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miércoles, 22 de febrero de 2023

Del campo del Tío Mereje al Pekín, pasando por la Era del Mico, el Polo Norte y los Pozos de Nieve.

La Fototeca de Historia urbana de Madrid recupera la imagen de dos jóvenes madrileñas anónimas fotografiadas por Alfonso para el suplemento gráfico de El Imparcial del 17 de agosto de 1922. 
De ellas poco sabemos, sólo que posaron para la cámara de tan afamado fotógrafo delante de un decorado de verbena, concretamente el del carromato de una tómbola, por ser las encargadas de la venta de papeletas. 
 
Las fotografías antiguas de Madrid, sean de personas, sucesos o paisaje urbano, guardan historias e intrahistorias: las de un pueblo y sus costumbres, individuales o colectivas. Ese es el caso del presente artículo, en el que varias historias se conectan y nos ofrecen nombres y lugares a partir de las retratadas señoritas, seguramente emocionadas porque sus rostros aparecerían en la prensa, como los de las grandes artistas del cinematógrafo y el teatro. Cien años después vuelven a ofrecernos su sonrisa.

 
La estampa, rodeada de un espacio que no vemos, nos permite imaginar sus sonidos; el colorido de los farolillos y las bombillas; el gentío que acudía aquellas noches de verano a los espacios abiertos de la villa y corte, en este caso a un espacio de recreo y espectáculo conocido con el nombre de Parque PEKÍN. 
 
Su andadura fue corta, como muchos de los circos y teatros que abundaron en la época estival madrileña. Por las noticias sabemos que durante los años 1922 y 1923 funcionó en la calle Covarrubias y en la de Churruca, respectivamente; después, desapareció. 
 
La calle de Covarrubias pertenece al distrito de Chamberí – Barrio de Trafalgar, en zona conocida antaño con el nombre de Campo del Tío Mereje, aneja a otra denominada la Era del Mico. 
Por su parte, la calle de Churruca pertenece al distrito Centro – Barrio de Justicia. Desemboca en la actual calle de Sagasta, a metros de la Glorieta de Bilbao, frente al Tío Mereje y cercana a la Era del Mico. 
 
Plano parcelario de Madrid. Carlos Ibáñez e Ibáñez de Ibero (1879)
 
Si en la calle Churruca vivió desde 1917 el poeta Manuel Machado hasta su fallecimiento y frente a la Era del Mico tuvo domicilio por un tiempo Pío Baroja en su infancia, otro literato, Don Benito Pérez Galdós, conoció estas zonas y las inmortalizó en sus obras. 
 
En el artículo titulado “Fortunata y Jacinta. Sin placa, pero con calle” (2018) encontramos claras referencias de lo que era Madrid más allá de los pozos de nieve y el Saladero: 
«La planicie de Chamberí, desde los Pozos y Santa Bárbara hasta más allá de Cuatro Caminos, es el sitio preferido de las órdenes nuevas. Allí hemos visto levantarse el asilo de Guillermina Pacheco, la mujer constante y extraordinaria, y allí también la casa de las Micaelas. (…) El caserón que llamamos Las Micaelas estaba situado más arriba del de Guillermina, allá donde las rarificaciones de la población aumentan en términos de que es mucho más extenso el suelo baldío que el edificado».

 
El Campo del Tío Mereje y la Era del Mico vistos por Galdós 
En el Episodio Nacional “Cánovas” (1912), Benito Pérez Galdós cita estas zonas de Chamberí: 
«-No -repliqué-. Vámonos calle arriba para que se me despeje la cabeza. Estoy un poco mareado de ver infolios y legajos, que a mi parecer no sirven más que para llenar de telarañas el entendimiento... Nos llegamos hasta la Era del Mico o el Campo del Tío Mereje, y confortaremos nuestros cuerpos ateridos con la benéfica luz del sol. No nos faltará espacio para pasear a gusto y charlar sabrosamente cuanto nos dé la gana. -Por esos lugares no me lleves, Tito -indicó mi Casiana un tanto medrosa-. Allí se reúnen las brujas, según me has dicho, y yo no quiero trato con esa caterva». 
CAP. XXII 
«Reparadas las fuerzas con el sabroso condumio, Casiana y yo seguimos paseando. Nuestra lenta y maquinal andadura nos llevó por los Pozos de Nieve y la antigua Ronda de Santa Bárbara hasta encontrarnos, sin saber cómo ni por qué, en el Campo del Tío Mereje, lugar asoleado y polvoriento que en verano suele ser invadido por los jayanes que apalean alfombras, y en todo tiempo es academia donde maestros de tambor enseñan a los quintos el paso redoblado, el paso lento, y demás fililíes del sonoro parche guerrero. Al llegar nosotros al ejido, que antaño debió de ser Eras de Madrid, vimos tan sólo unos hombres que machacaban cañas para tejer cañizos de cielo raso. Nos entreteníamos en contemplar aquella ruda faena…» 
CAP. XXIII
La calle de Covarrubias va desde la de Sagasta a la de Luchana, a pasos de la plaza de Alonso Martínez. Como indicamos, esa zona de Chamberí era conocida antiguamente como “Campo del Tío Mereje”. Más tarde se instalará allí la Real Fábrica de Tapices, hasta su demolición en 1882. Frente a ella, el Saladero.
 
Aquel campo famoso fue bautizado por el vulgo con el alias del cabrero del callejón de San Jacinto, llamado Hermenegildo, quien llevaba a pastar su ganado todas las tardes. Lo sabemos por un periodista de La Época que firmó con las iniciales J. M. J. la columna titulada «Paseos por Madrid – Chamberí y sus alrededores» (1902). 
 

 
Jardín de baile y recreo El Paraíso 
Campo del Tío Mereje, espacio polvoriento poblado por algunas casuchas, talleres, tejares y fábricas, fue tomando forma y, además de urbanizarse, tuvo por vecinos otros lugares de recreo, como el Circo de Colón (en la confluencia de Santa Engracia con Almagro), y antes que este al jardín de baile y recreo El Paraíso, inaugurado en junio de 1862. En realidad, el lugar llevaba el nombre de la Sociedad de baile que lo fundó, una de las tantas que hubo en Madrid desde mediados de 1840. 
 
El Reino. Sábado, 14 de junio de 1862.
 
El periódico El Museo Universal, del 13 de julo de 1862, nos cuenta cómo se las gastaba esta Sociedad bailonga gracias a su presidente, don Faustino Echevarría: 
«El Paraíso de la Puerta de Santa Bárbara dio el domingo último y creemos que se dispone a dar hoy una gran función de fuegos artificiales (fruta del tiempo) esplendente, amena y nutrida de combinaciones. Allí parece que se juega con fuego sin peligro, gracias a la destreza de dos famosos pirotécnicos valencianos que se llaman Minguet y Llorens, y que son dos salamandras».
El Museo de Historia de Madrid conserva el lienzo titulado “El jardín público de Madrid llamado ‘El Paraíso’, en noche de baile”, obra de Rafael Botella y Coloma. Los madrileños vieron este cuadro por primera vez en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1862, inaugurada el 1º de octubre en el pabellón norte de la Casa de la Moneda.
 

Existe cierta controversia sobre la ubicación de este jardín de recreo. Para algunos autores El Paraíso formaba parte de los famosos jardines de Campos Elíseos; sin embargo, las noticias de la época son determinantes. El diario de la tarde El Reino, del 7 de junio de 1862, anunciaba:
«El jardín de recreo que, como ya dijimos a nuestros lectores, va a abrirse en la puerta de Santa Bárbara, llevará por título El Paraíso. Están muy adelantados sus trabajos, a fin de abrirlo a la mayor brevedad». 
Una semana después, el sábado 14 de junio, quedaba inaugurado.
 
El Reino. Sábado, 14 de junio de 1862.
 
El Elíseo del paseo de Recoletos y El Paraíso, a pesar de tener otros rivales, eran los dos grandes competidores, proporcionando variadísimos espectáculos al público matritense. Así se refería a los competidores El Correo de Ultramar en 1863: 
«Hallándonos en Madrid, no tenemos más remedio para matar el ocio, que dirigirnos a los espectáculos nocturnos que nos regalan los que especulan con nuestro hastío: pueden reducirse a dos clases estos espectáculos: unos que se dan en el Elíseo y en el Paraíso al aire libre bajo la estrellada bóveda celeste, y otros que tienen lugar en el circo de Price y del Príncipe Alfonso. Los dos jardines citados luchan para atraer la concurrencia ofreciendo diarias novedades y mejoras. Bellas iluminaciones, fuegos, músicas y coros son los medios que se valen para conseguirlo».
Y añadía: «El Paraíso tiene un gran defecto, y es que faltan Evas y sobran Adanes». 
 
La Era del Mico 
El campo de la Era del Mico estaba situado en las inmediaciones de la Glorieta de Bilbao, delimitado aproximadamente por la calle de Sagasta (antigua de Carranza), la de Navas de Tolosa (hoy San Bernardo) y por la de Fuencarral (antiguo tramo denominado calle Real) hasta Bravo Murillo (antigua Mala de Francia). 
 
Ferrandiz firmaba la columna titulada “Callejeando – El Madrid de San Isidro”, publicada en La Época el 17 de mayo de 1907. Relataba el recorrido por la zona que nos ocupa, mostrándonos un Madrid con desvencijadas murallas y aún sin ensanchar. 
«Hay una parte de la Villa del Oso, para la cual en vano ha pasado el tiempo. 
Cuando vine a la corte, no era ésta ni sombra de lo que ahora. No existían el barrio de Salamanca, ni el de Pozas, ni Vallehermoso, ni Arguelles. El recinto de la población estaba comprendido aún entre murallas.
Por el Norte, desde la Montaña del Príncipe Pío, donde estaban edificando el cuartel que hoy vemos, corría el pobre y bajo muro por lo que ahora es calle de Alberto Aguilera [en aquel tiempo paseo de Areneros]; tenía un portillo que se apoya en el cuartel de guardias de Corps, otro al final de la calle de San Bernardo, al lado del entonces nuevo hospital de la Princesa, y siguiendo por lo que es ya calle de Carranza era otra vez interrumpido por la puerta de Bilbao, al fin de la calle de Fuencarral. 
La calle de Sagasta, así llamada desde 1891, era continuación de la ronda frente a la famosa era del Mico, y tras del muro se hallaba el corralón de la Villa con su reloj, que aún me parece estarlo viendo y su entrada por la calle de San Opropio. 
Al final estaba el portillo de Santa Bárbara, arrimado al Saladero, frente a la fábrica antigua de tapices y la huerta de Arango, en la que se hallaba el Ariel, con su juego de pelota al aire libre; allí bailaban sus zortzicos los vascongados jóvenes».

Fragmento del plano de Juan Noguera (1848)

En el Tomo tercero de Historia de las sociedades secretas antiguas y modernas en España (1874-1882), nos cuenta Vicente de la Fuente, su autor: 
«Entre los movimientos de tierra que entonces se hicieron, apareció, junto al sitio llamado la era del mico, una faja de terreno movedizo, negruzco, sucio y grasiento, como que por muchos años había sido el basurero de la antigua Villa y Corte de Madrid y depósito de sus nauseabundas mareas, comparadas por los poetas a las aguas de la laguna Estigia. Antojósele a un pretendido anticuario decir que aquellas tierras eran las cenizas del antiguo quemadero o brasero de Madrid, y el Ayuntamiento lo consignó así en un Boletín que publicaba lleno de verdades por el estilo de ésta. Ciertamente que no se pudo buscar sitio mejor que la era del mico, para dar este ídem (permítaseme tan progresista expresión) a los protestantes, francmasones, carbonarios, racionalistas, impíos y demás gente ordinaria de Madrid». 
 
Un inciso: el “Ariel” 
Aunque un poco más allá del Campo del Tío Mereje, en el paseo de la Castellana, el citado “Ariel” era un salón de baile que contaba con jardín, juego de pelota, restaurante y confitería; además de otros entretenimientos, como el billar y el tiro de pistola y carabina. Fue muy popular desde la década del 50 y hasta los 80 del siglo XIX. 
 
La Correspondencia de España, 20 de octubre de 1859

En la revista La América – Crónica Hispano-Americana, del 8 de enero de 1859, se publicaron los interesantísimos relatos de Antonio Flores titulados Los gritos de Madrid en 1800 (pág. 10 y 11) y Los gritos de Madrid en 1850 (pág. 11 y 12). En el primero de los títulos se cita al “Ariel”: 
«He aquí lo que eran los mancebos de las tiendas antes de soñar en que algún día podían llegar a llamarse dependientes y a comer en la fonda, y a bailar en el Ariel…» 
En El Contemporáneo, del 18 de noviembre de 1862, al referirse a las modas, decía: 
«La gente elegante ve con placer que las crinolinas y los peinados monumentales van perdiendo el pleito. Los aros de acero y de ballena, aparte de las grandes soirées [Sic] en que se deben usar, como adorno de calle, pasan a poder de doncellas y cocineras, que los lucen los domingos en el Ariel, el Paraíso y otras sociedades públicas».
Pero no todo era baile, juego y diversión. En febrero de 1862 se suicidaba en el patio de tiro del Ariel el joven dramaturgo Hipólito Plaza, autor del drama La penitente, estrenado en el Teatro Novedades en diciembre de 1861. 
 
La Correspondencia de España. Viernes, 7 de febrero de 1862
 
En abril de 1864 se anunciaba que el marqués de Salamanca construiría una casa para las siervas de María en la Fuente Castellana, “junto al sitio que ocupó el Ariel”. 
Poco después, en julio, el Ayuntamiento aprobaba la apertura de tres nuevas calles paralelas, “partiendo de la ronda de Recoletos, irán la una con 12 metros de ancho a la plazuela de las Salesas, la otra con 15 metros de latitud a la calle Barquillo y la otra, tan ancha como la primera, dará frente a la costanilla de Santa Teresa”. 
Las nuevas vías atravesaban los solares del antiguo convento de Santa Bárbara para mejor comunicación con el barrio que se construía a la izquierda del paseo de la Castellana, “en los sitios donde estuvieron el hipódromo y el Ariel”. El entrecomillado corresponde a la noticia publicada en La Correspondencia de España del 30 de julio de 1864. 
 
Volviendo a la Era del Mico, podríamos llenar una buena parte de este trabajo con el relato de sucesos varios. En la zona eran frecuentes las riñas, robos y asesinatos; también los incendios de talleres y almacenes, y los litigios con el Ayuntamiento por arrendamiento de terrenos y/o apertura de calles, además de algunos chanchullos. 
Una noticia publicada en La Época, del 19 de abril de 1886, daba cuenta de los trastornos que causaba en el Paseo de Areneros el desmonte de la Era del Mico. Diez años más tarde, Don Benito Pérez Galdós tendrá domicilio en aquel paseo hoy llamado calle de Alberto Aguilera. 
 

Otra noticia de febrero del mismo año indicaba que se había pedido licencia al Ayuntamiento para construir en los terrenos de la Era del Mico un teatro de verano destinado a representar zarzuelas. Edificado en madera, llevó por nombre el de Teatro Maravillas y estuvo ubicado en la litigiosa calle Sandoval. 
 
 
En agosto de 1891 se anunciaba el cambio de ubicación y denominación del teatro. La noticia decía: 
«El teatro de Maravillas, que así se llamaba mientras estuvo en la continuación de la calle Fuencarral, antiguo punto de chisperos en las inmediaciones de la Era del Mico y ahora se llama del Tívoli, porque ha sido trasladado, tabla por tabla, a la espalda de la plaza donde se encuentra el obelisco a los mártires del Dos de Mayo, en el Prado…». 
También se llamó por un tiempo "Madrid Cinema" y tuvo otros domicilios hasta el definitivo de la calle Manuela Malasaña. 
 
Poco a poco, desde mediado de la década del 80 del siglo XIX, los desmontes fueron dando paso a las bonitas edificaciones que conforman el chamberilero barrio de Trafalgar. 
 
Con este anuncio del Diario oficial de avisos de Madrid, de 29 de septiembre de 1885, llegamos al final de esa Era, la del Mico. 
 

 
PEKÍN en la calle Covarrubias 
El domingo 11 de junio de 1922 comenzaba la actividad del Parque PEKÍN en la calle Covarrubias, 2. Los periódicos daban cuenta de su frenética actividad. 
 
 
Además de los “colosales bailes” para el público general, amenizados por una banda militar, también se celebraban bailes campestres y verbenas organizadas por asociaciones como el Centro Asturiano, el Fomento de las Artes, la Casa del Pueblo Radical y el Liceo de Madrid, entre otras. Los guiñoles, el cinematógrafo, los certámenes y variadas atracciones lo convertían en un espacio de recreo familiar. 
 
Según fueron avanzando los días y los meses, el precio de la entrada fue disminuyendo; eso sí, para los caballeros siempre sería una peseta más que para las damas. 
 
 
El fotógrafo Alfonso inmortalizó al grupo de señoras y señoritas que lucieron sus mantones de Manila y su belleza en aquel certamen. Desconocemos sus nombres, sus domicilios, estatus social y profesión.
Orgullosas de saber que saldrán en la prensa, nos miran y nos sonríen desde su presente de hace cien años.
 
 
El mes de agosto el PEKÍN organizó varias “fiestas de la moda”, como denominaba a los concursos en los que las damas mostraban su belleza y sus mejores vestidos. 
También se celebró un concurso de narices perfectas, anunciadas como “Las mejores narices de Madrid”. 
 
El concurso de belleza femenino y masculino del jueves 24 de agosto tuvo que ser apoteósico. El jurado estuvo formado por La Ninón, cupletista y “divette” del Teatro Romea; la vedette y cupletista Luisita Esteso y su padre, el actor Luis Esteso; el polifacético Álvaro Retana y el famoso caricaturista y escritor K-Hito. 
 
 
Para rememorar el festivo ambiente de aquel jueves, recuperamos las voces de los artistas principales y una composición de Retana. Pueden escucharlas clicando sobre los títulos.

Luisita Esteso

La Ninón

Luis Esteso

Álvaro Retana
Composición "La flor del Turia" (Jota) Interpretada en pianola.

 
También intervino como jurado el dramaturgo Alfonso Vidal y Planas, quien en marzo del año siguiente asesinaría al escritor Antón del Olmet en el Teatro Eslava. ¡Cuántas historias! 

 
Hubo ese jueves grandes sorpresas, atracciones y el regalo de monedas de oro. ¡Hasta estrenaron su propio chotis!, pieza original de Álvaro Retana Ramírez de Arellano. Fue interpretado por Luisita Esteso. 
 
Y si esto fuera poco, el miércoles 30 de agosto se celebró el “Gran festival del chiste madrileño”. El popularísimo imitador y artista cómico Pepe Medina, además de amenizar las noches del PEKÍN con sus creaciones humorísticas, fue el encargado de leer los mejores chistes presentados al concurso, otorgándose a los más graciosos tres fabulosos premios. 
 
Pepe Medina en Parque PEKÍN (1922)

La Biblioteca digital de la BNE atesora monólogos de Medina de los años 1929 y 1930. Pueden escucharlos clicando sobre los títulos. "Consejos a las madres - Economía doméstica". "El eco de la medina - Pregón de pueblo". "Ensalada futbolística - Los ahorros de Elsa"
 
Llegó septiembre y con él la despedida de los espacios de recreo hasta la siguiente temporada. Algunos regresaban, otros quedaban en el recuerdo; todo dependía del éxito obtenido y de los competidores futuros. 
 
 
De los Pozos de Nieve a la calle Churruca 
La zona que ahora nos ocupa, colindante a los campos citados, ya aparece en el plano de Marcelli-De Wit (circa 1622-1635) y en el de Teixeira (1656). En ambos queda definido el lugar donde siglos después se trazará la calle de Churruca. Allí encontramos la única puerta autorizada para la entrada de nieve, la Puerta de los Pozos de Nieve, situada cerca de lo que hoy es la Glorieta de Bilbao, y el extenso terreno donde estaban los pozos. 
 
Como hemos comentado, en 1923 el PEKÍN se instalará en la calle Churruca, trazada noventa y ocho años después de la división administrativa por la que Madrid se fragmentaba en ocho cuarteles y sus barrios (1768). 
En los planos del libro Madrid dividido en ocho Quarteles con otros tantos barrios cada uno, de Juan Francisco González (1770) quedaba trazada la Manzana 341, desde la Puerta de los Pozos hasta el Hospicio, correspondiente al Barrio de Guardias Españolas del Cuartel del Barquillo, en el que se incluía la fábrica de Tapices. 
 

 
El Barrio llevaba el nombre del Cuartel de Infantería que hubo en la Manzana 335. En la Manzana que nos ocupa, la 341, estuvo la Casa de los Pozos de la Nieve. Como los espacios de recreo que ya hemos visto, en esta zona existió en el siglo XIX un local destinado al juego de bolos. 
 
El Circo Reina Victoria. Del Polo Norte a la calle Churruca 
En abril de 1917 se instalaba en las calles Churruca y Apodaca, muy cerca de la Glorieta de Bilbao el ya popularísimo Circo Reina Victoria (También publicitado como “Circo Reina Victoria Eugenia”) que había estado el año anterior en el “Polo Norte”, cinematógrafo al aire libre ubicado en la Glorieta de Atocha. 


El Polo Norte, situado en un solar de Atocha al menos desde el verano de 1909, disponía de restaurante, cervecería y heladería. Además de un espectáculo cinematográfico, con dos secciones diarias (a las 20:30 y a las 22:30 h.), celebraba conciertos interpretados por una banda compuesta por “distinguidos profesionales”. 
Por su parte, el Circo Reina Victoria ofrecía un numeroso programa de atracciones en el cual participaban los notables acróbatas Andréu y el Trío Rivels con su espectáculo de trapecios volantes y la intervención de un “Charlot”, acróbata y gimnasta cómico popularísimo en Madrid por ser superior a todos los conocidos. 
Aquel “Charlot” no era otro que el famoso payaso José Andréu (1896-1983), conocido mundialmente después por el seudónimo “Charles Rivel”. 
 
Decía un columnista en el periódico La Semana del 15 de julio de 1916:
«Y al fin, cuando después de pasar por varios números curiosos o divertidos llegamos al final en pleno número de los Rivel's, cuando con limpieza y concisión extraordinarias surgen como humanas flechas el espacio, surge Charlot. El tipo de Charlot es un tipo ultramoderno, y, sin embargo, enormemente ingenuo. Es el tipo cómico del tiempo actual. Un tipo no se crea, surge inopinadamente igual en pintura, que en literatura, que en el teatro. Cuando Champlin (Sic) creó a Charlot, creó, quizás sin saberlo, el tipo cómico del momento presente. Y este Charlot aturdido e irónico, torpe y habilísimo, apático y voluntarioso, dócil e incorregible surge y vive en el circo Reina Victoria». 
En 1918 el Circo Reina Victoria, con la troupe Andréu-Rivel’s andará por Sevilla y en 1921, nuevamente en Madrid, se instalará en la calle Atocha, 60. 
 
El Garden Cinema 
Como reza en el anuncio, el 15 de junio de 1918 se inauguraba un “hermoso parque de verano” en el espacio que había dejado el Circo Reina Victoria. Las proyecciones eran diarias y las sillas costaban 15 y 25 céntimos. Al parecer no obtuvo el éxito deseado, porque no se conocen noticias posteriores al 19 de julio del mismo año. 


 
PEKÍN en la calle Churruca 
El 14 de junio de 1923 volvía la diversión a la calle Churruca. En el número 8 se inauguraba la temporada el Parque PEKÍN anunciando una gran verbena madrileña, concurso de mantones de Manila, proyecciones cinematográficas y diversas atracciones. Consuelo Portela (“La Chelito”) fue la encargada de entregar el premio al mejor mantón.
 
 
 
 
El parque había sido profusamente decorado y contaba con una espléndida iluminación. El precio de la entrada para caballeros era de 1,50 pesetas y de 0,50 para las damas. También podían adquirirse abonos al aprecio de 25 pesetas para ellos y 8 pesetas para ellas. 
 
El miércoles 11 de julio se celebró el festival humorístico de los “Niños Góticos”, con la actuación del célebre JULIANO (el del Tío Roque), “el rey de la ventriloquia”, junto con su compañía de artistas autómatas. Hacia 1912 se sumó al elenco su hija, Julita Salcedo, notable artista musical. 
 
A JULIANO se lo conocía en Madrid al menos desde 1904. Actuó en Proyecciones animadas (calle Fuencarral, 125), Recreo Salamanca (calle Ayala y paseo de la Castellana), Cinematógrafo Franco-español (Duque de Alba), Salón Nacional (Corredera Baja de San Pablo), Teatro Madrileño (calle de Atocha), Parisiana, Salón Chantecler (Plaza del Carmen), Salón Madrid (calle Cedaceros), Lux Edén (Plaza de Chamberí), Salón Regio (Plaza de España), Coliseo Imperial (Concepción Jerónima), Polo Norte (Atocha), Magic-Park (Paseo de Rosales), Salón Olimpia (Plaza de Lavapiés), entre otros. 
También actuó por las tardes en la Brasserie del Palace Hotel, además de otros salones postineros de las provincias españolas y en Cuba. 
 
«Juliano es un portento: la habilidad que posee de poder modificar la voz a su gusto y hacerla que parezca venir de lejos, de cerca, del techo o del sótano, es un verdadero prodigio. Juliano imita varias voces y sonidos…», decía la prensa en 1908. 
 
 
La víspera de San Juan se celebró un concurso de Tango y el día del Santo una gran verbena. Dos días más tarde, con el eslogan “¡A PEKÍN, pollos, a PEKÍN! se celebraba el “Gran festival de la pepitoria”. 
 
El PEKÍN no solo miraba por el entretenimiento y la diversión, sino también por la beneficencia. Allí se celebraron verbenas y festivales para ayudar a los desamparados, como la fiesta del 18 de julio a beneficio del Colegio de huérfanos de funcionarios de Correos. Asistió la infanta doña Isabel y se recibieron donativos para la tómbola enviados por personalidades de la política, la banca y el Comercio. 
 
En agosto, una novedad propicio el entusiasmo del público. Se trataba del Festival deportivo para ciclistas profesionales y aficionados que consistía en unas carreras de cintas en bicicletas; el premio, una copa de plata obsequiada por la empresa Lluch y Castillo, concesionaria del PEKÍN. 
 
El último día del mismo mes se celebró un festival a beneficio de los pobres del distrito del Hospicio. Hubo baile, juegos florales y la proclamación de la reina de la belleza. La afortunada, acompañada por su corte de amor, recorrió las calles del distrito en una artística carroza.
 
Acabó la temporada, y con ella la definitiva desaparición del PEKÍN. Dos años de intensa actividad quedaban en el recuerdo grato del pueblo madrileño.





 
Bibliografía y Cibergrafía
 
Fuentes consultadas:

Biblioteca Nacional de España - Hemeroteca digital
Biblioteca digital de Castilla y León
Archivos municipales
Biblioteca Virtual de Prensa Histórica
 
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jueves, 20 de mayo de 2021

La Casa de los Actores de la calle del Príncipe, 27 y la ampliación del Teatro Español

En la esquina de la calle del Príncipe con la de Visitación (actual Manuel Fernández y González), frente a la plaza de Santa Ana y anejo al antiguo Café del Príncipe y el Teatro Español, se levantaba en la segunda mitad del siglo XIX un elegante edificio que llegó a tener ascensor, comercios importantes y vecinos de renombre. 
 
 
La fotografía muestra la fachada del inmueble situado en el número 27 de la calle del Príncipe, donde, además, podemos apreciar una pequeña parte de la casa que había sido café del Príncipe (El Parnasillo) y después contaduría del Teatro Español.
 
Con cinco plantas y bohardilla, albergaba a vecinos de categoría, como D. Evaristo Castro y Rojo, senador vitalicio y ministro del Tribunal Superior de Guerra y Marina. Hacia 1868 instalará su bufete el abogado y político Cristino Martos, seguramente cuando desempeñó el cargo de presidente de la Diputación de Madrid. También ocuparon este edificio el famoso fotógrafo Eusebio Juliá, la Sociedad General de Anuncios y desde 1910 la Casa de Actores que da título a este trabajo. 
 
 
El edificio de la II marquesa de Cortina 
La finca era propiedad de Manuela Cortina y Rodríguez de Espinosa, II marquesa de Cortina. En ella vivía, ocupando el piso principal. 
 
El marquesado de Cortina fue concedido por Amadeo I de Saboya a Manuel Cortina Rodríguez Arenzana Ruiz (1828-1880), Ministro de España en Suiza, en recuerdo de su padre: Manuel Cortina (1802-1879), Ministro de la Gobernación y Abogado. 
 
La marquesa falleció en esa casa el 3 de abril de 1908. Ese mismo año el edificio será puesto a la venta en pública subasta por disposición testamentaria. 
 

 

La Asociación de Artistas Dramáticos y Líricos Españoles comprará la finca por un total de 550 000 pesetas, incluidas las reformas realizadas. La Asociación, fundada en Madrid el 10 de enero de 1901, había acordado en 1907 la compra de una casa para la creación de un Casino, Círculo o Casa de actores.
 
Los últimos propietarios del inmueble fueron los hermanos Francisco y Lorenzo Alonso Gigosos.
 
 
Numeración de la calle 
En este trabajo encontraremos dos numeraciones para la finca. El correspondiente al número 27 figura dada de alta en el callejero histórico el 6 de julio de 1874. Con fecha 21 de febrero de 1931 cambiará a número 23. 
 
PLANO PARCELARIO DE MADRID, 1879

 
La Casa de los Actores 
Como hemos comentado, la Asociación de Artistas Dramáticos y Líricos Españoles había comprado el edificio por un total de 550 000 pesetas, incluidas las reformas realizadas, que no fueron pocas. Las reformas generales supusieron un gasto de 108 000 pesetas; la ampliación de las mismas 28 000; la compra de mobiliario, 70 000 pesetas. 
 
En tiempos de la marquesa la fisonomía del edificio era diferente, principalmente su fachada, como podemos apreciar en la fotografía de Cifuentes, de finales del año 1908. 
 

Adecentar y remodelar la fachada fue una de las muchas reformas acometidas, tanto estructurales como técnicas. Se instalaron ascensor y montaplatos; líneas telefónicas y servicio de timbre en todas las estancias; calefacción a vapor y frío industrial. 
 
Las obras se adjudicaron al contratista D. Baltasar Corral y fueron realizadas por el maestro de obras D. Cándido Medina y Queralt, bajo la dirección del arquitecto D. Francisco Reinals y Toledo. Con buen gusto y estilo, la noble casa fue adquiriendo su condición de Casino, como podemos apreciar en las siguientes fotografías.
 
 
La cuota de sus más de 2000 socios, la renta de los pisos alquilados y otras aportaciones producto de los actos benéficos, no sólo cubrían los gastos generales, sino que aumentaban la cuantía de las pensiones para artistas y de auxilio para sus familiares. Además, solventaba los jornales de seis jóvenes botones, cuatro porteros de cancela, dos de portal, dos conserjes, un maestro peluquero y dos oficiales, un mozo de cuarto de baño, etc.; todos elegantemente uniformados.



Ampliaciones del Teatro Español 
Durante las diversas reformas del teatro se fueron adquiriendo terrenos de las calles Echegaray, Manuel Fernández y González y la del Príncipe. Nos centraremos en esta última por su importancia en lo que se refiere a la fachada del coliseo y por la desaparición de dos edificios históricos: el Café del Príncipe (El Parnasillo) y la Casa de los Actores. 
 
En las siguientes fotografías de similar perspectiva podemos ver la ampliación de 1929 y el espacio que ocupó la Casa de los Actores. La primera es de la década de los 30 y corresponde al archivo Luis Lladó; la segunda, de Miguel Zavala, fue tomada en 1985. 
 

 
El 16 de enero de 1929 se publicaba en La Libertad un artículo dando cuenta de la reforma del teatro. Bajo el título El glorioso solar. Restauración del Teatro Español, el periodista Alejandro Larrubiera decía: 
«La importancia de las obras, cuya reseña sería prolija, tiene su más elocuente demostración en que se ha derribado la casa de la contaduría, reconstruido la fachada y la casa de la calle de Echegaray, núm. 26, habiendo adquirido el Ayuntamiento, para completar la reforma, dos casas contiguas: la número 24 de la referida calle de Echegaray y la número 4 de la de Fernández y González». 
Por su parte, Augusto Martínez Olmedilla, en un artículo dedicado a la Partida del Trueno publicado en la revista Estampa (1935), recordaba: 
«¡Qué de recuerdos evoca El Parnasillo! Era, sencillamente, el vetusto Café del Príncipe, un poco remozado. Hasta hace pocos años se conservó la Casa de Contaduría, contigua al Teatro Español, y derribada en la última reforma del coliseo municipal». 
 
Desaparición del edificio que había sido Casa de los Actores 
En 1973 los hermanos Alonso Gigosos, propietarios del edificio, solicitaron la declaración de ruina; sin embargo, el Ayuntamiento resolvió que la propiedad realizara las obras necesarias para su conservación. Desde entonces la Casa de Aragón -ya únicos inquilinos-, presentaron varias denuncias al consistorio para que obligaran a la propiedad a hacer las obras.
 
En 1975 los propietarios revocaron la decisión municipal y el caso fue llevado a los tribunales. En 1978, el Tribunal Supremo declarará la ruina no inminente del edificio y obligará a los hermanos Alonso Gigosos a realizar las reparaciones necesarias, pero nunca fueron llevadas a cabo. 
 
El 12 de febrero de 1979 una brigada de bomberos solicitó las llaves para entrar a la finca. En vista de su mal estado y el peligro existente, aumentado por las inclemencias del tiempo, no las devolvieron.
 
El día 19, funcionarios del Ayuntamiento clausuraban el edificio por ruina inminente. Esta decisión y la idea de ampliación del Teatro Español, surgida después del incendio 1975, presagiaban la desaparición del edificio. 
 
El fotógrafo Torremocha tomaba esta instantánea en 1976. Como la anterior, de Zavala, inmortalizan la fisonomía de la calle que había sido emplazamiento del Corral de la Pacheca y el esplendor del teatro del Siglo de Oro; que había sido testigo de las tertulias literarias y revolucionarias de su café; y que sería, pasado el tiempo, escenario de un nuevo Madrid cada vez menos castizo en su geografía urbana.
 
 
En pleno del Ayuntamiento celebrado el 27 de julio de 1990 se dio el visto bueno para una nueva ampliación que sumaría a su superficie los 530 m2 del solar que había ocupado la Casa de los Actores, ya derribada y de propiedad municipal.
 
La ampliación constaría casi 600 millones de pesetas, contemplándose el plazo de 16 meses para su ejecución; sin embargo, las obras se prolongaron en el tiempo hasta el siglo XXI. 
 
Muchos de los lectores recordarán que en aquellos terrenos estuvo instalada una carpa de estilo circense. 
 

 

Con estas dos vistas en planta del teatro y sus ampliaciones recordamos a los propietarios de los edificios hoy integrados a la superficie del teatro, entre ellos la casa de la marquesa de Cortina y después propiedad de la Asociación de Artistas Dramáticos y Líricos Españoles.
 
Mucho antes que la finca desaparecerá la Casa de los Actores. Ocurrió en agosto de 1933, año en que la Asociación se disolvió estatutariamente. En esos momentos era sostenida con la módica contribución de 72 socios. 
 
Ricardo Márquez, fundador de Historias Matritenses, uno de los blogs más longevos y emblemáticos sobre historias de Madrid, nos ofrecía una noticia que lleva a editar este trabajo con datos interesantes relacionados con la decadencia de la Casa de los Autores.
 
Ricardo comentaba en nuestro grupo de Facebook: «Sobre la Casa del Actor, indicar que en 1928 poseían una parcela en 1.200 metros en la calle Emilio Rubín, de la Ciudad Lineal, cedidos en teoría por la familia Soria, aunque creemos que nunca llegaron a construir nada allí. La información la tienes en El Heraldo de Madrid de fecha 6/feb/1928».
 
La noticia del Heraldo de Madrid daba cuenta de la creación de una Casa del Actor en Ciudad Lineal, según una idea del actor cinematográfico español-mexicano Carlos Martínez Baena, quien «venía luchando con geneoroso denuedo por dar carta de naturaleza en España a una idea que en otras naciones cultas es una realidad hace ya algunos años: la fundación de la Casa del Actor, el refugio hogareño—nada de asilo ni de hospital de inválidos—de los comediantes españoles en su vejez». 
 

 
La Casa de los Actores de la calle del Príncipe había sido fundada para los actores de teatro dramático y lírico. Posiblemente, la noticia de 1928, aunque relacionada con el cinematógrafo, pudo ser el desencadenante o propiciadora de la ruina de la Asociación de Artistas Dramáticos y Líricos Españoles. 
 
El cine ya estaba en pleno apogeo y muchos actores del escenario también probaron fortuna en la pantalla, situación que hace comprender la perdida de socios: más de 2000 en sus inicios hasta los 72 de 1933.
 
Para finalizar, y como preámbulo del siguiente artículo relacionado, ubicamos a través de las imágenes la citada Casa de Aragón, última de las muchas sociedades que ocuparon aquel espacio juntamente con pintorescos comercios.
 



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miércoles, 7 de agosto de 2019

Fotografías animadas y comercios en la plaza de Canalejas, número 6

En lo alto de la casa del marqués de Amboage de la plaza de Canalejas número 6, existió un modesto cartel con la inscripción Fotografías Animadas. Muy cerca de allí, sobre la carrera de San Jerónimo, estuvo el Cinematógrafo Lumière, donde se dice que Alexander Promio proyectó cine por primera vez en España. Craso error.

En la fotografía vemos la casa del marqués y el cartel. Cronológicamente, iremos conociendo detalles sobre el edificio, los comercios que allí hubo, y, por supuesto, la historia de las fotografías animadas en Madrid.


Casa del marqués de Amboage. Plaza de Canalejas, 6. (1914?)
Archivo HUM-019-001 FOTOTECA HUM
Historia urbana de Madrid - ISSN 2444-1325


La bonita casa de Fernando Plá y Peñalver, marqués de Amboage (1883-1951), obra del arquitecto Joaquín Rojí López-Calvo, fue construida en hormigón armado por la Sociedad constructora Pavimentos y Construcciones. Su superficie total es de 206 m2.

En 1913 el marqués, ejerciendo el derecho de tanteo, se hacía con el solar por la cantidad de 206000 pesetas, dando comienzo las obras ese mismo año.

Se tramita concesión de licencia de obra en enero de 1915. Así consta en el Boletín del Ayuntamiento de Madrid de 11 de enero de 1915 [Año XIX, núm. 941, p. 31] con el siguiente Orden del día:
A petición del Sr, Besteiro, quedó sobre la mesa el dictamen proponiendo la concesión de licencia para construir una casa en el solar de la plaza de Canalejas, con vuelta a la carrera de San Jerónimo y calle de la Cruz.
En el Boletín del día 18 de enero, la Comisión cuarta solicitaba la concesión de licencia indicando que «por las condiciones especiales de su distribución no se destine a vivienda».

En el cuadro de estadísticas publicado en el Boletín del 25 de enero, figuran las licencias expedidas entre el 17 y el 23 de enero, correspondiendo una de ellas al edificio de la plaza de Canalejas, 6.

Resulta curioso el funcionamiento del Ayuntamiento, aunque no asombra, pues la casa ya llevaba tres meses acabada, con comercios en funcionamiento.

Según consta en una noticia publicada en La Correspondencia de España del 31 de octubre de 1913 [Año LXIV, núm. 20351], una Comisión del Gobierno civil había desestimado un recurso contra el acuerdo del Ayuntamiento por el que se adjudicaban al marqués de Amboage varios terrenos provenientes del derribo de las casas 18, 20 y 22 de la carrera de San Jerónimo, y 2 de la calle de la Cruz. Ese mismo año estaban por concluir las obras de otra de las casas del marqués, la que conocemos como Edificio Plus Ultra, en la plaza de las Cortes.

Desgraciadamente ya no existe el bonito grupo escultórico que coronaba su fachada, solo queda un mascarón en el dintel de la puerta principal que parece representar al dios Mercurio.


  


Y nada queda del majestuoso luminoso del jabón Flores del Campo que engalanó la plaza. El encendido se celebró la tarde del 20 de octubre de 1915, con la presencia de un nutrido público. El espectáculo de luz y color se había anunciado un día antes en los periódicos de mayor tirada.


Y así fue, el fotógrafo Julio Duque captó el momento para el Diario ABC. La impactante imagen apareció publicada el 21 de octubre [Año XI, núm. 3776, p. 4], con la siguiente descripción: En la Plaza de Canalejas, en Madrid. El público admirando el anuncio luminoso inaugurado anoche.


Fotografía de Julio Duque. ABCfoto. Ref.:6169440. Acceso a la imagen.

Para aquella época el Ayuntamiento estudiaba el proyecto de otra Gran Vía; ésta discurriría desde la glorieta de Atocha (Carlos V) hasta la antigua plaza de las Cuatro Calles (Canalejas). Con un desnivel de 2,10 % y un ancho mínimo de 20 m, la nueva arteria borraría del mapa otras tantas callejuelas y crearía un camino directo a la estación del Ferrocarril y simplificaría el viaje hacia el cementerio de la Almudena.


En la década de los 30 se presentarán nuevos proyectos para la reforma interior de Madrid. El de otra Gran Vía, la Circular, obra de los arquitectos Luis Sainz de los Terreros y Luis Díaz Tolosana, contemplaba una vía circular al rededor de la Puerta del Sol que arrancaría en la plaza de Canalejas y se dirigiría por la calle de la Cruz hasta la plaza de Benavente para continuar por la calle de la Concepción Jerónima hasta la plaza de Puerta Cerrada. Desde allí, un camino de derribos y rectificaciones para continuar por la plaza de Ópera hasta la de de Santo Domingo y unión con el tercer tramo de la Gran Vía (Avenida de Eduardo Dato).




Hablando de derribos, la siguiente fotografía muestra cómo era el número 6 de la plaza de Canalejas en octubre de 1912. Edificio también cargado de publicidad que sucumbirá a la piqueta en 1913.


Plaza de Canalejas en 1912.
Biblioteca digital Memoriademadrid. Servicio fotográfico Municipal. Inventario: 9624.
HUM-019-001 FOTOTECAHUMHistoria urbana de Madrid - ISSN 2444-1325

Y es verdad que para cuando se concede la licencia de obra ya funcionaban algunos comercios. El New Bar era uno de ellos; a él acudía mucha gente relacionada con la tauromaquia, incluidas las figuras del toreo. El siguiente anuncio aparecía a principios de 1915.




En este fragmento de una fotografía de 1918, del Archivo Ruiz-Vernacci (IPCE), podemos ver el toldo del animado bar y un cartel que anuncia la exposición de productos Pedro Domecq en el entresuelo-derecha. La imagen identifica, además, las plantas del edificio.





En el New Bar se servía a precios económicos café de excelente calidad; cervezas bien frías; "Vermouth"; vinos generosos y licores de las mejores marcas; además de una gran variedad de pasteles.

En este bar se celebró en 1922 un curioso concurso para la firma KOLA CORTALS, licor higiénico, por el que se ofrecían 2800 pesetas a la persona que acertase la cantidad de granos de maíz que contenía una botella de este licor. Tanto la operación de llenado como el posterior concurso, se realizó con la presencia del notario de esta Corte don Pedro Tovar. La condición para poder participar era llevar una botella vacía de KOLA CORTALS, más las etiquetas de otras tres botellas.

En la década de los 30 el New Bar dará paso a la Cafetería Café Expres, visible la segunda en una fotografía que veremos más adelante. Más denominaciones tendrá con el correr de los años; así, ya en este siglo, pasará a ser la Churrería Ricote y después la Taberna El Fontán.

Los primeros días de febrero de 1915 se había inaugurado en el entresuelo-izquierda un establecimiento modelo, La Maison Velasco, sastrería de señoras y caballeros al más puro estilo europeo. La fotografía muestra el momento de la inauguración, a la que asistieron los propios marqueses de Amboage y el padre Félix Besga, de la Orden de los Agustinos, quien bendijo las instalaciones.




En 1917 se instalará en este entresuelo el Instituto Oftálmico Hispano-Americano, a cargo del doctor Valdés, del Instituto Rubio. Postinera Óptica que graduaba la vista gratis y ofrecía monturas de las mejores marcas y modelos. Tenía sucursal en Nueva York.





Es posible que La Maison Velasco se trasladase del entresuelo al local que hoy ocupa la Camisería Canalejas, ya que su propietario indica que había existido allí una sastrería.

También en febrero de 1915 comenzará a funcionar una joyería. Se anunciaba con el reclamo Joyas de ocasión, por venderlas a la mitad de su valor. Para septiembre del mismo año aparecía como Joyería Regia. Joyas de gusto, con precios «desconocidamente baratos». Años más tarde, desaparecida ya la Joyería, se buscaba al joyero; al parecer, había estafado a unas cuantas personas.




Estaba ubicada en el local anejo al que hoy ocupa La Violeta. En este sentido, sobre el año de inauguración de algunos comercios -si bien se indica el de 1915 para la famosa Bombonería- la siguiente fotografía plantea dudas razonables.



Correspondiente al archivo de la Biblioteca Nacional de España (Biblioteca digital hispánica), la fotografía forma parte de un álbum de Postales de Madrid editado por la Fototipia Catañeira, Álvarez y Levenfeld para el Ayuntamiento de Madrid.

En la descripción del documento se indica 1915 como posible fecha de edición, al hacer referencia a que en ese año la fototipia había cambiado de nombre. Sin embargo, como veremos en la imagen, y a tenor del año de instalación del Instituto Oftálmico Hispano-Americano, y la presencia de La Tribuna, podemos suponer que fue tomada entre 1916 y 1917.

Apreciamos también otros negocios, como una Clínica para perros, en la planta segunda-derecha y la citada Joyería Regia, aneja al local de La Violeta, donde un cartel poco legible parece indicar la presencia de El Postre, Confitería de la calle Cádiz que tuvo surcursal en la Plaza de Canalejas.  





La página web de la empresa La Violeta, comercio fundado por Mariano Gil Fernández y su esposa, doña Pilar Termiño, apunta a que abrirá sus puertas en 1915 en la Plaza de Canalejas [Ver texto].

Como ya hemos visto, existen algunas diferencias cronológicas detectadas en las fotografías; principalmente en la imagen que acabamos de ver, donde es clara la presencia de la Confitería El Postre como sucursal de la existente en la calle Cádiz.

Ahora bien, según un artículo publicado por Antonio Malalana Ureña (2015), la familia Gil tenía una pastelería en la calle de Cádiz, entre Carretas y Espoz y Mina. Coincide esta referencia con El Postre, comercio propiedad de un tal Leandro Hita, según un anuncio de 1916. [Mundo Gráfico. Año VI, núm. 229. Madrid, 15 de marzo de 1916, p. 6].

Continúa diciendo Malalana Ureña:
Uno de sus integrantes, Mariano Gil Fernández, con carácter emprendedor, tomaría la decisión de abrir un negocio propio. (...) Por fin, en 1915, -ya es centenaria- Mariano abría una pequeña confitería en el número 6 de la céntrica e influyente plaza de Canalejas. En el arco formado entre la Carrera de San Jerónimo y la calle de la Santa Cruz.[1]
En el toldo central de los tres comercios del bajo-izquierda podemos apreciar la inscripción BOMBONES; es ilegible el nombre del negocio. Todo apunta a que se trate de La Violeta, pero las fotografías puestas como comparativa hacen referencia a distintas décadas. Es posible, entonces, que el año 1915 sea el de comienzo de actividad de Mariano Gil en la plaza de Canalejas, pero no el de inauguración de La Violeta.


Un dato curioso: en 1928 La Violeta comercializará los Marshmallows, típico producto americano enviado desde Chicago por la casa Bunte Brothers.



Conoce desde aquí la variedad de productos de La Violeta



Esto de las violetas me recuerda a las Ampollas OMEGA, producto con el que se podía fabricar licores, jarabes y perfumes. Creadas por el Laboratorio Farmacéutico Nacional en la década de los veinte del pasado siglo, por 4 pesetas se podía comprar una ampolla de extracto de violeta, hacer alquimia doméstica, y perfumarse el ojal.




La lista de posibilidades era inmensa; por 7 pesetas, que era el precio de la caja de 10 ampollas de Absentín, se conseguía algo parecido a la Absenta; mismo precio tenía la caja de Anidisa, que era un análogo al Anisete francés, o el Licor indio, análogo al Ron. Y mucho más se podía fabricar, quedando la duda de qué tipo de alcohol había que utilizar.

Publicidad Diario ABC [Año XIX, núm. 6337]. Madrid, 27 de abril de 1923.


El Laboratorio también comercializaban el Chocolate Omega (a 3 pesetas los 400 gramos), y el fijador para el cabello que daba brillo, hermosura y sujetaba el peinado. Las ampollas, que se comercializaban en toda España, podían comprarse en Madrid en la farmacia El Globo; Alcalá, 69; Hermosilla, 52; San Bernardo, 41, y Alberto Aguilera, 31, entre otros.

En 1904, la Perfumería Gal había puesto a la venta su vaselina a la violeta, producto que volverá a comercializar noventa años después en unas latitas decoradas al más puro estilo modernista.


Continuamos.

El 14 de mayo de 1915, en el entresuelo-derecha, se inauguraba una exposición del pintor sevillano Diego López. La infanta Isabel (La Chata), en compañía de la inseparable señorita Bertrán de Lis, acudió a la exposición. De esta visita había dicho la prensa:
La egregia dama, que fue recibida y acompañada en la visita por el ilustre artista, el doctor Decref y el marqués de Sancha, tuvo frases de felicitación para el notable pintor, singularmente por sus tipos de gitana, y adquirió el cuadro número 20 del catálogo, que representa “La Plaza del Duque, de Sevilla”.
 Ocupando todo el piso principal, y más tarde también parte de la segunda planta-izquierda, estuvo la redacción y administración del diario La Tribuna. La incursión de este diario independiente comenzó en Madrid en 1912, con oficias en la calle Sevilla e imprenta en la calle Jardines, 4, 6 y 8.


La Tribuna en la calle de Sevilla. Fotografía de autor anónimo.
Publicada en Mundo Gráfico [Año II, núm. 14] Madrid, 1912

La siguiente imagen muestra la ubicación de La Tribuna y comercios ya citados. En lo alto, otro cartel de Fotografías animadas remplazaba al conocido. Se trata de un fragmento de una fotografía de Hauser y Menet datada entre los años 1920 y 1925.


En 1916 se instala la redacción de la revista popular La Semana, de ideología germanófila, cuyo primer número apareció el 20 de mayo de 1916. Y la peluquería Ideal, del peluquero Antonio Vera, en el entresuelo; además del domicilio social de la Compañía Anónima de Seguros «La Ganadera Española».

En algún momento del año 1918 aparece El Trébol, elegante confitería y pastelería que preparaba exquisitas tartas, ramilletes y pastas finas. Los días de vigilia ofrecían a la clientela empanadas y pastelillos especiales de merluza, salmón y langosta.

¿Ocupará el espacio donde supuestamente está La Violeta? La inscripción CONFITERÍA en un cartel colocado en el dintel de ese local plantea estas dudas razonables que surgen al no encontrar otras referencias fotográficas.

Sí conocemos una lista de comerciantes multados, publicada en ABC el 13 de septiembre de 1939, que recoge el nombre Mariano Gil, propietario de La Violeta, e indica que regenta una Confitería.




Y se instalará también el Instituto Internacional de Colocación, institución dedicada a la búsqueda y oferta de empleo tanto para Madrid como para provincias y el extranjero.

También de 1918 es la presencia de la empresa Bonet & Cía., agente comercial de la firma Wood-Milne, de Manchester, fabricantes de los tacones de goma del mismo nombre.



Hacia 1919, el editor don Rafael Caro Raggio abría su Librería especializada en libros de Arte, Literatura y Ciencias. La Editorial estaba en la calle Mendizábal, 34.



Ese mismo año se instalaba la Compañía Cubana de Accidentes, S.A. Su Consejo de administración estaba presidido por un conocido financiero, don Domingo Battenberg (Sic). Curiosamente, en 1922 comenzará a funcionar en el mismo edificio la entidad de préstamos personales denominada Banco de Crédito General, S.A., también con el tal Battenberg como presidente del Consejo. La Compañía Cubana trasladará sus oficinas a la calle Alfonso XII, número 24.
A tenor de un anuncio publicado en ABC el 22 de febrero de 1920, una empresa de la que solo conocemos las siglas E. V. C., compraba fincas urbanas en La Habana. Indicaba que las oficinas estaban en Plaza de Canalejas, 6, tercera planta. Podemos suponer que el domicilio de las anteriores empresas relacionadas con Cuba estuvieron en la misma planta.

También en 1919, habitará el entresuelo del edificio el coleccionista Ramón Pujalte, donde estaba la Bolsa Filatélica de Madrid.



Y si en un momento de esta historia estuvieron las oficinas de los Automóviles Ideal, en 1922 pasará a ser Agencia general para España del bonito automóvil La Voisin.




En 1923, con el edificio ya bastante poblado de oficinas, se suman las de la sucursal en Madrid de La Auxiliar de la Construcción, S.A., fabricante del cemento artificial SANSÓN y el puzolánico VOLCÁN.


En los fragmentos de la fotografía original vemos a José Arnaldo anunciado como agente de todo tipo de materiales para la construcción. De hecho, una pancarta anuncia la adquisición de oficinas en la planta tercera-derecha.
Otras fotografías muestran un cartel al uso de la época que ocupa toda la fachada. Se presentan en la siguiente imagen, siendo la de Ernesto Ramos, datada por la Biblioteca digital memoriademadrid entre los años 1920 y 1925, y la de Loty, de entre 1927 y 1936, según los datos de la Fototeca de Patrimonio Histórico.







Justo debajo, en el segundo-izquierda, se instalarán las oficinas de la Subdirección de La Unión y el Fénix Español. Es visible en la imagen superior (fotografía de Loty).

En 1930, quien quisiera obtener el título de Piloto Aviador podía apuntarse en la Aero-escuela Estremera, única con Aeródromo propio en Madrid. Sus profesores procedían de la Aeronáutica militar y las prácticas se hacían en aviones Havilland Moth.


En 1931 se constituirá el Club Deportivo del Aire, con domicilio en la Aero-escuela Estremera, propietaria del aeródromo de Carabanchel Alto.




Otra oficina educativa era la de Academia Orduña, dedicada a la preparación para el ingreso en las Escuelas de Ingenieros de Caminos, Agrónomos y Ayudantes de Obras públicas. Y de 1921 era la Academia Domínguez, que tenía residencia para estudiantes.



También en 1930 se instalará la conocida Camisería Canalejas, visible en la siguiente fotografía de Vilaseca tomada en abril de 1933. Según los propietarios de la Camisería, ya existía allí una Sastrería.
Como podemos apreciar, ocupaba solo el local de la esquina con la carrera de San Jerónimo.

El New Bar ya no existe, pasará a llamarse Café Expres


La imagen corresponde a la actuación policial contra una multitud que intentaba impedir la celebración de un mitin de Acción Obrera en el teatro de la Comedia. Lamentablemente solo ofrece una vista parcial de la fachada, pero es suficiente para identificar ambos comercios.

La lista de comercios y oficinas de diversos ramos que cohabitaron en la casa del marqués de Amboage ya es extensa. La ubicación y características del edificio eran propicias para esta variedad de negocios, entre los que no podemos obviar, la Peletería Duque y el traslado de Iturzaeta, con sus elegantes vestidos y abrigos de primavera de las mejores firmas francesas.




La siguiente fotografía, de Loty, tomada entre 1926 y 1936, deja entrever el cartel que anuncia ADQUIRIDO PARA AMPLIACIÓN DE LA PELETERÍA DUQUE. Recordando imágenes anteriores, ocupará el local donde había estado la Joyería Regia.



También se había trasladado desde la calle Carretas, número 4, al piso principal-derecha del edificio  la muy animada Casa de la Montaña, sociedad que para sus miembros organizaba verbenas, campeonatos de todo tipo, corales montañesas y bailes de Carnaval, además de excursiones. Los autobuses salían de la misma plaza.



Y si de motores se trataba, nada como los Diesel Drott de la Casa sueca Pythágoras, cuya Delegación general en España estaba representada por la Casa Guillermo Herrera.



En el principal-izquierda se instalará en 1934 el Sindicato de iniciativas de Madrid, organismo que promovía el turismo español en general y particularmente las visitas a Madrid de todo tipo de turista, nacional o extranjero.

En 1936 el precio de alquiler de una oficina en la plaza de Canalejas, número 6, era de 350 pesetas. No se trataba de un valor excesivo, ya que a pocos metros, sobre la carrera de San Jerónimo, el alquiler rondaba las 670 pesetas. Para hacer estos y otros cálculos, las máquinas del importador Manuel del Palacio, presente en el edificio desde 1942.




En 1939 el Defensor de la Industria y Comercio estaba en la tercera planta; su actividad iba orientada a todo lo relacionado con la Comisión de Incorporación Industrial y Mercantil: gestión y trámites de altas, bajas, contribución, cobro de créditos, etc. En 1959 ocuparán la quinta planta-derecha.

Hecho este repaso por los comercios más antiguos que hubo, nos centramos en el cartel de las Fotografías Animadas y otra industria asociada.


La plaza de Canalejas, 6, y el cinematógrafo
Como comentamos, muy cerca de la plaza de Canalejas había estado el Cinematógrafo Lumière, donde dicen erróneamente que se proyectó una película por primera vez el 14 o el 15 de mayo de 1896. Las placas conmemorativas instaladas en la fachada asientan esta contradicción que es una nimiedad comparada con la historia verdadera.

Edwin Rousby (1896)
Lo cierto es que la primera proyección cinematográfica se realizó en el Circo de Parish el 11 de mayo de 1896.

El señor Edwin Rousby, conocido en Madrid desde 1893 por su espectáculo Electro-musical, el 11 de mayo de 1896 presentó a la prensa y personalidades el Animatógrafo o Teatrograph, sistema cinematográfico del que los periódicos dijeron que se trataba de «la última maravilla del siglo».
Al día siguiente, se presentaba al público general como un espectáculo más del Circo de Parish.

Existe otro error histórico. Con la intención de dar datos correctos, algunos autores indican que la primera proyección en el Cinematógrafo Lumière se realizará el 13 de mayo. Tampoco es cierto.

La primera proyección del Cinematógrafo Lumiére se realizó el 12 de mayo, a puerta cerrada, para la reina María Cristina, sus augustos hijos y la alta servidumbre del Palacio.

Aclarado este asunto, al menos en este artículo, pero no en las placas de la fachada del antiguo Hotel de Rusia, una noticia de esos días hace referencia al espectáculo cinematográfico que se representaba en ambos espacios. Destaca el aviso del Cinematógrafo Lumière, en el que se indica "Fotografías animadas",

La Correspondencia de España [Año XLVII, núm. 13983] Madrid, 19 de mayo de 1896.

En noviembre del mismo año, en el cinematógrafo o teatro Mouvógrafo, de la calle Alcalá, número 4, se comenzaron a proyectar fotografías animadas en color acompañadas por el grafófono (gramófono perfeccionado por Chischester Bell y Charles Summer). Las sesiones duraban media hora y comenzaban a las tres y media de la tarde hasta las siete; después, de las ocho y media hasta las once de la noche.

En marzo o abril de 1929 se instalará en el edificio la distribuidora cinematográfica Renacimiento-Films. Esta industria poseía un interesante stock de películas de la casa Franco-Films, de gran éxito en las pantallas madrileñas, como Madame Recamier, Fígaro, La modistilla de París, El hundimiento de la casa Usher, El barbero de Sevilla, Tarakanova, y, entre otras, Los 11 diablos, que causó furor en el cine de Callao. En la dirección de Renacimiento-Films estaba José Campúa.

Poco tiempo estuvieron en la plaza de Canalejas ya que a finales de septiembre se trasladaron a la calle San Marcos, número 42.







En 1932 estuvo en el piso principal-izquierda el domicilio social de CEA (Cinematografía Española Americana. Autores Asociados, S.A.). Su Consejo de administración estaba formado por Jacinto Benavente, presidente honorario; Rafael Salgado, presidente efectivo, y Joaquín Álvarez Quintero, vicepresidente. Los vocales eran: Serafín Álvarez Quintero; Manuel Linares Rivas; Eduardo Marquina; Carlos Arniches; Luis Fernández Ardavín; Pedro Muñoz Seca; Francisco Alonso; Florentino Rodríguez; Casimiro Mahou; Jacinto Guerrero, e Ignacio Luca de Tena.




En 1933 inaugurarán sus famosos estudios de Ciudad Lineal.

Estudios C.E.A Ciudad Lineal. Fotografía sin autor.
Revista Cinegramas [Año I, núm. 16] Madrid, 1934


Dicho esto, el cartel que en lo alto anunciaba las Fotografías Animadas correspondía al estudio fotográfico de don Federico Amaré, reputado fotógrafo cartaginés.




Federico Amaré Algueró
Federico Amaré había participado en la prensa con varios reportajes gráficos. En 1905 será premiado en la Exposición fotográfica de Bilbao con medalla de bronce y premio Lumière al lema “Luz y Sombra”. En 1907 participará en la Exposición organizada por la Real Sociedad Fotográfica Madrileña; obtendrá mención honorífica en la categoría de “Figura, retrato y composición”. Sobre este premio había dicho la revista mensual ilustrada La fotografía:
Federico Amarés (que es profesional, pero que, al parecer promiscuo), presenta trabajos muy en grande y muy bien acabados. Señalemos un moro (de los que van a Cartagena) y un tirador de armas muy bien retratado. Merecía más de una Mención honorífica.
Su estudio de Cartagena estaba en la calle San Miguel, número 1. La actividad principal eran las ampliaciones, reproducciones, pinturas y esmaltes. Comenzará a funcionar en 1905, sumando a la de estudio la condición de galería fotográfica. En 1910 el estudio estará en la calle Marina Española, número 11.

Existen dudas sobre la relación de Federico con el afamado Salón Amaré de la calle de Alcalá, 23. La Casa Amaré fue fundada en 1890 por Francisco Amaré como empresa de decoración y fabricación de muebles. Según Óscar da Rocha Aranda (2009), al frente del negocio se encontraban sus hijos, Enrique, Rafael y José. [2] No cita al fotógrafo Federico Amaré, lo que puede significar que hablamos de otra familia. Sin embargo, en el Diario de Tortosa del 25 de febrero de 1904 [Año XII, núm. 6719] se menciona a Federico como hermano de Enrique, «acreditados industriales madrileños».


Por otra parte, en un artículo titulado La Casa Moderna, publicado el 11 de junio de 1904 en Blanco y Negro [Año XIV, núm. 684] se habla de un salón decorado al estilo Luis XV, «...construido por los Sres. Amarés para un capitalista de Cartagena». Una coincidencia que relaciona a los industriales madrileños con el estudio de Federico en aquella ciudad.

La duda se disipa al encontrar a Federico como miembro de la expedición obrera comisionada para asistir a la Exposición Universal de París de 1900. Participará como delegado del Círculo de la Unión Industrial. En la lista de miembros publicada por la Gaceta de Madrid del 21 de julio de 1900 [Núm. 202, p. 297] figura como fotógrafo.

Nos encontramos, entonces, con un reputado fotógrafo con estudio-galería en Cartagena y Madrid, y miembro de una familia de industriales muy respetada en los círculos sociales madrileños.

Del Salón Amaré hablaré en otro artículo. 


Fotografías animadas
Las fotografías animadas no eran otra cosa que la reproducción consecutiva de estas en diversas escenas y escenarios, es decir, el cinematógrafo.

El Animatógrafo utilizado por Mr. Rousby en el Circo de Parish era un invento del ingeniero inglés Robert William Paul, quien, además, para capturar las imágenes y basándose en el Cronofotografía de Marey y el prototipo del fotógrafo Birt Acres, creará la cámara Paul-Acres, primera fabricada en Inglaterra.

Las siguientes proyecciones corresponden al Animatógrafo de Paul; algunas fueron vistas por los madrileños aquellos días de 1896.




Pero existieron otras Fotografías Animadas, las que daban título al divertido sainete creado por Andrés Ruesga y Enrique Prieto, con música del genial maestro Federico Chueca.

El Problema Cómico-lírico Social en un acto, original y en verso: Fotografías Animadas o El arca de Noé, fue estrenado la noche del 30 de julio de 1897 en el Teatro del Príncipe Alfonso. En septiembre del mismo año formará parte del cartel del Teatro Apolo, junto con Las Bravías, Vida libre y Agua, azucarillos y aguardiente.

La particularidad de este sainete era su decorado; en él aparecía una máquina de cinematógrafo y un teléfono. Además, un curioso repertorio de personajes entre los que se encontraban Don Cine, Don Tele, la Comedia y el Género Grande.




En la escena XI surge la disputa entre Don Cine y Don Tele sobre esos nuevos inventos.



Fotografías Animadas o El arca de Noé es un sainete corto y gracioso del que dejo este enlace, por si el lector quiere pasar un buen rato.


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La Biblioteca Nacional de España guarda en la Sala Barbiere, entre muchos otros tesoros, un cilindro impresionado por V. Corróns e Hijo entre 1899 y 1900 con un fragmento de Fotografías animadas. Cantan Juanita Fernández y el señor Monrás. Una delicia.


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Finaliza este artículo de uno de los pintorescos edificios que conforman la plaza de Canalejas, zona  marcada hoy por la especulación que supuso un atentado contra nuestro patrimonio. 

La fotografía con la que inicié este recorrido histórico, y casi anecdótico, animó mi curiosidad al ver el solitario cartel que anunciaba esto de las fotografías animadas. A partir de ahí, la localización de muchos de los comercios que existieron y las dudas cronológicas sobre la instalación de otros.

Quizá este trabajo pueda servir como curiosidad histórica o para mayores investigaciones. Aquí queda por lo que pueda ocurrir, que bien sabemos los madrileños cuánto se está degradando el paisaje urbano y su historia. Debe saber el lector que este edificio carece de protección patrimonial, según informa el COAM. 


Eduardo Valero García



Artículos relacionados:
- La Rotonda Reina Victoria de la Plaza de Canalejas. Madrid, 1916.



Bibliografía y Cibergrafía

[1] MALALANA UREÑA, Antonio. La Violeta. Plaza de Canalejas, 6. Barrio de Sol. En El mochilero Gráfico... [Consultado el 20 de julio de 2019] Disponible en: https://comerciosantiguosdemadrid.com/2015/07/23/la-violeta-plaza-de-canalejas-6-barrio-de-sol/

[2] ROCHA ARANDA, Óscar da. (2009). El diseño Modernista en Madrid. En El Modernismo en la arquitectura madrileña (pp. 205-209). Madrid, Grupo de Investigación de Historia del Arte, Imagen y Patrimonio Artístico. Instituto de Historia. CSIC.


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