sábado, 14 de junio de 2014

Los cafés madrileños en la obra de Galdós. CAPÍTULO II


Continuamos con los cafés madrileños que Galdós cita y describe en su obra. En el Capítulo I se han tratado las siguientes obras y cafés:

"La desheredada"
- Café del Sur
- Café de la Iberia

"Misericordia"
- Café de la Cruz del Rastro

"Tormento"
- Café de Lepanto


Los cafés madrileños en la obra de Galdós
CAPÍTULO II: Cafés cantantes
Este segundo capítulo trata de los cafés cantantes, transformación de las antiguas tabernas andaluzas que recordaba Mesonero Romanos en esta reseña:
"Almacén de vino en la calle Fuencarral, llamado de 'Los Andaluces', en donde bajo el lema de la muestra 'Delicias de la Bética', se sirven pescados y mariscos, vinos exquisitos y otros frutos de aquellas provincias."

Por su parte, la guía Madrid en el bolsillo, del año 1874, hacía referencia a otro local de estas características fundado en 1849:
"El Colmado, restaurant y pastelería establecida en la calle de Sevilla nº 7, es una de las casas más antiguas y acreditadas de Madrid, conociéndosela generalmente por Los Andaluces de la calle Sevilla.
Quizá en Madrid la costumbre de llamar "colmados" a los bares o tabernas de gastronomía y ambiente andaluz tenga que ver con aquel antiguo comercio.

En definitiva, la conjunción de la comida y la música andaluzas dieron por resultado los cafés cantantes,  tablaos flamencos de animación nocturna que frecuentaban, y en ellos debutaron, grandes figuras de este arte. También se dejaban ver por allí con mucha asiduidad la crème de la crème de la cultura taurina y los diestros más afamados. Así lo atestigua en tono de humor la copla de J. Sánchez de Neira publicada en la revista Pan y Toros del 19 de abril de 1897:

"Que a Bombita se le quiere
porque es guapo, tiene ángel,
y con sus amigos va
de noche al café cantante."

Ricardo Torres "Bombita" en 1897

En la revista Nuevo Mundo, del 4 de junio de 1896, se dice del café cantante:
"Pasáis por la calle, y un canto os detiene. Váis á vuestros quehaceres, y unas cuantas notas os hacen entrar en un establecimiento donde se despacha alegría. Camináis indiferentes á todo, y unos aplausos, que se oyen hasta en la acera, os dicen que allí se reúne gente contenta. ¿Queréis estar distraidos durante varias horas? Pues penetrad en aquel lugar abierto á todo el mundo. Habréis cruzado junto á un café cantante.
¡El café cantante! ¡El café con música!... Es muy antiguo... Los que vinimos de provincias á estudiar á Madrid, deseosos de espectáculos, de regocijos y diversiones, y que hoy ya peinamos canas, le conocimos y lo frecuentamos."

Como veremos más abajo, en la mención del Café de los Naranjeros, Pérez Galdós fue uno de aquellos estudiantes.



Hubo muchos de estos locales en Madrid, casi tantos como tabernas, y Galdós frecuentaba en su juventud. Así los recuerda en sus Memorias al referirse a los que había en la calle de Toledo desde la plaza de la Cebada:

"Toda la calle es roja, no precisamente por el matadero ni por la sangre revolucionaria, sino por la pintura exterior de las ochenta y ocho tabernas (las he contado) que existen desde la plaza de la Cebada hasta la Puerta de Toledo."

Postal: Plaza de la Cebada y calle de Toledo
Autor: KAULAK
Museo de Historia Inv. 1991/1/501

Aunque este comentario de Galdós nos sorprenda, lo cierto es que de las tabernas de Madrid ya se decía en el siglo XVII:

Madrid, ciudad bravía
que entre antiguas y modernas
tiene trescientas tabernas
y una librería.


Hecha esta introducción sobre los cafés cantantes, nos ocupamos de los dos que cita Galdós en sus obras.

"Misericordia"
Café de los Naranjeros (Café cantante)

Esquina de la calle San Millán

"Desalentada con estas dificultades, separose Benina de su amigo, por la prisa que tenía de reunir algunas perras con que completar lo que para las obligaciones de aquel día necesitaba, y no pudiendo esperar ya cosa alguna del crédito, se puso a pedir en la esquina de la calle de San Millán, junto a la puerta del café de los Naranjeros[...]" [1]

Menciona Galdós al café de los Naranjeros cuando recuerda su época de estudiante en Madrid: "Los cursos de Derecho Mercantil Comparado los he hecho en la Plaza de la Cebada, Café de los Naranjeros y los gané pisando tronchos de berza y cáscaras de fruta."
Don Benito se había matriculado el 30 de septiembre de 1862 para cursar la licenciatura de derecho y, como a cualquier joven estudiante, le gustaba frecuentar tabernas y cafés cantantes.
También cita Galdós otro que llama "de las Naranjas" en Torquemada en la Cruz

Dice José Blas Vega en su obra Los Cafés Cantantes de Madrid (1846-1936), que hubo varios cafés del tipo cantantes en la Plaza de la Cebada entre 1851 y 1861. Y añade: "Seguramente uno de estos citados debió ser el primitivo café de Naranjeros, café de larga permanencia y distintas denominaciones, instalado, eso sí lo sabemos con seguridad, tras la remodelación del callejero, en el número 5 de la Plaza de la Cebada, donde hoy se encuentra parte del Teatro de La Latina, y pegado a donde estuvo antiguamente el Hospital y Convento de La Latina." [2]

El nombre de "naranjeros" puede derivar de los vendedores de naranjas que había en la plaza; o por ser local donde se vendían, o, quizá, atribuido a algún personaje evocador, como Costillares en el Mesón de la Naranja, Pepa La Naranjera o Mariano Cortés "El Naranjero".

Larga vida tuvo aquel café cantante, taurino, de tratantes, timbas clandestinas y mujeres guapas, del que se conoce su existencia hasta 1912. En su renacimiento, allá por el año 1863, la fama del café quedará plasmada en las noticias de la época; reflejo del ambiente que allí se respiraba y del tipo de gente que lo frecuentaba.

LA ÉPOCA, 7 de octubre de 1875

LA ÉPOCA, 13 de febrero de 1878

LA DISCUSIÓN, 9 de octubre de 1881

LA ÉPOCA, 12 de agosto de 1882

Además de Galdós, otros autores hacen referencia al Naranjeros. Hacia 1902, el cronista de Madrid Velasco Zazo escribirá:

"Esta noche voy a ir
Al café de Naranjeros
Donde van los cantaores
y los mejores toreros."

También Pío Baroja en su Memorias:
"Los sábados, por la noche, íbamos, a veces, a los cafés cantantes: al Café Imperial, de la plaza de Matute; al Café Romea, de la calle de Atocha; al de Naranjeros, en la plaza de la Cebada; al de la Marina, en la calle Jardines, y al café del Brillante..." [3]





"El doctor Centeno"
Café Diana (Café cantante)
Situado en la calle de Caballero de Gracia, junto al Oratorio.
Hubo en esta calle una fuente llamada de Diana que dio nombre al café y a una perfumería.
Galdós describe el ambiente del café y el efecto que causaba la música sobre los asiduos, en este caso en su personaje.

"«¿Onde vamos? A Diana, que dan mucho azúcar... Café y copas, Felipe...» [...] Era el tal café de los que llaman cantantes. A cierta hora un melenudo artista sentose en la banqueta próxima al piano, y empezó a aporrear las teclas de este. A su lado, un hombre flaco y pequeño cogió el violín, y rasca que te rasca, se estuvo media hora tocando. El efecto que la música hacía en Felipe era como si se le levantara dentro del alma un remolino de satisfacción, el cual corriera haciendo giros, con delicioso vértigo, desde lo más bajo del pecho a lo más alto de la cabeza. Pues digo... ¡cuando cesó el del violín y subió a la tarima una tarasca que cantaba romanzas de zarzuela y jotas y fandangos...! Felipe, entusiasmado, no cesaba de dar palmadas, y a la conclusión de cada estrofa le faltaban pies y manos para hacer sobre la mesa y en el suelo todo el ruido que podía. Juanito, con más calma, tenía fijos sus ojos en la cantatriz, y admiraba sus dejos, sus gorjeos, sus ayes picantes y todo lo demás que salía por aquella salerosa boca. Él no decía más sino ¡qué boca, qué boca!... ¡Y con qué entusiasmo la contemplaba!... Se la doraría." [4]

PERFUMERIA DIANA.
DIARIO DE MADRID, 12 de febrero de 1838

Fuente vecinal de Caballero de Gracia, ca. 1864

Sabemos, por El Heraldo del 19 de agosto de 1843, que el dueño del Diana se llamaba D. Lorenzo Castillo y una noche de aquellos tiempos se llevó una soberana paliza:



DIARIO DE MADRID, 23 de diciembre de 1843


El visionario Sr. Castillo instalaba un puesto del café en el paseo de San Antonio de la Florida, la víspera y el día del Santo. También lo hacía en la Verbena de San Isidro. Los tres anuncios que vienen a continuación detallan los ricos manjares que se servían en el Diana. En el último se incluyen los precios.

DIARIO DE MADRID, 12 de junio de 1845

DIARIO DE MADRID, 6 de julio de 1845

DIARIO DE MADRID, 12 de octubre de 1845


La Correspondencia de España, del 29 de noviembre de 1866, anuncia que el lunes 26 se había reinaugurado el café de Diana. El nuevo propietario era D. Manuel Fernández Bustamante, quien subastaba dos mesas de billar pertenecientes al antiguo local.


La generala en el café cantante
Ilustración de Huerta
LA ILUSTRACIÓN ARTÍSTICA,12 de noviembre de 1900

El próximo capítulo, tercero y último, está dedicado íntegramente a los cafés citados por Galdós en su obra Fortunata y Jacinta: (dos historias de casadas).




Bibliografía

[1] Pérez Galdós, Benito. Misericordia. Edición digital basada en la edición de Madrid, Est. Tip. de la Viuda e Hijos de Tello, 1897. Cap. XX, pp. 187

[2] Blas Vega, José. (2006) Los Cafés Cantantes (1846-1936). Madrid: Ed.Guillermo Blázquez Editor. Los primeros cafés: Café de Naranjeros (I) y (II) pp. 50-60

[3] Baroja, Pío. (1944) Memorias. Madrid: Caro Raggio. Tomo II: Familia, infancia y juventud

[4] Pérez Galdós, Benito. El doctor Centeno. Edición digital basada en la de Madrid, Imprenta y Litografía de La Guirnalda, 1883. Cap. VI: Fin, Parte III, pp. 175-176


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