domingo, 11 de enero de 2015

Coplas del domingo: "La noche antes"

El domingo 10 de enero de 1915, Antonio Casero publica su tradicional copla en el Heraldo de Madrid. Intercalada entre las últimas noticias sobre la trágica Primera Guerra Mundial; la toma de nuevas posiciones en Marruecos; los conflictos municipales en Oviedo, y la drástica situación de los astilleros del Ferrol -entre otras calamidades-, se vislumbra la columna que contiene las "Coplas del domingo".
Casero compone para la ocasión una tierna escena de unos padres que hablan con su hija horas antes de que ésta contraiga matrimonio. Maravillosa exaltación del amor de los padres hacia sus hijos, cargada de humor y algo de ironía. 


Coplas del domingo, por Antonio Casero

LA NOCHE ANTES
—Gueno, hija mía, ya sabes
que, si Dios quiere, mañana
contraes nupcias con el hijo
de la seña Nicolasa,
y que aquí ties a tu padre
y a tu madre que te hablan
y t'aconsejan p'al caso
lo que p'al caso hace falta,
que el asunto no es un kilo
de yemas de Santa Clara;
es pa tomarlo con cierta
seriedaz y a cucharadas.
—Y además, y habla tu padre
cortándole la palabra
a tu madre, ties la suerte
de que el muchacho es mojama
y es de lo más decentito
del barrio, y sería lástima
que tu le dieses p'al pelo
y que él te diera pa lana;
porque, aunque es algo chufillas,
y aunque es un poco tartaja,
tie madera pa que talles
un buen marido.
—Y te traiga,
y hablo yo, como a una reina.
—Y escucha bien la soflama:
aunque diga que es de noche,
siendo de día, te callas.
Güeno, de cierta manera
que tú quedes bien, mi alma.
—Llevaros como ésta y yo,
que somos un par de hermanas
de la Caridaz, y en todo
estamos d'acuerdo. Paca,
¿no es verdaz lo que yo digo?
—Eso es lo c'hacía falta,
que estuvieran tan d'acuerdo
como tú y yo.
—Si se enfada
deja que pase la nube,
y cuando venga la calma
le dices cuatro cositas
bien dichas, pero con gracia,
que, al fin, el hombre es el hombre
y es el amo.
—Y ésta el ama;
di que no; tú no t'achiques.
—Di que sí; tú óyele y calla.
—¡Pero, defiéndete, hija!
—¡Has lo que tu padre manda!
—¡Tu padre no está en sus trece!
—¡Tu madre está alienadal
—¡El loco lo serás tú!
—iQue te zumbo!
—¡Pepe!...
—¡Paca!…
—¡Vamos, padre! ¡Cuidao, madre!
—¡Es una loba esta dama!
—¡Eres tú, que eres un tigri!
—Pero, por Dios, tengan calma.
—Es que me pone frenético.
—Es que ofende cuando habla.
—Güeno; chitito, y sigamos
con la historia de mañana.
—Te decía, como padre,
que tu misión en la casa
es sufrir a tu marido,
y ser güena y ser honrada,
como lo ha sido tu madre,
eso sí que es cierto.
—Gracias!
también tu padre conmigo,
y la verdaz es sagrada,
fué un modelo de cabezas
de familia; yo me daba
con un canto en las narices
si ese tuviera la pasta de tu padre.
—Y tú salieras a tu madre.
—Y te llevaras
con él siempre tan d'acuerdo
como nosotros, palabra.
—Oye, y esto es importante:
Si alguna noche te falta
a la lista, y aparece
al clarear la mañana,
tú no le digas ni pío;
haste la dormida y calla.
—Por eso sí que no paso;
si viene tarde le arañas.
—Cuidao con amenazarle.
—Tú no t'achiques y agarra.
—¡Ten prudencia!
—¡Ten narices!
—¡Ten razones!
—¡Y una vara!
—Mira que te doy p'al pelo,
por arpía.
—¡Pepe!...
—¡Paca!...
—Pos señor, si que caminan
ustés de acuerdo. ¡Tie gracia!
—Ties razón hija, no vamos
d'acuerdo; pero, caramba,
habrá pocos que se quieran
como este y yo ¡Pepe!...
—¡Paca!...
¡Se llevan a la pitusa
de nuestro lao!
—¡Sí, mañana!
—¡Mi tesoro!
—¡Mi cariño!
—¡Esto es un valle de lágrimas!
—Cuando tengas una hija
verás canelita en rama;
verás cómo, aunque se riñe,
es el lazo que nos ata.
—Y te pasarás las horas
en quererla y en mimarla;
que en eso sí que caminan
los padres d'acuerdo, chata.
—Y cuando venga un mocito
y diga: «Quiero casaca»,
y se la des, y se quede
sin alegría tu casa,
entonces sí que sabrás,
mi vida, lo que son lágrimas.
ANTONIO CASERO.

© 2015 Eduardo Valero García (GARCIVAL) - HUM 015-002 ILUST



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