miércoles, 28 de mayo de 2014

Madrid y Galdós: Mariucha y Feúcha. Madrid, 1903


Este apartado dedicado a la vida y obra de D. Benito Pérez Galdós en Madrid, incluye hoy a otro escritor de la época, un conocido de todos los lectores de Historia Urbana de Madrid; hablamos de D. Antonio Casero y Barranco, autor de las coplas que desde el pasado domingo se publican en el blog.
Conoceremos qué une a los dos escritores en el artículo de hoy.

Mariucha, de Pérez Galdós
El jueves 16 de julio de 1903 se estrenaba en el Teatro Eldorado de Barcelona el drama en cinco actos "Mariucha", de Benito Pérez Galdós, por la Compañía Guerrero-Mendoza.
Galdós había preparado la obra para la pasada temporada del teatro Español, siguiendo su antiguo propósito de no estrenar ninguna de sus obras fuera de Madrid. Sin embargo, al no poder entregarla hasta fin de temporada, el actor y empresario Díaz Mendoza se vió obligado a aplazarla hasta la siguiente campaña. Con esta condición entrego Galdós su drama, negándose a que fuese estrenada en provincias.

Aprovechando la circunstancia de que la Compañía Guerrero-Mendoza iría a Barcelona al terminar su campaña en Sevilla, un grupo de distinguidos escritores catalanes dirigieron a don Benito sendos y entusiastas mensajes solicitando que dejase estrenar "Mariucha" en la Ciudad Condal. El autor aceptó y por ese motivo la obra se estrenó en Barcelona.
Para E. Inman Fox la decisión de Galdós de estrenarla en Barcelona "obedecía a un deseo de presentarla ante un público más receptivo a su tesis social." [E. Inman Fox. EN TORNO A MARIUCHA: GALDÓS EN 1903. Vassar College. Poughkeepsie, Nueva York. USA]

Noche del estreno en el Teatro Eldorado de Barcelona


Después de Barcelona, y antes de su estreno en Madrid, "Mariucha" se estrena en Alicante, Lérida, Murcia, Cartagena, Orihuela y Albacete. A ellas acude Pérez Galdós en persona y aprovecha para participar en actos públicos ajenos al teatro, lo que da a entender que esta obra no tuvo por finalidad únicamente lo artístico.

El periodista Luis Morote, en una entrevista a Pérez Galdós publicada en el Heraldo de Madrid del 31 de agosto de 1903, lanza esta pregunta al insigne escritor: "¿Gustará en Madrid Mariucha?.
Galdós responderá lo siguiente:
"No dudo que resultará lo mismo que en Barcelona. Se estrenará después de la obra inaugural, en los primeros días de Noviembre.
Las opiniones do algunos críticos de Madrid que fueron a Barcelona al estreno de Mariucha, me parecieron ligeras, precipitadas y sin la necesaria madurez de juicio. Como todo el que trabaja para el teatro, deseo vivamente una renovación en el sistema de crítica literaria que hoy priva en los periódicos llamados rotativos. La fiebre de información produce anomalías grandes en los fallos casi inapelables de los inteligentes jueces. Un estreno viene a ser como un crimen. La Prensa actual, progresiva por muchos conceptos, necesita satisfacer los anhelos del público poniendo el menor espacio de tiempo entre la representación de la obra y la descripción de todos sus incidentes, argumento inclusive. Así, se cuida, ante todo, de apuntar las llamadas a escena como el número de heridas en un crimen.

Y lo peor es que esa primera impresión, fugaz, precipitada y sin reflexión, viene a resultar duradera, inapelable e infalible, como un dogma. Los periódicos de la mañana y de la tarde glorifican o despedazan una obra en pocas palabras, sin que luego estas sentencias o conclusiones teológicas de los santos padres puedan ser revocadas. Resulta, además, que el contrario influjo del género chico y de ese argot, aun más de pensamiento que de vocablo, que hoy se apega a todas las almas juveniles, perjudica notablemente a las obras serias, para las cuales se necesita preparación de cultura, de voluntad y de sentimiento.
El crítico responderá plenamente a su misión sustituyéndose a la persona del autor y juzgándole según es, por sus antecedentes ideales, por sus obras, por su temperamento de artista. Lo que se puede y debe pedir a un dramaturgo, como a un novelista, es que tenga lógica, que no altere su personalidad literaria y que, en el caso de evolucionar, evolucione justificadamente. El error está en imaginarse el crítico que el autor es como el quiere que sea, atribuyéndole ideas, sentimientos, modos de ver las cosas ajenos a toda su historia y creencias. Del autor que lleva en la cabeza el crítico se hace lo que a uno se le antoja y se lo pega de firmo, impunemente, sin defensa para el atacado. Al teatro no se va sólo a discutir escuelas, sino dramas, comedias, verdad artística, belleza, emoción.
El autor influye en el público, y las ideas generales influyen en los autores, y el crítico debe ser el conductor de esa doble influencia.
Si no lo es y se reduce a ser un órgano de minorías frívolas o de profesionales de estrecho criterio, perturba al propio tiempo a autores y público, corrompiendo a éste y apartando a aquellos de una labor sincera. Esto aparte de los perjuicios que ocasiona el espíritu de esnobismo, haciendo pasar por oro de ley mucho similor de los extranjeros.
¡Si gustará Mariucha en Madrid! Está gustando en todas partes. Acabo de recibir un telegrama de Buenos Aires, que dice así: «Estreno Mariucha teatro San Martín. Éxito colosal. Cobeña, aclamadísima. Felicítanle entusiasmo.— Velloso, Soria, Romera, Duque,Paradossi, Chiglioni, Oliver, Cuevas, Villagómez.»"

El 10 de noviembre de 1903, a las ocho y media de la tarde, por fin se estrena en el Teatro Español de Madrid la tan esperada "Mariucha". Las críticas fueron muy buenas y no tan buenas; los aplausos a la obra, a la Compañía Guerrero-Mendoza y al propio Galdós, apoteósicos. Se decía que "Mariucha" era la "Electra" de Galdós pero al revés. También se decía que el escritor, en su moderna obra escénica, no era un reformador social sino un efectista, buscando el aplauso en donde creía poder encontrarlo.

Estreno de Mariucha en el Teatro Español. Madrid, 10 de noviembre de 1903



"Unos, decían que la obra era como las marinas que se pintan desde la Puerta del Sol, falsa. Otros, afirmaban que era como colección de piedras preciosas engarzadas al azar en metales groseros. Alguien, buscando símil adecuado, decía que la comedia de Galdós recordaba á los cuadros muy mal pintados, con asuntos muy hermosos, y casi todos convenían en que si el símbolo dará gloria, la comedia no conseguirá llenar el teatro." [La Correspondencia de España. Madrid, Miércoles 11 de noviembre de 1903]

"Galdós continúa en Mariucha su tenaz campaña en defensa de otra sociedad mejor. La generosa y amplia concepción de una «vida nueva» que se descubre en todo su teatro, hállase también en su última comedia con saludable y vigoroso desarrollo. Ya en Electra, obra aprovechada por su valor circunstancial, independiente de su profundo pensamiento, el maestro nos mostró que la vida exige una fuerza dinámica/que debe vencer á la extática contemplación deprimente y agobiadora. Ahora, en Mariucha, nos presenta el triunfo de esa fuerza, el camino de la voluntad como instrumento de conquista, si vale la frase; y nos enseña también que el «ayer» pasa y no vuelve, cuando se quiere impedir que el porvenir se nutra del pasado... Se ha visto en Mariucha un símbolo aplicable á España. Tal vez. La villa de Agramante, donde la acción se desenvuelve, aunque no figura en los diccionarios geográficos, puede ser una villa española.
Los Marqueses de Alto-Rey, María, León, Teodolinda, el cura, el alcalde y la alcaldesa, el juez y el ricacho, los personajes todos, pueden ser personas de nuestra actualidad, con sus esperanzas y alientos redentores los unos, los otros con sus vicios y defectos tradicionales. Y las escenas donde asoma el pintoresco caciquismo, el viejo poder feudal que aún se manifiesta y ejerce en pueblos y ciudades, pueden ser también españolas...
En todo caso, Galdós habrá presentado, haciéndolas vivir vida de relación y de realidad, las ideas que surgen de todas partes en el actual momento de nuestra historia, las ideas ambientes. Renán comentaba todos los apostolados, asegurando que el hombre pertenece á su pueblo y á su tiempo, aunque contra la dirección de su tiempo y de su pueblo vaya el esfuerzo de su acción." [Antonio Palomero en la revista de ciencia y arte "Lectura". (Madrid, 1903. Año III, Tomo Tercero, pp 532]


Feúcha, de Casero/Larrubiera
Lo cierto es que la obra dio mucho que hablar, hasta tal punto que el madrileñista Antonio Casero, en colaboración con Alejandro Larrubiera, escribió la obra "Feúcha", parodia de la "Mariucha" de Galdós.
"Feúcha" se estrena la noche del viernes 11 de diciembre de 1903 en el Teatro Eslava. Obra en un acto y cinco cuadros que Casero y Larrubiera escriben en prosa y verso. A pesar de ser la parodia un género difícil y peligroso, porque bien puede triunfar o favorecer a la obra parodiada, ésta tuvo gran éxito y fue muy aplaudida en las representaciones del Eslava.

©Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes
Localización: Biblioteca Nacional (España), sig. T18302 Sala Cervantes.

La revista eclesiástica La Lectura Dominical, del 27 de diciembre de 1903, dice de la obra de Casero y Larrubiera:
"Eslava es una especie da Lara II en la temporada presente. Ya saben ustedes lo que se dijo de las segundas partes. Además, de segundas partes se compone la compañía del Eslava, de modo que viene bien el refrán dos veces.
Feúcha es una parodia de la Mariucha de Galdós. Como ésta la vio poca gente, y la que la vio no va a Eslava, dicho queda que Feúcha no convence á nadie. Por lo demás, también esta obra tiene bien puesto el título."

Otras críticas fueron más benévolas; unos atribuyeron el éxito del estreno al ingenio de sus autores, otros al buen hacer de las primeras figuras del Eslava. Lo cierto es que tanto "Mariucha" como "Feúcha" sólo fueron conocidas y valoradas por quienes acudieron a verlas en los teatros, y quedaron casi relegadas al olvido.

El libreto completo de "Feúcha" se encuentra en la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. Puedes acceder desde AQUÍ


NOTA INTERESANTE:
Teatro de verano Eldorado de Madrid
Por esas paradojas de la vida, el Teatro Eldorado de Madrid, tocayo del de Barcelona donde se estrenó "Mariucha", fue devorado por las llamas la madrugada del domingo 19 de julio de 1903.
Estaba ubicado en la calle Juan de Mena y había sido construido seis años antes; era el único teatro de verano que existía en el Madrid de aquellos tiempos. D. Manuel Montilla, hacía las veces de propietario del teatro y de empresario de la Compañía que actuaba en él.
Poco menos de media hora hizo falta para que el teatro quedase reducido a cenizas; la escasez de agua en algunos puntos de Madrid contribuyó a que los bomberos no pudiesen contener el incendio.
Tan grande fue la pérdida, y en situación tan penosa quedaron los actores, que se abrió una suscripción popular encabezada por los reyes de España, para sufragar a las pobres víctimas.





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