viernes, 11 de octubre de 2013

Recuerdos de papel. La sombra del Fénix




Día fresco pero soleado del Madrid de 1935. Un grupo de automóviles y camiones provenientes de Conde de Peñalver se agolpan en la intersección de Caballero de Gracia con Alcalá, donde se alza, majestuoso, el Palacio de la Unión y el Fénix Español, o en su defecto, "el Fénix", que desde 1911 es antesala de la Gran Vía. Allí donde no hace mucho dedicaba una sonrisa "la violetera".

Todo lo animado se duplica en sombra. Figura abocetada de uno mismo que precede, acompaña o persigue, según la dirección en que castigue Lorenzo. Larga o corta, abandona al paseante en algunas travesías madrileñas.
Todo lo inanimado se estira y se prolonga; avanza lento como el artístico gnomon que sobre paredes y suelos marca el tiempo verdadero.

En la calle de Alcalá una sombría lluvia de Aguas de Mondariz se precipita desde la torre aneja a la del Círculo de Bellas Artes. El tranvía está a punto de atravesarla con Agua de Cestona... para no ser menos.

Bucólico momento que atrapa el objetivo de Campúa; preciso instante en que el otro Fénix -el casi amorfo, el de oscura nada-, no el de bronce esculpido por Charles Rene de Saint-Marceaux, emprende su vuelo por los muros relucientes de la Gran Peña y el hombre joven de brazo alzado desespera por conquistar la cima.






© 2013 Eduardo Valero García - HUM 013-004 RECUPAPEL


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