer gente. El público se disputa siempre las localidades, y hay que andar a veces a tropezones para adquirirlas. La ejecución de las piezas es perfecta hoy como el año pasado y todos los años. He aquí un modelo de empresas.
Los músicos hacen maravillas por la cuenta que les tiene. El público los favorece, los acaricia, y la única majadería que se permite ante ellos es hacerles repetir las piezas que más le agradan.
Feliz arte, felices empresarios y felices dilettantis, de cuya concordia y armonía resulta una serie de festividades que tengo por la mejor prueba de cultura del Madrid moderno y que deben perpetuarse por los años de los años, sin que el tedio las enfríe ni las revoluciones las interrumpan.
Benito Pérez Galdós. Madrid, 3 de marzo de 1886


Finalizamos este homenaje al Día Mundial de la Música, y en memoria de Benito Pérez Galdós, con el cortometraje  «José Fraguas interpreta a Pablo Sarasate» (Arantxa Aguirre, 2017).






Dedico este artículo al excelso violinista José Fraguas.

Eduardo Valero García
Madrid, 20 de junio de 2020



Bibliografía y Cibergrafía

[1] VALERO GARCÍA, Eduardo, 2019. Benito Pérez Galdós. La figura del realismo español. Valencia: Editorial Sargantana, p. 223. ISBN: 978-84-17731-36-6 https://www.benitopérezgaldós.com/

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Historia Urbana de Madrid
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miércoles, 17 de junio de 2020

Galdós, el joven periodista. La Gran Pastelería Nacional de la Puerta del Sol y el convento de las Vallecas. Madrid, 17 de junio de 1866

Tal día como hoy, 17 de junio, pero del año 1866, se publicaba en el diario progresista La Nación la columna Revista de la Semana, del joven periodista Benito Pérez Galdós.

Los temas tratados aquella semana iban desde la visita a una exposición en el Jardín Botánico hasta los conciertos de los Campos Elíseos, pasando por las comparaciones entre las proezas navales de Méndez Nuñez en Sudamérica con las mayorías absolutas y pactadas del Congreso de los diputados. Y entre otros temas, los dos que transcribimos en esta efemérides. El primero, cargado de la ironía y humor propios del escritor, trata del Ministerio de la Gobernación; en el segundo, Galdós nos habla del convento de las Vallecas y un teatro que allí se iba a construir.




La "Gran Pastelería Nacional" de la Puerta del Sol
En 1866 el joven Galdós vive en una pensión en la calle del Olivo, 9 (actual Mesonero Romanos), a pasos de la Puerta del Sol. Allí, el conocido edificio de la antigua Casa de Correos que entonces era Ministerio de la Gobernación y hoy Presidencia de Gobierno de la Comunidad de Madrid.

Desde tan histórico edificio se dan las campanadas para recibir un año nuevo y, en ocasiones, también se daba y se da la nota.
Pasando por la Puerta del Sol, los madrileños han creído ver sobre la puerta de la antigua casa de Correos un cartel que dice: GRAN PASTELERÍA NACIONAL.
Tal vez sería una ilusión, producida en la mente de los hijos de Madrid por el recuerdo de las palabras del más diabólico de los ministros. Pero si el cartel no existe, no por eso es menor la habilidad del Savary que en aquellas interioridades confecciona grandes castidades de pasteles que los españoles se encargan de masticar.
Ley de imprenta, que manda los periodistas al Saladero, y establece jurados, y embarca en dirección a Filipinas a los convictos de delito de lesa unión liberal. Pastel.
Ley de reuniones, que impide el solaz de veinte personas y considera criminal el vigésimo cubierto. Pastel.
Juego de cubiletes electorales y arreglo con los elegidos, no teniendo en cuenta a los electores. Pastel.
Y por este estilo muchos otros salen de allí calientes y diciendo «comedme», tan sustanciosos y apetecibles como los que no lejos fabrica el aprovechado Cánovas, que dejó de ser ultramarino para pasar a ser guardias de esa caja de Pandora llamada Hacienda, de donde han salido todos los males que andan por España.
Emisión de títulos, treses y demás papeles mojados. Pastel.
Rebaja de sueldos de empleados. Pastel.
Negociaciones con la City de Londres y embrollos económicos, en que el ministro, perdiendo el hilo de los acontecimientos, ha tenido que ampararse de la linterna de Diógenes para bastar un inglés. Resulta que los ingleses son figuras de linterna mágica o espectros luminosos que desaparecen en cuanto maese Pedro apaga su farolillo. Pastel.
Ahorro de unos cuantos miles, suprimiendo un par de universidades. Pastel.
Enfermedad del ministro sacrificado. Enfermedad no localizada aún por los Galenos de La Correspondencia si bien se sabe que no es del estómago, porque el paciente se regala en la mesa de Aranjuez y, aunque un poco aliviado y triste, celebra, con un gaudeamus por monjiles manos confeccionado, los méritos de la Virgen del Olvido. Pastel.
Atentado contra el gabinete. Atentado atroz, inconcebible, propio de caníbales. Unos enormes clavos de herradura se encontraron en los rails, puestos allí por mano malévola con la bárbara intención de hacer descarrilar el tren en que sus excelencias iban al Real Sitio. Pero ¿descarriló? No señor. Pastel.
Una pléyade de hombres públicos, que comienza en O’Donnell y concluye en Ortiz de Pinedo; una serie de documentos que principian en el programa de Manzanares y terminan en el proyecto de las siete autorizaciones. Una comedia de magia que se abre con un coro de 1.700 caballos y da fin con el león apocalíptico de El Espíritu Público; comedia animada por el elemento
joven; de un estilo grave cuando habla Posada, embrollado cuando habla Cánovas, académico cuando habla O'Donnell, andaluz cuando habla Hazañas; comedia cuyo desenlace no imaginaría ni el ilustre Ayala, que también representa en ella. Un rebaño de ovejas descarriadas, que conservan aún la marca del primer dueño.
Un mosaico de todos colores. Un pandemonium, una mescolanza, un totum revolutum. Lo vario, lo multiforme, lo no colectivo, la unión, en fin. ¡Gran pastel!

El convento de las Vallecas y el Teatro del Museo
En 1552 se instalaba en la calle de Alcalá el convento de Nuestra Señora de la Piedad, de monjas bernardas; más conocido como de las Vallecas.

Ricardo Sepulveda, en su libro Madrid Viejo (1887), nos cuenta:
Mediado el siglo XVI, se pensó en el ensanche por el lado oriental, se trazó la calle, paralela a la Carrera de San Gerónimo, con el nombre de calle de los Olivares y de los caños de Alcalá. Al principio no hubo en ella más que tordos matuteros de aceitunas, y asaltadores de alforjas; pero Dª. Isabel I mandó tirar la rasante hasta más allá de los caños, para complacer a las monjas Bernardas de Vallecas, que pedían con muchas ansias trasladar a esta nueva calle su convento, y luego para servir a las Comendadoras de la orden de Calatrava, que vinieron a situarse cerca de las Vallecas, desde Almonacid de Zurita, y en seguida a las Baronesas, Carmelitas Recoletas, y últimamente a los padres Carmelitas descalzos de San Hermenegildo, y no quedó un olivo para un remedio en toda la zona del ensanche, circunvecino al prado de San Fermín.
Acompaña al texto una ilustración de Comba que muestra el aspecto que tenía el convento antes de ser afectado por la desamortización de Mendizábal.




Estaba ubicado en la esquina de la calle Alcalá con Virgen de los Peligros y sus terrenos llegaban por la trasera hasta la calle de Aduanas (antigua calle de San Bernardo). Figura en el plano de Teixeira con el número XXXVIII.




El Museo de Historia de Madrid, a través de Memoriademadrid, sobrevuela por la maqueta de León Gil Palacio y nos muestra la calle de Alcalá y sus conventos.




Galdós cita el solar de las Vallecas y habla de las obras de construcción de un nuevo coliseo que, según llega a sus oidos, se llamará Teatro Principal.
En el solar de las Vallecas se está poniendo la empalizada para dar principio a las obras del teatro que se construirá allí, dirigido por el Sr. Gándara. Nos complace en extremo la idea. Hace falta un teatro bueno, que sustituía al estrecho del Príncipe, al destartalado Circo y al tabernario Variedades. El que en las Vallecas se construya llenará un vacío y prestará inmenso servicio al arte. Aplaudimos de todo corazón la idea, y deseamos que en su realización no hallen los dueños obstáculo de ninguna clase, que la fortuna secunde su plan, y que una vez concluido, obtengan el resultado que apetecen.
Solo una cosa nos disgusta del tal teatro: su título.
¿Qué quiere decir Teatro principal? Nada. ¿Para qué queremos los nombres ilustres de los grandes dramáticos del siglo XVII? Ya que los actuales teatros tienen nombres tan poco significativos como del Príncipe, de Variedades, de Novedades, del Circo, ¿por qué el nuevo no ha de llamarse Teatro de Lope de Vega, Teatro de Calderón?

Lo cierto es que desde 1842 existía en las Vallecas un teatro de la Sociedad Lírico-Dramática y Literaria fundada por Félix López. Se trataba del Teatro del Museo. Según Carlos Cambronero, la primitiva iglesia del convento había sido transformada en teatro y allí se estreno El motín contra Squilache, de Ceferino Suarez Bravo.

En su Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico Madrid (1848), Pascual Madoz nos cuenta:
El salón tiene 66 pies de luz y 32 de ancho y el escenario 27 de luz y 42 de largo. Este teatro, en el cual trabaja hoy una compañía lírica bajo la dirección del maestro Don Juan Schoczdopole, contiene unas 600 localidades repartidas en 21 palcos, 96 butacas y 420 lunetas. Las decoraciones en número de 30 casi todas son nuevas. Por circunstancia ajenas a este lugar, la Sociedad Lírico-Dramática formada por el señor López ha ido decayendo de su primitivo esplendor, y en el día el local del teatro está ocupado por una compañía pública que da en él diferentes funciones líricas, que atraen mucha concurrencia.
Es en eso tiempos (1847) cuando se reorganiza la Sociedad con el nombre de Teatro Matritense, pero durará poco tiempo. A finales de esa década el teatro perderá todo su esplendor.

En 1853 el edificio estaba muy deteriorado; de hecho, hacia 1851 se había derrumbado la cúpula y el techo había quedado bastante maltrecho. Además, el estado de la fachada era casi ruinoso.

Según el joven Galdós, allí se construiría otro teatro; sin embargo, desde la década de los cincuenta, las noticias hablaban de la edificación de un hotel con cuatrocientas habitaciones (1854). También de ese año era la propuesta de Mustafá-Muza Almorroens, el famoso comerciante marroquí que vendía dátiles en su comercio de la calle de Alcalá, de construir allí una mezquita. Más tarde, en 1856, se decía que en aquel solar se levantaría una gran Casa de Correos y que la Casa de Postas se vendería para edificar casas sobre sus terrenos.

En mayo de 1866 se había conocido la noticia sobre la venta del solar de las Vallecas al señor Miguel Vicente Roca, director del que sería Teatro Principal de Madrid. En julio del mismo año, La Nación publicaba la siguiente noticia:
«Que no se alce mano. Ayer se empezó a colocar en el extenso solar de las Vallecas, calle de Alcalá, la empalizada o cerramiento para dar principio a las obras de explanación y cimentación necesarias para la edificación del gran teatro principal, que, bajo la dirección del Sr. Gándara y a expensas del actual empresario del coliseo del Príncipe, debe construirse.
Lo celebramos, no solo por lo mucho que ha de embellecer el nuevo edificio un sitio tan importante, y porque viene a satisfacer una necesidad reconocida, cual es la construcción de un teatro capaz para más de tres mil personas, sino porque durante un año van a encontrar trabajo y sustento muchos obreros agobiados hoy por la necesidad».
No hubo teatro. Los terrenos fueron sometidos a un largo pleito promovido por los descendientes de Diego Ramírez de Vargas y Leonarda Valeriola y Covarrubias, fundadores en 1668 de la capellanía que allí hubo y cuyos restos habían sido enterrados en el convento. Los familiares reclamaban los bienes de la capellanía.

La historia de aquel lugar merece un capítulo aparte. Lo que podemos añadir como colofón es que allí estuvo el café de Fornos.

Instaláronse por el pronto en Fornos, y allí esperaron. A la segunda noche fue Leopoldo Montes, y a la tercera D. Basilio, que les encontró discutiendo de qué café se posesionarían definitivamente.
[Fortunata y Jacinta. Parte tercera. Cap.I, Costumbres Turcas. V - pp. 37]



Bibliografía y Cibergrafía

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jueves, 21 de mayo de 2020

Resultados de La Electra y La Electra galdosa. Noviembre de 1901

En nuestro artículo anterior recordamos dos parodias del drama Electra de Galdós, estrenadas en Madrid en marzo y abril de 1901. Nos referimos a «¡Alerta!», de Federico R. Escacena y Rafael Muñoz Esteban, y «Electroterapia», de Gabriel Merino.

Hoy rescatamos dos obras catalanas muy dispares, pero de un mismo autor. «La Electra galdosa», comedia que, si bien se clasifica como parodia, puede considerarse de género bufo o un apropósito, y «Resultados de La Electra», comedia que integra en su argumento el drama de Galdós.




Galdós
Después del estreno de Electra, Galdós intentará tomarse un descanso. A finales de marzo marcha a Toledo, donde estará más tiempo de lo previsto. En junio, como de costumbre, se trasladará a San Quintín (Santander). Poco antes de marchar le escribía a su amigo Fernando León y Castillo:
El mismo día que te dejé la tarjeta en el Hotel de París, me fui a Toledo, y allí me entretuve más de lo que pensaba. (…) Si otros cálculos y propósitos no me fallan, estaré en París en septiembre, y procuraré nuevamente hablar con la Reina Isabel, a ver si quiere contarme algo de su reinado.
El 18 de octubre regresa a Madrid y días más tarde inicia su viaje a París, donde estará hasta mediados de noviembre. Casi al mismo tiempo de su vuelta a la villa y corte, en Barcelona se estrenaba «Resultados de La Electra».

Y mientras en la Ciudad Condal, después de unas alborotadas elecciones municipales, se inauguraba el funicular al Tibidabo y los estudiantes catalanistas y anticatalanistas se enfrentaban en las calles, en Madrid se aborda el tema del catalanismo en el Congreso de los diputados y se estudia el presupuesto de 250.000 pesetas para la construcción del monumento a Alfonso XII. Entretanto, fallece Germán Gamazo, cuñado de Maura.


Galdós no tarda en enviar el pésame a su amigo:
Sr. Don Antonio Maura
Mi querido amigo y maestro. reciba V un apretado abrazo de su invariable amigo.
B. P. Galdós
Maura le responderá:
Sr. D. Benito P. Galdós
Mi querido amigo: muchísimas gracias por su abrazo de pésame con ocasión de mi duelo, a la vez que le envía otro en estas tristes circunstancias su affmo. amigo.
A. Maura
Tengo entendido que marchó V al extranjero y celebro su feliz regreso, supongo, con las alforjas llenas de nuevos libros.

Poco después, el 29 de noviembre, fallece otro compañero de Galdós en la vida y la política, D.Francisco Pi y Margall.
Aunque muy a gusto con jefe tan simpático, aspiraba yo a prestar mis humildes servicios lo más cerca posible de Pi y Margall, por quien sentía veneración fanática. El mismo Carvajal me deparó lo que yo deseaba, enviándome al despacho del Ministro para redactar urgente correspondencia. Halleme, pues, frente al santo de mi mayor devoción, el cual, visto de cerca, modificó la idea que de él tenía yo y conmigo el vulgo. No era un hombre glacial; no era la estatua de la reflexión imperturbable como parecía indicarlo la escasa movilidad de sus facciones, su austera faz, su barba gris, su boca sin sonrisa, y sus anteojos que aguzaban la penetración de la mirada.
La primera República, III

Francisco Pi y Margall en 1901.
Fotografía de autor desconocido.

Finalizadas estas ligeras pinceladas historico-biográficas nos centramos en las dos obras catalanas relacionadas con Electra.


Resultados de La Electra
(Conseqüències de l'Electra)

El actor, dramaturgo y director de teatro Jaume Molgosa i Valls (1841-1907) estrenaba la comedia en un acto y en prosa «Resultados de La Electra» en el Teatro Nuevo de Barcelona el 20 de noviembre de 1901. Esta fecha queda recogida en el libreto impreso de la obra; sin embargo, en la prensa ya se anunciaba como representada el día 17 de ese mes.




Es interesante destacar que Jaume Molgosa formará parte del reparto de la Electra de Galdós representada en el teatro La Nueva Unión, de Torredembarra (Tarragona). Fue estrenada el 18 de marzo de 1901 por la compañía de Antonio Labastida. Molgosa interpretará el papel de Urbano y su hija, Sugsana Molgosa, el de Patros.

Aunque coincide, como las representadas en Madrid, en homenajear a Galdós, «Resultados de La Electra» es la antítesis de Electra.

Jaume Molgosa i Valls

Esta parodia tiene puntos muy graciosos y mayor originalidad que las estrenadas en Madrid. Podemos decir que, al estar integrados Galdós y su drama en el argumento, no es parodia y tampoco crítica, sino una nueva versión de Electra a la catalana, donde se deja ver lo mucho que influirá la obra de Galdós en la sociedad.

Personajes y argumento
Intervienen en Resultados de La Electra los siguientes personajes:

DOÑA EVARISTA, (50 años), interpretada por la Sra. Sagués.
ANGELITA, niña juguetona, (18 años), interpretada por la Srta. Susana
PEPA, criada palurda, (30 años), interpretada por la Sra. Pujula
EL PADRE PIO PINO, VICARIO, interpretado por el Sr. Molgosa
EL SR. BENITO, dueño de la casa, (55 años), interpretado por el Sr. Ferrer
SERAFÍN, joven elegante, (20 años), interpretado por el Sr. Navarro

La escena se desarrolla en una rica casa de campo, propiedad del cascarrabias Don Benito, tío de la simpática y bella señorita Angelita Prats (Electra). Junto a su mujer, doña Evarista, confabulan para hacerse con la herencia de su sobrina. Para esto creen contar con la ayuda de un cura andaluz llamado Pío Pino, vicario de Aguasfrías.
La familia había asistido a la representación de la Electra de Galdós, lo que crea no pocos inconvenientes a sus pretensiones. Así lo espeta Benito nada más comenzar la obra:
«Es preciso... es preciso tomar una determinación radical. En casa se ha de hacer lo que yo mando... Angelita tiene que entrar en el convento... Es preciso... Cuanto más tardaríamos, más se complicaría... Es preciso defender estos miles de duros… ¡Y miren ustedes lo que ha contrariado nuestros planes! El haber asistido a una representación del maldito drama ¡Electra! Vinieron unos cómicos a la población vecina y la maldita curiosidad... Cogimos la tartana y todos a ver la ¡Electra! Y esa Electra nos ha electrizado, nos ha dividido, nos ha reventado».
A doña Evarista se le presentó en sueños la madre de Electra advirtiéndole que no violentasen a Angelita porque no era hija de ellos. Esto hace que Benito se desespere e intente agilizar el trámite. Por otra parte, a Angelita se le plantean muchas dudas sobre su destino, aumentadas por la obra de Galdós. En este dilema entra la figura del joven Serafín (Máximo), su primo y enamorado, y a quien el vicario le resulta simpático. Pío Pinto, viendo el amor que se profesan, les ayudará a huir, echando por tierra las ideas de Benito y Evarista.

Concluye la obra con el homenaje a Galdós:

SERAFÍN ‒Todo lo debemos a usté. (Dirigiéndose a Pío Pino)
ANGELITA ‒Y a la Electra ... Aquí están sus resultados.
Galdós te abrió la potencia
y su Electra te ha salvao,
y al autor del resultao
si no aplaudes, indulgencias.

Es evidente la intención de Molgosa i Valls de erradicar de su obra el anticlericalismo mal entendido en Electra. Las ideas de Pío Pinto son contrarias a las de Pantoja, como si la intención del autor fuese limpiar la imagen del cura. En la escena séptima dice el padre Pío en diálogo con Angelita:
«PÍO ‒Nosotros, los de mi clase, tenemos un concepto muy equivocado del mundo moderno. Nuestro tema es el atraso... y el siglo dice adelante! Estamos atrasados en ideas, procedimientos, vestiduras y en curación de almas y vida social del prójimo, a quien tendríamos que amar como a nosotros mismos. ¿Por qué debemos continuar vistiendo de negro y con sotana tan ridícula en el siglo veinte? ¿Por qué hemos de rezar, decir misa, casar y bautizar, en latín, si nadie nos entiende? ¿Por qué hemos de predicar castigos de Dios, si nosotros repetimos que Dios es suma Verdad, suma misericordia y suma clemencia? ¿Por Qué hemos de amenazar con las penas del purgatorio e infierno, si nadie… ni nosotros los hemos visto?

ANGELITA ‒Yo el purgatorio, si lo he visto... pero pintado... y por más señas ... que entre las demás almas... había un cura.

PÍO ‒Olé. Ese LO merecía. Porque yo creo que todos debíamos estar, para purgar nuestros desaciertos y nuestra estupidez. No habría ninguno, ni nadie, si todos practicaran el hermoso problema de «Lo que no quieras para ti, no lo quieras para nadie.» «Haz bien sin mirar a quien» y «Ama al prójimo como a ti mismo.» Esta, esta es la verdadera religión y ésta es la curación humana y ésta es la Gloria en este mundo de locos envidiosos e ignorantes».

Referencias a Galdós
La primera vez que se cita a Galdós es al principio del libreto impreso, en la dedicatoria de Molgosa al empresario José Gil:
«Tú me alentaste para que en vista del éxito de otro catalán que escribí anteriormente, me hiciste concebir la idea y me animaste, para que una obrita de humildes condiciones pudiera pasar el Ebro y dar remate como fin de fiesta a la obra de Galdós tan aplaudida en todos los coliseos».
Aunque la sola mención del personaje Benito hace alusión al autor de los Episodios Nacionales, se le citará dos veces más; en la escena séptima y, como hemos visto, al final de la obra.
Decía Pío Pinto: «‒ ¿Quiere usted que exista cura en España que no haya leído la Electra? Misté... Yo sé por buena tinta, que si Galdós ha vendido 50.000 ejemplares, los 30.000 han sido a curas, sacristanes y acólitos de la iglesia. Esta es la pura».


La Electra galdosa

A diferencia de todas las obras citadas, La Electra galdosa ‒que no galdosiana‒, se desarrolla en un barrio de gitanos catalanes, en un ambiente de pobreza que, sin ser extrema, es visible en las trazas y modales de los personajes. De ahí el título de la obra, porque en la lengua catalana, galdosa es un adjetivo despectivo. También porque así llaman a la protagonista, la Electra galdosa.





Esta es la definición de galdós-osa:
  • Diccionari. cat 
    • [1803; de origen incierto, tal vez de un cruce del vasco Galdus 'perdido, dañado' con el catalán. Cando 'languidecen, fallecido' y Galdo 'tragado', producido en ambientes montañosos del noroeste, y con influjo de gaudiós]
    • adj desp Usado para denigrar o rebajar algo presunta o pretendidamente bonito, bien parado, ordenado, exitoso, etc. ¡El pobre hombre hizo un papel muy penoso! ¡Con ese vestido tan parcheado, iba bien galdosa, la novia! [http://www.diccionari.cat/lexicx.jsp?GECART=0068175]
  • Diccionarios. com 
    • En este portal se hace referencia a esta palabra como de la lengua catalana. Define el adjetivo galdós-osa:
    • 1 coloquial Que es muy lamentable y penoso: no deberíamos haber bebido, hemos hecho un papel galdoso.
    • 2 coloquial Que está sucio o dañado: después de esta comida mantel han quedado bien galdosa.
    • 3 coloquial Que no ha salido nada lucido ni exitoso, sino desastroso: fiesta galdosa; discurso penoso.
    • Suele ir precedido de los adverbios bien o más. [https://www.diccionarios.com/detalle.php?palabra=galdosa&dicc_77=on]

En el archivo del Ateneo de Barcelona se conserva el manuscrito de esta obra, fechada en julio de 1901, y de la que no conocemos referencias que hablen de su estreno.




Personajes y argumento
Intervienen en La Electra galdosa los siguientes personajes principales:

LA ELECTRA (nombre verdadero: Circunsicio), joven gitana, de 18 años
LA BATISTA, gitana vieja, de 50 años
MÁXIMAS, herrero (viudo), de 25 años
PALLOFA, Municipal, de 45 años
EN LLUBARRO, gitano viejo, de 50 años
MARQUÉS DE TRAPISONDA, «Terrayre» (vendedor de tierra), de 45 años
EN CRESTA, mozo del vendedor, de 50 años

Como vemos, al tratarse del manuscrito, no existen nombres de los actores. Sí son visibles al margen, aunque casi ilegibles, cambios en los nombres de algunos personajes.



La escena se desarrolla en el barrio de Hostafranc (Sants-Montjuic, Barcelona), en una casa «pobre y bruta» que es depósito de tierras para hacer platos, escudillas, etc.
Electra, cuyo nombre es «Circunsició», pero a quien Llubarro llama «Circumbalació», es una joven guapa y simpática muy pretendida por todos, aunque ella simpatiza con Máximas, el herrero viudo.
Es huérfana de una vendedora de fundas de paraguas medio gitana que había fallecido en la «Casa de Corrupció» por un atracón de fabas.¡Menuda ocurrencia!




El Municipal Pallofa quiere a Electra como si fuese su hija y pretende que todos en el barrio la vigilen y la cuiden. Y hablando de hija, Cresta por un lado, y el marqués de Trapisonda por el otro, confiesan a Electra que habían sido más que amigos de su madre, más que parientes, e incluso más que hermanos; habían sido «maridos incógnitos» (amantes).
De la relación que cada uno decía haber mantenido con su difunta madre había nacido ella.
«¡Pare teu!», asegura el marqués, como lo había afirmado Cresta. La joven monta un escándalo y entonces aparece Pallofa. Este, que se empeña en protegerla, desea ingresarla en la Casa de Corrupción, donde estaría segura, pretendiendo así alejarla del viudo Máximas; porque ‒¡Oh, nuevo misterio!‒, decía que era hermanastro de esta.
Desconsolada, con la cabeza hecha un lio, Electra clama por la verdad y huye gritando. Al momento aparece Máximas para pedir explicaciones a Pallofa. Discuten, se acaloran, y de tal magnitud es la reyerta que aparecen Batista y Llubarro; luego se acerca Electra con Trapisonda, y llegan también dos municipales que la arrestan por orden de Pallofa.
La joven grita, vuelve a implorar por su madre mientras los municipales la retienen. El resto de personajes corren de un lado a otro al ver aparecer una figura femenina fantasmagórica que no es otro que Cresta disfrazado. Emula ser el fantasma de la madre, que sentencia:
«‒ La teva mare es morta… el teu pare no viu… tu no ets filla de ningún‒».
Y añade:




Aproximadamente, este diálogo viene a decir que es hija de Galdós, quien ha sido su madre y su padre, y que con ella se hizo rico trayéndola al mundo para alboroto y crédito. Pero ni él, ni nadie, sabe quién ha sido ni de donde ha venido, porque ella es la Electra galdosa.

Máximas dice que Electra será su esposa; los demás están de acuerdo, salvo Pallafo, que exclama: «‒Me ha salido el tret per la de alló... per la trasera (tachado: culata)‒» y añade dirigiéndose al público:



Vamos, que pide tolerancia al público y que no les silven.
No podemos saber si eso llegó a ocurrir; pero, de ser interpretada hoy, seguro que provocaría unas cuantas risas.

Telón
Como sabemos, otras parodias se hicieron de las obras de don Benito; hasta sus Episodios Nacionales inspiraron a los compositores para crear zarzuelas de carácter épico. Pero estas obritas que hoy presentamos, tan alejadas del Madrid galdosiano, también tienen su importancia. De una manera o de otra se rinde homenaje a Galdós, aunque prime el oportunismo sobre el reconocimiento. Ahí están, y la impronta del insigne escritor en todas ellas.


¡Abur!





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© 2020 Eduardo Valero García - HUM 020-010 MADGALDÓS
Historia Urbana de Madrid
ISSN 2444-1325

martes, 19 de mayo de 2020

¡Alerta! y Electroterapia, pseudo parodias de Electra. Madrid, 1901

Con mayor o menor acierto, se ha hablado en muchas ocasiones sobre el drama en cinco actos Electra, de Benito Pérez Galdós, estrenado la noche del 30 de enero de 1901 en el Teatro Español.
Como ocurriera con Mariucha en 1903, el drama de Galdós fue parodiado en dos obritas de sugerentes títulos: «¡Alerta!» y «Electroterapia», estrenadas en los teatros de Eslava y Apolo en marzo y abril de 1901, respectivamente.




Sabemos de la repercusión que la obra de Galdós tuvo tanto en lo civil como en lo religioso, en lo social como en lo político; pero también conocemos que propició otra revolución, la del “merchandising”. Objetos de escritorio, cigarrillos, cerillas, o el famoso «Licor Electra. El mejor tónico-digestivo» que al «Gabinete Electra» bien pudo ayudarle a digerir la situación.



Además, las empresas de electricidad aprovecharon el filón para darse publicidad y, entre el estreno de una y otra parodia, aparecerá la revista ELECTRA. Sobre esta revista, añadimos unos párrafos del libro Benito Pérez Galdós. La figura del realismo español:
También nacerá, con el mismo título, una revista semanal dedicada a la literatura, el arte, la política, la sociología y temas de actualidad. Tenía la redacción en la calle Argensola, 9, y la administración en la del Espíritu Santo, 18-bajo.
El primer número tendrá fecha de 16 de marzo de 1901 y en él aparecerá un prólogo de Galdós a modo de carta.
Los redactores de la revista ELECTRA me suplican que encabece esta publicación con algunas líneas, a accedo a su ruego entendiendo que se conforman con una salutación cariñosa… Ya lo creo que se conformarán, porque las ideas que han de ser, según parece, el alma y al propio tiempo la enseñanza de su periódico, no la tengo yo, bien lo sabe Dios, recopiladas a prevención y armadas en aparato lógico como los programas de las escuelas o sus similares los programas políticos.
No me tengo por maestro de nadie, si no mas bien por discípulo, poco aventajado ciertamente, de la realidad y de los hechos humanos. No me pidan sistemas ni en el orden sociológico ni tampoco en el artístico, que todo esto me viene ancho, como vulgarmente se dice. Los sistemas y las ideas que los forman no sé cómo se dan, o como se crean. A veces los encuentra uno nacidos del cerebro de un superior ingenio; pero comúnmente los vemos engendrados, por obra del Espíritu Santo, en el seno más o menos virginal de la multitud, entendiendo por ésta todo el censo social, clases altas, medias y plebe. Venga el pan nuevo de donde viniere, por mi parte declaro que lo único que sé es recogerlo, así en la calle como en el hogar, ya en el disertar de los sabios, ya en el charloteo de los indoctos.
Si alguna cualidad posee el que esto escribe, digna de la estimación de sus amigos, es la de vivir con el oído atento al murmullo social, distrayéndose poco de este trabajo de vigía o de escucha: trabajo que subyuga el espíritu, se convierte en pasión y acaba por ser oficio.
Los fundadores de ELECTRA son jóvenes, se hallan en la edad y sazón más propias para engolfarse en las abstracciones y para lanzarse a investigar principios y construir sistemas. De ellos recibiré yo las ideas y ellos de mí noticias de cosas contempladas y oídas. Podrá ser que ellos me den un bien armado esqueleto y que yo lo vista de carne; podrá ser que si me dan un cuerpo con toda su anatomía le ponga yo la ropa, mirando más a la moda futura que a la corriente, sin olvidar en algunos casos la moda ideal, que es una decente desnudez.
Quedamos en que no han de pedirme ideas. Consejos ya es otra cosa. Me permito, pues, oficiar de maestro, mejor dicho, de dómine, en un asunto que no es de arte, sino de disciplina artística. Con la entonación más grave que pueda tomar, les recomiendo que trabajen sin descanso; que no den entrada en sus espíritus al desaliento; que sean perseverantes, testarudos y hasta machacones; que el último momento de un descalabro sea el primero de una nueva tentativa; que se propongan un fin, y cierren los ojos a todos los obstáculos que el camino les ofrezca, bien persuadidos de que no hay dificultades ni distancias que resistan a estas dos poderosas fuerzas: paciencia y voluntad.
Benito Pérez Galdós
Madrid, 15 de marzo de 1901 [1]



Dicho esto, nos centramos en los argumentos, personajes, y la repercusión que tuvieron en la prensa aquellas dos parodias.

¡Alerta!
Esta obra, de Federico R. Escacena y Rafael Muñoz Esteban, con música de los maestros Corvino y Foglietti, se anunciaba como una «pseudo-parodia político-musical del famoso grama de D. Benito Pérez Galdós, Electra».




Se estrenó la noche del 9 de marzo de 1901 en el Teatro Eslava con gran éxito de público y una crítica poco favorable. Decía la prensa que al haberse respetado tanto el argumento de Electra no parecía una parodia sino una imitación.

Personajes y argumento
Intervienen en ¡Alerta! los siguientes personajes:

PATRICIA, interpretada por Ángela Álvarez.
SEÑÁ IGNORANCIA, interpretada por Leocadia Alba
PÁNFILA, interpretada por González Valverde
JUAN PAGANO, interpretado por Riquelme
MÁXIMO PROGRESO, interpretado por González Morales
ESPANTAJO, interpretado por Ripoll
TIMO-TEO, interpretado por García Valero
UN POBRE, interpretado por Casa

La acción se desarrolla en el Madrid contemporáneo.
Una joven huérfana llamada Patricia está bajo los cuidados de sus tíos Ignorancia y Timo-teo quienes encargan su educación religiosa al sacristán Espantajo, de arraigado carácter conservador. La joven se enamora de Máximo Progreso, un muchacho “progre” que no goza de la simpatía de Espantajo. Los tíos de Patricia junto al cura se valdrán de mentiras para poner a su sobrina en contra de Máximo. En la escena tercera del cuadro quinto la joven suplica al cielo por la verdad, apareciendo en escena la figura de una matrona representando a España mientras suena suavemente el Himno de Riego. La joven recupera su amor por Máximo y con él huye, abrazando al progreso y escapando de arcaicas tradiciones.

La última escena tiene por final el homenaje a Galdós.



Crítica
Su ambicioso mensaje liberal pudo escamar a ciertos críticos, a pesar de que días antes del estreno el periódico El Globo anunciase que la obra reunía «circunstancia de mérito que le aseguran una excelente acogida».
¡Alerta! escapaba del sentido anticlerical que se atribuye al drama de Galdós* y se centraba en la política del momento, con varios guiños a lo largo de la obra.

* Subrayamos la frase porque la opinión del público y el uso de la obra como protesta social y política, difieren mucho de la verdadera intención de Galdós. El recientemente desaparecido D. Benito Madariaga, eminente galdosiano, lo explicaba con claridad en el siguiente vídeo.




Sumamos a estas palabras las escritas por Galdós a su amigo José María de Pereda en carta del 1 de marzo de 1901:
Ya habrá recibido el tomo de Electra. Nunca sospeché que esta obra levantara tan gran polvareda, y el día anterior al ensayo general creí firmemente, me lo puede creer, que el drama produciría poco o ningún efecto. En fin, me equivoqué en aquella apreciación, y todavía no he vuelto de mi apoteosis.
Hechas las aclaraciones, nos centramos en la opinión de la prensa sobre el estreno de ¡Alerta!:


EL PAIS (AÑO XX, NÚM. 4970). Madrid, 10 de marzo de 1901.


LA NACIÓN MILITAR (AÑO III, NÚM. 117). Madrid, 24 de marzo de 1901

Como si una terrible maldición periodística recayese sobre todo lo vinculado con la obra de Galdós en general, y sobre Electra en particular, a los pocos días del estreno de ¡Alerta!, el Teatro Eslava tuvo que cerrar sus puertas. Si la empresa no estaba en su mejor momento, el hecho de interpretarse el Himno de Riego, acentuó la caída.




Sobre este asunto había dicho La Correspondencia de España: «A pesar de haberse suprimido los couplets de Alerta, Eslava no se ha salvado del naufragio y ha cerrado sus puertas. Suponemos que volverá a abrir pronto, cuando reforme la compañía, porque si en la Zarzuela y en Apolo no, en Eslava sí está bien el género chico. ¡Pero, por Dios, no tan chico!»

De la parodia, su público y el Himno de Riego, comentaba el semanario satírico Gedeón:

GEDEÓN (AÑO VIII, NÚM. 277). Madrid, 13 de marzo de 1901


Electroterapia
De esta última podemos decir que es una parodia centrada más en el mensaje anticlerical que en el político, tal y como lo contaba el profesor Víctor Manuel Peláez Pérez en la desaparecida Garoza, revista de la Sociedad Española de Estudios Literarios de Cultura Popular. [2]



Se presentaba como una humorada en un acto y tres cuadros, original y en verso, indicando que era una parodia del drama en cinco actos Electra.

Se estrenó en el Teatro Apolo la noche del 11 de abril de 1901 en beneficio de la actriz y cantante Isabel Brú, quien interpretaba al personaje de Pectra. Según las noticias de la prensa, la obra no fue acogida con mucho entusiasmo, aunque sí hubo momentos de risa cuando el actor Sr. Rodríguez imitó a su colega Francisco Fuentes, intérprete del papel de Máximo en la Electra de Galdós.

Personajes y argumento
Intervienen en Electroterapia los siguientes personajes:

PECTRA, interpretada por Isabel Brú.
LA SEÑÁ EVA, interpretada por Vidal.
VOZ DE MUJER, interpretada por Carceller
MAXIMINO, interpretado por Rodríguez.
EL URBANO, interpretado por J. Mesejo
SANTONJA, interpretado por Carreras.
CUESTA-ARRIBA, interpretado por Ontiveros.
CHICO 1.º, interpretado por Soriano.
CHICO 2.º, interpretado por Otero.

La acción se desarrolla en el Madrid contemporáneo, en tiempos de Carnaval.
Ahora la joven huérfana lleva el nombre de Pectra, por Pectronila, y sus tíos los de “el Urbano” y la Señá Eva. La joven se enamora de Maximino, un joven veterinario que aplica electroterapia a los animales, de ahí el título de la obra. El vil sacristán es Santonja, del que ya conocemos sus intenciones y su antipatía hacia el veterinario. Pectra se ve atosigada por Santoja; Maximino pondrá solución al asunto en el baile de máscaras que se desarrolla en el último cuadro. Disfrazada de chula, con mantón de Manila y pelo empolvado va la Señá Eva, mientras que el urbano va de calle, pero con una grotesca nariz de cartón. Maximino y Cuesta-Arriba van disfrazados de astrólogo, el primero, y de Mefistófeles, el segundo. Por su parte, Pectra va vestida de la Doña Inés del Tenorio y Santoja de sacristán, con sotana, gorro y careta grotesca.
Entonces Pectra entra en una especie de trance y pide a seres imaginarios que la lleven al mundo de las verdades. Tíos y sacristán se asustan al irrumpir en escena el astrólogo y Mefistófeles portando antorcha y campana chinesca, seguidos de una turba de chiquillos disfrazados de diablillos con vejigas en las manos. Rescata Maximino a su amada y anuncian su casamiento.
Como en la anterior, esta obra también finaliza con un homenaje a Galdós.

MAXIMINO
(Al público.)
Y ahora... perdón e indulgencia
para este humilde homenaje
de admiración y respeto
al autor incomparable
del drama Electra y de Los
Episodios Nacionales.

(Telón.)


Curiosidad
Como hemos visto, Maximino era veterinario y aplicaba la electroterapia a los animales. En la ambientación del cuadro segundo se indica:
«Interior de la tienda del veterinario MAXIMINO. Al fondo izquierda, la fragua encendida y el fuelle, en forma de que pueda robarse a la mutación. En primer término, derecha, el yunque; a la izquierda, una mesa de pino y taburetes. Sobre la mesa una botella de vino. Herraduras colgadas por las paredes, espuertas con herramientas. Puerta al foro que da a la calle y dos laterales, derecha e izquierda, que comunican con las habitaciones interiores. Sobre la puerta del foro un gran rótulo, que dice»:


Días después del estreno acudieron a la representación algunos estudiantes de la Escuela de Veterinaria. Los jóvenes, sintiéndose aludidos al entender que se menoscababa la profesión, montaron un gran alboroto al salir Maximino a escena. El escándalo fue tan mayúsculo que hizo falta la intervención del delegado del distrito.

Una Comisión de estudiantes se presentó en Gobernación para solicitar que fuesen retiradas de Electroterapia las alusiones que ellos suponían que se hacían.


Crítica
Sin lugar a duda, la Electra de Galdós continuaba triunfando a pesar de las difamaciones de diversos estamentos; otra cosa era la buena intención de estas obritas lúdicas que rendían homenaje al insigne escritor y flaco favor a sus propios autores; aunque, en el caso de la obra de Merino, fueron más condescendientes.


LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA (AÑO LII, NÚM. 15733). Madrid, 12 de abril de 1901.


EL DÍA (AÑO XXII, NÚM. 7382). Madrid, 12 de abril de 1901.

EL GLOBO (AÑO XXVII, NÚM. 9259). Madrid, 12 de abril de 1901

Telón
Aquí finaliza la breve historia de estas parodias relegadas al olvido y representadas en dos teatros ya desaparecidos. Al menos el Eslava continúa en su sitio; no podemos decir lo mismo del Apolo.
Como en Historia urbana de Madrid rememoramos, recuperamos y reconstruimos el Madrid de otros tiempos y el galdosiano, Electroterapia nos recuerda que, en la calle de Huertas, 15, a la altura de la Plaza de Matute, estuvo el Instituto Español de Electroterapia, fundado en 1901 por el doctor en medicina y "distinguido electricista" Sr. Diaz de la Quintana.




Por otra parte, hacemos referencia a uno de loss grandes amigos de Galdós, el doctor Manuel Tolosa Latour, quien en un extenso artículo publicado en la revista de ciencias y arte La Lectura hace una descripción detallada del Instituto del doctor Federico Rubio. 
«Detrás del primer pabellón se halla el dispensario, con su sala de espera en la planta baja, donde los enfermos están clasificados por especialidades, y entran y salen por distintos puntos. A lo largo de la crujía del primer piso se hallan los consultorios especiales para los enfermos, con departamentos de ginecología, electroterapia, otología, ortopedia, cámara fotográfica, etc., etc., y, por fin, la sala de conferencias».

INSTITUTO RUBIO
(Plano de proyecto de construcción - Perspectiva aérea)

Hubo antes y después otros balnearios, sanatorios y gabinetes donde se sumaba la electricidad a otras terapias, como en el Balneario de San Felipe Neri, muy cercano a la primera casa que habitó Galdós a su llegada a Madrid en 1862.


Nos despedimos y ofrecemos la posibilidad de leer las parodias de Electra. Corresponden a la Biblioteca digital de la BNE y a los archivos del Instituto Miguel de Cervantes, respectivamente. Clica sobre las imágenes para acceder.


https://drive.google.com/file/d/1x80vVTTU0_robRw2QleWvwaCwCRqL0i9/view?usp=sharing http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/electroterapia-humorada-en-un-acto-y-tres-cuadros-original-y-en-verso-parodia-del-drama-en-cinco-actos-electra--0/html/ffe5bacc-82b1-11df-acc7-002185ce6064.html



¡Abur!




Bibliografía y Cibergrafía

[1] VALERO GARCÍA, Eduardo: https://www.benitopérezgaldós.com/

[2] PELÁEZ PEREZ, Víctor Manuel, El discurso político del teatro galdosiano puesto en solfa. Garoza. A Coruña, 2010, Sociedad Española de Estudios Literarios de Cultura Popular, núm. 10. ISSN 1577-8932.

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© 2020 Eduardo Valero García - HUM 020-009 MADGALDÓS
Historia Urbana de Madrid
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