sábado, 23 de mayo de 2015

Fiesta de la Maya de Madrid

En nuestro artículo sobre las Fiesta de mayo de 1915, organizadas por el Centro de Hijos de Madrid y secundadas por el distrito de Chamberí, presentamos el programa de eventos. Entre los festejos figuraba la denominada Fiesta de la Maya, de la que hablaremos a continuación.



Fiesta de la Maya
Era costumbre antigua que a la llegada del mes de las flores se plantase en las plazas el 1º de mayo un árbol frondoso, que solía ser un álamo, y se lo adornara con cintas, flores y colgaduras de colores vivos. Debajo de él se sentaba a la joven más bella, y alrededor bailaban mozas y mozos, con tal bullicio y frenesí que llegó a prohibirse y recibir la censura de la iglesia.

Con el tiempo aquella vieja costumbre derivó en las Mayas, que era la soltera más hermosa del barrio, elegida de común acuerdo, y cuya casa por la noche era engalanada en puerta y ventanas con flores recién cortadas.
A la mañana siguiente iban a buscarla los mozos y mozas, luciendo sus mejores galas, y haciendo sonar por la calle los panderos, cascabeles, guitarras y castañuelas, y entonando seguidillas dirigidas a la reina de la fiesta.
Al llegar a la casa se le cantaban coplas, compuestas muchas con discreto ingenio. Acto seguido entraban en la casa y sentaban a la Maya en un taburete que llamaban "la silla de la Reina", que estaba adornado con flores y sedas, y en andas la llevaban a un vistoso trono decorado con tapices, colgaduras, alfombras, cuadros y cornucopias. Allí colocaban a la Maya en su trono y la coronaban soberana símbolo de la Primavera. Comenzaba entonces el baile, que duraba hasta altas horas de la noche, y algunas mozas comenzaban a peregrinar por las calles con platillos pidiendo monedas para la entronada.

"Echa mano a la bolsa,
cara de rosa,
para obsequiar con ella
mi maya hermosa."

En tiempos de Felipe III los barrios que tuvieron mayor fama por poner en el trono a las más bellas Mayas fueron los de la ermita de San Millán, en la plazuela de la Cebada, la Morerí­a y Puerta de Moros.


La reina de los mayos
"La reina de los mayos", zarzuela de Antonio Velasco Zazo, Luis Cordavías y Alfonso Martín, compuesta en un acto y tres cuadros, en prosa y verso, y publicada en 1911, rememora los tiempos de Felipe III, entre los Siglos XVI y XVII.
La acción se desarrolla en el emblemático barrio de la Morería, y la escena IV del cuadro tercero tiene lugar en la plaza del Alamillo *, donde uno de los personajes de la obra, "La Pitaña",  recita los versos del poeta Vargas:

En prueba de que soy bella
sabed que he sido la Maya
debajo del alamillo
de la puerta segoviana,
que el rey Felipe tercero,
que tiene de galán fama,
prendado de mi hermosura
arrojó el oro a mis plantas
y alargándome la mano,
que dos mundo avasalla,
me dió un beso en la mejilla,
hechizado de mi gracia,
diciéndome: Niña, hermosa,
eres diosa de las Mayas,
perla rica de mi corte
y la reina de las hadas.
Bendito el florido Mayo
que tal dicha me guardaba
de ver Maya, que cual tú,
jamás se miró en España.


* Plaza del Alamillo
Dice A. Fernández de los Ríos en su "Guía de Madrid" (1876), que, según unos, la plaza había tomado el nombre de un árbol derribado por un huracán en el siglo XIX; según otros, "alamillo" derivaba del "alamud", tribunal árabe, porque había en aquel sitio una casa donde presidia el Ayuntamiento el alcalde de Madrid en tiempos de Hiscen, califa de Toledo.

Por su parte, Antonio Capmani y Montpalau, en "Origen Histórico y Etimológico de las calles de Madrid" (1863) añade a estas historias: "Cuando los cristianos ganaron la villa, el ayuntamiento que entonces se constituyó tenia aquí sus reuniones , y en su plaza se celebraban las fiestas públicas , y se cuenta que allí el valeroso Cid Rodrigo Diaz de Vivar lanceó un toro en la fiesta real con que se obsequió al rey D. Alonso VI con motivo de la conquista de Toledo."


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Vicisitudes de la fiesta
El historiador Basilio Sebastián Castellanos de Losada aseguraba que durante el reinado de Felipe IV se mantenía la costumbre de la fiesta de la Maya, a tenor de un testimonio leído en un archivo en el que se condenaba a doscientos azotes y seis años de galeras a unos desalmados llamados Pedro Rendón, Juan Díaz y Antonio Pérez.
El auto decía que se les condenaba "por haber acometido con navajas a Petra Redondo, cuando hacÃía de Maya en el Prado de San Jerónimo, e hiriéndola la quitaron las alhajas que tení­a puestas por valor de doscientos ducados y maltratando a tres de sus compañeras, a quienes quitaron las arracadas, rasgando a una las orejas".

En tiempos de Carlos II (el Hechizado) se prohíbe la fiesta de las Mayas por su "paganismo" y es sustituida por la de la Cruz del 3 de Mayo.

Durante el reinado de Carlos III sí existirá la fiesta, pero con cambios. En bando de 21 de abril de 1769, publicado en Madrid, se prohibía a las Mayas manifestarse en las calles con otras, pidiendo dinero para ellas, y se imponían penas de diez ducados y diez días de cárcel a los padres o personas a cuyo cargo estuviera el cuidado de las mismas.



En el Siglo XVII, los madrileños del barrio del Barquillo levantaban el trono de la Maya en el mismísimo atrio de la iglesia de San José. Y allí llevaban a la manola que consideraban más guapa, mientras otras doncellas incordiaban a los feligreses pidiendo la consabida moneda.
El pintor Arturo Mélida y Alinari lo refleja en su cuadro "Atrio de la iglesia de San José, de Madrid".



Las Mayas de 1915 y Fernando VII
Sobre la celebración organizada por el Centro de Hijos de Madrid de 1915, habla Antonio Velasco Zazo, decano de los cronistas de la Villa, en la revista Mundo Gráfico.
Velasco Zazo rememora los tiempos del Madrid de Fernando VII, del que decía "era el primer chispero", de Chamorro, "el más ocurrente majo" y de Pepa la Naranjera, aquella que "atravesaba los salones de Palacio vestida con saya de percal, mantilla de tira y peineta acanalada".
"Esta costumbre de las mayas no era una cuchipanda de gentes perdidas, como algunos ignorantones han llegado á presumir. Erase una fiesta seria y digna de alabanza, ya que en ella tomaban parte muy significadas damas de la nobleza, y en los tronos ó sillas se gastaban buenos cuartos, adornándolos con sederías, tapices, mantones filipinos, flores de todas clases, cintas bordadas, pañuelos de seda, pabellones y abanicos.
Todo Madrid, este Madrid tan bello é inconfundible, participaba del jolgorio. Las calesas rodaban del Barquillo á Morería y del Lavapies á los altos de Amaniel. Los muchachos tocaban panderos y cascabeles atados en largas varas. Los cohetes subían uno tras otro, confundiéndose sus detonaciones y dejando caer sus lucecillas multicolores. En cada esquina un baile, y en cada puerta una cruz. De aquí para allá, comparsas con bandurrias y castañuelas. Recaderos conduciendo cestos de flores y abanicos de plumas. La alegría, desbordándose en la mañana templada que evocaba la gloriosa victoria de un 2 de Mayo ejemplar.
Eranse las mayas las solteras más guapetonas del barrio, elegidas por común acuerdo y festejadas con las ingeniosas coplas de los sopistas.
¡Barrios de San Millán, de Morería, de San Antón y Maravillas! Para recreo y enseñanza de todos, van otra vez á cantar vuestra fama unas chulapas mujeres que harán perdurable la esencia del majismo por los siglos de los siglos.
ANTONIO VELASGO ZAZO"


La tradicional fiesta nacida en el Madrid del siglo XVI, y que hoy ha quedado reducida a su mínima expresión, tenía por finalidad dar la bienvenida al renacer de la naturaleza en primavera y, de paso, reconocer la belleza de las jóvenes mujeres madrileñas entronizándolas y alagándolas hasta elegir a la más bella. Pero...
 "Si el progreso y las luces de nuestros tiempos no hubiesen suprimido la fiesta de las mayas, vieja y honrada costumbre de nuestros abuelos, Margot hubiese sido adornada con las rosas blancas, lo cual valí­a más que el sermón, pero los señores del 89 suprimieron muchas cosas." ["Margot", de Alfredo de Musset. Biblioteca de El Progreso. Diario republicano autonomísta El Progreso, 1909. Santa Cruz de Tenerife]



"Manola de las Vistillas,
manola la más chuscaza,
la de los zarzillos rojos:
pon a mi pasión templanza.
¡Manola de las Vistillas!
¡La de más brio y más alma
que vieron ojos mortales
pisar el suelo de España!"
ANTONIO VELASCO ZAZO, 1920




Bibliografía
· Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
· En todas las citas se ha conservado la ortografía original.


© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-002 CHMADRID
ISSN 2444-1325