domingo, 29 de marzo de 2015

Correos y Telégrafos militarizados. Madrid, 1918

Cuatro días antes de celebrarse las elecciones "de la Renovación" del 24 de febrero de 1918, el Cuerpo de Correos y el Centro Telegráfico de Madrid, hartos de la precariedad en el trabajo, del aumento del servicio sin incremento de plantilla, y la ausencia de respuesta de la Dirección General, inician una huelga de celo.
La tensión surgida desde aquel momento, y la suma de los empleados de Hacienda al conflicto, será determinante para que el Gobierno -presidido por García Prieto-, dicte, el día 13 de marzo, un decreto por el que los Cuerpos de Correos y Telégrafos quedan militarizados. Al mando del embrollo, el ministro de la Guerra, Sr. de La Cierva.
Todas las oficinas de España son ocupadas por la Guardia civil y fuerzas militares, resultando disueltos Correos y Telégrafos, y aplicándose en todos los casos la Justicia Militar.

Las siguientes fotografías, recuerdos de papel en imágenes del fotógrafo Salazar, nos trasladan a aquellos días de enfrentamiento.

Comenzamos con los primeros movimientos del Gobierno. Las fuerzas militares toman la antigua Casa de Correos para incautar el servicio y hacerse con el control. En la planta superior se encontraba el telégrafo central (construido en 1848) que comunicaba con el del cuartel de Guardias. 






La siguiente fotografía recupera del pasado el antiguo edificio de Telégrafos (Real Casa de Postas) en el momento de ser custodiado por el Cuerpo de Ingenieros zapadores. Aunque su aspecto ha cambiado podemos reconocerlo, se trata de la sede de la Comunidad de Madrid de la calle del Correo esquina con el callejón de San Ricardo (frente a la Plaza de Pontejos).


Más imágenes para el recuerdo de unos madrileños que nos observan desde su presente. Es el aspecto que mostraba el departamento de cartería de la Central de Correos la tarde del 15 de marzo. Al fondo, elementos del Cuerpo de Ingenieros Telegrafistas haciéndose con el servicio. Debajo, la taquilla de conferencias telefónicas custodiada y atendida por soldados del mismo Cuerpo.





Otra fotografía de la militarización. Se trata del salón de telégrafos operado y custodiado por los ingenieros telegrafistas. Debajo, la entrada a la Caja Postal de Ahorros custodiada por soldados de cuota del Cuerpo de Ingenieros zapadores.




Grande fue la conmoción entre los ciudadanos que se acercaron a la Dirección de Correos al comprobar la presencia militar y leer los avisos donde se notificaba la suspensión del servicio.


La entrañable fotografía que viene a continuación, recupera un espacio desaparecido, el Café y Botillería de Pombo, donde Ramón Gómez de La Serna estableció en 1912 su tertulia literaria llamada "La sagrada cripta del Pombo".  En 1920, José Gutiérrez Solana retratará a sus tertulianos e inmortalizará un espacio del Café en su cuadro "La tertulia del café Pombo".
Aquí vemos el aspecto del Pombo y la calle Carretas aquellos turbulentos días. En escena los oficiales de Correos y Telégrafos que habían salido del Centro Telegráfico, -también ubicado en la calle Carretas-, donde se reunieron para estudiar la situación y tomar decisiones.


Es de destacar la fuerza de las Juntas civiles formadas por Correos, Telégrafos y Hacienda. La situación era tensa y las negociaciones en forma de exigencia propuestas por el Gobierno de García Prieto sólo tuvieron esta respuesta:
"[...] ni por súplicas, ni por amenazas, ni por cesantías, ni por prisión, ni por fusilamientos, disolveremos las Juntas.

Las consecuencias políticas de aquella absurda decisión de un marqués, el de Alhucema, es decir: el presidente Manuel García Prieto, no tardaron en llegar. El 22 de marzo se hace con las riendas del Gobierno el conservador Antonio Maura.

Por fin, el 23 de marzo, la situación se resuelve con el siguiente decreto:
"De acuerdo con mi Consejo de ministros,
Vengo en decretar lo siguiente:
Primero. Quedan derogados los Reales decretos de esta Presidencia de 13 del actual y los expedidos en 16 siguiente por el ministerio de la Guerra, y en su consecuencia pasarán de nuevo a depender del ministerio de la Gobernación la Dirección general de Comunicaciones y los servicios todos de Correos y Telégrafos, volviendo a constituirse los Cuerpos respectivos en la forma que lo estaban anteriormente.
Segundo. El personal militar designado para desempeñar provisionalmente los indicados servicios, y de cuya inteligencia y elevado espíritu en el cumplimiento de la misión que le fué ordenada queda el Gobierno muy satisfecho, cesará desde luego en aquellos servicios, presentándose inmediatamente en sus puestos los funcionarios civiles que los servían.
Dado en Palacio a veintitrés de marzo de mil novecientos dieciocho.—ALFONSO.—El presidente del Consejo de ministros, Antonio Maura y Montaner."

Así, los grandes sacos de correspondencia abandonados y custodiados por el ejército; los giros postales retenidos; la prensa a provincias retrasada, y las comunicaciones telegráficas, vuelven a manos de los trabajadores y el servicio a formar parte del Gobierno. 

El patio de la Central de Correos comienza a funcionar con normalidad y el esfuerzo de los empleados logra despachar la terrible cantidad de correspondencia acumulada, de la que podemos observar una pequeña parte.


Y para dejar constancia de que la recuperación de los Cuerpos de Correos y Telégrafos fue inmediata, el fotógrafo retrata el momento de la entrega del servicio a los empleados por parte de los oficiales militares. El calendario, desde la florida pared, testifica que era el día 23 de marzo de 1918.




Cuando los conflictos se resuelven y son buenos para las partes, brotan las alegrías y en chiste se convierte lo que fue una pesadilla.

Con estos graves sucesos
que se están desarrollando,
no hay persona que se libre
de tener sueños extraños.
Anoche, sin ir más lejos,
soñé que los funcionarios
de la Deuda, donde sirvo,
habíamos declarado
la huelga sin estridencias,
huelga llamada de «brazos
caídos» (más propiamente
«huelga de brazos cruzados»);
que de las Clases pasivas
había llegado el pago,
y que, sin dejar los puestos,
dijimos; «Hoy no pagamos.»
Soñé, lo que es consiguiente,
que vino un conflicto bárbaro,
pues todas las pensionistas
que están en feliz estado
de viudez, viendo sus pagas
en el aire, se agruparon
¡y flojo motín de viudas
se armó como por ensalmo!
Al grito de «¡muera Cierva!»
y «¡que nos echen soldados!»
entraban violentamente
para exigirnos los cuartos
que, con el fin de agravar
la situación, les negábamos,
promoviendo un imponente
y estupendo zafarrancho.
Plumas, tinteros, banquetas,
librotes y cartapacios
volaban sobre las pobres,
cabezas de los honrados
y probos oficinistas,
de las cuales más de cuatro,
al ser abiertas de golpe,
copioso serrín echaron.
¡Cuarenta viudas lo menos
entraron en mi despacho
queriendo hacer picadillo
con mis carnes de alabastro!
Por cierto que había viudas
de «¡ole ya!»... ¿Y quién es el guapo
que está de «brazos caídos»
ante semejante asalto?
Cuando el orden un momento
se impuso, una de ojos garzos
se encerró conmigo para
«parlamentar», y en el acto,
sin pedir permiso a nadie,
penetró en la estancia un cabo
de ingenieros a llevárseme
a la viuda por encargo
del ministro de la Guerra;
y en la lucha que entablamos...
desperté... y en aquel punto
quedó el sueño terminado.
Sí, lector; coa estas cosas
que en España están pasando,
-¡no hay persona que se libre
de tener sueños extraños!...
Juan PEREZ ZUÑIGA.
[Heraldo de Madrid. "Cosquillas: Una pesadilla"]


Recuerdos de papel de un conflicto desarrollado en toda España, con epicentro en una de las zonas más emblemáticas de nuestra ciudad, la Puerta del Sol y sus alrededores. Recuerdos de que la unión hace la fuerza, en aquel caso como Junta civil patriótica. Memoria perdida de espacios sujetos a diversas reformas, hoy irreconocibles o ausentes del decorado urbano. Ya nadie queda para contarlo.



© 2014 Eduardo Valero García - HUM 015-003 RECUPAPEL