domingo, 21 de septiembre de 2014

Coplas del domingo: Una visita

En portada del Heraldo de Madrid del domingo 9 de junio de 1912, aparecen publicadas las esperadas coplas de don Antonio Casero que hoy reproducimos. Un funesto personaje, que por nombre lleva el de Celipe y por cara una aberración, dialoga con Remedios, la esposa de Mateo, un enfermo afectado por el virus del Chinchón.


Coplas del domingo, por Antonio Casero

UNA VISITA
—¿Qué le pasa á tu marío
que no se le ha visto el pelo
hoy por el taller?
—Le pasa
que no hay uno que sea güeno,
le pasa que m'ha dao un susto
que no me sale del cuerpo
en dos años, y le pasa
que es un sinvergüenza; eso
es lo que le pasa, ¿sabes?
—Pos, chica, que no te entiendo.
—Pos, chico, tráete un intrépete.
que la cosa no es pa menos;
hijo, te traes por cabeza
una ponchera,
—Remedios,
no tires con bala.
—Claro,
si estoy que cuasi reviento
y tú estás con los pastores
en Belén, ¡quita d'ahi, tétrico,
que tienes la primer cara!...
—¿Pa qué?
— Pa presidir duelos.
—¿En total, qué?
—Na; que el sábado,
cuando estaba amaneciendo,
llegó mi nene con una
jumera de las de peso;
tú verás cómo estaría
que me le subió el sereno,
con cuatro más, ¡el delirio!
parecía un trasto viejo.
Yo, al primer pronto, me dije:
na, la afección al celebro
que tie; me acerco, le miro,
y le palpo, y le olfateo,
y á Chinchón de á diez la copa.
Le cojimos, le acostemos,
y él sin habla y yo charlando
por él y por mí.
—Lo creo.
—Y ahí le ties que con las mismas
tuve que llamar al médico,
y dice que no le gusta
su semblante.
—Lo comprendo,
porque lo que es tu marío
no es pa llevarlo á un museo,
porque tie la primer cara
pa diñarle un susto al miedo.
—Pos de la tuya no m'hables,
porque te ladran los perros
cuando te ven.
—¿Se le puede
pasar á ver?
—Pasa; pero
ha dicho el doctor que mucho
cuidao con lo que ahora hacemos,
que está pa que no le hablen
ni pa sufrir contratiempos;
además, sabes de sobra
lo aprensivo que es Mateo.
......................................................
—¿Se pue pasar?
—Es Celipe.
—Pasa, Celipe,
—¿Qué es eso?
¿Qué te sientes? ¿Qué te duele?
—Na, que pa mí que la entrego;
ponle una silla á Celipe.
—Gracias, chico, no me siento;
pos cuídate, que la cosa
está pa pocos jaleos.
¿Sabes quién está mu malo,
que la diña sin remedio?
El Cigarra.
—¿Qué Cigarra?
—Hombre, el primo del maestro,
¿y sabes á quién entierran
mañana? A Luis el frutero.
—¿Qué me dices?
—Lo que digo.
—¡Mi madre! ¿Y de qué se ha muerto?
—De una cosa parecida
á lo que tú ties,
—¡Mi agüelo!
¿Oyes lo que dice este?
—Te habla en broma.
—Le hablo en serio;
es como lo de la Paca,
que no lo sabréis.
—¿Qué es ello?
—Pos que le ha dao cuatro tiros
su novio.
—¡Jesús, qué miedo!
—¡Hijo, pareces talmente
una sección de sucesos!
—Cambia de cilindro; oye,
¿y tu chaval?
—Pos le tengo
ahí en una funeraria
de la calle del Almendro
cobrando las comisiones
que gana con los sepelios;
ya vendrá por aquí á verte.
—Dile que se lo agradezco;
que no haga tal disparate,
y tú, no cierre el portero,
vete también.
—Yo, ni en broma;
esta noche yo me quedo
pa lo que sus haga falta,
que á lo mejor te da el vértigo.
—¿A lo mejor dices? ¡Vete!
—¡Que no me voy!
—Al momento,
ú te doy con la botella
del bromuro.
—¿Hablas en serio?
—Que te pires ya, so posma...
—Ya me voy... ¡Pobre Mateo!
¡Está loco de remate!...
—¡Has introducido el remo!
—Que me quiten á ese bruto
de delante, que me oceco;
¡vete, que no nesecito
pa morirme puntillero!
ANTONIO CASERO


© 2014 Eduardo Valero García (GARCIVAL)- HUM 014-006 ILUST



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