sábado, 4 de mayo de 2013

Madrid, 3 de mayo de 1913. Especial Fiesta de las Flores





Efemérides del 3 de mayo de 1913

Sábado 3




Máxima 18,2º
Mínima   4,8º
San Juvenal, obispo, y San Alejandro, mártir.





Contenido: 
Especial Fiesta de las Flores


1913
MAYO
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La Fiesta de las Flores
La Fiesta de las Flores, organizada con el noble propósito de allegar recursos para construir un Sanatorio destinado a los tuberculosos pobres, se celebró tal día como hoy de hace cien años con gran brillantez y con el esperado fruto.
Los decorados preparados para la Fiesta Constantiniana, más otros fabricados para la ocasión, engalanaban las calles madrileñas que ofrecían en casi todos los distritos, desde poco después de las diez de la mañana, una simpática nota de animación y alegría.
En torno a los altares levantados en todos los distritos, muy artísticos y, primorosamente adornados todos ellos, y en las calles inmediatas que comprendían el radio de acción de cada altar, pululaban encantadoras señoritas, elegantemente vestidas con trajes de tonos claros, que se acercaban a los transeúntes, en demanda de la limosna para los enfermos pobres.
Muchas de las bellas jóvenes encargadas de la cuestación estaban ataviadas con mantillas blancas y negras, de blonda o de madroños. En los barrios populares, las muchachas lucían vistosos mantones de Manila, de largos flecos y bordados de colores.
Cada altar, con su grupo de bellísimas muchachas madrileñas de alto copete las unas, chulas graciosas las otras, dignas herederas de las majas de Goya, constituía una interesante nota de color, un verdadero cuadro, que el gran artista aragonés hubiera elegido para el cartón de uno de sus tapices, como Fortuny lo hubiera inmortalizado en una de sus delicadas acuarelas.


Las majas madrileñas y la cuestación
Las guapas jovenzuelas encargadas de la cuestación cumplieron admirablemente su cometido.
Transeúnte que pasaba a su lado, humilde o poderoso, noble o plebeyo, no dejó de entregar su óbolo.
¿Quién niega una limosna destinada a tan nobles fines, pedida por la boquita de pitiminí de una cara bonita que entonaba como nadie el gracejo madrileño?
A cambio de las limosnas, entregaban las muchachas las consabidas margaritas, salvoconducto para evitar otras peticiones. Pero había madrileños galantes que llevaban prendido en la solapa casi un jardín de margaritas.
Los coches eran detenidos por las bellas cuestadoras, que asaltaban gentilmente los vehículos, y a cuantos viajeros iban en ellos hacían la demanda. Los tranvías no volvían a ponerse en marcha hasta que la cuestación terminaba. También eran detenidos los automóviles, los coches y hasta los carros de transporte. Nadie escapaba a la caritativa demanda.


La Fiesta de las Flores en los distritos
Distrito Centro
Los altares instalados en este distrito eran siete, correspondiendo cuatro a la Puerta del Sol.
Cerca de la calle de Carretas, adosado al ministerio de la Gobernación, aparecía el colocado por el alcalde del barrio de Correos, D. Tomás Olavezar. Una cruz de flores naturales se alzaba sobre el frontal, rodeando la instalación numerosas plantas. Pedían lindas señoritas con mantones de Manila.
Frente a este altar, entre las calles del Carmen y Preciados, había instalado el alcalde del barrio de la
Puerta del Sol, D. Juan López, otro con alto dosel y una cruz de lirios, lilas y siemprevivas. Cuatro grandes palmeras, a los lados del altar, completan la instalación. Las jóvenes que ante él vendían margaritas eran hijas de diferentes comerciantes del barrio.

El levantado entre la calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo llamaba mucho la atención. Sobre un templete, cubierto totalmente de flores, se elevaba una cruz de rosas, cubierta por una cápala, formada con un mantón de Manila. La techumbre de la instalación la constituía un hermoso tapiz de brocatel, colocado a modo de dosel. Servía de fondo una colgadura de seda. Ante la cruz había multitud de macetas con gardenias y otras flores. Esta instalación había sido costeada por distinguidas familias.

La anunciada instalación del Colegio de Médicos, construida bajo la dirección do la doctora Alexandre, ocupaba casi totalmente la acera del chaflán, entre las calles Mayor y Arenal. Sobre un pequeño montículo, cubierto de flores, se alzaba una cruz de seis metros de altura, también de flores, que ostentaba en los brazos un sudario de gasa blanca.
A la izquierda de la cruz, colocado en una farola, aparece un escudo de llores con la doble cruz, insignia de la lucha antituberculosa. Alrededor de la instalación, en un radio bastante extenso, se habían colocado numerosas plantas del Ayuntamiento. En el interior del recinto figura una sillería nueva de junco y todo el suelo tapizado por ramas de pino.

En el callejón de San Alberto, esquina a Montera, aparecía otro altar, instalado por la iglesia de San Luis y los industriales D. Valentín Fernández y D. Martín López.
Sobre el altar se levantaba un dosel de terciopelo dorado, del que se destaca una cruz de caoba, alrededor de la cual iban subiendo en espiral guirnaldas de claveles blancos. Servía de fondo a la instalación un tapiz de follaje.

En la Red de San Luis, delante de la casa de Astrarena, aparecía otro altar, colocado por los señores Abajo y Bermejo. El dosel estaba formado con mantones de Manila; la cruz era de flores naturales, y el fondo lo constituían varios tapices de asuntos religiosos.
El altar estaba lleno de flores, en su mayoría espirias, y en él pedían para los tuberculosos las señoritas de Pontes, Maldonado y otras, hijas de industriales de la barriada.

Era muy artístico el altar instalado en la Plaza del Callao por los hermanos D. Miguel y D. Fermín del Río, alcaldes de los barrios de Tudescos y Muñoz Torrero. En él se había querido honrar la verdadera Cruz de Mayo, que aparecía pequeña, sobre el altar. El fondo era una colgadura de seda china y el techo lo componían siete pañolones de Manila. Las sabanillas del altar eran de tul, bordado en plata, con volantes de encaje de chantilly.
El altar levantado por la duquesa de Castro-Enríquez, con la cooperación de la casa Zofio y de D. Manuel Las Heras, era muy bonito. Tenía un dosel de terciopelo rojo, con estrellas doradas, en el que aparecía una gran cruz de flores, varios candelabros y un Crucifijo de plata, de la duquesa, y numerosas plantas.

Distrito de Palacio
Entre los altares instalados en este distrito, citaremos en primer lugar el costeado por la señora del general Borbón, en la calle de Ferraz, frente al palacio del marqués de Cerralbo.
Una gran cruz, de flores naturales se destacaba sobre un tapiz de la Real Casa. En el centro del altar estaba instalada la cruz enviada desde Caravaca a la marquesa de Squilache. A los lados del altar había dos soberbios jarrones artísticos y grandes palmeras. La sabanilla estaba bordada en oro. Ante el altar aparecía una meseta con una bandeja de plata que contenía gran cantidad de flores.
En la Plaza de Oriente, frente al Palacio Real, había instalado un magnífico altar el conde de Malladas. Estaba formado por un dosel rojo, con adornos estilo Imperio, y una cruz constantiniana de flores naturales.
Completaban la instalación dos soberbios jarrones con grandes palmeras, numerosos candelabros de plata repujada, y muchos objetos de gran mérito artísticas.
Las bellas señoritas que pedían un donativo a cambio de una margarita estaban ubicadas de forma estratégica, a tal punto que algunas pedían en la mismísima puerta del Regio Alcázar. Será allí cuando al salir el conde de Romanones, la señorita de Bertrán de Lis le pondrá en el ojal su correspondiente flor. También será allí obsequiado con una margarita, que pagó con un importante donativo, el infante Luis de Orleans, que había llegado a Madrid en esos días.
La marquesa de Alhucemas había instalado un altar en la Plaza de Santo Domingo, y en él aparecía una cruz de Constantino de flores sobre fondo rojo. Tanto el fondo como las sabanillas, estaban cubiertos de valiosos encajes. Delante del altar aparecían dos medallones, con la inscripción "Liga antituberculosis, 1913".
En la calle de San Bernardino, esquina a la de Ponciano, colocaron otro altar los Sres. Diez y Macías, en el que la cruz, de flores, se destacaba sobre fondo rojo.
D. Gabino Alvarez había levantado en la Plaza de Isabel II otra instalación, constituida por una gran cruz de flores y un tapiz rojo cubriéndola, rematado por una corona dorada y un escudo de Madrid en el frontal.
En la calle del Marqués de Urquijo había otro altar instalado por la Liga antituberculosa, y constituido por la cruz de flores sobre el frontal.
Del mismo estilo y procedencia eran los instalados en la Plaza de España, en el chaflán de Caballerizas y del Paseo de San Vicente, junto a la Estación del Norte.

Distrito de Congreso
Los altares de este distrito estaban colocados junto al Trianon Palace, adosado uno al pabellón del palacio del marqués de Casa-Riera; en el Hotel Palace; en la calle de Nicolás María Rivero, esquina a Zorrilla; Plaza de Canalejas, entre Príncipe y Cruz, y Plaza de Antón Martín y Cruz, esquina a Espoz y Mina.
En todos, las jóvenes llevaban mantones de Manila y mantillas. Algunas vestían elegantes trajes de calle.
Gran éxito tuvo el altar de los actores, levantado a la puerta de su Círculo. Guirnaldas de flores y bombillas eléctricas formaban un dosel bajo el cual aparecía el altar, cubierto de hermosas flores y con una cruz, iluminada también, como las guirnaldas.
La circulación por la calle del Príncipe se interrumpió en muchas ocasiones. A la zona acudieron fotógrafos, algunos con aparatos cinematográficos, periodistas, artistas y un numeroso público.
Los estudiantes acudieron con los organillos, y aquel trozo de calle adquirió una animación extraordinaria al ser los artistas de todos los géneros los encargadas de la colecta. Se turnaban las artistas de los demás teatros, entre ellas Irene Alba, la Pérez de Vargas, Dionisia Lahera, Amparo Pozuelo, Catalina Barcena y muchas más.
Las artistas no ponían flores al que ya la llevaba; pero pedían una limosna, y es natural que nadie la negara.
La Goyita

La Chelito


Distrito de La Latina
En este popular distrito, donde se habían elevado siete altares, la animación era extraordinaria.
El altar que más llamaba la atención era el del Centro de Hijos de Madrid, situado en la Plaza de la Villa.

Bajo un soberbio dosel aparecía una corona Real y una gran cruz, primorosamente confeccionadas con flores naturales blancas, rojas, amarillas y encarnadas, teniendo por fondo ricos pañolones de Manila. A los lados del altar se agrupaban muchas palmeras, entre las que se destacaban unos leones dorados.
Gustó mucho el de la Fuentecilla, hecho sobre este monumento, con adorno de hermosos mantones de Manila, entre los que lucía una delicada cruz de flores. Valiosas bandejas de plata repujada se habían colocado en el altar, en el que postulaban las madrileñistas de los barrios bajos, tan elogiadas siempre por su belleza y gracia.
El altar del Círculo Obrero de San José, enclavado en la Costanilla de San Andrés por adornarse con antiguos tapices, y el de la Plaza de San Francisco, por rodearte una franja de los colores nacionales, eran las otras dos notas curiosas de los altares en el distrito de la Latina.

Distrito de la Inclusa
Este castizo barrio, acaso haya sido el menos favorecido en cuanto al lujo de los altares pero, en compensación, allí hacían la cuestación las siempre bellas y simpáticas cigarreras que hicieron una abundante recaudación.
Entre los altares, el que más sobresalía era el de la Plaza del Progreso, esquina a la calle del conde de Romanones, en el que lucía una primorosa cruz de flores naturales.
Los sitios cercanos a los altares estaban muy concurridos.

Distrito de Chamberí
Cinco eran los altares instalados en este distrito, los cuales se alzaban en las Glorietas de Bilbao y de los Cuatro Caminos, en las dos plazas de Chamberí y en la del Dos de Mayo. Todos eran de aspecto sencillo.
El mejor adornado era el de la Glorieta de Bilbao.

Distrito del Hospital
En el distrito del Hospital, que comprende el castizo barrio de Lavapiés, se habían instalado cinco altares.
Cuatro de ellos muy modesto, pero realzados por las jóvenes que allí recaudaban, ataviadas como las majas que dieron fama a aquel sitio.
En la calle de Santa Isabel, adosado a la fachada del palacio de Fernán-Núñez, se alzaba el altar costeado por la marquesa de la Mina. Estaba adornado con un soberbio tapiz con las armas de la Casa y orlado con violetas; en la parte superior lucía una preciosa flor de alelíes amarillos. En el altar había valiosas bandejas y grandes candelabros de plata repujada.

Distritos de Universidad y Hospicio
En el distrito de la Universidad hubo mucha animación desde las primeras horas de la mañana.
Se habían levantado altares en la calle de San Bernardo, esquina a la del Pez; en el Hospital de la Princesa, en la calle del Espíritu Santo, frente a la de Jesús del Valle, y en la de San Bernardino esquina con la de San Leonardo.
Todos ellos estaban adornados con flores naturales, pañuelos de Manila y frontales bordados que facilitaron algunas iglesias.
Preciosas muchachas, tocadas con la clásica mantilla ofrecían las margaritas a los transeúntes, recaudando crecidas cantidades para los tuberculosos.
Llamaron la atención del público los altares levantados en la calle de San Bernardo, cerca del Noviciado, y en la calle del Espíritu Santo, frente a Jesús del Valle.
En este último, que pertenecía a la alcaldía del Barrio de Santa Lucía destacaron las bellísimas señoritas encargadas de la colecta.
Los altares del distrito de Hospicio estaban situados en la Plaza del Rey, en la calle de Fernando VI, esquina a Hortaleza; en la de Augusto Figueroa, esquina a la de Fuencarral; en la Corredera baja, junto al Refugio; en la Plaza
de Bilbao, esquina a Infantas, y en la Plaza de San Ildefonso, frente al a calle de El Escorial.
También las flores naturales y el follaje constituían el adorno principal de estos altares.

Distrito de Buenavista
También en este distrito se instalaron suntuosos altares servidos por encantadoras muchachas.
Llamaba la atención el instalado en la esquina de las calles de Alcalá y Cardenal Belluga. Se había colocado una marquesina que sirvió para resguardar de la lluvia a las señoritas.
En el ubicado a la entrada de Recoletos, en la Plaza de Colón, se habían colocado una cruz de bronce y candelabros del mismo metal, y en el de la calle de Fernando VI, esquina a Argensola, también hubo mucha animación.
En los populosos barrios da la Guindalera y la Prosperidad había instalados dos altares, en las calles del Pilar y López de Hoyos, respectivamente. En ambos, servidos por distinguidas señoritas de aquellas barriadas, se recaudó un buen número de pesetas.

En los cafés
Todos los cafés céntricos, y particularmente los de la Puerta del Sol, se vieron invadidos continuamente por las jóvenes encargadas de la cuestación.
Sus peticiones de limosna eran siempre atendidas, y muchas personas entregaron donativos dos o tres veces, si con ello recibían una flor y una sonrisa de las bellas señoritas. Las más atrevidas no vacilaron en entrar hasta en las tabernas.

La fiesta y la lluvia
Por la tarde continuó la animación, sobre todo en las calles céntricas. A pesar de la lluvia, que indudablemente quitó algún brillo a la fiesta, la concurrencia en dichos puntos fue extraordinaria, hasta el punto de que durante mucho tiempo estuvo suspendida la circulación de tranvías y coches a causa de la enorme aglomeración.
El espectáculo dado por las señoritas que vendían flores no pudo ser más hermoso. Desafiando la lluvia y el barro, no sólo se mantuvieron firmes toda la tarde recorriendo sus correspondientes radios de acción, sino que la mayoría de ellas se metía entre las filas de coches y automóviles, les hacían detener la marcha, y solicitaban de sus ocupantes una colaboración para la fiesta.

El rey y la fiesta
Al salir por la tarde los reyes de Palacio para dirigirse a inaugurar la Exposición de cruces, una de las señoritas que vendían flores en el altar instalado por el conde de Malladas se colocó ante la puerta del Príncipe, ofreciendo a D. Alfonso un clavel a beneficio de los tuberculosos pobres.

El rey mandó detener el coche en el acto, y entregó a la muchacha varios billetes. El marqués de la Torrecilla y el duque de Santo Mauro, que acompañaban a SS. MM., adquirieron también flores, entregaron importantes donativos.
En la Puerta del Sol volvió a ser detenido el monárquico automóvil, dando de nuevo 8. M. una importante suma.
Durante el trayecto, y en nuevas paradas, hizo D. Alfonso otras donaciones.
El público aplaudió al rey a su paso por las calles.

Los tranvías especiales
Nota pintoresca e interesante de la fiesta fue los seis tranvías especiales, dispuestos por la empresa, cuya recaudación se destinaba a beneficio de la Liga antituberculosa.
Iban revestidos de percalina de los colores nacionales, y adornados con guirnaldas de flores y follaje.
Los billetes costaban 25 céntimos cualquier distancia, y eran despachados sin cesar por los cobradores; pues durante todo el día se vieron llenos los seis coches.
Estos tranvías eran los únicos respetados por las señoritas de los altares.

La recaudación
A las seis de la tarde, en el Colegio Médico, se calculaba por las noticias hasta entonces recibidas, que la recaudación ascendía próximamente a unas 100.000 pesetas.
La lluvia había perjudicado bastante la recaudación de cuatro a seis de la tarde, pero cuando dejó de llover, las señoritas volvieron a recaudar para ganar el tiempo perdido.
El Colegio Médico se mostraba muy satisfecho del resultado pues la cifra antes indicada se refería sólo a los 67 altares instalados, sin contar la recaudación de los estudiantes, la de los tranvías y la que se obtuviese hasta última hora.
Prueba de cómo respondió el pueblo de Madrid a la caridad, bastaba conocer que por cuenta del Colegio Médico se habían mandado hacer 500.000 margaritas, y a las seis de la tarde estaban todas agotadas. Se dio orden entonces de que se repartiesen las flores naturales de los altares, mientras el público respondiese.
En los altares de los barrios de la Prosperidad, Guindalera y otros, de familias pobres, se recaudaron una media de 200 pesetas.


Humor centenario
Diálogo:
-Pollo, ¡carita le ha costado a usted la fiesta!
-¡Que si me ha costado! ¡Quedarme todo el mes hasta sin tabaco!




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Recetas de la bisabuela
FÓRMULA 5
SALSA BECHAMEL
Se ponen en una cacerola dos cucharadas de manteca, dos cucharadas de harina de trigo y un vaso de leche; se deja esta papilla un cuarto de hora á un fuego suave, y se retira de él cuando la salsa está espesa y homogénea: entonces se añade sal, pimienta blanca y dos cucharadas de manteca fresca.
Esta salsa sirve para acompañar á los huevos duros ó estrellados y á algunas legumbres cocidas en agua, á las patatas, coliflores, etc.
Para gratinaria antes de rociar con ella los guisos en que se emplea, se añade una cucharada de queso rallado, se coloca en el horno durante algunos minutos en un plato, y se sirve cuando todo ha tomado un color dorado.

FÓRMULA 6
SALSA BLANCA
Póngase en una cazuela de barro á un fuego suave, un par de cucharadas de manteca; cuando esté derretida, espolvoréese una cucharada grande de harina (preferentemente de avena), y se mueve con la cuchara de madera para que la mezcla resulte homogénea.
Añádase entonces en pequeñas porciones, y agitando sin cesar, un vaso de agua tibia y una cantidad prudente de vinagre. Sazónese con sal y pimienta blanca, y, si se quiere, con un poco de nuez moscada.
Cuando la salsa esté hecha, retírese del fuego, y añádase una cucharadita de manteca fresca, que le dará un sabor muy delicado.
Si la salsa se tuerce y se pone demasiado clara, la harina se reúne formando grumos.
Añádese entonces algunas gotas de agua fría, y agítese vivamente con la cuchara de madera, con lo cual recobra sus cualidades primitivas.
Si queda de ella alguna cantidad sobrante, basta calentarla al baño de maría para aprovecharla más tarde.
Si con esta salsa ha de acompañarse algún pez, se le añadirá agua, y se dejará un rato á medio hervor.
En la salsa blanca á las alcaparras se suprime el vinagre, y en su lugar se añade una cucharada de alcaparras finas en el momento de servir la salsa. L a salsa blanca acompaña á los peces cocidos y á las legumbres cocidas (cardos, nabos, etc.).

FÓRMULA 7
SALSA BLANCA SIN MANTECA
Se deslíen en una cacerola dos yemas de huevo en cinco cucharadas de aceite de oliva, sazonándolo con sal y pimienta.
Se vierte después en otra cacerola con agua hirviendo, y se agita en baño de maria hasta que la salsa se ponga espesa.

FÓRMULA 8
SALSA BLANQUETA
Se derriten al fuego dos cucharadas de manteca, en las cuales se deslíe una cucharada de harina, agitando incesantemente, y sin dejar que tome color dorado. Añádase poco á poco un vaso de agua caliente, y se sazona con sal y pimienta. Cuando la salsa esté bien trabada se añaden pequeños champignons, y se deja á
medio hervor hasta que resulte una cocción perfecta. Entonces se añade un poquito de vinagre ó de zumo de limón, mientras la salsa está al fuego todavía, sin lo cual quedaría demasiado clara. Se espolvorea perejil y cebolleta menudamente picados, y entonces se pueden cocer ó refreír en esta salsa las carnes asadas (vaca, cerdo ó pollo), á las cuales comunicará un sabor muy delicado.



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© 2013 Eduardo Valero García - HUM 013-110 EFEMERIDES1913


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