viernes, 24 de diciembre de 2010

La cena de Nochebuena. Parte I

Navidad en Madrid


“Madrileños: entregaos con todo el desahogo de que es capaz vuestra proverbial pereza a saborear el nutritivo mazapán de la imperial Toledo, el turrón de Jijona, el pavo tradicional y las mil quinientas sabrosas confituras que por calles y plazas os ofrecen al pasar los iluminados escaparates de las tiendas.”

Así comenzamos, con esta arenga incluida en el artículo ‘La Navidad’, publicado en el periódico quincenal “La Guirnalda. Dedicado al bello sexo” del 20 de diciembre de 1876. Por desgracia desconocemos el nombre del autor, quien con gran maestría nos relata las costumbres gastronómicas del Madrid del siglo XIX y sus productos.

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Los manjares navideños en el Madrid de los siglos XIX y XX


Como ocurre en la actualidad, los españoles del siglo XIX olvidaban los asuntos serios para concentrarse en el placer de la gula.

“¡Quién no comía besugo el 24! ¡Quién no tiene pavo el 25! ¡Quién no se atraca de turrón el 26! ¡Quién no tiene una indigestión el 27!”, exclamaba un periodista de ‘Madrid Cómico’ del año 1883.

La Plaza Mayor era el gran mercado de la Navidad. Una multitud de tiendas de campaña adornadas con vistosas banderillas de colores ofrecían al público madrileño una gran variedad de productos.

Estaban el turrón guijarro, para potentes mandíbulas, el de Jijona, para los desdentados, y el de frutas, que era una especie de mazapán de dos colores (generalmente blanco y rojo) fabricado para todo tipo de dentaduras.

Formando preciosas y decoradas pirámides se colocaban las cajas de jaleas; un poco más allá montones de avellanas, nueces, castañas, dátiles, quesos variados y de todos los tamaños, grandes banastas llenas de naranjas, granadas, limones, uvas de Lanjarón, peras, riquísimos melones de Valencia, pasas de Málaga y aceitunas de Sevilla.


También se ubicaban en esta plaza los puestos de carne con el típico jamón de Trevélez, el pavo trufado, la cabeza de cerdo y el solomillo, todos ellos platos aristocráticos, que se alternan con las longanizas, las salchichas y los carneros, que eran los manjares de la gente de poco más o menos.


De la mar llegaban a Madrid el besugo, el atún de Laredo, el salmón, los percebes y las sardinas. Y por supuesto el consabido pavo, del que los había más gordos y más flacos, y también los capones y los faisanes.

“Pavo, besugo y turrón
que provocáis el deseo
y servís de regodeo
en la presente estación,
cuando se os ha reunido
en conjunto apetitoso,
no hay duda, el turrón sabroso
sabe hacerse el preferido.”

Añadimos un dato, los precios del año 1915 para algunos de los productos citados:

Pavo, 30 reales*
Dos libras de besugo, 8 reales
Cuatro cajas de jalea, 20 reales
Ocho naranjas, 3 reales
Cuatro cajas de turrón, 16 reales
Leche de almendras, 4 reales

* 4 reales equivalen a 1 peseta – 1 duro (5 pesetas) equivale a 20 reales de vellón.

Los nacimientos, flores, abetos y adornos varios se encontraban en la cercana Plaza de Santa Cruz. En la actualidad esto lo encontramos en la Plaza Mayor, mientras que los artículos de broma y otros objetos están en la de Santa Cruz.





Eduardo J. Valero García
Eduart Garcival

ENLACES
LA CENA DE NOCHEBUENA
Parte III: Turrones, mazapanes y vinos generosos

NAVIDAD EN MADRID
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