miércoles, 14 de diciembre de 2016

Los últimos días de Carlos III

En el Madrid ilustrado de Carlos III se había desatado una epidemia de catarro los últimos días de noviembre de 1788. El rey se encontraba en el Real Sitio de San Lorenzo con su familia, ya casi dispuestos para regresar a la villa y corte, cuando se sintió afectado por un fuerte catarro.



El primer día de diciembre se encontraba mejor y con fuerzas suficientes para emprender el viaje a Madrid, llegando a ésta el día 2. Desde ese momento, y hasta el sábado 6, el monarca tuvo altibajos en su salud; alteraciones del pulso, tos fuerte y fiebre, más nada hacía presagiar que la enfermedad fuese a peor.

Y, en efecto, la noche del martes 9 de diciembre su salud mejoró considerablemente, pero no por mucho tiempo. La noche del viernes 12 el rey sufría dolores de pecho, tenía tos y mucha fiebre. Aún más grave fue la madrugada del sábado 13, a tal punto que los médicos aconsejaron administrarle los Santos Sacramentos.

A las ocho de la mañana de ese sábado se despacharon las órdenes para que hubiese rogativas públicas y a las diez todo el aparato Regio, Consejo, Sala de Señores alcaldes de Casa y Corte asistieron a la Real iglesia de Santa María de la Almudena donde se celebró una misa cantada. Lo mismo se realizó en todas las iglesias de la Corte.

Más tarde entraron a la Cámara Regia, donde el rey permanecía y en muy mal estado, los jerarcas de la iglesia, príncipes e infantes. Triste escena fue cuando se le preguntó a Carlos III si perdonaba a sus enemigos. Respondió con toda la entereza y serenidad que pudo:
¿Pues había de aguardar a este punto para perdonarlos? Todos fueron perdonados por mí en el mismo acto de la ofensa.
Recibió entonces los últimos Sacramentos. Al rey se le había preguntado si tenía necesidad de recibirlos, a lo que respondió que no esperasen a administrárselos cuando ya no supiera lo que recibía. [1]

Inmediatamente después del ceremonial se dieron las respectivas órdenes para trasladar a Palacio al Niño Jesús de Nuestra Señora del Sagrario de Toledo, los cuerpos de San Isidro y San Diego de Alcalá, y las reliquias de Santa María de la Cabeza. Y en la Sala que había sido de los Embajadores se improvisaron tres altares, ubicando en el del centro al Niños Jesús, en el derecho a San Isidro y Santa María de la Cabeza, y en el izquierdo a San Diego de Alcalá. Todo esto con su ceremonial y procesión correspondiente.

A las cuatro y cuarto de la tarde pidió Carlos III que le llevasen los cuerpos de los Santos para venerarles. Y así lo hicieron, colocándolos a la izquierda de la cama Regia; pero como el rey no podía verles con facilidad, el Sumiller de Corps de S. M. se puso de rodillas y sobre su espalda colocaron el cuerpo de San Isidro. Fray Luis de Consuegra, confesor del rey, indicó que podía rogarle por su salud, a lo que éste respondió:
La que deseo, y os pido, Santo mío, es la espiritual, y que me alcancéis del Señor la salvación de mi alma; que la del cuerpo, y todo lo de este mundo me importa poco.
Después pidió venerar las reliquias de Santa María de la Cabeza; entonces se le acercaron las canillas y cabeza de la Santa, que besó con ternura, implorando por su salud espiritual y corporal.
Carlos III, el rey “justo, sabio, benéfico y feliz”, poco más hizo. Recibió la Extremaunción y escuchó las Letanías y Oraciones. Acto seguido, con voz serena y no poca dificultad, exclamó:

Que Dios se lo pague.”

Después pidió al Nuncio de su Santidad que le absolviese y nada más, porque su vida se fue apagando, y llegó el momento que hemos contado en “Ha Muerto Carlos III. Madrid, 1788”.

En el recuerdo de los madrileños de entonces resonaba aquella Enhorabuena que escribió D. Gaspar Plá, cuando Carlos III llegó a la Villa y Corte.


YA llegó la ocasion, ya llegó el dia,
Que el Clarín harmonioso de la Fama
Publique un Vando de felicidades,
Para ensalzar de nuevo á nuestra España.
Ya llegó la ocasion, que el triste llanto,
Embuelto entre las nubes de una gassa,
Se destruya, aniquile, y desvanezca
De un Sol, que vence, triunfa, reyna, y manda.
Ya llegó la ocasion , que los fuspiros
De compassivas, y leales almas,
Siendo sus tristes ayes por un Sexto,
Sean por un Tercero muchas gracias.
Ya llegó la ocasion de que esta Corte
Disfrute ver cumplida fu esperanza
A pesar de la embidia, la fortuna,
El peligro, el vayvén , y la borrasca.
Ya llegó la ocasion, en que una Madre,
Pelicano amoroso se desangra,
Abrazando á fu hijo tiernamente,
Por mirar que salió de sus entrañas.
Ya llegaste, oh! Tercero, sin Segundo,
Desde Nápoles, Troya en. viva llama
De lamento; y si Eneas sacó un hijo,
Tu sales con tu Esposa deseada.
Llegaste alegre; pero contemplando
Ver Nápoles sin ti, desconsolada;
Mas si pierdes Vassallos, que te estiman,
Oy ganas Españoles, que te aman.” [2]

(NOTA: En el texto sólo se han modificado las ʃ. Ejemplo: «Vaffallos» Vasallos)
 

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Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

[1] Memorial literario instructivo y curioso de la Corte de Madrid (LXXV) Diciembre de 1788. Parte I. Madrid, Imprenta Real.

[2] Alegre enhorabuena a la feliz llegada de Ntro. Catholico Monarca, y su amada esposa ... en esta Real Corte de Madrid escribela Don Gaspar Plá. BNE-Biblioteca digital hispánica.
Datos:
Autor: Plá, Gaspar
Muñoz del Valle, Antonio
Fecha: 1759
Datos de edición: En Madrid en la Imprenta de Don Antonio Muñoz del Valle
Tipo de Documento: Libro
Signatura: VC/12593/9
PID: bdh0000076400
Descripción y notas: Aguilar Piñal. Bib. S.XVIII, v. 6, 3023
Título tomado de la cabecera del texto
Pie de imprenta tomado del colofón en verso de h.


En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2016) "Los últimos días de Carlos III", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

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© 2016 Eduardo Valero García - HUM 016-002 CARLOS III
Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325