domingo, 19 de enero de 2014

Madrid y Galdós. En casa de Benito Pérez Galdós


La revista La Esfera del 17 de enero de 1914 publica la entrevista realizada por José María Carretero Novillo "El Caballero Audaz", a don Benito Pérez Galdós en su casa del barrio de Arguelles.
El periodista es invitado a pasar a una habitación donde espera mientras el insigne escritor termina de comer. La describe: "¿Qué hay en esta habitación?... Muchos libros, algo de desorden y un poco de la triste vejez... En el centro la poltrona donde se hunde D. Benito... Sobre una mecedora de rejilla, su clásico sombrero negro y la bufanda, una bufanda verde... En un rincón una cayadita delgada de caña americana... Sobre las librerías, tres bustos escultóricos del 'maestro', uno modelado por el admirable cincel de Carretero. Las zapatillas rusas, abandonadas debajo de la mesa. Y encima de uno de los estantes, cuatro fundas de gafas..."

Un momento después aparece la figura de Pérez Galdós. Andar lento y arrastrado, adelantando la mano derecha instintivamente antes de dar otro paso. Don Benito está casi ciego, y de su robusto cuerpo ya sólo queda el gabán que cubre su anciano esqueleto. Le queda excesivamente grande y está raído por los años. Sobre su testa, una gorrilla gris de la que se descuelga su cabello largo y acaracolado en el cuello.

Se lamenta El Caballero Audaz: "El maestro nos ha dado la visión horrible del menesteroso... y nuestra tristeza ha sido profundísima."

Tanto el escenario como la figura deteriorada del maestro, en un ambiente cargado de humo de puro y añejos olores, sumados a la mortecina luz que ofrecía el invierno madrileño, bien pudieron hacer sentir tal tristeza al periodista.


Son las tres y media de la tarde y un cochero espera en la puerta, por eso la entrevista se desarrollará en la berlina que conduce al escritor al teatro.
-¡Paquitole dice Galdós fraternalmente al cochero -te van a retratar para ese gran periódico llamado La Esfera ¿qué te parece?- Después dirigiéndose al periodista, continúa-Este es un amigo ¿eh?... Yo quiero un retrato para el, donde esté el caballito... Al caballito también lo quiero mucho... ¡es muy valiente!"

El fotógrafo Salazar atenderá a la petición y así quedará retratado aquel momento:


Durante el recorrido responde Galdós las preguntas del periodista. Interrogatorio en el que se recordaba-más que preguntar-aspectos de su vida literaria y sus primeros años de escritor.

"-Verá usted, amigo: el año 68, cuando la Revolución, escribí La fontana de oro, tanto es que el asunto de esta novela está inspirado en aquella revolución; el 69 la imprimí en casa de Noguera, calle de Bordadores: hice de ella una tirada de 2.000 ejemplares... Al año siguiente publiqué en la Revista España, El Audaz. Tenía yo entonces veinticinco años... Después, el 73, fue cuando me lancé con los Episodios y escribí Trafalgar... Desde entonces cada año publicaba cuatro tomos de Episodios."
"-La primera novela contemporánea fue Doña Perfecta y la escribí el 76, al año siguiente Marianela. En el Teatro no aparecí hasta el 92, con Realidad."

"-¿Usted administra su obra?-pregunta el periodista. Pérez Galdós cambia el semblante, se entristece. Después de un breve silencio, don Benito murmura: "-¡No. señor!... Es decir, la propiedad de mis libros la conservo... Pero he sido explotado, muy explotado!...¡Como todos!..." Al referirse el periodista a cuánto dinero le han reportado sus obras, contesta: "-A mí muy poco, a otros los han hecho ricos."

Para apartar la incomodidad que le supone la respuesta de Galdós, el periodista se centra en el éxito de "Celia en los infiernos" y el anecdótico diálogo que mantuvo con los reyes [Véase "Madrid y Galdós. Celia en los infiernos, don Benito y el Rey"]

En la informal entrevista Galdós habla de su ceguera: "-Perdí por completo la luz del ojo derecho y con el izquierdo veo algo, pero muy confuso. [...] Desgraciadamente tengo que dictar. [...] acostumbrado como estaba a fijar el pensamiento por mi misma mano, deprisa y directamente, en la cuartilla, a leerlo y releerlo después, a que entre la creación y yo no mediara nadie, hasta al hábito mismo de sentarme y coger la pluma; me pareció que no podía continuar escribiendo; después, poco a poco, poniendo a contribución de la necesidad una gran fuerza de voluntad, he conseguido habituarme, y hoy lo hago sin el menor esfuerzo. [...] A pesar de toda mi labor pasada, si en el presente quiero vivir, no tengo más remedio que dictar todas las mañanas durante cuatro o cinco horas y estrujarme el cerebro, hasta que dé el último paso en esta vida."

El coche se para frente al Teatro Español. Termina allí la entrevista; reportaje amable que se reproducirá en las páginas de la revista con estas palabras finales:

"¡Pobre don Benito!... ¡Iba a luchar! ¡Con sus setenta y dos años! Y yo pienso que entre todos los españoles debiéramos proporcionarle un bienestar decoroso; conservarlo como se conserva en el museo la vieja bandera que resultó hecha girones en las victorias; viejo, achacoso, casi ciego, porque sus 120 obras le robaron la vista, tiene necesidad, para vivir, de dictar y torturarse mentalmente durante cuatro horas todos los días... Y, ¿no podíamos hacer nada grande, nada digno de él, con el fin de evitar esto tan triste?..."

Benito Pérez Galdós y El Caballero Audaz
Mundo Gráfico
Fotografía de Salazar



Bibliografía
· "Nuestras visitas: Pérez Galdós" / El Caballero Audaz // La Esfera. -- Año I. Núm 3 (17 de enero de 1914), pp 10-11.

· "Galdós y el premio España" / M.G. // Mundo Gráfico -- Año IV. Núm 118 (18 de enero de 1914), pp 19.



© 2014 Eduardo Valero García - HUM 014-002 MADGALDOS


.