domingo, 14 de diciembre de 2014

Galdós en el Siglo XIX. Capítulo IV (1863) Parte 1

Benito Pérez Galdós lleva tres meses en Madrid cuando nace el año de 1863. Si en los capítulos anteriores las historias urbanas eran ajenas al joven estudiante, a partir de este cuarto capítulo y siguientes será testigo y espectador de todo cuanto acontezca.

Aquel año de 1863 comienza la decadencia del reinado de Isabel II con la caída de O'Donnell, el 2 de marzo, y la sexta etapa de gobierno del Partido Moderado con Manuel Prado y Fernández de Pineda, marqués de Miraflores, a la cabeza. La descomposición del sistema político y la deslegitimación de la Corona ya son un hecho que, sumado a la crisis económica del 64, favorecerá el destronamiento de la reina "de los tristes destinos".

Galdós ya está casi integrado en la metrópoli y absorbe la idiosincrasia y costumbres de la Villa y Corte, poniendo interés en las clases sociales y repasando los acontecimientos históricos en sus constantes paseos por las calles madrileñas.
"Escapándome de las Cátedras ganduleaba por calles, plazas y callejuelas gozando en observar la vida bulliciosa de esta ingente y abigarrada capital.
Mi vocación literaria se iniciaba con el prurito dramático, y si mis días se me iban en flanear por las calles, invertía parte de las noches en emborronar dramas y comedias. Frecuentaba el Teatro Real y un café de la Puerta del Sol, donde se reunía buen golpe de mis paisanos." [Memorias de un desmemoriado I, por B. P. G. La Esfera, 1915]

En el capítulo anterior conocimos la primera casa donde se hospedó, que estaba ubicada muy cerca de la Puerta del Sol, Plaza Mayor y Teatro Real. Un poco más allá de la Puerta del Sol, deambulando por cafés, calles y plazuelas, quizá Galdós se acercase a visitar la librería La Publicidad, donde se hacía suscripción, entre otras publicaciones, al mítico periódico dominical de literatura y arte "El Padre Cobos". Allí el joven estudiante podía nutrirse de libros de jurisprudencia, otras materias y literatura general.
La librería se encontraba en el Pasaje de Matheu, entre las calles de Espoz y Mina y de la Victoria, donde se alzaba una afrancesada galería comercial en decadencia, llamada en su tiempo "Villa de Madrid".
La introducción al capítulo IV de Galdós en el Siglo XIX habla del Pasaje de Matheu y su acristalada cubierta.





Galdós en el Siglo XIX
ÍNDICE: Capítulo I (1860) - Capítulo II (1861) - Capítulo III (1862) - Capítulo IV (1863) Parte 1 -

Capítulo IV
1863

CONTENIDO:
Introducción al Capítulo IV: 
- Adiós a la cubierta del Pasaje de Matheu

1863 - Madrid
- Almanaque literario 1863
- Los miserables en fascículos

Enero
- Emisión de billetes

Febrero
- Nacimiento de Joaquín Sorolla y Bastida
- Sobre Aureliano Beruete y Galdós 
- Sobre Doña Perfecta
- Galdós retratado por Sorolla

Mayo
- El 2 de Mayo en la noche del 3 de mayo

Junio
- Acrobacias en el estanque de El Retiro
- Las siete casillas de la Plaza Santa Ana

Agosto
- Nacimiento del conde de Romanones

Septiembre
- Paz y amistad entre España y Argentina

Octubre
- El globo de Madame Poitevin cae en Chamberí

Noviembre
- Santos, Difuntos y apertura de las Cortes
- Los embajadores annamitas en Madrid

Diciembre
- La Conquista de Madrid (Zarzuela)
- El Quijote por entregas

*******************

1863 - Galdós
Introducción
Breve reseña sobre el Ateneo de Madrid
  • Fundadores
  • Emplazamiento del Ateneo
Rutas por Madrid del joven Galdós


Introducción
Adiós a la cubierta del Pasaje de Matheu
Don José del Corral Raya nos cuenta en su libro "Sucedió en Madrid" (Pág. 119), que para el 7 de agosto de 1863 ya no quedaban restos de los cristales que cubrían la galería del pasaje Matheu.
El madrileño de hoy, y aquellas personas que visitan nuestra ciudad, han pasado alguna vez por este pasaje situado entre las calles de la Victoria y la de Espoz y Mina, muy cercano a la Puerta del Sol.
Conocido también como de la "Villa de Madrid", en su tiempo albergó la galería y bazar homónimos. Se trataba de un pasaje comercial cubierto, construido por el arquitecto Antonio Herrera de la Calle entre 1843 y 1847, por encargo del comerciante Manuel Matheu Rodríguez.

https://www.google.es/maps/place/Pje+Matheu,+28012+Madrid/@40.4161111,-3.7016744,18z/data=!4m2!3m1!1s0xd42288091e35045:0x7fe79b5e17e67710
VER UBICACIÓN

El Semanario pintoresco español de Mesonero Romanos, en su número del 14 de marzo de 1847, publica un artículo titulado "Madrid artístico. Galería cubierta y Bazar de la Villa de Madrid" que hace referencia al novísima pasaje comercial, del que decía no tener rival en la corte y nada que despreciar con los magníficos pasajes de París y Londres. Añadía además que todos los periódicos habían dado cuenta de la inauguración, alabando el lujo, calidad y amplitud de aquella galería.

El artículo describía de esta manera las instalaciones:
"Dá entrada á esta galería un sencillo arco de medio punto con dos nichos á los lados, coronando el todo una cornisa de buenas proporciones, sobre la cual y en la parte que cae sobre el medio punto, se eleva un pequeño sotabanco que sostiene un grupo de escultura perfectamente proporcionado. Las dos hojas de la puerta, como asimismo la reja fija en semicírculo, están trabajadas con estremada delicadeza y buen gusto. Penetrase por la referida puerta en un vestíbulo de mediana estension embaldosado con mármol y decorado con pilastras corintias con pedestal. A la altura de la imposta del orden, corre una faja de delicados bajos relieves y la cornisa se halla sustituida por varias molduras de escelente gusto y precioso tallado que sostienen el techo festoneado con una orla de hojas de relieve y en cuyo centro campea un hermoso rosetón; en los macizos de los dos lados de la puerta, hay asimismo otros dos rosetones, igualmente prolijos y hermosos. [...] Dos grandes ventanas laterales, cubiertas con inmensos cristales, dejan percibir á derecha é izquierda, lujosos almacenes, al frente otra ventana cerrada igualmente con otro cristal de iguales dimensiones, permite ver la galería en toda su ostensión , y dos puertas situadas á entrambos lados de ella, dan finalmente paso á la galería.
Consiste esta en una calle de treinta pies próximamente de ancho, cubierta con una bóveda rebajada, de cristales. Los dos lienzos de esta galería se hallan repartidos en piso bajo y entresuelo, con balcones este último al pasaje, y en los dos estremos que corresponden á los vestíbulos arriba mencionados, hay sobre estos dos espaciosas tribunas, por las que se comunican los entresuelos de ambos lados. En toda la estension del piso bajo, al que se entra por varias puertas, al nivel del piso de la galería, hay un solo mostrador que alcanza de un estremo á otro, y que se halla interrumpido en su medio por una escalera que hay en cada lado para subir al entresuelo."
Sin duda tuvo que ser un precioso pasaje, decorado según los cánones de la época y al más fino estilo afrancesado. La imponente cubierta de cristal queda retratada en el grabado que ilustraba el artículo del semanario.


La suntuosa techumbre del pasaje se fue deteriorando poco a poco, a tal extremo que las goteras por filtraciones y falta de reposición de los cristales rotos, deslucieron en gran manera el magnífico aspecto que tuvo en sus comienzos. Esa falta de interés por mantener la cubierta venía dada por la liquidación de la sociedad "Villa de Madrid" en 1854.

El joven Galdós si acaso tuvo tiempo de ver la ya cochambrosa cubierta, y la finalización de los trabajos de desmonte cuando, en su afán de lectura, seguramente se acercó a visitar la librería clásica de Justo Serrano, llamada de La Publicidad.



Una noticia del diario La Época de 28 de noviembre de 1862, nos dice que en el mes de diciembre comenzaron los trabajos de destechado e instalación de una reja para mantenerlo cerrado por la noche.



Don Ángel Fernández de los Ríos recordaba en su Guía de Madrid, de 1876, los pasadizos y pasajes nuevos, los desaparecidos y los caídos en desgracia. Decía del de Matheu:
"Ninguna utilidad tenía el pasaje ya derribado, de San Felipe, que, paralelo y a pocos metros de una calle, conducia de una rinconada a otra; tampoco  le ofrecen los dos que quedan conocidos por los apellidos de sus propietarios: el de Murga [...] ni el de Matheu, paralelo también a una calle tan principal, que sólo por capricho puede decidirse nadie a preferir el Pasaje: ambos han perdido ese carácter desde que, sobre no servir de paso, han quedado expuestos a la intemperie."
El pasaje que cita como "el de Murga" aún existe, se encuentra en la calle de la Montera, número 33, con salida a la de Tres Cruces, número 4. Lleva por nombre el de "Pasage de Comercio" y fue construido en 1845 por el arquitecto Juan Esteban Puerta, atendiendo al encargo del financiero Mateo Murga; de ahí que se le conozca también por pasaje de Murga.
Galdós lo conoció con un aspecto muy diferente al que hoy presenta cuando paseaba por la calle de la Montera para asistir al viejo Ateneo.




1863 - Madrid 
Almanaque literario 1863
El Museo Universal del 30 de noviembre de 1862 publica su almanaque literario "para todo el año 1863." Se vendía por 4 reales, y los suscriptores lo recibían tan pronto se hiciese efectivo el importe en libranzas o sellos de correos.



Para poder visualizarlo con más nitidez, los lectores pueden descargar el pdf del almanaque a través de este enlace. El documento, como gran parte de los grabados y fotografías reproducidos en Historia Urbana de Madrid, tiene Copyright de la Biblioteca Nacional de España.


Los miserables en fascículos
En el capítulo anterior, correspondiente al año 1862, recordamos que el 3 de abril se publicaba de forma simultánea en ciudades europeas y americanas la obra "Los Miserables", de Víctor Hugo.
El 25 de enero de 1863, El Museo Universal anunciaba que su editorial había comenzado a publicar la citada obra en fascículos, incluyendo preciosas láminas con grabados encargados a artistas parisinos. Se trataba de la versión española, a cargo de D. Nemesio Fernández Cuesta, única y primera edición ilustrada para publicarse en España y provincias de ultramar.
A diferencia de las ediciones extranjeras, compuestas cada parte de dos tomos y dando un total de diez tomos, la publicada por El Museo Universal comprendía cinco únicos tomos.
Se repartía por entregas de dos pliegos de ocho páginas cada uno, y por cada tres entregas una lámina, al precio de "diez cuartos". Se hacían dos o tres entregas semanales.
Para el mes de marzo se había completado la entrega de fascículos correspondientes al primer tomo, que comprendía dos de la edición francesa.



En el anuncio aparecen dos grabados de los muchos que se publicaron en la obra. A continuación, otra muestra de dichos grabados, aparecidos en El Museo Universal de 15 y 29 de marzo respectivamente.




Esta publicación en cinco tomos se sumaba a la serie 'Biblioteca ilustrada', colección de libros baratos de mediana calidad, con ilustraciones, editados por la imprenta y librería Gaspar y Roig.
Muy conocida por quienes estudiamos el Madrid de otros tiempos, la empresa editó una gran parte de los libros hoy consultados. Así, en 1851 editará las Escenas matritenses, por El Curioso Parlante, de Mesonero Romanos.
En 1846 habían editado una de sus joyas, la edición de lujo de Nuestra Señora de París, de Víctor Hugo.
La empresa Gaspar y Roig tenía su casa editorial en la calle del Príncipe, número 4; y despacho en la calle de la Cabeza, número 32.

Publicidad aparecida en EL HERALDO el 17 de abril de 1852.

Otra imprenta dedicada a la publicación de libros de la serie 'Biblioteca ilustrada' era la de Mellado, de inferior calidad, más tosca, con textos en dos columnas, tipografía pequeña, y sin ilustraciones.

Volviendo a la empresa Gaspar y Roig, recordamos que en este año de 1863 fallecía uno de sus responsables, el señor José Roig y Oliveras. El Museo Universal de 19 de abril daba cuenta de la triste pérdida.



Enero
Emisión de billetes
El Banco de España emite un aviso, fechado el día 10 de enero de 1863, dando cuenta de la habilitación para la circulación de una nueva serie de billetes de Doscientos reales. Como indica el anuncio, la serie había sido retirada de circulación por existir falsificaciones.
El 1 de mayo de 1856, con la intención de evitar falsificaciones, se emite el primer billete español cuya impresión se hacía a varias tintas y en Londres.
¡Nada nuevo brilla bajo el sol!

Diario Oficial de Avisos de Madrid, 12 de enero de 1863

Cortesía de coleccionescaballero.com

En el mes de febrero, y con la firma de los citados en el anuncio, se emite una nueva serie de billetes de 4.000 reales.

Diario Oficial de Avisos de Madrid, 4 de febrero de 1863

Cortesía de Coleccionescaballero.com


Febrero
Nacimiento de Joaquín Sorolla y Bastida
El 27 de febrero de 1863 nace en Valencia Joaquín Sorolla y Bastida, una de las grandes figuras de la pintura española.


El pintor y su esposa se instalarán en Madrid en 1889. Entre 1910 y 1911 en la calle General Martínez Campos se construye la casa que habitará hasta su muerte (1923) y que hoy es Museo Sorolla. Será vecino de otro gran maestro de la pintura, D. Aureliano Beruete y Moret, con quien mantendrá una estrecha relación de amistad.

Sobre Aureliano Beruete y Galdós
Entre 1895 y 1896, Aureliano Beruete realiza una pequeña acuarela titulada "Vista de Orbajosa" para su amigo Benito Pérez Gáldos, inspirada en su novela Doña Perfecta. No queda claro, por falta de información, si la acuarela es un encargo de Galdós a Beruete o un obsequio del pintor con motivo del estreno de la obra.



Sobre Doña Perfecta
Escrita por Galdós en 1876, Doña Perfecta se publicada en cinco entregas en La Revista de España de marzo a mayo de aquel año. Tal fue la aceptación, que en mayo se editó en libro y en junio ya se había agotado la primera edición. En 1895 Galdós la adaptará para el teatro y será estrenada el 28 de enero de 1896.





Galdós retratado por Sorolla
En 1894 Joaquín Sorolla retrata a Benito Pérez Galdós; el escritor tenía entonces 51 años. Será uno de los retratos más conocidos de Galdós y famoso por su reproducción en los billetes de mil pesetas.
Fue uno de los primeros homenajes pictóricos a los regeneracionistas españoles.



Mayo
El 2 de Mayo en la noche del 3 de mayo
A diferencia de años anteriores, no hubo celebración cívica del 2 de Mayo. Si bien fue solemne el acto religioso en el templo de San Isidro, no salió desde allí la tradicional procesión hasta el monumento del Prado.
Fue monumental el revuelo montado el día 4 en el Congreso, Senado y Ayuntamiento, ante las críticas y protestas de muchos personajes de la política que lo consideraban un desagravio a la memoria de las víctimas.
El Gobierno y las Cámaras pasaron la pelota al Ayuntamiento, alegando que ellos habían recibido las esquelas de invitación para los actos religiosos, pero que no tenían parte en el programa de festejos ni en su ejecución.
Así relató el diputado Calvo Asensio las explicaciones recibidas por el Ayuntamiento:
"He querido después enterarme de lo sucedido, y he sabido que, amenazando lluvia , el capitán general preguntó al corregidor si formaba la tropa. El corregidor consultó a los concejales y se vieron los precedentes.
Se vió el precedente de 1855, y se observó que el Ayuntamiento en 1855 había acordado que no saliese la procesión, no porque lloviese, sino porque amenazaba llover. Con este precedente autorizado, el Ayuntamiento acordó que no hubiese el sábado procesión."
Mismas explicaciones dieron el capitán general de Madrid, don Enrique O'Donnell y el ministro de la Guerra, don José de la Concha.

Lo cierto es que, con lluvia o sin ella, el pueblo madrileño acudió al Prado la noche del día 3 para rendir homenaje a los héroes de Mayo. Hubo música y luminarias, y se echaron coronas de flores al interior de la verja que encierra el monumento. Todo aquello quedó retratado en el grabado publicado por El Museo Universal de 10 de mayo.




Junio
Acrobacias en el estanque de El Retiro
En el idílico estanque de El Retiro por donde navegaban en falúa sus graciosas majestades, el intrépido acróbata Charles Blondin realizó una representación con asistencia multitudinaria de público. Blondin, que en 1860 había atravesado en varias ocasiones las cataratas del Niágara caminando sobre una cuerda y haciendo innumerables cabriolas, repetía su hazaña en el estanque del madrileño parque con menos riesgos y mismos vítores.


La más esperada de sus acrobacias era la de caminar sobre la cuerda con unos finísimos zancos. El público madrileño pudo contemplarlas con más horror que entusiasmo, ya que según se dijo en las crónicas "El espectáculo terminó con el ejercicio de los zancos, ejercicio inconcebible, que crispa los nervios, que causa fiebre, que una vez visto no quedan ganas de volver a ver más; tanto es lo que impresiona."

La Biblioteca Digital Hispánica, de la BNE, atesora un dibujo de autor anónimo que inmortalizó aquel evento. (Signatura INVENT/70854 - Exposición del antiguo Madrid: catálogo general ilustrado, 1926. Madrid hasta 1875. 1980. No consta en el Catálogo del Museo Municipal)




Las siete casillas de la Plaza Santa Ana
Aquel mes de junio, hacia el día 17, desaparecían del paisaje urbano madrileño las siete casas de la plaza Santa Ana. La fila de edificios tenían fachada frente a la calle del Príncipe y lindaban con las tapias del convento de Santa Ana, de las religiosas carmelitas descalzas.
Cuando el "rey Plazuelas" (José I Bonaparte) derribó aquel y otros conventos para dar paso a aireadas plazas y plazuelas, no tocó las siete casas, quedando así el Teatro del Príncipe (Teatro Español) separado de la plaza.

En el plano de Texeira de 1656 ya aparecen las popularmente denominadas "casillas".
En el geométrico de Tomás López, de 1785, se signan estas construcciones con el número de manzana 215, lindando con el convento y frente a la calle del Príncipe y teatro homónimo (Manzana 216).



En el plano de Ibáñez de Ibero, de 1879, el entorno y la plaza -llamada entonces "del Príncipe Alfonso"-, muestran la configuración que hoy conocemos.




Julio
Proyecto del Barrio de Salamanca
El 5 de julio don José de Salamanca y Mayol, más conocido como el marqués de Salamanca, presenta a Isabel II los planos del proyecto para la construcción del postinero barrio de Salamanca.
El diseño de la nueva barriada estaba pensado como un conjunto de unas 44 manzanas con una calle de primer orden, dos calles de segundo orden y seis calles transversales. Daría cabida a 8 casas por manzana, con un total de 350 edificios.
Lo novedoso era la integración de patios comunes en cada manzana y tres pisos de altura para las casas. Sobre los patios nos habla nuestra colega Mercedes Gómez en "Patios de manzana en el Barrio de Salamanca", de su blog Arte en Madrid.


Agosto
Nacimiento del conde de Romanones
El 9 de agosto nace en Madrid Álvaro de Figueroa Torres, I conde de Romanones.
Comenzó su actividad política como diputado por Guadalajara, apoyado por su suegro, don Manuel Alonso Martínez, en los tiempos de la Regencia de María Cristina de Habsburgo.
Era uno de los Liberales de Sagasta y Canalejas, y fundador del Diario Universal.
Fue presidente del Senado, presidente del Congreso de los Diputados, ministro en varias ocasiones y tres veces presidente del Consejo de Ministros durante el reinado de Alfonso XIII.



Septiembre
Paz y amistad entre España y Argentina
El 21 de septiembre se firma en Madrid el Tratado de Paz y Amistad entre España y la Confederación Argentina. Con este acto, la Corona española reconoce la independencia de Argentina, que había sido proclamada el 9 de julio de 1816.



Octubre
El globo de Madame Poitevin cae en Chamberí
El domingo 25 de octubre se verificó el ascenso en globo de Madame Poitevin en El Retiro. La maniobra se realizó con éxito, como en anteriores ocasiones, y el público aplaudió con gran entusiasmo. El descenso, sin embargo, fue menos afortunado; el globo cayó en Chamberí y algunos oportunistas se dispusieron a cortar con navaja la red que lo envolvía, pero la autoridad llegó a tiempo, desbarato el cometido de los cacos, y les hizo pedir disculpas a la voladora dama.


Madame Poitevin era famosa por sus vuelos en aerostato de gas, en los que solía montarse vestida de amazona con un cuadrúpedo bajo las piernas. Afortunadamente, en el accidentado vuelo viajaba sola.
De más está decir -porque la imagen lo dice todo-, que la Madame era ridiculizada por la prensa ilustrada de esta guisa:



Noviembre
Santos, Difuntos y apertura de las Cortes
Llegaron los Santos, a continuación los Difuntos, y luego la solemne apertura de las Cortes, seguida de la votación de la mesa del Congreso.
Para los Santos, castañas asadas, que era lo característico en Madrid para esa fecha. Los buñuelos de viento, sello especial para el día de Difuntos. Una formación de tropas en la Carrera de San Jerónimo, distintivo de una solemne apertura; y por último, agua y azucarillos para amenizar las reuniones parlamentarias de la mesa.

Don Nemesio Fernández Cuesta hacía una crónica de tan solemnes fechas en El Museo Universal del 8 de noviembre; retrato de las costumbres madrileñas del XIX:

"En la tarde del dia 1º de este dichoso mes, que comienza por los Santos y acaba por San Andrés, ha acudido a los cementerios una gran concurrencia tan numerosa como todos los años. [...] Asi es que la carrera desde la población a los cementerios se llena de puestos de castañas, de confituras, de panecillos, y los vendedores despachan tanto en estos días como en las fiestas de San Isidro y en las verbenas. Los que en la tarde del día de los Santos, sienten una verdadera afliccion por las perdidas que han esperimentado de objetos queridos, acuden con preferencia a los templos.
[...] La apertura de las Cortos se verificó el miércoles con el ceremonial de costumbre, previamente publicado en la Gaceta. La corte salió de palacio á las doce por entre dos filas de soldados, conducida en elegantes y lujosos coches de diversas formas y materias, tirados por briosos y bien adornados caballos. En el pórtico del Congreso esperaban á la comitiva las comisiones de este cuerpo y del Senado; y la reina leyó el discurso que llevaba preparado y que está sirviendo de comentario á los observadores de la prensa política, [...] El salón de sesiones del Congreso se ha adornado nuevamente con una magnífica araña traida del estranjero, que ha costado bastantes miles de duros y ha necesitado que se refuerce el techo para sostener su grave peso. Es cosa buena y de gran mérito artístico y lucirá cuando se pueda dar el gas necesario, lo cual parece que no es posible por ahora. También ha llegado ya, y está recibiendo el justo tributo de la admiración general, el cuadro del señor Gisbert *."

El jueves, después de reunida la mesa del Congreso, obtuvo la victoria el señor Antonio Ríos Rosas, candidato del Gobierno, contra el señor Mon, candidato de la oposición.

* El cuadro de Gisbert que comenta Fernández Cuesta, aparece en el Capítulo I (1860) de Madrid y Galdós en el Siglo XIX (mes de octubre). VER


Los embajadores annamitas en Madrid
A principios de noviembre llegó a Madrid una comitiva compuesta por catorce personas del imperio de Annam. Fueron hospedados en la misma casa donde residió Muley-El-Abbás, príncipe embajador moro, en octubre de 1861. Aquella casa, situada en la calle de Alcalá, había sido de inspección de milicias y aparece en algunas fotografías de época junto a la Cibeles.


El miércoles 18 de noviembre la comitiva annamita fue recibida por los reyes en el Salón de Embajadores. Para tan solemne ceremonia, la reina pidió que el artista señor Vallejo fuese el encargado de inmortalizar el acto. Vallejo eligió para realizar el grabado que vemos en la parte superior de estas líneas, uno de los grandes adelantos de las artes gráficas, la heliografía.
El corresponsal de El Museo Universal relata los detalles de aquel ceremonioso día:
"Los embajadores [...] salieron á las dos de la tarde en coches de palacio tirados por caballos ricamente enjaezados. Llevaban trages chinos, de seda, bordados con la riqueza y primor propios de la paciencia chinesca y de la Industria de aquel país, tal vez el mas industrioso y paciente de la tierra.
Iban delante cuatro batidores de caballería; á estos seguía un coche con los secretarios de la embajada, en pos de la cual iba el de dos embajadores. Detrás marchaban un coche de respeto y otro tirado por seis caballos con el embajador principal acompañado del introductor y del intérprete; y cerraba la marcha una escolta de caballería.
La reina esperaba a los embajadores sentada en el trono, teniendo a su lado a S. M. el rey, al príncipe de Asturias, a la infanta doña Isabel, al infante don Sebastián y su esposa la infanta doña Cristina y al infante don Francisco de Paula. Detrás del solio se encontraban los jefes de palacio, las damas de S. M. y los Grandes de España que pertenecen a la regia servidumbre. A la derecha del trono estaban los ministros de la corona.
S. M. la reina vestía un trage punzó con encajes blancos y ostentaba un aderezo de riquísimos brillantes. El rey y los infantes lucían uniformes de capitanes generales.
El introductor de embajadores anunció á estos en cuanto llegaron a la puerta de la cámara previa la vénia de S. M. Los embajadores llegaron hasta el pie del trono llevando en la mano una estampa o escrito y después de hacer tres profundas reverencias á SS. MM. y AA. El primer embajador pronunció su discurso acompasadamente, y con una entonación casi musical.
El presidente del Consejo de Ministros, señor marqués de Miraflores, leyó a S. M. el mismo discurso en castellano, y S. M. la reina contestó en breves y sentidas frases.
Acto continuo pasaron la real familia y los embajadores á la saleta que precede á la real cámara para ver los regalos de que han sido portadores los anamitas y que se habían espuesto previamente. Estos regalos consisten en alhajas y piedras preciosas."

Diciembre
La Conquista de Madrid
El 19 de diciembre se estrena en el Teatro de la Zarzuela "La Conquista de Madrid", zarzuela en tres actos y verso de Luis Mariano de Larra y Joaquín Gaztambide. La obra se desarrolla en el Madrid de 1083, situando las escenas de los actos primero y tercero en las inmediaciones del Alcázar de Madrid, y el segundo en el arrabal de los Mozárabes, llamado de San Ginés.
Don Antonio Ferrer del Río, censor de teatros, autorizaba la representación de la obra el 2 de diciembre de 1863.



El Quijote por entregas
Comenzó este año de 1863 con el lanzamiento de Los Miserables en fascículos, y acaba con una edición de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha en 25 entregas por el módico precio de 25 reales. Así lo anunciaba El Museo Universal del 27 de diciembre, advirtiendo que el número de páginas por entrega podía ser muy abultado al tratarse de la obra completa en tan pocas entregas: "...así es que habrá entregas de 32 páginas y más con láminas, y ninguna tendrá menos de 16."
Los grabados que ilustraban esta obra de Cervantes eran 300 y, además, se incluía un retrato del autor grabado en acero.
Lo notable de esta edición era la inclusión de notas históricas, críticas y gramaticales de la RAE firmadas por Pellicer, Arrieta, Clemencin, Hartzenbusch, Cuesta y Janer; y aumentada con El Buscapié de Adolfo de Castro.






1863 - Galdós
Introducción
Breve reseña sobre el Ateneo de Madrid
Cuando hablamos del primitivo Ateneo científico, literario y artístico, debemos recordar al ya citado marqués viudo de Pontejos, alcalde corregidor que era de Madrid en los tiempos en que fue refundada la institución. El Ateneo renació en la Junta Extraordinaria de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País celebrada el 31 de octubre de 1835 en los salones del Ayuntamiento. El marqués de Pontejos, que veía con buenos ojos la idea, habló en favor de ella con la reina María Cristina de Borbón, quien aprobó su establecimiento por Real Orden de 16 de noviembre de 1835.
"S.M. la Reina Gobernadora que tanto se complace en tender una mano benéfica a todos los proyectos de utilidad pública y persuadida de que ninguno pueda ser más de los que tienen por objeto difundir y generalizar la Ilustración en todas las clases del Estado, se ha dignado conceder la autorización que la Sociedad Económica de esta Corte ha pedido a nombre suyo y de otros amantes de las luces para establecer un Ateneo literario [...] S.M. se promete ver en el Ateneo uno de los primeros y más útiles establecimientos científicos de la Capital [...] y acelerar por medio de la publicitación de su reglamento las más benéficas y filantrópicas miras de S.M."
Cuando decimos "refundación" y "renacimiento", lo hacemos para no olvidar al primitivo Ateneo fundado el 1º de junio de 1820 como una "sociedad patriótica y literaria" en los inicios del regeneracionismo de España.
"Sin ilustración pública no hay verdadera libertad; de aquella dependen principalmente la consolidación y progresos del sistema constitucional y la fiel observancia de las nuevas instituciones."
Con esta premisa se propuso formar aquella sociedad, de la que Ángel Fernández de los Ríos nos dice:
"... varios ciudadanos se propusieron formar una sociedad patriótica y literaria, con el fin de comunicarse mutuamente sus ideas, consagrarse al estudio de las ciencias exactas, morales y políticas, y contribuir en cuanto estuviese a su alcance a propagar las luces entre sus conciudadanos." [Guía de Madrid, Manual del Madrileño y del Forastero. Pág. 542-543]
Aquellas luces fueron apagadas con la llegada de la Década Ominosa (1823-1833) y el final del Trienio Liberal (1820-1823). El Ateneo, que tanto había colaborado con el Gobierno en las consultas que este le encargaba, entre las que podemos destacar un proyecto de Código penal, se vio perseguido encarnizadamente.
Nos cuenta Fernández de los Ríos que el mobiliario y archivo lo recogió don Pablo Cabrero en su casa-palacio de la Platería Martínez, y allí estuvo hasta el año 1834.
Por su parte, autores como Madoz o Labra, tienen otra opinión. Al parecer, todos los documentos del Ateneo de 1820 (actas, reglamentos, memorias, etc.), después de ser prohibido por Fernando VII, fueron incautados y depositados en el archivo de Palacio. Pascual Madoz dice que aquellos papeles fueron quemados; sin embrago, Rafael M. de Labra asegura:
"Allí fueron á parar en cumplimiento de orden tan severa, y allí debieron extraviarse algunos papeles, pues que cuando en estos últimos años (en 1870), por el celo del entonces secretario del actual Ateneo de Madrid, D. José López Molinero, se sacó copia de los que existían en un volumen de Impresos varios, en la sala 9, estante A, plúteo 2. de la Biblioteca del Real Palacio, no se hallaron más que los Estatutos, dos Reglamentos y un acta del círculo fundado en 1820. (1)
(1) Las copias se hallan hoy en el archivo del Ateneo de Madrid, y merced á la amabilidad de los Sres. Moreno Nieto y Burgos, presidente y secretario respectivamente de aquella corporación, he podido consultarlos." [Revista Contemporánea. Año II-III Tomo VIII Volumen II 30 de marzo de 1877 Pág. 174-17]

Fundadores
Antonio Maestre y Alonso publica en 1891 el libro "Los Presidentes del Ateneo de Madrid (Bosquejos críticos)", en el que menciona a las notables figuras que lo gobernaron. Dice el Prólogo:
"Cuna y escuela el Ateneo de Madrid, de todas las grandes ideas, que han informado los legítimos progresos de la vida intelectual de la Nación española en el presente siglo; la acertada elección de sus presidentes ha contribuido eficazmente al buen cumplimiento de su misión. La honrosa historia, y no comunes merecimientos de los elegidos, fueron complemento de la autoridad ä que siempre supo hacerse acreedora la Sociedad que presidieran."
Si bien la lista de presidentes hasta el año 1891 comienza con el duque de Rivas -presidente que fue desde 1835 hasta 1837-, la encabeza D. Francisco Javier Castaños como presidente del primitivo Ateneo 1820.
"Unánime fué el respeto y simpatía que mereció de todos los que tuvieron la fortuna de tratarle: D. Francisco Javier Castaños, sencillo en las costumbres, ocurrente su conversación, ajeno ä las luchas de los partidos, las glorias de Bailén, unidas a su nombre lleváronle a la presidencia del Ateneo español, cuyos socios quisieron asociar á dicho cargo una gloria nacional."
Fernández de los Ríos cita en su Guía de Madrid a muchos de sus fundadores, entre ellos, "Pons, Heceta, Lagasca, Foronda, Calderón de la Barca, Castaños, Luzuriaga, Surrá, Palrarea, Flores Calderón, Lasagra, Onís, Palafox, Vallejo, Galiano, Ferráz, duque de Frias y hasta 92 nombres conocidos en las ciencias, las artes ó la política."


El 6 de diciembre de 1835, a iniciativa de Salustiano Olózaga y secundado por socios del primitivo de 1820, queda refundado el Ateneo de Madrid en los salones de la Casa de Abrantes.  Ángel Saavedra Ramírez (duque de Rivas), Donoso Cortés, Bretón de los Herreros, Vega, Caballero, Vázquez Queipo, Mesonero Romanos, Espronceda, Argüelles, Gil y Zárate, Martínez de la Rosa, entre otros, serán sus nuevos fundadores.


Emplazamientos del Ateneo
El actual Ateneo de Madrid, ubicado en la calle del Prado, número 21, tuvo antes otros domicilios.
En 1835 se reinstaló de forma provisional en los salones de la casa de Abrantes, situada en la calle del Prado con esquina a la de San Agustín, y de allí a un local del Convento de Santo Tomás (calle de Atocha).  Luego se trasladó nuevamente a la calle del Prado, número 27 para instalarse más tarde en el número 33 de la calle Carretas, y de allí a otro de la plazuela del Ángel, número 1.

Cuando Galdós llega a Madrid el Ateneo está instalado en la calle de la Montera, número 22 (antiguo 32); edificio que había sido Banco de San Carlos y posteriormente Español de San Fernando. En la actualidad nada queda de aquella casa, tan solo el recuerdo en la edificación colindante (gemela a la desaparecida), donde se ubica el hotel "Ateneo".

"Hacia el promedio de la bulliciosa calle de la Montera, inmortalizada por la galantería madrileña del siglo XVI y enriquecida por el comercio extranjero, que hizo de ella, ya va para trescientos años, su bazar predilecto; frente á la iglesia de San Luis, al alcance de los gritos y los olores de la remozada plazuela del Cármen, lunar y vergüenza de la corte, y en el centro de la manzana que flanquean dos de las calles más céntricas, ménos limpias y peor afamadas de la recoronada villa (las de la Aduana y de Jardines) alza sus tres pisos una de esas espaciosas casas que en Madrid el común de las gentes llama de grande y que á los ojos del curioso no ofrece otras particularidades que su ancho y, hondo portal, la larga línea de sus nueve amplios balcones de fachada y el número y variedad de las tiendas que pueblan la planta baja, donde el genio de las condescendencias y las pequeñeces humanas, parece desafiar bajo las formas de la revoltosa modista, el plácido hortera y el agridulce lotero, lo mismo al tembloroso y atribulado frecuentador de las cuarenta horas que al vibrante y centelleador espíritu á quien asedian las brujas de Macbeth y la sombra de Prometeo. [...] Pero lo que seguramente nadie sospecharla, ni por la apariencia, ni por el sitio, ni por la vecindad, ni áun por el aviso de algun mozo del año 3o, que recordará que allí habían existido las oficinas del Banco español de San Fernando; lo que de positivo nadie pensaria es que en aquel ancho, pero vulgarísimo edificio, alienta, vive y fulgura — ahí es nada! — Ateneo de Madrid!" [Revista Contemporánea. Año II-III Tomo VIII Volumen II 30 de marzo de 1877 Pág. 149-150]

En Madrid en la Mano o el Amigo del Forastero, del año 1850, Pedro Felipe Monlau nos cuenta:
"Ateneo científico, literario y artístico: calle de la Montera, núm. 32. Tuvo principio en abril de 1820. Cerrado en 1823, se propuso, y logró, la sociedad económica reorganizarlo en 1835. Está dividido actualmente en tres secciones: l .ª d e ciencias morales y políticas; 2.ª de ciencias naturales, físicas y matemáticas; 3.° de literatura y bellas artes. Consta de unos 700 socios; y para adquirir este titulo se pagan 320 rs. de entrada y una cuota mensual de 20. Tiene el Ateneo un gabinete de lectura surtidísimo, una biblioteca de mas de 10,000 volúmenes, una excelente coleccion de minerales, un gabinete de física y un escogido monetario. Sostiene además varias cátedras gratuitas muy concurridas, y desempeñadas por eminentes profesores que prestan gratuitamente tan apreciable servicio. El Ateneo acaba de reformar sus estatutos en 1.° de marzo de 1850."

Un recorrido por el interior
La revista de política, ciencias, artes y literatura "La Ilustración de Madrid", de 1871, nos muestra parte del interior del Ateneo de la calle Montera en una imagen y textos de Ahriman.
El grabado reproduce una esquina del salón llamado "de los viejos", del que dice Ahriman guiando a un alemán por el interior del edificio:
"Aquel gran salón que tenemos enfrente, elegantemente amueblado, con magnífica chimenea, propiedad exclusiva de cierto socio que se sienta á su lado cuando se enciende la primer astilla, y la abandona cuando se apaga el último carbón, adornado con retratos de individuos ilustres del Ateneo, como el elegante cuanto frio poeta Martínez de la Rosa, el heroico Castaños, el ingenioso Mesonero, el habilidoso Posada Herrera, el nobilísimo marino Méndez Nuñez y otros muchos y muy distinguidos varones, es lo que llamamos el salón de los viejos ó el Areópago. Reúnense aquí durante toda la noche y buena parte del día varios ancianos, últimos restos de aquella generación de principio del siglo, amamantada por Voltaire y Rousseau, nacida al estampido del cañón revolucionario, poseída del sentimiento más que de la idea de la libertad , del sentimiento más que de la idea del racionalismo. Hoy la mayor parte de ellos ha renegado de los ídolos de su juventud. Aquella libertad que amaron sin comprenderla les asusta , aquel frivolo racionalismo que tuvo por base, no una crítica severa, sino una carcajada irrespetuosa, no basta á su helado corazón, que vuelve por un instinto natural á la fé que abandonaron, como si la fé fuera prenda que una vez perdida se recobra fácilmente. Profundamente escépticos en el fondo, aunque creyentes en la apariencia (salvo honrosas excepciones), tienen para el racionalismo fruncido entrecejo, para la libertad fria mofa, para la juventud repulsión instintiva."



Decía Ahriman que las penurias económicas del fastuoso Ateneo le habían obligado a cambiar la iluminación de gas por la de petróleo. Que los libros se encerraban bajo llave y los periódicos con candados, porque la propiedad ajena no gozaba de seguridad "... en España, en materia de periódicos y libros, todos somos comunistas."
Señalaba las columnas de la sala de lectura y del salón de sesiones, donde sendos carteles prohibían que los socios fumasen y tuviesen en su poder más de dos periódicos a la vez. "Pues bien, si Vd. repara, cada socio tiene cuatro o cinco periódicos, y en el salón todo el mundo fuma."

Sigue contando Ahriman que había un largo pasillo y una antesala que daba paso a la biblioteca, que, según él, se asemejaba al salón de conferencias del Congreso.
"Centro de toda murmuración, teatro de toda acalorada disputa, aquí­ se comentan los debates, se hace la apoteosis a la caricatura de los oradores y se discuten con igual interés las cuestiones más altas como las más pequeñas; los problemas más arduos, como los chismecillos más insignificantes."
Guía a su acompañante alemán por la biblioteca y nos descubre el tipo de socios que acudían al Ateneo:
"En primer lugar verá Vd. la biblioteca, donde hay mucho que observar y muy bueno; y no es lo menos notable, por cierto, su ultra-montpensierista bibliotecario. Sus lectores se dividen en dos clases: constantes y transeúntes. Los primeros vienen todas las noches y leen con verdadero interés y con gran aprovechamiento; los segundos vienen de vez en cuando, piden algún tomo de Gacetas, algún libro con láminas o alguna de esas enciclopedias que sirven para ser eruditos a la violeta y hételes ya satisfechos y contentos."
Luego le enseñará los retratos de quienes fundaron la institución y, mediando las doce de la noche, cuando se retiraba el jefe del Areópago, los dos excursionistas pondrán fin a su visita.

Posteriores historias iremos conociendo del Ateneo y la estrecha relación que mantuvo Galdós. Solo añadiremos que el nuevo edificio de la calle del Prado, número 21, fue inaugurado en el año de 1884.
Para más información: ateneodemadrid.com


Rutas por Madrid del joven Galdós
"Galdós, en suma, es en sus obras completamente peninsular. La patria de este artista es Madrid; lo es por adopción, por tendencia de su carácter estético, y hasta me parece... por agradecimiento.
El es el primer novelista de verdad, entre los modernos, que ha sacado de la corte de España un venero de observación y de materia romancesca, en el sentido propiamente realista, como tantos otros lo han sacado de París, por ejemplo. Es el primero y hasta ahora el único. A Madrid debe Galdós sus mejores cuadros, y muchas de sus mejores escenas y aun muchos de sus mejores personajes. Si los novelistas se dividieran como los predios, se podría decir que era nuestro autor novelista urbano."
Leopoldo Alas (Clarín), 1912


Galdós frecuenta el Ateneo de la calle Montera; asiste a los cafés para empaparse de tertulias; a los teatros y bufos madrileños para alimentar su melomanía y en busca de entretenimiento. Nada escapa al curioso observador que se va enamorando de Madrid, porque Madrid lo enamora.

En aquel reducido poblacho que ostentaba el título de Capital del Reino todo se reducía a un abigarrado entramado de calles y pasajes con plazas y plazuelas. A tiro de piedra de la casa que el joven canario habitó en la calle de las Fuentes -citada en el capítulo III-, se encontraba la calle de Toledo. Esa calle fascina al joven Galdós, le lleva a rememorar algunos acontecimientos históricos; la estudia, contabiliza sus comercios y la graba en su memoria para retratarla años después:
"... calle sin igual por la gracia de los colorines que tremolan en ella de punta a punta, por los tenderetes donde se vende de cuanto Diós crió, por la algarabía de los pregoneros y la cháchara del gentío parlero. [...] Toda la calle es roja, no precisamente por el matadero ni por la sangre revolucionaria, sino por la pintura exterior de las 88 tabernas (las he contado) que existen desde la Plaza de la Cebada hasta la Puerta de Toledo.
Así recordaba el viejo Galdós un trocito del Madrid que le dio la bienvenida, y le sedujo hasta el enamoramiento, en el discurso leído en el Ateneo el 28 de marzo de 1915. Este discurso, que llevaba por título "MADRID", nos sirve de referencia para trazar una serie de rutas sobre sus "flaneos" por los madriles decimonónicos.

Entre 1865 y 1866, y más tarde en 1868, Galdós publicará una serie de artículos costumbristas en La Nación, ocupando los espacios de las columnas "Revista de la Semana" y "Revista de Madrid". En ellos quedará reflejado su amor por Madrid y su preocupación por el pueblo.
El 11 de mayo de 1865, en la columna "Revista de Madrid - Madrid, hoy", Galdós hace un diagnóstico del estado anímico de Madrid cuando aún resonaban los ecos de la trágica Noche de San Daniel (10 de abril de 1865):
"El Madrid que piensa en comer, dormir, charlar de política y murmurar del vecino, anda a salto de mata, como si le ojearan en son de caza; no se atreve a decir esta boca es mía, y se estremece de terror a la idea de que un pito imprudente turbe el reposo de su vida honrada y bonachona. El Madrid elegante, almibarado; el Madrid que se ocupa de exhibir corbatas, en ser escaparate vivo de las habilidades de Clemente y de Caracuel; aquel cuya vida está cifrada en la presunción, en la coquetería, que vive de tramar amores necios, de escribir billetes insulsos y dar citas a lo Don Juan, anda por la Castellana y el Retiro escamado, lleno de desconfianza [...] El Madrid aficionado a las artes, que ama el teatro como pasatiempo, que cree entender algo de música, porque ha concurrido durante tres años al regio coliseo, que frecuenta el circo del Príncipe y el teatro de Rossini, está también distraído de sus enajenaciones artísticas, y se empaqueta meditabundo en la butaca..."
Magistrales palabras que, por un lado describen la idiosincrasia del pueblo madrileño, y por otro el sentimiento de frustración ante la sumisión. Nada que el madrileño de hoy desconozca.

Tanto se aprenderá Galdós a Madrid, por curiosidad propia y más tarde por su amistad con Mesonero Romanos, que D. José María de Pereda dirá:
"Un día del verano del 71, esperaba yo en el vestíbulo de una fonda de esta ciudad á que bajara un amigo mío á quien había avisado que le esperaba allí. Maquinalmente me puse á leer la lista de huéspedes que tenía delante, y vi que uno de ellos era D. Benito P. Galdós. Con ánimo de visitarle pregunté por él inmediatamente á un camarero que pasaba. «Ahí le tiene usted», me respondió señalando á un joven vestido de luto que salía del comedor. Me hice cruces mentalmente, porque no podía imaginarme yo que tuviera menos de cuarenta años un hombre que se firmaba Pérez Galdós, y además Benito, y además hablaba de los tiempos de D. Ramón de la Cruz y de la Fontana de Oro como si los hubiera conocido."
Con estas palabras del novelista cántabro, autor de Peñas arriba, De tal palo tal astilla, Sotileza y La Puchera, finalizamos la primera parte de este cuarto capítulo de Galdós en el Siglo XIX.



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*
FIN DE LA
PRIMERA PARTE
DEL
CAPÍTULO IV





Bibliografía
Del Corral, José. Sucedió en Madrid. Hechos curiosos y raros de la historia de Madrid (2000) Madrid. Ediciones La Librería.

Alas, Leopoldo (Clarín). Obras Completas. Tomo I: Galdós (1912) Madrid. Renacimiento. Sociedad Anónima Editorial.

Sainz de Robles, Federico C. Un autor en un libro: Galdós. Estudio y antología (1968) Madrid. Compañía Bibliográfica Española.

Sainz de Robles, Federico C. Cielo y tierra de Madrid (Historias a escala reducida) (1969) Madrid. Artes gráficas municipales.

Sainz de Robles, Federico C. Benito Pérez Galdós. Recuerdos y Memorias (1975) Madrid. Ediciones Giner. Editorial TEBAS. 

Ortiz-Armengol, Pedro. Vida de Galdós (2000) Barcelo. Editorial Crítica. Edición de bolsillo.

Pla, Carlos; Benito, Pilar; Casado, Mercedes; Poyán, Juan Carlos. El Madrid de Galdós (1987) Madrid. Editorial Avapiés.

Huertas Vázquez, Eduardo. El Ateneo, hijo predilecto de la Económica Matritense. (2010) Madrid. Ilustración de Madrid - Núm. 15, pág. 53-56

Shoemaker, William H. Los artículos de Galdós en "La Nación": 1865-1866, 1868 (1972) Madrid. Editorial Insula.

· Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación
· En todas las citas se ha conservado la ortografía original

© 2014 Eduardo Valero García - HUM 014-018 MADGALDOS