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sábado, 23 de mayo de 2015

Fiesta de la Maya de Madrid

En nuestro artículo sobre las Fiesta de mayo de 1915, organizadas por el Centro de Hijos de Madrid y secundadas por el distrito de Chamberí, presentamos el programa de eventos. Entre los festejos figuraba la denominada Fiesta de la Maya, de la que hablaremos a continuación.



Fiesta de la Maya
Era costumbre antigua que a la llegada del mes de las flores se plantase en las plazas el 1º de mayo un árbol frondoso, que solía ser un álamo, y se lo adornara con cintas, flores y colgaduras de colores vivos. Debajo de él se sentaba a la joven más bella, y alrededor bailaban mozas y mozos, con tal bullicio y frenesí que llegó a prohibirse y recibir la censura de la iglesia.

Con el tiempo aquella vieja costumbre derivó en las Mayas, que era la soltera más hermosa del barrio, elegida de común acuerdo, y cuya casa por la noche era engalanada en puerta y ventanas con flores recién cortadas.
A la mañana siguiente iban a buscarla los mozos y mozas, luciendo sus mejores galas, y haciendo sonar por la calle los panderos, cascabeles, guitarras y castañuelas, y entonando seguidillas dirigidas a la reina de la fiesta.
Al llegar a la casa se le cantaban coplas, compuestas muchas con discreto ingenio. Acto seguido entraban en la casa y sentaban a la Maya en un taburete que llamaban "la silla de la Reina", que estaba adornado con flores y sedas, y en andas la llevaban a un vistoso trono decorado con tapices, colgaduras, alfombras, cuadros y cornucopias. Allí colocaban a la Maya en su trono y la coronaban soberana símbolo de la Primavera. Comenzaba entonces el baile, que duraba hasta altas horas de la noche, y algunas mozas comenzaban a peregrinar por las calles con platillos pidiendo monedas para la entronada.

"Echa mano a la bolsa,
cara de rosa,
para obsequiar con ella
mi maya hermosa."

En tiempos de Felipe III los barrios que tuvieron mayor fama por poner en el trono a las más bellas Mayas fueron los de la ermita de San Millán, en la plazuela de la Cebada, la Morerí­a y Puerta de Moros.


La reina de los mayos
"La reina de los mayos", zarzuela de Antonio Velasco Zazo, Luis Cordavías y Alfonso Martín, compuesta en un acto y tres cuadros, en prosa y verso, y publicada en 1911, rememora los tiempos de Felipe III, entre los Siglos XVI y XVII.
La acción se desarrolla en el emblemático barrio de la Morería, y la escena IV del cuadro tercero tiene lugar en la plaza del Alamillo *, donde uno de los personajes de la obra, "La Pitaña",  recita los versos del poeta Vargas:

En prueba de que soy bella
sabed que he sido la Maya
debajo del alamillo
de la puerta segoviana,
que el rey Felipe tercero,
que tiene de galán fama,
prendado de mi hermosura
arrojó el oro a mis plantas
y alargándome la mano,
que dos mundo avasalla,
me dió un beso en la mejilla,
hechizado de mi gracia,
diciéndome: Niña, hermosa,
eres diosa de las Mayas,
perla rica de mi corte
y la reina de las hadas.
Bendito el florido Mayo
que tal dicha me guardaba
de ver Maya, que cual tú,
jamás se miró en España.


* Plaza del Alamillo
Dice A. Fernández de los Ríos en su "Guía de Madrid" (1876), que, según unos, la plaza había tomado el nombre de un árbol derribado por un huracán en el siglo XIX; según otros, "alamillo" derivaba del "alamud", tribunal árabe, porque había en aquel sitio una casa donde presidia el Ayuntamiento el alcalde de Madrid en tiempos de Hiscen, califa de Toledo.

Por su parte, Antonio Capmani y Montpalau, en "Origen Histórico y Etimológico de las calles de Madrid" (1863) añade a estas historias: "Cuando los cristianos ganaron la villa, el ayuntamiento que entonces se constituyó tenia aquí sus reuniones , y en su plaza se celebraban las fiestas públicas , y se cuenta que allí el valeroso Cid Rodrigo Diaz de Vivar lanceó un toro en la fiesta real con que se obsequió al rey D. Alonso VI con motivo de la conquista de Toledo."


.



Vicisitudes de la fiesta
El historiador Basilio Sebastián Castellanos de Losada aseguraba que durante el reinado de Felipe IV se mantenía la costumbre de la fiesta de la Maya, a tenor de un testimonio leído en un archivo en el que se condenaba a doscientos azotes y seis años de galeras a unos desalmados llamados Pedro Rendón, Juan Díaz y Antonio Pérez.
El auto decía que se les condenaba "por haber acometido con navajas a Petra Redondo, cuando hacÃía de Maya en el Prado de San Jerónimo, e hiriéndola la quitaron las alhajas que tení­a puestas por valor de doscientos ducados y maltratando a tres de sus compañeras, a quienes quitaron las arracadas, rasgando a una las orejas".

En tiempos de Carlos II (el Hechizado) se prohíbe la fiesta de las Mayas por su "paganismo" y es sustituida por la de la Cruz del 3 de Mayo.

Durante el reinado de Carlos III sí existirá la fiesta, pero con cambios. En bando de 21 de abril de 1769, publicado en Madrid, se prohibía a las Mayas manifestarse en las calles con otras, pidiendo dinero para ellas, y se imponían penas de diez ducados y diez días de cárcel a los padres o personas a cuyo cargo estuviera el cuidado de las mismas.



En el Siglo XVII, los madrileños del barrio del Barquillo levantaban el trono de la Maya en el mismísimo atrio de la iglesia de San José. Y allí llevaban a la manola que consideraban más guapa, mientras otras doncellas incordiaban a los feligreses pidiendo la consabida moneda.
El pintor Arturo Mélida y Alinari lo refleja en su cuadro "Atrio de la iglesia de San José, de Madrid".



Las Mayas de 1915 y Fernando VII
Sobre la celebración organizada por el Centro de Hijos de Madrid de 1915, habla Antonio Velasco Zazo, decano de los cronistas de la Villa, en la revista Mundo Gráfico.
Velasco Zazo rememora los tiempos del Madrid de Fernando VII, del que decía "era el primer chispero", de Chamorro, "el más ocurrente majo" y de Pepa la Naranjera, aquella que "atravesaba los salones de Palacio vestida con saya de percal, mantilla de tira y peineta acanalada".
"Esta costumbre de las mayas no era una cuchipanda de gentes perdidas, como algunos ignorantones han llegado á presumir. Erase una fiesta seria y digna de alabanza, ya que en ella tomaban parte muy significadas damas de la nobleza, y en los tronos ó sillas se gastaban buenos cuartos, adornándolos con sederías, tapices, mantones filipinos, flores de todas clases, cintas bordadas, pañuelos de seda, pabellones y abanicos.
Todo Madrid, este Madrid tan bello é inconfundible, participaba del jolgorio. Las calesas rodaban del Barquillo á Morería y del Lavapies á los altos de Amaniel. Los muchachos tocaban panderos y cascabeles atados en largas varas. Los cohetes subían uno tras otro, confundiéndose sus detonaciones y dejando caer sus lucecillas multicolores. En cada esquina un baile, y en cada puerta una cruz. De aquí para allá, comparsas con bandurrias y castañuelas. Recaderos conduciendo cestos de flores y abanicos de plumas. La alegría, desbordándose en la mañana templada que evocaba la gloriosa victoria de un 2 de Mayo ejemplar.
Eranse las mayas las solteras más guapetonas del barrio, elegidas por común acuerdo y festejadas con las ingeniosas coplas de los sopistas.
¡Barrios de San Millán, de Morería, de San Antón y Maravillas! Para recreo y enseñanza de todos, van otra vez á cantar vuestra fama unas chulapas mujeres que harán perdurable la esencia del majismo por los siglos de los siglos.
ANTONIO VELASGO ZAZO"


La tradicional fiesta nacida en el Madrid del siglo XVI, y que hoy ha quedado reducida a su mínima expresión, tenía por finalidad dar la bienvenida al renacer de la naturaleza en primavera y, de paso, reconocer la belleza de las jóvenes mujeres madrileñas entronizándolas y alagándolas hasta elegir a la más bella. Pero...
 "Si el progreso y las luces de nuestros tiempos no hubiesen suprimido la fiesta de las mayas, vieja y honrada costumbre de nuestros abuelos, Margot hubiese sido adornada con las rosas blancas, lo cual valí­a más que el sermón, pero los señores del 89 suprimieron muchas cosas." ["Margot", de Alfredo de Musset. Biblioteca de El Progreso. Diario republicano autonomísta El Progreso, 1909. Santa Cruz de Tenerife]



"Manola de las Vistillas,
manola la más chuscaza,
la de los zarzillos rojos:
pon a mi pasión templanza.
¡Manola de las Vistillas!
¡La de más brio y más alma
que vieron ojos mortales
pisar el suelo de España!"
ANTONIO VELASCO ZAZO, 1920




Bibliografía
· Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
· En todas las citas se ha conservado la ortografía original.


© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-002 CHMADRID
ISSN 2444-1325

viernes, 22 de mayo de 2015

Madrid, 1915. Fiestas de mayo del Centro de Hijos de Madrid y Chamberí

Cien años se han cumplido de la publicación de un programa de festejos. Era el de las Fiestas de mayo organizadas por el Centro de Hijos de Madrid, que se celebraron del 14 al 31 de aquel mes de 1915.



La Sociedad del Centro de Hijos de Madrid, había nacido el 18 de abril de 1904 para fines benéficos, educativos, recreativos y artísticos. Tenía un papel de relevancia en lo concerniente a temas de interés de la sociedad madrileña, por eso era muy habitual ver a sus miembros participando en la organización de festejos, bailes y verbenas de carácter solidario y para las clases más necesitadas. Famosas eran sus kermesses y el tradicional reparto de pan a los pobres, en los que participaba conjuntamente con el Ayuntamiento. [Ver: El Teatro Calderón y el Centro de Hijos de Madrid]

El 4 de mayo, los escaparates de los principales comercios de la villa y corte lucían el programa que acabamos de ver. Ese mismo día lo publicaban algunos periódicos de mayor tirada.
Casi al mismo tiempo, el presidente del Centro, D. Facundo Dorado, visitaba al alcalde para solicitar se le facilitase la Banda municipal con el objeto de amenizar alguno de los eventos programados.

Junta directiva y algunos socios del Centro de Hijos de Madrid,
presidida por el Sr. Dorado (en el centro)
MUNDO GRÁFICO, 1915

sábado, 9 de mayo de 2015

El 3 de mayo de 1915 y la iglesia de San Francisco de Borja

El pasado sábado celebrábamos los 207 años del levantamiento del pueblo madrileño contra los franceses. Hoy queremos recordar los acontecimientos del día 3 de mayo, inmortalizados en el famoso cuadro de Goya, que representa los fusilamientos en la Montaña de Príncipe Pío, y devolver por un instante a la geografía urbana madrileña un espacio que ya no existe.

Durante la madrugada del 2 al 3, y todo ese día trágico, sin juicio previo ni clemencia, se fusilaba al pueblo madrileño en diferentes puntos de la Villa y Corte.
¡Cuánta escena de muerte! ¡Cuánto estrago!
¡Cuántos ayes doquier! Despavorido,
Mirad ese infelice
Quejarse al adalid empedernido
De otra cuadrilla atroz. «¡Ah! ¿Qué te hice?
Exclama el triste en lágrimas deshecho:
«Mi pan y mi mansión partí contigo,
Te abrí mis brazos, te cedí mi lecho, y
Templé tu sed, y me llamé tu amigo;
¿Y ahora pagar podrás nuestro hospedaje
Sincero, franco, sin doblez ni engaño,
Con dura muerte y con indigno ultraje?»
¡Perdido suplicar! ¡Inútil ruego!
El monstruo infame á sus ministros mira,
Y con tremenda voz gritando: ¡fuego!
Tinto en su sangre el desgraciado espira.
                      Juan Nicasio Gallego, 1908.

No sorprenderá al pueblo madrileño de hoy lo que ocurrió el 2 y el 3 de mayo de 1915. Nada que no hubiese advertido Pérez Galdós en su artículo para El País, allá en el 1908, y que podéis leer en este enlace.


2 de mayo
Misa y desfile
Resumiremos diciendo que el día 2, el Gobierno tenía la intención de suspender todo acto cívico-religioso relacionado con tan épico día. El motivo, no herir la sensibilidad de francófilos y germanófilos a tenor de lo que en Europa estaba sucediendo: la Primera Guerra Mundial. Lo mismo había ocurrido con el controvertido Carnaval de aquel año.

Por fortuna se consiguió celebrar una misa y posterior desfile. El obispo de Madrid "no pudo acudir", por lo que la misa la dijo el vicario. Allí presentes, además del pueblo madrileño, estaban el alcalde y el teniente de alcalde del distrito de Congreso y varios concejales; una representación de la Diputación provincial; el Centro de Hijos de Madrid, y Comisiones militares.




Finalizado el acto religioso desfilaron ante el monumento fuerzas de Infantería del regimiento del Rey, caballería de Húsares de la Princesa, una batería de artillería y secciones de Intendencia, Ingenieros, Sanidad, etc. Por último desfilaron los Milicianos nacionales acompañados por los acordes del himno del Dos de Mayo.




Por la noche, a las diez y media, la "Orden de la Santa Cruz y Víctimas del 2 de Mayo de 1808" celebró una misa funeral en la iglesia de las Maravillas.


3 de mayo
Grandes de España
Como decíamos al principio, el 3 de mayo de 1808 resonaban por todo Madrid los disparos del fusil que cercenaba vidas. Eco que se fue disipando con el tiempo y confundiendo en las celebraciones.

Ciento siete años más tarde, la Grandeza de España celebraba la fiesta de su patrono, San Francisco de Borja, en la desaparecida iglesia del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja de la calle de la Flor Baja.
A iniciativa del duque de Tamames, se premiaba en ese acto a aquellos sirvientes de casas aristocráticas que, después de muchos años de servicio, eran merecedores de ello.

Las fotos que veremos a continuación forman parte de la historia. Ese templo ha desaparecido de la geografía urbana de Madrid, y de su interior solo queda el recuerdo. La Congregación ya había sido "saqueada" en tiempos de Carlos III, pero sufrirá un expolio desmesurado e irracional en 1931.

El solemne acto
La misa había comenzado a las once de la mañana. Momentos antes, el alcalde, el Gobernador y miembros de los PP Jesuitas, recibían a los reyes en la entrada.

El templo estaba profusamente adornado con flores, escudos de la Grandeza y lujosos tapices; tampoco se había escatimado en el alumbrado.

Allí se congregaron todos los Grandes de España, luciendo uniforme; representaciones de las Órdenes militares y gran parte de la aristocracia. También estaban los sirvientes de las nobles casas y, por supuesto, los más longevos, para los que se celebraba el acto.

Se cantó una misa de Liszt, oficiada por el Padre Cerdión con la ayuda de monaguillos, que eran hijos de los aristócratas. En la Reserva se cantó el himno de San Francisco de Borja, y después del Evangelio pronunció unas palabras el Padre Coloma. El famoso jesuita Luis Coloma Roldán fallecerá un mes más tarde, el 10 de junio, a los 64 años de edad.

Finalizada la ceremonia religiosa, se premió la lealtad de diez mujeres y otros tantos hombres, todos ellos viejos sirvientes, con unas cartillas del Monte de Piedad, por valor de 500 pesetas. Estos sirvientes iban vestidos de negro, luciendo pelo cano y medalla en el pecho.




En la fotografía, marcado con una X, podemos ver al duque de Tamames posando junto a un grupo de sirvientes homenajeados y premiados aquel señalado día.


Así se desarrolló ese acto:
El secretario de la Diputación permanente de la Grandeza, Sr. Duque de la Vega, llegado el momento fue a buscar a estos sirvientes, quienes habían presenciado la misa desde un altar lateral del templo. Tras él pasaron ante el altar mayor, y allí, en presencia de los reyes y altezas, el presidente de la Corporación, Sr. duque de Tamames, con la venia de Alfonso XIII, hizo entrega de las cartillas, que los ancianos servidores recibieron llorando.

La familia Real felicitó a los agraciados, y todos los concurrentes hicieron luego lo propio.
El duque de Tamames, y los demás individuos de la Diputación de la Grandeza recibieron muchas enhorabuenas por la brillantez del acto, que finalizó con la retirada de los reyes.



Aquel día, pero de 1808, lo único que lucieron muchos madrileños en su pecho fue el certero disparo del pelotón de fusilamiento.

Dicho esto, recordaremos ahora la desaparecida iglesia del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja.

Iglesia del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja
Es nuestra intención ofrecer algunas imágenes del desaparecido templo y una breve reseña sobre su último emplazamiento y los sucesos de mayo de 1931.

La iglesia parroquial y casa Profesa de la Compañía de Jesús, denominada del "Sagrado Corazón (o Corazón de Jesús) y San Francisco de Borja", estuvo ubicado en la calle de la Flor Baja, números 1, 3 y 5, desde las postrimerías del siglo XIX.


Fragmento del plano de Emilio Valverde (1883)
donde se instalará en 1896 la nueva iglesia de San Francisco de Borja y Casa Profesa.


Breve historia
Por expreso deseo del duque de Lerma, nieto de Francisco de Borja por parte materna, se fundará en Madrid la Casa Profesa en la que reposarán los restos de su santo abuelo. Con ese objeto, el duque dona unas casas que tenía en la calle del Prado, donde, el 18 de diciembre de 1617, serán sepultados los restos. Al acto acudirá el rey Felipe III.

El 10 de mayo de 1627, en contra de los deseos del duque de Lerma, los Jesuitas se trasladan a un nuevo templo de la plazuela de Herradores. Allí, bajo su altar mayor, son depositados los restos. La nueva Casa Profesa y templo se ubicaban en la manzana comprendida por las calles de Hileras, Mayor y Bordadores, con entrada por la plazuela citada.

En 1767, por Real Orden de Carlos III, los Jesuitas son expulsados y el edificio es cedido dos años después a la Real Congregación del Oratorio de San Felipe Neri. Allí estarán hasta 1836.
Posteriormente, la Casa Profesa y templo serán derribados para dar paso a un mercado con galería acristalada, imitación de los famosos pasajes parisinos*, que denominarán de San Felipe.
Finalmente, en el siglo XX, esa edificación también desaparecerá para dar paso a la calle de San Felipe Neri.

El domingo 19 de enero de 1896 se inauguraba el nuevo templo de los Padres Jesuitas, bajo advocación del Sagrado Corazón de Jesús y San Francisco de Borja en la calle de la Flor Baja, sobre los terrenos que había ocupado el Teatro del Recreo, y que antes había sido iglesia del Rosario, perteneciente a los Padres dominicos.


Decía El Siglo Futuro del 18 de enero de 1896, al dar la noticia sobre la inauguración del templo:
"Los planos del nuevo templo se deben al conocido arquitecto D. Francisco Rabanaz.
La base afecta la forma de una cruz latina.
Sobre la parez se destaca, en el altar mayor, un cuadro al óleo representando el Corazón de Jesús adorado por los ángeles,su autor es el Sr. Gómez Moreno.
En dos hornacinas, y en sus respectivos altares, se colocarán las efigies de San José y San Ignacio.
A la derecha del altar mayor está la capilla de San Francisco de Borja, y á la cual se trasladarán probablemente los restos del santo, que hoy se guardan en la iglesia de Jesús. A la izquierda existe una espaciosa capilla que se llamará de Congregaciones.
El coro está sobre la puerta de entrada.
En el crucero se eleva una gran bóveda ó cimborrio por donde entra la luz zenital. Las vidrieras proceden de la fábrica real de Baviera.
La iglesia no tiene torre. Las campanas se instalarán en una espadaña que no estará á la vista de los fieles."

Por su parte, La Lectura Dominical del día 26 publicaba


Los restos de San Francisco de Borja, custodiados en la iglesia de Jesús, fueron trasladados al nuevo templo en el año 1901. Allí estuvieron, junto a otros santos, en la capilla dedicada a su veneración, situada a la derecha del altar mayor.


Como si un mal sino acompañase a los templos levantados para advocar al santo jesuita-ya hemos visto los diferentes domicilios que tuvo-, la Casa Profesa e iglesia de la calle de la Flor Baja también estuvo destinada a desaparecer. En esta ocasión será debido a la construcción del tercer tramo de la Gran Vía.
En Cien años de Gran Vía, otro blog de mi autoría, hago referencia a este hecho al referirme al tercer tramo de Gran Vía, o Avenida A, o de Eduardo Dato:
"En 1928 poco se había avanzado en las obras.
Quedaban muchas casas por derribar, y seguía en trámite el expediente para aumentar su anchura de 25 a 35 metros, con lo cual, como ya se había construido la primera casa por la alineación de la derecha, había que ganar los 10 metros por la izquierda.
Esta situación obligaba a expropiar varias fincas de ese lado, entre ellas la iglesia de los Padres Jesuitas (Convento de la Compañía de Jesús) en la calle de la Flor, que con el trazado del proyecto en ejecución se había logrado salvar." [enlace]

El expediente sobre la expropiación de la iglesia se había iniciado en 1926 y fue sumando legajos durante años, hasta la proclamación de la República.

El 11 de mayo de 1931, sin planos de trazados ni piqueta, el templo del Sagrado Corazón y San Francisco de Borja sucumbía al poder de las llamas en un Madrid convulsionado.


Tres sucesos: los fusilamientos del tres de mayo de 1808; las medallas a los siervos de la Grandeza de España en 1915; la destrucción del templo de la Compañía de Jesús en 1931. Tres historias conectadas a un mismo eje, los madrileños de otros tiempos.



Bibliografía
Fuentes consultadas:
· Sánchez López, Andrés. "La Casa de los Jesuitas en Madrid..." Archivo Español de Arte, LXXX, 2007, 275-288, ISSN: 0004-0428
· Madoz, Pascual. Diccionario Geográfico-Estadístico-Histórico... "Madrid" (1848)
· De Répide, Pedro. Las calles de Madrid (1971) Madrid. Editorial Afrodisio Aguado, S.A

· Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
· En todas las citas se ha conservado la ortografía original.


© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-001 HIST
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viernes, 1 de mayo de 2015

Fiesta del Trabajo. Madrid, 1915

Recuerdos de papel centenarios para saludar a todos los trabajadores en este 1º de mayo de 2015.
Fotografía de Salazar que trae las miradas del pasado a este presente estancado e inconstante.
Desde la calle de Alcalá nos saluda el pueblo madrileño, luchador y sufrido, que festejaba la llamada "Fiesta del Trabajo" del sábado 1º de mayo de 1915.




Los obreros venían de la Plaza de Isabel II, donde a los ocho de la mañana se había formado la manifestación. A las diez se ponían en marcha-cada uno bajo su bandera y en orden-, avanzando por la calle del Arenal y entrando en la Puerta del Sol. Allí se detuvieron, frente al Ministerio de la Gobernación, y una Comisión hizo entrega de las siguientes reclamaciones:
"Primero. Jornada de ocho horas, como punto principal de la legislación protectora del trabajo.
Segundo. Apertura de trabajos en la proporción necesaria para dar ocupación a los obreros parados.
Tercero. Acción eficaz contra los acaparadores, para obtener el abaratamiento de las subsistencias.
Cuarto. Terminación de la guerra en Marruecos.
Quinto. En tanto ésta dure, que vayan a ella los hijos de los ricos, como van los hijos de los pobres.
Sexto. Derogación de la bochornosa ley de Jurisdicciones y la no codificación de la misma en los Códigos penal, civil y militar.
Séptimo. Extensión de los beneficios de la ley de Accidentes del trabajo a los obreros agrícolas.
Octavo. Extensión también de los beneficios de dicha ley a los camareros, cocineros y similares.
Noveno. Reducción de la jornada de trabajo a los obreros de la dependencia mercantil.
Décimo. Supresión del trabajo nocturno en el ramo de la panadería.
Undécimo. Convertir en ley el decreto de 24 de Agosto de 1913 relativo al trabajo de la industria textil.
Duodécimo. Dar a los trabajadores de las minas el Código insistentemente solicitado por ellos.
Décimotercero. Amnistía para todos los condenados o procesados por delitos políticos y sociales."

Dice "El año político-1915", que el Sr. Dato manifestó a la Comisión la atención que prestaba el Gobierno a las cuestiones obreras, y lo mucho que le complacería poder atender a todas sus demandas. Dato rogaba a los obreros un poco de paciencia, pues "tan pronto como se restablezca la normalidad y puedan reanudarse las labores parlamentarias, este Gobierno someterá a las Cámaras una amplia labor legislativa en sentido obrero, la cual se halla en estudio en los momentos actuales". En marcha estaban los trabajos de una Comisión del Gobierno que estudiaba y redactaba el Código minero.

Continuó la manifestación rumbo a la Casa del Pueblo. En la calle de Alcalá se hicieron la fotografía, como testimonio de que ningún tiempo fue mejor pero la unión hace la fuerza. Después, con la esperanza puesta en reivindicar los derechos del trabajador, continuaron su recorrido por las calles de Barquillo hasta Piamonte, número 2, donde se encontraba la desaparecida Casa del Pueblo.

Allí congregados, y habiendo entonado "La Internacional", la masa obrera pudo escuchar las palabras del Sr. Julian Besteiro, entonces concejal del Ayuntamiento, dirigidas al pueblo desde un balcón del salón de actos de aquella casa.


Este fue el discurso del Sr. Besteiro al pueblo obrero de hace cien años:
"Compañeras y compañeros: Es natural que vosotros hayáis dado principio a este acto con vivas al «abuelo», que encarna el prototipo de los luchadores del día.
Su ausencia hace que yo, aunque sin méritos, os dirija la palabra por una carta suya que ha escrito desde Valencia encargándome de esta misión.
Nosotros no tenemos ídolos; pero somos justos y debemos devolver con agrado el saludo al veterano luchador.
Este 1.º de mayo no puede ser fiesta para nosotros, porque millones de compañeros se hallan entre el humo y la metralla; pero es acto para contar nuestras fuerzas y tender la vista a nuestras esperanzas crecientes y justas.
Lo aprovechamos, como de costumbre, para solicitar mejoras de los Poderes públicos, entre ellas la jornada de ocho horas para quo el trabajo, así metodizado, pueda ser una bendición y no una maldición y castigo, como es ahora.
También pedimos que se mejore la condición de los mineros, de cuyos sufrimientos nos dan cuenta hasta los periódicos burgueses, y el trabajo diurno de la panadería, que mejore la condición y salubridad de estos obreros.
Porque la imperfección de la sociedad capitalista produce paros forzosos, se pide la organización de trabajos de carácter público, y es necesario también, como lo hacetmos, pediir que no suba cada vez más él precio de la vida.
También debemos fijar nuestra atención en que hay problemas comunes que nos obligan a luchar contra la organización burguesa, y por eso se hace necasario modificar las leyes penales, que hoy dejan en libertad a los defraudadores influyentes y aprisionan al infeliz obrero, para el cual solicitamos una amplia amnistía.
Seguimos sosteniendo esa guerra injusta e insensata de Marruecos, sin que nadie nos llame a Tánger, como los políticos se empeñan en demostrar, y contra esta teoría tendrán a la clase trabajadora.
Se preparan días fuertes y duros para el proletariado; pero quizá en ellos encontremos la felicidad."

Palabras puestas con el énfasis de la época, que suenan lejanas en algún sentido, pero que conservan similitudes con el mundo obrero de hoy.
Así fue aquel 1º de mayo de 1915; hoy muchos lo celebramos "de puente".





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