miércoles, 9 de septiembre de 2015

Casas, por Ramón Gómez de la Serna. Parte 1

Acompañan al tema que vamos a tratar un precioso poema de nuestra amiga Sheherezade Sheherezade (publicado en su perfil de Facebook en Madrid el 17 de junio de 2015), y una ilustración del autor-editor de Historia Urbana de Madrid. En ambos casos, el balcón  de las casas viejas es el protagonista.

Y se abría un azul de justicia
para cobijar macetas colgadas
de balcones frágiles,
en casas viejas
con sus plantitas floridas
y algún gato escondido
detrás de la cortina.

Y venía una brisa fría
a refrescar los sueños
de gente corriente
que no tiene prisa.

Porque sabe que el tiempo
detiene la risa,
y también la replica,
y la hace grande
cuando es el silencio,
quien habita...

Sheherezade Sheherezade


© 2015 Eduardo Valero García (GARCIVAL) - HUM 015-007 ILUST


Madrid es un infinito catálogo de ventanas. Las hay muy antiguas y más modernas; unas floridas, otras bien conservadas, y algunas cochambrosas y desangeladas. Desde los ventanucos enrejadas de vetustos conventos, hasta los más elegantes y estilizados ventanales palaciegos.

Por desgracia muchas ventanas son oquedades en antiguas fachadas hoy expoliadas, y otras solo ciegos ojos en casas deshabitadas. Todas comparten miradas de siglos que reconocemos, y cuentan historias de revoluciones, amores y desamores, sucesos descarnados y miles de ilusiones.

Muchas ventanas tienen balcones, y estos también su catálogo. Los hay estrechísimos, a la antigua usanza; otros con un poco más de vuelo, y hasta los pintados por Mingote, que son trampantojos de otros tiempos. Los hay que no se ven de tan floridos y cargados de chirimbolos, y a otros se los ve porque llaman la atención sus adornos. Nada más mirar al cielo para divisar tanto arte: pancartas, banderas, ropa tendida, maniquíes, bicicletas, tiestos… y cd's al viento.

Los balcones cerrados, con sus cortinitas de bolillo, son un primor que recuerda al Madrid del decimonónico, donde el buen gusto y el arte del forjador dejaban su impronta de suelo a techo.
Ventanas, balcones y puertas son parte de los elementos que, en su conjunto, conforman una casa. Indispensable el postinero cartel: “Asegurada de incendios”.

De ese todo que era una casa hablaremos en tres capítulos, uno por cada una de las que rememora Don Ramón Gómez de la Serna en 1922, y también las dibuja.


La casa de las medias

La casa de las medias no sólo es la casa de las medias, sino también de los calcetines. En sus balcones cuelgan como largos zurriagos negros, como esos que penden de las ramas de las acacias, maduras y pochas, esas vainas obscuras, con profusión de cosa de fábrica, de atributo de almacén por lo menos.

Una cosa que debía dar mucha vergüenza a los propietarios, como es colgar las piltrafas de las medias a pública subasta, la realizan los de todos los pisos, envalentonados unos con el ejemplo de los otros.

A veces un policía ha subido a la casa de los calcetines y las medias a notificar a los inquilinos que está prohibido tender la ropa blanca al balcón; pero las rabiscas dueñas de la casa se le volverán y le dirán en sus barbas que los calcetines y las medias no son ropa blanca, sino ropa negra, profunda ropa negra de profunda negrura. Las medias colgadas de esas dos especies de orejas que les salen al ser prendidas a las cuerdas, son las que definen las piernas más bonitas, que es increíble creer que se puedan albergar en esos feos pingos del demonio.
La casa de las medias y los calcetines tendidos — en hostil contraste los negros pingajos con el fondo claro y nacarado de los cristales — es algo así como la tenería de los grajos, de las pieles de grajo puestas a secar...
¿Quizás una tenería de pieles de gato?...

Las cabezas de serpiente negra que parecen las medias y los calcetines, como graciosas notas de un pentagrama grotesco, colgadas de las cuerdas de los balcones, dan gran notoriedad a la casa.
¡Qué de pies humanos, cuántas patas retorcidas hay en esa casa!...

Todos los vecinos que se esconden dentro detrás de sus medias y calcetines, parece que están descalzos y en chancletas, y que sólo han dejado que se ventilen sus medias y sus calcetines.

RAMÓN GÓMEZ DE LA SERNA


Finalizamos esta primera parte de las "Casas" de don Ramón con unas ventanas desde el interior.
Sea por cotillear en lo que hay más allá de los visillos, o en un ejercicio de imaginación, rememoramos la vida cotidiana de otros tiempos detrás de viejos ventanales.


"Matrimonio en el interior con mobiliario y manteleria.
Fragmento de placa estereoscópica Foto: Cano"
(1920)
© AFCAM. Archivo Jaime Benavides
© 2015 Eduardo Valero García-HUM 015-001 MAD DE LA SERNA
© 2015 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325





Bibliografía
GÓMEZ DE LA SERNA, Ramón. Casas. Buen Humor. Enero 1922, nº 7, p. 4

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor. 
En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2015) "Casas, por Ramón Gómez de la Serna. Parte 1", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.

© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-001 MAD DE LA SERNA
ISSN 2444-1325