miércoles, 6 de febrero de 2013

Sacramental de San Isidro: La bella Ángela de Monteverde


Desde el siglo XIX la sacramental de San Isidro está considerada fuente de iconografía fúnebre. Era el cementerio de élite de Madrid, además de ser uno de los cementerios más activos incluso en la actualidad junto a otros cementerios españoles. Allí eran enterrados los grandes políticos, la aristocracia, las artistas y toreros románticos. El coste de los mausoleos llega a precios desorbitados, como el magnífico panteón de los marqueses de Amboage, realizado por el arquitecto y decorador D. Arturo Mélida y Alinari. Según factura, el coste asciende a las 800.000 pesetas.

El patio de la Concepción (1855, obra del arquitecto D. Francisco Enríquez Ferrer) se convertirá en el «barrio de Salamanca» de los muertos. Aparecen en prensa fotografías de los panteones que se difunden como modelos a imitar por lo que hoy en día el cementerio de San Isidro ha llegado a ser Bien de Interés Cultural (BIC), fuente de atracción turística y punto de referencia del arte funerario.

Los ángeles de la sacramental de San Isidro:
La bellísima Ángela de Monteverde
Casi todos los ángeles de la sacramental son de estilo simbolista, pero sin lugar a dudas el más importante es el magnífico ángel del panteón de la familia De la Gándara (cuyo militar destacó en los sucesos de julio de 1854 de la guerra de África) realizado por el escultor italiano Giulio Monteverde (1837-1917) en 1883, un año después de su famosa Ángela Oneto; llamada así por ser un encargo para la tumba del riquísimo banquero Francesco Oneto en el cementerio de Staglieno en Génova (1882). Este ángel es un referente de la iconografía angélica, siendo la representación de la vida eterna después de la muerte.


Una misma idea para dos panteones
La bellísima Ángela de San Isidro tiene en el lado izquierdo del sepulcro la inscripción:

«GIULIO MONTEVERDE SCOLPÍ IN ROMA ANNO 1883».

Fotografía cedida por pervive.com 


Mausoleo de Francesco Oneto
Cementerio municipal de Staglieno en Génova
Es una figura sedente femenina de cabellos ondulados y ojos entornados que aparece acomodada y meditabunda sobre el sarcófago, custodiando el alma del difunto en espera de la eternidad. A pesar de contar con curvas femeninas es menos sensual y provocadora que su hermana mayor la famosa Ángela Oneto, cuya mirada sesgada hace de ella única e irrepetible. Aunque aparecen ambas con senos, la genovesa cruza sus brazos tratando de ocultarlos, lo que acentúa aún más la sinuosa figura de fina túnica pegada al cuerpo marcando toda la silueta y dejando entrever su ombligo.

En la italiana sus cabellos, también ondulados, se sujetan en la frente con una fina cinta, dando un tocado exótico al conjunto, y sostiene en su mano derecha, de una manera liviana, una estilizada trompeta; se podría clasificar como uno de los ángeles apocalípticos que despiertan a los muertos el día del juicio final.

La madrileña también viste fino vestido, con adornos de la estrella de cinco puntas o flamígera en la bordura de la túnica y en su caída de múltiples pliegues deja entrever sus piernas cruzadas acentuando aún más su semblante femenino y dejando los pies de una manera delicada al descubierto (desafortunadamente falta uno de ellos).

Hay que recordar que el cementerio durante la guerra civil española, al encontrarse entonces en las afueras de la ciudad, fue frente de batalla y entre contienda y contienda, sumida la tropa en un profundo aburrimiento, algunos soldados practicaban el tiro en las magníficas esculturas, cuyos impactos se dejan todavía ver generalmente en el corazón y en las caras.

Ambas esculturas portan monumentales alas que encarecían tremendamente la obra al tallarse estas de una sola pieza. Las plumas son cuidadosamente tratadas y esculpidas asemejándose a las de la famosa Venus de Samotracia, apareciendo replegadas y abarcando toda la figura hasta casi llegar al suelo, lo que hace que adopte una majestuosidad etérea que la distingue y separa de los seres terrenales.

Esta figura angélica de Monteverde ha sido modelo durante el final del siglo XIX; su difusión por toda Europa y América Latina fue enorme y se hicieron copias en todos los tamaños y materiales, cuya prueba es el famoso Álbum degli angeli (1925) conservado en el Instituto Superior del Mármol Prietro Tacca en Carrara. Por lo que se llega a la deducción de que si Monteverde hubiese patentado su Ángela hubiese sido uno de los escultores más ricos de la época.


Ruta de ángeles por la sacramental
La ruta de ángeles, tiernos e infantiles, de «la buena muerte», apocalípticos, de semblante aburrido, adormecidos o aquellos que con su dedo índice mandan guardar silencio a los visitantes, los custodios y los guardianes, hacen que bajo los cipreses centenarios nos transporten al Madrid romántico, a sus gentes y costumbres reflejadas en sus moradas eternas.


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© 2013 Mª Teresa Llopis Candelarese para Historia Urbana de Madrid


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