domingo, 11 de noviembre de 2018

Las lápidas de Galdós en el hotelito de la calle Hilarión Eslava

La madrugada del domingo 4 de enero de 1920, en el hotelito de la calle de Hilarión Eslava, número 7, fallecía Don Benito María de los Dolores Pérez Galdós. El pueblo español, y en especial el madrileño, recibía desconsolado la triste noticia. Galdós, aquel glorioso anciano que había pasado a la inmortalidad aun en vida, ya no estaba entre los mortales; se marchaba dejando su extensa obra como legado importante para la historia de España y retrato fiel del Madrid de su época.

En esa casa del barrio de Argüelles el Ayuntamiento de Madrid colocará una lápida en homenaje al insigne escritor. El 11 de noviembre de 2018, se cumplen 94 años de aquel acontecimiento que recordamos en este monográfico.

En el hotelito se colocarán tres lápidas en distintos momentos y por voluntad de diferentes personas. Las lápidas tenían la única finalidad de marcar el espacio, hoy desaparecido, donde Galdós pasó los últimos años de vida hasta su muerte. 

El escritor había dejado la casa del Paseo de Areneros, 46 (hoy Alberto Aguilera, 64-68) para instalarse en el hotelito de su sobrino, José Hurtado de Mendoza y Pérez Galdós. Esto ocurría en 1912, después de la última operación de cataratas a la que había sido sometido. 

En ese hotelito de la calle Hilarión Eslava habían fallecido dos hermanas de don Benito; primero doña Concepción Pérez Galdós, el 26 de noviembre de 1914; poco después, el 27 de febrero de 1915, doña María del Carmen Pérez Galdós, madre de José Hurtado de Mendoza. 




Las lápidas de Galdós en el hotelito de la calle Hilarión Eslava
A las pocas horas del fallecimiento de Benito Pérez Galdós, a propuesta del señor Natalio Rivas, ministro de Instrucción pública y Bellas Artes, el rey Alfonso XIII firmaba el Real Decreto por el que el Estado asumía los costes del funeral e invitaba a todos los Círculos y Corporaciones a sumarse al duelo.

Origen de los documentos: Agencia Estatal del Boletín Oficial del Estado.
Referencia BOE-A-1920-95. Madrid, 5 de enero de 1920, p. 49-50

Al día siguiente, en el patio de cristales de la Casa de la Villa se instalaba la capilla ardiente y el alcalde, D. Luis Garrido Juaristi, hacía publicar el siguiente bando:



1920
Propuesta del Ayuntamiento – Presupuesto – Proyecto – La alcoba de don Benito y otras donaciones.

La sesión del Ayuntamiento de Madrid del día 9 de enero de 1920 comenzaba con un sentido discurso necrológico pronunciado por el alcalde en memoria del desaparecido Galdós.

Como el insigne escritor ya tenía calle con su nombre, además del monumento inaugurado en el parque de El Retiro en 1919, la máxima autoridad municipal propuso la colocación de una lápida en la casa donde había vivido y fallecido.

A esto se sumaría un homenaje póstumo en el Teatro Español y la propuesta de la minoría republicana sobre la colocación del escudo de Canarias junto al de Madrid en el monumento.

En ese mismo acto, el grupo republicano solicitaba que constase en acta el agradecimiento de la familia de Pérez Galdós al alcalde por cuánto había hecho y dispuesto durante los funerales en nombre del Ayuntamiento. Todo lo propuesto quedó aprobado por unanimidad.

En sesión del 17 de marzo se aprobaba el crédito de 14.748, 25 pesetas destinado a la realización e instalación de la lápida.

En abril se conocía el proyecto de lápida presentado por el arquitecto Sr. Zapata para perpetuar la memoria de Galdós. Nada más se supo de este proyecto, quizá por su diseño.



José Hurtado de Mendoza y Pérez-Galdós ofrecerá al Museo Canario la donación de «los muebles de mi propiedad que constituían la alcoba de mi tío Benito Pérez Galdós, y que se encontraban en ella el día de su fallecimiento». El museo aceptará la donación y la alcoba, junto a otros enseres del escritor, llegarán a Canarias a principios de 1921.

En carta del 21 de diciembre de 1920, Hurtado de Mendoza escribirá:
«Agradezco mucho dicha aceptación y el sentimiento que me produce separarme de ellos se atenúa sabiendo que se han de conservar cariñosamente en nuestra querida tierra bajo el patrocinio de Institución tan significada». [1]
Una noticia publicada el 24 de septiembre en el diario tinerfeño La Prensa daba cuenta de la donación, consistiendo esta en mucho más que una alcoba. Sin embargo, las siguientes fotografías presentan notables diferencias.

La primera es del año 1914, tomada por el fotógrafo Salazar para Mundo Gráfico; corresponde a la alcoba de Galdós en Hilarión Eslava, 7.


En la segunda, de la revista de turismo Isla (1967), podemos ver la habitación de Madrid recreada en la Casa-Museo de Las Palmas de Gran Canaria. En la revista la identifican como «alcoba mortuoria», y en ella parece existir únicamente un elemento original, la mesilla.




En el siguiente plano podemos apreciar la disposición de los elementos que son visibles en las fotografías. Las dimensiones de la habitación y las de los elementos arquitectónicos y muebles, son aproximadas.





Quizá debamos suponer la existencia de un cambio de mobiliario entre 1914 y 1920, principalmente la cama donde fallece Galdós; ya que, si la primera es de hierro, la expuesta en la Casa-Museo es de madera.

En 1928, José enviará a la Asociación Canaria de Socorros Mutuos de la República Argentina una carta escrita por su tío y cuyo destinatario era una admiradora estadounidense. Hace esta donación en agradecimiento al recuerdo constante que aquella institución brindaba a Don Benito.

La carta, en respuesta a otra del 18 de febrero de 1907, decía lo siguiente:
«Muy Señora mía:
Contesto a la suya del 18 de febrero con retraso motivado por ocupaciones apremiantes. Ruego a usted me perdone.
Celebro infinito su entusiasmo por la literatura española y me agrada mucho su propósito de dar algunas conferencias acerca de ella.
A su consulta referente a la intolerancia y “bigotismo” de este país, contesto que ha cambiado poco desde 1896, fecha de Doña Perfecta. Seguimos lo mismo, tal vez peor, porque la preponderancia del jesuitismo ha dado a la superstición y a las demasías clericales mayor vuelo y extensión, tal vez con formas menos feroces, pero con mayor penetración en los espíritus, principalmente en los femeninos. El sentimiento liberal sufre una gran crisis. ¿Cómo saldremos de ella? No puedo decir a usted lo que yo mismo ignoro.
Saluda a usted afectuosamente su atento servidor, q. s. p. b.
B. Pérez Galdós

Portada y primera página de la revista de la Asociación Canaria de Socorros Mutuos de la República Argentina
[Año V - Nº 107 - Buenos Aires, 1º de febrero de 1920]
Número dedicado a Benito Pérez Galdós al recibirse la noticia de su fallecimiento.
Desde su creación (1914) y hasta el cierre (1955), esta publicación dedicó algunas de sus páginas a la vida y obra de don Benito.


1921 
La lápida olvidada – Estreno de Antón Caballero

Al celebrarse el primer aniversario del fallecimiento de Galdós poco se sabía de aquella propuesta de lápida.
En una pequeña columna insertada en portada de El Liberal, cuyo título era simplemente «GALDÓS», se decía:
«En el año transcurrido desde la muerte de Galdós bien poco se ha hecho para rendir a su memoria el homenaje que merece la excelsa figura, que fue como un faro poderoso de la literatura hispana, aclamado y admirado en el mundo entero.»
En 1921 todas las miradas parecían estar puestas en el monumento que por suscripción pública se erigiría en Las Palmas de Gran Canaria y en el estreno de Antón Caballero, obra póstuma del novelista, adaptada por los hermanos Álvarez Quintero.

La obra Antón Caballero, cuyo primer título puesto por la pluma de Galdós era Los bandidos, pero que después había rectificado por el de I masnadieri, será bautizada por los hermanos Álvarez Quintero con el nombre del protagonista.



Según Serafín y Joaquín, esta comedia en tres actos había sido escrita por don Benito «en días, acaso en horas». Se estrenará la noche del 16 de diciembre de 1921 en el Teatro del Centro con un éxito apoteósico.
«ANTÓN.-(Jovial) Obedeceré a usted sentándome y respondiendo. Pero ¿no han comprendido ustedes?... (Ríe.) En cuanto hice propósito de volver a dar guerra a mi país, se me ocurrió la idea de que algunos amigos escribieran a varias personas anunciando mi muerte en formas distintas... Me reía yo imaginando el alegrón de ustedes al recibir la fausta nueva; me reía más pensando en el efecto terrorífico de mi aparición súbita, como un muerto que se levanta. ¡Ja, ja, ja! Ya lo ve usted, señora; ni naufragio, ni fusilamiento, ni ningún género de cataclismo; ni me ha tragado el mar, ni me ha sepultado la tierra. Aquí estoy vivo y fuerte para todo cuanto sea menester».
Antón Caballero. Acto Segundo


1922
Una lápida en latín – El retrato yacente de Galdós

En un acto íntimo y sencillo fue colocada una lápida en el hotelito donde vivió Galdós. No era aquella que con solemnidad había propuesto el Ayuntamiento, sino la nacida del profundo afecto que José sentía por su tío.
Fue esculpida por Daniel Zuloaga y redactada por el propio Hurtado de Mendoza con la siguiente inscripción:

BENEDICTVS PEREZ GALDOS
VIXIT LITTERIS PLVS QVAM DIMIDIATVM
SAECVLVM SEMPERQVE INTER
SVOS FORTVNATARVM INSVLARUM
VBI NATVS PALMOSA VRBE DIE X MAII, ANNI MDCCCXLIII
HIC FVNTVS IV JANVAR MCMXX


El sobrino de Galdós pudo encargar la lápida al ceramista y pintor Daniel Zuloaga a finales de 1920 o principios de 1921 al ver que el Ayuntamiento no cumplía con lo pactado.

Zuloaga había realizado una máscara mortuoria de Don Benito que más tarde conservaría Gregorio Marañón al adquirir la finca El Cigarral después del fallecimiento del artista, acontecido el 27 de diciembre de 1921. La máscara desaparecerá durante la Guerra Civil.

Además, todos los motivos decorativos de colorida cerámica que adornaban la entrada y jardín de la casa, junto con los carteles que José Hurtado de Mendoza había encargado para poner en el dintel de las puertas de despacho y habitación de Galdós, también habían sido realizados por Daniel Zuloaga.

El Ayuntamiento, lejos de cumplir su promesa, atendía el 16 de febrero la proposición del concejal Sr. Reglero para la adquisición por el consistorio del retrato yacente que había realizado el artista Vázquez Díaz en 1920 durante los funerales de Galdós en la Casa de la Villa.

La siguientes imágenes corresponden al triste momento en que Galdós era velado en la Casa de la Villa. Una fotografía de pésima calidad, publicada en La Acción, muestra al pintor Vázquez Díaz posando junto al ataúd con uno de los bocetos.

En Sesión del 27 del mismo mes la propuesta pasaba a la Comisión correspondiente para su estudio.




Fueron muchos los artistas que tomarán apuntes junto al cadáver de Galdós; entre ellos, Victorio Macho, que lo hará en la habitación del escritor.



1923
El recordatorio de Arteaga – El obrero y la lápida

En la sesión del Ayuntamiento del 19 de diciembre de 1923, donde se incluía la denominada Miércoles Ciudadanos por la participación del pueblo, se trató el asunto de la lápida. El concejal Andrés Arteaga instaba al alcalde, Sr. Alberto Alcocer, a colocar cuanto antes la lápida prometida por el anterior Ayuntamiento.

El último día del año 1923, poco antes de cumplirse el cuarto aniversario de la muerte de Galdós, un obrero madrileño, persona tan humilde que ni su nombre ha quedado en los anales de la historia, colocaba una lápida compuesta por varios azulejos en la que podía leerse: «AQUÍ VIVIÓ Y MURIÓ BENITO PÉREZ GALDÓS».




La tarde del 24 de diciembre había pedido permiso a José Hurtado de Mendoza, quien se lo otorgó sin dilaciones y agradeciendo el gesto de quien dijo ser admirador del autor de los Episodios Nacionales. Nada solicitó a cambio, salvo permanecer en el anonimato.

El sobrino de Galdós recordará el comentario del obrero. Había dicho: «-Perdone usted. Ni quiero reclamo ni apenas si me interesa la gratitud de nadie. Mi homenaje va dedicado a don Benito, y a él mi nombre seguramente que no le interesa. Es lo menos que puedo hacer a cambio de todo lo que me ha hecho sentir a través de sus obras.»


1924
Primeras noticias sobre la lápida – Homenaje en El Retiro – Las prisas del Ayuntamiento – José Hurtado de Mendoza y Pérez-Galdós

En un primer momento, aquellos que vieron la lápida ya colocada en el muro del hotelito pensaron que era la prometida por el Ayuntamiento, pero al poco se supo por la prensa la verdad sobre el anónimo homenaje. 
«Ha sido el corazón de Madrid, de España entera, quien ha llevado a ese trabajador artista madrileño a realizan un acto generoso. ¡Qué importa el olvido, la desidia, la estulticia oficial, si de modo tan hermoso se puede substituir siempre, siempre!
Es la siembra de Galdós, es su obra, la que en este acto florece. Fue él en su vida y obras, ante todo y sobre todo, un espíritu generoso, lleno de amor y emotividad.
Y su lección constante, no ha pasado inadvertida. Otro hombre de corazón limpio y de idealidad pura ha hecho justicia al maestro.
De tantas lápidas conmemorativas como hay en Madrid, ¿cuál se podrá igualar en mérito a ésta, que hoy figura allí donde Galdós existió?» [El Globo, 1924]
El viernes 4 de enero se reunieron varios escritores, artistas y periodistas junto al monumento a Galdós para rendirle sincero homenaje. Encabezaban el nutrido grupo los hermanos Álvarez Quintero, Victorio Macho, José Francés, Emiliano Rodríguez Ángel, Andrés González Blanco, Manuel Bueno y Mariano Zurita.

Ofrendas florales y discursos sobre la personalidad y obras de don Benito conformaron el emotivo acto. Hubo también palabras de agradecimiento para el anónimo obrero que fabricó e instaló la lápida; estuvieron a cargo de Manuel Bueno.
«De Galdós no puede decirse que sea un olvidado. Con la lápida municipal, o sin ella, la gloria del gran escritor está asegurada, porque la soberanía de su genio palpita en la sensibilidad popular, que es precisamente donde él quiso perpetuarla. A lo que debemos aspirar ahora es a que ese obrero y a que todos los obreros fijen la atención en todo lo que está por hacer en España y se agrupen y disciplinen para realizarlo, sin pretender que la materia usurpe los fueros del espíritu, sin poner a Calibán por encima da Ariel.»
En sesión del 9 de enero de 1924, y en vista de las críticas vertidas por la prensa, la alcaldía se da prisa y atiende a las constantes reclamaciones del Sr. Arteaga. Se aprueba, por fin, el proyecto y pliego de condiciones para la ejecución, por concurso, de la lápida que se había prometido colocar. En sesión del 22 de febrero se acuerda la adjudicación del concurso.

El diseño de la lápida recaerá en el escultor José Ortells López y el arquitecto municipal Luis Bellido.
Si bien la inauguración estaba prevista para el mes de agosto, debió ser suspendida por ausencia del sobrino de Galdós, propietario del hotelito.






Don José era ingeniero agrónomo y catedrático de la Escuela de ingenieros de Madrid. Ese año de 1924, en octubre, pasaba a la jubilación como presidente de la Sección del Cuerpo de ingenieros agrónomos y director de las Estaciones Agronómica y de Ensayos de Semillas de Moncloa.

Había nacido en Las Palmas de Gran Canaria el 18 de octubre de 1857. Su muerte se produjo en Madrid el 3 de noviembre de 1932, a los 75 años.

Hombre afable, educado y de gran cultura, fue, desde su llegada a Madrid hacia 1870, fiel admirador de su tío y, más tarde, quien se hiciera cargo de sus cuidados y manutención.

En Santander era conocido y muy querido; tal es así que un gran amigo de don Benito, D. José Estrañi, director de El Cantábrico, le dedicaba cada año una felicitación por San José.

La que vemos es del 19 de marzo de 1913, cuando Estrañi llevaba publicadas nada menos que 34 Pepitorias de felicitación para los Pepe.






11 de noviembre de 1924
Inauguración de la lápida

Este día, a las cuatro de la tarde, comenzó el emotivo homenaje a Galdós y el descubrimiento de la lápida, única que se conserva de todas las citadas.

El 10 de noviembre, en portada del Heraldo de Madrid, una composición del fotógrafo Ortiz anunciaba el descubrimiento de la lápida.




Aquella tarde del 11 de noviembre se congregó frente a la casa una multitud de parroquianos y la selecta, pintoresca y colorida representación del Ayuntamiento con maceros y Banda municipal. De alguna manera había que resarcir el gran retraso y congraciarse con la familia del eximio Galdós.

El aparato municipal estaba presidido por el alcalde, Sr. Fernando Suárez de Tangil y Angulo; el secretario del consistorio, Sr. Ruano, y los concejales Carnicer, Rodríguez, Arteaga, Latorre y González del Valle.

También estuvieron allí el gobernador civil, Sr. Ignacio Peñalver; el presidente de la Asociación de la Prensa, Sr. Francos Rodríguez y el de la Asociación de Escritores y Artistas, conde de López Muñoz; en representación de los Autores, los señores Antonio Casero, Juan Pérez Zúñiga, Becerra y Abati. Por la Academia de la Lengua, los señores Sandoval y Cotarelo; el señor Monteagudo en representación del Sindicato de Autores; por la de Amigos de Galdós, el señor Francisco Acebal, y por el Centro de Hijos de Madrid, su presidente, Sr. Pedro Sanz.

Entre los asistentes se encontraban los señores Torres Quevedo, Hernández Catá, Ramírez Ángel, Tapia, el famoso ex torero Machaquito, Pascual Frutos, Enrique de Mesa, Eugenio d’Ors, Ghiraldo, Medina, Anita Martos, Diego San José, Miguel Morayta, José Mas, Tato Amat, Soto y otros muchos.
En la casa estaban su hija, María Pérez Galdós y su esposo, D. Juan Verde; el sobrino de don Benito, José Hurtado de Mendoza, y Rafaelita González, su ahijada.

Comenzó el acto con un discurso del conde López Muñoz, seguido del de Francos Rodríguez; este último muy aplaudido. Continúo el alcalde, ofreciendo el homenaje al escritor en nombre de Madrid y su pueblo.



Hubo muchos aplausos y vivas a Galdós mientras el alcalde descubría la lápida y la Banda municipal interpretaba obras españolas.

Finalizó la inauguración con la firma del acta ceremonial.

La colocación de la lápida fue postergada casi cinco años desde la primitiva propuesta, y aunque todo apunte a desidia por parte del Ayuntamiento, debemos tener en cuenta que, desde el fallecimiento de Galdós hasta la inauguración de la lápida, por la Casa de la Villa pasaron nada menos que nueve alcaldes. Los dos últimos durante la dictadura de Primo de Rivera.

Desde aquel 11 de noviembre de 1924, la lápida del Ayuntamiento que el pueblo de Madrid dedicaba a Galdós acompañará a la realizada por las manos del madrileño anónimo. En el interior, la escrita en latín, homenaje de José Hurtado de Mendoza a su tío.

El reconocimiento institucional, el afecto popular y la querencia familiar, se unían para recordar la memoria de quien había sabido expresar otros tantos sentimientos en los personajes de sus obras. 


Prohibida su reproducción. Es propiedad, bajo licencia de Agencia EFE


1937
El hotelito, las lápidas y la guerra – Milicianos en la casa de Galdós

En el comienzo de la Guerra Civil y durante el desarrollo de la misma, el hotelito donde Galdós había pasado los últimos años de vida permanecerá cerrado. La lápida del humilde obrero y la colocada por el Ayuntamiento serían testigos de la devastación del otrora pintoresco barrio de Argüelles.

Un cartel colocado en la puerta era la única barrera que prohibía el acceso. Detrás del muro permanecía silencioso y sombrío el hotelito de estilo mudéjar que tantas historias guardaba.

Una fotografía muy conocida muestra a un miliciano posando junto a la lápida colocada por el Ayuntamiento. Hace guardia en la casa del insigne escritor. A esta se suman otras fotografías que pudieron ser tomadas el 4 de enero de 1937, año del XVII aniversario del fallecimiento de Galdós.









1945 - 1976
El Colegio Miguel de Cervantes – Ruta de homenaje a Galdós – Cierre del Colegio – Malos entendidos – El busto de Galdós – Una historia contada por su directora

El hotelito de José Hurtado de Mendoza fue construido sobre el solar donde antes hubo un merendero. En 1945 será un colegio el que ocupe el lugar del hotelito. Se trataba del Centro de Enseñanza Media Superior no estatal Miguel de Cervantes.




Prohibida su reproducción. Es propiedad, bajo licencia de Agencia EFE


El centro había sido clasificado en la categoría de Reconocido de Grado Superior por Decreto del 9 de noviembre de 1958. Era colegio mixto y en él se impartía Bachillerato superior y Preuniversitario, con especialización en Letras.

Su condición de colegio no estatal le permitía ampliar su mercado hacia horizontes muy lejanos. Así, en 1955 y 1956, respectivamente, publicaba los siguientes anuncios:





El domingo 3 de mayo de 1964, dentro de los actos celebrados en Madrid para la IX edición de la Semana Canaria, se rindió homenaje al ilustre escritor canario con una ruta por los lugares galdosianos. Comenzó el recorrido en la Plaza Mayor, plaza de las Comendadoras y finalizó en el Colegio Miguel de Cervantes, donde el ilustre D. Federico C. Sainz de Robles, organizador y guía de la ruta, pronunció unas palabras.
Había dicho Sainz de Robles que visitar los lugares galdosianos, en realidad, sería visitar todo Madrid.

Por Orden del 3 de marzo de 1976 se autorizaba el cese de actividades docentes del Miguel de Cervantes, según consta en B.O.E. Nº. 125 (10283), del 25 de mayo de 1976:
«Este Ministerio, de conformidad con los informes expuestos y las circunstancias concurrentes, ha acordado autorizar el cese de las actividades docentes del Centro de Enseñanza Media no estatal Miguel de Cervantes, sito en Madrid, calle Hilarión Eslava, número 7, una vez finalizado el presente curso en 30 de junio próximo, considerándosele decaído en su clasificación académica.»
Podemos suponer que, después de 31 años de actividad, cerraba sus puertas por las políticas de entonces del Ministerio de educación sobre los centros privados; quizá por jubilación de su directora o, lo que es peor, por la especulación inmobiliaria que derivaría en el derribo del colegio para la construcción de un edificio de lujo.

Esta situación provocará el desconcierto general por entenderse que el edificio de Hilarión Eslava, 7, era la casa de don Benito Pérez Galdós y no debía ser demolida.

En septiembre de 1976 el diario ABC daba la voz de alarma. Una noticia, titulada «Va a ser derribada la casa donde vivió y murió Galdós – Hoy alberga un colegio privado, cuyos quinientos alumnos tendrán que buscar nuevo centro», hacía referencia al cierre de seis colegios en el barrio de Argüelles que dejaban a quinientos cincuenta niños sin centro educativo y a más de treinta profesores y empleados en la calle.

Ante tan alarmante titular, el Ayuntamiento tuvo que hacer aclaraciones sobre este malentendido, indicando que el tipo de construcción no se correspondía con la casa del escritor.
La nota aclaratoria decía:
«Es necesario aclarar que en la Gerencia Municipal de Urbanismo no se ha presentado ninguna solicitud de demolición y, por tanto, no existe en tramitación proyecto alguno para derribar dicha finca.
En todo caso, antes de conceder la licencia correspondiente se exigirá el cumplimiento del artículo 18.1 del decreto 1.855/74 de 7 de junio, sobre cese voluntario de centros de enseñanza.
Por otra parte, los servicios de la Gerencia Municipal de Urbanismos, después de verificar una visita de inspección al inmueble, han informado de que se trata de una construcción moderna, probablemente de la década de los años cuarenta, en ladrillo visto, sin ningún elemento constructivo, compositivo o decorativo que lo haga objeto de mención en el repertorio actual o futuro de edificios a conservar de Madrid.
Parece evidente, por el tipo de construcción del edificio y la edad del mismo, que ésta no fue residencia de don Benito Pérez Galdós, sino un edificio ya demolido que estuvo en el mismo lugar.
Lo que sí sería absolutamente necesario es conservar en su lugar, en una futura edificación, tanto la lápida que dice: “A Galdós, el pueblo de Madrid. Aquí vivió y murió Benito Pérez Galdós. Galdós, 1843-1920”, como el busto del escritor.»
Lamentablemente, la lápida colocada por el obrero anónimo no era la original, por lo que se rescataron la lápida municipal y un busto de Pérez Galdós.



Este busto, ubicado a la entrada del centro educativo, confeccionado en bronce y piedra, fue símbolo de la presencia del insigne escritor en el lugar donde tuvo su última morada. Era obra del escultor Jacinto Higueras Cátedra, y allí permanecerá hasta el cierre del colegio.

Más tarde, en diciembre de 1976, la directora y propietaria del Miguel de Cervantes, doña Concepción Martín González, lo donará a la Casa Regional de Canarias en Madrid. La noticia sobre la donación aparecía en el diario ABC del 3 de diciembre de 1976 bajo el título de «El busto de Galdós al hogar Canario».

En octubre de 1976, la directora contaba una historia tendenciosa sobre el hotelito de José Hurtado de Mendoza en una entrevista al Mediterráneo, periódico del movimiento.

En relación a la información vertida por «cierta prensa» sobre la donación de la casa de Galdós por un precio simbólico para fines culturales, doña Concepción había dicho:
«Me hace gracia que se pueda donar algo que no se tiene. Don Benito jamás hizo testamento, entre otras cosas porque no tenía nada para legar.»
Explicaba lo conocido, que Galdós vivió los últimos años de su vida en esta casa que era propiedad de su sobrino.
«Coincidieron sus dificultades económicas con la progresiva ceguera y el fracaso de sus últimas obras teatrales.»
La parte más curiosa de la historia es la que hace referencia a los propietarios del hotelito, indicando que a la muerte de José Hurtado de Mendoza «la casa pasó a sus legítimos herederos, un sobrino, que adoptó más tarde a una niña». Sin duda se equivoca, puesto que esa niña no era otra que Rafaela “Rafaelita” González, hija natural del torero Machaquito y ahijada de José Hurtado de Mendoza.

Afirmaba doña Concepción que Rafaelita se había casado con un «militante de izquierdas» y que al inicio de la guerra civil marcharon de España «dejando el hotelito hipotecado». Finalizada la contienda, en ausencia de sus propietarios, el Banco Hipotecario subastaba la finca, que era adquirida por un maestro de obras llamado Benigno González.

En 1945, este señor era consejero secretario de la Constructora Argüelles, S.A., que había levantado ese mismo año un edificio palacial en la avenida de Eduardo Dato, 7 (antes paseo del Cisne).

Al parecer, el señor González reconstruyó el hotelito, «ya que por su cercanía a la Universidad había quedado destrozado» y vivió en él con su familia hasta los inicios de la década de los cuarenta, cuando se lo venderá a la hermana de Concepción. El hotelito será derribado y levantado en su lugar el colegio Miguel de Cervantes.

En 1977, doña Concepción Martín González recibía de manos del general Antonio Alemán Rodríguez el Lazo de Dama de la Orden de Alfonso X el Sabio. La ceremonia se celebró en el Hogar Canario, en presencia del escritor Modesto Higueras.


Quizá podamos suponer que la historia contada por doña Concepción tiene parte de verdad y otra de mentira. Lo sabremos en el momento que estudiemos la historia del hotelito.


1978
Un edificio de lujo – La Empresa constructora – La agencia 78 del Banco Bilbao

De los edificios que Benito Pérez Galdós habitó durante sus 58 años de vida en Madrid, uno permanece inalterable; es el primero en que se hospedó a su llegada a la villa y corte en 1862, ubicado en la calle de las Fuentes, número 3. Otro, el de la Calle Alberto Aguilera, número 66-68 (antiguo paseo de Areneros, 46) solo conserva la fachada como elemento original. Los demás desaparecieron para dar paso a Centros Comerciales, una torre empresarial y el colegio citado, más tarde edificio de lujo.

La Empresa Obras y Construcciones e Inmuebles VIMAR, S.A. fue la encargada de la demolición del colegio y construcción del lujoso edificio que hoy pervive.

En 1978 aparecían los primeros anuncios de venta de inmuebles en Hilarión Eslava, 7. Se trataba de lujosos pisos de 4 habitaciones y terraza, con ascensor, plaza de garaje, calefacción y agua caliente central. Los apartamentos, de un dormitorio, disponían de los mismos servicios.






En diciembre del mismo año allí se inauguraba la Agencia 78 del Banco de Bilbao (BB), denominada “Hilarión Eslava”. Hoy corresponde a la oficina 0962 del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA).



94 años después
Finaliza aquí este monográfico sobre las lápidas del hotelito de la calle Hilarión Eslava.
El madrileño y los entusiastas de la vida y obra de Galdós pueden conocer hoy la historia de estas lápidas y recordarlas cuando vean la única que queda, tan visitada y fotografiada por muchos.

Rindamos, pues, sincero homenaje a don Benito Pérez Galdós; el que tiene calle, monumento, placa y, desde hace exactamente 94 años, una lápida en esta noble villa. Poco es, comparado con el inmenso cariño y respeto que se le tiene en toda España y más allá de nuestras fronteras.







Bibliografía y Cibergrafía

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

[1] La Casa-Museo de Pérez Galdós hace referencia a la correspondencia mantenida con don Juan Hurtado de Mendoza en la donación de la alcoba de Galdós. Casa-Museo Pérez Galdós. Dormitorio de Hilarión Eslava [en línea] [consultado 01/11/ 2018] Disponible en: http://www.casamuseoperezgaldos.com/-/historia-y-arquitectura-2

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lunes, 5 de noviembre de 2018

Programa de las Terceras Jornadas Madrileñas de Novela Histórica. Madrid, 2018

Las III Jornadas Madrileñas de Novela Histórica llegan a la Biblioteca Regional Joaquín Leguina este mes de noviembre. Los días 21, 22 y 23 de dicho mes, autores como Carmen Posadas, Nerea Riesco, Olalla García, Víctor Fernández Correas y Carolina Molina recorrerán la historia de la capital a través de sus ficciones. 



Las primeras jornadas de novela histórica dedicadas a la ficción ambientadas en Madrid cambian en su tercera edición de sede. La Biblioteca Regional de la Comunidad de Madrid Joaquín Leguina (C/ Ramírez de Prado, 3. Madrid) acogerá las tardes de los días 21, 22 y 23 de noviembre este evento que, este año, lleva como lema “Madrid, vidas y letras”. La principal biblioteca pública de la región se convierte así en sede y principal impulsor de este evento.

Os ofrecemos el nutrido programa



 

viernes, 31 de agosto de 2018

Fortunata y Jacinta. Sin placa, pero con calle

Desde mayo de 2017, Fortunata y Jacinta, las dos famosas protagonistas de la novela de Benito Pérez Galdós, tienen calle en nuestra ciudad. Aquellas ideas de una placa para Fortunata en la cava de San Miguel y otra para Jacinta en la plaza de Pontejos, parecen haber quedado reducidas al nuevo nombre de la calle, la que había sido hasta entonces del General Orgaz (Luis Orgaz Yoldi), militar franquista.



Situamos esta arteria en el barrio de Cuatro Caminos del distrito de Tetuán, entre las calles de Orense y de la Infanta Mercedes, con inicio en la avenida del General Perón.

Designación oficial en el callejero. Ayuntamiento de Madrid, 2017

Los conocedores de la obra de Galdós coincidirán en que la ubicación es lejana al Madrid que vivió y retrató; además, quizá más representativa de Fortunata que para Jacinta, como suele ocurrir.

Es mi intención encontrar los fundamentos o razonamiento aplicados por el Ayuntamiento al designar esta calle a zona tan alejada del Madrid que llamamos galdosiano. Para ello es necesario desarrollar un pormenorizado estudio donde el lector descubrirá que Galdós parece jugar al despiste.

Me atrevería a decir que tal despiste ha influido en la decisión de situar a Fortunata y a Jacinta allí donde nunca deberían haber estado, quizá en punto demasiado apartado de los escenarios reales o hipotéticos narrados en la novela. En este sentido, la mera mención de los Cuatro Caminos o Tetuán no puede considerarse motivo suficiente para hacerlo. 

Comienzo este estudio con el proceso que llevó a la decisión del cambio de nombre de la calle General Orgaz por la de Fortunata y Jacinta; le sigue un estudio detallado de los datos aportados por Galdós, con los razonamientos y conclusiones de rigor.


2016 - El comienzo del cambio
Todo comenzó en la Asamblea de Madrid el 20 de junio de 2016, cuando se votó una Proposición No de Ley del Grupo Parlamentario Socialista, con la intención de resaltar la figura de Benito Pérez Galdós en el Bienio Galdosiano (2018-2020). La PNL indicaba:
Proposición No de Ley del Grupo Parlamentario Socialista, con el siguiente objeto: la Asamblea de Madrid insta al Gobierno Regional: A tomar la iniciativa para el realce de la figura de Don Benito Pérez Galdós, y, a través de éste, del nombre de Madrid y su fortaleza cultural, con motivo del Bienio Galdosiano 2018-2020. A estudiar la viabilidad de una Comisión en la que participen las administraciones públicas madrileñas, además de otras entidades públicas y privadas, para el impulso y realce del Bienio Galdosiano. A proponer a las Comunidades Autónomas de Canarias y Cantabria su inclusión en dicha Comisión, así como la de entidades y organismos del ámbito público y privado de sus territorios, teniendo en cuenta los espacios donde se desarrolla la vida y obra de Benito Pérez Galdós. A colaborar con el Ayuntamiento de Madrid en la promoción de los recorridos y rutas galdosianos madrileños y en la mejora del estado y señalización de la tumba de Pérez Galdós en el cementerio de La Almudena, así como en interesarse por el estado y funciones que presta la Biblioteca Galdosiana, en el Parque del Retiro, junto a su escultura. [1]

En julio del mismo año, el Comisionado de la Memoria Histórica presentaba en Pleno del Ayuntamiento la lista de calles con reminiscencias franquista que debían ser sustituidas.


2017 – La nueva denominación
No será hasta el 27 de abril de 2017 cuando el Ayuntamiento apruebe el cambio de nombre de 52 calles, entre las que se encuentra la citada de General Orgaz, que había sido dada de alta en el callejero madrileño el 7 de julio de 1969.

En el Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid del 28 de diciembre de ese año se publica el Acuerdo del Pleno del 21 de diciembre en el que se aprueba la modificación de la Ordenanza Fiscal General de Gestión, Recaudación e Inspección. En el punto 5.2 quedan asentados los cambios de denominación de las calles a estos efectos.

La Disposición Transitoria establecía lo siguiente:
Las modificaciones del nombre de las calles incluidas en esta propuesta entrarán en vigor, en su caso, una vez se resuelvan los procesos judiciales que hubieran determinado la suspensión de los acuerdos de cambio de denominación de las calles.
A tal efecto, la situación jurídica relacionada con la denominación de los viales a que se refiere el párrafo anterior, se comunicará individualmente a los sujetos afectados, con indicación expresa, en su caso, de ambas denominaciones, a los efectos tributarios oportunos.
Asimismo, respecto de los mismos viales, en el Índice Fiscal de Calles se harán constar las dos denominaciones. [2]
En la tabla de Evolución histórica del callejero del Ayuntamiento de Madrid, la calle de Fortunata y Jacinta figurará dada de alta desde el 4 de mayo de 2017, misma fecha en que –como es lógico- se daba de baja la del General Orgaz.


Otra propuesta
El Administrador Civil del Estado, D. Luis P. Villameriel, propondrá en 2015 que Fortunata y Jacinta tuvieran representación en el barrio de Malasaña. Lo hará mediante correo electrónico dirigido al concejal socialista Antonio Miguel Carmona el 27 de diciembre de aquel año.

Escribirá Villameriel:
Querido Antonio Miguel: Como el Ayuntamiento de Madrid va a dejar sin nombre unas treinta calles y plazas, te propongo algunas ideas para dedicar estas calles vacantes a personas que se lo merecen (…) Plaza de Fortunata y Jacinta.- Dos hijas de Madrid maravillosas que tampoco tienen calle propia. Aquí te hago una propuesta concreta: la actual plaza de Juan Puyol, en tu barrio natal de Maravillas, podría pasar a ser la Plaza de Fortunata y Jacinta. Yo creo que es de justicia que tengan plaza en su ciudad y su barrio [3]

El señor Carmona así lo comunicó al Comisionado de la Memoria Histórica. Y a pesar de alegrarse D. Luis P. Villameriel de la colocación de la nueva placa, «compartiendo el callejero de la capital con otras chicas estupendas como La Cenicienta o como Dulcinea», el Comisionado parece no haber tenido en cuenta que se estaba condenando a las «dos hijas de Madrid maravillosas», invención de un republicano, a domiciliarse en zona representativa de historias antagónicas.

Conocidos estos datos, corresponde ahora intentar razonar y cuestionar la elección de esa zona para los personajes de la novela.


Razonamiento
Para llegar a la conclusión más acertada  primero debemos conocer la intención de Galdós al hacer referencia a las Micaelas y el Asilo de Guillermina Pacheco. Sin duda, el autor está rindiendo homenaje a figuras de la sociedad de entonces y las instituciones que fundaron. No lo hace por simple simpatía, sino porque en parte eran noticia en el momento en que escribe Fortunata y Jacinta (dos historias de casadas) o lo habían sido durante la época en que se ambienta la novela.

El estudio de personajes y localizaciones son fundamentales para razonar si la ubicación otorgada en el callejero es correcta o cuestionable, ya que, aun existiendo una parroquia cercana, la de Santa María Micaela y San Enrique, su nombre e historia difieren de las Micaelas citadas por Galdós.

La investigación se desarrolla a partir de las referencias aportadas en la novela y los hechos históricos verdaderos, apoyados por planos de ubicación y textos asociados. 


Realidad y ficción
Con este título comienza la relación existente entre los nombres reales atribuidos por el escritor a personajes y lugares ficticios, con las conexiones cronológicas e históricas existentes entre ellos.

Es aquí donde el escritor juega al despiste, sin poder asegurar que lo haga intencionadamente, aunque se evidencia un homenaje a damas benefactoras de su tiempo, encarnada una en el personaje de Guillermina Pacheco y las otras representadas en el asilo de esta y el de las Micaelas.


La época
Entre enero y diciembre de 1886 Benito Pérez Galdós escribirá las tres primeras partes de la novela. Acabará la cuarta parte en junio de 1887. El conjunto de la obra se desarrolla en época anterior, por consiguiente, el autor recrea zonas de la ciudad que aún están poco urbanizadas e incluso son inexistentes en algunos planos. Es el caso de los capítulos relacionados con Fortunata y su ingreso en las Micaelas.

Don José Fernández Montesinos (1968) sitúa el desarrollo de la historia de Fortunata y Jacinta entre la caída de la República y el comienzo de la Restauración, es decir, desde 1873 hasta 1876. [4]

Otro de los grandes estudiosos de la vida y obra de Galdós, D. Federico C. Sainz de Robles, añade más años al sumar los correspondientes a la biografía de los personajes y la propia ciudad:
El segundo de los valores de Fortunata y Jacinta es el de ser una reconstitución de singular encanto, mediante la cual pueden darse cuenta los lectores de una fauna de la vida madrileña de aquellos años-entre 1835 y 1875-(...) [5]

En el transcurso del tiempo que media entre la historia de la novela hasta la publicación de esta, el extrarradio de Madrid ha cambiado poco pero sí lo suficiente, ofreciéndonos puntos de referencia que nos acercan a la zona donde sitúa el Asilo de las Micaelas.

Galdós también nos sitúa en un momento de la época al decir en presente que la zona a estudiar es el sitio preferido por las órdenes nuevas.


Personas y lugares
Guillermina Pacheco - Ernestina Manuel de Villena
Para el personaje de Guillermina Pacheco, Galdós se inspira en doña Ernestina Manuel de Villena, fundadora del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón. Lo afirma el autor en sus tardías Memorias de un desmemoriado al referirse a los personajes de la novela:
El viaje de boda de Juanito Santa Cruz y su regreso a Madrid, así como la intriga del bárbaro Izquierdo, traficante de niños, hechos imaginarios, aunque parezcan reales. Lo verdaderamente auténtico y real es la figura de santa Guillermina Pacheco. Tan sólo me he tomado la licencia de variar el nombre. La santa dama fundadora se llamó en el siglo doña Ernestina.

Ernestina fallecerá el 27 de enero de 1886. Galdós enviará a la prensa argentina una crónica por su fallecimiento; llevará por título el de Santos modernos y fecha de 15 de febrero de 1886. Es extensa, ocupando once páginas en Cronicón (1886-1890), séptimo volumen de las Obras inéditas de Benito Pérez Galdós recopiladas por el periodista argentino Alberto Ghiraldo (Editorial Renacimiento, 1923).
(...) hace días ha muerto en Madrid una persona, a quien tengo por santa de veras, y no es broma. Esta persona es una señora de ilustre cuna llamada doña Ernestina Manuel de Villena, cuya vida relataré a grandes rasgos para que se vea que muchos figuran en las páginas del «Año Cristiano» con menos títulos que ella. (...) Quién sabe si la multiplicación de los panes y los peces sería un simple problema aritmético como el que ha realizado doña Ernestina levantando con ochavos un gran edificio y dando de comer a millares de hambrientos con recursos obtenidos por incomprensibles combinaciones financieras...



Esta dedicación de Ernestina Manuel de Villena a las obras de bien la aplica Galdós al personaje de Guillermina Pacheco, de quien dice en la Parte primera de la novela: Capítulo VII - I - Guillermina, virgen y fundadora.
La asociación benéfica a que pertenecía no se acomodaba al ánimo emprendedor de Guillermina, pues quería ella picar más alto, intentando cosas verdaderamente difíciles y tenidas por imposibles. Sus talentos de fundadora se revelaron entonces, asustando a todo aquel señorío que no sabía salir de ciertas rutinas. Algunas amigas suyas aseguraron que estaba loca, porque demencia era pensar en la fundación de un asilo para huerfanitos, y mayor locura dotarle de recursos permanentes. Pero la infatigable iniciadora no desmayaba, y el asilo fue hecho, sosteniéndose en los tres primeros años de su difícil existencia con parte de la renta que le quedaba a Guillermina y con los donativos de sus parientes ricos.

Si bien en ese mismo capítulo la propia Guillermina habla de su asilo de la calle Alburquerque, no podemos considerarlo referencia exacta, ya que en la parte II del mismo capítulo Galdós pondrá en la benefactora las siguientes palabas:
-Ad... hoc, sí señor -replicó Guillermina, acentuando las dos palabras latinas-. Pues está usted adelantado de noticias. ¿No sabe que tengo el terreno y los planos, y que ya me están haciendo el vaciado? ¿Sabe usted el sitio? Más abajo del que ocupan las Micaelas, esas que recogen y corrigen las mujeres pérdidas. El arquitecto y los delineantes me trabajan gratis. Ahora no pido sólo dinero, sino ladrillo recocho y pintón. Con que a ver...

¿Cuál es ese lugar que está más abajo del que ocupaban las Micaelas? ¿Dónde estaban ubicadas las Micaelas? Estas preguntas las responde el propio Galdós al desvelar que Guillermina no es otra que Ernestina Manuel de Villena.


Asilo de Guillermina Pacheco - Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón
Ernestina Manuel de Villena fundará el Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón en 1878. Estaba situado en el Paseo del Obelisco (actual calle del General Martínez Campos) y desde 1884 en un nuevo edificio del cruce de la calle Claudio Coello con Juan Bravo, derribado en 1973.

Lo situamos a media distancia entre el paseo de La Castellana y la iglesia de Chamberí únicamente como referencia, ya que no afecta a la situación de las Micaelas recreadas por Galdós.

Ubicación del Asilo de Huérfanos en el Plano Parcelario de 1877 y Cartografía Catastral de 2012
Paseo del Obelisco - Paseo del General Martínez Campos



Ubicación del Asilo de Huérfanos de la calle Claudio Coello sobre el plano de Facundo Cañada (1900)

En las siguientes imágenes podemos ver el asilo de la calle Claudio Coello y Juan Bravo antes, durante y después de su construcción.

El grabado Nº 1 corresponde al proyecto de fachada y el Nº 2 a las obras de construcción, dirigida por el marqués de Cubas, (circa 1882). Ambos grabados son del dibujante Noa y Vila es el grabador.

El grabado Nº 3 muestra la portada interior de la iglesia del asilo ya finalizadas las obras (no hay datos de dibujante y grabador).

El Nº 4 corresponde a una fotografía (autor desconocido) donde se aprecia el aspecto del edificio de la calle Claudio Coello en 1970, tres años antes del inicio de la demolición. [6]





Santa María Micaela del Santísimo Sacramento
Al citar a las Micaelas está haciendo un guiño a la fundadora de las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, doña María de la Soledad Micaela Agustina Antonia Bibiana Desmaissières y López de Dicastillo, Vizcondesa de Jorbalán (Santa María Micaela del Santísimo Sacramento o Madre Sacramento).

María Micaela había fallecido el 26 de agosto de 1865 y, por lo tanto, Galdós utiliza el nombre de la congregación si acaso como homenaje a esta otra dama benefactora, miembro de la nobleza y amiga personal de Isabel II.




Las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad
En 1884 se publicará La Vizcondesa de Jorbalán, memorias de la vida y obra de la santa madrileña escritas por Vicente de la Fuente. En la página 31, Capítulo IV  de la Parte primera, transcribirá lo escrito por esta en 1845:
Busqué una casa, y no la hallaba para este objeto, pues no me la querían arrendar, al saber para lo que era. Hallé una en la calle de los Dos Amigos, número 8, que hacía años estaba cerrada, y era de las Arrepentidas.

Por este motivo, las Adoratrices serán conocidas también como Arrepentidas o las Micaelas, haciendo alusión al  edificio y el nombre de la fundadora.

Según de la Fuente, la fundación de congregación de las Adoratrices pudo haberse hecho efectiva hacia 1850, si bien la benéfica aventura había ido tomando forma diez años atrás en el hospital de San Juan de Dios. La aprobación del Gobierno llegará el 2 de agosto de 1856:
La Reina (q. D . g.) ha visto con particular agrado la exposición de V. S. fecha 8 de Julio último, en la que, dando una prueba de sus caritativos sentimientos en favor de las jóvenes que, extraviadas por el vicio , desean volver al camino de la virtud, solicita se le autorice para poder establecer en varias provincias Casas-colegios para recoger y educar dichas jóvenes, á imitación de la que, con tanto celo como acierto, ha fundado V. S. en esta Corte; y deseando S. M. no poner ningún obstáculo á la realización de un pensamiento, que tan provechosos resultados ha de ocasionar á la moral pública, se ha servido conceder á V. S. autorización, para que, en unión y de acuerdo con otras personas igualmente piadosas y caritativas de dentro y fuera de esta Corte , proceda á los trabajos preparatorios para el establecimiento de estas Casas-colegios en los puntos que considere á propósito (...)

En la página 141, Capítulo XIX de la Parte segunda, Vicente de la Fuente cuenta como establece el Colegio de Desamparadas en 1849 en la calle de los Jardines:
Por siete reales diarios alquiló un cuarto modesto en la calle de Jardines, cerca de la casa de sus hermanos, con los que vivía en la calle del Caballero de Gracia, núm. 33, lo que le permitía visitarlas con frecuencia y vigilarlas, á lo que contribuían las señoras de Gavina, que vivían enfrente.

Entre este domicilio de la calle de Jardines, 14, y el siguiente, que será en la calle de Atocha, 74, existe un breve periodo de tiempo en el que se instalará en la calle Don Pedro, 1.
Al mes de haber salido las religiosas iba yo todos los días al Colegio desde muy temprano, y me avisan que había tres señores que me querían hablar. Eran el Sr. de Mora, el Sr. de Ruiz y otro que no recuerdo , que me llevaban un oficio de la Junta Provincial de Beneficencia, dándome la casa de la calle de Atocha, número 74 , justamente cuando cumplía el año que tenía la de la calle de Don Pedro.

A tenor de una noticia publicada en La Unión del viernes 16 de abril de 1886 [Año V – Núm. 1289], fecha más cercana a la publicación de la novela, la congregación de las Micaelas se encontraba «en la calle del Duque de Osuna, 5».

En su libro Las calles de Madrid (1889), Hilario Peñasco y Carlos Cambronero indican que la congregación ocupa el edificio de esa calle después de 1868, al ser desalojados de allí los Padres misioneros de san Vicente de Paul. Según indican, el traslado se realizó en el año de 1872.

En la primera edición de Las calles de Madrid, de Pedro de Répide (1971), se repite lo dicho por Peñasco y Cambronero con el añadido de «donde permanecen».

Ubicación de las Adoratrices en el Plano Parcelario de 1877 y Cartografía Catastral de 2012

En 1868 se anuncia que el marqués de Salamanca tenía la intención de construir  a las Adoratrices una nueva casa en su barrio.


Esta noticia puede llevar a confusión, ya que tanto el Asilo de Huérfanos como las Adoratrices tuvieron locales en la calle de Atocha; el del Asilo fue utilizado por la congregación como taller de imprenta en 1881, hasta que en 1885 se montó uno mayor en el entonces nuevo edificio de la calle Claudio Coello.




Lo más probable es que la noticia se refiera al Asilo de Huérfanos, ya que este se construirá a escasos metros de la famosa "calle de la ese" (después calle Martínez de la Rosa), donde el marqués de Salamanca había levantado unos hotelitos, algunos de dudosa reputación.


Las supuestas Micelas
Congregación de Reparadoras o Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús
Desde el punto de vista histórico, esta Congregación había sido fundada por Rafaela María Porras y Ayllón en 1877, año que coincide con su instalación en la finca de Santa Engracia, número 56, donde ella y su hermana Dolores comenzarán la labor educativa, reparadora y de retiro espiritual.

Nace con el nombre de Reparadoras del Sagrado Corazón de Jesús y en 1887 adquiere el de Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús como nueva congregación aprobada por la de Obispos y Reguladores y la recomendación del Papa León XIII. Curiosamente, estas religiosas se trasladarán al paseo del Obelisco en la década de los 80 del siglo XIX.

Es probable que a Galdós le interesase homenajear a Rafaela a través de ese punto geográfico, ya que la fundación de la Congregación tuvo una historia muy particular. [7]

Entre 1926 y 1938 Herbert Thurston preparará la edición revisada de Vida de los Santos, obra de Alban Butler publicada en cuatro volúmenes entre 1756 y 1759 con la hagiografía de 1486 santos. En la nueva edición figura la historia de la Congregación y su fundadora, Rafaela María Porras y Ayllón (Santa Rafaela María del Sagrado Corazón, virgen y fundadora).

Cuenta Thurston que Rafaela y Dolores ingresaron en la hermandad de religiosas Reparadoras del Corazón de María de Córdoba a expensas del Padre Antonio Ortiz Urruela en 1875. Por desavenencias con los clérigos de entonces, sin interés para esta investigación, Rafaela y otras cinco hermanas se fugaron del convento. Por la noche abandonaron Córdoba y se encontraron en Andújar con Ortiz Urruela, quien les había encontrado hospedaje. Aquello ocasionó gran revuelo, interviniendo las autoridades civiles y el obispo.

Antes de que el P. Ortiz Urruela fuese suspendido ya estaba en Madrid buscando una solución para las hermanas fugadas. Y la encontró, aunque al poco falleció de forma repentina; entonces el jesuita P. Costanilla se hizo cargo de la situación consiguiendo que las autoridades eclesiásticas permitieran el establecimiento de las religiosas en Madrid. Después de varias dificultades, el 14 de abril de 1877 quedará fundada la Congregación de las Reparadoras o Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús.

Posiblemente esta historia de fuga, exilio y triunfo llamase la atención a Galdós. Y más tarde, mucho después de publicada Fortunata y Jacinta, también mostrase interés por la vida de la hermana Rafaela y sus circunstancias; la religiosa se retirará de la Congregación en 1894 acusada de "loca" por sus compañeras monjas, y entre ellas su propia hermana.

Locura, tema por el que don Benito muestra gran interés, representándolo con diferentes tipos de enajenaciones que los personajes sufren en muchas de sus obras.

Rafaela Porrás y Ayllón fallecerá el día de la Epifanía de 1925; cinco años y dos días despues que el escritor canario.

Por último, como vaga hipótesis, hemos de mencionar a la Congregación fundada por María Ana Mogas Fontcuberta, presente en Madrid desde 1865; primero en Cimpozuelos, luego en la calle Juanelo, después en Fuencarral y, finalmente,  en la calle Santa Engracia.


Congregación de Hermanas Franciscanas Misioneras del Divino Pastor
El pequeño edificio de Santa Engracia, 56 (actual 140) aparece en los planos de época como una huerta importante, posiblemente construida antes de 1868, año en que la adquiere la señora Carmen Tacón, primero como vivienda y en 1877 como colegio de Religiosas Reparadoras del Sagrado Corazón hasta 1879. En 1882 se vende a los hermanos de las Escuelas Cristianas (La Salle) para residencia y colegio de niños. [8]

Será adquirido en 1888 por Concepción Dolcet, sucesora de María Ana, donde se continuará la labor educativa. En 1904 conseguirá la aprobación definitiva como centro de enseñanza para niñas de todas las clases sociales.

Desde entonces y hasta la actualidad el Colegio Divina Pastora crecerá, haciéndose con aquel amplio terreno el complejo educativo y religioso que conocemos.

Con este último dato histórico quedan ilustradas las tres referencias que Galdós hace cuando habla de Guillermina Pacheco y las Micaelas. Todas ellas nos orientan geográficamente y nos muestran la intención del escritor.


La zona
Don Federico C. Sainz de Robles dibuja un mapa casi exacto de los límites geográficos:
En realidad, los escenarios de la grandiosa Fortunata y Jacinta son... todo Madrid. Desde los Depósitos del Lozoya, en el paseo de Santa Engracia, hasta la Inclusa; desde el puente de Segovia, hasta las Ventas del Espíritu Santo (...) [9]

Estas cotas marcadas a grandes rasgos por Sainz de Robles quedan más definidas en el Capítulo V - Las Micaelas por fuera, donde Galdós traza un mapa más cercano y nos cuenta cómo era la casa de las Micaelas, edificio que será punto de referencia en este estudio:
La planicie de Chamberí, desde los Pozos y Santa Bárbara hasta más allá de Cuatro Caminos, es el sitio preferido de las órdenes nuevas. Allí hemos visto levantarse el asilo de Guillermina Pacheco, la mujer constante y extraordinaria, y allí también la casa de las Micaelas. (…) El caserón que llamamos Las Micaelas estaba situado más arriba del de Guillermina, allá donde las rarificaciones de la población aumentan en términos de que es mucho más extenso el suelo baldío que el edificado. Por algunos huecos del caserío se ven horizontes esteparios y luminosos, tapias de cementerios coronadas de cipreses, esbeltas chimeneas de fábricas como palmeras sin ramas, grandes extensiones de terreno mal sembrado para pasto de las burras de leche y de las cabras. Las casas son bajas, como las de los pueblos, y hay algunas de corredor con habitaciones numeradas, cuyas puertas se ven por la medianería. El edificio de las Micaelas había sido una casa particular, a la que se agregó un ala interior costeando dos lados de la huerta en forma de medio claustro, y a la sazón se le estaba añadiendo por el lado opuesto la iglesia, que era amplia y del estilo de moda, ladrillo sin revoco modelado a lo mudéjar y cabos de cantería de Novelda labrada en ojival constructivo. Como la iglesia estaba aún a medio hacer, el culto se celebraba en la capilla provisional, que era una gran crujía baja, a la izquierda de la puerta.

Al referirse a la planicie de Chamberí hasta más allá de Cuatro Caminos, acotándola entre los Pozos de nieve (Bilbao) y Santa Bárbara (Alonso Martínez), Galdós pinta el paisaje del norte de Madrid, del ensanche aun poco poblado; sin embargo, no parece situarnos mucho más arriba del antiguo depósito de agua o del que estaba en construcción, ni tan siquiera más al norte de la glorieta de los Cuatro Caminos.

En el Capítulo VI - IV - Las Micaelas por dentro, aparecen nuevas referencias de situación:
Desde el corredor alto se veía parte del Campo de Guardias, el Depósito de aguas del Lozoya, el cementerio de San Martín y el caserío de Cuatro Caminos, y detrás de esto los tonos severos del paisaje de la Moncloa y el admirable horizonte que parece el mar, líneas ligeramente onduladas, en cuya aparente inquietud parece balancearse, como la vela de un barco, la torre de Aravaca o de Húmera.
Parecía que los albañiles, al poner cada hilada, no construían, sino que borraban. De abajo arriba, el panorama iba desapareciendo como un mundo que se anega. Hundiéronse las casas del paseo de Santa Engracia, el Depósito de aguas, después el cementerio. Cuando los ladrillos rozaban ya la bellísima línea del horizonte, aún sobresalían las lejanas torres de Húmera y las puntas de los cipreses del Campo Santo.

Existe una referencia que sitúa a las Micaelas hacia el noreste según la ubicación de edificios religiosos en los planos de la época. La encontramos en el Capítulo IV - VIII - Nicolás y Juan Pablo Rubín.-Propónense nuevas artes y medios de redención, donde los personajes parecen estar más cerca de Cuatro Caminos al referirse al alto que hacen en los depósitos de agua, ubicando las Micaelas hacia el lado del Oriente.

Habían pasado por junto a los cementerios del Norte, luego hicieron alto en los depósitos de agua; la samaritana se sentó en un sillar y se quitó la bota. Maximiliano le hizo notar lo bien que lucía desde allí el apretado caserío de Madrid con tanta cúpula y detrás un horizonte inmenso que parecía la mar. Después le señaló hacia el lado del Oriente una mole de ladrillo rojo, parte en construcción, y le dijo que aquel era el convento de las Micaelas donde ella iba a entrar. Pareciéronle a Fortunata bonitos el edificio y su situación, expresando el deseo de entrar pronto, aquel mismo día si era posible.

Con estos datos podemos interpretar que Galdós convierte al verdadero Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón en el que denomina Asilo de Guillermina Pacheco. Sitúa entonces a las Micaelas más al norte, en la zona delimitada por el cuadro A del siguiente plano.


He utilizado como mapa de ubicación un fragmento del Plano Industrial y Comercial de Juan Calvet (1883), donde se identifican algunos edificios por su nombre. Para el cuadro A, utilizo el Parcelario de Ibáñez de Ibero (1879), donde puede apreciarse en detalle la supuesta situación de las Micaelas recreadas por don Benito.

El cuadro A nos situa más al norte por Santa Engracia, pasada la calle de Ríos Rosas, donde encontramos una finca que, para época un poco posterior a la que se desarrolla la novela, ocupará la Congregación de Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, también conocidas como Reparadoras del Sagrado Corazón o Esclavas del Sagrado Corazón (1877-1879).

Como hemos comentado, la propiedad pasará a las Hermanas Franciscanas Misioneras del Divino Pastor (Asilo de la Divina Pastora), Congregación que estaba en el pueblo de Fuencarral. Si bien habían abierto un pequeño asilo en la calle Juanelo, con un traslado posterior a la de Sagunto, no será hasta 1888 que se instalen en la calle Santa Engracia, donde se formará el terreno conocido como Campo de las Pastoras.

Su ubicación en Fuencarral es visible en el plano de Facundo Cañada (1900), resultando muy alejada de los puntos de referencia indicados en la novela; por lo tanto, cronológicamente debemos descartar la posibilidad de que se refiera al Colegio o Asilo de la Divina Pastora.




Otra referencia podría situar a las Micaelas en el propio Almacén general de la Villa, comenzado a construir en el lado derecho del paseo de Santa Engracia en noviembre de 1868 y finalizadas las obras en 1871. En dos de sus estancias funcionó la Escuela Pública de Chamberí.
El Ayuntamiento acordará en 1888 destinarlo, además, a depósito de los elementos de limpieza municipal que hasta entonces se guardaban en un corral de la calle Beneficencia.

El almacén lindaba al sur con la noria que sí cita el escritor, sin hacer referencia a que era la de la Villa. Prescinde de muchos detalles reales, quizá como parte de ese intencionado juego de despiste.
Por el Sur la huerta lindaba con la medianería de una fábrica de tintas de imprimir, y por el Este con la tejavana perteneciente al inmediato taller de cantería, donde se trabajaba mucho. Así como los ojos de Maximiliano miraban con inexplicable simpatía el disco de la noria, su oído estaba preso, por decirlo así, en la continua y siempre igual música de los canteros, tallando con sus escoplos la dura berroqueña. Creeríase que grababan en lápidas inmortales la leyenda que el corazón de un inconsolable poeta les iba dictando letra por letra. Detrás de esta tocata reinaba el augusto silencio del campo, como la inmensidad del cielo detrás de un grupo de estrellas. (...)

Esta hipótesis, asociada al Almacén o la Escuela Pública de Chamberí, se basa en el siguiente fragmento del plano de Juan Calvet (1883) donde se localizan el tejar, el taller de cantería y la noria; sin embargo no hay referencias a la fábrica de tintas de imprimir.



En el Capítulo VI - IV - Las Micaelas por dentro, Galdós habla de los ruidos que llegaban hasta las Micaelas. Los provenientes del taller de cantería coinciden en cercanía con el Almacén de la Villa; pero la referencia al Tío Vivo que estaban junto al Depósito de aguas más el bullicio de la gente en los merenderos de Cuatro Caminos y Tetuán nos sitúan hacia el norte, en la zona delimitada en el cuadro A.

Pero si ya no se veía nada, se oía, pues el tiqui tiqui del taller de canteros parecía formar parte de la atmósfera que rodeaba el convento. Era ya un fenómeno familiar, y los domingos, cuando cesaba, la falta de aquella música era para todas las habitantes de la casa la mejor apreciación de día de fiesta. Los domingos, empezaba a oírse desde las dos el tambor que ameniza el Tío Vivo y balancines que están junto al Depósito de aguas. Este bullicio y el de la muchedumbre que concurre a los merenderos de los Cuatro Caminos y de Tetuán, duraba hasta muy entrada la noche.

Esta referencia de ubicación podemos verla con mayor detalle en los siguientes planos, fragmento el primero del parcelario de Ibáñez de Íbero (1879) y el segundo una comparativa superpuesta de este con la cartografía catastral actual.


 


Veamos a continuación todas las conexiones posibles que nos llevan a la conclusión más acertada, siempre siguiendo los datos que ofrece Galdós en la novela.


Conexiones
La maestría de D. Benito Pérez Galdós permite concluir con la siguiente relación entre personajes y lugares que conforman las conexiones históricas y cronológicas:
  • Guillermina Pacheco encarna a Ernestina Manuel de Villena.
  • El Asilo de Guillermina Pacheco es, por ubicación, el de los Huérfanos del Sagrado Corazón.
  • El Asilo de las Micaelas hace referencia a las Adoratrices Esclavas del Santísimo Sacramento y de la Caridad, fundado por doña María de la Soledad Micaela Agustina Antonia Bibiana Desmaissières y López de Dicastillo, Vizcondesa de Jorbalán (Santa María Micaela del Santísimo Sacramento o Madre Sacramento).
  • Que las Micaelas estuviesen en construcción hace referencia, cronológicamente, al Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón, rindiendo así doble homenaje a Ernestina Manuel de Villena.
  •  Los datos ofrecidos por Galdós sobre la ubicación de las Micaelas nos acercan al Colegio o Asilo de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, rindiendo homenaje a Rafaela María Porras y Ayllón. 

Llegados a este punto, podemos asegurar que el Asilo de las Micaelas recreado en Fortunata y Jacinta es el Colegio o Asilo de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús, cercano a la glorieta de Cuatro Caminos, pero bastante alejado de la avenida del General Perón y, por consiguiente, de la calle en cuestión.

Esta afirmación es ratificada por el historiador Juan Carlos González Morales, quien siempre ha considerado que el Asilo de las Micaelas estuvo hipotéticamente pasado los depósitos de agua.


La zona donde está la calle Fortunata y Jacinta
Conocidos los puntos de referencia ofrecidos por Galdós, nos ocupamos ahora de la zona elegida por el Ayuntamiento para la denominación de la calle.

Nos situamos en el llamado barrio de San Amaro, delimitado por las calles Raimundo Fernández Villaverde, Bravo Murillo, Sor Ángela de la Cruz y Paseo de La Castellana (en otros tiempos avenida del Generalísimo).

En el Tomo IV de la enciclopedia Madrid (Espasa-Calpe, 1980), D. Manuel García Gallardo realiza un estudio pormenorizado del barrio, indicando que en el nomenclátor municipal equivale a esta demarcación el barrio de Cuatro Caminos (dentro del distrito de Tetuán) de acuerdo con la nueva división territorial acordada por el Ayuntamiento en el año 1968, que cobró plena efectividad a partir del 1 de enero de 1971. Sin embargo, nuestros límites desbordan por el norte el barrio de Cuatro Caminos, e incorporan la mitad inferior del barrio de Castillejos. [10]




La zona fue tomando forma a mediados del siglo XIX. Con el asentamiento de gente procedente del mundo rural en la entonces llamada carretera de Francia (actual Bravo Murillo), se ocuparán terrenos más allá del ensanche. A principios del siglo XX ya estaba bastante poblado; sin embargo, la zona donde se ubica la calle continuaba siendo terreno baldío.

Es evidente que nos encontramos en lugar poco poblado en tiempos de Benito Pérez Galdós, su novela y la época en que está ambientada. Cercana al tejar de Patolas, convertido después en un barrio lumpen, poco más existía en la zona; si acaso, las primeras casas construidas sobre el margen derecho de Bravo Murillo con la glorieta de Cuatro Caminos.

El Plano de Madrid y su término municipal, de Núñez Granés, nos ofrece una visión de los núcleos poblacionales existentes en 1910; más abigarrados entorno a la glorieta y dispersos hacia el norte, este y oeste, con un vacío importante donde hoy tienen calle las dos casadas, indicado con un círculo.




El espacio que media entre la calle Infanta Mercedes y la de Orense, desde la avenida del General Perón y hacia el Norte, es posterior a la Guerra Civil y de promoción del Ministerio de la Vivienda de entonces, enmarcado en el Plan General de Ordenación Urbana de Madrid.

Por decreto de 25 de marzo de 1949 se disponía proceder con urgencia a la expropiación forzosa de terrenos prevista en Ley de 7 de octubre de 1939. Expropiación, obras de apertura y urbanización de la avenida fueron llevadas a cabo por el Ayuntamiento.

En el siguiente cuadro vemos la evolución histórica de la zona a partir de planos y fotografías aéreas correspondientes al geoportal cartográfico HISDI-MAD (CCHS-CSIC).




Buenas intenciones
Parroquia de Santa María Micaela
Situar a Fortunata y Jacinta cercanas a la Parroquia de Santa María Micaela y San Enrique [11], fundada en 1941 durante el régimen franquista, difiere mucho de los hechos históricos asociados a esta obra de Galdós.



Puede tratarse de una buena intención por parte del Ayuntamiento al asociar el nombre de la santa con los personajes, mas no existe vínculo geográfico alguno con los datos aportados por el novelista, aunque este cite al barrio de Cuatro Caminos, del distrito de Tetuán.

La Parroquia está ubicada en la calle San Germán, 23 (Plaza de San Amaro), de acceso por la avenida Presidente Carmona, que es perpendicular a la calle de Fortunata y Jacinta.

A pesar del cambio de nombres de las calles, que también ha afectado a la de la parroquia, en la Guía Diocesana de la Archidiócesis de Madrid su domicilio continúa figurando como Calle General Yagüe, 23.

Confiemos en que realicen el cambio, ya que el Juzgado de lo Contencioso Administrativo Nº 14 ha fallado contra la Hermandad de Antiguos Caballeros Legionarios, que había recurrido por indebida aplicación de la Ley de Memoria Histórica. Por sentencia del 15 de junio de 2018, el magistrado Alfonso Villlagómez Cebrían da la razón al Ayuntamiento y la calle del General Yagüe pasa a llamarse de San Germán. [12]

NOTA:
La iglesia de Santa María Micaela se encuentra en Guadalajara; edificio mandado construir por
María Diega Desmaissières, duquesa de Sevillano y condesa de la Vega del Pozo, sobrina de la santa. Forma parte de un conjunto monumental, junto al colegio Niña María Adoratrices y
el Panteón familiar; obra del arquitecto Ricardo Velázquez Bosco. [13]



Conclusión
Galdós pone el nombre de las Micaelas (Adoratrices) al Colegio o Asilo de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús y nos lo presenta en construcción, pero era el Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón el que se encontraba en ese estado. Cuando finaliza Fortunata y Jacinta (dos historias de casadas), este  último asilo ya está acabado, mas, cronológicamente, en la época que se desarrolla la novela se ubicaba en el Paseo del Obelisco.

En tal caso, el autor se toma las licencias necesarias para cumplir su cometido, que no es otro que el de rendir homenaje a Ernestina Manuel de Villena, a María de la Soledad Micaela Desmaissières y López de Dicastillo y a Rafaela María Porras y Ayllón; damas religiosas dedicadas a la beneficencia y encarnada la primera en Guillermina Pacheco.

La cercanía con la iglesia de Chamberí, el paseo de Santa Engracia y las vistas que desde allí se divisaban, nos permite concluir que el imaginario Asilo de Guillermina Pacheco estaba en Chamberí y corresponde al primitivo emplazamiento del Asilo de Huérfanos del Sagrado Corazón.

Por otra parte, la ubicación del Asilo de las Micaelas, cercano a los depósitos de agua, una noria y el taller de cantería, lo sitúan cercano a Cuatro Caminos y Tetuán, en el Colegio o Asilo de las Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús. Recordemos que las verdaderas Micaelas estaban desde aproximadamente 1872 en el barrio de Palacio, del distrito Centro.

Dicho esto, y razonadas todas las posibilidades, la conclusión no puede ser otra que la expresada en este trabajo: la denominación de la calle Fortunata y Jacinta en su actual ubicación no es representativa de la obra de Galdós.

No lo es por la zona, casi deshabitada en esos tiempos; tampoco por su cercanía con la parroquia de Santa María Micaela y San Enrique, cuyo nombre y advocación se alejan de las conocidas Micaelas, y mucho menos por la antigüedad de la barriada, construida durante el régimen de Franco.




El plano que acaban de ver es muestra suficiente para ratificar todo lo dicho; en él puede apreciarse la distancia que media entre las Micaelas de Galdós (círculo amarillo) y la buena pero errada intención de los responsables del cambio, representada en la L acostada de color azul.

Si el Ayuntamiento ha aplicado un razonamiento distinto, buscando otras conexiones que avalen la designación de la calle Fortunata y Jacinta en zona tan apartada, tendremos que aceptarla. Mientras tanto, y suponiendo que hayan consultado a los cronistas de la villa antes de tomar la decisión, queda abierto al debate este razonamiento y sus conclusiones; no con la intención de echar atrás la modificación realizada por el Ayuntamiento, pero sí para que se cuiden al extremo los cambios de denominación de ciertas calles, fundamentalmente aquellas dedicadas a la obra de D. Benito Pérez Galdós, que es de nuestro interés.

Espero y deseo que el presente trabajo sirva para esa intención y haya ilustrado al lector, tanto en la historia de espacios de nuestra ciudad como en los recursos aplicados por Galdós para simbolizar tanto en un breve mapa de ubicación.


Eduardo Valero García



Bibliografía y Cibergrafía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

Fortunata y Jacinta (dos historias de casadas). Los textos citados en este trabajo fueron extraidos de la edición digital basada en la edición de Madrid, Imprenta de La Guirnalda, 1887. Disponible en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes  http://www.cervantesvirtual.com/nd/ark:/59851/bmcgq6v4


[1] PNL-130/2016 RGEP.5740. DIARIO DE SESIONES DE LA ASAMBLEA DE MADRID / NÚM. 247 / 20 DE JUNIO DE 2016 (14333-14342 ) Depósito legal: M. 19.464-1983 - ISSN 1131-7051

[2] VILLAMERIEL, Luis P. La calle de Fortunata y Jacinta. Administración Digital [Consultado el 2 de junio de 2018] Disponible en: http://administraciondigital.es/index.php?option=com_content&view=article&id=3534:la-calle-de-fortunata-y-jacinta&catid=14:opinion

[3] Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid D. L.: M. 19.462-1983 ISSN 1989-4791 [Consultado el 2 de junio de 2018] Disponible en: https://www.bocm.es/boletin/CM_Orden_BOCM/2017/12/28/BOCM-20171228-32.PDF

[4] Montesinos, José F. (1969) Estudios sobre la novela española del siglo XIX. Galdós II. Madrid: Editorial Castalia, p. 206

[5] Sainz de Robles, Federico C. (1970) Pérez Galdós. Vida, obra y época. Madrid: Vassallo de Mumbert, p. 178

[6] De la fotografía: Gómez Gómez, Luis (2011) Memoria histórica de los Corazonistas de Claudio Coello y Alfonso XIII [Consultado el 2 de junio de 2018] Disponible en: https://loscorazonistas.blogspot.com

[7]  El Testigo Fiel. Vidas de los santos de A. Butler, Herbert Thurston, SI [Consultado el 10 de junio de 2018] Disponible en: http://www.eltestigofiel.org/index.php?idu=sn_79

[8] Boletín Oficial de la Comunidad de Madrid. Informe para la Inclusión de Bienes Culturales de la Comunidad de Madrid al Colegio Divina Pastora. D. L.: M. 19.462-1983 ISSN 1989-4791 [Consultado el 2 de junio de 2018] Disponible en: http://www.bocm.es/boletin/CM_Orden_BOCM/2011/04/08/BOCM-20110408-42.PDF

[9] Sainz de Robles, Federico C. (1970) Pérez Galdós. Vida, obra y época. Madrid: Vassallo de Mumbert, p. 178.

[10] García Gallardo, Manuel. San Amaro. Madrid. 3ª edición. Tomo IV. Madrid. Espasa-Calpe, 1980, pp., 1481-1500

[11] Parroquia de Santa María Micaela y San Enrique. Historia del Templo [Consultado el 2 de junio de 2018] Disponible en: http://www.smmyse.org.es/templo

[12] elPeriódico (2018). Un juez avala el cambio de nombre de Millán Astray, General Yagüe y General García Escámez. Disponible: https://www.elperiodico.com/es/madrid/20180618/juez-avala-cambio-nombre-millan-astray-general-yague-general-garcia-escamez-6884458 [Consultado el 25 de julio 2018].

[13] Parroquia de Santa María Micaela. Historia [Consultado el 10 de julio de 2018] Disponible en: https://parroquiammicaela.jimdo.com/nuestra-historia/

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En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2018) "Fortunata y Jacinta. Sin placa, pero con calle", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325


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© 2018 Eduardo Valero García - HUM 018-003 MADGALDOS
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