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viernes, 15 de mayo de 2020

Las fiestas de San Isidro el año que nació Benito Pérez Galdós. Madrid, 1843


El 10 de mayo de 1843, en una bonita casa de la calle de Cano del barrio de Triana, en Las Palmas de Gran Canaria, nacía Benito María de los Dolores Pérez Galdós; bautizado con ese nombre el día 12 en la iglesia parroquial de San Francisco. Esos días Madrid se preparaba para las fiestas de San Isidro, el labrador, celebradas los días 14 y 15 de mayo.

Hoy, día de San Isidro del año 2020, confinados por la pandemia que azota al mundo, continuamos festejando el 177 aniversario del nacimiento de Galdós y rememoramos la fiesta del santo de aquel año de 1843. Por eso, saltándonos las normas del Estado de Alarma en cuanto a distancias se refiere, desde casa viajaremos al Madrid decimonónico para recorrer la pradera del santo.


Vista de San Isidro del Campo (Siglo XIX)
Adolphe Jean Baptiste BAYOT Louis Philippe Alphonse BICHEBOIS
Biblioteca digital Memoria de Madrid. Inventario: Inv. 2464


El día 13, que fue sábado, se publicaba el bando por el que el primer alcalde constitucional del también constitucional Ayuntamiento de Madrid, D. Juan Álvarez y Mendizábal, anunciaba las disposiciones municipales concernientes al orden público. Con esto se pretendía evitar las desgracias, riñas y desórdenes de años anteriores. Ese mismo día se retiraron de la vía pública más de sesenta mendigos y comenzaban los preparativos para la celebración de la fiesta.






El día 14, inicio de las fiestas, hubo sesión desde las diez de la mañana hasta las nueve de la noche en el Cosmorama instalado en la calle de la Gorguera, 15. Se exponían fantásticas pinturas iluminadas representando el bombardeo de Barcelona del 5 de diciembre de 1812.

En el café de Lorenzini, citado por Galdós en La Fontana de Oro y los Episodios Nacionales, se había puesto a la venta un curioso librito titulado Vida de san Isidro Labrador; también podía comprarse en la plaza de Santo Domingo, en una tienda-lonja que hacía esquina con la calle de Tudescos.

Tal y como ocurre en la actualidad (al menos hasta 2019), en la pradera se instalaban los puestos de conocidos locales dedicados a la alimentación y la venta de vinos y licores. Se anunciaban en los periódicos, indicando su ubicación y el tipo de producto que ofrecían. Así, la famosa fonda de Perona se instalaba «… en la pradera de san Isidro del campo subiendo á la izquierda enfrente de la ermita del santo desde la vispera», y añadía «… en la que se servirá toda clase de viandas fiambres y al mismo tiempo bebidas y helados con el gusto y buen servicio que tiene acreditado».

La confitería de Nebreda, de la galdosiana calle de Tabernillas, 23, anunciaba con lujo de detalles el servicio que ofrecería en su puesto de la rinconada de la ermita.




Y en la también muy galdosiana calle de Pontejos, estaba situado el establecimiento de generosos y licores Delicias de la Bética. Sus andaluces dueños, antes ubicados en la calle Carretas, 18, ofrecían en su puesto de la pradera un surtido de licores finos elaborados en su propia bodega y en la fábrica de Gay del Puerto de Santa María, además de vinos generosos del reino y del extranjero; jamón en dulce, salchichón de Vich, aceitunas sevillanas y otros manjares. Mismos productos ofrecía el dueño de la tienda de vinos generosos de la calle del Príncipe, 27, en su puesto ubicado frente a la ermita.

La fonda del Comercio también había instalado su puesto frente a la ermita y la gran novedad era el café del Bilbaíno, situado entre los primeros puestos de la izquierda en la subida a la ermita, donde ofrecían deliciosos refrescos de limonada al estilo de Vizcaya y bacalao aderezado, además de jamón, pollas y fiambres. También servían cerveza, bebidas heladas, sorbetes y un gran surtido de dulces y confitura.

Seguido del Bilbaíno, instalaba su puesto la tienda de vinos del Montañés, de la calle ancha de Majaderitos, 6. Este ofrecía un espacio con mesas en la sombra donde poder degustar fiambres, jamón cocido con vino, salchichón de Vich, pollas y pollos asados; también merluza, ternera, aceitunas de Reina, entre otros platos. Todo al mismo precio que en la tienda.

En una casa de nueva planta levantada en el camino que llevaba a la ermita, se había instalado un establecimiento de leche de vaca y de cabra que para las fiestas ofrecería, además, cerveza, fiambres y pastelería.

Otra de las novedades era la confitería San Isidro, con puesto frente a la puerta de la ermita, donde ofrecían un abundante surtido de dulces variados y, según anunciaban «se hallará un capricho nuevo hasta el día como es, los panecillos de san Isidro elaborados con el mayor esmero y finura...».

Según un anuncio de venta o alquiler de puestos, podemos conocer la fisonomía de estos: «… casilla nueva, de hechura de tienda de campaña, de madera y lienzo, perfectamente construida y pintada». El puesto podía verse en el café del Instituto, situado en la Trinidad.

Dicho todo esto, escuchemos a Juan Martínez Villergas, quien, en La Risa, Enciclopedia de extravagancias, nos decía:
«Respecto de comidas no alcanzo yo que tenga de estraordinario el dia de san Isidro. Cuatro tenduchos á guisa de covachuelas portátiles, en mala alineación colocadas como regimiento de reclutas, con varios géneros, unos líquidos y otros sólidos pero que todos vinieron á este mundo con la misión sagrada de colarse por el callejón (con salida) que tenemos todos entre barba y nariz, para llenar el vacío que hay entre pecho y espalda: géneros todos compuestos con los mismos ingredientes, por cuya razón debían bautizarse y se bautizan con un nombre común; pero viene luego el obispo que es el que rotula los comestibles y bebestibles y al confirmarlo hace diez ó doce familias de una sola casta. Los licores por ejemplo, suelen componerse de aguardiente de Cañas, agua de la fuente del Berro y miel de la Alcarria: se divide la gran porción en frascos dándoles distinto color, unos con zumaque, otros con azafran y no pocos con albayalde y tinta y se les encaja después un papelito á veces impreso y á veces manuscrito que diga; Noyó, Perfecto amor, Leche de Viejas, Aceite de Venus y otras zarandajas que fascinan á la multitud y si no la llenan el ojo la llenan el cuajo. Ademas que basta que un hombre se empeñe en estar enfermo para que se muera sin dolencia alguna; lo mismo es la gente para comer y beber: basta que una cosa se llame requesón para que aquello nos sepa á requesón aunque sea queso de la Mancha bien duro y bien colorado.
Lo cierto es que cada frasco que tiene de coste dos ó tres cuartos, se vende a dos ó tres reales, usura que basta a vindicar á ese montón de contratistas que hoy tienen á centenares las fincas y hace seis años no podían pagar una habitación de dos pesetas como me sucede á mí».[1]

¡Vaya! Don Juan Martínez Villergas nos ha borrado de un plumazo la galantería y cualidades gastronómicas que parecían tener aquellos puestos en la romería del santo.

No menos realista será Galdós en 1887 cuando le cuente a los lectores de La Prensa, de Argentina:
«Es de rúbrica para el Isidro la excursión a la pradera y a la romería del santo patrono de Madrid. Bien examinada la tal romería, no tiene absolutamente nada de particular; mejor dicho, es vulgar, tumultuosa, cara y con más molestias que atractivos. La llamada pradera no puede gozar el nombre de tal sino con un gran esfuerzo de imaginación de los que a ella concurren. Como el tiempo se presente seco y un tanto airoso, nubes de espeso polvo envuelven pradera y cerro, y ermita, y ventorrillo, y romeros. La especialidad de esta feria consiste en la venta de botijos, o sea cacharros de barro poroso para refrescar el agua. Los hay de cerámica blanca, fabricados en la Rambla, y de cerámica roja».
Galdós habla también del pito del santo, que era un silbato de cristal adornado con flores de tela, y añade:
«Lo demás que hay en la feria, como puestos de rosquillas y avellanas, bodegones, tenduchos y espectáculos diferentes, no difiere en nada de lo que en otras ferias se ve. Si Madrid no tuviera más atractivo que los que la romería ofrece, no valía la pena de que se molestase nadie en venir acá».
¡Al traste con la bucólica estampa que nos dejó Goya!

Salvadas las diferencias o similitudes con la actualidad, la romería de hace 177 años estuvo muy concurrida. Desde el centro de la ciudad llegaban los ómnibus cargados de gente; tanta era, que se calculó una afluencia de más de cien mil personas (al menos es lo que anunció el diario El Espectador). Ante mayúscula aglomeración, y para evitar accidentes, se prohibió la circulación de caballos por la pradera.



Los que no acudieron a la romería se quedaron en casa para asistir a los cultos religiosos en la iglesia de San Isidro del Real, celebrados por los naturales de Madrid con misa mayor a las diez de la mañana y solemnes completas a las cinco de la tarde.

Antes o después de cada una de ellas, los madrileños podían acudir a la calle del Olmo, 20, confitería y horno de «vizcochos» de Núñez, donde para día tan señalado se habían preparado bizcochos borrachos, huevos dobles, capuchinas, yemas acarameladas, escarchadas, reales, suspiros americanos, delicias, pastillas de distintas esencias, bocados de dama y otros varios; abundante surtido de dulces de toda clase de frutas; merengues de fresa y limón. Además, roscones al estilo de Zaragoza, tiernos del día, y pastas finas. ¡Un oasis para golosos!

Todo esto podía regarse con los vinos y licores del depósito de la plazuela de Matute, 4, y el de la calle de la Concepción, 19. Allí se vendían vinos de Málaga, jerez seco, moscatel, de lágrima, pajarete, Pedro Jiménez, malvasía, rancio del priorato y manzanilla; también vino de limón, licores de rosa, andaya, naranja, noyó, limón, erema de tomillo, de anís, café, menta y otras clases; aguardiente de cañas, marrasquino y ron. Sumaban a estos licores una variedad de legumbres, azúcares, aceite, avellanas mondadas y tostadas y nueces gordas, además de jabón.

En las galdosianas calles de Duque de Alba, 7, fábrica de fideos, y la de Concepción Jerónima, mesón de los Huevos, se vendían ricas pasas moscateles de Málaga; también en otra fábrica de fideos que estaba en la bajada de San Martín, esquina a la calle del Arenal.

Si se quería aprovechar la oportunidad, aquel día del santo había llegado una gran remesa de salmón fresco, de venta en el cajón de pescados número 10 de la plazuela de San Miguel, último cajón entrando por el arco nuevo de las Platerías y «... esquina a las verduleras de Leganés». Hacía la competencia el número 9, tienda de postes encarnados y amarillos llamada «de la diligencia», a la que también había llegado el salmón fresco. En esa misma tienda se vendía «el cordero manchego superior de las mejores ganaderías de Aranjuez».

Y a la de comestibles y bollería de la calle Mayor, 66, también había llegado una remesa, pero de queso de Burgos «de superior calidad». Más allá, en la calle de Atocha, 18, salchichería del Catalán, vendían jamón cocido al dulce deshuesado para fiambre, el varias veces mencionado salchichón de Vich (aunque parece que este era el legítimo), chorizos, morcillas extremeñas, tocino y manteca.

Ya veis, queridos lectores, de comercio y bebercio iba la fiesta. Hemos citado algunos de los pintorescos establecimientos que abundaban en la villa y corte; muchos de ellos nombrados por Mariano José de Larra, Fígaro, por quien se celebró en febrero una misa funeral en el sexto aniversario de su fallecimiento. En ese mismo mes, el día 19, nacía en la calle de Fuencarral Adelina Patti, a quien años más tarde el joven periodista Galdós dedicará varias columnas en La Nación.

Mientras Benitín comenzaba a observar el mundo desde su cuna, una niña de trece años era convertida en reina, no como en los cuentos de hadas, sino por resolución de las Cortes Generales de España.

Todo lo que ocurrió aquel año de 1843, y lo acontecido antes y después, será contado por Benito Pérez Galdós cincuenta y cinco años más tarde en la tercera serie de los Episodios Nacionales.

Y hasta aquí la celebración.

¡Madrileños, feliz día del santo patrono! Cuidaros mucho y sed prudentes, que como algunos antepasados, también podemos disfrutar en casa de ricos manjares y generosos vinos.



Eduardo Valero García
Día sexagésimo tercero de confinamiento



Bibliografía y Cibergrafía

[1] Martínez Villergas, Juan, El Día de S. Isidro, Madrid, 1843. La Risa, Enciclopedia de extravagancias, Tomo I, Núm. 7, pp. 53-54.

Biblioteca Nacional de España (Hemeroteca y Biblioteca digital hispánica)
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domingo, 15 de mayo de 2016

San Isidro 1982. Programa de festejos

Decía el programa de las Fiestas de San Isidro de 1982:
"El Ayuntamiento de Madrid invita a todos los vecinos y visitantes de la Villa a sumarse a los Festejos de San Isidro, cuyo programa completo les ofrece en estas páginas. En él encontrarán sin duda motivos de interés para participar con su presencia en espectáculos, actos culturales, deportivos y, sobre todo, para integrarse en el ambiente de sana alegría que caracteriza a la celebración popular de las fiestas madrileñas."

Y con este bonito prólogo, a modo de pregón, retrocedemos en el tiempo para vivir día a día los festejos de 1982 en honor del Santo Patrón de los madrileños.



Fiestas de San Isidro. Madrid 1982
Programa completo
Dos páginas ocupaba el programa en La Hoja del Lunes de Madrid del 10 de mayo de aquel año.





El programa en detalle, día por día. Atención a las actuaciones.

















Para finalizar, una nota de color. La pradera y sus botijos aquel año de 1982.

La Pradera de San Isidro, 1982
© Archivo HUM
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 SAN ISIDRO
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Bibliografía

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© 2016 Eduardo Valero García - HUM 016-003 SAN ISIDRO
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San Isidro 1982. La Puerta de Alcalá de pega en El Corte Inglés de Preciados

Mientras en la Casa de la Panadería, promocionado por la Asociación Empresarial de Restaurantes y patrocinado por la Delegación de Cultura del Ayuntamiento, los madrileños e "isidros" degustaban platos típicos -entre ellos nuestro cocido- y vinos de la región, en la fachada de El Corte Inglés de Preciados (Calle del Maestro Victoria) se elevaba un Cortylandia castizo.

Chulapas y chulos llenaban de colorido ese espacio tan emblemático en Navidad, donde se había levantado una Puerta de Alcalá de pega.


Fachada de El Corte Inglés de Preciados
con la Puerta de Alcalá de pega
© Archivo HUM
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 SAN ISIDRO
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325


La reproducción exacta de la puerta mandada a construir por Carolus III Rex estaba realizada en poliéster en su parte baja y en porexpan las partes altas (cornisas, frisos, etc.). Las esculturas se habían modelado en barro pero finalmente fueron reproducidas en poliéster.

Medía el conjunto 20 metros de largo y 13,5 de alto, y en su construcción habían trabajado diez operarios durante cuatro meses. A cargo de la dirección de las obras estuvo el Sr. Alejandro Velasco, director artístico de la famosa marca comercial.


Fachada de El Corte Inglés de Preciados
Detalle de la Puerta de Alcalá de pega
© Archivo HUM
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© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

Su arco central fue utilizado como escenario para la representación de zarzuelas, con pases desde las seis hasta las ocho de la tarde durante los días de celebración de las fiestas de San Isidro.

Treinta y cuatro añazos han pasado y poco después de aquellas fiestas de mayo, se celebraba en España el Mundial de Fútbol. Algunos lo recordamos, otros no habían nacido.


© Archivo HUM
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Bibliografía

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Cuatro Gozos a San Isidro Labrador

Historia Urbana de Madrid celebra este día del Santo Patrono de Madrid recuperando de los tesoros de nuestra Biblioteca Nacional tres Gozos en alabanza del glorioso San Isidro Labrador.
Ponen la nota de color dos grabados de un mismo motivo representativo de la vista de la pradera en el día del Santo de 1875.



Datos sobre las imágenes en la Bibliografía



Cuatro Gozos en alabanza del glorioso
San Isidro Labrador

Cronológicamente los presentamos, comenzando con el del impresor José Martí, realizado entre 1871 y 1876. Le siguen el impreso por J. Solé en 1885, y el de M. Manáut, de entre 1880 y 1900.
Por último el de la librería Ferrandis y Villalba de 1905, conformando así estos cuatro gozos de alabanza.

Los Gozos, costumbre oral o escrita que tiene sus orígenes en la Edad Media, eran poesías de carácter religioso cantadas en honor de santos y vírgenes. Estos cánticos eran propios de las celebraciones de misas de fiesta mayor o en procesiones y bendiciones de imágenes.
En el caso de nuestro Santo Patrón, simbolizaban agradecimiento por las lluvias o ruegos por ellas. También muestras de devoción y gratitud de los labradores. [1]   



Entre 1871 y 1876


1885



Entre 1880 y 1900



1905





Bibliografía
Sobre los grabados de la pradera:
Datos BNE-BDH
Título . Vista de la Pradera de San Isidro en el día del Santo
Autor: Anónimo español (s. XIX)
Fecha: 1875
Datos de edición: [Madrid? s.n.
Tipo de Documento: Dibujos, grabados y fotografías
Materia: Buriles España S.XIX
Descripción física: 1 estampa buril
Signatura: INVENT/70894 - INVENT/70895
PID: bdh0000072504
Resumen: Romeria. Con números explicativos
Descripción y notas: Bajo el título: 1. Hermita del Santo. 2. Montaña inmediata. 3. Puestos de dulces y frasquetes. 4. Camino de Madrid. 5. Danza prima de Gallegos y Asturianos. 6. Comida en el campo. 7. Puestos de Cantarillas y naranjas. 8. Patrullas.
Exposición del antiguo Madrid : catálogo general ilustrado, 1926, n. 1248
Madrid hasta 1875, 1980, n. 1370
Catálogo del gabinete de estampas del Museo Municipal, 173 -256
El catálogo de la Exposición del Antigua Madrid fecha la estampa en los primeros años del siglo XIX.

[1] Todos estos Gozos fueron impresos en Valencia en los años indicados. Para aportar datos sobre su finalidad hemos consultado en fecha 10-05-2016 el blog Gogistes Valencians. Autores: Sancho Aliaga, María Amparo; Raga Navarro, Salvador. [Via Vicentius-Gogistes Valencians, 2016]

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En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2016) "Cuatro Gozos a San Isidro Labrador", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325 [VER: "Uso del Contenido"]

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jueves, 14 de mayo de 2015

Estampas. Madrid pueblo. Fiesta de San Isidro a principios del siglo XIX

Estampas del Madrid de majas y majos, manolas y manolos, chisperas y chisperos; y como contrapunto, petimetres y currutacos. Faunas o tipos antiguos y populares todos ellos, que derivan en la chulapa y el chulapo de pasados siglos.

El grabado, que a modo de estampa os ofrecemos, fue publicado en la revista La Ilustración Artística del 8 de mayo de 1899 [Barcelona, Año XVIII. Núm. 906]. Lleva por título "La fiesta de San Isidro á principios de este siglo"; clara representación de la tradición que ha llegado hasta nuestros días y que Goya retrató con maestría a finales del siglo XVIII (1788).


Madrid que feliz meciera
Un día tu humilde cuna,
Logrando nueva fortuna
Por Patrono te venera.
Sé siempre su defensor
Y protector amoroso:
Isidro, Santo dichoso,
Ruega por el labrador.

Confiada en tu virtud,
Ardiendo de fé en la llama,
La muchedumbre te aclama,
Con piadosa gratitud.
Mírala con tierno amor
Y haz al pueblo venturoso
Isidro, Santo dichoso,
Ruega por el labrador. [1]




El pintor Luis Álvarez Catalá-quien fuese director del Museo del Prado entre 1898 y 1901-, retrata a los nombrados en una interpretación de la pradera de San Isidro en los inicios del siglo XIX.
Estampa costumbrista que el artista pinta en 1897 evocando la sana costumbre de venerar al Santo Patrono a base de libaciones y condumio, con las maravillosas vistas del Madrid de Austrias y Borbones al fondo.

El "curioso parlante", don Ramón de Mesonero Romanos, hace un relato del ambiente de la pradera en sus "Escenas matritenses" de 1845:

"Los puestos de santos, de bollos y campanillas iban sucediéndose rápidamente hasta llegar a cubrir ambos bordes del camino, y cedían después el lugar a tiendas caprichosas y surtidas de bizcochos, dulces y golosinas, eterna comezón de muchachos llorones, tentación perenne de bolsillos apurados. Cada paso que se avanzaba en la subida, se adelantaba también en el progreso de las artes del paladar; a los puestos ambulantes de buñuelos habían sucedido las excitantes pasas, higos y garbanzos tostados; luego los roscones de pan duro y los frasquetes alternaban con las tortas y soldados de pasta flora: más allá los dulces de ramillete y bizcochos empapelados ofrecían una interesante batería: y por último, las fondas entapizadas ostentaban sobre sus entradas los nombres más caros a la gastronomía madrileña, y brindaban en su interior con las apetitosas salsas y suculentos sólidos. 
¡Qué espectáculo manducante y animado! Cuáles sobre la verde alfombra formaban espeso círculo en derredor de una gran cazuela en que vertían sendos cantarillos de leche de las Navas sobre una gran cantidad de bollos y roscones; cuáles ostentando un noble jamón lo partían y subdividían con todas las formalidades del derecho." [2]

"MERENDERO DE Sº YSIDRO. VINOS DELA TIERRA", reza en un cartel. Junto a él la imagen del Santo y, un poco más atrás, la silueta inequívoca de la ermita homónima. En la composición abundan los detalles, llegando a ser visibles los que se abastecen del milagroso líquido de la fuente, detrás del trovador o cantante.

Volvemos al relato de Mesonero Romanos, quien describe lo que ocurría en ese fragmento de la escena:
"Los chillidos, las risas, los dichos agudos se sucedían sin cesar, y mientras esto pasaba de un lado, del otro los paseantes se agitaban, bebían agua del santo en la fuente milagrosa, intentaban penetrar en la ermita, y la turba saliente los obligaba a volver a bajar las gradas penetrando al fin en el cementerio próximo, donde reflexionaban sobre la fragilidad de las cosas humanas mientras concluían los restos del mazapán y bizcocho de galera. En la parte elevada de la ermita algunos cofrades asomaban a los balconcillos ostentando en medio al santero vestido con un traje que remedaba al del santo labrador, y en lo alto de las colinas cerraban todo este cuadro varios grupos de muchachos que arrojaban cohetes al aire." [3]

Con licencia, nos vamos introduciendo en la escena hacia el Manzanares, ese "aprendiz de río", hasta alcanzar la otra orilla, oteando las similitudes  del horizonte madrileño de Goya y Álvarez.













Una elegante manola ha sido el punto de referencia en nuestro "zoom". Símil de la Leocadia Zorrilla que pintó Goya, la dama de Lavapiés mantiene diálogo visual con los petimetres que ocupan la mesa contigua. Raro es, pues los majos y manolos desdeñaban la figura de aquellos afrancesados "petit maitre".

Lo cierto es que unos y otros, más los "isidros" que para la ocasión viajaban a Madrid, en la pradera festejaban y veneraban al santo labrador, madrileño hacedor de milagros, en el lugar donde, por gratitud, la emperatriz Isabel de Portugal había fundado en 1538 la ermita.
"[...] dio en el empeño de fundar una capilla sobre aquel lugar, en donde San Isidro, hiriendo con su aguijada, había hecho brotar agua para ofrecérsela a su amo, Iván de Vargas, tan milagrosa que pronto cundió su fama, y en aquella santidad consiguió curar al Emperador y al Príncipe don Felipe, que padecía de calenturas malignas. La ermita llegó a gozar de tal predicamento, que desde entonces hizo costumbre el visitarla anualmente y beber el agua santa. De este calor de fe nace la romería, y por ser espontaneidad popular, queda establecido desde la canonización que habrá de celebrarse todos los 15 de mayo." [4]

Puestos a hilar más fino, del lienzo y las planchas de grabado pasamos al sofisticado procedimiento de la gelatina con bricomato, sobre cristal o cobre, utilizado por Hauser y Menet para reproducir esta maravillosa vista del Madrid de 1891 desde San Isidro.

"Madrid, vista desde San Isidro Hauser y Menet" (1891)
© Biblioteca Naciona de España-BDH-Signatura: 17/150/1/136

Estampas del viejo Madrid en dos siglos; el XVIII de Goya y el XIX de Álvarez Catalá y Hauser y Menet. Pequeño homenaje al pueblo madrileño en vísperas de la celebración del día de su Santo Patrono.



Bibliografía
[1] Librería de Ferrandis y Villalba. Gozos á San Isidro Labrador (ca. 1905) Valencia. BNE, Signatura: VE/1444/281

[2] Mesonero Romanos, Ramón. Escenas matritenses, por el curioso parlante. (1845) Madrid. Imprenta y librería de D. Ignacio Boix. Primera Época - La Romería de San Isidro, pp. 33-34

[3] Ibídem. pp. 34-35

[4] Soler Puchol, Luis. La Real, muy Ilustre y Primitiva Congregación de San Isidro Labrador de Naturales de Madrid. (1966) Madrid. Escelicer, S.A. pp. 52-53


· Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
· En todas las citas se ha conservado la ortografía original.



© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-004 ESTAMPAS MAD
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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Las cien cosas que es Madrid (X) Anexo: San Isidro 1969

En la décima entrega de "Las cien cosas que es Madrid" publicadas, Tomás Borrás cita en la cosa número 87 a Santa María Micaela del Santísimo Sacramento y San Isidro. De la primera publicamos una breve biografía, y del segundo, San Isidro Labrador, nos ocupamos hoy con un recuerdo de aquel año de 1969.

Decía Borrás:
87. Dos santos, Santa María Micaela del Santísimo Sacramento y San Isidro, dicen lo que es Madrid a quien sabe leer cuando no hay letras escritas. Lo alto y lo bajo, lo cotidiano y lo místico. El espíritu de sus santos demuestra a Madrid, pues tienen un pie en el suelo y una mano en la región celeste. Madrid ha creado elementos espirituales de suma categoría, pero no ha abominado el barro que pisa.

A través de los archivos de la Biblioteca Histórica Municipal (Portal memoriademadrid) recuperamos el Programa Oficial de Fiestas de San Isidro 1969, editado por la Comisión de Deportes y Festejos del Ayuntamiento de Madrid, e impreso en los Talleres de Artes Gráficas Municipales en el mes de abril de aquel año.


Portada


Contraportada


jueves, 15 de mayo de 2014

Especial San Isidro. Vida y milagros en el cine.


Día de romería en honor del Santo Patrón de Madrid. "Isidros" y madrileños bebieron el agua milagrosa de la fuente que viene del altar y brota al costado de la ermita.

¡Oh, aguijada tan divina
como el milagro lo enseña!
Pues sacas agua de peña
milagrosa y cristalina.
El labio al raudal se inclina
y bebe de su dulzura,
pues San Isidro asegura
que si con fe la bebieres,
y calentura trujieres,
volverás sin calentura.

Disfrutaron después los romeros por la animada pradera. En el horizonte, más allá del renovado Manzanares, la descontrolada silueta del Madrid antiguo y el moderno; con su palacio, cúpulas, campanarios, y torres elevadas al cielo.

Y ahora, cansados y con el sol metido en el cuerpo, llega el merecido descanso después de festejar allí donde Isidro laboró tanto. Coge palomitas y relájate, que tenemos sesión de cine.



Isidro, el labrador,  película española en blanco y negro del año 1964 dirigida por Rafael J. Salvia. El film está basado en la vida y milagros del santo, con guión de Jaime García Herranz. Se estrenó el 12 de marzo de 1964.



© 2014 Eduardo Valero García - HUM 014-002 ESP SISIDRO

Madrid, 15 de mayo de 1914. San Isidro Labrador


En portada
La Esfera, del 20 de junio de 1914. Año I, Número 25



En su apartado "Bellezas aristocráticas", el fotógrafo Franzen retrata a la señorita Ana María Elio, que estaba emparentada con los marqueses de Casa-Torres y los vizcondes de Val de Erro. La bella joven pasaba largas temporadas en Madrid y se apuntaba a todos los saraos




Efemérides
Mayo 1914

Viernes 15
Máxima  22,4º
Mínima  10,5º

Contenido
Destacados de hoy: Especial San Isidro Labrador.


San Isidro Labrador
Loores
El Heraldo de Madrid del 14 de mayo, publica en su "Cancionero del Heraldo" estas coplas de Gonzalo Morenas de Tejada:

San Isidro Labrador:
es tu vida castellana
una cantiga de amor
del marqués de Santillana.

Santo del pan y el arado,
fué tu vida un manso idilio
que el buen Dios halló olvidado
en los versos de Virgilio.

¡San Isidro Labrador,
que casaste con María,
la doncella que tenía
en su alma un rosal en flor,

porque había en su corpiño,
santos y puros aromas
y la inocencia de un niño
jugando con dos palomas!...

Y hubo fiesta junto al llar,
son de gaita y tamboril.
¡Con alondras del pinar
vinieron para cantar
vencejos del campanil!...

........................

San Isidro: tu alma encierra
el rubio sol de la espiga.
Eres verso de cantiga
escondido entre la tierra.

Siempre el Señor va contigo
y tu corazón romero
va sembrando en el sendero
para los pájaros, trigo.

Te ensalza y loa la moza
que oye misa con fervor,
y luego ardiente retoza
devota de don Amor.

Y la del rostro moreno
y el alma vibrante y puro
de loba la dentadura
y de virgencica el seno.

Y la del cabello endrino,
de luz lleno el corazón,
que te dio un beso y buen vino
en el umbral de un mesón,

y que hizo don a un labriego,
que volvía del trabajo,
de un manojico de espliego
que escondía en su refajo.

¡Y tu sangro hecha sudor,
y tu sudor hecho pan
son los sembrados en flor
y el reír da don Amor
en la noche de San Juan!...


Por los Isidros
Ante la llegada de los forasteros, o "Isidros", a la Capital de España para disfrutar de la Romería del Santo, el presidente del Centro Hijos de Madrid, D. Facundo Dorado, se puso en contacto con las autoridades para solicitar persiguiesen la venta de folletos y aleluyas para aquellos visitantes.
Respondía aquella gestión a los requerimientos de numerosas entidades que estimaban perjudicial a los interés de la corte y contrario a su tradicional hospitalidad ese grosero agravio a los provincianos, que con su presencia animaban toda clase de espectáculos y con su dinero fomentaban el comercio y la industria de Madrid.

-Sí, señoritos; es mi familia, que viene a pasar conmigo estos días.
-Está muy bien; pero tu familia permitirá que tus señoritos se tengan que ir a la posada.

Además de isidros, misas y romería, también se celebraron las tradicionales corridas de toros. El dibujante Tovar lo deja reflejado en una de sus geniales viñetas:

CON TODAS LAS PLAZAS Y PLAZUELAS QUE TIENE MADRID


Recuperamos de nuestro especial San Isidro 1913 la definición que hace de los "Isidros" la revista "Villa de Madrid", Año V, Números 20-21-1966:

"Cuando más atractivos fueron los festejos celebrados en honor de Isidro, [...] fue en aquellos tiempos, todavía no lejanos, en que los disfrutaban no los madrileños nativos —muy festejados y festejadores durante todo el año y sin motivos de santoral—, sino los auténticos "isidros", los paletos, catetos y palurdos llegados de la periferia al punto de la capital para divertirse a "lo grande y a lo gordo", o para montar sus negociejos callejeros de circunstancias. Sí los del arrope y la miel, los de los primeros botijos, los de las rosquillas de la Tía Javiera; familias pelmazas que pagaban con dos rispas de chorizos y una bota de tintorro "de la tierra" el largo hospedaje en casa de unos parientes urbanos. ¡Aquellas "isidradas" sí que tenían sabor, humor y pintoresquismo, con letra de Luis Taboada y música de Federico Chueca."


Comercio y fiestas
El Ayuntamiento autorizó a los comerciantes madrileños para expender mercancías los domingos 17, 24 y 31 del mes de mayo, debiendo los patronos dar a sus dependientes la compensación semanal de las jornadas empleadas en domingo. Esta excepción no correspondía a peluqueros, limpiabotas y otros industriales.


Vísperas de San Isidro
El Imparcial del 14 de mayo nos cuenta que ese día se inauguraron los decorados de la Puerta del Sol y Centro de Hijos de Madrid.
Dice también que por la noche se celebró la verbena de San Isidro, partiendo del Centro de Hijos de Madrid las bandas de música que tocaron en los bailes públicos celebrados en las plazas de España, Progreso, Santa Cruz, Santa Bárbara, Conde de Toreno y San Francisco, calle de Alcalá, junto a las Escuelas Aguirre, portillo de Embajadores, y glorietas de Atocha y de Bilbao.

Por su parte, la Sociedad de Feriantes de Madrid anunciaba que había hecho una gran instalación de luces en la pradera y profusión de puestos y "diversiones de gran atracción para los forasteros"


Fiestas de San Isidro
De lo religioso y lo pagano
La fiesta tradicional del Patrón de Madrid se celebró aquel 15 de mayo de 1914 con los acostumbrados cultos y la popular romería a la Pradera. El diario La Época hace un resumen de los festejos.

"En la catedral se celebró por la mañana una solemne función, oficiando de pontifical el obispo de Madrid Alcalá y ocupando la sagrada cátedra el ilustrado deán de dicha catedral, D. Bernardo Barbajero.
En la antigua iglesia parroquial de San Andrés, en cuyo presbiterio estuvo sepultado el glorioso santo, se celebró también una función, siendo el encargado del panegírico D. Mariano Benedicto.
Cuando la función se celebraba entraron en el templo SS. AA. las infantas Isabel y Paz, siendo objeto de grandes manifestaciones de simpatía por parte del público.
Según costumbre, fue muy visitada la casa número 2 de la Plaza de San Andrés, por haber servido de vivienda a San Isidro y a su esposa, Santa María de la Cabeza.
La casa número 3 del Pretil de Santisteban, en que habitó Iván de Vargas, y donde estuvo la cuadra en que el santo guardaba los bueyes con que araba las tierras de su señor, ha también fue muy visitada."

En la pradera del Santo
Continúa la crónica de La Época:
"Con extraordinaria animación se celebró la popular romería en la pradera de San Isidro.
Lo agradable del día contribuyó a que la alegría de la fiesta no decayese un momento en toda la tarde.
Desde las primeras horas de la mañana los alrededores de la pradera ofrecían un pintoresco aspecto.
Numerosos grupos de romeros, convenientemente preparados con meriendas y botas de vino, fueron acampando en los alrededores de la ermita, y distraían el tiempo, bien bailando al compás de un organillo, bien comprando baratijas, botijos y otras zarandajas, o libando el clásico morapio.
Los modestos industriales instalados en San Isidro tuvieron un gran día; pues casi agotaron sus existencias.
Alegría, juventud, buen humor, eso era como siempre, la fiesta de aquella tarde fiesta madrileña, la más castiza, en la que a docenas se contaban las caras bonitas de madrileñas menuditas, que con sus andares, su majeza, su alegría y el brillo de sus ojos, hacían perder el sentido a sus paisanos y a los isidros que de toda España habían llegado.

A las diez de la mañana se celebró en la ermita una solemne fiesta religiosa, ocupando la sagrada cátedra el rector de las Calatravas, D. Luis Béjar.

A las once de la mañana se presentó en la pradera la infanta Isabel, acompañada de su dama, la señorita de Bertrán de Lis. Su presencia fue acogida con grandes aplausos. Pronto se vio el coche rodeado por el público, que no cesó un momento en sus vítores, mientras se llenaba el carruaje de chucherías.
También recorrieron la pradera la infanta Doña Paz y la princesa Pilar. Las augustas damas recibieron el mismo homenaje cariñoso del pueblo. Las Reales damas arrojaron algunos puñados de pesetas a los modestos feriantes.

A última hora de la tarde la animación era grandísima. El ruido de los cohetes, confundido con los organillos, el griterío de los vendedores y romeros, y el chin-chin de los cinematógrafos, daban a aquel rincón de Madrid un tinte peculiar y característico, digno de un aguafuerte de Goya.
No se registró incidente alguno de importancia: escenas de celos, broncas de borrachos, desaparición de relojes... total, ¡nada!"

Ilustración de Espí para La Esfera del 16 de mayo de 1914

Fotografía
La pradera en imágenes
Las revistas La Lidia (Madrid) y La hormiga de oro (Barcelona), publicaron fotografías del aspecto que tuvo la pradera durante la romería de San Isidro de hace cien años.




La última de estas tres fotografías muestra a madrileños e isidros bebiendo el agua milagrosa del Santo en los mostradores que, como hoy, se instalaban en el exterior de la ermita.


La ermita de San Isidro
Cuando Goya pintó la ermita en 1788, esta ya había sido reconstruida en 1725 por Baltasar de Zúñiga, marqués de Valero. La que hoy conocemos tiene semejanza con la de Zúñiga, y con la de Goya, pero no es idéntica a la de la romería de 1914 ni a la que hoy conocemos.
Comparemos, pues, esta fotografía de hace cien años con otras pasadas y presentes.

1914

1725

GOYA - 1788

1890

1961

EN LA ACTUALIDAD

Salón Doré
Goya en la pradera
D. Francisco de Goya y Lucientes pintó la pradera de San Isidro y se inspiró en su romería y tipos madrileños de la época para realizar los frescos de la cúpula de la ermita de San Antonio de la Florida (1798)
En los videos que ofrecemos a continuación, vemos primero una explicación de D. Enrique Quintana, Coordinador Jefe de Restauración de Pintura del Museo Prado, sobre la obra de Goya "La pradera de San Isidro" (1788). Le sigue un fragmento del film "Goya en Burdeos", de Antonio Saura (1999).






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© 2014 Eduardo Valero García - HUM 014-039 EFEMERIDES1914