sábado, 24 de marzo de 2018

El cambio de hora de 1918. Hace cien años los madrileños adelantaron sus relojes

La madrugada de este sábado al domingo 25 de marzo volveremos a adelantar los relojes para adaptarlos al horario de verano. Hoy recordamos el cambio de hora practicado el 15 de abril de 1918 y cómo lo vivieron los madrileños de entonces.
«Con el nuevo régimen horario nuestros políticos madrugarán más y solucionarán nuestros conflictos rápidamente.
Por nuestra parte, nos conformaríamos con que despertaran, ya fuera á una hora, ya á otra, porque están dormidos.» [Mostacilla. El Madrileño, semanario defensor del regionalismo de la provincia de Madrid, II (27). Madrid, 7 de abril de 1918]

El 4 de abril se publicaba en la Gaceta de Madrid número 94 el Real Decreto por el que se modificaba la hora oficial o «legal», adelantando los relojes sesenta minutos.


El Real Decreto
El Real Decreto de 3 de abril decía lo siguiente:
«De acuerdo con Mi Consejo de Ministros, a propuesta de la Comisaría general de Abastecimientos,
Vengo en decretar lo siguiente:
Artículo 1.º El día 15 del corriente mes de Abril y a las veintitrés horas, será adelantada la hora legal en sesenta minutos.
Art. 2.º El día 6 de Octubre próximo se restablecerá la hora normal.
Art. 3.º Por los Ministerios interesados, en lo que atañe á los servicios de sus respectivos Departamentos, se darán las órdenes oportunas para la ejecución del presente decreto.
Dado en Palacio a tres de Abril de mil novecientos dieciocho.
ALFONSO.
Presidente Consejo de Ministros, Antonio Maura y Montaner.»

No tardaron en aparecer las críticas que, si acaso, creaban mayor confusión a quienes no se enteraban de lo que había que hacer en los relojes y mucho menos en su vida diaria. El Gobierno tuvo que razonar tal modificación de la hora, acontecimiento ya practicado en otras ciudades europeas con anterioridad, pero no conocido o poco comprendido por gran parte de la población.

En los ferrocarriles
El día 5 de abril se publica la Real Orden del Ministerio de Fomento por la que se regulaba el tráfico de los trenes para el día 15 y las primeras horas del 16 de abril. Así, en el artículo segundo se establecía que «Todos los trenes que se hallen en marcha a las 23 h., así como los que tengan su salida del punto de origen entre las 23 h. 1 m. y las 0 h, del día 16 de Abril, circularán con sujeción a sus itinerarios, con el retraso que represente la diferencia entre la hora reglamentaria de salida y la que marque el reloj de las estaciones en aquel momento, justificándolo en las hojas y en los partes "por el cambio de hora."»

Por otra parte, se aseguraba a los viajeros con combinaciones para otros trenes que estos esperarían en las estaciones de empalme; los jefes de las mismas quedaban facultados para dar por terminada la circulación de algunos a las 23 horas, y desde ese momento continuar su marcha como trenes especiales.



Las mercancías con plazo de entrega que se veían afectadas por el cambio se prorrogaban una hora a efectos ferroviarios y mercantiles.

Para la revista Los transportes férreos, adelantar una hora no ofrecía ningún ahorro, porque el servicio de trenes continuaría consumiendo lo mismo tanto en un horario como en otro. Por el contrario, sostenía que lo único que propiciaba era trastornos y contratiempos a los viajeros, quienes, aún con el nuevo horario oficial, no llegarían una hora antes a sus destinos.


En el Senado
La Cámara se ocupaba el día 6 del Real Decreto sobre el cambio de hora. Afirmaban algunos señores senadores que la modificación horaria no representaba un gran ahorro para la economía del país, mientras otros aseguraban que representaba una limitación del consumo de carbón.


El día del cambio en la Puerta del Sol
Muy animada estuvo la plaza aquella noche del 15 de abril, que fue lunes. La ocupaba desde las diez y media un gran número de personas; tantas, que se desbordaban por las calles de Preciados, Carmen, Montera y Arenal. La compacta masa obligó a la suspensión del tránsito de carruajes y tranvías.

Todos miraban con atención al reloj de la Gobernación, en cuya torre el relojero se preparaba para el trascendental pero no desconocido acontecimiento. Dentro y fuera del edificio los periodistas cubrían noticia tan inusual, mientras en algunos corrillos se cantaban canciones populares; en otros se bailaba y reía. Todos bajo la atenta vigilancia de las fuerzas de Orden público, apostadas en la acera del Ministerio.

A las once de la noche, con absoluta puntualidad, las manecillas del gran reloj giraron los sesenta minutos establecidos y entonces comenzó a descender la bola, tan festejada en fin de año como aquella noche.

Hubo un momento que propició el cambio de la algarabía al de los silbidos y pitos. Ocurrió cuando por duda del relojero, o en su esfuerzo por hacer girar las agujas, el minutero se estancó en las 23:35 horas. Resuelto el breve incidente, cientos de pañuelos se agitaron y enseguida estalló el júbilo con gritos, vivas y aplausos de los allí reunidos. En Gobernación los balcones se veían iluminados; dentro, el ministro había celebraba el cambio horario con los periodistas que cubrieron la noticia, a quienes había invitado a un lunch.

Media hora después, es decir, a las doce y media, la plaza ya se había despejado y los oportunistas comenzaban a vender, por la módica suma de diez céntimos, lo último, lo más actual: unos relojitos con la hora oficial y garantías contra el atraso.


Consecuencias sociales
Industrias, comercios y obreros pusieron el grito en el cielo. Los últimos en contra de los dos primeros, porque como ocurre siempre, “a río revuelto, ganancia de pescadores”. Comenzaron las huelgas en algunas ciudades españolas.
Muchos obreros se sintieron amenazados al entender que trabajarían una hora más, pero la situación se fue regulando poco a poco y de mutuo acuerdo, llegando algunas fábricas y talleres la continuación del horario natural.

«Nos levantamos una hora antes, comemos una hora antes, venimos aquí una hora antes y sin protesta. ¿Por qué? Porque no hay mandato, porque no hay imposición. Porque nos hacemos la ilusión de que fuera de nosotros se ha operado el cambio cósmico. Ese es el arte del gobierno: mandar sin que se note que se manda y fabricar ilusiones útiles.» [La hora nueva, por Andrenio. Nuevo Mundo, XXV (1.268). Madrid, 26 de abril de 1918]


Ahorro energético
Un estudio realizado por Francisco Espinosa a raíz del cambio de hora, demostraba el ahorro energético que suponía adelantar la hora. Como es lógico, basaba sus cálculos en el tipo de energía y los pueblos que disponían de ella para el alumbrado público y particular, en aquella España de hace cien años.

Había pueblos donde aún no existía el alumbrado convencional cuya base era el carbón, y al menos 2.000 Ayuntamientos disponían de alumbrado de aceite mineral u otros combustibles.
El cálculo de ahorro energético lo ajustaba a una media de 5.000 Ayuntamientos, que eran los que se alumbraban con gas o electricidad, sobre un supuesto de 2.000 habitantes en cada uno de ellos. El gasto diario de alumbrado público representaba 5.000 céntimos (50 pesetas) que, distribuido en cinco horas de iluminación, suponía un gasto de 10 pesetas/hora.
Reduciendo la hora se obtenía entonces un ahorro de 50.000 pesetas diarias; 1.500.000 en un mes de 30 días, y en seis meses 9.000.000 de pesetas.

Para el cálculo de la iluminación particular se utilizaron como referencia los edificios y sus cuartos. El Instituto Geográfico y Estadístico cifraba en 5 millones el total de edificios en toda España. Espinosa rebajaba esta cifra a 4 millones para ajustarla a viviendas de uso doméstico cuya fuente de energía derivaba del carbón.
En este supuesto, calculaba el gasto diario de luz en 5 céntimos/hora x 5 horas en los 4 millones de viviendas, resultando 200.000 pesetas de gasto diario total. El adelanto de la hora representaba un ahorro de 40.000 pesetas diarias; 7.200.000 al semestre.

La importación de carbón suponía un gasto anual de 80 a 90 millones de pesetas. El producto nacional era escaso y, además, se especulaba con él, como veremos en las siguientes fotografías. Adelantar la hora permitía un ahorro diario de 90.000 pesetas sobre el gasto de carbón.


El carbón, no la guerra
Ya lo hemos mencionado, el carbón era la principal fuente de energía de aquellos tiempos y motivo de malestar del pueblo por su escasez y encarecimiento.

Si bien se dice que el cambio de hora venía propiciado por la I Guerra Mundial, es evidente que para 1918 la contienda internacional afortunadamente estaba llegando a su fin. Por tanto, quizá deberíamos hablar de guerras internas, aquellas que se desataban frecuentemente entre pueblo y Estado. El tema de las subsistencias era el mayor problema social de los gobiernos.





Las dos imágenes, tomadas por el fotógrafo Salazar para Mundo Gráfico a finales de enero de 1918, muestran el terrible problema de abastecimiento de carbón y la especulación en los precios.

En la estación de Delicias se acumulaban seras repletas del codiciado y tan necesario carbón, con la única finalidad de ocultarlas para aumentar su valor. Todas estas seras que aquí se ven fueron incautadas por el comisario general de Abastecimiento.


Un día de 25 horas
A la una de la madrugada del 7 de octubre, conforme a lo establecido en el artículo 2 del Real Decreto del 3 de abril, se retrasaba la hora. El domingo 6 de octubre fue un día largo, había durado 25 horas.
Otra vez se agolpó la gente en la Puerta del Sol, en esta ocasión para contemplar el fenómeno de ver retroceder 60 minutos de su vida. Algarabía al descender la bola del reloj de Gobernación; cante, baile y mucha animación como la vez anterior, quizá con más animación por la vuelta a la normalidad.


El huso horario de 24 horas
Comenzaba el siglo XX con la implantación del cuadrante de 24 horas, desechando así el que separaba los días en 12 horas con la aclaración de mañana, tarde o noche, por este otro que regulaba el tiempo solar del meridiano de Greenwich o «tiempo de la Europa occidental» y no con el del Cerrillo de San Blas, ajustándose así al convenio internacional relativo a los husos horarios. Esta medida quedaba implantada el 1º de enero de 1901.

El 26 de julio de 1900, la reina regente, Doña María Cristina, firmaba en nombre de su hijo (Alfonso XIII) el Real Decreto que regulaba este cambio, pasando a contarse 24 números para cada día, denominándose «de una a doce» las horas de medianoche a mediodía, y «de trece a veinticuatro» las comprendidas entre mediodía y medianoche.

Entre el intervalo comprendido entre la medianoche y la una de la mañana se designaría por 0h 1’, 0h 5’, y así hasta 0h 59’.

El decreto regulaba así todos los ámbitos, tanto en medios de transporte, correos, Gobierno, así como en todos los pueblos de España.

No se trataba de una novedad esto de implantar las 24 horas. En los «Diálogos de medallas, inscripciones y otras antigüedades», del arzobispo de Tarragona, D. Antonio Agustín Albanell (1517-1586), discípulo que fue de D. Juan de la Cuadra, profesor de gramática y humanidades del Colegio Mayor de San Clemente de los Españoles de Bolonia, decía que en aquella ciudad:
«[...] solía tener las veinticuatro horas a la larga sin faltar ninguna y era gran pesadumbre contar diez y ocho, diez y nueve, veinte, etc., por lo que acordaron que el reloj diese seis horas no más, y que para los menos avisados tocase un hombre a mano las horas a la larga, hasta que se fuesen acostumbrando a conocer que la una eran las siete, o las trece, o las diez y nueve.»

En el siglo XVI se había pasado de las 24 horas a las 6 por resultar incómodo aquel sistema; sin embargo, en el siglo XX se pasaba de las 12 a las 24.

Y así llegamos al final de esta historia que esperamos les sea útil para conocer algo más sobre las historias urbanas de Madrid, y entretenimiento que permita ir pasando el rato hasta que lleguen las dos... que serán las tres.



Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2017) "El cambio de hora de 1918. Hace cien años los madrileños adelantaron sus relojes", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ Historia urbana de Madrid ISSN 2444-1325

[VER: "Uso del Contenido"]

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.
De las imágenes:
Muchas de las fotografías y otras imágenes contenidas en los artículos son de dominio público y correspondientes a los archivos de la Biblioteca Nacional de España, Ministerio de Cultura, Archivos municipales y otras bibliotecas y archivos extranjeros. En varios casos corresponden a los archivos personales del autor-editor de Historia urbana de Madrid.
La inclusión de la leyenda "Archivo HUM", y otros datos, identifican las imágenes como fruto de las investigaciones y recopilaciones realizadas para los contenidos de Historia urbana de Madrid, salvaguardando así ese trabajo y su difusión en la red.
Ha sido necesario incorporar estos datos para evitar el abuso de copia de contenido sin citar las fuentes de origen de consulta.


© 2018 Eduardo Valero García - HUM 018-001 - CAMBIO DE HORA
Historia urbana de Madrid ISSN 2444-1325