domingo, 8 de marzo de 2015

El incendio del Alcázar de Segovia

El Patronato del Alcázar de Segovia, en colaboración con el Cuerpo de Bomberos, organizó el pasado viernes 6 de marzo un simulacro de incendio para conmemorar el 153 aniversario del terrible incendio que asoló la fortaleza de los antiguos reyes de Castilla.
En la sección Madrid y Galdós de nuestro blog, recordábamos aquel episodio acontecido el 6 de marzo de 1862, pocos meses antes de emprender el joven Benito Pérez Galdós su periplo hacia tierras matritenses. La noticia que citábamos corresponde al capítulo tercero de Galdós en el Siglo XIX (1862) y está acompañada de un grabado que representa al alcázar en llamas.

Una visión de la fortaleza años después del incendio la recoge J. Laurent en la siguiente fotografía, una de las tantas que sobre este fotógrafo atesora la Biblioteca Nacional de España. Fue tomada hacia 1870.

Segovia, fachada del Alcázar. J. Laurent. Madrid
c.a. 1870
Signatura: 17/3/99
PID: bdh0000020805
Biblioteca Nacional de España

Historia Urbana de Madrid se suma al homenaje del Patronato y lo hace extensible a la memoria de aquel pueblo segoviano que luchó con denuedo intentando sofocar el voraz fuego. Para ello, nada mejor que la monografía histórica que sobre el Alcázar de Segovia escribió en 1916 el coronel de Artillería y académico D. Eduardo de Oliver-Copóns, hermano de uno de los militares que participó en las labores de extinción del incendio.


CAPITULO VII
Incendio del Alcázar
(Fragmento)
"Llegó el infausto año 1862, de tan imborrable huella en la historia del Alcázar, por haber sido presa el 6 de Marzo de voraz incendio, que tantos estragos ocasionó, arrojando de allí á sus moradores, como si sobre ellos pesase el sino de perpetua peregrinación.
En los primeros momentos no se pudo precisar el origen del fuego, que produjo en todos unos instantes de estupor y vacilación; dícese que comenzó en la salifa del Tocador de la Reina, donde estaba el despacho del primer Profesor, y en su ángulo izquierdo había una chimenea cuyo hollín se prendió; afirman otros que fué en un cuarto bajo del patio principal por causa de un brasero; algunos lo achacaron á la cocina, y no faltó quien opinase que ardieron primero los tejados, por haber prendido alguna chispa, escapada de cualquiera de las chimeneas, en las viejas vigas que formaban el armazón por debajo de las empizarradas cubiertas.
También se deslizó la infame calumnia de que lo habían originado unos Cadetes arrestados en la Torre de Juan II, precisamente en la que apenas se notaron los efectos del fuego. [...] Pero sea cualquiera el motivo y punto inicial del fuego, es lo cierto que avanzó con pasmosa rapidez, favorecido por el fuerte viento que reinaba el triste día 6 de Marzo, y bien pronto las llamas se adueñaron de todo, devorando la madera como si fuera yesca, desquiciando y deshaciendo las graníticas piedras y los empizarrados, y retorciendo las veletas, tirantes y barrotes de rejas y balcones cual débiles alambres.

No bastaron para atajar su devastadora acción los grandes y hasta temerarios esfuerzos hechos en primer término por los Jefes, Oficiales y Cadetes, que veían con profundo dolor é impotente rabia desaparecer el suntuoso Alcázar que los albergara. En la ímproba tarea fueron ayudados—es un deber consignarlo—por las autoridades militares, civiles y hasta eclesiásticas, tropa, empleados, obreros, artistas y vecinos todos de Segovia, que llenaban los alrededores del Alcázar, la plazuela y los patios, con el ansia de contener la ruina de aquella preciada joya de tan gloriosa ejecutoria.
Todo fué en vano; rendidos de la desigual lucha con el destructor elemento, agotados todos los medios con que se contaba para contrarrestarle y corridos no pocos peligros, se hubo de abandonar el edificio á la triste suerte de que desapareciera en pocas horas lo principal de sus muros interiores, arrastrando entre sus escombros los maravillosos artesonados y las múltiples bellezas artísticas, atesoradas por la realeza, el genio, la fastuosidad y el celo en tantos siglos de labor incesante.

Debió empezar el fuego por la mañana, y cuando se notó y comenzaron los primeros trabajos, ya había tomado algún incremento, que aumentó rápidamente, pues dice un testigo presencial, D. José Losáñez, que «á las once de la mañana se levantó un viento Sur de los más fuertes y violentos que en Segovia suelen reinar, y esto precipitó el desarrollo del voraz elemento».

A medio día ya eran grandes sus terribles efectos, sobre todo en los departamentos del Norte, precisamente los que más riquezas ostentaban, y los del Oeste. A la una de la tarde, cuando dieron las campanas de la Catedral y parroquias la señal de rebato, ya el fuego dominaba toda la parte superior y envolvía en llamas todos los empizarrados.
En vista de su intensidad, y para allegar más medios de combatirle, se dio orden de quitar el agua á todas las fuentes de la ciudad, para que reunida llegara con fuerza al lugar de la catástrofe.

Funcionaron cuantas bombas existían en la población; se intentaron cortes en el edificio para aislar el fuego, pero en cuanto se comenzaba una maniobra para salvar una parte, las llamas y la densidad del humo hacían abandonarla á los que la ejecutaban, asfixiados, chamuscada ropa y cabellos y con grave peligro de su vida, viendo con rabia y pena correrse el fuego desde el Salón del Trono, por las bellas salas de Galera, Pinas, Reyes, Cordón y Capilla, habitaciones de los Cadetes, armerías, sótanos, murallas de Norte á Sur, envolviendo los cuatro lados sin dejar intacta, sobre tanta ruina, más que la Torre de Juan II, aunque resentida, la del Homenaje, y una torrecilla de la izquierda de su fachada. Desapareció toda la techumbre y las afiladas cúpulas y chapiteles de sus cubos y de sus torrecillas, quedando desmochadas con parecido aspecto al que tuvieron en sus primitivos tiempos. [...] Un sentimiento general de inmenso dolor produjo en toda España este desastre, y aún más se condolió el Cuerpo de Artillería, tan encariñado con el Alcázar, que miraba como casa solariega, por cuya conservación había velado con interés vivísimo, sin que le fuera dado evitar el desgraciado accidente, que convirtió aquella hermosa mansión real en lugar de desoladoras ruinas.
Sufrieron las artes, la historia y la arqueología un rudo golpe con la pérdida de uno de los más clásicos é interesantes monumentos militares de España, soberbia joya arquitectónica, símbolo de grandiosos recuerdos y teatro de gestas memorables."

Finalizamos con un grabado que muestra el alcázar antes del incendio. Le sigue un vídeo del simulacro organizado por el Patronato del Alcázar de Segovia y el Cuerpo de Bomberos de aquella ciudad.

 






© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-004 MADGALDOS
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