domingo, 23 de junio de 2013

Madrid, 23 de junio de 1913. Real Sanatorio de Guadarrama




Efemérides del 23 de junio de 1913

Lunes 23






Máxima    33º
Mínima   18,8º






Contenido:
La muerte de López Torregrosa - Batalla campal en Villanueva de la Cañada - El Sanatorio de Guadarrama - Breve historia gráfica del Sanatorio de Guadarrama - Manifiesto de los liberales disidentes - Las fachadas de la Puerta del Sol



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La muerte de López Torregrosa
A las doce de la mañana fallece en Madrid el compositor Tomás López Torregrosa a la edad de cuarenta y cuatro años.
Había colaborado con Arniches, Paso, 'Abati, García Alvarez, Sánchez Pastor, Larra, Jackson Veyán, Sinesio Delgado, Fernández de la Puente, Castro y Tiedra, etc.
Torregrosa alcanzó en el teatro grandísimos éxitos, como "El santo de la Isidra", "La fiesta de San Antón", "Los camarones", "El pobre Valbuena", "El perro chico", "Los niños llorones", «El primer reserva", "La banda de trompetas", "La cañamonera", "La moza de mulas", "El refajo amarillo", "El recluta" y otras muchas obras que le dieron fama.
Su último éxito lo haía obtenido hacía pocos días en el teatro Cómico con la partitura de "La última película", que escribió en colaboración con Quinito Valverde.
El cadáver fue trasladado el día 24 de junio a Alicante, ciudad natal del llorado compositor.

Escucha algunas composiciones de López Torregrosa














Batalla campal en Villanueva de la Cañada
El comandante del puesto de Brunete comunicó que, en el vecino pueblo de Villanueva de la Cañada se había desarrollado una escena sangrienta en la que resultaron heridos de gravedad tres vecinos de aquel pueblo llamadas Francisco González Granizo, de diecinueve años, Segundo Rodríguez Martin, de treinta y seis y Emidio Patín Panadero, de treinta y seis.
Según parece, estos tres sujetos, representantes de otras tantas familias, entre las que existían antiguos resentimientos, se encontraron ayer, ocurriendo el inevitable choque que todos temían en el pueblo.
Tras la bronca consiguiente se apedrearon, produciéndose ligeras contusiones.
Después, ya más cerca, intervinieron los garrotes con toda su contundente elocuencia y como final de fiesta jugaron los cuchillos, esparciendo la alarma por todo el vecindario.
Cuando, al fin, la autoridad se impuso separando a los contendientes, con ayuda de algunos vecinos, tuvieron que ser todos ellos asistidos por el médico de localidad, el cual les apreció las siguientes heridas:
A Francisco G. Graniza, una puñalada en el lado izquierdo del pecho calificada de pronóstico grave, y otras varias de menor importancia. Se las produjo, al parecer, Emilio Patín, con un cuchillo de grandes dimensiones.
A Segundo Rodríguez, varias heridas en la cabeza producidas con piedras y palos, calificadas de pronóstico reservado.
Y Emidio Patín, de una grave herida en el lado derecho del pecho, dos en la espalda y otras dos en la cabeza. Se las produjo un hermano de Francisco González Granizo, llamado Paulino, con una navaja de las llamadas cabrileras. Todos fueron puestos a disposición del juez instructor del partido.

Datos históricos sobre Villanueva de la Cañada en este enlace



El Sanatorio de Guadarrama
Una entrevista de la Correspondencia de España
Os ofrecemos un interesante reportaje que nos presenta el Real Sanatorio de Guadarrama para tuberculosos cuando aún era un proyecto.

Desde el picacho
Son las tres. El sol tuesta la tierra, abate los arbustos, hace restallar las cortezas de los árboles. La llanura duerme, silenciosa, entre celajes. Parece que la atmósfera tiembla, como si la poblaran millones y millones de insectos en incesante revolotear... De trecho en trecho, una mancha rojiza rompe el gris monótono de la planicie. Son los caseríos de las faldas de la Sierra, rodeados de un cerco de verdura. Villalba, Cercedilla, Navacerrada, Torrelodones, El Escorial, Collado..., y allá lejos, en los confines de esta tierra dormida,
Manzanares, Colmenar Viejo, la Cañada de Valdemorillo, Madrid...
Madrid está representado por una nube negra y pesada, que oprime el pecho, que produce angustia, que evoca el recuerdo de unas callejas sin aire, donde la gente se asfixia... [Dato interesante éste que parece decir que la boina que cubre Madrid ya existía hace cien años]
—¿A qué altura estamos, doctor?
— A mil ochocientos metros — contesta el ilustre Ortíz de la Torre, consultando por vigésima vez su registrador de alturas.
A mil ochocientos metros, y apenas si estamos á tres horas de Madrid, que abandonamos en el soberbio automóvil de este simpático Elorrio, amable y dicharachero, cortesano y francote a la vez, que nos ha traído a las alturas del Guadarrama cuando creíamos morir en nuestra propia salsa sobre el asfalto de la Puerta del Sol.
También aquí, donde cuelgan las águilas sus nidos, ciega la luz; pero es tan pura la atmósfera, tan suave la brisa, impregnada de aromas del monte, que podemos abandonarnos impunemente sobre el musgo, tuteando al Sol. Nos rodean pinos seculares; nos sirven de alfombra tomillos olorosos, inciensos y retamas en flor; manantiales de salud nos brindan agua sabrosa a doce grados. ¡A doce grados, madrileños, que la bebéis a la temperatura del cocido!
Hemos yantado bien. Este Don Cándido de la Rubia, alcalde constitucional de Navacerrada y sus contorno —que si hace elecciones como prepara banquetes merece, con todos sus ediles, una gran cruz de Beneficencia—nos ha tratado a cuerpo de rey. Hemos hecho a pie, a las dos de la tarde, a pleno sol y sin cansancio, una jornada de cinco kilómetros en declive.
Y estamos en, la planicie soberana y sin rival, frente por frente al Alto del León, donde ha de levantarse antes de dos años el Sanatorio del Guadarrama, el primer Sanatorio español, que a las puertas de la villa y corte pueda competir con los primeros Sanatorios de Europa. [El Sanatorio no se inaugurará hasta febrero de 1917]

El proyecto
Me está vedado bombear al Dr. Gereda; es condición impuesta por él mismo, que, como todos los que deben a su propio y exclusivo esfuerzo lo que son, huye del elogio y confía el éxito de sus iniciativas a la aprobación lenta y tácita de las gentes.
Pero esto no ha de vedarme decir que el Dr. Gereda tuvo un día la visión de esa gran obra social, y que después de recorrer los más afamados Sanatorios de Francia, Alemania, Suiza, Europa entera, se decidió a
dar forma a su proyecto. Recorrió distintas regiones de España buscando emplazamiento que ofreciera a la vez condiciones climatológicas, altura suficiente, orientación adecuada y proximidad relativa a un gran centro de vida urbana. Un día halló lo que buscaba, asombrándose de su propio descubrimiento.
¡Figuraos! A las puertas de Madrid, a una hora escasa de Madrid, en una altura superior á la de Panticosa y a la de casi todos los Sanatorios del mundo, en las crestas de Navacerrada, la Naturaleza tenía, oculto a la mirada de los hombres, el emplazamiento ideal.
Sol, aire, pinos, agua, altura de 1.800 metros, un picacho aislado y poético, y corriendo hasta sus faldas, como si quisieran escalarlo, cintas de carreteras, trenes...
Empezó la labor, camino de calvario, calle de amargura, que ha sido preciso recorrer durante tres años, envuelto en las mallas del burocratísmo estéril y torpe, cuando no perverso y sin escrúpulos.
Ya se sabe que en España, para hacer una pillería, de veinticuatro horas sobran veintitrés; pero para realizar una obra seria, útil y grande, se necesita, o toda la paciencia del Santo Job, al que yo tengo clasificado como modelo de contribuyente español, o todos los millones del Banco de España.
Gereda tropezó con dificultades en todas partes, arriba, en medio y abajo; luchó aquí con la ignorancia, más allá con los suspicaces, en el otro lado con la desidia, en no pocos, con la ambición y la mala fe; pero a los tres años, la tenacidad y la paciencia han tenido un triunfo completo, y el Sanatorio de Guadarrama ha pasado de la categoría de proyecto a efectividad, que ha de hacer honor a la ciencia española.
Meditando ahora, en estas alturas donde aires de grandeza borran del espíritu todo rastro de ruindad, parece increíble que, apenas iniciada esta idea que será la salvación de muchas vidas y que ha de contribuir poderosamente al fortalecimiento de la raza, no se alzaran en su apoyo millones de voces y recurrieran en su auxilio todos los que se sintieran con fuerzas para impulsarla.

Lo que será el Sanatorio
Con motivo del Congreso antituberculoso último de San Sebastián, las eminencias médicas de Francia y España tributaron calurosos elogios al proyecto del Sanatorio de Guadarrama, desarrollado con sorprendente asimilación de la vida moderna por el joven arquitecto Sr. Echegaray, que por algo, naturalmente, lleva ese apellido.
El Sanatorio será una edificación espléndida, compendio de todas las perfecciones estudiadas en los mejores establecimientos suizos y alemanes. Abierto a los, aires puros de las alturas, rodeado de parques y jardines, dominando la tierra, será como el refugio donde encuentren curación las dolencias del cuerpo y medicina de paz los espíritus cansados de la lucha.
Desde la explanada donde se asiente el Sanatorio, en lo más elevado de la Sierra, se descubre por un lado el valle inmenso que rodea a Cercedilla; por el otro, la sábana que se extiende en declive desde Navacerrada a Madrid, y en la que se destacan alegres esos simpáticos pueblecitos de Torrelodones, Villalba, Pozuelo, Las Rozas. En la lejanía, la frondosidad de los montes de El Pardo, parece una minúscula mancha del terreno. Desde allí, todo es insignificante, pueblos y montañas, y los hombres, estos hombres que aquí nos creemos domadores del mundo, no alcanzamos ni siquiera la categoría de microbios.
A corta distancia del Sanatorio para adultos, alzárase, oculto en el pinar, el pabellón pintoresco y saludable de los niños que vayan a transformarse en hombres fuertes, en esperar a que el ambiente de la ciudad los convierta en piltrafas.
En la otra vertiente del picacho, sobre una ladera sembrada de plantas olorosas y cercada de pinos, mirando a la vega interminable de Cercedilla, en el punto mismo donde en invierno pone la nieve un valladar a caballerías y carruajes, un Gran Hotel ofrecerá al excursionista y al que quiera huir una temporada del bullicio del mundo, todas las comodidades apetecibles.
Es decir, que llegando hasta allí cómodamente, el viajero se encontrará, a una hora de Madrid y en constante comunicación telefónica y ferroviaria con la corte, el paisaje más soberbio que pudiera soñar la fantasía.
Entre nieve y árboles, junto al cielo, disfrutando de todo el confort que pueda ofrecer en las grandes urbes. Admirando el lugar, yo he pensado que, en esas condiciones, la sola tentación de apurar en invierno una taza de café aromático y de beber a sorbos en verano una copa de Champagne francés, ha de impulsarnos a seguir con atención esta obra, que tendrá su complemento en la carretera que conduzca desde Navacerrada al Sanatorio, empalmando con la de Madrid, y en el tren desde Cercedilla a las estribaciones del picacho, enlazando con la línea del Norte.

La obra social
Pero por encima de todos esos detalles comodidad que inquiere nuestro egoísmo, tiene esta empresa un ambiente social que le da proporciones transcendentales.
El ilustre doctor Barajas decía ayer, sorprendido ante el espectáculo—para la mayoría de los madrileños desconocidos-que en aquellas alturas ofrece la Naturaleza, que tan importante como e1 Sanatorio, será lo que detrás del Sanatorio venga.
La gente ha de convencerse en pocos años de que allí está la salvación de medio Madrid, de este medio Madrid que se muere aprisionado en calles sucias y en viviendas sin luz.
Cuando se vea que en aquella farmacia, donde se despachan como únicos específicos sol y aire a 1.800 metros de altura, no sólo se curan los enfermos, sino que se evita la enfermedad, fortaleciendo e inmunizando el organismo, las vertientes y el valle serán el refugio de los que quieran defender su vida.
Se multiplicarán las construcciones, se simplificarán los medios de comunicación, y podremos decir que en la corte de España se ha descubierto una mina de pulmones a prueba, de microbios.
Pensando en todo esto, no es de extrañar que en torno a tan humanitaria idea se hayan agrupado, al fin, las más salientes personalidades de Madrid, y muy especialmente las eminencias médicas de la corte, que han elegido para el Consejo de Administración a los doctores Pulido, Ortíz de la Torre, D. Melquiades Alvarez, D. Ángel Urzáiz, doctor Barajas, don Francisco García Molinas y el Sr. Menchaca.

Salus Infirmorum
Tumbados a la sombra, sobre el césped, descansamos de la caminata y de las emociones, para emprender el regreso a Madrid, que allá lejos, muy abajo, aparece envuelto en nieblas. Hacemos honor al agua de unos manantiales, que, según el Laboratorio, es la más radioactiva de cuantas se conocen hasta hoy. Gereda, Echegaray y el letrado Duran nos dan las últimas explicaciones del proyecto. En cosa de año y medio la carretera estará terminada, los edificios construidos, el picacho encantador poblado de gente que revive, que acoraza sus pulmones y purifica su sangre.
—Ningún Sanatorio de Suiza—dice el doctor Ortíz—ofrece esta incomparable perspectiva.
Siento una gran opresión en el pecho al pensar que antes de una hora estaré otra vez aprisionado en el circulo de hierro de Madrid.
—¡No le parece a usted, doctor, que yo pueda tener algo de tuberculosis?
—¡Hombre, no...!—contestan a coro y riendo los médicos.
Me parece, aunque resulta absurdo, que no me ha producido una viva satisfacción el diagnóstico. Yo me quedaría aquí de buena gana, con el pretexto de que es indispensable a mi salud.
Pero el automóvil corre ya locamente carretera adelante en dirección a Madrid. Desde el llano, sintiéndome otra vez deleznable criatura, miro a la alta y verde Sierra donde saltan los gamos y hacen las águilas sus nidos, y a mis labios sube, como testimonio de fe, rendido ante aquella mole soberbia del Guadarrama, la súplica de los creyentes: Salus infirmorum. Ora pro nobis.

"Una Gran Obra Social - El Sanatorio de Guadarrama"
La Correspondencia de España. 
Año LXIV Nº 20.222 Pág 1 y 2
Firma el reportaje: TAF.


Las personalidades nombradas en el reportaje







Breve historia gráfica del Sanatorio de Guadarrama
Inauguración
El Real Sanatorio de Guadarrama fue inaugurado el 22 de febrero de 1917 con la presencia de SS. MM. los Reyes, la infanta doña Isabel (La Chata) e importantes personalidades del campo de la medicina y de la ciencia.
Las fotografías muestran aquel momento.










Instalaciones
De la ejecución de las obras se encargó la Sociedad Anónima de Construcciones y Pavimentos que anteriormente giraba bajo el nombre de Miró, Trepat y Compañía.
En los pisos se empleó el hormigón armado, una de las especialidades de la Sociedad de Construcciones y Pavimentaciones. En otras partes del edificio se utilizó el cemento Porland artificial "Iberia".
La Casa de Cornelio Bloch, de Madrid, fue la encargada de instalar los aparatos de calefacción central, de desinfección y esterilización, de distribución de agua fría y caliente, de saneamiento y otros, entre ellos bocas de riego, lavaderos, duchas, ascensor eléctrico etcétera.
Los Sres. Lubillo y Navas instalaron un ariete hidráulico para abastecer de agua al edificio; los montaplatos del comedor principal; la línea de alta tensión (15.000 voltios) desde Becerril al Sanatorio, haciendo un recorrido de cinco kilómetros, y la instalación para el alumbrado eléctrico. Al concluirse esta Sociedad, el Sr. Lubillo (D. Federico) hizo el estudio de un proyecto de tranvía eléctrico desde Villalba al Chalet del Real Club Alpino Español.
Todas las habitaciones del Sanatorio eran amplias, con abundante luz y mucha ventilación. Estaban decoradas con sencillez y tenían muebles de discreta elegancia construidos admirablemente por los Sres. Hijos de I. B. Busca, de Zumárraga.
La cocina era de sistema Central y la instalación de la maquinaria para la limpieza fue realizada por la casa del Ingeniero constructor D. Juan Plana y Escobos. Era una maquinaria modelo, indispensable en todas partes donde se hacía el lavado de vajillas en gran cantidad y necesaria porque evitaba todo peligro de contagio.
La labor de carpintería estuvo a cargo del prestigioso maestro D. Juan Martín, conocido por otras obras importantes realizadas en Escuelas, Academias y Universidades, y los equipos de sábanas y almohadas, toallas y mantelerías, fueron suministrados por la Casa de Pérez y Paradinas.
Por último, las Casas de Hartmann y Compañía y de Zacarías Homs, realizó las instalaciones de esterilización y laboratorio, con arreglo a los últimos adelantos científicos; los señores Hijos de Manuel Grases suministraron numerosos aparatos y efectos de decoración y de higiene, entre ellos sillones, armarios de luna, perchas, plumeros, cepillos y esponjas, completando así importantes y diversos servicios del Sanatorio.
La Cooperación Médica instaló la sala de operaciones, que contaba con todos los aparatos que aconsejaba la ciencia quirúrgica.
En la sala de fiestas y de música había un aparato de cinematógrafo KOK, con abundante repertorio de películas.

Las fotografías muestran la fachada y detalles del interior del lujoso sanatorio destinado a enfermos de tuberculosis.










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"Pabellón de reposo"
Así se titula la novela que Camilo José Cela comenzó a fraguar en el año 1931, cuando estuvo ingresado en el Sanatorio de Guadarrama víctima de la tuberculosis. También pasó por sus pabellones el insigne Rafael Alberti.
En 1923 fallecerá en este sanatorio el jugador del Real Madrid Alberto Machimbarrena, pero, sin duda, quien lo inmortalizará en la literatura será Antonio Machado en "Flor de verbasco":

Sanatorio del alto Guadarrama,
más allá de la roca cenicienta
donde el chivo barbudo se encarama,
mansión de noche larga y fiebre lenta.
¿guardáis mullida cama,
bajo seguro techo,
donde repose el huésped dolorido
del labio exangüe y el angosto pecho,
amplio balcón al campo florecido?
¡Hospital de la sierra!...
El tren, ligero,
rodea el monte y el pinar; emboca
por un desfiladero,
ya pasa al borde de tajada roca,
ya enarca, enhila o su convoy ajusta
al serpear de un carril de acero.
Por donde el tren avanza, sierra augusta,
yo te sé peña a peña y rama a rama;
conozco el agrio olor de tu romero,
vi la amarilla flor de la retama;
los cantuesos morados, los jarales
blancos de primavera; muchos soles
incendiar tus desnudos berrocales,
reverberar en tus macizas moles.
Mas hoy, mientras camina
el tren, en el saber de tus pastores
pienso no más y —perdonad, doctores—
rememoro la vieja medicina.
¿Ya no se cuecen flores de verbasco?
¿No hay milagros de hierba montesina?
¿No brota el agua santa del peñasco?

Hospital de la sierra, en tus mañanas
de auroras sin campanas,
cuando la niebla va por los barrancos
o, desgarrada en el azul, enreda
sus guedejones blancos
en los picos de la áspera roqueda;
cuando el doctor —sienes de plata— advierte
los gráficos del muro y examina
los diminutos pasos de la muerte,
del áureo microscopio en la platina,
oirán en tus alcobas ordenadas,
orejas bien sutiles,
hundidas en las tibias almohadas,
el trajinar de estos ferrocarriles.

Lejos, Madrid se otea.
Y la locomotora
resuella, silba, humea
y su riel metálico devora,
ya sobre el ancho campo que verdea.
Mariposa montés, negra y dorada,
al azul de la abierta ventanilla
ha asomado un momento, y remozada,
una encina, de flor verdiamarilla...

Y pasan chopo y chopo en larga hilera,
los almendros del huerto junto al río...
Lejos quedó la amarga primavera
de la alta casa en Guadarrama frío.

El final
Los avances de la ciencia triunfarán sobre la tuberculosis y el Real Sanatorio de Guadarrama cerrará sus puertas en la década de los sesenta. Permanecerá el edificio, expoliado y en ruinas, hasta 1994, año en que será demolido, recuperándose así el espacio natural que se conoce con el nombre de Cuerda de las Cabrillas.
En 1971 se lo comenzará a llamar el "Walpurgis" -y así muchos lo siguen conociendo- por haber sido escenario para la realización de la película "La noche de Walpurgis".





Volvemos a 1913...

Manifiesto de los liberales disidentes
En esta fecha se dio publicidad al anunciado manifiesto de los liberales demócratas, que fue firmado en casa del Sr. García Prieto.
Hasta las ocho de la noche habían firmado el documento 126 políticos (56 Senadores y 70 Diputados), de los cuales 15 eran exministros.
El manifiesto, sobrio y enérgico, amplio en el trazo y elegantemente llano en el estilo, tenía positiva e indiscutible importancia.
Del anuario "Año Político - 1913" extraemos el texto de dicho manifiesto:



Las fachadas de la Puerta del Sol
El Ayuntamiento había mejorado todo cuanto exigía la Puerta del Sol en alumbrado, pavimento y evacuatorios, y tocaba ahora a los dueños de las casas completar la obra de ornamentación.
El alcalde llamó a todos los propietarios de las casas de dicha plaza para instarles a mejorar las fachadas, siempre ajustándose al proyecto de un arquitecto.



Humor centenario



Recetas de la bisabuela

PARA EL MES DE ENERO (V)
Dulce de naranja
Ocho naranjas. Un kilo de azúcar.

Se rallan ligeramente con un rallador. Se ponen en agua que se cambia cada doce horas durante ocho días.
Pasado este tiempo, se cuecen en agua clara y cuando están á medio cocer, se parten, ya fuera del agua, por la mitad y se hierven en el almíbar, preparado como á continuación se explica, hasta que las naranjas parezcan transparentes.
Para hacer el almíbar, se pone el kilo de azúcar en un litro de agua y se deja hervir hasta que quede reducido á la mitad; cuélase entonces el almíbar y se ponen en él las naranjas, dejándolas cocer hasta conseguir el color que hemos indicado.

Las naranjas han de ser grandes y de cascara muy gorda.

Coste aproximado, 1,80 pesetas.



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© 2013 Eduardo Valero García - HUM 013-157 EFEMERIDES1913


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