domingo, 6 de septiembre de 2015

Estampas. Madrid pueblo: Mozo de cuerda por la calle de Alcalá

A medida que el coche avanza por la calle de Alcalá arriba, el sol irradia más, é infunde mayor alborozo el bullicio dominguero, el gentío que hierve en las aceras, el rápido cruzar de los coches, la claridad del día y la templanza del aire.” EMILIA PARDO BAZAN [1]

La estampa de hoy va asociada al artículo "Mozo de cuerda o de cordel. Madrid, 1917", publicado en la sección “Fototeca” de Historia Urbana de Madrid el pasado 3 de septiembre. [VER ARTÍCULO]


Mozo de cuerda por la calle de Alcalá
El dibujante Raf retrata la calle de Alcalá en los vibrantes y locos años veinte. Exactamente en noviembre de 1922, que es cuando se publica la viñeta en el semanario satírico Buen Humor.

- ¿Conque no estás ya en casa de Ezquerdo?
- No; ahora trabajo de mozo de cordel. ¡Las vueltas que da el mundo!...
-¡Que lo digas!... Ya ves: antes andabas con locas, y ahora con cuerdas.

El diálogo que mantiene el mozo de cuerda con un pollo amigo tiene el tono de humor característico de la época. Hace referencia el pollo a la “casa de Ezquerdo”, posiblemente en alusión a haber servido el otro en casa¹ del insigne Dr. José María Esquerdo y Zaragoza, o trabajado en el Sanatorio Esquerdo de Carabanchel (fundado en 1877), popularmente llamado “Manicomio de Carabanchel”.

¹ La residencia de Esquerdo en Madrid estaba en la calle Serrano, número 29.

La estampa que dibuja Raf contiene varios elementos que atraen nuestra atención, porque, si bien la calle tiene un aspecto similar al hoy conocido, son evidentes algunos detalles que no queremos dejar pasar.


Circulación
Destaca la gran cantidad de tráfico rodado que circula por la ancha arteria, identificando tranvías, automóviles y coches de punto, a falta de carros y tartanas. En Madrid aún se circulaba por la izquierda y los peatones discurrían por la calzada sin orden ni concierto. El cambio del sentido de circulación a la derecha se producirá en 1924.

La peligrosa combinación de transeúntes y vehículos dieron como resultado -solo en 1922- más de doscientas noticias sobre accidentes. En el caso de los tranvías, además de los choques y atropellos, se sumaban las ocurridas en el interior del vehículo; fuesen estas por robos, hechos curiosos y anecdóticos, o peleas entre viajeros y personal del tranvía -o viceversa-, que en muchos casos acababa con alguno de ellos en comisaría. 

El siguiente video, editado para conmemorar el Centenario de Gran Vía, sirve de ejemplo para ilustrar el tema de la circulación en Madrid.




Tranvía
Las floridas palabras de la Pardo Bazán, que hacen de prólogo a este artículo, son contrapunto de la vertiginosa actividad de los tranvías y su público en los días laborables. Bien describe la situación Juan Brasa en una “casi fábula” que ilustra Robledano.

NUEVO MUNDO-Número Almanaque 1922. Año XXIX. Nº. 1459.

Ratifica esta crítica gráfica D. Luis de Tapia, cuando habla del día que el diablo estuvo en Madrid:

Algo mosca,
con la cara un poco fosca
y la nariz harto fría,
quiso tomar un tranvía...
¡No hubo forma!
¡No cabía
ni el diablo en la plataforma!
Además,
vio aterrado Satanás
que un pollito, entre empujones
(y achuchones
de parcheante indecencia),
le hacia la competencia
en cuestión de tentaciones.
¡Qué emociones!


Fisonomía de la calle
El horizonte que dibuja Raf difiere un poco de la actual fisonomía de la calle. Hoy es casi imposible divisar la cúpula de las Calatravas desde el punto de vista del dibujante.

El pequeño bulevar que separa ambos sentidos era en aquellos tiempos el lugar ocupado por las preciosas farolas y peligrosa catenaria del tranvía. La ubicación del mozo y acompañante es –aproximadamente-, la que vemos en la siguiente imagen.


© Google Maps
© 2015 Eduardo Valero García-HUM 015-014 ESTAMPAS MAD
© 2015 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

La fisonomía real de la calle de Alcalá de los años veinte la muestran dos preciosas tarjetas postales. La primera, de Hauser y Menet, nos presenta una perspectiva con lujo de detalles, destacando una de las farolas y catenaria. Es visible la circulación de los vehículos en sentido opuesto al actual.

"Calle de Alcalá y el Fénix Español"
HAUSER Y MENET (Tarjeta postal)
(entre 1920 y 1925)
© Museo de Historia - memoriademadrid
Nº de inventario: 1991/1/412
© 2015 Eduardo Valero García-HUM 015-014 ESTAMPAS MAD
© 2015 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

La segunda tarjeta postal, de Ernesto Ramos, corresponde a un punto de vista de Alcalá desde la calle Sevilla. Podemos apreciar la antigua configuración de los edificios, siendo el de la izquierda el que había ocupado el Café de Fornos (Alcalá esquina Virgen de los Peligros).

"Calle de Alcalá desde la calle de Sevilla"
Ernesto RAMOS (Tarjeta postal)
(entre 1920 y 1925)
© Museo de Historia - memoriademadrid
Nº de inventario: 1990/9/205
© 2015 Eduardo Valero García-HUM 015-014 ESTAMPAS MAD
© 2015 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

En la actualidad, rompe la estética de la antigua postal el moderno edificio de la Unión y el Fénix (hoy hotel Petit Palace Alcalá Torre); mastodóntico rascacielos medianero a las Calatravas desde 1931.

© Google Maps
© 2015 Eduardo Valero García-HUM 015-014 ESTAMPAS MAD
© 2015 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

Finalizamos la breve descripción de esta estampa del dibujante Raf, una más del Madrid pueblo, con un clásico del género chico. Diga usted si alguna vez no ha tarareado esta melodía al pasar por la emblemática calle.





Bibliografía
[1] PARDO BAZÁN, EMILIA. En tranvía : (cuentos dramáticos). (1899) Madrid [s.n.] Madrid Estab. Tip. de Idamor Moreno

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor. 
En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2015) "Mozo de cuerda por la calle de Alcalá", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.

© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-014 ESTAMPAS MAD
ISSN 2444-1325

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viernes, 4 de septiembre de 2015

Fototeca: El burro de la trapera. Madrid, hacia 1920

Este artículo se actualiza con fecha 5 de septiembre de 2021 para incluir datos de interés sobre el lugar donde Otto Wunderlich toma las fotografías.

El pasado 26 de agosto, en el grupo de Facebook Historias Matritenses, el señor Felix Calle publica las dos fotografías que aparecen en este artículo. No lo hace valiéndose de las aquí publicadas sino de las procedentes de la Fototeca de Patrimonio Histórico (Archivo WUNDERLICH); procedimiento correcto y poco frecuente debido a la denunciable costumbre de los “copiapeguistas”. 

Felix Calle lanza la siguiente pregunta: «¿Alguien puede identificar la ubicación?». Inmediatamente, varios miembros del grupo aportan localizaciones posibles; aunque no son las correctas, demuestran el interés por encontrar la solución. En sus aportaciones aparecen datos interesantes sobre otras zonas de Madrid. 

Miguel Chacón, otro miembro del grupo, razona detalles de las fotografías y, con un exquisito trabajo de investigación, aporta datos suficientes que ubican a la trapera y su burro en la calle Augusto Figueroa, 15 (actual 13), local de la Droguería Romero Girón. Estos datos son ratificados con aportaciones de Alejandro Amador Hernández

Según comentan los implicados en la búsqueda y otros miembros, se daba por hecho que la fotografía había sido tomada en una calle del Rastro, demostrando un error en la ubicación y denunciando que así se ha ido repitiendo sin molestarse en investigar; costumbre muy propia de los “copiapeguistas”. 

Todo ese trabajo de investigación pueden verlo a través del siguiente enlace: https://www.facebook.com/groups/312465008885513/posts/2412138092251517/ 

Mi enhorabuena a los citados. 

 

Más investigación. 
A partir de los datos aportados por Miguel Chacón y Alejandro Amador Hernández, he continuado la investigación para ofrecer más datos. La fotografía, que hasta ahora correspondía a una escena matritense, con su decorado de local comercial hoy descubierto como Droguería Romero Girón, me lleva a preparar un nuevo artículo que se publicará en breve y del que aquí quedará su enlace. 
 

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Fototeca: El burro de la trapera. Madrid, hacia 1920


"Al arrancar la cómoda berlina,
allí á dos pasos, en la misma calle,
vería don Fulano, si no fuese
por la escarcha que empaña los cristales,
que en mitad del arroyo una trapera,
tiritando de frío, muerta de hambre,
revuelve con su gancho la inmundicia
en busca de guiñapos miserables.
Lleva tras sí un chiquillo
más lacio, más hambriento que su madre,
que, hundiendo en el montón sus manecitas,
busca también... ¿Qué busca? ¡Ni lo sabe!
Débiles son los dos, flacos, entecos,
no tienen fuerzas ni vigor, ni sangre,
y husmean en la tierra ansiosamente
lo que no quiere nadie."
Sinesio Delgado, 1896


Se desvanece en el tiempo el caballero que camina por la acera. Una niña, asombrada, nos observa. Inmóvil queda una trapera capturada por la cámara de Otto Wunderlich, y congelada en su faena. Inmóvil su burro, con su carga eterna, su hambre y su paciencia.


"[Madrid. El Rastro]. El burro de la trapera (con ella)"
Autor de la fotografía: Wunderlich, Otto (1886-1975)
(entre 1920 y 1922)
© mecd-FPH- Archivo WUNDERLICH
Nº de inventario: W-01281
© 2015 Eduardo Valero García-HUM 015-010 FOTOTECA
© 2015 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

Es curiosa la fotografía, pues poco se veía a las traperas por el día. Tal parece que habían cambiado las costumbres en los madriles de los años veinte del siglo veinte.

Decía el romántico Mariano José de Larra en 1835:
Pero de entre todos los modos de vivir ¿qué me dice el lector de la trapera, que con un cesto en el brazo y un instrumento en la mano recorre a la madrugada, y aun más comúnmente de noche, las calles de la capital? Es preciso observarla atentamente. La trapera marcha sola y silenciosa; su paso es incierto como el vuelo de la mariposa; semejante también a la abeja, vuela de flor en flor (permítaseme llamar así á los portales de Madrid, siquiera por figura retórica, y en atención a que otros hacen peores figuras, que las debieran hacer mejores).

La trapera utilizaba, en aquellos tiempos decimonónicos, un gancho para atrapar despojos y echarlos en su cesto. Así lo hacía portal a portal como lo describe Fígaro, quien añade:

En una noche de luna el aspecto de la trapera es imponente: alargar el gancho, hacerlo guadaña, y al verla entrar y salir en los portales alternativamente, parece que viene á llamar á todas las puertas, precursora de la parca. Bajo este aspecto hace en las calles de Madrid los oficios mismos que la calavera en la celda del religioso; invita á la meditación, á la contemplación de la muerte, de que es viva imagen.

Triste y arriesgada labor para una mujer en las noches pendencieras de Madrid, más propensa a morir que a figurar la muerte.
No había edad para comenzar en el oficio, pues la retratada seguramente lo era desde la niñez y gracias al fotógrafo lo será por los siglos de los siglos.

De 1852 traemos la siguiente noticia, publicada en el periódico literario La Esperanza, para ilustrar un poco más el oficio de trapera:



Era muy frecuente en las columnas de la prensa que las traperas formasen parte de las crónicas diarias, principalmente en el siglo XIX. No siempre la noticia era como la aquí publicada, aunque sí hacían muchos hallazgos, y entre ellos algún bebé recién nacido. Pero abundaban las asesinadas; las atropelladas; las maltratadas; las cómplices de algún delincuente, y las deshonradas y engañadas.

Como en el caso de los mozos de cordel, la profesión de trapera (también hubo traperos, claro) va desapareciendo y del mismo modo las noticias sobre ellas. La más sonada del siglo XX fue el asesinato a palos de la trapera Macaria García Sobrerbiola, de cincuenta y siete años. El crimen fue cometido en el Puente de Vallecas el 5 de noviembre de 1934.


Se desvanece ahora la añeja trapera y su burro queda. Precioso asno que llega a nuestra literatura de la mano de Cervantes como “el Rucio”. Sin perder su condición de animal de carga -que lo era desde antiguo-, sube a lo más alto en las Reales Academias cargando en el lomo a Sancho y su panza.


"[Madrid. El Rastro]. El burro de la trapera"
Autor de la fotografía: Wunderlich, Otto (1886-1975)
(entre 1920 y 1922)
© mecd-FPH- Archivo WUNDERLICH
Nº de inventario: W-01282
© 2015 Eduardo Valero García-HUM 015-010 FOTOTECA
© 2015 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

¡Cuánto has trabajado! Penita da verte solo sobre la calle empedrada, junto a los sacos de vacíos tesoros que recogió tu ama y que serán su sustento en el Rastro, si se da bien la mañana.

Desde este siglo XXI te recordamos, y acariciando tu sacrificada testa susurramos:
Vive tranquilo, Platero. Yo te enterraré al pie del pino grande y redondo del huerto de la Piña, que a ti tanto te gusta. Estarás al lado de la vida alegre y serena. Los niños jugarán y coserán las niñas en sus sillitas bajas a tu lado. Sabrás los versos que la soledad me traiga. Oirás cantar a las muchachas cuando lavan en el naranjal y el ruido de la noria será gozo y frescura de tu paz eterna. Y, todo el año, los jilgueros, los chamarices y los verdones te pondrán, en la salud perenne de la copa, un breve techo de música entre tu sueño tranquilo y el infinito cielo de azul constante de Moguel.Juan Ramón Jiménez



Bibliografía

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor. 
En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2015) "Fototeca: El burro de la trapera. Madrid, hacia 1920", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.

© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-010 FOTOTECA
ISSN 2444-1325


jueves, 3 de septiembre de 2015

Fototeca: Mozo de cuerda o de cordel. Madrid, 1917

Sumamos a la Fototeca HUM la triste realidad de todos los tiempos, retratada en este caso por el fotógrafo Otto Wunderlich entre 1917 y 1919. Gran calidad de imagen donde hasta la amarga expresión es evidente.

"Mozo de Cuerda (Schlafend) [Sueño]"
(entre 1917 y 1919)
Autor de la fotografía: Wunderlich, Otto (1886-1975)
© mecd-FPH- Archivo WUNDERLICH
Nº de inventario: W-00349

© 2015 Eduardo Valero García-HUM 015-009 FOTOTECA
© 2015 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

Al hombro la cuerda que nivela el equilibrio de la melopea. Pitillo exiguo adosado al hombre derrotado, agotado de cargar el peso ajeno e infortunio propio.

Encerada de sol y de sudores la parpusa, accesorio indispensable en el conjunto de andrajos que conforman su uniforme. Mozo de cuerda o de cordel anónimo que desde la juventud del XIX va transitando polvos, barros y empedrados. Descansa los huesos sobre el estaño y redime trago a trago el pecado de gastar un jornal en morapio.

De una bodega sale venerando aún a Dioniso, y busca en el adoquinado el apoyo necesario para la casi imposible verticalidad. Sin alma va de tanto trajinar, y sin alma queda inmortalizado en el vidrio gelatinado del fotógrafo Otto Wunderlich.

Mozo de cuerda o de cordel, apostado en las esquinas y en las plazas y plazuelas a la espera del cliente necesitado; después, el ajuste de precio: fórmula magistral de cálculo del volumen de los bultos por el peso y distancia a recorrer.

En el compendio de historias Paseo por Madrid o Guía del Forastero en la Corte (1815), se dice que merecían la misma confianza que los criados “sin amo fijo” (lo que hoy conocemos como asistentas del hogar). Los describe como gente honrada y de la que se podía fiar.

La primera noticia conocida, donde se menciona la sacrificada profesión de mula humana –dignificada con el título de “mozo”-, aparece en el Diario Noticioso del martes 31 de octubre de 1758, al referirse a un hurto:
El día 24 de este faltó, en la casa del Excelentísimo Marqués de Villafranca, un Vestido de Corte, que se compone de basquiña […] con falda, jubón, y casaca, todo de crespón negro, aforrado en tafetán sencillo del mismo color; estas alhajas las traía a casa de dicho Excelentísimo Señor, desde el Retiro, un Mozo de cordel, y las entregó á una muger que estaba en la escalera junto a la Portería de las criadas; la muger se fue con todo, y hasta ahora no ha aparecido; se da este aviso al Público, para que la persona á quien llegaran á vender dichas alhajas, ó supiere algo de ellas, se sirva dar su aviso á la Portería de las criadas de casa de dicho Excelentísimo Señor, donde darán algún agradecimiento.

En los años 30 del siglo XX otros medios de tracción –como el Taxi-, relegarán al mozo de cuerda a mozo de estación.

Finalizamos...

"Observando en la Iglesia á un mozo de cordel, que por darse golpes de pecho, se los daba en la barriga, dijo á un amigo que le acompañaba.

Con extraña devoción
golpes se da en la barriga,
porque su gran aflicción
á hacer sin duda le obliga
de las tripas corazón." [1]



Bibliografía

[1] SALAS, FRANCISCO GREGORIO, firma como F. G. S. Epigramas. (1788) Diario de Madrid. Nº. 278, pp. 1005-1006

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.
En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2015) "Fototeca: Mozo de cuerda o de cordel. Madrid, 1917", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.

© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-009 FOTOTECA
ISSN 2444-1325

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Los primeros autoservicios. Madrid, 1957

Los recuerdos de papel de hoy nos transportan al Madrid de 1957 y la instauración de los autoservicios. La siguiente fotografía, más que elocuente y una poesía en sí misma, nos indica que hablamos –indirectamente-, de la decadencia del tradicional Ultramarinos.

"El fotógrafo Antonio José Biosca haciendo una foto en la calle San Nicolás."
1959
©AFCAM. Archivo Francisco Matellanas
© 2015 Eduardo Valero García-HUM 015-011 RECUPAPEL
© 2015 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

En octubre de aquel año comenzaban a funcionar en la Villa y Corte los dos primeros autoservicios de alimentación, modelo de los que hasta entonces veía el españolito en las películas de Hollywood.
El capital privado, con la asesoría de la Comisión Nacional de Productividad (Comisaría General de Abastecimientos y Transportes-TAC), daba el puntapié inicial a una historia de supermercados a través del plan “Operación supermercado”, promovido por el gobierno de Franco con el beneplácito de Estados Unidos (Plan Marshall). En esos primeros momentos, los autoservicios serían llamados “supermercados sociales”.

"Luz Marquez y Mari Tere del Río muestran a los lectores un sistema de compras que,
tras la experiencia internacional, ha llegado a Madrid"
Foto Basabe.
Revista Blanco y Negro, 1957
Archivo HUM
© 2015 Eduardo Valero García-HUM 015-011 RECUPAPEL
© 2015 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

El recorrido que ahora iniciamos por los primeros autoservicios se ilustra con fotografías realizadas por F. Basabe y T. Naranjo para un reportaje de la revista Blanco y Negro (Archivo HUM). Participaron en él las actrices cinematográficas Luz Marquez y Mari Tere del Río. Simpáticas escenas del primer autoservicio de Madrid, hoy mal comparado con las tiendas de alimentación de "los chinos".


Modelo comercial
Los establecimientos de este nuevo modelo comercial comprendían una superficie de entre 44 y 100 m² y una sola caja registradora. Su fin era la venta minorista de productos no perecederos. En esencia se trataba de un ultramarinos modernizado, a diferencia del supermercado o superservicio, que comprendía una superficie de entre 100 y 400 m², donde además de se vendían productos perecederos.

En los superservicios el cliente era atendido por personal cualificado (carniceros, polleros, pescaderos, charcuteros…) que despachaban pero no cobraban; el pago se efectuaba a la salida, en las cajas. Estos últimos establecimientos tuvieron mayor auge a partir de la década de 1960.

El profesor Dr. Pedro Cuesta Valiño confecciona una tabla con los tipos de establecimientos, desde el comercio tradicional hasta los hipermercados. Lo hace en su trabajo “Estrategia de crecimiento de las Empresas de distribución comercial de productos de gran consumo que operan en España":



Reducción de personal
Cuesta Valiño explica también cuáles eran las ventajas del autoservicio para el vendedor y el comprador:
Con la introducción del sistema de autoservicio, la función de prescriptor del comerciante desaparece, provocando esta eliminación del principal papel del comerciante la aparición de la palabra distribuidor, inventada por el francés Edouard Leclerc, que rebaja al comerciante al rango de repartidor (Miquel Peris et alia 1996, p. 31). Esta tecnología de venta presenta, tanto para el comprador como para el comerciante, una serie de ventajas (Casares et alia, 1987, p. 202): para el comprador, comodidad y servicio rápido (ahorrador tiempo), libertad de elección y movimientos en las decisiones de compra, comparar precios y marcas y posibilidad de conseguir precios más bajos (si se trasvasan a los mismos las economías de coste); y para el comerciante, racionaliza la exposición de productos fomentando la venta impulsiva a través de técnicas de merchandising, aumenta la productividad por persona empleada al ahorrar mano de obra, posibilidad de ofrecer una mayor gama de productos y de aumentar la productividad por metro cuadrado como consecuencia de sustituir espacio de almacén por espacio de venta.” [1] 

Como hemos comprobado en la cita, una de las ventajas era la disminución de personal. En este sentido, asombra la liviandad con que se publica en la prensa la asociación de la destrucción de empleo con la inauguración de los primeros autoservicios como avance en la industria alimentaria, (prototipo de lo que luego será SPAR, y símil del supermercado inglés y norteamericano).



Nada cruel resulta el titular si nos remontamos al comercio tradicional de finales del XIX y principios del XX, donde los derechos básicos de un trabajador eran limitados y las condiciones laborales penosas. Doña Pilar Toboso Sánchez, en su trabajo “Grandes Almacenes y Almacenes populares en España. Una visión histórica”, recuerda la situación laboral de los desdichados dependientes:
Era común que los dependientes durmieran en la propia tienda, sobre los mostradores o en habitáculos, sin las mínimas condiciones higiénicas y las jornadas de trabajo se alargaban por encima de las legales, ya que era imposible controlarlas al permanecer el empleado en la casa del dueño, una vez concluida. Rodríguez Morueo, a quien la Comisión de Reformas Sociales encargó un informe sobre la situación de los dependientes […]” [2]

El citado informe de la Comisión, en su Tomo II – P. 144, decía lo siguiente:
“[…] casi todos duermen en sótanos, sin ventilación o en habitaciones inverosímiles; se levantan con la aurora, dura su faena todo el día, comen deprisa y corriendo, cierran a hora correspondiente y después arreglan dentro, colocan los objetos en los escaparates, y muchos ajustan las cuentas del día […]”

Dicho esto, y dejando para otra ocasión el recuerdo de los comercios tradicionales de alimentación que hubo en Madrid entre finales del siglo XIX y principios del XX, hasta el desarrollo de los Grandes Almacenes, centramos la atención en los primitivos autoservicios.

"Retrato de una familia de tenderos en el interior de su propia tienda en la calle Serrano. (Salamanca)."
1958
© AFCAM. Archivo Pilar González López
© 2015 Eduardo Valero García-HUM 015-011 RECUPAPEL
© 2015 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325


Primeros autoservicios en Madrid
Se describe a continuación el primer modelo de autoservicio y su funcionamiento, según lo narrado por José Medina Gómez en el reportaje para la revista Blanco y Negro. Aunque el periodista no lo cita como tal, quizá está hablando del primer CABSA (Compañía Auxiliar de Abastecimiento S. A.), modelo de comercio alimentario adoptado por la buena acogida del supermercado tipo norteamericano que se había instalado previamente en la Feria del Campo de Madrid.

A las puertas de un otrora ultramarinos de la calle Jorge Juan se apilaban unos cuantos canastos de
plástico color amarillo. En el interior del establecimiento un universo alimentario al alcance de la mano del cliente.

Estanterías abarrotadas de mercancía no perecedera se repartían por todo el local. Todas ordenadas y dispuestas por secciones y productos. En cada balda, latas, cajas, paquetes, sacos y cuantos tipos de embalaje diseñaba el productor para el consumidor. Junto a ellos, y visibles, los precios de cada una de las marcas.

Cogido al moderno capazo, el cliente iba haciendo acopio de cuanto necesita el organismo para subsistir, incluidos algunos caprichos –que debieron ser muchos-, sólo por el hecho de la novedad.

Provistos ya del necesario avituallamiento, los compradores (de ambos géneros, predominando el femenino-quizá por eso los carteles anunciaban “SÍRVASE V. MISMA”-.) pasaban por caja y, una vez contabilizado el contenido del canasto, pagaban religiosamente lo adquirido sin que se les descontase ni una sola perra por haber hecho todo el trabajo.
Pero eso tenía su justificación: como hemos dicho, al prescindir de empleados el beneficio económico del comerciante repercutía directamente en el cliente con precios más económicos.





Existía otro añadido de igual importancia para el comerciante, todos los productos quedaban a la vista del cliente. Lo que no se ve no se vende, por tanto la exposición total de la mercancía implicaba, además, mayor reposición en las estanterías.

Volviendo a la cuestión del empleo, decía José Medina Gómez en el reportaje que es fuente de consulta para el presente artículo:
¿Ventajas? Para el comerciante […] la reducción de personal, que repercute en la baja de los precios, en algunos casos hasta el 50 por 100, y en el aumento de las ventas-declarado personalmente por el encargado-. Para el comprador la citada baja de precios-lo que no es ninguna tontería-, la comodidad para elegir sus compras sin la presión del dependiente y el ahorro de tiempo consiguiente de no tener que aguardar al tendero. El éxito del sistema parece garantizado.” [3]

Mientras el tendero del ultramarinos se afanaba por dar esmerada atención a su clientela, Madrid implantaba autoservicios que en 1958 llegaron a 3 y diez años después sumarían 804.

Urbanity.es
Archivo JUANJO
© 2015 Eduardo Valero García-HUM 015-011 RECUPAPEL
© 2015 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325


Prueba piloto en el Mercado de Barceló
Casi al mismo tiempo, en el Mercado Barceló se establecía una carnicería de “sírvase usted mismo” que aportaba idénticos beneficios para empresario y clientes. Los productos cárnicos quedaban expuestos al consumidor en góndolas refrigeradas, debidamente envasados y con un peso exacto. A diferencia del autoservicio de Jorge Juan, en la carnicería del Barceló los canastos eran de metal.







Un año más tarde, y en vista de los resultados satisfactorios obtenidos en el Mercado de Barceló, se inauguraba el Mercado de Embajadores. Ocurrió en diciembre de 1958, y al evento asistirá el mismísimo ministro de Comercio, Sr. Alberto Ullastres.
Publicado en Imperio, diario de Zamora de Falange española, el 19 de diciembre de 1958, un extenso titular al uso de la época anunciaba:



En portada y página interior se reproducía la entrevista otorgada por el ministro a la prensa en Madrid el día anterior. Ullastres hablaba de los problemas de abasto, la escasez de algunos productos y el aumento de precio de otros. Aseguraba que se continuaría importando la carne congelada a pesar de su encarecimiento después de la escasez mundial del año anterior. La importación de huevos había sido sustituida por la de piensos compuestos, vitaminados, que permitirían aumentar la producción en las granjas nacionales. Y así se refirió a otros tantos productos, como el pescado, aceite, algodón, azúcar, etc. Sobre el mercado de Embajadores hizo una escueta mención:
En el mercado de Embajadores he visto esta mañana unas magníficas naranjas en paquete a 8 pesetas.
De los supermercados (autoservicios) decía que, desde su implantación en 1957 con un volumen de veinte mil clientes, habían superado la cifra de sesenta mil en 1958, con un incremento de ventas de entre uno y dos millones de pesetas al principio y hasta cuatro millones en aquel momento.
La cifra de ventas diarias era de cien mil pesetas, mientras que los sábados aumentaba a doscientas cincuenta mil, con un margen de beneficio del 7,8% que animaba a los comerciantes a implantar el nuevo modelo de mercado.
Las perspectivas del ministro eran halagüeñas:
Inauguraremos en Madrid de cuatro a seis mercados y en otras capitales uno por lo menos. La marcha es arrolladora y como me decía hoy el Sr. Llosent, jefe nacional del Sindicato de Alimentación, en dos o tres años España estará inundada de supermercados. Dentro de poco funcionarán veinticinco: seis en Bilbao, tres en Baleares, cuatro en Barcelona, uno en Ciudad Real, tres en Asturias, tres en Santander, dos en Valencia y uno en Vigo y otro en Vitoria.
Hay ciento dieciséis peticiones en estudio, lo que quiere decir que en 1959 funcionarán centenares de supermercados.

Antonio Díaz-Cañabate escribía en el ABC del 28 de diciembre:
¡Buen sitio para un supermercado la calle de Embajadores! La calle de Embajadores, allá donde se ha instalado una nueva modalidad comercial […] He ido a visitarlo una de estas tardes navideñas. Larga cola de compradores se extendía ante su puerta. Como vi que algunos hombres engrosaban la fila me enganché en la espera.
Y en esa espera Díaz-Cañabate escucha algunos comentarios que transcribe:


Así de entusiasmadas estaban las amas de casa, quienes en algunos casos se apresuraban en cantarle las cuarenta al tendero de su calle: “-¡Aplicase el cuento, don Fermín, que las judías están una peseta más baratas en el mercado!

Comenzará entonces la carrera ascendente de los comercios de alimentación; desde el autoservicio hasta los grandes hipermercados, pasando por los mercados que hoy parecen fenecer sin remedio.

De aquellos tiempos nos llega la sonrisa amable de la joven charcutera, desde alguno de los mercados que proliferaron por la geografía urbana madrileña. Y se despide de nosotros, como lo hiciera una vez de su distinguida clientela.

"Retrato de una mujer despachando en su establecimiento."
1960
© AFCAM. Archivo José González Revuelta
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© 2015 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325



Bibliografía
[1] Cuesta Valiño, Pedro. ESTRATEGIAS DE CRECIMIENTO DE LAS EMPRESAS DE DISTRIBUCIÓN COMERCIAL DE PRODUCTOS DE GRAN CONSUMO QUE OPERAN EN ESPAÑA (4ª parte) Strategies of the companies distribution of products of great consumption in Spain. Universidad Pontificia Comillas de Madrid (ICAI-ICADE) Universidad de Alcalá. Consultado en 27 de agosto de 2015. http://www.infoagro.com/

[2] Toboso Sánchez, Pilar (2002) Grandes Almacenes y Almacenes populares en España. Una visión histórica. Madrid, FUNDACIÓN SEPI (antes Fundación Empresa Pública) Programa de Historia Económica. Capítulo II, pp. 24.

[3] Medina Gómez, José (1957) El autoservicio ha hecho su aparición en Madrid. Revista Blanco y Negro, nº. 2379. Editorial Prensa Española.
Maixé-Altés, Joan Carles. (2009) “Modernización de la distribución alimentaria en España. 1947-1995”. Revista de Historia Industrial. Nº. 41. Año XVIII. 2009. 3

Hernando Cuñado, Jorge. La modernización de la comercialización en la España del siglo XX: el caso de Madrid. Director: José Luis García Ruiz. Tesis doctoral. Dep. de Historia e Instituciones Económicas I. Facultad de CC. Económicas y Empresariales. Universidad Complutense de Madrid. Madrid, 2014.

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor. 
En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2015) "Los primeros autoservicios. Madrid, 1957", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.

Fotografía de portada:
Revista Blanco y Negro. Nº. 2379, 1957
Archivo HUM



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domingo, 23 de agosto de 2015

Estampas. Madrid pueblo: Un monumento, y el de Claudio Moyano

¿Cuántos nombres de calles y plazas se han cambiado en estos siglos?
¡Y cuántas de esas calles ya no existen!
¿Cuántos edificios se han volatilizado o quedaron reducidos a su mínima expresión?
¿Cuántos monumentos se han quitado, se han escondido entre arbustos o han desaparecido? Estos últimos –en tono de humor-, están presentes en las estampas de hoy.


Un monumento…
Estampa de Madrid pueblo creada por el caricaturista TITO (Exoristo Salmerón García) y publicada en la revista La Esfera de hace 91 años (enero de 1924). Forma parte del artículo titulado “¡De los monumentos líbranos, Señor!” que firma Fortunio.

Archivo HUM
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Un nutrido grupo de gente –Banda municipal, picoleto, y perro vagabundo incluidos-, permanecen en rededor del inaugurado busto de sabe Dios qué personaje, mientras unas palabras llenas de florituras se desparraman al cielo; enaltecimiento de las virtudes y bondades de tan ilustre eminencia marmórea. Ocupa un lugar de relevancia en el centro del pueblo, y allí permanecerá por los siglos de los siglos, si es menester, con su rostro adusto a fuerza de cincel.


… Y el de Claudio Moyano
Fortunio monologa sobre los monumentos y se centra en uno muy conocido para los amantes del libro y el aire puro; se refiere -y nos referimos-, al monumento de D. Claudio Moyano.
Hay glorificaciones injustamente desdichadas como las heroínas de ciertas novelas: la de Claudio Moyano, en la plaza de Atocha. De nada le sirvió al insigne reformador de la enseñanza tener una cara de pocos amigos y mostrarse en una actitud relativamente majestuosa. Primero le colocaron un abrevadero al pie del monumento para que le prestaran gustoso acatamiento toda clase de caballerías; luego le fueron robando los bajorrelieves que estaban demasiado bajos; después le colocaron una verjita para que no se llevasen las inmundicias que la gente depositaba cada día con perseverancia digna de mejor empeño. Y, por último, un humorista desconocido le lanzó con tal destreza el neumático de una bicicleta, que se le quedo enganchado en un hombro por espacio de dos años.

Triste destino para un ministro de Fomento, propulsor de la ley de Instrucción Pública, precursor de la Enseñanza primaria, y hombre ilustrado e ilustre. Su monumento, además de lo contado por Fortunio, no se librará de los avatares urbanísticos.


A las diez y media de la mañana del domingo 11 de noviembre de 1900 se inauguraba el monumento a D. Claudio Moyano Samaniego, obra de Agustín Querol, que había sido sufragada por los maestros.
Así lo publicaba La Correspondencia de España del día 12:



El Heraldo de Zamora, de 26 de noviembre de 1900, hacía referencia al acto y publicaba la siguiente fotografía:



En ese mismo reportaje se despachaba un maestro, añorando quizá el amparo que Moyano intentó para el profesorado español. Se trataba de D. Vicente Fernández Alonso, quien redactaba los siguientes versos:

Yo soy un profesor desventurado
que en tono plañidero y vergonzante,
he pedido mil veces suplicante
el sueldo que, mil veces me han negado.
Triste, andrajoso, pobre y demacrado,
con huellas del ayuno en el semblante
hoy te vengo a exigir amenazante,
la perra que tu estatua me ha costado.
Baja del pedestal que te sustenta
y vuelve a ser ministro de Fomento,
como le fuiste allá por el cincuenta.
Si no lo haces así, con sentimiento
el bronce que tu imagen representa
me tendré que comer ¡Estoy hambriento!


Descubierto el bronce con su pedestal de granito, marchó la gente a sus casas; y ahí quedo Moyano con cara de pocos amigos y una postura nada relajada, aguantando las penurias descritas por Fortunio, divisando la gran explanada que era Atocha en esos tiempos y acumulando basuras de la tierra y el cielo.

Así veían ubicada la estatua los madrileños de otros tiempos.

"Glorieta Emperador Carlos V"
Archivo Fuenterrebollo
No indica año ni autor.
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“Estatua de Moyano y Ministerio de Fomento”
Ambrosio Pérez (1906)
Museo de Historia-Tarjetas postales-Inventario: Inv. 34315
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“Ministerio de Fomento”
Hauser y Menet (entre 1920 y 1925)
Museo de Historia-Tarjetas postales-Inventario: Inv. 1991/1/309
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“Calle de Caludio Moyano”
Servicio Fotográfico Municipal (1925)
Museo de Historia-Fotografías-Inventario: Inv. 9309
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El monumento dio tantas vueltas como otros muchos, pero no ha desaparecido. De su primitivo emplazamiento, en el Paseo de Atocha, cercano a la Glorieta de Carlos V, fue llevado a la plaza de Luca de Tena; el "Scalextric" necesitaba espacio. De allí inició su periplo hasta el patio del Instituto Moyano. El 28 de marzo de 1982, siendo alcalde D. Enrique Tierno Galván, es restituido por el Ayuntamiento de Madrid y colocado en la Cuesta de Moyano, junto al antiguo Ministerio de Fomento (hoy de Agricultura).

Y de esta manera, una graciosa estampa de aquel Madrid que fue pueblo, nos ha transportado a los inicios del pasado siglo y su fisonomía.



Homenaje
Por esas cosas que tiene la vida, el 30 de mayo de 1925 fallecía el dibujante TITO.
Queda pues el sincero homenaje en esta publicación.




Bibliografía

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor. 
En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2015) "Un monumento, y el de Claudio Moyano", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.

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