sábado, 13 de junio de 2015

Fototeca HUM. Farmacia del Globo. Madrid, 1907

Tiempos de modernidad, invenciones y salud. Desde el más bello palacio hasta la más desagradable pócima, pasando por lo último en construcción, inimaginables maquinarias, moda y los comercios más postineros. Es Madrid, el de 1907, y su Exposición de Industrias celebrada en el "Campo grande" de El Retiro.

Para la Fototeca seleccionamos la fotografía publicada en la revista Nuevo Mundo de junio de ese año. Es el pintoresco stand de un comercio madrileño en su máximo esplendor, la "Farmacia del Globo", cuyo reclamo era más que evidente; el globo superaba la copa de los árboles y era visible desde todo el parque. Nada que decir de la carteleria, que hablaba por sí sola.




La Farmacia del Globo estaba ubicada en la Plaza de Antón Martín, número 44 (en la actualidad C/ Atocha, 46).

Cuando los chulos
bajan al Prao,
es que es un día
muy señalao.
Y sin embargo
de ser así,
bajan a vernos
todo Madrid.
Diga usté que no,
diga usté que sí,
que viva la plaza
de Antón Martín. [1]

Farmacia del Globo - Plaza de Antón Martín (1930)
Archivo HUM

Farmacia y Plaza en la actualidad
© 2015 Google Maps

VER UBICACION

La botica decimonónica era propiedad del afamado farmacéutico Dr. Juan Trasserra, inventor del Biógeno Khónill. Este específico, cuya compleja fórmula estaba "llamada a prestar incalculables beneficios a la humanidad", era eficaz para curar la tuberculosis, anemia, clorosis, raquitismo, neurastenia y mucho más. Quizá nos recuerde al Histógeno Llopis, del que ya hemos hablado.




Además del amplio espectro curativo, el Biógeno Khónill era un poderoso tónico reconstituyente que avivaba hasta a los muertos... si es que no los mataba bien muertos.



Elixir premiado internacionalmente, dotó de renombre al boticario y su botica madrileña, subiendo hasta lo más alto en fama y categoría como el globo farol que adornaba su fachada; al menos hasta 1913, año en que desaparece de la sección de anuncios de la prensa cualquier referencia al poderoso tónico.

Cortesía de todocoleccion.net
©Colección Carlos Velasco
©Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325


Por esas cosas de la vida, el laureado boticario, Dr. Juan Trassera, cuyo premiado Biógeno Khónill curaba, entre otras cosas, la tuberculosis, tuvo a bien morir de esa enfermedad.
Su viuda donará la farmacia al obispado, quien más tarde se la venderá a los farmacéuticos Antonio Terán y Fermín Puyol.
En 1986 la farmacia pasa a propiedad de doña Isabel López Gil. En la actualidad es regentada por su hija, doña Lourdes Nestares López.


De los fotógrafos Lacoste y Laurent se conocen preciosas fotografías, convertidas en postales, de la Exposición de Industrias Madrileñas de 1907. También existen imágenes de otros autores del estado en que quedó el edificio que ocupa la farmacia durante los bombardeos de la Guerra Civil. Prescindimos de todas ellas para dar relevancia a la que publicamos y de cuyo autor no tenemos referencias.



Enlaces de interés


Bibliografía
[1] La Plaza de Antón Martín (1882) Sainete lírico en un acto y en verso. Original de los Sres. Granés, Prieto y Sierra. Música de Chueca y Valverde. (Estrenada en el Teatro de Variedades la noche del 23 de marzo de 1882) Madrid. M. P. Montoya y Cº. Caños, 1. Acto único, Escena XVIII, pp. 21

· Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
· En todas las citas se ha conservado la ortografía original.
· Las imágenes son propiedad según indicaciones de pie de las mismas.


© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-003 FOTOTECA
ISSN 2444-1325

miércoles, 10 de junio de 2015

Canseco y el reloj de los chinos (Relatos)

Ya hemos conocido las transformaciones de la Plaza del Ángel a través de los tiempos, y la industria de don Antonio Canseco y Escudero, hacedor de campanarios y relojes de torre que tuvo renombre en el Madrid decimonónico. También hemos recordado la Relojería de San Sebastián, en cuya esquina con la calle homónima y la Plaza del Ángel estaba instalado un reloj Canseco, que daba los cuartos y las horas con absoluta precisión.

Antigua Villa y Corte y sus historias perdidas. Villa que hoy reconocemos desde imágenes viejas en tonos grises y sepias. Madrid que, sin embargo, fue tan colorido y luminoso como el de hoy; y turbio también en algunas cuestiones... como el de hoy.

Imaginemos, pues, el escaparate de la Relojería de San Sebastián en tecnicolor. Pongamos música circense si se quiere, porque está a punto de comenzar el espectáculo entre brillos de oro y plata; terciopelos y maderas nobles; adornos religiosos; relojes, relojitos y... ¡unos chinos campaneros!


El reloj de los chinos
En tiempos en que existió el gusto por lo "chinesco" (vestidos, bordados, faroles, porcelanas, etc.), don Antonio Canseco y Escudero tuvo a bien hacerse con un par de chinos de madera -china y chino-, para adornar el escaparate de la tienda con un artesonado carillón.
Desde las postrimerías del Siglo XIX y hasta los años cuarenta del XX, hizo las delicias de todos los públicos -y de los "isidros", cuando venían-, el reloj de "los chinos" de Canseco.

Los chinos de Canseco
(Fotografía de autor desconocido) S. XX
Archivo HUM
© Eduardo Valero García

La pareja de chinos automatizados tiraban alternativamente de gruesos cordones de seda para dar las campanadas de las horas, las medias y los cuartos, marcadas con precisión por el reloj de la esquina.

Eran aquellos instantes del tiempo regocijo para niños y adultos. En la esquina de la calle de San Sebastián se formaba un interesante tapón de multitudes para ver el "Cortylandia" decimonónico.

"Pues bien, en ese sitio elegido por Canseco para mostrar sus relojes, fórmase una muralla tal de admiradores, que á ciertas horas—al oscurecer sobre todo—se hace preciso abandonar la acera y describir un gran arco de círculo para tomar la calle de San Sebastián.
Pero, señor, decía yo para mi coleto, ¿por qué los agentes del municipio no impiden esta aglomeración en la acera, previniendo al público que contemple fuera de ella ese aparato?
Y la contestación la encontré, viendo en primera línea á dos de esos agentes que me dijeron, en respuesta á mi indicación:
—De lejus no se ve bien, señoritu.
Declaro—y lo declaro con vanidad—que he sido periodista muchos años, y así como las burbujas de agua forman el vapor, presumo que algo que ha salido de mi pluma ha podido condensarse con fuerzas más poderosas para conseguir una explosión. Lo que no he conseguido jamás, intentándolo, es que el Ayuntamiento hubiera desplegado un átomo más de policía en sus servicios."
[Evaristo Escalera. "Palo de ciego". La Risa, Periódico Ilustrado Cómico y Humorístico. Junio de 1888]

Grandes y pequeños miraban con atención el momento en que la pesada aguja del minutero lanzase el sonido hueco, mecánico y lastimero, al colocarse en el punto exacto en que los autómatas comenzaban los movimientos.

La china vestía de verde azulado y preciosos dorados; el chino iba de amarillos y luciendo un gracioso sombrero. En el momento justo -el que marcaba la precisa maquinaria-, muelles y engranajes comenzaban trepidantes movimientos; entonces, ambas figuras tiraban de los gruesos cordones de seda poniendo en marcha la actividad mecánica que se desarrollaba más arriba, en el carillón ubicado en el exterior del escaparate, en la parte más alta, haciendo vibrar todas las campanas, campanitas y campanillas que conformaban aquel ingenio.

"Volvió á la acera donde nosotros estábamos, y á los cuatro pasos nos hallamos frente á la relojería de San Sebastián, en la que, como es sabido, hay un reloj pintoresco y monumental.
Calamocha quedóse mirando el reloj, y soltó una estrepitosa carcajada, ó mejor dicho, una serie de carcajadas interrumpidas por palabras sueltas y exclamaciones.
Yo las hilvanaré un poco para que las comprenda el lector.
—¡Ayl Mira, chiquio,—decía indicando á su primo una de las figuras que golpean la campana del reloj cuando da la hora,—doña Petrona, la mismica doña Petra. ¿No la ves? ¿No ta acuerdas?
El primo miró, se fijó un instante, y como obedeciendo al mismo impulso que su pariente, prorrumpió también á reir á gorge deployé, como dicen los franceses, exclamando:
—Pues es verdad.
—¡No ha de serlo! Ella misma, pintipará, con la frente que paece una tajá de melón, y los ojos ribeteaos, y la nariz de zanahoria, y la barba encarná y puntiaguda como una guindilla, y los brazos de rodillos, y los pies como pisones... Pus ella.
¿No ves el sayo azul y la cincha dora que se pone pa ir á paseo los domingos?
—Sí, hombre, sí. Y el corpachón que paece un costal de trigo,
—¡Ay, primo!—añadía Calamocha entre risotadas que no podía contener.—¿Te figurabas tú esto? ¡Si se me aprensiona que huele aquí á botica!
Yo supuse, como era verdad, que los dos alegres aragoneses, aludían á una boticaria de Belchite.
Ellos seguían riendo, con esa risa nerviosa imposible de reprimir. Enmudecían un momento, y prorrumpían de nuevo en su hilaridad en cuanto miraban la figura mecánica. Calamocha se apretaba las caderas con las manos, el primo tenía lo que vulgarmente se llama arcadas. Y no fué esto solo, sino que había tres mujeres y un hombre parados delante del reloj, que se contagiaron hasta cierto punto de aquella risa, y soltaron cuchuñetas y dicharachos á cuenta de la inocente figurilla, sobre todo, cuando ésta, alzando el martillo que tiene en la mano, hizo sonar en la campana la hora de las once."
[F. Moreno Godino. "Calamocha en Madrid". La Risa, Periódico Ilustrado Cómico y Humorístico. Septiembre de 1888]

Con el humor ocurrente del siglo XIX, los relatos de Evaristo Escalera y F. Moreno Godino, nos han mostrado el ambiente que se vivía en rededor de la plaza y frente a la relojería.

Del siglo XX, exactamente de 1919, la descripción del reloj y su mecanismo viene de la mano del eterno "Ramón". En plena actividad de las tertulias del Pombo y en su etapa de madrileñista, don Ramón Gómez de la Serna escribe en el semanario España:
"El reloj de Canseco o de la relojería de San Sebastián en una de las esquinas de la plaza del Ángel, es el más magnífico reloj de Madrid. El reloj de Canseco es el reloj de la tradición llena de independencia, la tradición de la calle. Es el reloj pintoresco de la vida pública. Es como el «papa-moscas» de Burgos, como el reloj de Lucerna con su rey que dirige la hora con el cetro, su gayo, su procesión y su galeote martillero y como tantos y tantos otros.
¿De dónde sacó Canseco esos grandes chinos en madera—parientes de los que había en una tienda de telas de la Plaza Mayor?
Hay que ver dar la hora. Los grandes chinos que parecen inflexibles mueven sus brazos y tiran de unos gruesos cordones con una gruesa bola que más que despertar a la hora despiertan a unos angelitos o monaguillos que tocan las campanas en el piso de arriba, en el campanil que está independiente del verdadero escaparate, al aire libre. Ese compartimento de arriba tiene todo el aspecto de un tabernáculo con sus cortinas imitadas en madera tallada y sus estrellas más la sombra de una especie de custodia al fondo. Siempre al aire —¡qué frío en invierno para los pobres niños!— hasta cuando cierran las puertas en la noche porque el montante de cada compuerta imita una esfera de reloj silueteada en el hierro como en una verja pintoresca que también le debió costar sus duros al gran relojero de vocación Sr. Canseco. Sí. De vocación, porque como en muchos casos, o se nace relojero o no se nace.
El único defecto de ese reloj es que hay un día en que Canseco no tiene ganas de que suenen sus campanas, le duele la cabeza a él o a su señora, o se dedica a la compostura dificilísima de un reloj —algo así como dar dos puntos de sutura en el corazón— y entonces sucede que los que estamos parados frente al escaparate: una señora de sombrero de cucurucho, un señor con un paraguas aunque hace muy buen día, una mujer que llevaba una niña al brazo y otra a la mano y que para que vea mejor el «instante», se la ha subido también en brazos, un cura de pueblo y yo, nos quedamos defraudados porque pasa el minutero por el punto de la voz y no suena... Esperamos cinco minutos, esperamos diez y tampoco —la mujer está rendida de tener a los dos hijos en brazos tanto rato—, miramos al chino con rabia —porque después de haber explicado a una chica lo que hacía me ha dejado mal— y nos vamos murmurando porque no esperábamos esto de un reloj tradicional. (Los domingos hay para ese reloj descanso dominical.)"

Estos fueron los famosos "chinos de Canseco" y el "ambientazo" que se formaba para verlos. Entretenimiento que, junto a la bola del reloj de la Gobernación, en la Puerta del Sol, hacía pasar el rato, o el tiempo, a los madrileños de antaño.
Después llegó el "imán de la fama" de la relojería de la calle Mayor, y más tarde el olvido.

Dicen que los chinos campaneros acabaron en Japón o México, al parecer mediante las artes de algún profanador sin escrúpulos. Hoy los hemos rescatado del olvido de los tiempos para que al pasar por la plaza y su esquina imaginemos su campaneo.



Aviso
Todo el contenido la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor. En todos los casos cítese la fuente.

· Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
· En todas las citas se ha conservado la ortografía original.


© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-007 ESTAMPAS MAD
ISSN 2444-1325

lunes, 8 de junio de 2015

Fototeca HUM. Huelga de tranvías. Madrid, 1919

Sólo falta la tremendista melodía del piano y los andares de Charlot. Escenas que recuerdan los filmes de orondos policías repartiendo porrazos a mansalva o persiguiendo a malhechores en sus antaño veloces carromatos.

El combate que vamos a presenciar tuvo lugar el 16 de diciembre de 1919. Parecen alegorías, y fueron creadas por el fotógrafo Salazar para ilustrar la huelga de tranvías decretada la madrugada de ese día en la Casa del Pueblo.


Todos contra uno
Salazar organiza y compone la escena en un tiempo en que fotografiar a un policía no estaba penado. Prepara concienzudamente las estampas que serán publicadas en la revista Nuevo Mundo, bajo el título: "La huelga de los tranviarios".

Miembros de las fuerzas de Seguridad simulan una descarga contra los huelguistas en la estación de tranvías de Magallanes. (1) Detrás, y al fondo, los poderosos tranvías Charleroi. (2)
La perspectiva engaña; parece que el individuo de paisano fuese a recibir un tiro en la nuca.




Uno contra todos
Como las pinturas clásicas que retrataban grandes batallas y laureadas victorias, un picoleto se atreve con la amenazante o acobardada chusma. Es evidente la pose fingida de los participantes.
La escena fue tomada en la estación de Cuatro Caminos. (3)



Todos contra todos
Se manifiestan los unos y cargan los otros. Los primeros con intención de frenar la marcha del 17 (4); los segundos, para frenar la gresca. Puestos en circulación la mañana de aquel día, los coches iban escoltados por parejas de la Guardia Civil a caballo y de Seguridad en la plataforma.
La fotografía tuvo que ser tomada poco después de las once de la mañana,  hora en que la Compañía de tranvías, con la colaboración de la Unión Ciudadana de Magallanes, consiguió poner en marcha el servicio.


Durante la noche, algunos obreros habían saboteado instalaciones en los barrios de Arguelles y Pozas, rompiendo interruptores eléctricos de las columnas y algunas agujas de cambio. Las líneas 11 de Arguelles y 22, 27 y 39 de Pozas no pudieron prestar servicio por la magnitud de los daños.
Ese mismo día queda suprimida la línea 40 "Santa Bárbara - Prosperidad". 


Todos menos unos... y el botijo
Aquí no hay huelguistas. La foto de grupo es la guinda del pastel.
Salazar retrata a las fuerzas de Seguridad junto a un importante grupo de jóvenes, miembros todos ellos de la Unión Ciudadana de Magallanes; cívicos ciudadanos que hicieron posible el funcionamiento de los tranvías aquel diciembre de hace casi 96 años. En el centro, el presidente de la asociación, Sr. Pareja.

Un espontáneo botijo planea sobre las cabezas. Es el brindis del triunfo.



Dos meses antes, el 17 de octubre, el rey Alfonso XIII inauguraba en la estación de Cuatro Caminos la Línea Norte-Sur del Metro madrileño. El día 31 de ese mes se abrirá al público.
El mayor competidor del tranvía recorrerá sus primeros paupérrimos cuatro kilómetros, conformados por un total de ocho estaciones: Puerta del Sol, Red de San Luis (Gran Vía), Hospicio (Tribunal), Bilbao, Chamberí (actualmente forma parte de Andén 0), Martínez Campos (Iglesia), Ríos Rosas y Cuatro Caminos.


NOTAS

(1) La estación y cocheras de Magallanes, una de la más grande e importantes de Madrid, estuvo emplazada en las cercanías de la glorieta de Quevedo, ocupando unas siete hectáreas de superficie comprendidas entre las calles de Magallanes, Fernando el Católico, Rodríguez San Pedro y Vallehermoso. Por sus dimensiones, en esta cochera se realizaban tareas de reparación, mantenimiento, pintura y modernización de las unidades que habían quedado obsoletas.

(2) "Los Charleroi series II a V y reconversión en “Quinientos”.
Después de los «grises» entre 1908 y 1922 llegaron a Madrid 130 coches que formaron las series II, III, IV y V. Estos tranvías incorporaban numerosas mejoras y eran mucho más potentes que sus antecesores. Debido a sus excelentes prestaciones fueron reformados con posterioridad renumerando toda la serie (desde el 500 al 629). Esta profunda modernización da lugar a la serie «quinientos», que circuló hasta 1963."[1]


(3) La cochera de Cuatro Caminos estaba ubicada en la calle de Bravo Murillo (impares); más tarde se habilitó un segundo acceso por la calle Doctor Santero.

(4) El tranvía 17 (Cartel: números en blanco sobre fondo verde) hacía el recorrido Cuatro Caminos - Sol - Progreso.
 



Bibliografía
Fuentes de consulta:

Delgado, Miguel Ángel, Tartajo, José Antonio, González, Manuel y otros. (2010) Destino Madrid. Del tranvía al metro ligero, 150 años de historia. Catálogo. Consorcio de Transportes de Madrid.
[1] Ibídem, pp. 82 
- Seseña, José Manuel y Márquez, Ricardo. (2012) Tranvías de Madrid. Aniversario de su desaparición. Historias Matritenses, 30 de marzo de 2012. http://historias-matritenses.blogspot.com.es/2012/05/tranvias-de-madrid-aniversario-de-su.html
 
· Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
· En todas las citas se ha conservado la ortografía original.


© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-002 FOTOTECA
ISSN 2444-1325

domingo, 7 de junio de 2015

Canseco, famoso relojero de Madrid

Continuación de las 'Estampas. Madrid pueblo' es este recuerdo a la esquina de la Plaza del Ángel con la calle de San Sebastián.
Allí presumió de perfección durante mucho tiempo el reloj de la Relojería de San Sebastián o Antigua Casa Canseco. Y no exageramos un ápice al decirlo, porque aquel reloj que presumía de su perfección, funcionaba con el famosísimo "Sistema Canseco".

El comercio de aquella esquina, inaugurado en 1888, fue la segunda relojería de las cuatro que de la firma Canseco hubo en Madrid.

De don Antonio Canseco y Escudero, relojero de esta Villa y proveedor de la Real Casa; de sus postineras relojerías; de sus magníficos relojes, y de otras tantas historias, hablaremos a continuación.


"A Juan llamó perro flaco
en una disputa, Diego:
Juan se picó y por injuria
ante el juez citóle presto.
-No le ofendí, Diego expuso
entonces, y prueba ofrezco:
yo le llamé perro flaco
y él se apellida Canseco."
[EL MUNDO CÓMICO, Septiembre de 1875]


El relojero Canseco
Poco podemos contar de este relojero maragato que desarrolló su actividad en Madrid durante más de medio siglo.
Don Antonio Canseco y Escudero nació el 27 de junio de 1838 en Rabanal del Camino (León). En la década de los 60 del siglo XIX (hacia 1866) ya estaba afincado en Madrid, y en disposición de la patente de un reloj sin pesas denominado "Sistema Canseco".

Con apenas veinte años, había obtenido la patente de relojes de pared, torres y campanas (Renovada en 1894 con el nº 15.928). Además, don Antonio se hizo acreedor del "Privilegio de invención en España, Francia y Suiza", lo que situó a Madrid en el epicentro de la industria de relojes de torre bajo la denominación del sistema patentado por el leonés. No fue el único, pero sí el más prolífero.

Tan escasos son los datos, que del fallecimiento de Canseco sólo sabemos que aconteció en 1917, pero no la fecha exacta. La empresa continuará funcionando y, como dijimos en el artículo anterior de esta serie, quedará reducida a la relojería de la calle del Conde de Romanones, regentada por su hijo, y la de la Plaza del Ángel, a cargo de Mateo Marot, su sucesor.


El sistema Canseco
Hasta el momento en que Canseco inventa el nuevo sistema, los relojes más afamados eran los "Roskopf", a los que, para ponerlos en hora, se hacía indispensable inclinar la aguja del registro a un lado u otro, cosa que a nadie gustaba.
Los relojes de sistema Canseco o "Patent Canseco" afinaban la hora en todas las estaciones del año con su aguja de registro siempre al centro.
Por otra parte, en los relojes de torre había sustituido las pesas por un sistema de motor a resortes.

En un número de la "Revista Ilustrada de Vías Férreas" de febrero de 1895, bajo el título de "Relojería Central de Canseco de Madrid", decía una noticia:
"Nosotros tampoco hemos de ser menos, por tratarse de un artífice compatriota nuestro que algún mérito tendrá cuando, siendo español, los Gobiernos de Suiza y Francia no han titubeado en concederle la patente de invención en aquellas naciones. ¡Y eso que el Inventeur il cst espagnol! [...] pero lo cierto es que los Relojes Patent Canseco regulan la hora perfectamente en todas las estaciones del año con su registro siempre al centro, y que de este sencillo descubrimiento tiene el inventor privilegio de invención en España, Francia y Suiza, lo que prueba que nadie había caído en esta sencillez hasta que un español dio en el quid."

El propio Canseco se vanagloriaba de su patentado sistema y lo comparaba con el "Roskopf" como si de un automóvil hablase. Así lo demuestra esta publicidad de 1895:

Revista Ilustrada de Vías Férreas. Mayo, 1895


Establecimientos de Canseco
Domicilio particular y fábrica
Pº de las Delicias, 52
La fábrica y casa particular, u "Hotel" de Canseco, estaban ubicados en el Paseo de las Delicias, número 52. Allí se fabricaban los famosos relojes de torre y campanas, bajo la patente de Antonio Canseco.

Fragmento del "Plano de Madrid y Pueblos colindantes al empezar el Siglo XX"
Facundo Cañada López (1900)
2013© Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC)

VER
UBICACIÓN ACTUAL

Por cortesía de Miguel Ángel Cartagena Salgado, ofrecemos esta fotografía de la chapa de marca donde figura el domicilio del Pº de las Delicias.  La imagen es un detalle del reloj fabricado por Canseco para la torre del antiguo Ayuntamiento de Albacete. (Para conocer más detalles sobre ese edificio, hoy Museo municipal, puedes visitar la web de miguelenruta.com)

Cortesía de ©Miguel Ángel Cartagena Salgado

En 1899 la fábrica de Canseco contaba con más de 50 operarios. Allí se fabricaba desde un diminuto relojito de oro para señora, hasta una enorme campana con reloj para una iglesia o Ayuntamiento; pasando por las campanas musicales, los relojes de pared estilo alemán o los mecanismos con autómatas.

Existe alguna contradicción sobre la industria de Canseco. Para unos investigadores, el relojero no era fundidor de campanas; para otros, no fabricaba relojes.
Lo cierto es que en relación a los relojes, Canseco importaba de Francia la maquinaria, de la firma Morbier, y la adaptaba a su sistema patentado. Así lo certificaba Monsieur Arséne Cretín en un certificado:
"Yo, Arséne Cretín, dueño de la fábrica de relojes fundada en Morbier el año 1830,
Certifico: Que desde el año de 1880 vengo fabricando relojes de torre por cuenta de don Antonio Canseco, relojero de Madrid, y que con arreglo á los mandatos, las indicaciones, los modelos y la dirección de este artífice español, he introducido una reforma muy importante en los relojes que yo le libro bajo la designación de SISTEMA CANSECO. En fin, que esta modificación me ha procurado grandes ventajas pecuniarias.
En vista de esto, le mando la presente certificación para que sirva de derecho y razón al Sr. D. Antonio Canseco."
Canseco no ocultaba esta realidad y en una publicidad de 1884 lo anunciaba, añadiendo que esa certificación estaba autorizada y daban fe de ella "las primeras autoridades de Morbier".


EL IMPARCIAL, mayo de 1884

En cuanto a las campanas, comentábamos en el anterior artículo:
"Ya desde sus inicios, la relojería de San Sebastián fue sucursal de la Compañía Hispano-Portuguesa, industria famosa por la fabricación de campanas para iglesias, relojes de torre y su producto estrella, las "campanas musicales".
La Compañía había instalado una fábrica en Madrid para campanas de todas las clases, con legítimo material de ley y de su marca. Aseguraban que todas eran muy sonoras, esbeltas y decoradas con imágenes religiosas, relieves y bruñidas por fuera.
" [IR AL ARTÍCULO]

En el directorio del Anuario de Comercio e Industria figuraba: "Canseco Escudero (Antonio), fundición de campanas. Pº de las Delicias, 52 prov.". Podemos decir, entonces, que en la fábrica de Canseco se fundían campanas y se forjaban los preciosos campanarios de hierro dulce que aún hoy continúan adornando algunas plazas de España.


ANUARIO DEL COMERCIO Y LA INDUSTRIA. 1884


Primitiva Relojería de Canseco
C/ de Mesón de Paredes, 21
Como hemos visto en los dos anuncios publicitarios anteriores, del año 1884, la primera de las relojerías instaladas por Canseco en Madrid estuvo ubicado en la calle de Mesón de Paredes, número 21.


© ÁLVARO MUÑOZ, Mari Carmen; LLOP i BAYO, Francesc
Campaners de la Catedral de València (2015)

LA CORRESPONDENCIA DE ESPAÑA, septiembre de 1879


EL GLOBO, noviembre de 1880


Relojería de San Sebastián
C/ de San Sebastián, 2 y Plaza del Ángel, 10
[Más información: "Estampas. Madrid pueblo. Plaza del Ángel y Relojería de San Sebastián"]

En el directorio del Anuario del Comercio y la Industria, esta relojería aparece como de "Canseco y García". Se trataba de Francisco García, cuñado de Canseco, quien hasta diciembre de 1899 desempeñó el cargo de oficial encargado. Será sustituido por el relojero Julián G. Herreros.
Algo debió ocurrir para que el fundador, D. Antonio Canseco Escudero, prescindiese además de todos los dependientes de esa casa. La noticia fue anunciada en los periódicos.

EL LIBERAL, diciembre de 1899

Como nota curiosa, podemos decir que si bien la relojería de la Plaza del Ángel llevaba instalada allí desde 1888, no será hasta el 11 de abril de 1905 cuando Antonio Canseco solicite registrar esa tienda con el nombre comercial de "Relojería de San Sebastián de Canseco". [Revista de Industria e Invenciones, junio de 1905]



Relojería Central de Canseco
C/ Mayor 55, 57 y 59
El 2 de enero de 1891 se inaugura un nuevo local de la relojería, ocupando toda la planta baja y entresuelos de los números 55, 57 y 59 de la calle Mayor, entre las de 7 de Julio y Ciudad Rodrigo.


Un gran escaparate exhibía gran variedad de relojes y objetos religiosos que unos pocos observaban, mientras la multitud quedaba extasiado al ver el funcionamiento del reloj con autómatas colocado en la fachada de la novísima tienda. El llamado "Imán de la fama" realizaba movimientos al sonar las campanadas de los cuartos y las horas. No era el único reloj de estas características; ya hemos comentado que en la relojería de la Plaza del Ángel tenían otro conjunto de autómatas.

EL HERALDO DE MADRID, enero de 1891

En 1892, Antonio Canseco publica una reseña sobre la vida y descubrimientos de Cristóbal Colón. Lo hace en conmemoración del Cuarto Centenario del Descubrimiento de América. El opúsculo contenía datos biográficos del almirante genovés y, como es lógico, mucha publicidad de sus relojes y campanarios.
Cita sus relojerías en la página nº 5:
"Aprovechamos esta ocasión para presentar a nuestros lectores el facsímil del retrato que Canseco, relojero establecido en esta Corte, ha hecho grabar en las tapas de sus relojes de plata, oro, níquel y acero, que expenderá durante las fiestas del IV Centenario de Colón, en sus tres relojerías situadas en las calles del Mesón de Paredes, 21; Pza. del Ángel 10 y en la Central, Mayor, 55, 57 y 59. Es el retrato más perfecto de los conocidos hasta el día, y buena prueba de ello es que, sin anunciar dichos relojes, son ya innumerables los pedidos que le han hecho, tanto de Madrid como provincias y extranjeros, por ser muy propios para regalos, como recuerdo conmemorable del IV Centenario del descubrimiento del Nuevo Mundo, toda vea que a la oportunidad y perfección, unen la solidez, economía y exactitud en la hora.


Aún saber no hemos podido
do fue Canseco a parar,
para poder encontrar
retrato tan parecido."


Relojería Central de Canseco
C/ de Barrionuevo, 15
En 1893 comienza a aparecer en la prensa publicidad de una relojería de Canseco en la calle de Barrionuevo, número 15. Más tarde, en 1899, la numeración de la calle será el 11. Posteriormente la calle pasará a llamarse del Conde de Romanones.
En marzo de 1903, esta sucursal de Canseco pasará a ser propiedad del hijo de Canseco, llamado Gabriel Canseco, que venía regentando esta relojería desde su inauguración.
Era la relojería más cercana a la de San Sebastián, de plaza del Ángel, 10.


En esta sucursal se expuso durante seis días (del 20 al 26 de diciembre de 1899), en el horario de 9 de la mañana a 8 de la noche, el reloj de torre "Sistema Canseco", destinado a la mítica fábrica de cervezas, hielo, bebidas gaseosas y jarabes "El Laurel de Baco".

http://www.todocoleccion.net/carteles-turismo/cartel-publicidad-laurel-baco-gran-fabrica-cervezas-hielo-deposito-vermouths-agu~x48630200#preguntas_y_respuestas
EL LAUREL DE BACO
Cartel publicitario (1907)
Cortesía de ©todocoleccion.net


La marca A. C.
Desde 1881, muchos pueblos de España encargaron relojes de torre al afamado Canseco.
Cada maquinaria llevaba la chapa de marca (como la que hemos visto más arriba), y leyendas de fundición como: "A. C." más el año de encargo, y "Privilegio de invención en España y Francia. Sistema Canseco Nº...". También llevaba unas chapas remachadas con la identificacción de la patente y la identificación del organismo que la había encargado, por ejemplo: "El Ayuntamiento de.... Año de ....".


© ÁLVARO MUÑOZ, Mari Carmen; LLOP i BAYO, Francesc
Campaners de la Catedral de València (2015)

© ÁLVARO MUÑOZ, Mari Carmen; LLOP i BAYO, Francesc
Campaners de la Catedral de València (2015)

Empresario responsable
Una noticia del diario El Globo de 30 de septiembre de 1884 decía:
"Según una carta que hemos recivido de Becerrea, provincia de Lugo, el relojero de esta Corte señor Canseco está instalando un magnífico reloj de torre en aquella villa, y llama la atención de todos por su desenvoltura y las buenas disposiciones para dirijir la obra que están haciendo en la casa Consistorial para la instalación de dicho reloj. Dice la carta que hasta el señor arquitecto en cuanto vio la buena dirección que el señor Canseco comenzó a dar a la obra y las instrucciones que dio a los maestros para hacer los andamios comprendió la inteligencia y mucha práctica que el señor Canseoo posee y desde luego le dio atribuciones para que por si y antesi dirija la obra hasta su conclusión."
A trompicones continúa funcionando aquel reloj de Becerreá; puedes verlo en este vídeo.


Anecdotario
Una deuda de más de un siglo
Hacia el mes de octubre de 1887, el Ayuntamiento de Órgiva (Granada) encarga un reloj de torre a la Casa Canseco. Se ajusta un precio de 5.450 pesetas, financiadas en cuatro pagos de 1.362'50 pesetas cada uno. Antonio Canseco y Escudero cumplirá con el encargo y a cambio recibirá el pago de la primera cuota, 1.362'50 pesetas, nada más.
En la reseña que hemos citado sobre el Cuarto Centenario del descubrimiento de América (1892), Canseco aprovecha la oportunidad para hacer dejar en evidencia a aquel Ayuntamiento.
"¿Que por qué no le paga el Ayuntamiento de Orgiva las 4.087'50 pesetas que le debe al relojero Canseco por aquel magnífico reloj de torre de su sistema que colocó en aquella villa el año de 1887? Pues no le ha pagado porque desde entonces no ha habido en Orgiva ningún Ayuntamiento que le haya dado la real, ni la liberal, ni la federal, ni la socialista, ni la absolutista gana de pagar a un industrial de tan buenos y tan nobles comportamientos que, como el Sr. Canseco, no es merecedor de tan reprochable recompensa."
Y es que la voz popular decía:

"El reloj de Órgiva da la hora pero no los cuartos"

En agosto de 1989, D. Antonio Canseco Cauz, biznieto de Canseco, recibe del alcalde de Órgiva, D. Antonio González Martín, una invitación para asistir a las fiestas de aquella localidad con todos los gastos pagados. Se harían actos en honor al relojero decimonónico y su familia moderna.

Como contrapunto, justo es decir que no todos los Ayuntamientos eran dados a estas prácticas.
El Ayuntamiento de Hueva (Guadalajara), donde Canseco había instalado un reloj de torre en 1883, rindió honores al relojero. Aquel pueblo consideró que el artesonado campanario y perfecto reloj eran de mayor calidad que lo pagado. 
Así lo certificaba el alcalde de aquella Villa, D. Mariano Sánchez:



Apedrear los escaparates de Canseco
En enero de 1902, unos relojeros ambulantes se reúnen en la pradera del Canal para organizar un "atentado" contra las relojerías que Canseco tenía en la Plaza del Ángel y la calle del Conde de Romanones. Tienen la intención de apedrear los escaparates por considerar que Canseco les sabotea el trabajo que ellos desarrollan por los pueblos reparando relojes. Un soplo logró que la idea no se llevase a cabo, y los relojeros remendones fueron detenidos en la pradera.
Confesó uno de ellos que "como la mayor parte de los relojes de los pueblos proceden de la casa de Canseco, y de los relojes Patent Canseco, rara vez se descompone uno".

La noticia fue publicada en El Liberal de 20 de enero. Suena a publicidad encubierta, ya que, a propósito de la confesión del relojero remendón, Antonio Canseco se justificaba con lujo de detalles:



Canseco y el amante celoso
La mañana del 12 de marzo de 1903, un individuo de traje color café, botas blancas, capa verde y gorra de visera, merodeaba por la plaza del Ángel, frente a la relojería de San Sebastián. Se llamaba Francisco Molino, de profesión pintor de tablitas, que vendía en los cafés.
Mientras tanto, Petra Arquéjolo Esteve, sirvienta de D. Ramón Fernández en la calle de Atocha 67 y 69, entraba en la relojería para retirar un reloj por encargo de éste.
Francisco y Petra habían sido novios. Los celos del ex amante provocaron su ira y, al salir Petra de la relojería, le asestó cinco puñaladas. La pobre mujer intentó huir hacia la iglesia de San Sebastián, pero el cegado Francisco le propinó una última puñalada en la zona mamaria. Petra cayó inconsciente.
Como por desgracia sigue siendo habitual en esos cobardes actos, Francisco intentó apuñalarse en el pecho, sin éxito. Fue entonces, cuando la multitud corrió hacia la mujer herida, viendo el peligro en que estaba huyó por la calle de Cañizares; allí le detuvieron los mozos de cordel números 168 y 267 Luis Rodríguez Caballero y Ramón Reyes Fernández.
Ambos mozos de cordel entregaron el criminal al sargento Emilio Salas y a los guardias de Seguridad 417 y 424, quienes lo condujeron a la Casa de Socorro del distrito del Congreso.
Petra salvó la vida y el reloj llegó sano y salvo a su dueño de la mano de un dependiente de Canseco.


Antonio Canseco y la Boda Real
En mayo de 1906, pocos días antes del regio enlace de Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg, D. Antonio Canseco repartió 500 cupones de 50 céntimos cada uno a los pobres. El reparto se realizó en el "hotel" de Canseco del Paseo de las Delicias.



Y esto es lo que podemos contar sobre don Antonio Canseco y Escudero, empresario de Madrid que dio por poner su apellido al sistema que revolucionó la construcción de relojes de torre en la segunda mitad del Siglo XIX.
Como en el anterior artículo, recuperamos las palabras que el escritor Eduardo M. del Portillo (José Cándido), dedicó al reloj de Canseco de la Plaza del Ángel en el diario La Libertad:
"Y, síntoma o casualidad, observé hoy, ayer, un día cercano, cualquiera, que algo insólito sucedia el esquinazo mismo de la plaza y sobre la fachada de la tienda famosa. Y era el reloj, el celebre reloj de Canseco, que vencido por la edad, por la trepidación del tránsito mecánico, o por las mudanzas de los tiempos, atrasaba lamentablemente.
—También atrasa Canseco—pense—. Ya no puede uno fiarse de nada...
No ha quedado esto así. El reloj de Canseco se ha parado definitivamente. No anda, no, quiere andar. Por mas arreglos que le hacen, su maquinaria se rebela invariable, y allí está su esqueleto, pareciendome mas que tal esqueleto una cuenca vacia, como si la plaza se hubiese quedado ciega.
Yo pienso que, para vivir en su actual estado de postración, mas le valdrá, una noche de estas, desaparecer..."

Antonio Canseco y Escudero fallecerá en 1917. Con la misma precisión que marcaron sus relojes, el tiempo irá borrando de nuestra memoria todo vestigio de aquellos lujosos comercios que repartió por el Madrid decimonónico. Hoy los recuperamos, no como curiosidad, sino como parte de la historia urbana de nuestra ciudad.





← Plaza del Ángel y Relojería de San Sebastián


Bibliografía
Fuentes de consulta:
- Boixo, Ignacio. (2003) El reloj de la torre. http://www.vegasdelcondado.com/relojpri.htm
- Biblioteca Nacional de España (Documentos citados en la publicación)
- Campaners de la Catedral de València (2015) http://campaners.com/php/fotos_fonedor.php?numer=218&pag=1
- Documentos de propiedad del autor-editor de esta publicación.

· Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
· En todas las citas se ha conservado la ortografía original.


© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-006 ESTAMPAS MAD
ISSN 2444-1325

martes, 2 de junio de 2015

Estampas. Madrid pueblo. Plaza del Ángel y Relojería de San Sebastián

Preciosa estampa de un rincón de Madrid antes de la guerra. Conocida y cambiante esquina del otrora barrio de las Musas o de los Literatos (Barrio de las Letras). La pinta Edith de Aguiar en 1930 y le pone título: "La plaza del Ángel"... ausente en el cuadro.

Para el transeúnte de hoy, la plaza es fácilmente identificable por la iglesia de San Sebastián y la floristería que hace esquina con la calle homónima y la de las Huertas. Para el paseante antiguo, el reloj de la Casa Canseco se sumaba a las referencias para localizar la citada plaza.


Como hemos dicho, y en esencia, la plaza del Ángel está ausente; de ella sólo vemos su inicio en la edificación de la derecha, donde es visible el famoso reloj de Canseco, hoy hotel NH Collection Palacio de Tepa. El hotel está ubicado en lo que había sido el suntuoso palacio de Francisco Leandro de Viana, conde de Tepa, cuya construcción data de finales del siglo XVIII y principios del XIX (1797-1808).

"PALACIO DE LOS CONDES DE TEPA: FACHADA A LA PLAZA DEL ÁNGEL: ALZADO"
Archivo MORENO - FPH-MECD. Nº inventario.: 35202_B
Autor de la fotografía: Moreno, Vicente (1894-1954)
(Entre 1920 y 1954)
Comité de Reforma, Reconstrucción y Saneamiento de Madrid

Edith de Aguiar retrata este pequeño espacio del Madrid "comediante"; se nos antoja dar esta denominación porque muy cerca de allí estaba el Corral de comedias de la Cruz, el de la Pacheca y el nuevo del Príncipe (hoy Teatro Español), símbolos del teatro del Siglo de Oro representado en la Villa y Corte.

Antes de centrarnos en el reloj Canseco y la relojería, vamos a recorrer la plaza y los edificios más emblemáticos. Ya conocemos algunos detalles del palacio del conde de Tepa, edificio que, con restauraciones, continúa existiendo.
No ocurrió lo mismo con el vecino palacio de los Montijo.