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martes, 7 de octubre de 2025

Las cigarreras de la Fábrica de Tabacos de Madrid y su asociación con el lesbianismo. Contestación a un "divulgador".

ENSAYO RESPONDÓN

Introducción
El 28 de mayo de 2017 publicamos un artículo en homenaje a Valentina Alonso de Espinosa (“tía Viva”), la cigarrera más vieja de la Fábrica de Tabacos de Madrid en 1930. Su descarnada historia de vida representaba al común de las cigarreras; mujeres aguerridas, luchadoras, tipo popular madrileño de las que Don Benito Pérez Galdós había escrito: “… alegría del pueblo y espanto de la autoridad”.

Y así fue desde el siglo XIX hasta bien entrado el XX, como modelo de la lucha obrera y de asociación solidaria y combativa. Pretender ahora separarlas por identidad de género, como pregonan en un vídeo, no es más que un esnobismo.


Por Gonzalo Bilbao Martínez - Fotografía propia, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=74909004

La utilización de estas mujeres trabajadoras, minimizando su realidad para fabular desde una mirada arcaica, poco se acerca a lo que en su beneficio se reconocía en otros tiempos. Valga el siguiente texto para ilustrar el espíritu de las cigarreras más allá de los estereotipos.

«A las cigarreras se les llama alborotadoras y rebeldes; se las parodia o se las pone en solfa para los efectos del teatro; se las considera un poco a lo frívolo y a lo pintoresco, siendo como son acaso la única colectividad que tiene el corazón en su sitio. […] ¡Benditas sean! Su adorable espontaneidad representa, más que un consuelo, una esperanza. Saber que unos millares de mujeres del pueblo se preocupan de los afanes renovadores del país, y en vez de perder el tiempo en cuchicheos tradicionales, emplean el que les deja libre su trabajo en llevar al ánimo de los presos la alegría de la calle y en alentar los modernos anhelos penitenciarios es esperar con cierta confianza en el auxilio de las colectividades populares, el día de mañana. Las mujeres lo pueden todo, como elemento de impugnación social. Y delante de esos ejércitos posibles empiezan a marchar ya las cigarreras. Ni el sainete ni la tonadilla; el amor a la justicia y a la libertad. ¡Benditas sean!». El Liberal. «Run-Run». Madrid, 9 de octubre de 1929. 




Motivo de este trabajo 
Circula por las redes el vídeo de un divulgador de contenidos hablando de las cigarreras madrileñas como el sumun del safismo en la Fábrica de Tabacos, y la cercanía de esta con una taberna ya desaparecida (según autores a los que parafrasea), en la que dice se reunía el lesbianismo tabacalero. 

Contestación 
La contestación al contenido no se basa en la opinión del autor/editor de esta publicación seriada, sino en el exhaustivo estudio y trabajo de investigación necesarios para confirmar o rebatir, como lo hice para desmontar la denigrante leyenda que atribuía el adjetivo malsonante “gilipollas” a las hijas de Gil Imón de la Mota.

Justamente por estos y otros trabajos, el doctor en Historia Juan Carlos González Morales me envió el vídeo donde se coloca a las cigarreras y el entorno de la fábrica como el epicentro del lesbianismo.

Transcribo la narración casi en su totalidad.


Rumores 
El divulgador, arqueólogo, escritor, youtuber y artista drag ꟷsegún reza en Wikipediaꟷ, con su verborragia facundia viene a asegurar lo siguiente en forma de pregunta:

“ꟷ ¿Sabías que en el siglo XIX había tantas lesbianas y bisexuales en la Tabacalera de Madrid que se llegó a rumorear que su orientación sexual era provocada por el polvo del tabaco?”

 Lo de “rumorear” parece indicar que estaba en boca de toda la villa y corte; sin embargo, ꟷafortunadamente lo citaꟷ, se basa en el libro La mala vida en Madrid (1901), de Constancio Bernaldo de Quirós y José María Llanas Aguilaniedo, reeditado por el Instituto de Estudios Altoaragoneses en 1997, con edición y notas de varios autores.


La mala vida en Madrid
En esencia, el libro es un estudio psicológico y de antropología criminal basado en la sociedad del siglo XIX, integrando un amplio abanico de personajes y sus patologías, sesudamente clasificadas, estudiadas y comparadas. El capítulo III está dedicado a la prostitución y dentro de este incluye la inversión sexual como forma homosexual de aquella. Al referirse a los “Polisexuales” incluye al Uranismo y el Tribadismo.


Recuerdo haber utilizado este libro en mis artículos sobre los barrios bajos madrileños y en la charla titulada ‘Ilustres golfos de Madrid’, impartida en la Biblioteca Regional de Madrid en noviembre de 2023, con motivo de la séptima edición de las Jornadas madrileñas de novela histórica.
Aquella charla fue amena y simpática, ofreciendo al público la visión más amable sobre unos golfos madrileños de vidas miserables que destacaron entre otros y fueron ilustres, muy a pesar de sus desequilibrios. Todo lo contrario hace el divulgador convirtiendo en anécdota la historia de un colectivo de mujeres que, en el conjunto del libro, son tratadas de enfermas mentales.

En el prólogo de la edición de 1997, José Manuel Reverte Coma, fundador del Laboratorio de Antropología Forense y el Museo Universitario de Antropología Forense y Criminalística, hacía esta síntesis de la parte que nos ocupa y que el divulgador sigue a pies juntillas:

«Dentro del complejo mundo de las desviaciones sexuales dedican un buen espacio al tribadismo o lesbianismo, del que encuentran casos frecuentes en la Fábrica de Tabaco y que atribuyen a la aspiración del polvillo de las hojas secas. Mencionan el caso de una taberna que había en Madrid especial para lesbianas y señalan los celos sáficos que con frecuencia padecen éstas…». (Reverte, 1997, p. XXVI)

Paupérrima investigación si el interés del vídeo está en resaltar la figura del lesbianismo en el proletariado, porque la mirada de los autores de La mala vida en Madrid corresponde a la de su tiempo, ajena al feminismo tal y como hoy lo entendemos.

Cigarreras saliendo de la fábrica. Madrid, 1931. Foto: Cámara


Generalizar
Al decir “tantas lesbianas y bisexuales en la Tabacalera de Madrid”, parece aglomerar al conjunto de trabajadores, que eran muchos y en diferentes secciones dentro de la fábrica. En definitiva, comete un error común: la generalización.

Veámoslo desde otro ángulo. 
En julio de 1909 el semanario satírico y anticlerical El Motín publicaba la columna titulada ‘Célibes forzosos’, crítica de los modos y enseñanza en colegios religiosos y conventos. Después de un profuso análisis de la educación laica y los vicios de la iglesia, exponía:

«… antes de la explosión de la pubertad, el hombre (y la mujer) son indiferentes a los amores hetero o homosexuales, y todo depende de la educación, principios, derroteros o sugestión que se dé a las inclinaciones naturales. Esto explica el desarrollo ingente de la inversión sexual en los colegios y conventos, y del tribadismo entre monjas y alumnos. De modo que los corruptores religiosos cuentan ya de antemano con esta complicidad inconsciente de la naturaleza, que luego utiliza y amplía hasta llegar al crimen su desbordada lujuria».

Ni tanto ni tan calvo. No todo ser es hetero u homosexual, aunque hoy pretendan despertar conciencias a través de “enseñanzas”, ni los colegios religiosos y conventos son y tampoco han sido un antro de lujuria. Lo mismo se pretende ahora con el gremio de las cigarreras, intentando generalizar sobre su sexualidad. Entonces, visto así, podemos preguntarnos: ¿Acaso ocurría lo mismo con las verduleras; las operarias de la fábrica de lámparas; las modistillas? ¿Quizás no, por ausencia de polvo de tabaco? ¿O sí, porque trabajaban juntas? ¿Alguna pudo ser lesbiana? ¡Pues claro!

Cigarreras madrileñas de 1931 en la Escuela de Capacitación Social.
Crónica (Año IV – Núm. 128. Madrid, 24 de abril de 1932.

Un estudio sociológico titulado ‘El contagio moral en el ambiente escolar’, de C. Berneri, publicado en La Revista Blanca, del 15 de junio de 1928, habla en estos términos de diversos contagios morales, entre ellos el onanismo y el tribadismo:

«El doctor Garnier afirma que basta que una pensionista esté instruida sobre el vicio del tribadismo para que, aproximándose a sus compañeras, abrazándolas y, sobre todo, durmiendo juntas, lo revele y lo comunique a otras. A otras, muy bien; pero ¿a muchas otras o sólo a las predispuestas? Ahí está el problema». (p. 10-15). 

En definitiva, para los autores de La Mala vida en Madrid y la comunidad médica de entonces, el safismo era una enfermedad, una “epidemia contagiosa”. 
Cuántas historias “queer” de otros siglos hubieran sido mejor ejemplo y no el de las cigarreras, interesadas ꟷcomo hemos vistoꟷ, a otras luchas sociales ajenas a su intimidad sexual.


La taberna lésbica
Después de presentarse y citar al portal de internet que solicitó su colaboración, el divulgador asegura:

“ꟷ Hace más de 130 años aquí estaba uno de los primeros bares lésbicos de Madrid. Bueno, la dirección exacta no la sé, pero sí que estaba al lado de la Tabacalera”.

Lo sabe porque lo citan Bernaldo de Quirós y Llanas al hablar del tribadismo en el capítulo dedicado a las formas de inversión sexual. Pero no investiga, añade de su propia cosecha que fue “uno de los primeros bares lésbicos de Madrid”. Este tipo de aseveraciones son frecuentes en contadores de historietas que desvirtúan la realidad histórica de nuestra ciudad.
Esto de “bares lésbicos” o “Taberna” volverá a citarlo más adelante en su discurso. 

Cita el libro como su fuente de consulta (más bien de lectura), parafraseando este texto:

“Cerca de la fábrica de Madrid hubo, hasta hace poco tiempo, cierta taberna a la cual, si su dueño hubiera conocido algunas otras figuras y pasajes mitológicos que los relativos a Baco, hubiera podido titular con esta advocación pagana: «A la isla de Lesbos»”. (p. 275-276) 

Nada dicen sobre la antigüedad de la taberna ni que haya sido una de las primeras.

Autores como Emilia Pardo Bazán, Benito Pérez Galdós y Pío Baroja, entre otros, visitaron lo más profundo de la sociedad madrileña: los barrios bajos, hábitat de las mayores miserias y el desamparo. Los escenarios y situaciones que describen en sus novelas difieren mucho del ambiente de diversión que el divulgador recrea en las supuestas cigarreras lesbianas, como si aquellas disfrutaran de unos chatos de morapio en la mismísima taberna de Antonio Sánchez.

Los barrios de las Injurias, las Cambroneras, las Peñuelas, y más allá la Perejilera; todos lugares insalubres, miserables, y en ellos la casa del Cabrero, la Tinaja, el caserón del Mellizo, las chozas de la Alhóndiga y la taberna del Manzaneque en el distrito de la Inclusa, donde convivían pobres y proletarios en comunión con ladrones, asesinos, prostitutas y todo lo más bajo de la humanidad.


Plano de Madrid, por José Palouzie (1895) Archivo de la Villa.

Pío Baroja, en La Busca, nos describe la fisonomía de las tabernas propias de los lugares citados; en este caso se refiere a la taberna de La Blasa:

«Cruzaron todos la vía y pasaron por delante de unas casas blancas hasta entrar en el barrio de las Injurias. Se acercaron a una casita baja con un zócalo oscuro; una puerta de cristales rotos, empañados, compuestos con tiras de papel, iluminados por una luz pálida, daba acceso a esta casa. En la opaca claridad de la vidriera se destacaba a veces la sombra de alguna persona. Abrió la puerta Leandro, y entraron todos. Un vaho caliente y cargado de humo les dio en la cara. Un quinqué de petróleo, colgado del techo, con pantalla blanca, iluminaba la taberna, pequeña y de techo bajo. Al entrar los cuatro, todos los concurrentes se les quedaron mirando con expresión de extrañeza; hablaron entre ellos y después siguieron unos jugando, otros viendo jugar».

Una taberna del Paseo de las Acacias.
Foto: Benítez-Casaux (1930)

Después hablará de la clientela que allí había:

«Al otro lado de donde estaban Roberto, Fanny, Leandro y Manuel, un corro de unos veinte hombres se amontonaban alrededor de una mesa jugando al cané. Cerca de ellos, acurrucadas en el suelo, junto a la estufa, recostadas en la pared, se veían unas cuantas mujeres feas, desgreñadas, vestidas con corpiños y faldas haraposas, sujetas a la cintura por cuerdas.
-¿Qué son estas mujeres? -preguntó la pintora.
-Son golfas viejas -contestó Leandro-, de esas que van al Botánico y a los desmontes.
Dos o tres de aquellas infelices llevaban en sus brazos niños de otras mujeres que iban a pasar allí la noche; algunas dormitaban con la colilla pegada en el extremo de la boca. Entre la fila de viejas había algunas chiquillas de trece a catorce años, monstruosas, deformes, con los ojos legañosos; una de ellas tenía la nariz carcomida completamente, y en su lugar, un agujero como una llaga; otra era hidrocéfala, con el cuello muy delgado, y parecía que al menor movimiento se le iba a caer la cabeza de los hombros».

En cuanto a los hombres, todos borrachos y pendencieros. 

El incendio de la Fábrica ocurrió en 1890, lo que quiere decir que el bar o taberna lésbico debía llevar un tiempo en funcionamiento y, muy probablemente, no tan cerca de allí.
En un momento del vídeo se sitúa en la calle Provisiones, 26 (Antiguo 16). ¿Intenta decir que allí pudo estar la taberna? ¿Quizás porque en la fachada del edificio hay una bandera LGTBIQ+?

Poco después aparece en la intersección de esta calle con la de Mesón de Paredes, donde dice lo de "la dirección exacta no la sé, pero sí que estaba al lado de la Tabacalera". Digamos que no estaba al lado, sino enfrente.

Por la calle de Embajadores existieron unas cuantas tabernas, pero aproximadamente desde la calle de la Huerta de Bayo hasta la plaza de Cascorro. Lo mismo ocurría en la calle Mesón de Paredes, desde Sombrerete hasta Duque de Alba. En la de Provisiones hubo alguna cercana a la calle del Amparo. 

Tengamos en cuenta que en casi todas las casas había una tahona o una taberna; en esta última, siguiendo las crónicas de la época, eran frecuentes las reyertas, robos y asesinatos. Parece que no era el mejor ambiente para el flirteo.

En Mala hierba, Pío Baroja nos dice: 

«De Casa Blanca, Ortiz y Manuel se dirigieron hacia las Peñuelas, y Ortiz echó un largo párrafo con el sereno. Después recorrieron algunas tabernas del barrio, en donde había gente, a pesar de tener las puertas cerradas».

Misteriosas tabernas estas, quizás revolucionarias, como los cafés, o más bien de malhechores y contrabandistas; de timba clandestina; dedicadas a la prostitución o utilizadas como fumaderos. De “invertidos sexuales” —por ir acorde con la visión de los autores de La mala vida en Madrid— seguro que las hubo, pero no como selecto club del lesbianismo.

En el amplio y variado Universo del Uranismo, enumerados concienzudamente según sus características físicas y mentales, citan en el número 13 de la lista a un tal “Concha”, de Madrid, quien había sido tabernero y después mozo de comedor. ¿Pudo regentar Concha una taberna lésbica? Quizás sí, aunque todo apunta a que no era pansexual.



Juntas y empolvadas
Un tanto melindre y en ocasiones gazmoño, el divulgador sigue con su relato: 

“ꟷ Estas fábricas y talleres solían estar separados entre hombres y mujeres, y uno de los centros más importantes era este, la Tabacalera, donde trabajaban más de 6000 mujeres. Y aunque sólo sea por estadística o por pasar mucho rato juntas, la fábrica de tabaco se convirtió en el Tinder sáfico de la época. De hecho, había tantas sáficas aquí que se empezó a rumorear que el lesbianismo era provocado por el polvillo desprendido al liar los cigarros. Así que ya sabes, no compres de liar, porque puede provocar lesbianismo”.

Hecha la gracia, lo que viene a decir es lo escrito por los citados autores:
 
“Estos medios homogéneos son muy variados: el colegio, el taller, etc. En las fábricas de tabacos abundan las parejas sáficas. Se ha aludido, para explicarlo, a otra nueva causa, a saber: la irritación producida por el polvillo desprendido del tabaco”. (p. 275) 

Esta aseveración sobre el polvillo del tabaco no está comprobada científicamente; por el contrario, sabemos lo nocivo que era y los muchos operarios que desarrollaron cáncer y otras afecciones pulmonares. ¿Le queda claro señor divulgador? 

Debemos asociarlo con el aristocrático rapé, ya casi en desuso, pero que a la reina Catalina de Medici le aliviaba el dolor de cabeza. 
En el capítulo XXXII de La Tribuna (1882), Emilia Pardo Bazán escribe: 

«No sabiendo qué hacer, quiso enseñar a Amparo cómo se fumaba, a lo cual ella se prestó con repugnancia, alegando que las cigarreras no fuman, que casualmente están «hartas de ver tabaco», y que este sólo era bueno para ponerse parches en las sienes cuando duele la cabeza». 
 
En la Marineda, nombre dado por doña Emilia a la ciudad en la que recrea la Fábrica de Tabacos de La Coruña, es posible que las cigarreras no fumasen; sin embargo, sus colegas madrileñas sí lo hacían, aunque no todas. Eso sí, esconder algún pitillo para el marido o amante lo hacían la mayoría en cada una de las fábricas españolas y del extranjero, a riesgo de ser pilladas.

Continúo con La Tribuna y retrocedo al capítulo X para recrear una escena en los talleres donde se confeccionaban los cigarros comunes y los cigarrillos.

«Entre el taller de cigarros comunes y el de cigarrillos, que estaba un piso más arriba, mediaba gran diferencia: podía decirse que este era a aquel lo que el Paraíso de Dante al Purgatorio. (…) Sentábanse las tres amigas juntas, no lejos de la ventana que daba al puerto. Al través de los sucios vidrios, barnizados de polvo de rapé, que se había ido depositando lentamente, y en cuyos ángulos trabajaban muy a su sabor las arañas, se divisaba la concha de la bahía, el cielo y la lejana costa. La zona luminosa de un rayo de sol, bullendo en átomos dorados, cortaba el ambiente, y el molino de la picadura acompañaba las conversaciones del taller con su acompasado y continuo tacatá, tacatá. Agitábanse las manos de las muchachas con vertiginosa rapidez: se veía un segundo revolotear el papel como blanca mariposa, luego aparecía enrollado y cilíndrico, brillaba la uña de hojalata rematando el bonete, y caía el pitillo en el tablero, sobre la pirámide de los hechos ya, como otro copo de nieve encima de una nevera».

Taller de cigarros en la Fábrica de Tabaco de Madrid.
Fotografía de Company (1898)

Taller de cigarrillos en la Fábrica de Tabaco de Madrid.
Fotografía de Company (1898)

Si alguien ꟷincluso el divulgadorꟷ pretendiera asociar los efectos del polvillo con las tres amigas sentadas juntas, les aconsejo leer la novela para no dejar volar tanto la imaginación.

Recuerdo un artículo titulado ‘La betunomanía’, publicado en El Debate (1922). Hacía referencia al placer experimentado por los usuarios de salones de lustre al respirar aquella atmósfera de betún que envolvía todo el recinto. Eso y la fricción del cepillo sobre los calcos provocaba cierto éxtasis que llevaba al parroquiano a hacer varias visitas al día.
Comentaba el articulista en tono humorístico: 

«(…) he observado que en determinados momentos un salón de limpiabotas tiene algo parecido a un fumadero de opio (…) uno llega a pensar que la crema Eclipse es una verdadera creadora de paraísos artificiales en este valle de lágrimas, semejante al opio, a la morfina o al hatchis (sic)… Y que el betún engendra placer».

Por la regla de tres que aplica el divulgador, todos los que nos lustramos los zapatos debemos ser unos faloperos. Y no va esto con sorna ni para hacer la gracia, sino para abrir un poco las mentes.


De un polvo al otro
Dicen que la expresión “echar un polvo” viene de la costumbre del hombre dieciochesco y decimonónico de inhalar rapé y apartarse a otra habitación con la intención de no molestar, aprovechando así la excusa para encuentros íntimos. Llamemos a esa habitación el típico salón para fumar, presente en el Palacio Real, el de Aranjuez y el Museo del Romanticismo, entre otros edificios aristocráticos.

Como curiosidad, os dejo algunas noticias relacionadas con el “polvillo”. 
Entre las varias especies de polvos que se producían en las fábricas de Cuba, estaban el exquisito con color o sin él; verdín primero y segundo con color o sin él; negrillo, encarachero, polvo de palillos y venas, entre otros.

Una noticia publicada en El Español, del 24 de diciembre de 1835, decía: 
«TABACOS. ꟷ Tenemos entendido que ha llegado a esta corte hace pocos días procedente de Alicante D. Luis Vasallo, vecino y del comercio de aquella ciudad; se nos ha asegurado que posee un secreto para restaurar el tabaco rapé y las demás clases de este género que se da por perdido y se quema en las fábricas del reino, y que le anima el deseo de hacer proposiciones al gobierno sobre este particular».

Al leer esta noticia veo que el polvo perdido se quemaba. Asociándolo al efecto que dicen producía en las cigarreras, me viene a la memoria aquella secuencia de la película británica El jardín de la Alegría (SavingGrace), en la que se quema un criadero ilegal de marihuana causando un gracioso colocón en el jardín de la casa.

El Jardín De La Alegría Película Completa En Español (minuto 1:10:25)
(Clicar sobre la imagen)

Como veremos más adelante, en 1890 hubo un gran incendio en la fábrica, lo que lleva a preguntarnos: ¿Toda la zona Sur de Madrid sufrió un ataque repentino de lesbianismo?

En Fray Gerundio, de 21 de septiembre de 1837, aparecía un extenso artículo titulado ‘El polvo’, del que recojo estos párrafos:

«El polvo del tabaco colorado fue también en otro tiempo un distintivo de sabiduría. Cuando yo anduve la primera vez por el mundo, el P. Maestro que no traía escapulario forrado con una coraza de polvo encarnado, era tenido por un pelafustán, por un lector adocenado; no había maestro de campanillas sin su cota de malla de tabaco de polvo […] Andando el tiempo cayó en desuso el polvo anaranjado, y se introdujo el rapé, más decente y menos manchadizo, pero también menos activo. Para hacerle más grato se inventó después rociarle con algunas aguas de olor ¡Con qué lentitud, y con qué suavidad se hacían antes las reformas!».


Extrapolando
Ya que antes he citado a doña Emilia Pardo Bazán, y en relación con el tema que se trata, no puedo obviar la estrecha amistad que tuvo con una famosa lesbiana de la alta sociedad madrileña. Me refiero a Gloria Laguna (María de la Gloria del Collado y del Alcázar), marquesa de Requena.


Fiesta en casa de Emilia Pardo Bazán.
Gloria Laguna, segunda de la izquierda, sentada en el suelo.

El mismísimo Pedro de Répide le dedicó un poema del que recojo estos versos:

Oh, Condesa de Requena,
Condesa de gracia llena,
llena de risa y de sol.
Alegre flor de verbena,
flor picaresca que llena
nuestro jardín español.

La vida de Gloria ofrece mucho material para contar su historia. ¿No interesan al divulgador otros estratos sociales? Si habla de estadísticas, no debemos obviar las relaciones homosexuales de las casas burguesas y aristocráticas. Mire que por allí había mucho rapé y otros polvos y sustancias.

Y qué tal si mejor nos acercamos a los años 20 y 30 del pasado siglo. Al Círculo sáfico, de carácter clandestino, creado por la artista Victorina Durán. Sus predecesores fueron la Residencia de Señoritas y el Lyceum Club Femenino, aunque en estos espacios el lesbianismo no fue siempre bien recibido.

En todo caso, podría interesarle al divulgador leer el trabajo de la poetisa, escritora y traductora feminista argentina Noni Benegas, titulado ‘Corpus lesbiano’, publicado en la revista LETRA el otoño de 1994.


La taberna y el incendio de la fábrica
Después de la gracia esa de no comprar tabaco de liar, “porque puede provocar lesbianismo”, espeta: 

“ꟷ Pero claro, al salir de la fábrica, estas mujeres querían pasar un rato juntas”. 

O sea que estaban todo el día trabajando juntas y finalizada la jornada querían seguir juntas. Vale. 

Quizás algunas de ellas hasta vivían juntas, y no por amor ni atracción sexual, sino por necesidad. O al modo “matrimonio bostoniano”, aunque difícil de alcanzar por las cigarreras en aquellos tiempos en que el divulgador sitúa la historia.

¿Qué se iban de bares después de trabajar a destajo? Las menos disfrutarían de ese beneficio. Ya veis la escena pintada por Gonzalo Bilbao que encabeza este trabajo, donde una cigarrera amamanta a su niño en el taller.

A las cuatro me levanto,
a las cinco el chocolate,
a las seis lío el petate,
a las siete a trabajar, 
y entero en un jornal saco
de cigarros un millar.
Pues pa repique San Ginés,
me sale ya a mí el tabaco
por las plantas de los pies.

Lo más habitual era que sus maridos frecuentaran las tabernas, principalmente los sábados, y volviesen al hogar para propinar a la esposa una buena paliza. De ahí que muchas cigarreras no estaban de acuerdo con el matrimonio.

Continúa el divulgador con su relato:

“ꟷ En 1890, la Tabacalera sufrió un incendio y tuvo que parar durante un tiempo. El bar perdió su clientela y acabó cerrando. Pero esas obreras sáficas no se fueron a ningún sitio. Siguieron ligando, currando y, seguramente, fumando, en las calles de Madrid”.

Destruido el “Tinder sáfico”, para el divulgador la taberna echó el cierre, aunque pudo ser traspasada, que era lo habitual. Según él, las mujeres de la fábrica continuaron en su ambiente laboral y festivo, de encuentros y ligue. Esta fantasía en que coloca a las cigarreras difiere mucho de la realidad que vivían. 
De noviembre de1890 es esta noticia publicada en El Demócrata

«Algunas piadosas señoras de esta corte vienen trabajando con incansable celo en la fundación de un asilo para las operarias de la fábrica de Tabacos. En dicho asiló se dará hospitalidad y descanso a las cigarreras ancianas inútiles para el trabajo, a las cigarreras convalecientes que salen del hospital hasta que adquieran fuerzas suficientes para dedicarse al trabajo, y a los hijos de las cigarreras, dándoles gratuitamente una sana instrucción, para que el día de mañana sean útiles a Dios y a la patria».

Días después de esa noticia, el 11 de noviembre, como si aquella buena intención hubiese sido premonitoria, se conocían las primeras noticias del incendio de la fábrica. Lejos de seguir “ligando, currando y, seguramente, fumando”, la realidad de las cigarreras fue otra.

«Un gentío inmenso ocupaba las calles inmediatas a la Fábrica, causando gran pena ver debatirse a las infelices cigarreras que, vertiendo amargas lágrimas, veían a través del aterrador aspecto del incendio los fantasmas de la miseria y del hambre». El Diario español, 1890.

La Ilustración Española y Americana
(Año XXXIV – Núm. XLII. Madrid, 15 de noviembre de 1890)
Biblioteca Nacional de España - Hemeroteca digital

Mucho perdió la empresa arrendataria y sus accionistas. Mucho más los miles de trabajadores de la fábrica. La propia reina Cristina, el Gobierno y el Ayuntamiento, además de los estudiantes y el pueblo entero, se volcaron en la ayuda y socorro de las indefensas cigarreras. Ellas desfallecieron y lloraron, pero también renovaron sus fuerzas para manifestarse; como lo habían hecho antes ꟷincluso ese mismo añoꟷ, y como lo hicieron después.

Cigarreras madrileñas en Barcelona.
Mundo Gráfico (Año XX – Núm. 977) Madrid, 23 de julio de 1930. Foto: Casariego

El divulgador parece ajeno a esa realidad y banaliza la figura de estas mujeres que se ganaban el pan diario liando cigarros. Modernísimo, extrovertido y de género definido, transmite el pensamiento arcaico de los autores del libro sin pararse a reflexionar si ha utilizado la mejor fuente para contar la historia de las cigarreras, asociándolas ꟷcon calzadorꟷ al lesbianismo madrileño.


Rapapolvo decimonónico
A este joven arqueólogo, al que he llamado divulgador, el rapapolvo le llega del mismísimo siglo XIX, con estas palabras del periodista, escritor y biógrafo Manuel Ossorio y Bernard, publicadas en La Correspondencia de España del 16 de noviembre de 1890:

«Hay formado un concepto tan grosero como erróneo de las cigarreras de Madrid: articulistas y poetas cómicos nos las presentan como las herederas directas de la manola de fines del siglo XVIII, hermosas, jóvenes, osadas, rebeldes a toda autoridad, armando broncas por un quítame allá esas pajas, burlándose de los agentes de orden público y más o menos accesibles a los requiebros y al amor; pero todo esto no pasa de ser una pintura convencional para conseguir determinados efectos en la escena o en el periódico. Claro que allí donde se cuentan cerca de seis mil mujeres, ha de haber de todo, hasta de lo que sueñan los escritores; pero la inmensa mayoría no es así.
Hijas, esposas o madres de jornaleros, acuden a la Fábrica para ganar un jornal exiguo, teniendo muchas de ellas que confiar a sus tiernos hijos a cuidados ajenos; víctimas de la pobreza en sus casas, víctimas de la usura en la Fábrica, su trabajo incesante suele servir solamente para ganar el pan del mismo día; pero nunca el del siguiente, y hay muchas, muchas, que con su trabajo suplen las deficiencias del de sus maridos, pues ellas marchan directamente a sus casas cuando salen de la Fábrica, mientras que ellos… ¡Hay tantas tabernas por el camino, sobre todo los sábados! Por eso las pobres cigarreras, viendo arder su querida Fábrica, creían que los altos techos se derrumbaban sobre ellas con inmensa pesadumbre, que aquellas llamas lamían sus cuerpos y que aquella densa humareda, apoderándose de sus gargantas, las asfixiaba».

Aquellas manolas jóvenes, osadas y rebeldes, eran en 1934 las ancianas que vemos en la fotografía. ¿Quién hubiera sido capaz de preguntarles por su inclinación sexual? Con suerte, al atrevido le hubiesen enviado a freír espárragos.

Cigarreras después de abandonar una huelga de brazos caídos a las 12 de la noche.
Fotografía de Almazán (1934)


Reflexión preguntona
Hablemos de las cigarreras en su conjunto. Muchos fueron sus amotinamientos y huelgas dentro de la Fábrica de Tabacos en los siglos XIX y XX. Ancianas casi centenarias; jóvenes madres: solteras unas y otras casadas; mujeres desamparadas: viudas o maltratadas; lesbianas algunas, sí: unas por convicción, otras por la genética, ninguna por el polvillo del tabaco. Manolas de armas tomar todas ellas.

Acostumbrados a eso de la manida pregunta “¡¿Sabías qué…?!”, quizás al divulgador le interesaría saber más de las cigarreras, de todas ellas, incluidas las lesbianas.

¿Sabías, divulgador, que en 1916 las cigarreras coruñesas lograron asociarse con fines mutualistas creando la primera sociedad de obreros tabaqueros de España y en qué derivó esa iniciativa?
Siguiendo los pasos de sus compañeras gallegas, las de otras fábricas se asociaron y en 1918, en Madrid, celebraron su primer Congreso en la Casa del Pueblo con la consolidación de la Federación Tabaquera Española.

¿Sabías, divulgador, que las cigarreras formaron parte de la Junta de Accionistas de la Compañía Arrendataria de Tabaco en 1924?
Interesadas en la manera de hacer mayor fuerza con sus reivindicaciones, desde la consolidación de la Federación buscaron la mejor de todas: juntar la cantidad de cien mil pesetas para adquirir en Bolsa acciones de la Arrendataria. El escándalo fue monumental al ver los capitalistas en la Junta a las cigarreras como sus iguales. Mucha fue la lucha y tiranteces entre los capitalistas y las trabajadoras. Con su voz y voto consiguieron el reingreso de sesenta mujeres que habían sido despedidas por huelgas anteriores. También lograron mejoras intervencionistas dentro de la empresa y, fundamentalmente, limar asperezas y llegar a la cordialidad absoluta entre el capital y el trabajo.

¿Sabías, divulgador, que en la calle de Embajadores estuvo la Escuela de Capacitación Social para cigarreras?
En marzo de 1932 se inauguraba esta Escuela, creada por la Federación Tabaquera Española para formar a las delegadas de la fábrica de Madrid y provincias. Estas delegadas, convertidas en profesoras, formaban a las compañeras de sus respectivas fábricas.



Y así podría estar preguntándote y respondiendo hasta la llegada del 2000, año en que la fábrica cerró sus puertas definitivamente.
Muchas de las últimas cigarreras viven, algunas pertenecientes a antiguas sagas de cigarreras y obreros de la fábrica. No creo que ellas, ni las lesbianas en su conjunto, estén muy satisfechas con el contenido de tu vídeo.

Conclusión 
Como ocurre hoy con Miguel de Cervantes, parece que las suposiciones se convierten en tajantes certezas. Palabras antónimas imposibles de asociar sin un indicio lo suficientemente sustentado, ajeno a conjeturas, sospechas o imaginaciones.
Utilizar unos pocos párrafos de un libro para fabricar una realidad incontestable basada en el supuesto efecto del polvillo del tabaco como transmisor del lesbianismo a las cigarreras o pretender que eso, además del hecho de trabajar juntas, lo propiciaba, se asemeja más a una falacia.

Es una certeza que en la sociedad de todos los tiempos existió la homosexualidad, así como inútil el intento de reivindicar el lesbianismo a partir de banales suposiciones involucrando a las cigarreras.

Existe otra realidad en estas obreras más asociada a sus pésimas condiciones laborales y al pensamiento machista de otros tiempos no tan lejanos. Si aquellas mujeres reivindicaron sus derechos en el siglo XIX, no fueron menores sus esfuerzos después de la Guerra Civil, tanto en el ámbito laboral como en el social.

No había nacido aún el divulgador cuando el lesbianismo comenzó a buscar su lugar en la sociedad. Fue difícil, incluso frente a otros géneros, además de los heterosexuales. Fue difícil para todos los colectivos, incluso en aquellos años en que más se los estigmatizó por la presencia del SIDA.
Ni polvos ni gracietas, la Historia es otra y no debemos mancillarla.

En los archivos de RTVE Play podemos ver la serie documental "Nosotrxs somos", relato de cuatro décadas de activismo LGTB+ en España, que recorre el sinuoso camino histórico entre la época en la que los homosexuales iban a la cárcel por el mero hecho de serlo hasta la derogación de la Ley de Peligrosidad Social. De sus siete episodios publico el dedicado al colectivo de lesbianas.

Capítulo 6: Violeta. La revolución lesbiana.

Para la conclusión, no hay mejor ejemplo que la Historia y voz de las cigarreras.

Por cierto, divulgador, las cigarreras de las fábricas de tabaco no fueron la “Carmen” de Prosper Mérimée, su colega arqueólogo.

Pódcast | Las últimas Cigarreras de la Fábrica de Tabacos de Madrid 

Fotografías y vivencias | Las últimas Cigarreras de la Fábrica de Tabacos de Madrid 

Fábricas de Andalucía | Las cigarreras, mujeres trabajadoras y el mito de Carmen 

CC.OO. de Madrid: Las Cigarreras (Historia)



Para la contestación:
Eduardo Valero García 
madridblog@gmail.com


Artículos relacionados:


Bibliografía y Cibergrafía
 
Fuentes:
Biblioteca Virtual de Prensa Histórica.
Biblioteca Nacional de España - Hemeroteca digital.
Biblioteca digital memoriademadrid.
Hemeroteca La Vanguardia.
Hemeroteca ABC.
YouTube.

De las fotografías:
En los casos que ha sido posible, se citan los autores.

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

Sobre el vídeo citado: 
Corresponde a una colaboración de Miquel Herrán Subiñas con el portal Madrid Secreto, subido el 28 de junio de 2025. No se reproduce el vídeo por su falta de rigor y coherencia. Pueden localizarlo en Instagram: https://www.instagram.com/madrid_secreto/  
 
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En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2025) "Las cigarreras de la Fábrica de Tabacos de Madrid y su asociación con el lesbianismo. Contestación a un "divulgador".", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325


• Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
• En todas las citas se ha conservado la ortografía original.
• De las imágenes:
Muchas de las fotografías y otras imágenes contenidas en los artículos son de dominio público y correspondientes a los archivos de la Biblioteca Nacional de España, Ministerio de Cultura, Archivos municipales y otras bibliotecas y archivos extranjeros. En varios casos corresponden a los archivos personales del autor-editor de Historia Urbana de Madrid.

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© 2025 Eduardo Valero García - HUM 025-002 CIGARRERAS Y LESBIANISMO
Historia Urbana de Madrid
ISSN 2444-1325



domingo, 17 de septiembre de 2023

Los antiguos edificios de la calle Alcalá, 48 y 50 y la Sastrería de Emilio Núñez, uno de los sastres de Franco

El interés de un lector por un comercio de la calle del Alcalá nos llevó a escribir la historia de la tienda de tejidos y confecciones “Al Capricho”. A su vez, entre las fotografías publicadas en ese artículo, el ojo avizor de otro lector identificó los carteles de la “Sastrería Emilio Núñez”, situada en el número 28 de la Manzana 272.

Dispuestos a contar la historia de la sastrería a partir del edificio que ocupó, encontramos una variedad de conexiones con otros comercios, instituciones y personas.


El edificio de Alcalá, 28
La búsqueda 
La comparativa de planos antiguos con la cartografía actual ofrecen diferencias notables en el ordenamiento de las casas, numeración y denominación de las calles. La localización por Manzanas facilita la tarea de búsqueda y los Parcelarios municipales muestran, cronológicamente, las constantes modificaciones del callejero matritense. En su conjunto, son útiles para la localización de un lugar concreto. 
Sumado a esto, la consulta de varios expedientes de licencias de obras del siglo XIX correspondientes al Archivo de la Villa, arrojan datos sobre los edificios y permiten aportar nuevas historias de lo que vemos y recuperar la de aquellos espacios que ya no existen. 

Centrados en las numeraciones de la calle de Alcalá 48 y 50, y su relación con la Sastrería de Emilio Núñez, los edificios localizados que se muestran en la siguiente imagen correspondieron a las propiedades de: 

[A] D. Fernando Fernández Casariego (casa número 4 y 5, antiguo – Alcalá, 52, moderno de la época – Actual 30-32).
[B] D. Carlos Villamil / Ignacio de Olea (casa 3, antiguo – Alcalá, 50, moderno de la época).
[C] D. Lorenzo García (casa 2, antiguo – Alcalá, 48, moderno de la época).



Esta configuración de casas sufrió modificaciones, incluso la trazada de la calle de Cedaceros.
Continúan en pie el edificio [A], actual Consejería de Educación, Universidades, Ciencia y Portavocía de la CAM, y el del número 28 (antiguo 50), donde estuvo la sastrería.
En el lugar que ocupó el edificio [C] y parte de lo que fue Al Capricho y los sucesivos comercios, se construirá en la década de los 60 del siglo XX el edifico del Banco Popular.




Estos edificios tienen muchas cosas que contar, principalmente de sus propietarios y su relación con la vida municipal, política y comercial de Madrid. 

Lorenzo García y el antiguo edificio de la calle de Alcalá, 48 
En julio de 1850, el comerciante don Lorenzo García, propietario de la casa situada en la calle de Alcalá, 48, solicitaba permiso al Ayuntamiento Constitucional para derribarla por encontrarse en estado ruinoso y levantar una de nueva planta proyectada por el arquitecto Juan Moran Labandera. En febrero de 1851 quedaba aprobado el expediente. [Acceso al documento]
Como vimos en las imágenes, la casa lindaba con los números 46 y 50, tal y como se expresaba en el expediente de obra.

Lorenzo García era propietario del gran almacén de papeles pintados, transparencias, molduras de oro y objetos de adorno de la calle del Carmen, 18. En 1847 se asociaba con Narciso y Ginés Bruguera, conocidos comerciantes capitalistas con intereses en varios negocios; entre ellos, los almacenes “A la Villa de París”, situados en la calle Carretas, 35; después en la de Montera, 8 y más tarde en la esquina de la calle de Alcalá con la de Sevilla (antigua de Peligros), encima del Café Suizo.


La Compañía Española General de Comercio
En 1846, Lorenzo García fue miembro de la Junta fundadora y director de la Sociedad anónima Compañía Española General de Comercio, en unión de otros comerciantes y capitalistas entre los que se encontraban Antonio Jordá y Santandreu, Narciso y Ginés Bruguera, Mateo de Murga, Francisco de las Rivas, y otros tantos asociados.

Según había informado la dirección, los grandes almacenes de la Compañía, suministradores al por mayor y al por menor, se abrirían consecutivamente entre el 1º y el 15 de septiembre de ese año: el primero en la calle Capellanes, 10 (casa antigua de la Misericordia), adquirido en propiedad, y el segundo en la calle del Carmen. Al año siguiente se abriría un Bazar en el pasaje de Murga, también conocido como pasaje del Comercio (calle de la Montera, 33 moderno).

Una noticia de El Español, del 11 de julio de 1846, nos habla del almacén de la calle Capellanes: 
«Según nos han asegurado, la casa situada en la calle de Capellanes, frente a la plazuela de las Descalzas, donde estuvieron las oficinas del Eco del Comercio, ha sido comprada por una sociedad de capitalistas. Esta noticia nos la confirma un periódico de la tarde cuando dice que, esa sociedad piensa derribar la finca, a cuyo efecto se han mandado ya desocupar todas las habitaciones, y construir un edificio de nueva planta, destinado a grande almacén de toda especie de quincalla, relogería y otros géneros de comercio, en el que podrán surtirse las demás tiendas y tratantes al pormenor. El nuevo local deberá estar dispuesto con el mayor lujo, y tendrá todas las dependencias necesarias para almacenar con la debida separación la enorme cantidad de manufacturas que piensa reunir la nueva empresa».
Para muchos resultará conocida la ubicación del gran almacén porque allí nacerán los famosos bailes y la emblemática casa Viena Capellanes.

Meses más tarde, el 16 de octubre, el mismo periódico se hacía eco de la noticia publicada por El Clamor y daba cuenta de la inauguración de la gran tienda situada en la calle del Carmen.
«Ayer a las siete de la tarde se abrió la gran tienda de géneros de moda que la Compañía Española de Comercio ha establecido en la calle del Carmen. La extensión de esta magnífica tienda, el lujo y aparato con que está adornada, y la abundancia, variedad y esmerado gusto de todos sus géneros, colocan a este establecimiento en una esfera superior a cuantos de su clase existen en esta corte.
En prueba del lujo con que está adornada la tienda de la sociedad del Comercio, bastará decir que la estantería, elegante, simétrica y barnizada de blanco, se distingue por sus remates y molduras doradas; en los intermedios de las puertas hay magníficos espejos con marcos preciosos, confidentes y sillas con asientos de terciopelo carmesí; y tanto en la parte interior como en la de afuera, lujosos quinqués de reverbero.
En la noche de ayer era inmensa la concurrencia, y los elegantes dependientes que sirven el establecimiento, no tenían manos a despachar los géneros, especialmente los que merecen la elección del bello sexo. Gran porvenir está reservado sin duda a una sociedad que comienza con tales auspicios. Si la tienda abierta ayer al público madrileño con tanta pompa y lucimiento ha llamado la atención hasta un punto indecible, el despacho extraordinario que se está verificando en el depósito que tiene la misma compañía en la calle de Capellanes no traerá menores beneficios a esta empresa colosal, que reúne a la vez grandes capitales y personas sumamente entendidas».
En el Archivo de la Villa se conserva el expediente de obras realizadas en el edificio de la calle Capellanes, 10, a solicitud de sus propietarios: Narciso y Ginés Bruguera y Lorenzo García. Se trata de licencias de obra de 1853 y 1854. Existe otro expediente de 1860 en el que aparece únicamente Ginés Bruguera como propietario.



El almacén de papeles pintados y otras propiedades
En 1853, el almacén de Lorenzo de la calle del Carmen, 18, fue adquirido por los señores Casimiro Mahou y Santiago Ballesteros, dueños del almacén del mismo género titulado “Las Maravillas”, de la calle Espoz y Mina, 4. Estos empresarios habían instalado su fábrica en la carretera de la Mala de Francia, cerca del depósito del canal de Isabel II.

"Las Maravillas" fábrica de papeles pintados de los señores Mahou y Ballesteros.
La Ilustración. Madrid, 6 de abril de 1857

Cuando los comercios cerraban o se fusionaban con otros, muchos dependientes probaban suerte y constituían sus propios comercios, siempre avalándose ellos mismos como exempleados de tal señor o tal comercio. Ese fue el caso de los emprendedores Gregorio Fernández y José Blanco (Blanco-Fernández y Compañía), antiguos dependientes de Lorenzo García, quienes adquirieron el almacén del mismo ramo titulado “La Moderna”, situado —casualmente— en la calle de Alcalá, 50.


A este escenario, con importantes asociaciones, nuevas construcciones, avances del comercio y la industria madrileña, se sumaba la monumental reforma de la Puerta del Sol. Por este último motivo, en 1857 se le expropian a Lorenzo su finca de la calle Montera, 4, y las de la calle del Carmen 10 y 13. La tasación total fue de 1.772.491,53 rs. vn. 
Lorenzo García falleció en Madrid el 29 de marzo de 1858, dejándonos esta historia de vida. 

En lo que respecta al emporio creado por la Compañía Española General de Comercio, el Bazar instalado en el pasaje de Murga cerró sus puertas en 1848 por decisión de la Junta directiva de la Compañía. Por su parte, a finales de 1849 dejó de existir el almacén de la calle Capellanes, 10. De aquel floreciente emporio sólo se conserva el pasaje de la calle Montera.

Carlos Villamil, Ignacio de Olea y el antiguo edificio de la calle de Alcalá, 50
El 7 de diciembre de 1846, don Carlos Villamil, propietario de la casa 3 de la calle de Alcalá número 50, solicitaba al Ayuntamiento la demolición de la casa existente para construir otra de nueva planta. En febrero de 1847 se verificaba la venta del solar a don Ignacio de Olea, quien presentaba un nuevo proyecto. La licencia era aprobada el mes de marzo.
En la imagen vemos los dos proyectos incluidos en el expediente 4-48-70 (1846/47), ambos firmados por el arquitecto Miguel García.


La reducción de la longitud en la fachada del proyecto de Olea con respecto al de Villamil venía expresada en el expediente con indicación de la Comisión de obras, seguramente en previsión de la trazada de la calle Cedaceros que afectaría a los edificios de Alcalá, 46 y 48.

Carlos Villamil
Era el primitivo propietario de Alcalá, 50. Vivía en ese domicilio cuando en 1838 ocupó el cargo de Regidor del Ayuntamiento Constitucional, tal y como consta en el Diario de Avisos de Madrid del 18 de marzo de ese año. Su vinculación con el consistorio será reiterada, en 1856 volverá al consistorio por orden de Francisco Serrano.


Fue presidente de la Sociedad especial minera “La Linaresa”. Curiosamente, algunas de sus juntas generales se celebraron en el Centro minero de la calle Capellanes, 10.
En septiembre de 1861 esta sociedad se fusionaba con la especial minera “Segunda Makirna”, formando la Compañía “Linaresa y Segunda Makirna Unidas”.
Villamil también fue propietario del edificio ubicado en la calle de Santa Isabel, 1 esquina con la de Atocha, 50. El inmueble aún existe. 



Ignacio de Olea y Artiaga
Este segundo propietario también tuvo vinculación con el Ayuntamiento, siendo alcalde en dos ocasiones. Primero en 1843 y después en 1854. Además, fue Senador Vitalicio del Reino en la legislatura 1854-1860. [Ver ficha del Senado]


Si todos los citados fueron personas importantes en diferentes ámbitos y durante el convulso Madrid isabelino, el sastre que ha sido motivo de la realización de este artículo también lo fue en su ramo y en su época. A las conexiones, casualidades y/o curiosidades que han estado presentes en este texto, se suma ahora lo anecdótico.

La sastrería Emilio Núñez
En el principal del edificio de Alcalá, 28, se instalará en 1926 el sastre Emilio Núñez. Curiosamente, en el mismo lugar estuvo la sastrería “Walter. Ladies & Gentlemen Taylor”. Sabemos que Núñez y Walter pudieron trabajar en sociedad durante un tiempo.

También estuvieron en ese edificio la agencia en Madrid de los "Vapores-Correo de A. López y Compañía" y las oficinas centrales de la "Casa Faustino Nicoli", afamado marmolista con presencia en Madrid desde 1835. Los talleres y almacenes estaban en la calle Pacífico, 28, y en la calle de Fuenterrabía, 4. 

Otros de los vecinos instalados allí fueron la Cooperativa de capitalización y crédito “La Providencia de España” y al menos dos compañías de Seguro Marítimo que se hundieron rápidamente. En 1936 se instaló en la tercera planta la Sociedad “TAULESTO”, fabricantes de los chalecos del mismo nombre contra balas de armas cortas. También estuvo allí desde 1925 la librería “Voluntad”, hasta su cierre en 1931. Pero hubo más comercios que trataremos en otro artículo. 

Emilio Núñez fue uno de los tantos sastres acostumbrados al corte clásico, con una clientela variopinta pero acomodada. La ubicación de su sastrería daba cierta categoría que él sabía aprovechar. Quizás por eso, fue uno de los sastres de Franco y, según sus palabras, también del rey Juan Carlos I. 
Así lo había contado en una entrevista a Hoja del Lunes realizada con motivo del fallecimiento del dictador; sin embargo, nada decía del monarca. 
Recordaba que la primera vez que hizo un trabajo para Franco había sido en 1934, por el luto de su madre. En aquellos tiempos acudía a la sastrería a hora temprana, antes de las pruebas de otros clientes.
Más adelante, en 1936, le confeccionó un frac, un chaqué y dos trajes de paisano con el mejor paño inglés. Decía que aquellos trajes habían costado 325 pesetas cada uno. El mismo frac, sometido a algunos retoques, lo había utilizado Franco en 1966 para la ceremonia de reinauguración del Teatro Real.

En 1937, en su sastrería de Salamanca, confeccionó el traje militar que aparece en fotografías históricas durante la presentación de credenciales de los embajadores de Italia y Alemania. Luego, acabada la guerra, confeccionará el uniforme de Falange y «otros blancos, sencillos, cerrados por una fila de botones». Años después, le confeccionará algún gabán y chaquetas cruzadas, al menos hasta la década de los sesenta. 


Núñez reconocía que durante la guerra y la postguerra se encontraba con muchas dificultades por la falta de producción de telas españolas, por lo que debía recurrir al género extranjero. Antes y después, como lo hicieron sus colegas del siglo XIX trayendo las novedades de la moda de París, con frecuencia se anunciaba que Emilio Núñez había regresado de Londres con las últimas novedades para su sastrería.

La nueva vida madrileña de la década de los cincuenta y los importantes avances en la industria textil le permitieron codearse con lo más granado de la moda. Así, después de treinta y seis años al frente de su sastrería, en 1962 participará en el Festival de las Fibras Modernas, celebrado en el parque de El Retiro. Junto a él, los sastres Ginés Lorca, López Herbón, Juan Camps y “El dique flotante”.
En el evento se presentaron ochenta y seis modelos de los modistos Pedro Rodríguez, Asunción Bastida, Santa Eulalia, Molas-Ruiz, Pedro Rovira, Herrera y Ollero, Lino, Marbel, Vargas Ochagavía y Lanvin-Castillo. Para entonces, Núñez ya formaba parte de la Alta sastrería de Madrid. 
Por cierto, el diseñador de la firma francesa Lanvin-Castillo era Antonio Cánovas del Castillo (Antonio Castillo), descendiente del presidente Cánovas.

PUEBLO. Madrid, 16 de abril de 1962 (Año XXIII, núm. 7037)

Os invitamos a disfrutar del desfile, al que asistieron 1500 personas (todas de rigurosa etiqueta) accediendo al archivo NO-DO de RTVE desde este enlace: [NOT N 1009 B - Informaciones y reportajes. Minuto 2:49]

Las crónicas del evento resaltaban el triunfo del ARTILENE, tejido compuesto de legítima lana de Australia y fibra de terylene, resistente a las arrugas, casi sin necesidad de plancha, de secado rápido y tan resistente como "el acero". De los dieciséis trajes masculinos que desfilaron, doce estaban confeccionados con ese tejido.
«Con Artilene se pueden confeccionar toda clase de prendas. Ayer lo pudimos comprobar: desde el traje “sport” hasta el de vestir, o al elegante chaqué, o al confortable gabán. En verano, el Atilene constituye el tejido ideal: liviano, fresco y de muy poco peso. En invierno se sigue llevando, pero sobre todo para la fabricación de pantalones».


Poco más podemos contar del sastre Emilio Núñez. La investigación genealógica no aportó datos y la información gráfica es escasa, por lo que es muy limitada la historia, aunque también muy interesante.


Al menos, la mirada atenta del lector que localizó el cartel colocado en la fachada del edificio y amablemente nos facilitó las etiquetas de una prenda de su colección, fue motivo suficiente para la realización de este artículo. 

En señal de agradecimiento, a él se lo dedicamos.


© 2023 Eduardo Valero García - HUM 023-005 ALCALÁ-NÚÑEZ
Historia Urbana de Madrid
ISSN 2444-1325


Bibliografía y Cibergrafía
 
Fuentes consultadas:

Biblioteca Nacional de España - Hemeroteca digital - Biblioteca digital hispánica
Biblioteca Nacional de Francia
Archivo de la Villa - Memoriademadrid - Ayuntamiento de Madrid
Biblioteca Virtual de Prensa Histórica
Revista Vogue
 
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.
 
 
Todo el contenido de Historia urbana de Madrid está protegido por:






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© 2023 Eduardo Valero García - HUM 023-005 ALCALÁ-NÚÑEZ
Historia Urbana de Madrid
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