domingo, 23 de julio de 2017

Un "chico" de horchata de Madrid a la salud de Gedeón

Recuperamos del mítico blog Los jueves de Gedeón este artículo sobre la horchata de chufa que recibió el reconocimiento del Consejo Regulador Denominación de Origen Horchata de Chufa en el año 2010. (http://www.chufadevalencia.org/)



Como autor de aquel blog, estoy trasladando los artículos -que son pocos- a Historia Urbana de Madrid. La explicación sobre quién era Gedeón, personaje que dará nombre al semanario satírico, y algunos otros detalles, los encontrarán AQUÍ

En Los jueves de Gedeón, el propio personaje narra las historias en diálogo con el lector. Así comienza "Un chico de horchata ¡hay que ver lo rica que está!" (Título original del artículo publicado en 2010)


GEDEÓN:
-Sin ser intención ofender al valenciano, en cuya tierra nació la horchata de chufa, dista mucho de tener el buen gusto que en Madrid.
Algunos afirman que es por el agua del Lozoya, otros, más golosos, que es por el azúcar.
¡Misterio!
El paladar de este humilde servidor confirma la opinión del pueblo: "la horchata de chufas en ninguna parte es mejor que en Madrid".


El siguiente relato de 1896, publicado en la revista Madrid Cómico, da cuenta de la costumbre decimonónica de ir a la horchatería a comprar un "chico" de horchata y degustarlo en casa las noches de estío.


Madrid Cómico 1896

En su tiempo era el refresco por excelencia de las clases bajas, luego se iría integrando en la alta sociedad... que también pasan calor y necesitan aliviar el estío.

La horchata es un líquido humilde que nace en un mortero, vive en una garrafa y muere, por regla general, en el estómago de un señor gordo y sudoroso.
De las bebidas frías, la 'horchata helá' es la más simpática, la más económica, y la que reúne al pueblo en busca de ese banal placer de saciar la sed y refrescar el organismo.

En el 'Correo de las Damas, periódico de modas, amena literatura, música, teatro, etc', del 28 de mayo de 1835 se habla de la costumbre de peregrinar por las tabernas y fondas de entonces, destacando como mejor elección la "Chufería", que así llamaba a las horchaterías de horchata de chufa.




Allí que va la pizpireta modistilla con su novio; el oficinista y el albañil; el niño que dispone de unos céntimos y los señores orondos que pierden la vista contemplando a la horchatera.


Porque si algo tienen los puestos de horchata -independientemente de su humilde decoración- es que te sirve una camarera; que si la horchata está buena, la horchatera lo está aún más.

"Jóvenes horchateras,
cuidado con los chicos calavera"

Tal era la belleza de las jóvenes horchateras, que preocupaba a las señoras casadas ese abuso casi alarmante que de la horchata hacían sus maridos.


"-¿Qué quieren, señores, agua de sebada, horchata de chufas, serbesa u limón?-", recitaban los labios carmesí de la joven y rubia horchatera, con un gracejo de é abierta en la pronunciación.


Verla venir, con su ondulante contoneo resultaba placentero. Verla marchar, y volver luego con la horchata y los labrados barquillos, era subir al cielo. Por fortuna los calores de aquellas escenas se mitigaban al primer trago de la fría horchata.




Había una horchatera, de nombre 'Paquita', que todos los veranos animaba la clientela de la horchatería de la calle del Príncipe. Con su trajecito de percal impecablemente planchado y su delantal blanco como la nieve, Paquita llenaba aquel local de admiradores, y a todos regalaba la misma simpatía.  Tal era su salero, que cada noche se llevaba más de cinco duros de propina.

Estas horchaterías, cuya arquitectura se resume a un cajón, tres garrafas, un botijo, vasos y un par de bancos, son los continuadores de aquellos de agua o Aguaduchos que se establecieron en el Paseo del Prado y el de Recoletos. Lugar de encuentro al caer la tarde para aventuras amorosas, donde el 'pimpollo' juraba amor eterno bajo la tenue luz de un farolillo, y otros y otras eran más osados.


NOTA: 
Aguaduchos: Instalación veraniega, el aguaducho era una especie de armatoste, entre aparador y anaquelería, con un mostrador de cinc y farol de aceite o de vela. Vivió y reinó en el Prado, en los andenes del Botánico, pasando Neptuno, y en la parte izquierda de Recoletos. Lo regentaba siempre una buena moza  medio barriobajera, y en él se despachaba anisao y refrescos del tiempo (naranjada o zarzaparrilla), sin caer nunca en la tentación de aplicar el hielo. (más referencias)


Volvemos a la horchata. Tan buena es la horchata de mis tiempos, que hasta en los piropos era de calidad:



Tampoco podía faltar en las sátiras políticas... ¡faltaría más!




Y en los deportes mucho menos. ¡Había un equipo llamado HORCHATA FOOTBALL CLUB!

A principios del Siglo XX, existían en Madrid unos trescientos puestos de horchata, además de los infinitos vendedores ambulantes, también llamados 'horchateros'.


Estos se paseaban por las calles cargando sus garrafas de horchata fría, y la pregonaban al grito de "HORCHATA HELÁ... HORCHATEROOO".
A diferencia de los que tienen negocio en la Villa y Corte, estos vienen de Valencia y Alicante a comienzos del verano y se marchan en Agosto, para volver luego en Octubre y dedicarse exclusivamente al esterado.
En Noviembre regresan a sus tierras... y así todos los años.

Lo curioso de esta profesión es que tanto los horchateros ambulantes como los que disponen de local, una vez finalizado el verano, se dedican al negocio de las esteras, las máscaras de Carnaval y la explotación de las palmas el Domingo de Ramos.

Como tantas cosas de esta vida, la horchatería y la buena horchata  comenzaron a transitar hacia el recuerdo en los años 30.

Las cervezas, el limón helado y las naranjadas; los granizados de frutas; la sangría; el ponche a la romana; los 'juleps'; el 'clavet-clup' madrileño; los espumosos, y diversas mezclas que se preparan en los bares, fueron desplazando poco a poco a la horchatería.

Las hubo, y muy buenas, en la Puerta del Sol, la calle de Alcalá y la Carrera de San Jerónimo; luego llegarían los modernos bares... pero eso ya es otra historia.




LA HORCHATERA (Madrigal refrescante) Manuel Soriano, 1925


Algunos textos de periódicos y revistas


Fr. Gerundio, Pág. 300 - 4 de septiembre de 1838


Fr. Gerundio, Pág. 172 - 6 de julio de 1841


Museo de las Familias, Pág. 21 - 25 de abril de 1845


Museo de las Familias, pág. 274 - 25 de diciembre de 1848


La Ilustración Artística, pág. 490 Nº 1.439 - 26 de julio de 1909


Muchas Gracias - 8 de agosto de 1925



La horchata medicinal
En los libros de farmacia del Siglo XVI no se hace mención a este medicamento, por tanto se deduce que puede ser de finales del Siglo XVII. El 19 de marzo de 1835 aparece, en el BOLETIN, de Cirugía, Medicina y Farmacia, el cuadro inferior  donde se aprecian las distintas cantidades que aplicaban diversos especialistas en la materia. También se hace referencia al modo de preparar esta horchata medicinal.


Pincha sobre la imagen para ver el Boletín de 1835


Al parecer, por la gran cantidad de publicaciones existentes en la BNE, el modo de prepara este jarabe era motivo de extensos volúmenes con explicaciones que rozaban la alquimia. A continuación un ejemplo.


Una receta del año 1861
Como notarán los lectores, en esta receta la chufa se ve tanto como a un diputado en el Congreso.
Este es uno de los motivos por los que se diferenció a la Chufería de la Horchatería.




Aquí un ejemplo: Francisco Fortuny, especialista en Horchata triple de almendras.



Nota del autor:
Así acababa el artículo y no queremos añadir nada más para que no pierda su esencia, aunque sobre la horchata podríamos estar largo y tendido hablando... y bebiendo.


Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

[1] Heraldo de Madrid XXVIII (9.722) 15071917, p. 3

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2017) "Un "chico" de horchata de Madrid a la salud de Gedeón", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ Historia urbana de Madrid ISSN 2444-1325

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© 2017 Eduardo Valero García - HUM 017-001 GEDEON
Historia urbana de Madrid ISSN 2444-1325