miércoles, 7 de diciembre de 2016

En defensa de las hijas de Gil Imón

En un principio este artículo se titularía “En defensa de las gilipollas”, pero al no utilizar el genérico masculino estaríamos ofendiendo al femenino. Otra opción hubiese sido “En defensa de las y los gilipollas”, fórmula que se aleja del sentido de nuestro trabajo y nos resulta, si acaso, ofensiva para ambos géneros; además de una disgregación del idioma que muchos han puesto en práctica para acabar con el sexismo lingüístico.

Dicho esto, comenzamos a desarrollar el asunto que nos ocupa, relacionado directamente con una leyenda o anécdota confusa sobre las famosas hijas de D. Baltasar Gil Imón y su derivación en el adjetivo malsonante “gilipollas”.

No somos los únicos que han hablado sobre este tema; unos más cerca de la realidad; otros con dudosas aseveraciones. Nosotros nos proponemos -si acaso-, ofrecer un razonamiento fidedigno o veraz.




En defensa de las hijas de Gil Imón.
Las Gilimonas
De ellas cuentan las relaciones y memorias, que fueron tres, muy garridas y fermosas, á ejemplo de las hijas de Elena: «Tres eran, tres, y ninguna era buena», que dijo el refrán castellano, no sé si en conmemoración de la honesta prole femenina del Fiscal de los Consejos, Gobernador de la Hacienda , que dió nombre al portillo de Gilimón, ó á causa de otras vecinas y comadres, tan advertidas y avizoradas como las susodichas hermanas Gilimonas.
Ricardo Sepúlveda, 1887 [1]

Como lo hizo en su momento Historia Urbana de Madrid con el Café de Fornos y otros temas, hoy toca ofrecer una versión más exacta de la leyenda a partir de razonamientos e investigaciones. En ningún caso se trata de desmitificar lo ya conocido, y en los lectores queda aceptar o no esta versión.

Todo comenzó el pasado 29 de noviembre en el grupo de Facebook de “Historias Matritenses”, donde uno de sus miembros (Victoria Galvache Rico, en adelante V. G) hacía referencia a esta leyenda que había leído en el blog Secretos de Madrid.
 EL PORQUÉ DEL TERMINO MADRILEÑO DE GILIPOLLAS....
Mirando hacia atrás, a la época de los AUSTRIAS concretamente FELIPE III reinaba entonces, existió un señor fiscal del consejo de hacienda llamado don BALTASAR GIL IMÓN, éste buen hombre tenía dos hijas que no eran precisamente prototipo de belleza ninguna, FABIANA Y FELICIANA, llegada la edad de buscarlas un marido el pobre padre se paseaba con ellas por todos los eventos sociales, hasta el punto de ser muy conocido, si desglosamos el término gilipollas, vemos que la primera parte se debe al apellido, de éste infortunado padre, en cuanto a pollas, se les denominaba así a las jóvenes casaderas, con lo cual cada vez que los veían aparecer, se Corría la voz entre los jóvenes diciendo - ya ha llegado GIL y sus pollas, hasta simplificarse en el vocablo GILIPOLLAS, que erróneamente le damos el significado literal de Gil sinónimo de tonto en argot popular, y etimológicamente hablando," carente de" derivado del latín..., y pollas en referencia al Pene, incongruencia por tanto, cuando se aplica a una mujer,..el caso es que éste Señor fue tan popular que hasta se le dio una travesía con su nombre en MADRID, que está situada muy cerca de SAN FRANCISCO EL GRANDE entre el PASEO IMPERIAL y la RONDA DE SEGOVIA.......V. G 

A nosotros nos queda lejana aquella época; no estuvimos allí para saber si Gil Imón iba con sus pollas buscando pretendientes, pero lo que sí sabemos es que desde el Siglo XVII y hasta la primera mitad del XX ni un solo relato cuenta nada parecido. Y de eso trata este artículo.

Sobre el hilo creado por V. G., pronto llegaron los comentarios jocosos y aprobatorios. Nada podemos objetar de quienes conocen la historia tal y como la habéis leído, y que no tienen obligación de indagar sobre ella o cuestionarla. La obligación debe ser de quienes nos hemos comprometido en contar las cosas con la mayor veracidad posible; más tratándose de temas madrileños, que hacen a la idiosincrasia de nuestro pueblo.

Alguien dijo que lo de “gilipollas” era un insulto netamente madrileño, y eso es verdad. También hablaron con gran certeza de la etimología del adjetivo, asunto que tratamos más adelante.

En la intervención de Eduardo Valero (en adelante E. V.) aparecen los primeros datos sobre la leyenda:
«Bueno, la historia es vieja, y atendiendo a la definición de la RAE que dice de gilipollas: "Necio o estúpido", podemos acercarnos a otra más vieja aun; una leyenda del siglo XVII que reescribe Tomás Luceño en 1917. Trata de los vestidos opulentos y provocativos que las damas lucían por el Prado. Felipe, el tercero, [el cuarto en algunos escritos] dispuso en su Pragmática que nada de eso, ni vistosidades ni escotes. Las hijas de Gil Imón de la Mota (que eran tres, las Gilimonas), quejicosas, pasaron del decreto y se pavonearon por Platerías enseñando cuanto podían. Aparecieron los alguaciles y uno cerró el paso a las ninfas... y continúa en el texto...»

"-Dense á prisión-les dijo-. El Rey lo manda,
por faltar á las leyes que él nos dicta.
-Vuestra merced no sabe lo que hace...
¿A prisión, siendo hijas
del noble Gil Imón, que es nada menos
que fiscal del Consejo de Castilla?
-Pues él me ordena que á su casa os lleve.
Es hombre recto y de imparcial justicia.
Allí sabrán el meditado fallo
que acaba de dictar su señoría...
Fallo que al otro día el pregonero
fué publicando así por las esquinas:
"El Rey nuestro señor, á quien Dios guarde,
ordena que las hijas
de Gil Imón, fiscal de los Consejos
de España y de sus Indias,
paseen diariamente cuatro horas
poe las calles y plazas de la Villa
en hábitos de monjas mercedarias,
con un cartel al pecho en que se diga:
Por burlar del Monarca los mandatos,
así vamos vestidas."
El castigo sufrieron resignadas,
logrando por manera tan ridícula
hacer de Gil Imón popular nombre,
que la historia en sus páginas consigna;
distinción no alcanzada por ilustres
varones que á la ciencia dan su vida,
y son honra del pueblo en que nacieron,
por el cual su existencia sacrifican.
Y es que la fama, siempre veleidosa,
otorga sus favores y caricias
al que nunca hizo nada serio y digno,
y al hombre superior ingrata olvida." 

[Publicado en Blanco y Negro el 4 de marzo de 1917]


Más adelante explicará:
«Para más honra de las Gilimonas, aunque esto difiera de lo que nos cuenta V.G, debo hacer algunas acotaciones que proceden de textos viejunos. Lo de "monas" viene porque eran guapas y no feas ("lindas y agraciadas"), así queda reflejado en el estudio realizado en el S. XIX de un Diario y Memorias relacionado con Cervantes en Valladolid:
"Está aquí en la corte Gilimon de Motta, que es muy rico, casado con doña Leonor de la Vega, medio portuguesa, pues éralo su madre. Tienen éstos tres hijas, doña Fabiana de la Vega, casada, y otras dos, doña Feliciana y doña Isabel, las cuales andan siempre vestidas de monjas, y llámanlas las «Gilimonas», muy lindas y agraciadas y con muy honrados casamientos en perspectiva. Tienen dos coches: uno para la madre, otro para las hijas, y así siempre se encuentran en cuantas funciones hay."
Conocemos en ese texto [y en otro de Sepúlveda], el nombre de cada una de ellas: Fabiana, Feliciana e Isabel. Añado que estas tres gracias fueron, si acaso, el primer molde de la mujer que quería emanciparse (con un par) al ponerse en contra de la Pragmática del Felipe y negarse a andar por la vida amortajadas. De hecho, según las crónicas contadas, sus hábitos de monja eran dignos de la pasarela Cibeles, ceñiditos y provocativos, que a los hombres (digámos "Gilimones") les aceleraba el pulso y la imaginación, por lo que a las "monas" de Gil no le faltaron pretendientes.»

Claro está que la belleza o guapura de las Gilimonas, aderezadas con el poco recato en el vestir; las joyas; los coloretes, emplastes y afeites, no eran suficientes sin la influencia del modisto. Así lo asegura Lope de Vega -que de esto sabía un rato-, en El Perro del hortelano:

"No la imagines vestida
con tan linda proporción
de cintura, en el balcón
de unos chapines subida.
Toda es vana arquitectura;
porque dijo un sabio un día
que a los sastres se debía
la mitad de la hermosura."

Pero como hemos visto, las Gilimonas de monjas fueron vestidas, y el artista Juan Comba hacía una recreación de sus galantes paseos para la obra de Ricardo Sepúlveda que lleva por título “Madrid Viejo. Costumbres, Leyendas y descripciones de la villa y Corte en los siglos pasados” (Madrid, 1887).



Entonces V. G. tuvo a bien preguntar:
“Pero al final casaron tamañas beldades o por el contrario permanecieron solteras llevando muy a gala su independencia...?”
A lo que E. V. respondió:
«Bueno Victoria, para esto deberíamos ir a los registros, más en la transcripción hecha más arriba se dice que estaba casada Isabel ¹. Por otra parte, ahondando en otros escritos, Fabiana se había casado con un señor de Madrid con el que tuvo seis churumbeles. Feliciana también había casado, en este caso con un embajador [de Mantua], pero no se conoce descendencia. Ambos señores tomaron la de Villadiego y huyeron de España per saecula saeculorum. ¿Motivo?, no lo sé; aunque visto que la madre de estas, doña Leonor de la Vega, se pavoneaba también con sus hijas, puede que no les transmitiese las mejores doctrinas. Y aquí entra don Gil Imón, del que se dice que al haber acatado la ordenanza Real en contra de sus hijas fue la primera vez que gobernó en su casa. Y de ser cierto esto último, como anillo al dedo viene la aclaración ² de A. L., que nos podría llevar a afirmar que lo de "gilipollas" viene por el padre y no por las hijas. Amén!»

¹ Según Sepúlveda Isabel se había quedado “irremisiblemente para monja.
²pues si no recuerdo mal GILI en latín significa CARENTE que NO TIENE
uniendo los dos GILIPOLLAS que no tiene polla esa es la traducción la
explicación que dan aquí puede ser que popularmente en Madrid fuera
así pero no es su traducción literal


A finales de los años 20 del siglo pasado el protagonismo de las Gilimonas se asociaba a los cambios radicales de la mujer en el vestir. Un artículo firmado por Ezequiel Enderiz en el Heraldo de Madrid del 11 de septiembre de 1929 trataba el asunto.

Con el título “El triunfo de las Gilimonas”, Enderiz hablaba de “las modas, gustos y extravagancias” de las mujeres de entonces. Hace referencia a la historia que hemos contado y finaliza su disertación de esta guisa:
No tuvieron más remedio que volver a casa, donde se encontraron con la orden, también del rey, de vestir durante tres meses sayales de monja y pasear así por Madrid todos los días para ejemplo y escarmiento de las demás.
De momento triunfó el rey desde luego; pero esta actual visión atrevida de nuestras calles y paseos, ¿no es el triunfo de las elegantes «Gilimonas»?...
Por eso será ineficaz toda predicación contra las actuales modas y costumbres...
Ya se ve la tendencia... Hay que dejarlas que se desnuden del todo... Porque ellas mismas, así que vean que nadie las da importancia a su impudor, volverán a vestirse...


La Pragmática
Ricardo Sepúlveda transcribe –y nosotros lo hacemos de él- la Pragmática que afectará a la vida desenfadada de las Gilimonas y provocará la determinante decisión de su padre de enclaustrarlas en casa y obligarlas a lucir hábito monjil.
Manda el Rey nuestro señor que ninguna mujer, de cualquier estado y calidad que sea, pueda traer ni traiga guarda-infante, por ser traje costoso y superfluo, penoso y pesado, feo y desproporcionado, lascivo, deshonesto y ocasionado á pecar, así las que lo usan como los hombres por causa de ellas, excepto las mujeres que, con licencia de las justicias, públicamente son malas de sus personas y ganan por ello.
Item: que ninguna basquiña pueda exceder de ocho varas de seda, y al respecto en las que no fuesen de seda, ni tener más que cuatro varas de ruedo, y que lo mismo se entienda en faldellines, manteos, á lo que llaman polleras y enaguas.
Y también se prohibe que ninguna mujer, que anduviere en zapatos, pueda usar ni traer verdugadas, ni otra invención, ni cosa que haga ruido en las basquiñas, y que solamente pueda traer los dichos verdugadas con chapines, que no bajen de cinco dedos.
Asimismo se prohibe que ninguna mujer pueda traer jubones, que llaman escotados, salvo las mujeres que públicamente ganen con sus cuerpos, á las cuales se les permite puedan traer los dichos jubones, con el pecho descubierto, y la mujer que lo contrario hiciere incurrirá en perdimiento del guarda-infante, basquiñas, jubón y demás cosas referidas, y 2o.ooo maravedís por la primera vez. Por la segunda, pena doblada y destierro de esta corte y cinco leguas.
Item: los sastres, juboneros, roperos y otros cualesquiera oficiales, que corlaren á mandaren hacer ó hicieren basquiñas, manteos, polleras y jubones, y cualesquiera otra cosa contra lo de susodicho, desde el de su publicación, caigan en la pena del valor de las basquiñas y jubones y en 40.000 maravedís.
Por la primera vez sea desterrado de la ciudad, villa ó lugar, por tiempo de dos años precisos, y por la segunda llevado á un presidio por cuatro años.

El propio Sepúlveda habla primero de Felipe III y después del IV, por lo que no nos queda claro si los hechos acaecieron durante el reinado del primero o el segundo de los monarcas. Pudo ser en tiempos de Felipe III pues cuando se publican estas Pragmáticas del cuarto Felipe corrían los años de 1623 y 1639, y don Baltasar Gil Imón de la Mota falleció en 1629.

La Pragmática nos ha servido para ilustrar el tipo de vestimenta que usaba la mujer y cuánto se adornaba; pero para tener una idea más clara y recrear nuestros ojos, nada mejor que estas secuencias de la película “El rey pasmado”, de Imanol Uribe, basada en la novela de “Crónica del rey pasmado”, de Gonzálo Torrente Ballester.

Primero las damas bien tapaditas:



Ahora un prototipo de Gilimona:



Por último, lo que posiblemente llevaban las Gilimonas bajo el hábito:




Sobre el adjetivo gilipollas
Como hemos citado, A. L. asocia el GILI al latín, aunque también significa lo mismo en griego.
Por su parte A. C. R. apuntaba lo siguiente:
El mundo árabe dejó una gran cantidad de tesoros en la península ibérica, no sólo artísticos, sino también lingüísticos. Este es uno de ellos, una palabra compuesta por la voz árabe “yahil”, “yihil” o “gihil”, que significa “bobo” y que según explica Celdrán fue muy empleada por los habitantes de la península; y “pollas” (que no necesita mayor explicación). Al parecer, el popular término fue escrito por primera vez en el año 1882 por Rodríguez Marín, poeta, folclorista y lexicólogo especializado en Cervantes y saltaría al estrellato gracias a Misericordia de Benito Pérez Galdós, ambientada en Madrid. Semejante resulta el término “poya boba” tan utilizado en las Islas Canarias. http://www.elconfidencial.com/.../sabes-de-verdad-que-es.../

Diferimos del contenido del artículo publicado en El Confidencial por el periodista Héctor G. Barnés sobre que la palabra “saltaría al estrellato gracias a Misericordia de Benito Pérez Galdós, ambientada en Madrid.

Juan Carlos González, de Carpetania Madrid, hace esta aclaración:
En "Misericordia" de Galdós aparecen las "pollas” y en "Fortunata y Jacinta" aparece Juanito Santa Cruz que es un "pollo".
E. V. agrega:
«Difiero un poco con eso de "(que no necesita mayor explicación)" pues como dice la RAE: una polla es un pene, pero también una mujer joven; lo mismo pollo que, entre otras cosas, es un hombre joven. En relación a Galdós, que diga "pollas" no significa que insulte (así lo aclara J. C. G.). Por poner un ejemplo, pongo éste escrito por don Benito periodista en un artículo de la Revista de la semana (1865): "Toda aquella sociedad compuesta de pollos, pollas, mamás y viejos verdes, con su acompañamiento de saboyanitos, de música, de aguador y violinistas haraposos levantó la tienda y plantó sus reales en el extenso salón, Paseo que la historia y la tradición han consagrado con largos años de trapicheo, de conquistas y aventuras de todas clases".»
Además, dudamos que D. Francisco Rodríguez Marín hubiese escrito “gilipollas” entre 1882 y 1883, que fue cuando se publicaron los “Cantos populares españoles / recogidos, ordenados e ilustrados por Francisco Rodriguez Marin”. Si acaso diría “pollas”, que como vemos ya lo había dicho Galdós diecisiete años antes. Queda pendiente esta aclaración, pues no estamos ahora en disposición de leer los cinco volúmenes que componen la citada obra de Rodríguez Marín.

Y si queremos dar más detalles, en Fortunata y Jacinta queda citado Gil Imón cuando Galdós escribe:
«Mamá, ponte de centinela, y aquí no me entra más que Estupiñá. Que venga Placidito para que me cuente sus glorias cuando iba al portillo de Gil Imón a meter contrabando y a la bodega de San Ginés a abrirse las carnes con el zurriago… Que venga para decirle: “Lorito, daca la pata.”»


Quién viera tal abatimiento de la humana grandeza y tan grande fracaso de las glorias terrenales, cómo hubieron de saber las casas de Dil Imón de la Mota, que estaban donde hoy es ese rincón apacible y franciscano del hospital Venerable Orden Tercera?
Calle de San Bernabé, portillo de Gil Imón, jardín de la Orden, pasaje singular y típico del viejo Madrid, lugares con a quienes el destino quiso poner como testigos de la desgracia insigne de una magna tragedia. Porque entre ellos acabó, rendido a sus desventuras, aquel tan alto caballero que tantas veces tuvo la gloria de España entre sus manos, D. Pedro Téllez de Girón, duque de Osuna.”
Pedro de Répide, 1914 [2]

Hecha esta referencia al portillo de Gil Imón, continuamos con el adjetivo “gilipollas” y nos quedamos con la apreciación que hacen en el blog Diario de un Copépodo, donde dicen del adjetivo “gilipollas”:
Gilipollas. Bonita ¿eh? [refiriéndose al adjetivo] Escribiendo este texto me he llevado dos sorpresas. La primera de ellas es que el DRAE la tiene marginada:
gilipollas. 1. adj. vulg. gilí. U. t. c. s.
[Aclaramos que actualmente la DRAE define: 1. adj. malson. Esp. Necio o estúpido. Apl. a pers., u. t. c. s.]
Pero bueno ¿esto qué es? ¿Acaso no merece gilipollas una entrada propia? Vayamos a ver qué es eso de gilí, […].
gilí. (Del caló jili, inocente, cándido, der. de jil, fresco).
1. adj. coloq. Tonto, lelo. U. t. c. s.
¿Eh? ¿Tonto y lelo? ¿Eso es todo? Menudo diccionario… De todas formas este ejercicio nos sirve para sorprendernos con la etimología de la palabra, que resulta ser derivada de jil (fresco en caló). Todo el mundo sabe que la etimología infantil interpreta que gili- es un prefijo privativo y que por tanto gilipollas es equivalente a castrado o eunuco y que no tiene sentido emplearlo con las mujeres…

Pero ahí no acaba la cosa. E. V. añadirá otros términos que se aplican:
«Visto el diccionario de madrileñismos de Manuel Alvaz Ezquerra y el geográfico popular de Madrid de Gaspar Sánchez Salas se dice también del adjetivo gilipollas: "ADALUNÉ, ADALUNÓ, ADALUÑÓ, BALLENATO, CHARNEGO, COREANO, GATO, MADRILEÑO, MAGERITENSE, MATRITENSE Y MAYRITÍ". »

De Baltasar viene gilipollas, no de sus hijas
Las connotaciones sexistas de nuestra lengua y costumbres, notablemente machistas, han hecho que asociemos el adjetivo “gilipollas” a las hijas de Gil Imón conforme a la manida historia de “Gil y sus pollas”.

Como hemos visto a lo largo del artículo, no cabe duda de que aquel Fiscal de los Consejos, Gobernador de la Hacienda, magistrado de la Sala de Alcaldes y, más tarde, presidente Contador de la Hacienda, llamado Baltasar Gil Imón y de la Mota, bien pudo estar asociado al adjetivo gilipollas tal y como hoy lo conocemos.

Acompañan a las siguientes preguntas sobre Gil Imón algunos textos de la mentada obra de Ricardo Sepúlveda que hacen referencia a la historia de las hijas de “Gilimón”.

¿Fue “Necio y estúpido” por acatar las órdenes del rey en detrimento de sus hijas?
Ya lo oyen vuesas mercedes. Un juez cualquiera las condenaría á reclusión temporal. Yo, padre de hijas tan bellacas, modero la pena, y me contento con que, en lo sucesivo, vayan á todas partes vestidas de monjas. He dicho.
Las gilimonas pusieron el grito en el cielo y manotearon y quisieron desmayarse; pero el Fiscal de los Consejos se mantuvo inflexible, y las insurrectas niñas hubieron de resignarse á vestir estameña.

¿Era tonto y lelo? Lo dudamos si a sus títulos nos referimos. ¿Lo era en el ámbito del matrimonio y la familia? Si tenemos en cuenta las costumbres poco apropiadas de su señora esposa, doña Leonor de la Vega, y las de sus hijas, la respuesta es afirmativa.
Y aquella misma tarde, la del día en que se publicaron los bandos sobre zapatos y jubones, las relatadas Gilimonas, azuzadas por su madre doña Leonor de la Vega, de quien los Avisos tienen algo verde que decir, se echaron á la calle, en carruaje, la madre en uno y las hijas en otro, pues tenían dos para su uso, las cuatro destapadas y esplendorosas, como siempre que iban á picardear.

¿Gobernaba para el rey pero no en su casa? ¿Era, pues, “un carente de pene”, un calzonazos, si a las connotaciones machistas nos referimos?  
En palabras de D. Federico Carlos Sainz de Robles:

“Don Gil Imón de la Mota fue un caballero que mandó mucho fuera de su casa pero poco dentro de ella."
De haber gobernado bien en su casa quizá la historia de las Gilimonas nunca hubiese sido conocida, pues no existiría. Y como existió, algo tuvo que afectar en los pormenores del hogar las costumbres licenciosas de la esposa del poderoso Gil Imón, que eran seguidas a pie juntillas por sus tres fermosas hijas. Fiel servidor fue de la Corona, y con mano dura fiscalizó y presidió la Hacienda… más no su casa.

¿Era un fresco?
Puede que sí. Muy buenas fueron las relaciones que mantuvo don Baltasar con la Corona. Primero con el duque de Lerma, durante el reinado de Felipe III; después con el conde duque de Olivares, reinando Felipe IV. Para mantenerse tanto tiempo en puestos de relevancia, mucha cara tuvo que echar el interfecto.
Quizá en premio de su severidad paternal, dieron á Gilimón de la Mota el hábito de Santiago en Marzo de 1623, al mismo tiempo, ó en la misma promoción, que á Garci Pérez de Araciel, del Consejo Real y del de Hacienda.

Era, pues, don Gil Imón un necio y un fresco; un hombre carente de miembro masculino en el gobierno de su casa, y quizá –en este último caso- ¿un “tonto de la polla”?.

Pues en esto nos quedamos, diciendo que la expresión “Ahí viene Gil y sus pollas” tiene el sentido que tiene que tener, si es que con ellas iba. No podemos aplicarle otro que infravalore a las féminas y sí -por decantación-, implicar a Gil Imón en el verdadero significado del adjetivo.

Y terminamos con estos sinónimos de gilipollas:
 “tonto”, “estúpido”, “majadero”, “idiota”, “gilí” y “gilipuertas”.

Y con estos pseudo-sinónimos:
bobo”, “tontaina”, “imbécil”, “absurdo”, “inútil”, “ingenuo”, “inocente”, “infeliz”, “sentimental”, “mimoso”, “engreído”, “orgulloso”, “atontado”, y un largo etcétera. [3]



Llámeseme lo que apetezca.
Eduardo Valero García



Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

[1] Sepúlveda, Ricardo. Madrid Viejo. Costumbres, Leyendas y descripciones de la villa y Corte en los siglos pasados (1887) Madrid. Librería de Fernando Fe.

[2] Répide, Pedro de. Tiempos pasados-El de Osuna y don Rodrigo. La Esfera, I (12) Madrid, 1914

[3] Busca palabra. Diccionario de sinónimos y antónimos [Consultado el 05/12/2016] http://www.buscapalabra.com/sinonimos-y-antonimos.html?palabra=gilipollas&sinonimos=true&antonimos=true


En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2016) "En defensa de las hijas de Gil Imón.", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

[VER: "Uso del Contenido"]

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.
De las imágenes:
Muchas de las fotografías y otras imágenes contenidas en este artículo son de dominio público y correspondientes a los archivos de la Biblioteca Nacional de España, Ministerio de Cultura, Archivos municipales y otras bibliotecas y archivos extranjeros. En varios casos corresponden a los archivos personales del autor-editor de Historia Urbana de Madrid.
La inclusión de la leyenda "Archivo HUM", y otros datos, identifican las imágenes como fruto de las investigaciones y recopilaciones realizadas para los contenidos de Historia Urbana de Madrid, salvaguardando así ese trabajo y su difusión en la red. Ha sido necesario incorporar estos datos para evitar el abuso de copia de contenido sin citar las fuentes de origen de consulta.


© 2016 Eduardo Valero García - HUM 016-001 GILIMONAS
Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325