jueves, 9 de septiembre de 2021

La Droguería Romero Girón de la calle Augusto Figueroa. Madrid, siglo XX

Hoy desaparecida, la Droguería Romero Girón estuvo ubicada en la calle Augusto Figueroa, 15 (actual 13), tal y como quedó ratificado en el grupo de Facebook Historias Matritenes, de lo que doy cuenta en la actualización del artículo Fototeca: El burro de la trapera. Madrid, hacia 1920 (2015). Esos datos me han llevado -como lo indico en la actualización- a realizar un trabajo de investigación sobre el citado comercio. 

Como veréis a continuación, los datos arrojados en la búsqueda nos ofrecen un universo de resultados; ramificaciones que enriquecen la geografía urbana de nuestra ciudad y suman entidades, identidades, vida, usos y costumbres de la sociedad matritense. 

 

La industria de la famila Romero Girón
Propiedad de la familia Romero Girón y López Pelegrín, dedicados a la industria resinera y bien conocidos por su relación con la política, inaugurarán en 1905 su fábrica de pinturas, barnices, esmaltes, etc., ubicada en el km 2 de la carretera de Chamartín de la Rosa. También disponían de dos fábricas de resinas en Cuenca. 
 

Fábrica de Romero Girón en Chamartín de la Rosa. 
Fotografía: Posiblemente de Marín o Salazar (1916)
2021 Historia urbana de Madrid ISSN 2444-1325 

 
La familia estaba compuesta por Felipa López Pelegrín (viuda de Romero Girón), Patrocinio, Regina, Amadeo, Manuel y Vicente, hijos del jurista, político y periodista D. Vicente Romero Girón, muy activo en la escena política desde 1854 hasta 1890. 

Los hermanos ocupaban puestos importantes: Manuel había sido secretario del Congreso y después relacionado con el ministerio de Marina; Amadeo era ingeniero de caminos en la Compañía de los Ferrocarriles del Norte; Vicente, jurisconsulto, fue Diputado por Cuenca en la legislatura 1899-1900 y Senador por la misma provincia en las legislaturas 1918, 1919-1920, 1921-1922 y 1922. Las hermanas fallecieron en la primera década del siglo XX. 

El 23 de enero de 1900, Vicente había sido nombrado presidente del Consejo de administración de la constituida Compañía Ibérica de Resinas, dedicada a la fabricación de resinas, aguarrás y otros derivados del pino. La dirección industrial radicaba en Madrid y la comercial en Santander. 
Según una noticia de la revista Ferrocarriles, Industria y Comercio, en 1903 se produce la fusión con la Unión Resinera Española.

No cabe duda de que estos puestos favorecieron en parte el crecimiento de su actividad industrial y el éxito obtenido. Algunas noticias ratifican esta aseveración que no pretende ser capciosa. Así, en La Nación, del 5 de noviembre de 1925, se daba cuenta de lo dispuesto por el ministerio de Marina:
«Autoriza a D. Manuel Romero Girón para que acuda a los concursos que se celebren en los arsenales con la pintura para fondos de buques, llamada “Romero Girón”, por ser de producción nacional». 

Por su parte, en El Imparcial del 23 de septiembre de 1928 podemos leer que Vicente formaba parte de una Comisión, en cumplimiento de Real orden, para atender los asuntos del Consorcio resinero. 


 
La Droguería y Perfumería 
Una noticia de la época sitúa la droguería en la calle del Arco de Santa María, nombre que tenía la de Augusto Figueroa desde 1835 y hasta el 11 de marzo de 1904, fecha en que adquiere el nuevo nombre. Esto nos indica que al menos desde 1900 el local de la droguería perteneció a los Romero Girón para el negocio de resinas y derivados. 
Las oficinas de esta moderna industria estuvieron ubicadas en la calle Claudio Coello, 30 y 32; más tarde en Jorge Juan, 5, después en el principal de Recoletos, 2 (duplicado), mismo edificio donde tenía su casa D. Vicente Romero Girón y López Pelegrín. La citada Compañía Ibérica de Resinas tuvo su sede social en la misma de Jorge Juan, 5, y después en la calle Barquillo, 28 (domicilio de Manuel Romero Girón). 
 


 

La Correspondencia de España del 8 de noviembre de 1915, en su sección «Madrid-Industriales y Comerciantes prestigiosos», dedicaba un espacio a los situados en la calle Augusto Figueroa. De la droguería decía: 
[…] visitamos la casa núm. 15, despacho de venta de aguarrás, barnices, esmaltes, aceites, pinturas, preparados, etc., […] La casa Romero Girón, que tiene marca registrada para sus productos, y que a la vez es depositaria de la de Burrells y Compañía, de Londres, ha evolucionado tan felizmente, disipando los miles de inconvenientes que se presentaron para la fabricación de sus barnices, que hoy, como única en España, ha conquistado el más preeminente lugar entre las similares de Europa. 

 

Lo cierto es que la empresa había ampliado su mercado con la fabricación de una gran variedad de pinturas. Sus barnices de alto grado habían conseguido gran fama entre los pintores de coches con sus clases extra, superior y superior elástico, todos de gran durabilidad. A su vez, los pintores decoradores disponían de barniz extrafino brillante y la gama Flatting fino para exteriores, el superior para exteriores y pulimentar, y el normal para interiores. Además, fabricaban el blanco cristal extra superior, el negro de Japón, el negro elástico para hierro y pinturas para barcos. Todo esto sin abandonar la fabricación de sus primitivos productos resinosos, como aguarrás, colofonias, pinturas esmaltadas, barnices de copal, holandés de resina y secantes líquidos. 

Lo de los barnices “Flatting” y demás no era cosa nueva. En 1870 se comercializaban los de la firma NOBLES Y HOARE, de Londres, a través de su distribuidor Enrique Steinfeldt de la calle del Prado, 19. Los depósitos estaban en Alicante, Bilbao y Sevilla. 

No dejaremos en el tintero a los otros comercios visitados en la calle Augusto Figueroa, cuya presencia en la villa y corte también puede estar sujeta a investigación. En la citada sección de La Correspondencia de España nombraban a los Almacenes de comestibles de D. Antonio Gil Sabadia, en el número 34, con sucursal en Libertad, 18. 

En el número 35 se situaba uno de los depósitos de jabón y aceite fabricados por la razón social Hijos de José del Acebo y Compañía, bajo la denominación de “La Magnolia”. Tenía su sede social en la calle Marqués de Santa Ana, 17; el otro depósito estaba en la corredera Baja de San Pablo, 57, primitivo emplazamiento, tal y como lo indica la siguiente publicidad de 1875.


Otro negocio de aceites estaba en el número 43; se trataba del depósito de aceites andaluces marca “San Rafael”, del señor Muñoz de la Torre, cosechero en Martos (Jaén). 

En el número 29 estaban “Los Ceas”, Almacén de Coloniales, famosos por la elaboración del chocolate a brazo y en el número 28 la Droguería y Perfumería “La Universal”, de D. Antonio Moreno. 

En el número 19, haciendo esquina con la calle de Hortaleza, estaba ubicado el Almacén de tejidos de Policarpo Ruiz. Antes había estado en la calle Jacometrezo, 15, pero su traslado fue debido a los derribos que darían paso a la Gran Vía. 

Una joyita de la publicidad nos indica que en el número 47 estaba el despacho de P. Estapié y Compañía, constructores de toldos, tiendas de campaña y todo tipo de objetos de lona y loneta. 


 
Continuamos...
La marca registrada “ROMERO GIRÓN” estuvo presente en obras particulares y del Estado. Suministraban sus productos a las Compañías Transatlánticas y de los Ferrocarriles de M.Z.A., a la Sociedad Española de Construcción Naval, Compañía Auxiliar de Ferrocarriles, Anónima de Buitrón y otras muchas. 

Además, fue una de las industrias y comercios que participaron en las obras del Metropolitano, figurando en la extensa lista publicada por la Correspondencia de España con motivo de la inauguración de la línea Cuatro Caminos-Puerta del Sol en 1915. 


 
También serán proveedores para las obras del Hotel Ritz y del nuevo edificio de la revista Estampa, inaugurado en 1930 en el Paseo de San Vicente, 16 y 18. 
 
 
Esta publicidad de 1935 nos indica que existió una fusión, pasando a denominarse BARNICES CLAESSENS Y ROMERO GIRÓN, S. A. ESPAÑOLA, con domicilio en la calle Génova, 2. 
 

Una convocatoria de Junta general ordinaria publicado en el BOE de 30 de marzo de 1961, sitúa a esta sociedad con domicilio en la calle Romero Girón, 3; idéntico al de otra sociedad, la SOCIEDAD ANÓNIMA MAS. La calle Romero Girón figura oficialmente dada de alta en el callejero madrileño el 1º de enero de 1964. 
 
El Boletín Oficial de la Provincia de Madrid del 6 de agosto de 1977, apunta lo siguiente en la sección de Hacienda y Economía: 
«Expediente 1.928/77, procedente de la Delegación de Hacienda de Madrid, por liquidación de oficio, correspondiente a "Barnices Claessens y Romero Girón, Sociedad Anónima “, Impuesto sobre Sociedades, Ejercicio 1969. Base imponible que el Jurado acuerda: Noventa y nueve mil pesetas (99.000 pesetas)».
 
Y hasta aquí llega este trabajo, con la intención y esperanza de que los curiosos y avezados investigadores sumen datos que puedan enriquecer aún más la historia de la Droguería Romero Girón. Espacio fotografiado por Otto Wunderlich entre 1920 y 1922, e identificada su ubicación en agosto de 2021. 
 
Cien años han pasado y la trapera, con su burro y sus miserias, allí sigue. Ya sabemos dónde, gracias a la curiosidad de Félix Calle, la investigación de Miguel Chacón y las aportaciones de Alejandro Amador Hernández. 
 

 
 
Dedicado a los miembros y administradores del grupo de Facebook Historias Matritenses.
 

 
Bibliografía y Cibergrafía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2021) "La Droguería Romero Girón de la calle Augusto Figueroa. Madrid, siglo XX", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325


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De las imágenes:
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© 2021 Eduardo Valero García - HUM 021-005 ROMERO GIRÓN
Historia Urbana de Madrid
ISSN 2444-1325



domingo, 22 de agosto de 2021

Electricidad y lámparas en la visera de la Puerta del Sol.

En el primero de los artículos dedicados a la visera de la Puerta del Sol hicimos referencia al estanco de D. Ángel Herrero, conocido como “el permanente de la visera” por estar abierto las 24 horas. Durante los habituales apagones de las farolas que iluminaban la plaza, la luz del estanco se reflejaba en la amplia acera ofreciendo un aspecto fantástico. Antes de aquello, la Historia de la electricidad en Madrid estuvo plagada de fracasos y aciertos, conviviendo la iluminación a gas con la eléctrica hasta bien entrado el siglo XX.
 
Hablar de la electricidad, ahora que se ha incrementado su precio, aviva nuestros más oscuros instintos; sin embargo, intentaré haceros placentera la lectura con el recuerdo de las lámparas “METAL” que iluminaron los hogares madrileños y españoles desde la visera de la Puerta del Sol. 
 
 
La fotografía, tomada desde la calle de Alcalá, nos muestra el intenso tráfico rodado de esa arteria y la plaza en la década de los 60 del siglo pasado. Además de los automóviles, los autobuses y los transeúntes, podemos ver la fisonomía de la Puerta del Sol y el luminoso de Domecq sobre el edificio de La Mallorquina; también el cartel del Hotel de París, y debajo de este el de las lámparas “METAL-MAZDA”. Para completar la estampa madrileña sólo nos faltaría ver el camión que distribuía las indispensables bombillas. 
 

Cortesía de Scalemates, base de datos de modelos a escala. https://www.scalemates.com/es/kits/modeltrans-218-ebro-b-35-lampara-metal-mazda--1104914
 

El establecimiento comercial de la Compañía General Española de Electricidad S.A., fabricante de estas lámparas de filamento metálico, estaba ubicada en la Puerta del Sol, 1 y calle de Alcalá, 2, en plena visera y frente a la plaza, símbolo de los avances del alumbrado público y privado. 

Si en 1831 se habían realizados las primeras pruebas de iluminación a gas en los jardines del Café de la Victoria (más conocido como de Lorencini) y se colocaban 24 faroles de gran tamaño en la Puerta del Sol, el 24 de enero de 1878 el Ayuntamiento inauguraba dos candelabros con tres globos de vidrio; en su interior arcos voltaicos generados por dínamos cuya maquinaria de vapor estaba en los sótanos del Ministerio de la Gobernación. 
 
Dos grabados de Pellicer, publicados en La Ilustración Española y Americana de enero y abril de 1878, retratan la plaza con sus dos enormes farolas.
 


 
Durante las ferias de mayo de ese año se iluminará el Salón del Prado. Así lo describía La Ilustración Española y Americana
«Cerca de la fuente de Apolo, y sobre un tablado de doce metros de alto, que figura al exterior una estrecha torrecilla para telégrafo óptico, brillaban dos focos de luz eléctrica, cuya viva claridad se extendía hasta el Paseo de Recoletos, por un lado, y el Jardín Botánico por otro, iluminando el prolongado Real de la Feria.» 

 


Hubo antes y después muchas conmemoraciones y eventos con la luz y la plaza como protagonistas. En 1875, con motivo de la entrada de Alfonso XII, se colocó un faro en la torre del reloj del Ministerio de la Gobernación «que dirigía vivísimos rayos al surtidor de la Puerta del Sol.» 

 

La fábrica de lámparas
Volviendo a las lámparas METAL de la Compañía General Española de Electricidad S.A., cabe destacar la fábrica, primera de este ramo fundada en España e instalada desde 1894 en la calle Arregui y Aruej del barrio de Las Adelfas (Pacífico), donde también estaba su domicilio social. El edificio había sido arrendado a la Compagnie Générale d’Electricité, de París, fundadora de la fábrica de lámparas incandescentes en Madrid y proveedora de la Casa Real. En 1907 trabajaban en la fábrica unos 200 empleados que producían 5000 bombillas diarias.



 
 
La Compañía General Española de Electricidad S.A. había sido constituida en 1910 por Ubaldo Castells y Cantó, Eugenio Arizmendi y Echeverría, Máximo Azoaga y Sorrón y José Miguel Zuviria y Legorburu, con un capital de 100 000 pesetas. Fue nombrado director gerente el señor Francisco Brandón Uste. 

En 1914, y a pesar de los inconvenientes en el suministro de material que representó la Guerra Mundial, la producción de 5000 bombillas diarias se incrementó con la contratación de 300 empleados más. 


Las mujeres en la fábrica y en la publicidad
En 1916 llegó a contar con 600 empleados, casi todos provenientes del Puente de Vallecas y de la barriada de Doña Carlota. En su mayoría eran mujeres, por ser las más cualificadas para la confección de las lámparas. La fábrica disponía de cocina, comedor y sala de lactancia para uso de sus empleadas.

Las siguientes fotografías de Salazar, publicadas en la revista La Esfera de 1916, nos muestran el proceso de fabricación realizado íntegramente por mujeres. 




La presencia del sexo femenino quedaba representada en la publicidad de sus productos y también en los conflictos laborales, porque estas mujeres fueron tan reivindicativas como las cigarreras de la fábrica de tabaco de Embajadores. Además, un eslogan de los años 50 indicaba que la lámpara METAL era "la novia del Sol". También es cierto que en aquellos tiempos se decía que "consumían menos que una mujer". En fin, volvamos a los años de esplendor disfrutando de estos anuncios.

 
El anuncio que más tiempo se mantuvo en las páginas de revistas fue el que vemos a continuación, al menos desde 1922 y hasta 1927. En la firma aparece POVO, posiblemente el artista valenciano Francisco Povo, conocido por su arte en la decoración de abanicos y muy de moda en aquellos años.
 
 
Los primeros anuncios que hemos visto eran encargados en su mayoría a la Agencia HELIOS A.G. de Barcelona. A partir de 1928 la estética de los anuncios cambió radicalmente, ajustándose al estilo del momento. Será la Agencia LOS TIROLESES, de la calle Romanones, 7 y 9, la que se haga cargo de la cuenta. 

 
Luego llegarán otras agencias, otros creativos y nuevas modas. A partir de la década de los 30 la Agencia ALAS diseñará los anuncios de la Compañía.
 
 
En 1948, el famoso dibujante publicitario Julio Ferrer Sama será designado director artístico de ALAS. ¿Os acordáis de aquello de "la novia del Sol"? Pues bien, viene de la creatividad de Ferrer Sama.



 
Lámparas A.E.G., EGMAR, METAL y MAZDA 
En la fábrica de Pacífico se confeccionaban las lámparas de las marcas “Metal T”, de filamento metálico, y “Metal ½ watt”, de nitrógeno; ambas muy utilizadas en comercios y casas particulares; además, eran suministradas a grandes empresas de Electricidad, de Coches cama y Tranvías, principalmente para la Sociedad de Tranvías de Madrid, que llevaba estas lámparas en todos sus coches. Con el tiempo fueron sumando productos, como las lámparas para automóviles “METAL-AUTO”, las válvulas de recepción y emisión para radiotelegrafía “METAL-RADIO” y hasta unas que ayuntaban mosquitos, la “METAL-PARINSECT”. 

Anuncio publicado en la revista Madrid Científico. Año 1911
 
Los avances tecnológicos los llevarán a fabricar nuevos modelos de válvulas y lámparas, como las “monowaticas”, las de gas Argón con filamento de doble espiral, las “Opales” y las de luz día, entre otras. Sus potentes lámparas halógenas iluminaron varios estadios de futbol. También comercializaron radiadores eléctricos y proyectores dióptricos, estos últimos dedicados a la navegación aérea. La Sociedad fue concesionaria de las patentes y métodos de fabricación de las compañías General Electric, Thomson Houston y Générale d’Electricité.
En 1955 participa en la Primera Exposición Nacional de la Moto y la Bicicleta, celebrada en el Parque de El Retiro. El stand ofrecía productos para automóviles, motocicletas y velomotores de su marca “METAL-AUTO”. 
 

En la convención celebrada en 1978 en Burgos, la empresa presentaba una nueva gama de luminarias múltiples. En aquella ocasión se proyectó «La nueva luz de España», especie de documental promocional de sus productos y avances tecnológicos. 

 

Si bien desconocemos el momento exacto en que la Compañía comienza a producir las bombillas MAZDA, sí podemos decir que desde 1910  fueron fabricadas por la Thomson Houston Ibérica S.A., primero con la denominación "Lámparas A.E.G." y desde 1912 como “Lámparas EGMAR” en España y Portugal (MAZDA en Estados Unidos), bajo licencia de la A.E.G. Los establecimientos comerciales de la Thomson Houston Ibérica S.A. estaban en la calle del Prado, 20 y Salón del Prado, 14.

En 1911 la A.E.G. compra los talleres de la Felten & Guilleaume Lhameyer Werke, de Frankfurt, y absorbe a la reputada Casa Juan Wenzel & Cía., representante en España de los citados talleres. La Casa Wenzel tenía sus oficinas en la Carrera de San Jerónimo, 28. Hasta 1899 habían estado instaladas en la calle Carretas, 37.


Publicidad de 1913

Publicidad de 1905

Posteriormente, y por breve espacio de tiempo, serán fabricadas con misma licencia por la Sociedad Ibérica de Construcciones Eléctricas S.A. La SICE, establecida en 1921, tenía su fábrica en la Carretera de Chamartín, 11. Sus oficinas estuvieron en la calle Barquillo, 1 y 19, donde instalaron su elegante tienda; más tarde la trasladarán a su centro de exposición de Eduardo Dato, 9. 

 

Publicidad de 1923
 

Modernización y conflictos laborales
En 1973 la Compañía General Española de Electricidad inauguraba el nuevo edificio de su sede social y fábrica en la Autopista Aeropuerto de Barajas, km. 13. 

Antes y después, las huelgas y encierros de sus trabajadores fueron frecuentes, aunque no exclusivos; los empleados de otras empresas como «Isodel» y «Standart» se unieron en 1967 a las protestas de las 500 empleadas de fábrica Metal-Mazda en la manifestación de la zona Legazpi-Atocha-Pacífico. Fábricas de diversos ramos, escuelas e institutos, trabajadores del teatro y del cine, funcionarios y muchos comercios se sumaron a la huelga de 1976, contabilizándose 340.000 huelguistas. 

En diciembre de 1975 y hasta enero del año siguiente, la fábrica “METAL-MAZDA”, que contaba entonces con una plantilla de 1200 trabajadores, había cerrado sus puertas tras la aprobación de un expediente de regulación de empleo. Reabierta en enero de 1976, como hemos dicho, fue cerrada nuevamente y desalojados sus empleados, quienes se recluyeron en la iglesia de San Timoteo en Vallecas. 

En noviembre de 1983 alrededor de 400 empleados se encerraron como protesta por la aprobación de 92 despidos por la Dirección General de Trabajo. Ese año la empresa tenía 1100 trabajadores repartidos en Madrid, el mayor volumen en Barajas (producción) y el resto en siete centros comerciales. 

Una noticia de ABC del 20 de noviembre de 1981 hablaba de la puesta en marcha de la nacionalización de empresas francesas, entre ellas se encontraba la Compañía General Española de Electricidad S.A., que había sido arrendataria de la Compagnie Générale d’Electricité, de París, desde su fundación en 1910, y en el año de la noticia lo era de Thomson-Brandt. 

En 1982, en su condición de primera empresa fabricante de lámparas para automóvil en España, sacaba al mercado un nuevo estuche confeccionado en plástico antichoque con repuestos de lámparas principales y auxiliares, además de recambio de fusibles, un destornillador y una gamuza.

Publicidad de 1982

El Diario de Burgos del 24 de febrero de 1983, en una noticia relacionada con las actuaciones del Tribunal de Defensa de la Competencia, indicaba que la dominante empresa Philips había absorbido a Metal-Mazda, haciéndose así con el control del mercado español de lámparas y aparatos eléctricos. 

Antes de finalizar este título que habla de trabajadores, recordemos al equipo de futbol de la fábrica METAL-MAZDA, retratados el 1º de mayo de 1967. 
Actualmente depositada en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid bajo la signatura OLRO0003_000001.JPG, la fotografía es propiedad de doña Olga Rodríguez Gambarte. Se utiliza en este artículo de investigación sin fines de lucro.


Recordemos también que existió el equipo METAL-MAZDA de Gimnasia femenina. 
 
 
Fin de la historia, con demolición
En 1988, después de 15 años abandonada, la fábrica fue ocupada por unos cien jóvenes; esto ocurrió el 20 de mayo. El grupo de okupas convirtieron el vetusto edificio en una “Kasa Popular” -así denominada- en la que se desarrollaban actividades culturales. Disponía de librería, taller de cuero, serigrafía, y comedor popular. 
La vieja fábrica, propiedad de la empresa constructora Edificaciones Cimer S.A., iba a ser demolida. No se trataba de meras especulaciones, el Ayuntamiento de Madrid había concedido la licencia de obras para el derribo. Más abajo encontraréis una serie de vídeos que recuerdan los hechos [1]
 
Y así ocurrió, la mañana del 30 de agosto fuerzas policiales desalojaron a las veinte personas que ocupaban el edificio en ese momento; a continuación, dos plumas de demolición comenzaron con el derribo de la primera fábrica de lámparas de Madrid. Casi cien años de historia quedaban reducidos a escombros. 

Fotograma del documental Arregui y Aruej: Cien días de okupación.
 
El Boletín Oficial del Registro Mercantil (BORME) del 15 de enero de 1998, anunciaba la disolución de la Sociedad anónima Compañía General Española de Electricidad. 

Esta ha sido una historia más de las que nos ofrece la visera de la Puerta del Sol.  

 

En memoria de mi padre, José Valero Hernández, 
excelente reparador de radios de válvulas y un gran maestro de la electricidad.

Eduardo Valero García
 
 


 
Bibliografía y Cibergrafía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

[1] Documental Arregui y Aruej: Cien días de okupación. Producciones Fendetesta. Madrid, 1991.
PARTES 1 - 2 - 3

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En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2021) "Electricidad y lámparas en la visera de la Puerta del Sol. ", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325


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Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
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© 2021 Eduardo Valero García - HUM 021-004 FOTOTECA
Historia Urbana de Madrid
ISSN 2444-1325



martes, 22 de junio de 2021

La Librería Pueyo de la visera de la Puerta del Sol

En el anterior artículo hablamos de algunos comercios de la visera de la Puerta del Sol y de ciertas actividades desarrolladas por unos mozos de cuerda. Una fotografía de Piortiz de 1930 nos mostraba el local de la casa de abanicos, paraguas y bastones de Luis Colomina, situado en la esquina de la visera con la carrera de San Jerónimo. En ese mismo lugar se inauguraba en 1935 una sucursal de la famosa librería y editorial Pueyo. 
 
 Librería Pueyo de la Puerta del Sol, 1. 
© Fotografía propiedad de Miguel Ángel Buil Pueyo 
ARCHIVO BUIL PUEYO
 
Miguel Ángel Buil Pueyo, bisnieto del librero Gregorio Pueyo, se interesó por el citado artículo y tuvo la deferencia de enviarme otro de su autoría donde habla de una carta inédita dirigida por Ramón Pérez de Ayala a su abuelo [1] y una fotografía de aquella sucursal. Como podéis apreciar, la librería tenía entrada por la Puerta del Sol, 1 y la carrera de San Jerónimo. 
 
Tuvo por vecino medianero a la papelería Martínez Franco, de Justo Martínez, regentada por su viuda desde 1926. Anejo a la papelería se encontraba la camisería y corbatería Cimorra, de Antonio Cimorra Corman, quien tenía sucursales en la calle del Príncipe, 22 y Pi y Margall, 9 (Segunda fase de la Gran Vía). El negocio estaba adscrito al reembolso de la Lotería, sistemas de vales para comprar en sus tiendas, como también lo hizo con las entradas de cine. 
 
 

 
Mario Roso de Luna había escrito en El Tesoro de los Lagos de Somiedo (1916): 
Se han ponderado cien veces los famosos quais de París y las apestosas, al par que paradójicamente seductoras librerías que un profano no descubre nunca aunque se dé mil vueltas por las callejuelas de detrás de Nôtre-Dame y del Barrio Latino; pero nadie que yo sepa ha sabido cantar las alabanzas de aquestos nuestros rincones del Rastro y las Américas, donde por media peseta comprara, a veces, raros tomos que valiesen mil, y de aquellos otros que matizan las plantas bajas de las calles de la Abada, Mesonero-Romanos, Jacometrezo y Desengaño, si calles pueden llamarse, y donde hombres laboriosos y enérgicos como mi llorado amigo Gregorio Pueyo, habían sabido alzar una fortuna, siendo, sin embargo, amparo de literatos desagradecidos y malandrines. 

 


El librero y editor de los modernistas Gregorio Pueyo había fallecido en 1913, tres años antes de la publicación del libro editado por la Librería de la viuda de Pueyo. 

En 1927 Emilio Carrere también le recordará en una interesante columna publicada en La Libertad. Podréis leer la transcripción al final de este artículo. 


Miguel Ángel Buil Pueyo nos cuenta en su artículo: 
Bibliografía Española. Revista oficial de la Asociación de la Librería de España, tras el fallecimiento de Gregorio Pueyo en febrero de 1913, anuncia en su número de 1 de abril que «la Librería Hispano-Americana de “Viuda e Hijos de Gregorio Pueyo”, establecida en Madrid en la calle Mesonero Romanos 10, se ha trasladado a la calle de la Abada, número 19», donde permaneció hasta 1917, en que se instala definitivamente en el número 6 de la calle del Arenal, aunque manteniendo el local de la calle de la Abada como sucursal.
 
Pedro Pueyo, abuelo de Miguel Ángel, era sobrino carnal de Gregorio y había contraído matrimonio en 1917 con Julia Pueyo Giral, la hija de este. Por consiguiente, de acuerdo con la costumbre de otros tiempos, Miguel Ángel aclara: 
«Julia, en su cualidad de mujer y mujer casada, se indica en documentos mercantiles que
podrá actuar por mediación de su esposo Don Pedro Pueyo Periel, ostentando éste a todos los efectos la representación de ella, con las mismas facultades y atribuciones que a la propia Doña Julia corresponden, de modo que el esposo, conjuntamente con cualquiera otro de los socios podrá ejercer la gestión de los negocios sociales y la dirección y administración de la Sociedad». 
 
Aquella “covacha” de la calle de Mesonero Romanos que fue lugar de tertulias, es descrita por Valle-Inclán en Luces de Bohemia como la cueva de Zaratustra, nombre que da al librero Gregrio Pueyo. 
«Rimeros de libros hacen escombro y cubren las paredes. Empapelan los cuatro vidrios de una puerta, cuatro cromos espeluznantes de un novelón por entregas. En la cueva hacen tertulia, el gato, el loro, el can y el librero. Zaratustra, abichado y giboso—la cara de tocino rancio y la bufanda de verde serpiente—promueve con su caracterización de fantoche, una aguda y dolorosa disonancia muy emotiva y muy moderna. Encogido en el roto pelote de una silla enana, con los pies entrapados y cepones en la tarima del brasero, guarda la tienda. Un ratón saca el hocico intrigante por un agujero». 
También tuvo tienda en la calle Trujillos, 5 y más tarde en la calle del Carmen, 33, pero acabará por regresar a su puesto de Mesonero Romanos. 
 

 

 
Sobre la sucursal de la visera de la Puerta del Sol, indica Buil Pueyo: 
«Ampliando su campo de trabajo, en 1935 se inaugurará una sucursal en el número 1 de la Puerta del Sol. La noticia fue muy bien acogida: La Casa Pueyo ha abierto en el corazón de Madrid una librería que constituye un alarde de buen gusto. El hecho no podía menos de merecer el debido comentario entre quienes siguen de cerca todo lo relacionado con la industria del libro, aquejada actualmente de una seria crisis que el esfuerzo denodado de muchos conjura, sin embargo, parcialmente, y acabará por vencer. Una convocatoria recientemente publicada en la Prensa, y que lleva el aval de prestigiosísimas firmas, llama la atención de todos sobre la calidad y la intención del esfuerzo de Pueyo (Anónimo 1935, 88)».
 
Pedro Pueyo en la entrada de la Librería Pueyo de la Puerta del Sol, 1. 
© Fotografía propiedad de Miguel Ángel Buil Pueyo 
ARCHIVO BUIL PUEYO
 
 
Pedro Pueyo se desvinculará de la sociedad en 1956 y en mayo de 1957 inaugurará su propia librería en la calle del Arenal, 16. Poco después abrirá una sucursal en la calle Ortega y Gasset, 55. Ambas cerrarán sus puertas en 1983, como ocurrió con otros negocios del ramo en aquella década. 


Por su parte, la editorial y librería que había fundado Gregorio Pueyo, regentada por su viuda, lo será después por sus hijos Luis y Antonio Pueyo, fallecidos respectivamente en 1960 y 1962. Sus herederos venderán la marca, que continuará funcionando con otros propietarios. 
 
Paralelamente, Alejandro Pueyo, el primogénito de Gregorio, se había independizado en 1921, año en que contrajo matrimonio en Coruña con Manolita Pérez. También aquel año fue nombrado contador de la Federación Española de Productores, Comerciantes y Amigos del Libro. Alejandro era entonces el gerente de la Editorial Galatea de la avenida conde de Peñalver, 16 (Primera fase de la Gran Vía), también conocida como Librería y Editorial de Alejandro Pueyo


En la década de los treinta aquella animada librería se convertiría en una administración de Lotería. Así lo recordaba Fernando Hernández Esposite en 1933 en la columna Reloj de Madrid del diario La libertad bajo el título de “Cambio de Industria”: 
«¿Concibe alguien las anaquelerías de un bar sobre los muros donde expuso sus signos macabros una funeraria? ¿Qué estela de burla gruesa no poblaría la calle donde un consultorio clínico ocupase el lugar que antes disfrutó un café de camareras? Sin embargo, esto, que la conveniencia ha hecho norma en los usos comerciales, se quiebra cuando de librerías se trata. He aquí el triple ejemplo: la de Alejandro Pueyo, en esa gran arteria a cuyo cemento da su nombre el conde de Peñalver, trocóse en administración de lotería. Es decir, sobre el duelo de un naufragio las risas de las sirenas locas». 
Palabras estas que hoy podemos aplicar a infinidad de edificios y comercios afectados por la especulación y el mal de la piqueta, enfermedad muy propia de los gobiernos de Madrid; ciudad cuyo pintoresco casticismo urbano ha quedado reducido a los carteles de fiestas populares. 
 
Así como comenzó este artículo con la inauguración de la Librería Pueyo en la visera de la Puerta del Sol, llegamos al final evocando las palabras de un vecino en carta enviada al “Buzón de Madrid” del diario ABC en mayo de 1999. Encabeza la misiva con el título Viejas librerías
«Señor director. Desde hace una eternidad muchos hemos sentido atracción por los escaparates de la castiza librería Pueyo, que se encontraba en la Puerta del Sol, entre las calles de Alcalá y Carrera de San Jerónimo. Ésta ha pasado ya a la historia, y en su lugar hay un establecimiento de helados, bombones y caramelos. Adiós a los libros. Era la última librería castiza que aguantaba en Sol. Antes cerró la de San Martín, ante cuyos escaparates fue asesinado don José de Canalejas aquel [13 de noviembre de 1921] (Sic), y cuyo evento rememora una lápida en bronce en la fachada. También cerró la aledaña de la editorial Reus en Preciados. Y es que la cultura de los libros no debe ser negocio. La todavía cercana de Manzano, en Espoz y Mina, aguanta espartanamente, y en sus escaparates anuncia a los Amigos de la Capa. Todo lo tradicional y romántico tiene sus días contados, por tanto. - Carlos Pérez de Tudela. Madrid».

Salvo el error en la fecha del asesinato de Canalejas, ocurrido el 12 de noviembre de 1912, el remitente tenía toda la razón en su exposición. 
 
Pueyo S.L. ya había comenzado a desmoronarse con el cierre de la librería de la calle Arenal; con la de la visera, último bastión, desaparecerá una más de las librerías centenarias de Madrid. 
 
«Pero existieron en la Villa del Oso y el Madroño varias librerías de típico carácter, las cuales merecen un recuerdo (…), ya que fueron el mayor atractivo de los bibliófilos que somos setentones. Eran aquellas librerías centro de reunión de artistas y literatos, constituyendo un atractivo de aquellos atardeceres de Madrid en los días otoñales y de invierno, ya que la librería no era sólo la tienda en que se venden libros, sino que el librero, hombre culto, bibliófilo y bibliógrafo, conseguía hacer de su librería una especie de Ateneo a puerta de calle». 
Luis M. Cabello Lapiedra, 1933 
 
Mi agradecimiento a D. Miguel Ángel Buil Pueyo por su colaboración en este articulo y por su trabajo de investigación exhaustivo que llega a los lectores a través de libros, artículos en revistas especializadas y blogs. 
 
Eduardo Valero García 
Junio 2021 
 
 
Miguel Ángel Pueyo 

 

 
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La bohemia picaresca El editor Pueyo, musa de la alimentación. —La capa de Barriobero. Hoyos y el Almanaque del empleado. —EI odioso Jeremías y las hambres literarias. —El encanto de la melodía y el bistec con patatas. Las uñas de la señorita Bohemia 
 

El librero y editor Gregorio Pueyo tenía su covachuela en una rinconada de la calle de Mesonero Romanos. Al cuidado de la librería estaba el cuñado de Pueyo, el amigo Jeremías, que sin duda sirvió de modelo al personaje quinteriano de «Los galeotes». Cuando llegaba algún pelafustán literario, de sombrerillo abollado, chalina al viento y pipa humeante, el amigo Jeremías llamaba, sin perder de vista las uñas del visitante, que hacía sospechosas maniobras en las anaquelerías, repletas de libros:
 —Gregorio, sal; que aquí te busca «un parroquiano»... 
Y subrayaba la palabra con su voz gangueante y su intención aviesa. En seguida se oía rumor en la trastienda, y un minuto antes de aparecer la simpática persona de Pueyo, ya aparecía su nariz, hermoso apéndice, ligeramente bermejo, digno hermano del narigón del conde Duque, cantado en versos quevedescos. 
Cualquiera que fuese el negocio que llevaba al chiscón de Pueyo al aprendiz de literato, cuando éste se marchaba, indefectiblemente, faltaban un par de volúmenes de la anaquelería. El modo misterioso de hurtar libros llegó a ser un arte y una manera de vivir en aquellos lastimosos días de picaresca literaria. La librería de Pueyo era visitada diariamente por todos los pigres del reino de la calderilla. 
Era en los tiempos en que Barriobero, siempre "dandy», aun en el fondo más triste de la pobreza, dudaba entre hacerse un abrigo o una capa. 
—El abrigo es más elegante; pero con la capa es más fácil llevarse los libros del estante de Pueyo. 
Y acabó por comprarse la capa encubridora. Efectivamente; Barriobero se apoyaba, al [descuido] (ilegible), en la anaquelería, y con las manos atrás se apoderaba de los volúmenes de fácil venta en cualquier librero de viejo de la calle del Horno de la Mata. No valían las miradas policíacas de Jeremías.
Aquellos libros se trocaban en seguida en café con media tostada, que era el régimen alimenticio a que estaba sometida la bohemia picaresca del año de gracia y de miseria de 1905. 
Entre los que vivían a más de salto de mata y haciendo las más absurdas funámbulas en la cuerda floja de la casualidad, estaba el poeta Julio Hoyos. Era un caballero español a quien repugnaba el hurto de libros. Pero un día, tan mala cara tenía la necesidad, que se decidió a la bellaquería. 
Hoyos echó el ojo a dos novelas de Trigo, el novelista de mayor venta en aquella sazón. Pero el poeta era muy corto de vista y muy torpe de uñas, y cuando, tras de dos horas de plática disimulada y al atisbo de un descuido de Jeremías, se apoderó de los libros y salió a la calle, vio, con estupor, que en vez de las novelas que eran la esperanza alimenticia de todo el día, se había llevado, por equivocación, el «Almanaque del empleado» y una «Guía de Cádiz», productos literarios por todos conceptos inadmisibles. 
Gregorio Pueyo fue la Providencia de aquel momento. En nuestra memoria se alza su recuerdo. Con toda devoción. Era comprensivo, romántico y cordial. Con su pelo crespo hasta los ojos, y sus largos y abatidos mostachos bermejos, y sus ojuelos sagaces, era un hombro de sensibilidad literaria. 
Barriobero escribió alguna novela con arreglo a un «agumento» que le dio el mismo Pueyo. ¡Era la manera de tener unos duros juntos! Seamos comprensivos. 
El modo seguro de colocarle a Pueyo un libro de versos modernistas, como se decía entonces, era arrancarle de su tienda y llevarle a un café donde hubiese música. La melodía dulcificaba su carácter y suavizaba esa hostilidad que todo comerciante siente en el momento de dar dinero. En cuanto sonaban los acordes de «Marina», invitaba a aquellos suculentos «bistecs» con patatas que costaban cinco reales y eran el legítimo orgullo del gremio cafeteril, y daba hasta doce duros por un libro de poesías. La felicidad para el trotacalles literatesco. 
Fue el primer editor moderno y el único librero español capaz de sentir amor al libro. Pueyo era la generosidad y el entusiasmo, y su cuñado Jeremías, el pesimismo y la tacañería. 
¿Por qué aborrecería tan cruelmente a la simpática especie de poetas líricos? Jeremías era el librero de viejo, por antonomasia. 
El primer libro que editó Pueyo fue una antología de poetas hispanoamericanos, con un prólogo mío, verdadera estridencia juvenil. Se titulaba «La corte de los poetas». Debo reconocer que Pueyo intervino demasiado en la composición de la obra. 
Me obligó a publicar una poesía titulada «Sápida postal», de otro librero que se llamaba Calixto Perlado. Cuando yo protesté de aquella Inadmisible secreción lírica, Pueyo me atojó: 
—Es que Perlado me tomará cuatrocientos, en firme. 
Con Eduardo Zamacois, eternamente joven, porque posee el secreto de Caglostro, Felipe Trigo fue el gran novelista que prestó decoro y creó la editorial Pueyo. En torno suyo nos apiñábamos unos cuantos muchachos con melena: Villaespesa, Ortíz de Pinedo, Ramírez Ángel, «Hamlet-Gomez», Francés—una vigorosa y original personalidad literaria, frustrada por la mala suerte— y un tropel de chalinas y manteos, entre la que destacaba su crítica iconoclasta, el pintoresco Dorio de Gadex, que finó (Sic) en esa cosa tan lamentable que es un traductor a jornal. 
La tiendecita de libros de la calle de Mesonero Romanos fue la cuna de la literatura contemporánea. Todos 1os escritores triunfantes y los que se han perdido en el fracaso de las oficinas o han desaparecido por el escotillón de la muerte, han pasado alguna vez por la trastienda de Pueyo, atiborrada de libros—plantel para la uñilarga señorita Bohemia—, con su viejo quinqué de petróleo y su olor a humedad. Gregorio Pueyo merece un epitafio lírico y emocionado, que yo escribiré algún día.
 EMILIO CARRERE

 
 
 
Bibliografía y Cibergrafía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

Fortunata y Jacinta (dos historias de casadas). Los textos citados en este trabajo fueron extraidos de la edición digital basada en la edición de Madrid, Imprenta de La Guirnalda, 1887. Disponible en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes  http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcgq6v4


[1] BUIL PUEYO, Miguel Ángel, Noticia de una carta inédita (1939) del escritor Ramón Pérez de Ayala. Mediodía: revista hispánica de rescate, ISSN 2659-2738, Nº. 3, 2020, págs. 222-242

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En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2021) "La Librería Pueyo de la visera de la Puerta del Sol", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325


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