sábado, 2 de mayo de 2015

Artículo de Galdós para el Centenario del 2 de Mayo. Madrid, 1908

A don Benito Pérez Galdós no se lo puede contemplar como a las fotos antiguas. A don Benito hay que leerlo; quizá por eso "Madrid y Galdós" sea una sección de nuestro blog para insaciables lectores.
Y es que no hay mejor manera de conocer a Galdós que leyendo lo que escribía. No solo sus novelas, también sus colaboraciones en la prensa; artículos cargados de imágenes de otro Madrid, donde ni sobra ni falta la crítica y siempre se perpetúa una realidad.

En 1908 se celebraba el Centenario del 2 de mayo. Insignificantes veinte lustros que habían diluido el sentimiento patriótico de muchos para dar paso a los emotivos y pomposos recuerdos, con monumento, placa y Banda municipal. Galdós es consciente de ello, duda y critica.
El artículo aparecido en El País del 2 de mayo de 1908 [1] es muestra de ello.  En portada se publicaba una fotografía del precioso monumento realizado por Aniceto Marinas, que se erigiría en breve en la Glorieta de San Bernardo. En la página interior... la bofetada proferida por Galdós a "la opulenta burguesía".


Don Benito escribe el artículo en el mes de abril; en mayo, el día 10, cumplirá 65 años. En junio estrenará la ópera Zaragoza en aquella ciudad, ocasión para el pueblo aragonés de agradecerle que recordase su epopeya en los Episodios Nacionales.
En el artículo que pasamos a transcribir, el escritor cita a Zaragoza y el patriotismo de aquel pueblo. Algunos se preguntarán, al finalizar el texto, si era un sentimiento o publicidad encubierta a propósito del estreno de la ópera; no lo sabemos-pero es posible-, más allá de las alabanzas a los aragoneses, que eran ciertas.

La esfinge del Centenario
"Centenario de 1808, Conmemoración de un cruento sacrificio, del alzamiento iracundo del pueblo español contra los usurpadores del ser y del suelo de esta raza, ¿qué sois, qué significáis, qué ejemplaridad ó enseñanza nos traéis? Fiestas de Mayo, de Junio y Julio, de diferentes fechas y lugares históricos, ¿qué grado de calor, de cívica efusión pondréis en vuestras alegres ó pomposas manifestaciones?
Esto preguntan los curiosos impertinentes, parlantes ó mudos, qué padecen la manía de palpar la vida nacional; los que un día la encuentran si a pulso, bien dispuesta para la esclavitud, otro día se precaven contra sus arrechuchos nerviosos suponiéndola con ganas de rebelión.
Lo que principalmente queremos saber de los propios labios marmóreos de la esfinge del Centenario es si subsiste en España el sentimiento fundamental llamado Patriotismo, y si al sacarlo de los polvorientos Archivos históricos, revive este sentimiento, trocándose de códice amarillo y glorioso en documento vivo que hable á la generación presente como habló á las antiguas, y levante las almas desmayadas y sacuda los músculos perezosos. Díganos la esfinge si el amor patrio conserva fuerza bastante para promover actos fecundos, y para dirigirnos y orientarnos en el largo viaje que debemos emprender desde los páramos insalubres á las regiones de vida y sanidad perdurables.
Dudamos de la robustez del Patriotismo de primer grado, fundamento de toda nacionalidad, porque en los preparativos del Centenario hemos advertido escaso fervor y el prurito de encerrarlo en moldes y formulismos arcáicos. La voz de agoreros lúgubres, que anticipan el fracaso de las fiestas antes que estalle el primer cohete, aumenta nuestras dudas.
Mal síntoma es también la indiferencia con que la gente adinerada, salvo raras excepciones, presta su concurso á este movimiento, dejándose llevar casi á rastras, y accediendo por compromiso á figurar en él. La opulenta burguesía, que vive aletargada en las blanduras económicas, no puede ocultar su desamor al Patriotismo de primer grado, en quien ve una fierecilla, ya que no fiera desmandada, cuyos manotazos debemos contener con discretas cadenas. Y digamos á esos patriotas tibios que la fiera creó la burguesía opulenta y la obsequió con los fáciles medios del bienestar.
Por no parecer hija ingrata, la generación de pudientes se agrega á los festejantes, y corea con un murmullo de pura fórmula los himnos oficiales.
Patriotismo de segundo grado, un poco rutinario y covachuelista, atiborrado de la bazofia expedientíl que llamamos precedentes, y ostentará toda la marchita magnificencia del viejo sistema: etiqueta y responso. Antes que imitar á los héroes y enaltecer sus hazañas y su sacrificio por la Patria, debemos pedir su indulto, gestionar que salgan del Purgatorio; y como del indulto, si acaso lo hay, no se tiene noticia, en el siglo venidero volveremos á llamar á las divinas puertas, pidiendo que sean perdonados aquellos pecadores que aseguraron la Independencia de su país, la liberación del suelo y los hogares. Muy santo y muy bueno es el rezar por los difuntos; pero sobre esta función anímica debemos poner algo más: la idea de la glorificación de los héroes, y de tenerles por santos, ya que no sea posible llamarles dioses.
Cierto que en Madrid, bajo las pompas de la etiqueta y funerales suntuosos, hay un pueblo que aún siente el Patriotismo de primer grado, y lo expresará con hondo mujido; pero éste no será vigoroso que se sobreponga á los oficiales canticios. Sólo en Zaragoza, cabeza y corazón del pueblo aragonés, que aún es lo que fué, y no ha querido desprenderse de su recto sentido de las cosas ni de la fiereza que le indujo á los más ejemplares triunfos de la voluntad; sólo en Zaragoza, decimos y creemos, descollará el Patriotismo fundamental sobre el oficinesco ó de segundo grado.
Todo lo que allí se ha hecho y se hará, el entusiasmo y fé con que se enaltecen las grandezas históricas, la efusión sublime con que se ha tendido la mano á Francia, la descomunal hazaña de Paraíso, improvisando la Exposición, la general alegría y el honrado orgullo de toda la gente aragonesa, demuestran que si allí hay también etiquetas y responsos, sobre la expresión de estas formas de festejos descollará la voz épica que engrandeció á los hombres y convirtió en fortalezas inexpugnables las casuchas míseras, la voz que no clama entre las ruinas para regarlas con vanos lloriqueos, sino para fundar sobre ellas las edificaciones futuras, y seguir viviendo, seguir creando.
B. Pérez Galdós"

Ahora sí, después de leerlo y asimilar lo que escribió, podemos contemplar a Galdós. Esta es la fotografía que acompaña al texto publicado en El País de hace 107 años.




Bibliografía
· Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación                                                      . 
· En todas las citas se ha conservado la ortografía original.


© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-010 MADGALDOS-ESP 2MAYO
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