Mostrando entradas con la etiqueta PERSONAJES. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PERSONAJES. Mostrar todas las entradas

martes, 7 de octubre de 2025

Las cigarreras de la Fábrica de Tabacos de Madrid y su asociación con el lesbianismo. Contestación a un "divulgador".

ENSAYO RESPONDÓN

Introducción
El 28 de mayo de 2017 publicamos un artículo en homenaje a Valentina Alonso de Espinosa (“tía Viva”), la cigarrera más vieja de la Fábrica de Tabacos de Madrid en 1930. Su descarnada historia de vida representaba al común de las cigarreras; mujeres aguerridas, luchadoras, tipo popular madrileño de las que Don Benito Pérez Galdós había escrito: “… alegría del pueblo y espanto de la autoridad”.

Y así fue desde el siglo XIX hasta bien entrado el XX, como modelo de la lucha obrera y de asociación solidaria y combativa. Pretender ahora separarlas por identidad de género, como pregonan en un vídeo, no es más que un esnobismo.


Por Gonzalo Bilbao Martínez - Fotografía propia, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=74909004

La utilización de estas mujeres trabajadoras, minimizando su realidad para fabular desde una mirada arcaica, poco se acerca a lo que en su beneficio se reconocía en otros tiempos. Valga el siguiente texto para ilustrar el espíritu de las cigarreras más allá de los estereotipos.

«A las cigarreras se les llama alborotadoras y rebeldes; se las parodia o se las pone en solfa para los efectos del teatro; se las considera un poco a lo frívolo y a lo pintoresco, siendo como son acaso la única colectividad que tiene el corazón en su sitio. […] ¡Benditas sean! Su adorable espontaneidad representa, más que un consuelo, una esperanza. Saber que unos millares de mujeres del pueblo se preocupan de los afanes renovadores del país, y en vez de perder el tiempo en cuchicheos tradicionales, emplean el que les deja libre su trabajo en llevar al ánimo de los presos la alegría de la calle y en alentar los modernos anhelos penitenciarios es esperar con cierta confianza en el auxilio de las colectividades populares, el día de mañana. Las mujeres lo pueden todo, como elemento de impugnación social. Y delante de esos ejércitos posibles empiezan a marchar ya las cigarreras. Ni el sainete ni la tonadilla; el amor a la justicia y a la libertad. ¡Benditas sean!». El Liberal. «Run-Run». Madrid, 9 de octubre de 1929. 




Motivo de este trabajo 
Circula por las redes el vídeo de un divulgador de contenidos hablando de las cigarreras madrileñas como el sumun del safismo en la Fábrica de Tabacos, y la cercanía de esta con una taberna ya desaparecida (según autores a los que parafrasea), en la que dice se reunía el lesbianismo tabacalero. 

Contestación 
La contestación al contenido no se basa en la opinión del autor/editor de esta publicación seriada, sino en el exhaustivo estudio y trabajo de investigación necesarios para confirmar o rebatir, como lo hice para desmontar la denigrante leyenda que atribuía el adjetivo malsonante “gilipollas” a las hijas de Gil Imón de la Mota.

Justamente por estos y otros trabajos, el doctor en Historia Juan Carlos González Morales me envió el vídeo donde se coloca a las cigarreras y el entorno de la fábrica como el epicentro del lesbianismo.

Transcribo la narración casi en su totalidad.


Rumores 
El divulgador, arqueólogo, escritor, youtuber y artista drag ꟷsegún reza en Wikipediaꟷ, con su verborragia facundia viene a asegurar lo siguiente en forma de pregunta:

“ꟷ ¿Sabías que en el siglo XIX había tantas lesbianas y bisexuales en la Tabacalera de Madrid que se llegó a rumorear que su orientación sexual era provocada por el polvo del tabaco?”

 Lo de “rumorear” parece indicar que estaba en boca de toda la villa y corte; sin embargo, ꟷafortunadamente lo citaꟷ, se basa en el libro La mala vida en Madrid (1901), de Constancio Bernaldo de Quirós y José María Llanas Aguilaniedo, reeditado por el Instituto de Estudios Altoaragoneses en 1997, con edición y notas de varios autores.


La mala vida en Madrid
En esencia, el libro es un estudio psicológico y de antropología criminal basado en la sociedad del siglo XIX, integrando un amplio abanico de personajes y sus patologías, sesudamente clasificadas, estudiadas y comparadas. El capítulo III está dedicado a la prostitución y dentro de este incluye la inversión sexual como forma homosexual de aquella. Al referirse a los “Polisexuales” incluye al Uranismo y el Tribadismo.


Recuerdo haber utilizado este libro en mis artículos sobre los barrios bajos madrileños y en la charla titulada ‘Ilustres golfos de Madrid’, impartida en la Biblioteca Regional de Madrid en noviembre de 2023, con motivo de la séptima edición de las Jornadas madrileñas de novela histórica.
Aquella charla fue amena y simpática, ofreciendo al público la visión más amable sobre unos golfos madrileños de vidas miserables que destacaron entre otros y fueron ilustres, muy a pesar de sus desequilibrios. Todo lo contrario hace el divulgador convirtiendo en anécdota la historia de un colectivo de mujeres que, en el conjunto del libro, son tratadas de enfermas mentales.

En el prólogo de la edición de 1997, José Manuel Reverte Coma, fundador del Laboratorio de Antropología Forense y el Museo Universitario de Antropología Forense y Criminalística, hacía esta síntesis de la parte que nos ocupa y que el divulgador sigue a pies juntillas:

«Dentro del complejo mundo de las desviaciones sexuales dedican un buen espacio al tribadismo o lesbianismo, del que encuentran casos frecuentes en la Fábrica de Tabaco y que atribuyen a la aspiración del polvillo de las hojas secas. Mencionan el caso de una taberna que había en Madrid especial para lesbianas y señalan los celos sáficos que con frecuencia padecen éstas…». (Reverte, 1997, p. XXVI)

Paupérrima investigación si el interés del vídeo está en resaltar la figura del lesbianismo en el proletariado, porque la mirada de los autores de La mala vida en Madrid corresponde a la de su tiempo, ajena al feminismo tal y como hoy lo entendemos.

Cigarreras saliendo de la fábrica. Madrid, 1931. Foto: Cámara


Generalizar
Al decir “tantas lesbianas y bisexuales en la Tabacalera de Madrid”, parece aglomerar al conjunto de trabajadores, que eran muchos y en diferentes secciones dentro de la fábrica. En definitiva, comete un error común: la generalización.

Veámoslo desde otro ángulo. 
En julio de 1909 el semanario satírico y anticlerical El Motín publicaba la columna titulada ‘Célibes forzosos’, crítica de los modos y enseñanza en colegios religiosos y conventos. Después de un profuso análisis de la educación laica y los vicios de la iglesia, exponía:

«… antes de la explosión de la pubertad, el hombre (y la mujer) son indiferentes a los amores hetero o homosexuales, y todo depende de la educación, principios, derroteros o sugestión que se dé a las inclinaciones naturales. Esto explica el desarrollo ingente de la inversión sexual en los colegios y conventos, y del tribadismo entre monjas y alumnos. De modo que los corruptores religiosos cuentan ya de antemano con esta complicidad inconsciente de la naturaleza, que luego utiliza y amplía hasta llegar al crimen su desbordada lujuria».

Ni tanto ni tan calvo. No todo ser es hetero u homosexual, aunque hoy pretendan despertar conciencias a través de “enseñanzas”, ni los colegios religiosos y conventos son y tampoco han sido un antro de lujuria. Lo mismo se pretende ahora con el gremio de las cigarreras, intentando generalizar sobre su sexualidad. Entonces, visto así, podemos preguntarnos: ¿Acaso ocurría lo mismo con las verduleras; las operarias de la fábrica de lámparas; las modistillas? ¿Quizás no, por ausencia de polvo de tabaco? ¿O sí, porque trabajaban juntas? ¿Alguna pudo ser lesbiana? ¡Pues claro!

Cigarreras madrileñas de 1931 en la Escuela de Capacitación Social.
Crónica (Año IV – Núm. 128. Madrid, 24 de abril de 1932.

Un estudio sociológico titulado ‘El contagio moral en el ambiente escolar’, de C. Berneri, publicado en La Revista Blanca, del 15 de junio de 1928, habla en estos términos de diversos contagios morales, entre ellos el onanismo y el tribadismo:

«El doctor Garnier afirma que basta que una pensionista esté instruida sobre el vicio del tribadismo para que, aproximándose a sus compañeras, abrazándolas y, sobre todo, durmiendo juntas, lo revele y lo comunique a otras. A otras, muy bien; pero ¿a muchas otras o sólo a las predispuestas? Ahí está el problema». (p. 10-15). 

En definitiva, para los autores de La Mala vida en Madrid y la comunidad médica de entonces, el safismo era una enfermedad, una “epidemia contagiosa”. 
Cuántas historias “queer” de otros siglos hubieran sido mejor ejemplo y no el de las cigarreras, interesadas ꟷcomo hemos vistoꟷ, a otras luchas sociales ajenas a su intimidad sexual.


La taberna lésbica
Después de presentarse y citar al portal de internet que solicitó su colaboración, el divulgador asegura:

“ꟷ Hace más de 130 años aquí estaba uno de los primeros bares lésbicos de Madrid. Bueno, la dirección exacta no la sé, pero sí que estaba al lado de la Tabacalera”.

Lo sabe porque lo citan Bernaldo de Quirós y Llanas al hablar del tribadismo en el capítulo dedicado a las formas de inversión sexual. Pero no investiga, añade de su propia cosecha que fue “uno de los primeros bares lésbicos de Madrid”. Este tipo de aseveraciones son frecuentes en contadores de historietas que desvirtúan la realidad histórica de nuestra ciudad.
Esto de “bares lésbicos” o “Taberna” volverá a citarlo más adelante en su discurso. 

Cita el libro como su fuente de consulta (más bien de lectura), parafraseando este texto:

“Cerca de la fábrica de Madrid hubo, hasta hace poco tiempo, cierta taberna a la cual, si su dueño hubiera conocido algunas otras figuras y pasajes mitológicos que los relativos a Baco, hubiera podido titular con esta advocación pagana: «A la isla de Lesbos»”. (p. 275-276) 

Nada dicen sobre la antigüedad de la taberna ni que haya sido una de las primeras.

Autores como Emilia Pardo Bazán, Benito Pérez Galdós y Pío Baroja, entre otros, visitaron lo más profundo de la sociedad madrileña: los barrios bajos, hábitat de las mayores miserias y el desamparo. Los escenarios y situaciones que describen en sus novelas difieren mucho del ambiente de diversión que el divulgador recrea en las supuestas cigarreras lesbianas, como si aquellas disfrutaran de unos chatos de morapio en la mismísima taberna de Antonio Sánchez.

Los barrios de las Injurias, las Cambroneras, las Peñuelas, y más allá la Perejilera; todos lugares insalubres, miserables, y en ellos la casa del Cabrero, la Tinaja, el caserón del Mellizo, las chozas de la Alhóndiga y la taberna del Manzaneque en el distrito de la Inclusa, donde convivían pobres y proletarios en comunión con ladrones, asesinos, prostitutas y todo lo más bajo de la humanidad.


Plano de Madrid, por José Palouzie (1895) Archivo de la Villa.

Pío Baroja, en La Busca, nos describe la fisonomía de las tabernas propias de los lugares citados; en este caso se refiere a la taberna de La Blasa:

«Cruzaron todos la vía y pasaron por delante de unas casas blancas hasta entrar en el barrio de las Injurias. Se acercaron a una casita baja con un zócalo oscuro; una puerta de cristales rotos, empañados, compuestos con tiras de papel, iluminados por una luz pálida, daba acceso a esta casa. En la opaca claridad de la vidriera se destacaba a veces la sombra de alguna persona. Abrió la puerta Leandro, y entraron todos. Un vaho caliente y cargado de humo les dio en la cara. Un quinqué de petróleo, colgado del techo, con pantalla blanca, iluminaba la taberna, pequeña y de techo bajo. Al entrar los cuatro, todos los concurrentes se les quedaron mirando con expresión de extrañeza; hablaron entre ellos y después siguieron unos jugando, otros viendo jugar».

Una taberna del Paseo de las Acacias.
Foto: Benítez-Casaux (1930)

Después hablará de la clientela que allí había:

«Al otro lado de donde estaban Roberto, Fanny, Leandro y Manuel, un corro de unos veinte hombres se amontonaban alrededor de una mesa jugando al cané. Cerca de ellos, acurrucadas en el suelo, junto a la estufa, recostadas en la pared, se veían unas cuantas mujeres feas, desgreñadas, vestidas con corpiños y faldas haraposas, sujetas a la cintura por cuerdas.
-¿Qué son estas mujeres? -preguntó la pintora.
-Son golfas viejas -contestó Leandro-, de esas que van al Botánico y a los desmontes.
Dos o tres de aquellas infelices llevaban en sus brazos niños de otras mujeres que iban a pasar allí la noche; algunas dormitaban con la colilla pegada en el extremo de la boca. Entre la fila de viejas había algunas chiquillas de trece a catorce años, monstruosas, deformes, con los ojos legañosos; una de ellas tenía la nariz carcomida completamente, y en su lugar, un agujero como una llaga; otra era hidrocéfala, con el cuello muy delgado, y parecía que al menor movimiento se le iba a caer la cabeza de los hombros».

En cuanto a los hombres, todos borrachos y pendencieros. 

El incendio de la Fábrica ocurrió en 1890, lo que quiere decir que el bar o taberna lésbico debía llevar un tiempo en funcionamiento y, muy probablemente, no tan cerca de allí.
En un momento del vídeo se sitúa en la calle Provisiones, 26 (Antiguo 16). ¿Intenta decir que allí pudo estar la taberna? ¿Quizás porque en la fachada del edificio hay una bandera LGTBIQ+?

Poco después aparece en la intersección de esta calle con la de Mesón de Paredes, donde dice lo de "la dirección exacta no la sé, pero sí que estaba al lado de la Tabacalera". Digamos que no estaba al lado, sino enfrente.

Por la calle de Embajadores existieron unas cuantas tabernas, pero aproximadamente desde la calle de la Huerta de Bayo hasta la plaza de Cascorro. Lo mismo ocurría en la calle Mesón de Paredes, desde Sombrerete hasta Duque de Alba. En la de Provisiones hubo alguna cercana a la calle del Amparo. 

Tengamos en cuenta que en casi todas las casas había una tahona o una taberna; en esta última, siguiendo las crónicas de la época, eran frecuentes las reyertas, robos y asesinatos. Parece que no era el mejor ambiente para el flirteo.

En Mala hierba, Pío Baroja nos dice: 

«De Casa Blanca, Ortiz y Manuel se dirigieron hacia las Peñuelas, y Ortiz echó un largo párrafo con el sereno. Después recorrieron algunas tabernas del barrio, en donde había gente, a pesar de tener las puertas cerradas».

Misteriosas tabernas estas, quizás revolucionarias, como los cafés, o más bien de malhechores y contrabandistas; de timba clandestina; dedicadas a la prostitución o utilizadas como fumaderos. De “invertidos sexuales” —por ir acorde con la visión de los autores de La mala vida en Madrid— seguro que las hubo, pero no como selecto club del lesbianismo.

En el amplio y variado Universo del Uranismo, enumerados concienzudamente según sus características físicas y mentales, citan en el número 13 de la lista a un tal “Concha”, de Madrid, quien había sido tabernero y después mozo de comedor. ¿Pudo regentar Concha una taberna lésbica? Quizás sí, aunque todo apunta a que no era pansexual.



Juntas y empolvadas
Un tanto melindre y en ocasiones gazmoño, el divulgador sigue con su relato: 

“ꟷ Estas fábricas y talleres solían estar separados entre hombres y mujeres, y uno de los centros más importantes era este, la Tabacalera, donde trabajaban más de 6000 mujeres. Y aunque sólo sea por estadística o por pasar mucho rato juntas, la fábrica de tabaco se convirtió en el Tinder sáfico de la época. De hecho, había tantas sáficas aquí que se empezó a rumorear que el lesbianismo era provocado por el polvillo desprendido al liar los cigarros. Así que ya sabes, no compres de liar, porque puede provocar lesbianismo”.

Hecha la gracia, lo que viene a decir es lo escrito por los citados autores:
 
“Estos medios homogéneos son muy variados: el colegio, el taller, etc. En las fábricas de tabacos abundan las parejas sáficas. Se ha aludido, para explicarlo, a otra nueva causa, a saber: la irritación producida por el polvillo desprendido del tabaco”. (p. 275) 

Esta aseveración sobre el polvillo del tabaco no está comprobada científicamente; por el contrario, sabemos lo nocivo que era y los muchos operarios que desarrollaron cáncer y otras afecciones pulmonares. ¿Le queda claro señor divulgador? 

Debemos asociarlo con el aristocrático rapé, ya casi en desuso, pero que a la reina Catalina de Medici le aliviaba el dolor de cabeza. 
En el capítulo XXXII de La Tribuna (1882), Emilia Pardo Bazán escribe: 

«No sabiendo qué hacer, quiso enseñar a Amparo cómo se fumaba, a lo cual ella se prestó con repugnancia, alegando que las cigarreras no fuman, que casualmente están «hartas de ver tabaco», y que este sólo era bueno para ponerse parches en las sienes cuando duele la cabeza». 
 
En la Marineda, nombre dado por doña Emilia a la ciudad en la que recrea la Fábrica de Tabacos de La Coruña, es posible que las cigarreras no fumasen; sin embargo, sus colegas madrileñas sí lo hacían, aunque no todas. Eso sí, esconder algún pitillo para el marido o amante lo hacían la mayoría en cada una de las fábricas españolas y del extranjero, a riesgo de ser pilladas.

Continúo con La Tribuna y retrocedo al capítulo X para recrear una escena en los talleres donde se confeccionaban los cigarros comunes y los cigarrillos.

«Entre el taller de cigarros comunes y el de cigarrillos, que estaba un piso más arriba, mediaba gran diferencia: podía decirse que este era a aquel lo que el Paraíso de Dante al Purgatorio. (…) Sentábanse las tres amigas juntas, no lejos de la ventana que daba al puerto. Al través de los sucios vidrios, barnizados de polvo de rapé, que se había ido depositando lentamente, y en cuyos ángulos trabajaban muy a su sabor las arañas, se divisaba la concha de la bahía, el cielo y la lejana costa. La zona luminosa de un rayo de sol, bullendo en átomos dorados, cortaba el ambiente, y el molino de la picadura acompañaba las conversaciones del taller con su acompasado y continuo tacatá, tacatá. Agitábanse las manos de las muchachas con vertiginosa rapidez: se veía un segundo revolotear el papel como blanca mariposa, luego aparecía enrollado y cilíndrico, brillaba la uña de hojalata rematando el bonete, y caía el pitillo en el tablero, sobre la pirámide de los hechos ya, como otro copo de nieve encima de una nevera».

Taller de cigarros en la Fábrica de Tabaco de Madrid.
Fotografía de Company (1898)

Taller de cigarrillos en la Fábrica de Tabaco de Madrid.
Fotografía de Company (1898)

Si alguien ꟷincluso el divulgadorꟷ pretendiera asociar los efectos del polvillo con las tres amigas sentadas juntas, les aconsejo leer la novela para no dejar volar tanto la imaginación.

Recuerdo un artículo titulado ‘La betunomanía’, publicado en El Debate (1922). Hacía referencia al placer experimentado por los usuarios de salones de lustre al respirar aquella atmósfera de betún que envolvía todo el recinto. Eso y la fricción del cepillo sobre los calcos provocaba cierto éxtasis que llevaba al parroquiano a hacer varias visitas al día.
Comentaba el articulista en tono humorístico: 

«(…) he observado que en determinados momentos un salón de limpiabotas tiene algo parecido a un fumadero de opio (…) uno llega a pensar que la crema Eclipse es una verdadera creadora de paraísos artificiales en este valle de lágrimas, semejante al opio, a la morfina o al hatchis (sic)… Y que el betún engendra placer».

Por la regla de tres que aplica el divulgador, todos los que nos lustramos los zapatos debemos ser unos faloperos. Y no va esto con sorna ni para hacer la gracia, sino para abrir un poco las mentes.


De un polvo al otro
Dicen que la expresión “echar un polvo” viene de la costumbre del hombre dieciochesco y decimonónico de inhalar rapé y apartarse a otra habitación con la intención de no molestar, aprovechando así la excusa para encuentros íntimos. Llamemos a esa habitación el típico salón para fumar, presente en el Palacio Real, el de Aranjuez y el Museo del Romanticismo, entre otros edificios aristocráticos.

Como curiosidad, os dejo algunas noticias relacionadas con el “polvillo”. 
Entre las varias especies de polvos que se producían en las fábricas de Cuba, estaban el exquisito con color o sin él; verdín primero y segundo con color o sin él; negrillo, encarachero, polvo de palillos y venas, entre otros.

Una noticia publicada en El Español, del 24 de diciembre de 1835, decía: 
«TABACOS. ꟷ Tenemos entendido que ha llegado a esta corte hace pocos días procedente de Alicante D. Luis Vasallo, vecino y del comercio de aquella ciudad; se nos ha asegurado que posee un secreto para restaurar el tabaco rapé y las demás clases de este género que se da por perdido y se quema en las fábricas del reino, y que le anima el deseo de hacer proposiciones al gobierno sobre este particular».

Al leer esta noticia veo que el polvo perdido se quemaba. Asociándolo al efecto que dicen producía en las cigarreras, me viene a la memoria aquella secuencia de la película británica El jardín de la Alegría (SavingGrace), en la que se quema un criadero ilegal de marihuana causando un gracioso colocón en el jardín de la casa.

El Jardín De La Alegría Película Completa En Español (minuto 1:10:25)
(Clicar sobre la imagen)

Como veremos más adelante, en 1890 hubo un gran incendio en la fábrica, lo que lleva a preguntarnos: ¿Toda la zona Sur de Madrid sufrió un ataque repentino de lesbianismo?

En Fray Gerundio, de 21 de septiembre de 1837, aparecía un extenso artículo titulado ‘El polvo’, del que recojo estos párrafos:

«El polvo del tabaco colorado fue también en otro tiempo un distintivo de sabiduría. Cuando yo anduve la primera vez por el mundo, el P. Maestro que no traía escapulario forrado con una coraza de polvo encarnado, era tenido por un pelafustán, por un lector adocenado; no había maestro de campanillas sin su cota de malla de tabaco de polvo […] Andando el tiempo cayó en desuso el polvo anaranjado, y se introdujo el rapé, más decente y menos manchadizo, pero también menos activo. Para hacerle más grato se inventó después rociarle con algunas aguas de olor ¡Con qué lentitud, y con qué suavidad se hacían antes las reformas!».


Extrapolando
Ya que antes he citado a doña Emilia Pardo Bazán, y en relación con el tema que se trata, no puedo obviar la estrecha amistad que tuvo con una famosa lesbiana de la alta sociedad madrileña. Me refiero a Gloria Laguna (María de la Gloria del Collado y del Alcázar), marquesa de Requena.


Fiesta en casa de Emilia Pardo Bazán.
Gloria Laguna, segunda de la izquierda, sentada en el suelo.

El mismísimo Pedro de Répide le dedicó un poema del que recojo estos versos:

Oh, Condesa de Requena,
Condesa de gracia llena,
llena de risa y de sol.
Alegre flor de verbena,
flor picaresca que llena
nuestro jardín español.

La vida de Gloria ofrece mucho material para contar su historia. ¿No interesan al divulgador otros estratos sociales? Si habla de estadísticas, no debemos obviar las relaciones homosexuales de las casas burguesas y aristocráticas. Mire que por allí había mucho rapé y otros polvos y sustancias.

Y qué tal si mejor nos acercamos a los años 20 y 30 del pasado siglo. Al Círculo sáfico, de carácter clandestino, creado por la artista Victorina Durán. Sus predecesores fueron la Residencia de Señoritas y el Lyceum Club Femenino, aunque en estos espacios el lesbianismo no fue siempre bien recibido.

En todo caso, podría interesarle al divulgador leer el trabajo de la poetisa, escritora y traductora feminista argentina Noni Benegas, titulado ‘Corpus lesbiano’, publicado en la revista LETRA el otoño de 1994.


La taberna y el incendio de la fábrica
Después de la gracia esa de no comprar tabaco de liar, “porque puede provocar lesbianismo”, espeta: 

“ꟷ Pero claro, al salir de la fábrica, estas mujeres querían pasar un rato juntas”. 

O sea que estaban todo el día trabajando juntas y finalizada la jornada querían seguir juntas. Vale. 

Quizás algunas de ellas hasta vivían juntas, y no por amor ni atracción sexual, sino por necesidad. O al modo “matrimonio bostoniano”, aunque difícil de alcanzar por las cigarreras en aquellos tiempos en que el divulgador sitúa la historia.

¿Qué se iban de bares después de trabajar a destajo? Las menos disfrutarían de ese beneficio. Ya veis la escena pintada por Gonzalo Bilbao que encabeza este trabajo, donde una cigarrera amamanta a su niño en el taller.

A las cuatro me levanto,
a las cinco el chocolate,
a las seis lío el petate,
a las siete a trabajar, 
y entero en un jornal saco
de cigarros un millar.
Pues pa repique San Ginés,
me sale ya a mí el tabaco
por las plantas de los pies.

Lo más habitual era que sus maridos frecuentaran las tabernas, principalmente los sábados, y volviesen al hogar para propinar a la esposa una buena paliza. De ahí que muchas cigarreras no estaban de acuerdo con el matrimonio.

Continúa el divulgador con su relato:

“ꟷ En 1890, la Tabacalera sufrió un incendio y tuvo que parar durante un tiempo. El bar perdió su clientela y acabó cerrando. Pero esas obreras sáficas no se fueron a ningún sitio. Siguieron ligando, currando y, seguramente, fumando, en las calles de Madrid”.

Destruido el “Tinder sáfico”, para el divulgador la taberna echó el cierre, aunque pudo ser traspasada, que era lo habitual. Según él, las mujeres de la fábrica continuaron en su ambiente laboral y festivo, de encuentros y ligue. Esta fantasía en que coloca a las cigarreras difiere mucho de la realidad que vivían. 
De noviembre de1890 es esta noticia publicada en El Demócrata

«Algunas piadosas señoras de esta corte vienen trabajando con incansable celo en la fundación de un asilo para las operarias de la fábrica de Tabacos. En dicho asiló se dará hospitalidad y descanso a las cigarreras ancianas inútiles para el trabajo, a las cigarreras convalecientes que salen del hospital hasta que adquieran fuerzas suficientes para dedicarse al trabajo, y a los hijos de las cigarreras, dándoles gratuitamente una sana instrucción, para que el día de mañana sean útiles a Dios y a la patria».

Días después de esa noticia, el 11 de noviembre, como si aquella buena intención hubiese sido premonitoria, se conocían las primeras noticias del incendio de la fábrica. Lejos de seguir “ligando, currando y, seguramente, fumando”, la realidad de las cigarreras fue otra.

«Un gentío inmenso ocupaba las calles inmediatas a la Fábrica, causando gran pena ver debatirse a las infelices cigarreras que, vertiendo amargas lágrimas, veían a través del aterrador aspecto del incendio los fantasmas de la miseria y del hambre». El Diario español, 1890.

La Ilustración Española y Americana
(Año XXXIV – Núm. XLII. Madrid, 15 de noviembre de 1890)
Biblioteca Nacional de España - Hemeroteca digital

Mucho perdió la empresa arrendataria y sus accionistas. Mucho más los miles de trabajadores de la fábrica. La propia reina Cristina, el Gobierno y el Ayuntamiento, además de los estudiantes y el pueblo entero, se volcaron en la ayuda y socorro de las indefensas cigarreras. Ellas desfallecieron y lloraron, pero también renovaron sus fuerzas para manifestarse; como lo habían hecho antes ꟷincluso ese mismo añoꟷ, y como lo hicieron después.

Cigarreras madrileñas en Barcelona.
Mundo Gráfico (Año XX – Núm. 977) Madrid, 23 de julio de 1930. Foto: Casariego

El divulgador parece ajeno a esa realidad y banaliza la figura de estas mujeres que se ganaban el pan diario liando cigarros. Modernísimo, extrovertido y de género definido, transmite el pensamiento arcaico de los autores del libro sin pararse a reflexionar si ha utilizado la mejor fuente para contar la historia de las cigarreras, asociándolas ꟷcon calzadorꟷ al lesbianismo madrileño.


Rapapolvo decimonónico
A este joven arqueólogo, al que he llamado divulgador, el rapapolvo le llega del mismísimo siglo XIX, con estas palabras del periodista, escritor y biógrafo Manuel Ossorio y Bernard, publicadas en La Correspondencia de España del 16 de noviembre de 1890:

«Hay formado un concepto tan grosero como erróneo de las cigarreras de Madrid: articulistas y poetas cómicos nos las presentan como las herederas directas de la manola de fines del siglo XVIII, hermosas, jóvenes, osadas, rebeldes a toda autoridad, armando broncas por un quítame allá esas pajas, burlándose de los agentes de orden público y más o menos accesibles a los requiebros y al amor; pero todo esto no pasa de ser una pintura convencional para conseguir determinados efectos en la escena o en el periódico. Claro que allí donde se cuentan cerca de seis mil mujeres, ha de haber de todo, hasta de lo que sueñan los escritores; pero la inmensa mayoría no es así.
Hijas, esposas o madres de jornaleros, acuden a la Fábrica para ganar un jornal exiguo, teniendo muchas de ellas que confiar a sus tiernos hijos a cuidados ajenos; víctimas de la pobreza en sus casas, víctimas de la usura en la Fábrica, su trabajo incesante suele servir solamente para ganar el pan del mismo día; pero nunca el del siguiente, y hay muchas, muchas, que con su trabajo suplen las deficiencias del de sus maridos, pues ellas marchan directamente a sus casas cuando salen de la Fábrica, mientras que ellos… ¡Hay tantas tabernas por el camino, sobre todo los sábados! Por eso las pobres cigarreras, viendo arder su querida Fábrica, creían que los altos techos se derrumbaban sobre ellas con inmensa pesadumbre, que aquellas llamas lamían sus cuerpos y que aquella densa humareda, apoderándose de sus gargantas, las asfixiaba».

Aquellas manolas jóvenes, osadas y rebeldes, eran en 1934 las ancianas que vemos en la fotografía. ¿Quién hubiera sido capaz de preguntarles por su inclinación sexual? Con suerte, al atrevido le hubiesen enviado a freír espárragos.

Cigarreras después de abandonar una huelga de brazos caídos a las 12 de la noche.
Fotografía de Almazán (1934)


Reflexión preguntona
Hablemos de las cigarreras en su conjunto. Muchos fueron sus amotinamientos y huelgas dentro de la Fábrica de Tabacos en los siglos XIX y XX. Ancianas casi centenarias; jóvenes madres: solteras unas y otras casadas; mujeres desamparadas: viudas o maltratadas; lesbianas algunas, sí: unas por convicción, otras por la genética, ninguna por el polvillo del tabaco. Manolas de armas tomar todas ellas.

Acostumbrados a eso de la manida pregunta “¡¿Sabías qué…?!”, quizás al divulgador le interesaría saber más de las cigarreras, de todas ellas, incluidas las lesbianas.

¿Sabías, divulgador, que en 1916 las cigarreras coruñesas lograron asociarse con fines mutualistas creando la primera sociedad de obreros tabaqueros de España y en qué derivó esa iniciativa?
Siguiendo los pasos de sus compañeras gallegas, las de otras fábricas se asociaron y en 1918, en Madrid, celebraron su primer Congreso en la Casa del Pueblo con la consolidación de la Federación Tabaquera Española.

¿Sabías, divulgador, que las cigarreras formaron parte de la Junta de Accionistas de la Compañía Arrendataria de Tabaco en 1924?
Interesadas en la manera de hacer mayor fuerza con sus reivindicaciones, desde la consolidación de la Federación buscaron la mejor de todas: juntar la cantidad de cien mil pesetas para adquirir en Bolsa acciones de la Arrendataria. El escándalo fue monumental al ver los capitalistas en la Junta a las cigarreras como sus iguales. Mucha fue la lucha y tiranteces entre los capitalistas y las trabajadoras. Con su voz y voto consiguieron el reingreso de sesenta mujeres que habían sido despedidas por huelgas anteriores. También lograron mejoras intervencionistas dentro de la empresa y, fundamentalmente, limar asperezas y llegar a la cordialidad absoluta entre el capital y el trabajo.

¿Sabías, divulgador, que en la calle de Embajadores estuvo la Escuela de Capacitación Social para cigarreras?
En marzo de 1932 se inauguraba esta Escuela, creada por la Federación Tabaquera Española para formar a las delegadas de la fábrica de Madrid y provincias. Estas delegadas, convertidas en profesoras, formaban a las compañeras de sus respectivas fábricas.



Y así podría estar preguntándote y respondiendo hasta la llegada del 2000, año en que la fábrica cerró sus puertas definitivamente.
Muchas de las últimas cigarreras viven, algunas pertenecientes a antiguas sagas de cigarreras y obreros de la fábrica. No creo que ellas, ni las lesbianas en su conjunto, estén muy satisfechas con el contenido de tu vídeo.

Conclusión 
Como ocurre hoy con Miguel de Cervantes, parece que las suposiciones se convierten en tajantes certezas. Palabras antónimas imposibles de asociar sin un indicio lo suficientemente sustentado, ajeno a conjeturas, sospechas o imaginaciones.
Utilizar unos pocos párrafos de un libro para fabricar una realidad incontestable basada en el supuesto efecto del polvillo del tabaco como transmisor del lesbianismo a las cigarreras o pretender que eso, además del hecho de trabajar juntas, lo propiciaba, se asemeja más a una falacia.

Es una certeza que en la sociedad de todos los tiempos existió la homosexualidad, así como inútil el intento de reivindicar el lesbianismo a partir de banales suposiciones involucrando a las cigarreras.

Existe otra realidad en estas obreras más asociada a sus pésimas condiciones laborales y al pensamiento machista de otros tiempos no tan lejanos. Si aquellas mujeres reivindicaron sus derechos en el siglo XIX, no fueron menores sus esfuerzos después de la Guerra Civil, tanto en el ámbito laboral como en el social.

No había nacido aún el divulgador cuando el lesbianismo comenzó a buscar su lugar en la sociedad. Fue difícil, incluso frente a otros géneros, además de los heterosexuales. Fue difícil para todos los colectivos, incluso en aquellos años en que más se los estigmatizó por la presencia del SIDA.
Ni polvos ni gracietas, la Historia es otra y no debemos mancillarla.

En los archivos de RTVE Play podemos ver la serie documental "Nosotrxs somos", relato de cuatro décadas de activismo LGTB+ en España, que recorre el sinuoso camino histórico entre la época en la que los homosexuales iban a la cárcel por el mero hecho de serlo hasta la derogación de la Ley de Peligrosidad Social. De sus siete episodios publico el dedicado al colectivo de lesbianas.

Capítulo 6: Violeta. La revolución lesbiana.

Para la conclusión, no hay mejor ejemplo que la Historia y voz de las cigarreras.

Por cierto, divulgador, las cigarreras de las fábricas de tabaco no fueron la “Carmen” de Prosper Mérimée, su colega arqueólogo.

Pódcast | Las últimas Cigarreras de la Fábrica de Tabacos de Madrid 

Fotografías y vivencias | Las últimas Cigarreras de la Fábrica de Tabacos de Madrid 

Fábricas de Andalucía | Las cigarreras, mujeres trabajadoras y el mito de Carmen 

CC.OO. de Madrid: Las Cigarreras (Historia)



Para la contestación:
Eduardo Valero García 
madridblog@gmail.com


Artículos relacionados:


Bibliografía y Cibergrafía
 
Fuentes:
Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
Biblioteca Nacional de España - Hemeroteca digital.
Biblioteca digital memoriademadrid.
Hemeroteca La Vanguardia.
Hemeroteca ABC.
YouTube.

De las fotografías:
En los casos que ha sido posible, se citan los autores.

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

Sobre el vídeo citado: 
Corresponde a una colaboración de Miquel Herrán Subiñas con el portal Madrid Secreto, subido el 28 de junio de 2025. No se reproduce el vídeo por su falta de rigor y coherencia. Pueden localizarlo en Instagram: https://www.instagram.com/madrid_secreto/  
 
Todo el contenido de Historia urbana de Madrid está protegido por:






En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2025) "Las cigarreras de la Fábrica de Tabacos de Madrid y su asociación con el lesbianismo. Contestación a un "divulgador".", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325


• Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
• En todas las citas se ha conservado la ortografía original.
• De las imágenes:
Muchas de las fotografías y otras imágenes contenidas en los artículos son de dominio público y correspondientes a los archivos de la Biblioteca Nacional de España, Ministerio de Cultura, Archivos municipales y otras bibliotecas y archivos extranjeros. En varios casos corresponden a los archivos personales del autor-editor de Historia Urbana de Madrid.

La inclusión de la marca de agua Historia urbana de Madrid o "Archivo HUM", además de otros datos, identifican las imágenes como fruto de las investigaciones y recopilaciones realizadas para los contenidos de esta publicación seriada, salvaguardando así ese trabajo y su difusión en la red.
Ha sido necesario incorporar estos datos para evitar el abuso de copia de contenido sin citar las fuentes de origen de consulta.
 


© 2025 Eduardo Valero García - HUM 025-002 CIGARRERAS Y LESBIANISMO
Historia Urbana de Madrid
ISSN 2444-1325



lunes, 16 de septiembre de 2024

El enigmático Manu de Lutxi

Esta es una historia surgida de la animada conversación con alguien que tiene un lejano recuerdo y una curiosidad. Ese alguien vivió durante su niñez y adolescencia en la calle Doctor Castelo, 32; se llama Pilar, y acaba de cumplir unos radiantes ochenta y dos años. 

Entre sus recuerdos y vivencias figuraban los juegos infantiles con sus hermanos por el Parque de El Retiro; las visitas al puesto del famoso "Pirulo"; las costumbres familiares, entre las que destacó la educación y la gastronomía, además de un sinfín de detalles sobre el edificio, la distribución de su casa, y los negocios que había entonces en esa calle.
Todo su relato representaba un retrato amable del Madrid de la década de los cuarenta y cincuenta del pasado siglo, pero su interés estaba en saber algo más del lejano recuerdo, de la curiosidad nunca resuelta.

De entre los habitantes de la casa, incluido el portero de levita, su memoria rescataba la imagen de un misterioso señor de gran porte, elegantemente vestido, muy educado, pero de pocas palabras. De cabello cenizo, pobladas cejas y una mirada penetrante, confesó que le producía cierto temor.

Al verme tan interesado en ese detalle, aprovechó para decirme: "—Iba casi siempre con una señora rubia, alta y muy bien vestida. Creo que ella era espiritista. A ver si usted que busca tantas cosas de Madrid averigua algo de este personaje".

La tarea encomendada parecía difícil pero no imposible. En cuanto tuve la oportunidad comencé la investigación, dando por resultado una curiosa historia más de las muchas que nos ofrece Madrid a través de su gente.



La persona misteriosa que vivió en la calle Doctor Castelo, 32, se hacía llamar MANU DE LUTXI, aunque su verdadero nombre era Manuel Rapallo Ronco, nacido en Almería el 26 de marzo de 1914.


Fue un renombrado magnetizador y parapsicólogo, alumno y después director del Instituto Científico Español de Investigaciones Psico-Magnéticas (I.C.E.I.P.S. – Legalmente autorizado).

El Instituto estaba ubicado en el mismo domicilio, desde donde se impartían cursos presenciales y por correspondencia. Además, allí se realizaban sanaciones para corregir malos hábitos y sesiones prácticas con la presencia de reputados médicos y científicos. En ocasiones, a las sesiones asistían periodistas.



 
A finales de la década de los cuarenta ya había editado unos cursos elementales y superiores por correspondencia con el famoso hipnotizador FASSMAN (José Mir Rocafort) “El hombre radar”, a través del Instituto FASSMAN. En ellos se instruía a los alumnos en el uso y control de la mente.

Clica sobre la imagen para acceder al archivo fotográfico 

En 1951 eran más de 7500 los alumnos que seguían por correspondencia los cursos de magnetismo del profesor DE LUTXI, además de los muchos que asistían a las clases prácticas de hipnotismo magnético y a las demostraciones de desdoblamientos para sanación a distancia con la intervención de médiums. 

Llegados a este punto, hacemos un breve inciso para conocer algo más sobre el hipnotismo en el Madrid de otros tiempos.

La moda del hipnotismo en Madrid
En esta publicación seriada hemos hablado del espiritismo y las mesas giratorias, también de las supersticiones de los madrileños de antes y de algunos sanadores en Historia de Madrid en pildoritas. Ahora sumamos otras prácticas de la parapsicología.

La Real Academia Española define la parapsicología como el «estudio de los fenómenos y comportamientos psicológicos, como la telepatía, las premoniciones, la levitación, etc., de cuya naturaleza y efectos no ha dado hasta ahora cuenta la psicología científica».

Sin remontarnos a los egipcios, autores de los siglos XVI y XVII ya hablaban del hipnotismo como un sueño nervioso con insensibilidad y catalepsia, en aquellos tiempos asociado a ciertos animales, principalmente a las gallináceas.
Su consolidación como doctrina del "magnetismo animal" llega en el Siglo XVIII con  Franz Anton Mesmer y el "mesmerismo", método hipnótico por el cual podían curarse enfermedades. Para muchos, Mesmer está considerado el padre de la hipnosis. Después le secundaron otros médicos y científicos alemanes, franceses, españoles y americanos que no viene al caso citar ahora.

Ya en la primera mitad del Siglo XIX se practicaba el uso de la hipnosis en remplazo del cloroformo, si bien algunos científicos no veían futuro en su aplicación ni en los resultados.
Así explicaban en el método en la publicación El Monitor de la salud de las familias y de la salubridad de los pueblos:
«El modus faciendi no puede ser más sencillo, ni menos inofensivo. Se pone á un palmo ó palmo y medio encima de la frente de la persona á quien se pretende anestesiar (insensibilizar) un objeto luciente, pulimentado, brillante, encargándole que lo mire con mucha fijeza. A los pocos minutos de ese mirar fijo, se produce una especie de estrabismo convergente y superior, esto es, la persona mira bizco con ambos ojos hacia adentro y arriba. Siente además una gran fatiga, y á los tres ó cuatro minutos después, su pupila se dilata y contrae alternativamente, los párpados vacilan (parpadea) y pierde blandamente el conocimiento, sobreviniendo un periodo de insensibilidad (que se prolonga unos diez minutos) bastante profundo para que puedan practicarse cualesquiera operaciones quirúrgicas sin que el enfermo tenga conciencia de lo que le pasa. Se han practicado y repetido varios experimentos, unos con bueno, otros con malo ó ningún resultado.—No nos hemos dado prisa á hablar del hipnotismo, porque creemos que esta nueva maravilla caerá muy pronto en el olvido, cual cayó ya en 1842»

Lejos del premonitorio olvido, a mediados del siglo el hipnotismo se puso de moda y eran frecuentes las sesiones que derivaban en terribles susto. Mientras unos científicos se sumaban a los avances de esa "ciencia", otros advertían de sus peligros , como indicaba La Correspondencia de España en una noticia de 1860: 
«Muchas personas se entretienen en Madrid en hacer experimentos con el nuevo anestésico denominado hipnotismo. Debemos advertir que tales esperiencias, al menos hechas empíricamente, son en estremo peligrosas».
Desde entonces, sesudos doctores escribieron sobre el hipnotismo y el magnetismo, con demostraciones en paraninfos, teatros, círculos, salones aristocráticos y en el mismísimo Palacio Real.

A pesar de haberse prohibido en Italia, la Reina Regente María Cristina de Habsburgo-Lorena nombró comendador de Isabel la Católica al doctor italiano Alberto Daas; además, obsequió un rico y elegante medallón de brillantes y rubíes a la hija del magistrado Montero de Espinosa, asistenta del doctor en la sesión de hipnotismo dada en Palacio la tarde del 13 de enero de 1888. 
Aún así, la Prensa continuaba advirtiendo de la peligrosidad del hipnotismo sin que le hicieran mucho caso. De hecho, encontramos en las noticias de la época infinidad de referencias al hipnotismo durante todo el siglo XX, con sesiones y premoniciones de estrafalarios personajes, además de anuncios para cursos por correspondencia y manuales prácticos. Aquí un par de ejemplos.

Monsieur Aris y la médium Pakara. Estampa, 1935.

Manual práctico de hipnotismo a distancia. Crónica, 1935

Como curiosidad, entre los personajes que fueron noticia en Madrid, cito a Alberto Mars de Madrigal, joven hipnotizador de diecinueve años del que decían tenía un poder magnético descomunal. A través de la hipnosis hacía que paralíticos caminaran, los ciegos recuperaran la vista y los enfermos desahuciados se curaran. Eso sí, cuando el periodista de Ahora que le entrevistó quiso ser hipnotizado por el joven, este se negó. Alberto vivía en la calle Duque de Alba, 11.


Considerada por muchos una pseudociencia, un fraude o un espectáculo circense, existe un amplio listado de parapsicólogos de fama internacional especializados en una u otra actividad paranormal. Mientras unos doblan cucharas, hipnotizan o hacen levitar personas, otros dedican sus poderes mentales a la sanación.

Continuamos con MANU DE LUTXI

DE LUTXI también fue famoso por sus predicciones, muchas de ellas publicadas en la prensa por sus aciertos; aunque de doce, con suerte atinaba en dos o tres.
Lógicamente, en los publirreportajes se aseguraba que sus predicciones se cumplían al cien por cien.

Es verdadero que predijo la muerte del monarca inglés Jorge VI y la de un pez gordo ruso, acontecidas meses después de su vaticinio, además de algunas catástrofes naturales.

Mientras Pilar disfrutaba de aquella infancia impensable en los niños de hoy y compartía con la familia la merienda, un momento de ocio o se preparaba para ir a jugar a El Retiro, en otro apartamento de la misma planta MANU DE LUTXI se disponía a hipnotizar y hacer levitar a una señora (posiblemente la dama que Pilar describió como muy elegante y de la que pensaba era una espiritista).


Los periódicos de la época arrojan datos del Instituto en la calle Doctor Castelo hasta 1957, lo que hace suponer que cesa su actividad ese año, cuando viaja a América y se instala en la ciudad de Montevideo (Uruguay). Allí, con su verdadero nombre, presidirá el Instituto Español de Investigaciones Científico-Experimentales Bioeléctricas y Supra-psicológicas de Uruguay, donde perfeccionará sus técnicas.

El profesor Manuel Rapallo Ronco
Con su verdadero nombre se presentará en Uruguay y así será conocido a partir de 1958 en todas partes. MANU DE LUTXI pasará a la historia sin ser recordado ese alias cuando regrese a España. Sin embargo, nunca desaparecerá en lo más profundo de su ser, porque el enigmático personaje continúo con el espectáculo cada vez que pudo pero como profesor Rapallo.

Hablando con Carlos Gardel
Así fue que en octubre de aquel año los periódicos argentinos dieron cuenta de un español que vivía en Montevideo y decía hablar con Carlos Gardel a través de la "super-actividad emocional". Para demostrarlo celebró una sesión a la que acudieron médicos y periodistas, además de los técnicos que grabaron lo ocurrido.

El corresponsal de Pueblo en Buenos Aires, Braulio Diaz Sal, relató el suceso: 
“Uno de los asistentes al acto le entregó a Rapallo una fotografía de Gardel y, en seguida, comenzó el diálogo: «Mis dos guitarristas—habría dicho Gardel—comenzaron a discutir acaloradamente, en pleno vuelo, sobre Medellín… Quise calmarlos. Intervinieron otros pasajeros… Pero la bronca se apasionó de tal manera que, el piloto, les llamó la atención… Para que se callara, uno de los guitarristas lo mató de un tiro… Después nos estrellamos todos…».
Gardel habla con energía—sostienen los informadores—y la escena es estremecedora, terminándose cuando Carlitos dice: «¡Nos vamos… Nos vamos!». Luego se oye un chasquido y todo concluye. Esta versión, declara Rapallo que es exacta y que está dispuesto a repetirla”. 
"Antología del disparate" fue el título que Braulio Diaz Sal puso a esta crónica.
   
Sus tratamientos a Juicio
Resultaba difícil comprender la eficacia de sus tratamientos bio-eléctricos, tal es así que en 1966 el Ministerio de Salud Pública uruguayo interpuso una denuncia ante el Juzgado de instrucción contra Rapallo, ilegalizando sus métodos de sanación por “ejercicio ilegal de la medicina”.
La situación era contradictoria, ya que el mismo Ministerio lo había legalizado años antes con la condición de que siempre contara con el respaldo de un médico, algo que Rapallo cumplía a rajatabla, salvaguardando así sus espaldas.

En una entrevista de CIFRA para ABC, el entonces “Profesor Roncallo” había aclarado:
«En 1958 fui invitado por el embajador uruguayo, general Alberto M. Fajardo, a visitar Montevideo y presentar al ministro de Salud Pública, doctor Basagoiti, mis técnicas terapéuticas, que fueron oficialmente controladas y estudiadas por varias comisiones médicas, especialmente creadas para comprobar su eficacia y oficializarlas. Como consecuencia de ello, se creó el Instituto del que soy presidente, bajo el control de médicos uruguayos. Por cierto, que la autorización oficial que recibí de poder enseñar mis técnicas y aplicarlas a enfermos ha sido la primera de este tipo que se ha concedido desde que existe el Estado uruguayo».
ABC. 21 de abril de 1966
La polémica llegó a las pantallas de Canal 12 de televisión (Montevideo), donde Rapallo intentó demostrar la efectividad de sus curaciones con la presencia de pacientes curados y echó balones fuera cuando le increparon por las que no dieron buenos resultados; en esos casos, responsabilizó a los médicos que respaldaban sus tratamientos.


En un artículo publicado por el Sindicato Médico del Uruguay (SMU) se hace referencia a unas Jornadas sobre la responsabilidad médica en las que el Dr. Antonio Turnes había disertado sobre el SMU (fundado en 1920) frente al intrusismo a través de su historia. Decía:
«Un nuevo empuje (esta vez en su variante de charlatanismo) es detectado en la década del 50, con la meteórica popularidad lograda por el español César (Sic) Rapallo Ronco, que pretendía curar la úlcera gastroduodenal con su procedimiento electromagnético». [1] 

De regreso a Madrid
El renovado profesor Manuel Rapallo Ronco regresará a Madrid a finales de abril de 1966 con un abultado dossier compuesto por noventa radiografías legalizadas con la firma del cónsul de España en Montevideo. Eran demostrativas de las curaciones de cáncer sin metástasis y úlceras gastroduodenales crónicas logradas en quince días con su nueva técnica de bioelectricidad aplicada a un tipo de radiaciones totalmente inofensivas. Al parecer, centros científicos de los Estados Unidos se habían interesado por esas nuevas técnicas de Rapallo. 

Además de los cursos, entre 1968 y 1969 grabó una serie de discos que él denominaba “Discoteca Científica”, también conocidos como DECIBEL. Su voz profunda e hipnotizante invadía la mente del paciente y obraba sobre él la sanación, la corrección de un hábito, la mejoría en las actitudes y otros síntomas. Iba acompañado por música clásica.

La receta era sencilla: debían escuchar el disco por la noche, cuando se acercaba el sueño profundo. Así lo evidencian los títulos de algunos discos: “Durmiendo libérese de las depresiones de ánimo”, “Durmiendo frene sus nervios: Auto domínese”, “Durmiendo venza la timidez”, “Durmiendo venza el insomnio” (un tanto contradictorio) y “Durmiendo logré triunfar en la vida” (¡Que alguien me lo explique, por favor!).
La dosis: escuchar lo mismo durante treinta noches.

Hubo otra serie de 1970 titulada “Mientras Usted duerme”, centrada en la impotencia sexual, el hábito de fumar, la obesidad, el control de la respiración, etc.

Clica sobre la imagen para escuchar a Rapallo

Curación por el Cosmos desde Collado Mediano
En 1980 es entrevistado por el diario Pueblo en su chalé serrano de Collado Mediano, desde donde decía curar a distancia, sin la presencia del paciente, sin medicamentos y gratuitamente, enfermedades tales como úlceras, leucemia y tumores cancerígenos.
En sus palabras, la técnica mediante la que aseguraba haber logrado curar graves enfermedades sin la presencia física consistía en «establecer un cable fluídico anímico semimaterial, a través del cual envío energía bioeléctrica a cualquier lugar de la Tierra, donde se encuentra el paciente y, a su paso por el espacio, se le asocia la energía cósmica».

Para realizar esta compleja terapia, el profesor recibía el historial clínico del enfermo, una fotografía reciente y la dirección completa. Con estos datos tenía suficiente para curar cualquier dolencia, valiéndose de dos médiums que él denominaba "metagnomas" a través de las cuales enviaba la energía.
Las "metagnomas" eran sus colaboradoras Mari Carmen y María Elena, profundamente dormidas en la fotografía. 


Así las definía Rapallo:
«Metagnoma quiere decir más allá del conocimiento normal. Son personas con características especiales que yo elijo mediante un test. Yo soy un generador y un acumulador que transmito hacia ellas esa energía, saco de su cuerpo el ego, que va atado a un cordón que emana de la región umbilical, indefinidamente extensible, y a través de ese cable fluido anímico va la energía que envío, que a su vez se asocia a la energía cósmica del espacio y así la recibe el paciente en un grado mucho mayor».
El ojo de Mahou
Rapallo aseguraba haber fotografiado el "ego" de personas sin el uso de cámaras ni objetivos. Valiéndose de placas ortocromáticas de cristal guarnecidas por un chasis de metal obtenía las imágenes, como esta que ofrecemos que es, ni más ni menos, el ojo de Casimiro Mahou (hijo).
Decía haber tomado la fotografía cuando Casimiro contaba con setenta y dos años, pero que en su "ego" aparecía como el ojo de un joven de veinte. 
¿Puro cuento o le fallaron los cálculos? Casimiro Mahou había fallecido en 1943 a la edad de sesenta y dos años.


Su fisonomía había cambiado considerablemente. Ya no quedaba nada del misterioso vecino de Pilar, del enigmático  MANU DE LUTXI. 
Ahora decía tener poderes únicos en el Mundo; ser el máximo exponente de la Supra-psicología Experimental; estar en vías de construir un generador de energía bio-eléctrica para curar a miles de enfermos simultáneamente y a la distancia, "de la Tierra y de la Luna", entre otras excentricidades.


En 1981 Pueblo vuelve a hacerle una entrevista. En esta afirma que sólo curaba a los desahuciados pero que no era un curandero. Presentaba a Margarita Jurado Santos, paciente a la que había sanado de un coma profundo y parálisis total a través del cable fluidico vital.

En 1986 ABC publica un reportaje a toda página titulado “MANUEL RAPALLO. CURAR A TRAVÉS DEL ALMA”. Ante la incredulidad de muchos y el nulo interés de las instituciones, Rapallo Ronco lanzaba este mensaje: 
«Desde hace años vengo curando enfermos desahuciados por la Medicina. He explicado decenas de veces mis técnicas paramédicas sin encontrar eco en los organismos e instituciones oficiales. No me importa ya que crean en mis explicaciones, que rompen esquemas e ideas erróneamente aceptadas sobre el ser humano. Pero lo que no es concebible es que ni siquiera admitan la evidencia de los hechos. Yo insto a que se nombre una Comisión de especialistas, me den una lista de cuatro o cinco personas para las que la Medicina no tiene solución y, si les curo, me escuchen. ¿Es tanto lo que pido?».  
Eso nunca ocurrió.

Poco más se supo de él hasta hoy, que lo recuperamos del olvido a partir de un recuerdo. De aquel vecino, elegante y misterioso, queda este último retrato que pone punto final a la anecdótica historia. 


El 26 de marzo de 2024 se cumplieron ciento diez años de su nacimiento y cincuenta y seis de la desaparición de MANU DE LUTXI, el alter ego de Manuel Rapallo Ronco... o a la inversa.

Por el Cosmos andarán, digo yo.


NOTA INFORMATIVA: 
Este artículo de investigación no pretende aportar una idea negativa sobre las terapias alternativas ni inclinarse a favor de ellas. Quien desee conocer más sobre ese tema, puede visitar la web de la Organización Médica Colegial de España - Observatorio OMC contra las pseudociencias.


© 2024 Eduardo Valero García - HUM 024-004 MANU DE LUTXI
Historia Urbana de Madrid
ISSN 2444-1325


Bibliografía y Cibergrafía
 
[1] SUM [en línea] smu.org.uy, año sin determinar [Consulta: 15 de septiembre de 2024] Disponible en: https://www.smu.org.uy/publicaciones/noticias/noticias95/art18.htm

Fuentes:
Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
Biblioteca Nacional de España - Hemeroteca digital.
Hemeroteca La Vanguardia.
Hemeroteca ABC.

De las fotografías:
En los casos que ha sido posible, se citan los autores.

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.
 
 
Todo el contenido de Historia urbana de Madrid está protegido por:






En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2024) "El enigmático Manu de Lutxi", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

o siga las instrucciones en Uso de Contenido.

[VER: "Uso del Contenido"]

• Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
• En todas las citas se ha conservado la ortografía original.
• De las imágenes:
Muchas de las fotografías y otras imágenes contenidas en los artículos son de dominio público y correspondientes a los archivos de la Biblioteca Nacional de España, Ministerio de Cultura, Archivos municipales y otras bibliotecas y archivos extranjeros. En varios casos corresponden a los archivos personales del autor-editor de Historia Urbana de Madrid.

La inclusión de la marca de agua Historia urbana de Madrid o "Archivo HUM", además de otros datos, identifican las imágenes como fruto de las investigaciones y recopilaciones realizadas para los contenidos de esta publicación seriada, salvaguardando así ese trabajo y su difusión en la red.
Ha sido necesario incorporar estos datos para evitar el abuso de copia de contenido sin citar las fuentes de origen de consulta.
 


© 2024 Eduardo Valero García - HUM 024-004 MANU DE LUTXI
Historia Urbana de Madrid
ISSN 2444-1325