sábado, 18 de mayo de 2013

Especial San Isidro


Efemérides del 15 de mayo de 1913

Jueves 15


Máxima 17,6º
Mínima   8,8º
San Isidro labrador

¡Felicidades Madrid!



Contenido: 
La romería del Santo en 1913 - La Chata en la romería - En la capilla de San Isidro y Santa María de la Cabeza - Diversión - Culto religioso - ESPECIAL SAN ISIDRO: "Isidros" - Los Isidros de César González Ruano - Los Isidros de Juan Esplandiu - García Nieto, el Santo y la Santa -  García Nieto y San Isidro - La pradera del Santo y el agua - Las rosquillas del Santo según Benavente - Aquellas meriendas - Gigantes y cabezudos - Carteles para la historia


1913
MAYO
L M X J V S D



1 2 3 4
5 6 7 8 9 10  11
12  13  14  15  16  17 18 
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31


Día desapacible en el San Isidro de 2013; nada comparado con aquel de hace cien años.
Historia Urbana de Madrid recupera aquella Romería de 1913 y hace un repaso histórico a los festejos del Santo Patrón de Madrid a través del tiempo.

La romería del Santo en 1913
La fiesta del Santo Patrón de Madrid, San Isidro Labrador, se celebró con la animación y la alegría de todos los años.
El tiempo favoreció a romeros y vendedores, que pudieron ver acabar el día sin que la temible lluvia llegará a aguarles la fiesta.
Las primeras claridades diurnas sorprendieron en la pradera a un buen número de madrugadores de ambos sexos que no estaban dispuestos a perder el tiempo, y a no pocos individuos que habían empalmado la noche con el día, dedicados al inocente ejercicio de la libación.
A medida que pasaban las horas iba acudiendo la gente dispuesta a divertirse, y al mediodía podían calcularse en más de 8.000 personas las que circulaban por la pradera.
Destacaban entre el variopinto conjunto hermosas mujeres, madrileñas de pura cepa, ataviadas con el clásico mantón de Manila.
Se organizaron bailes populares, que estuvieron muy animados durante todo el día.
Como en la actualidad, los merenderos hicieron su agosto, elevando los precios un ciento por ciento, sin que la Policía pusiera coto a tales excesos.
Los vendedores de rosquillas, pitos, juguetes, botijos y demás baratijas realizaron importantes ventas.

Hacía años que la romería de San Isidro no se veía tan animada. Esto de la animación se traducía en una algarabía inosoportable de pitos, organillos, campanas y demás ensordecedores artefactos en una atmósfera irrespirable, desde la Puerta del Sol a la Pradera, donde el polvo, el tufillo de las pitanzas de churros y el nauseabundo hedor del sebo que servía de condimento a las clásicas gallinejas, destrozaban las gargantas.
A pesar de ello, la gente se divirtió de lo lindo. Los carros de rosquillas del Santo vieron reducidos a la más mínima expresión al caer el día; por cada vaso de agua milagrosa bebida en la ermita, caían entre pecho y espaldas diez de Valdepeñas.



La Chata en la romería
A las once de la mañana llegó en carruaje la infanta doña Isabel, acompañada de la señorita de Bertrán de Lis. La augusta dama fue objeto de una entusiasta manifestación por parte de vendedores y romeros.
Doña Isabel fue obsequiada con sus mercancías por los dueños de los puestos, y la infanta, agradecida, repartió entre todos una importante cantidad.
Al retirarse S. A. de la pradera fue despedida con grandes ovaciones.

En la capilla de San Isidro y Santa María de la Cabeza
La capilla donde se venera al santo Patrón y á Santa María de la Cabeza estuvo muy concurrida por los fieles, que iban a beber el agua de la fuente que "obra el milagro de quitar la calentura".

Diversión
Los columpios, los tíosvivos, la montaña rusa y demás entretenimientos funcionaron sin descanso, y estuvieron atestados de espectadores los barracones, donde se exhibían fenómenos más o menos interesantes, el "Hotel Palace de las Patatas" y demás establecimientos donde se rendía culto a Baco.
El teniente alcalde del distrito, Sr. Raboso, con el personal a sus órdenes, adoptó medidas contra los vendedores de poca conciencia que trataban de saquear al público.
Lo recaudado por el impuesto de instalación sólo ascendió a mil pesetas.


Culto religioso
La fiesta religiosa del Santo Patrón de Madrid se celebró en la catedral solemnemente y con asistencia de gran número de fieles.
Ocupó la sagrada cátedra el canónigo don Diego Tortosa.
Muchas personas estuvieron en la casa y capilla del Santo para hacer la piadosa visita tradicional.
En la parroquia de San Andrés se celebró también la fiesta dedicada al Santo. Predicó D. Marciano Benedito Estaun, pronunciando un elocuente panegírico, desarrollando el tema: "El obrero actual será feliz imitando al gran coloso que hoy venera la Iglesia".
Su alteza asistió al templo y adoró las reliquias de San Isidro y Santa Mana de la Cabeza.
Fueron igualmente muy visitadas la casa número 3, bajo, del pretil de Santisteban, donde estuvo la cuadra en que San Isidro encerraba los bueyes, y la número 2 de la plaza de San Andrés, en que habitó el Santo con su esposa.
En Carabanchel Bajo se exhibió el mantel que, según la tradición, utilizó Santa María de la Cabeza en la ccmida que dio su esposo, San Isidro, a varias cofrades de la Hermandad de Santiago, en aquella población, cuando el santo labrador ingresó en la citada Cofradía. Dicho mantel lo guardaba el acaudalado propietario de aquella población, D. Benigno Diez.


Especial San Isidro

Recordamos las Fiestas de San Isidro de otros tiempos y al Santo Patrono de Madrid en este especial, después de haber conocido detalles de la Romería del Santo de hace cien años.


Santo madrileño
Santo de la villa medieval que era Madrid en otros tiempos, la tradición y los milagros quiso beatificarle y canonizarle, teniéndolo por Patrón.
La beatificación llegó a instancias del rey Felipe II, conseguido en 1620 por el Duque de Sesa, embajador en Roma.
La canonización llegará en 1622 con el Papa Gregorio XV y será motivo de gran fiesta en la Plaza Mayor, estrenándose con tal motivo dos comedias de Lope de Vega.



"Isidros"
Vamos a conocer a los "isidros" a través de la opinión de escritores y artistas amantes de Madrid y sus costumbres.
A sí se define a los "isidros" en la revista "Villa de Madrid", Año V, Números 20-21-1966:
"Cuando más atractivos fueron los festejos celebrados en honor de Isidro, [...] fue en aquellos tiempos, todavía no lejanos, en que los disfrutaban no los madrileños nativos —muy festejados y festejadores durante todo el año y sin motivos de santoral—, sino los auténticos "isidros", los paletos, catetos y palurdos llegados de la periferia al punto de la capital para divertirse a "lo grande y a lo gordo", o para montar sus negociejos callejeros de circunstancias. Sí los del arrope y la miel, los de los primeros botijos, los de las rosquillas de la Tía Javiera; familias pelmazas que pagaban con dos rispas de chorizos y una bota de tintorro "de la tierra" el largo hospedaje en casa de unos parientes urbanos. ¡Aquellas "isidradas" sí que tenían sabor, humor y pintoresquismo, con letra de Luis Taboada y música de Federico Chueca."

Diálogo:
-Lo peor de Madrid es que en todas partes lo toman a uno por "isidro"



Los Isidros de César González Ruano
Dice González Ruano en un artículo titulado "Aquellos Isidros":

"El isidro, los isidros, iban a Madrid dispuestos a admirarse de todo y con todo. Pero su admiración era bastante frívola y externa: se quedaban pasmados ante los tranvías, ante los ascensores, ante los chapiris de las señoras y cosas por el estilo.
Todos los años se repetían en Madrid las mismas historias de una sosería y una falta de imaginación fabulosas: un abundante robo de relojes y de carteras a los isidros, varios timos de rigor, como el del sobre y el llamado del portugués, y la pérdida de algún isidro que no sabía volver a su hotel o encontrar su posada.
—Pues bien —me dice mi amiga—, de aquel Madrid de los isidros que venían a las fiestas del Santo Patrón, apenas queda nada...
—Yo lo encuentro natural.
—¿Y por qué?
—Pues porque los isidros se han quedado en Madrid. Lo han conquistado, han ocupado posiciones importantes, se consideran ya más madrileños que Daoíz y Velarde, los que, por otra parte, tampoco eran madrileños.
Mi amiga que tiene cierta propensión a las soluciones exageradas, reflexiona. Esta manía de reflexionar ha reventado a mujeres excelentes.
Al fin, me interroga:
—¿Entonces, según tú...?
Uno cree modestamente que en Madrid no hubo nunca una raza autóctona, pero sí que santanderinos, gallegos, catalanes, vascos, andaluces, extremeños, valencianos, murcianos, castellanos, etc., que se habían ido quedando, llegaron a formar una especie de madrileñismo de adopción casi furibundo.
Estos falsos madrileños acabaron por serlo. A mí no me extraña nada. En el separatismo catalán también había mucho Martínez y mucho González, mucho aragonés y mucho murciano...
La ciudad da casos así de contagio y de sentirse más papista que el Papa.
—Chico, no sé... Yo me he tenido siempre...
—¿Por madrileña?
—Sí, la verdad... Claro que mi madre era de Cartagena y mi padre era de Burgos...
—Ya ves..."



Los Isidros de Juan Esplandiu









García Nieto, el Santo y la Santa 

—Marido, di qué luz tiene este suelo
que no parece por el hombre andado,
que es una vocación para el cuidado
y que es una esperanza para el vuelo.

¿No ves cómo se enciende mi pañuelo
cuando la tierra dulce abre tu arado,
y vuela desde lejos a tu lado
para hundirse en el surco paralelo?

Quisiera ser la nube, la paloma,
la garza niña que al nidal se asoma,
la torre del hogar con la bandera
del humo señalándote el regreso.

Marido, sé el valor que tiene el beso
de tus campos en flor y en primavera.

—María, en esta nada castellana,
¿qué darle a Dios o qué pedir? Pongamos
tu saludo de esposa entre los ramos
igual que la amapola más temprana.

Cómo se hunde en mi pecho la besana
que diariamente y con amor trazamos;
como subes por ella gozos, tramos
que llegan al Señor cada mañana.

No hay que pedir sino lo ya tenido:
el barro con la pajas sostenido,
que alce pared y que detenga el viento.

Y dar gracias por ser dos cada día,
con nuestra soledad por compañía
y la esperanza en Dios por alimento.

Aunque agua lleva el río cuando suena,
Isidro, ¿qué agua es esa que se siente
donde río no hay, ni canta fuente,
ni anda caudal que el seco cauce llena?

No eran yuntas los bueyes de la arena,
¿por qué tú los miraste frente a frente
y fue tu ahijada herida suficiente
para abrir en la piedra fresca vena?

Qué trago el de tu gracia, por Dios vivo,
viniendo a nuestros cántaros cautivo;
¡oh, tú, mi labrador samaritano!

Dios tuvo sed. Y sabe que repara
la sed con el prodigio de tu vara,
nunca tenida en más hermosa mano.

—Sordo, María, ciego en esta orilla
quisiera estar; no ver. ¿Quién habla? ¡Calla!

No son éstas mis armas de batalla;
que enmudezca la voz que te mancilla.

Te creces de serena y de sencilla
y eres el sol que en la corriente estalla
y, como el sol, sobre las aguas halla
pedestales de encaje tu mantilla.

Andas sobre ella, pasas, me confundes;
me miras; no te pierdo, no te hundes,
¡oh, labradora mía arando el río!

Qué bien va sostenido la pureza,
María del Amor y la Cabeza,
principio y fin de este destierro mío.

—Isidro, esposo, el hijo, el heredado
fruto de Dios, en la garganta oscura
del agua está gimiendo. ¿De qué altura
cayó que lo ha perdido mi cuidado?

La mirada del pozo me ha cegado
del corazón la claridad más pura.
No volverá jamás a mi cintura
donde tuvo primer jardín cerrado.

Pero tu del Señor eres reflejo,
tu te miras en El, y El es tu espejo:
pídele nuestro hijo nuevamente.

¡Asciende ya la vida, sube el gozo
al anillo de oro de este pozo
donde el dedo de Dios brilla y se siente!

—María, andan de noche en las estrellas
ángeles, cuando rezas, labradores,
que van dándole al alba, en los albores,
normas para la senda de mis huellas.

Sin ti no iría yo tan fiel por ellas
a los brazos del surco acogedores;
eres tu quien espiga mis amores,
tu la más ejemplar de las doncellas.

No dejes que mi sombra vaya sola,
que, huérfana del cáliz, la corola
se vaya deshojando sin sentido.

Sigueme y cuando vuelva yo mis ojos
que encuentre más hermosos los rastrojos
porque estás tu salvando lo que olvido.

—Duerme, marido, duerme; el sueño es tela
que tejen hilos del divino empeño;
también mi sueño nace de tu sueño
y tu alma niña va con mi alma en vela.

Pero veo los bueyes de canela
obedientes al mando de otro dueño
en la labor del campo. ¡Qué pequeño
siento mi corazón que al tuyo vuela!

Isidro, tengo miedo. ¿Estás comingo?
¿Quién conduce esa yunta, si mi amigo
rezando a Dios temblor de Dios se ha hecho?

Ya no te vuelvas de tu sueño, esposo,
que los ángeles pagan tu reposo
mientras la paz de Dios mueve tu pecho.

—Dios amanece para todos, aves;
tomad el trigo. ¿No es verdad, María,
que volverá más alto con el día
radiante del verano que tú sabes?

Aquí canta el Señor para que alabes
la música en sus obras. Yo podría
llamar ahora a la puerta, y me abriría
para los dos el cielo con sus llaves.

Pero es preciso aún amar la espera,
ganarnos, paso a paso, la frontera
donde se nos dará lo que pedimos.

Y otros hombres vendrán cada mañana
que, abriendo a la esperanza otra besana
serán de Dios donde nosotros fuimos.
[De la revista Villa de Madrid, 1966]



García Nieto y San Isidro
Que cuando Isidro sestea
no es el sueño, no; es la mano
de Dios que le hace hortelano
y en su dormir se recrea.
Nadie dice que no sea
soñar entregar semilla,
ahondar en la maravilla
de un campo que Dios prepara,
y el que aquí sus sueños ara
los recoge en la otra orilla.

Y como Dios es corriente
que todo yermo repara,
cuando Isidro con su vara
hace en la piedra una fuente,
sólo le muestra a la gente
parte de su sueño, y sabe
cómo está el aire en el ave,
cómo lo dulce en lo fuerte,
cómo la gracia en la muerte,
cómo la estrella en la nave.

Que tanta sabiduría
puede el Santo haber logrado
con la pluma del arado
y el libro de cada día.
La lección con que Dios guía,
mitad vela, mitad sueño,
mitad nube, mitad leño,
Isidro la sabe bien
y a diario la deja en
las cátedras de su Dueño.

Para que a todos conforte
su mayorazgo en el cielo
la ciudad, bajo su celo,
pasa de cortijo a corte.
Este, oeste, sur y norte
no son vientos, que el bajel
firme está ya y el clavel
colma las tierras desiertas;
él al campo puso puertas
y la ciudad fue por él.



La pradera del Santo y el agua
Todos se llegan a la pradera, terrenos de Iván de Várgas labrados por San Isidro con ayuda de los ángeles. Allí donde la Emperatriz Isabel (esposa de Carlos V), fundó la ermita por haber recobrado la salud el príncipe don Felipe, después de beber el agua milagrosa. Aquella desapareció y se construyó en 1724 la hoy conocida.

¡O ahijada tan divina
como el milagro lo enseña
pues sacas agua de peña
milagrosa y cristalina.
E l labio al raudal inclina
y bebe de su dulzura,
pues San Isidro asegura
que si con fe la bebieres
y calentura trujieres,
volverás sin calentura!

En mayo de 1975, el tan preciado líquido y milagroso elemento que manaba de la santísima fuente no prestará servicio a los isidros afectados de calentura. Un simplón cartel, colocado allí por orden municipal, anunciará "Agua no potable". Políticas sanitarias resultantes de un análisis que condenaba el agua del Santo por contaminada... Ciencia y religión nunca han ido de la mano.

Desde fecha remota se celebra la romería tradicional donde se concentra todo el ruido y barullo de Madrid. Suenan guitarras y organillos, bandurrias, panderetas y castañuelas, cohetes y petardos.

Abundan los merenderos mal hechos con rótulos pintorescos que anuncian la especialidad de la casa: "Vinos y comidas del Ratón". "Conejos y pollos guisados". "Merendero del Pintor". Tufo de gallinejas y caracoles especiados. Las rosquillas de la Tía Javiera.
Los puestos de botijos del Santo, de barro, de todos los colores, formas y tamaños. Todo el mundo se hacía con un botijo, era y es tradición llenarlo del agua de la fuente adosada a la ermita; agua que hizo manar el Santo a golpe de quijada y que es potable y tiene propiedades milagrosas.


Las rosquillas del Santo según Benavente
Habla Jacinto Benavente en el diario ABC de las rosquillas del Santo y sus variedades. Lo hace en el artículo titulado "Las rosquillas de la Tía Javiera", del 10 de mayo de 1950.

"Las llamadas del Santo son de tres clases: las tontas, las de Fuenlabrada, o de yema, y las de Villarejos de Salvanés, o de la Tía Javiera, que por rosquillas hizo famoso su nombre y el de su pueblo. Todavía se recuerda el anuncio: "Yo, como la verdadera Tía Javiera, no tengo hijas ni sobrinas"; porque eran muchas las que se anunciaban, cuando la Tía Javiera ya había muerto, como verdaderas sobrinas de la Tía Javiera."
"Cuando yo nací, ya no existía la Tía Javiera, que, en efecto, no había dejado ni hijas ni sobrinas, pero sí una sobrina segunda, que todos los años, por San Isidro, venía a Madrid y tenía su puesto con las más legítimas rosquillas de Villarejo y la Tía Javiera."
"Las rosquillas especiales de Villarejo eran las de baño blanco, y la gracia de ellas estaba en que el baño que no se cuarteaba ni se desprendía al partirlas. Su elaboración era muy esmerada. Sus componentes, harina, huevos y azúcar, habían de ser de la mejor calidad."


Aquellas meriendas

"De San Isidro vengo
y he merendado;
más de cuatro quisieran,
lo que ha sobrao."

De merendar, y merendarse todo lo habido en la pradera, hacían gala los "isidros" y chulapos madrileños; herederos de una tradición que hoy continúa con sus correspondientes cambios. Ya no es el terreno donde laboraba Isidro; ya no relucen los petimetres de la colorida pradera goyesca; ya no abundan las botas de tintorro y los botijos de agua fresca; ni los señores de sombrero y corbata, y las señoritas de peinado cinematográfico y colorete a base de pellizcos. Ya no, y ya sí, con sus diferencias, pero siempre con el mismo espíritu de festejo que tenemos los madrileños propios y los de adopción.





Gigantes y cabezudos
En 1966 se rescatará la ancestral costumbre de esos grotescos muñecos que paseaban en días de fiesta. Así regresarán a Madrid y se reestrenarán en San Isidro los gigantes y cabezudos.







Carteles para la historia














© 2013 Eduardo Valero García - HUM 013-005 ESP SISIDRO 1913


-