domingo, 27 de febrero de 2022

Los Porteros madrileños (II) Dará razón la portera (1810 - 1960)

En nuestro anterior artículo hablamos de la situación actual de los porteros y conserjes, conocidos en su conjunto como Empleados de fincas urbanas. Supimos de sus necesidades más urgentes tras casi veinte años de olvido por parte de las instituciones y su férreo interés en conseguir ser escuchados. En este sentido, podemos decir que lo están consiguiendo gracias al empeño y compromiso de los profesionales del gremio, más unidos y organizados. 

Las redes sociales están siendo su altavoz, principalmente Twitter (con el hashtag #urbanasfincas), desde donde reivindican la actualización del Convenio de Empleados de Fincas Urbanas e instan a medios de comunicación, sindicatos y partidos políticos para su implicación en esta situación que afecta a más de 20.000 trabajadores. 

Tantos gremios han desaparecido que muchos de nuestros lectores se interesaron por este asunto. ¿Desaparecerán los porteros, como ocurrió con los serenos, los faroleros y otros tantos oficios?, se preguntaba uno de ellos. Otro denunciaba la situación de miles de porteros y conserjes de empresas multiservicio, para los que no existe un convenio colectivo. 

Interesados por las historias que contamos, siempre asociadas a Madrid y los madrileños de antaño, una incondicional seguidora nos preguntaba: “¿En qué año también se incorporaban las porteras?”. Lo hacía por conocer algo más sobre la historia de su familia, porque su abuela había conseguido el puesto de portera “allá por 1945/46, a los pocos años de enviudar y venir a Madrid con sus cinco hijos”. 

Pues bien, atendiendo a esta última, y en homenaje a las entrañables porteras de ayer y a las que hoy continúan ostentando ese puesto, os ofrecemos este nuevo artículo titulado… 

 


Dará razón la portera 
En los diarios noticiosos de principios del siglo XIX podían leerse anuncios que daban cuenta de una pérdida, del alquiler de un cuarto y algún que otro asunto. En todos los casos, darían razón el portero y/o la portera. En la mayoría de los casos, la portera era la esposa o la viuda del portero; en el primer caso, los dos servían a su patrón al precio de uno y, en ambos casos, lo hacían las 24 horas del día. 

El primer anuncio que encontramos en el que aparece una portera fue publicado en el Diario de Madrid del 1º de mayo de 1810. 


No debemos confundirlas con las muy antiguas porteras de los Conventos ni tampoco con las llamadas porteras de Damas, encargadas estas de guardar las puertas de las criadas de la reina, princesa e infantas; aunque también lo hacían en aristocráticos palacios. 

Era frecuente que las porteras de Damas aparecieran en los reclamos de la prensa, como el publicado en el Diario Noticioso del miércoles 10 de mayo de 1758: 
«En la calle del Sordo, casa del Herrero, al cuarto segundo, darán razón de una mujer de más de 40 años, que desea acomodarse por Ama de algún Señor Sacerdote, o en casa de poca familia, y en su defecto, para enfermera, o portera de Damas». 
De las porteras de Conventos traigo una de esas leyendas tomadas como hechos verdaderos y que venían a aleccionar a los parroquianos por si se les ocurría cometer acciones desagradables a los ojos de Dios. Los publicaba uno de los periódicos más importantes del siglo XVIII, El Censor, como crítica a la perjudicial superstición practicada por la iglesia católica. Aquí la prueba. 
 
 
Porteras del siglo XIX 
Volviendo a las porteras que nos interesan, recordamos a las del Madrid decimonónico y las casas en las que trabajaron. Lamentablemente, no conocemos sus nombres ni procedencia. 

Muchos encargos tenía la portera que hubo en la casa número 7 de la calle de Alcalá, encargada de atender los avisos de la casa aneja, antigua propiedad del marqués de Illescas, numerada con el 6 (frente a la Aduna). Disponía de las llaves de un “quarto” en alquiler en la segunda planta; de otro en el principal con 13 piezas, guardilla, sótano y fuente, además de una tienda con “quarto” bajo, entresuelo independiente y sótano. Daba razón de la venta de un carro con ruedas y tres guarniciones para mulas y el alquiler de una cuadra para cuatro caballos, con pajar, patio, quarto para el criado y un pozo. También de otra curiosa venta, una partitura original, traducida al español, de la opereta titulada El marido soltero, del maestro L. Breton. 

Como esta, otra de la calle San Miguel también estaba relacionada con familias aristocráticas; era la de la casa de la duquesa de Arion, señora que necesitaba a una mujer de buena educación para cuidar de una niña. Debía saber leer y escribir, coser y planchar a la perfección. Daba razón la portera. 

Sirviendo al duque de Abrantes, pero en el corralón que este tenía en la calle de la Greda, la portera daba razón de la venta de una berlina de cuatro ruedas para cuatro mulas y un coche de camino. Y la del marqués de Villena, casa que estaba frente al convento de San Martín, daba razón de la venta de un venado de dos años muy domesticado y del alquiler de una cuadra con tres pesebres y pajar o cuarto para el cochero. Esta misma portera también atendía otros encargos, como este:

Cumpliendo con estas y otras obligaciones hubo en la villa y corte muchas más, como las de las siguientes casas y calles. La lista corresponde a las porteras desde 1810 hasta 1840: 

La de la calle de San Bernardo, casa número 2, inmediata a la plaza de Santo Domingo; de la calle Cedaceros, esquina a la del Sordo; la de Caballero de Gracia, número 1, y la del número 11; de la casa del marqués de Perales, en la calle Magdalena; la de Bordadores, 5; la de la casa del conde de Ofalia, en la calle del Prado, frente a la del León; de la casa del marqués de Portazgo, en la calle de Atocha; en la casa llamada “del Patriarca” de la calle de la Inquisición; la de la portería del teatro del Príncipe y las del número 13 y 7 de la calle homónima; la de la casa del marqués de Casa-Sarria y conde de Guaqui, en la calle de Atocha; la de la calle de la Reina, 10; la de Leganitos, 4, frente a la fábrica de cerveza; la de la casa número 2 de la calle Carretas; la de la casa llamada de Toledo, en la Puerta de Moros; de la calle de San Agustín; de la carrera de San Gerónimo, 4; la de la casa del marqués de Bélgica, en Puerta Cerrada; la de la Cuesta de Santo Domingo, casa número 8; la que vivía en el patio de la casa 38 en la calle de Silva; la de la casa número 6 de la plazuela de Santa María; la de la casa de Balmaseda, en Atocha, 32; la de la fábrica de alfombras de la calle de la Reina (plazuela de Altamirano); la de las casas 16 y 18 de la calle Huertas; la de la casa número 8 de la calle San Martín; la de la calle de la Amnistía, esquina con la de Unión; la de la calle de la Flor, que vivía en la guardilla; , etc., etc. 

Como habéis podido apreciar, una portera vivía en el patio de una casa, seguramente en una pequeña casucha, y la otra en una estrecha, baja y húmeda guardilla. De la que vivía en un corralón y la de la fábrica, podemos imaginar en qué condiciones lo hacían. Quizás, aunque corresponda al siglo XX, esta noticia del diario valenciano El Pueblo sirva de ejemplo: 
 

Sería una exageración asegurar que la situación de los empleados de fincas urbanas de hoy es idéntica a la de sus iguales de los siglos XIX y principios del XX; sin embargo, en muchos aspectos existen similitudes, principalmente por la precariedad salarial a la que se han visto sometidos. 

No es una cuestión generalizada a nivel nacional, porque algunos Convenios de otras provincias se han actualizado acorde a su tiempo; no siendo el caso del de la Comunidad Autónoma de Madrid, obsoleto por falta de representación patronal y ausencia de un sindicato propio, desaparecidos hace ya tiempo. 
 

Portera automática 

Vienen a nuestra memoria las porteras (portières) del París decimonónico, encargadas de la apertura nocturna de la puerta del portal. 

La ausencia del sereno, quien en Madrid y otras ciudades de España acudía al golpe de palmas para abrir los portales, las parisinas disponían de una cuerda para esa función. Estaba situada en la portería y conectada con la puerta de acceso al edificio. Al tirar de ella se levantaba el cerrojo que mantenía la puerta atrancada y la abría; al cerrarse esta por su propio peso, la portera liberaba la cuerda y el cerrojo volvía a atrancarla. El mecanismo era sencillo, pero tediosa la vigilia.

Refiriéndonos a las vigilias, quizás podamos comprender que en los grabados antiguos las porteras aparezcan siempre leyendo un libro, un periódico o conversando con alguna criada; distracción nocturna para las que sabían leer y las que no.


Porteras del siglo XX 
La introducción a este capítulo viene de una columna del periódico Hoja Oficial del Lunes del 10 de mayo de 1982, correspondiente al número especial conmemorativo de la fiestas de San Isidro. Bajo el título de “Portera de carne y hueso”, recordaba la figura castiza de las porteras. 
«En esta pérdida de personajes de un Madrid que se fue, se encuentra la portera. La leyenda la sitúa a caballo entre la cotilla-fisgona y la bruja maledicente. Su labor residía en pasar por individuo de tercera categoría frente a los señores del principal o de los restantes pisos. Se sabía vida, costumbres y milagros de los vecinos, incluidos los trapichondeos que no tardaba en propalar cuando la propina era escasa o nula. Sin embrago, la “tradición oral" olvidó reflejar de este entrañable personaje su labor de prestadora de servicios, donde acudían irremediablemente todos los vecinos cuando algún problema nublaba su pacífica existencia. Hoy, los más jóvenes no saben de esa mujer, pues se encuentra sustituida por un artilugio mecánico, siempre estropeado [telefonillo], que no posee el gracejo castizo de nuestro personaje. 
Portera de día, portera de noche, sin horarios de ocho horas, sueldo base ni seguros sociales, esta esclava de señoras de poca monta desaparece en la niebla de un tiempo pasado». 
Aplíquese gran parte de este último párrafo a los empleados de fincas urbanas de hoy.
 
Desde la segunda mitad del siglo XIX y principios del XX las porteras comienzan a tener protagonismo en los folletines, tanto en relatos de hechos conocidos o como personajes indispensables en tramas dramáticas, cómicas y también como figura predominante en muchos sainetes. Además, continuaban apareciendo en los anuncios de reclamos dando razón de unos u otros asuntos y, claro está, implicadas en hechos luctuosos, como el crimen de la calle Mayor del año 1900, por poner uno de los tantos ejemplos. 
Solamente en el primer año del siglo XX aparecen involucradas en casi un centenar de noticias de agresiones, robos, fallecimientos y asesinatos. 
 
A diferencia del siglo XIX, cuando los matrimonios trabajaban como porteros para un mismo patrón, las porteras que no eran viudas tenían maridos dedicados a otras profesiones, como las de sereno, albañil, mozo, cochero e incluso agentes del orden. También los había dedicados por completo a la cata de morapio en las más lúgubres tabernas. 
 
 
Reproducimos a continuación una tira cómica dibujada por Apeles Mestre que lleva por título "La venganza del portero". Apareció publicada en el Almanaque Sud-Americano para 1900, anuario que se conserva en los archivos de la Hemeroteca digital de la Biblioteca Nacional de España.





Como vemos, la familia estaba compuesta por la portera, el portero, una hija y el gato. La niña va a la escuela, lo que puede indicar que atienden la portería de una casa de vecindad. La madre se dedica a la limpieza y el padre, por su indumentaria, además de su tarea de vigilancia, parece dedicarse al mantenimiento de la finca.
 
De cuando las porteras estuvieron en peligro de extinción 
El Real Decreto de 24 de febrero de 1908 puso en peligro la figura de las porteras. En su artículo primero quedaba claramente expresada la prohibición de que las mujeres ejercieran el puesto de portera, salvo que tuvieran asignada esa función desde antes. 


Esto fue motivo de duras críticas, no sólo por la autoridad que se les daba a los porteros en vez de contratar más agentes u organizar mejor el servicio de vigilancia policial, sino también porque eran muchísimas las casas de vecindad madrileñas que preferían o ya disponían de porteras. 

Un periodista de El Correo español aseguraba que al menos las tres cuartas partes de las casas tenían portera y no portero, y añadía: «De manera que cuando acaben las actuales porteras (ya habrán pasado veinticinco o treinta años) sólo habrá porteros…». Se unieron a estas protestas otros muchos tabloides.
 
El Liberal del 25 de febrero de 1908 decía: 
 

Afortunadamente, porteras y porteros continuaron ejerciendo sus funciones con mayor o menor celo y hasta el momento de su jubilación o más. Las noticias de la época daban cuenta de los avatares de su trabajo y los saineteros, escritores y dibujantes, a su manera, rendían homenaje a estas y otras figuras urbanas tan pintorescas. 
 

Y si el ministro de la Cierva optaba por dar autoridad policial a los porteros y prescindía de las porteras, estas supieron demostrar su valía. Así quedaba plasmado en una noticia publicada el 14 de septiembre de 1908 en La Correspondencia de España:
 
 
Del Real Decreto se desprendía cierto grado de machismo al permitir que ocuparan el puesto los hijos de las porteras viudas o los sobrinos carnales de estas que vivieran en su compañía. Nada que asombrara a la sociedad de aquellos tiempos, ya que muchas de las porteras que continuaban trabajando fueron víctimas de violencia de género, ya fuera por sus propios maridos, algún allegado o los vecinos. Tal fue el caso de Marcelina Sánchez Nadal, portera de la casa número 26 de la avenida de la Plaza de Toros.
 


 
Ejemplos de casa habitación (Portería) 
No hablamos del siglo XIX sino del XX, cuando las casas habitadas por los porteros eran aún espacios infames ubicados en los sótanos, con tragaluces a ras del suelo; guardillas húmedas en invierno y soporíferas en verano, o habitáculos de mala muerte. 

Había excepciones, como las porterías de los hoteles u hotelitos particulares del Paseo de la Castellana. Ponemos como ejemplo la del número 12, que era un pequeño pabellón de dos plantas, compuesta la superior de un dormitorio y salita. Esta portería, al igual que otras similares, disponían de un botón de alarma que comunicaba con el hotel. 

En el fragmento del plano de planta de los Grandes Almacenes Sederías Carretas (1935) vemos la vivienda del portero, ubicada en la última planta del edificio. Disponía de dos habitaciones, cocina comedor y baño, además de dos terrazas. La sala de máquinas estaba pegada a la vivienda.


El concepto de portería fue cambiando con la creación de nuevos núcleos urbanos y la reedificación. La casa habitación comienza a entenderse como un elemento común privativo para uso del portero que debía cumplir con las normas básicas de habitabilidad; es decir, una casa dotada de los elementos y espacios necesarios para vivir con decoro. Así, las porterías comienzan a establecerse en la planta baja o en los áticos, aunque continuarán existiendo edificios decimonónicos en los que no se cumple con estas necesidades.

De las primeras noticias del siglo XX en las que podemos hacernos una idea de cómo eran, traemos la que da cuenta de un incendio en la casa número 3 de la calle de la Montera. Como veréis, se habla de cajón y de caseta, especie de chiscón que hacía de casa habitación. 


Aunque los ejemplos que veremos son lamentables, como nota curiosa os comentamos que en algunas casas nobles existía un “tubo acústico” que conectaba con la portería; primitivo intercomunicador de los que aún existen. 
 
Veamos cómo era la portería de un edificio de la calle de Toledo. 
«La casa número 18 de la calle de Toledo es una vieja finca de antiquísima construcción, cuyo portal estrecho lo hacen aún más angosto dos tiendas que se han aprovechado allí. A continuación, y en el fondo del obscuro, más bien que portal, pasadizo, existe un chiscón hecho con unas tablas, sin respiración alguna, que sirve de vivienda a la portera». 
Damos por hecho que en tan reducido espacio no existían retrete ni cocina y, de haberlos, estarían uno al lado del otro. 
 
En la calle de la Bolsa, número 3, la situación era similar. Una noticia sobre el estado de algunas viviendas daba cuenta de esta casa que llevaba sin revocar desde el año 1899. Ojo, que la información es del año 1934. Decía, además: 
«Del aspecto de la fachada, portal y escalera puede juzgar quien lo vea. La portera carece de retrete y está guisando en una especie de anafre». 
Y del mismo año esta otra noticia: 
«En la Tenencia de Alcaldía del distrito de Buenavista ha sido denunciada la casa número 63 de la calle de Diego de León. El fundamento de la denuncia es el mal estado en que se hallan los patios, la suciedad de la escalera, no pintada, sin duda, desde que se construyó la finca, y las pésimas condiciones de habitabilidad del cuarto que ocupa la portera». 
Las noticias son ciertas, pero si alguna duda queda, bastará con una imagen. 
 

La composición fotográfica muestra la pequeña habitación y el retrato de Petra Martín del Barrio, portera de la casa número 7 del pasaje Anastasio Aroca, en el barrio de Prosperidad. Petra, de setenta y siete años, había fallecido por inhalación de los gases provenientes de un brasero. Su hija, Juana Castaño Martín, de cuarenta y cinco años, estaba grave en el momento de ser encontradas por la Guardia civil. Infame espacio sin ventanas donde vivían madre e hija. 
 
Miseria, insalubridad, riesgos laborales y otros aspectos agravados por la falta de reconocimiento laboral de sus funciones. 
 
De personal de servicio doméstico a empleada de fincas urbanas  
No será hasta 1931 que se reconozcan las funciones de los porteros, pero considerándolas como trabajadores de servicio doméstico, tal y como lo establecía la Ley de Contrato de Trabajo de 22 de noviembre de 1931. Esta tipificación los alejaba del beneficio de la obligatoriedad de asegurar contra los riesgos de incapacidad absoluta o muerte establecidos en Ley de Accidentes de Trabajo de 8 de octubre de 1932. En esta Ley quedaba excluido el servicio doméstico, afectando no sólo a los porteros de fincas sino también a los de hoteles particulares. 
 
La Sociedad de Porteros de Madrid y su Contorno (de la que hablaremos en otro artículo) negociaba en 1932 las bases aprobadas por el Jurado mixto de Servicio de Higiene de Madrid. Se trataba de un primitivo convenio que regulaba las condiciones laborales de porteros y porteras, tanto de hoteles particulares como de casas de vecindad. 
De las 16 “bases” aprobadas, destacamos la número 11: 
«Base 11ª. En caso de enfermedad que no exceda de dos meses dentro del año, el propietario vendrá obligado a poner un substituto de su cuenta, siempre que las necesidades del servicio lo requieran y el propietario lo crea oportuno, sin descuento del sueldo del portero, y si la enfermedad excediera de dos meses, el substituto será de cuenta del propietario, quedando en este caso relevado de pagar al portero, bien entendido que al substituto únicamente tendrá obligación el propietario de abonarle el sueldo que disfrute el portero».

Ocurrió lo mismo en la Ley de Contrato de Trabajo de 26 de enero de 1944, por la que volvía a excluirse al servicio doméstico. Afortunadamente, existía un precedente jurídico que establecía la existencia de una relación contractual entre el portero y la propiedad donde ejercía sus funciones. (Art. 39 de la Sentencia del Tribunal Superior, de 15 de enero de 1941). 
 
La abuela de nuestra lectora, de quien dice haber conseguido el puesto de portera allá por 1945/46, se beneficiará de esta sentencia. Pero ella y todas las porteras (también los porteros, claro está) tuvieron que esperar hasta 1971 para ser reconocidos como Empleados de fincas urbanas, gracias a la aprobación de la Ordenanza Nacional de Trabajo para Empleados de Fincas Urbanas, de 20 de enero. 
 
Después llegará la Ordenanza de Trabajo de Empleados de Fincas Urbanas, aprobada el 13 de marzo de 1974. [Ver Orden de 13 de marzo de 1974 por la que se aprueba la Ordenanza de Trabajo de Empleados de Fincas Urbanas. - Boletín Oficial del Estado de 18-03-1974].  Esta se mantendrá en vigor hasta el 31 de diciembre de 1995. [Ver BOE» núm. 311, de 29 de diciembre de 1994, páginas 39154 a 39156].
 
 
La particular Alfonsa 
Don Pío Baroja escribió un relato titulado Verano de Madrid, publicado en el diario AHORA el 21 de julio de 1935. En él hace una descripción de los pintorescos vecinos que conforman el padrón de la casa, edificio de cuatro plantas—la última aguardillada—, con entresuelo y tres locales comerciales.
 
Nada se le escapa a Baroja sobre la personalidad y profesiones de cada uno de los habitantes, controlados todos por Alfonsa, la particular portera, de la que dice: 
«El cancerbero de la casa era la portera, la Alfonsa. Ella vigilaba, tomaba nota; no le pasaba nada por delante de los ojos sin que lo averiguase. Era un juez de Instrucción. Tenía un olfato de sabueso para descubrir los líos de la vecindad. El que iba a empeñar, el que iba a comer, el que preguntaba por el médico especialista, la muchacha del tercero o del cuarto que tenía mal aspecto, nadie pasaba sin dejar en la portería algo de su secreto. Al licenciado Latorre le protegía porque le consideraba como a un infeliz. Еl prestamista don Félix hablaba con ella y le daba propina; "Pastelillos" hacía lo mismo. La Pepa y sus hijas decían que la Alfonsa era una mujer de pronóstico reservado, de aviesas intenciones, capaz de jugar una mala pasada a cualquiera. Tenía odio a todos los que no se rendían a su poder. El marido de la Alfonsa, un cero a la izquierda, estaba empleado en unas dependencias del Ayuntamiento de Chamberí». 
En la siguiente fotografía, tomada en 1932 por el fotógrafo Liompart, podemos conocer a la portera de la corrala del número 8 de la plaza de Lavapiés, conocida como "el Cuartelillo". Aunque no conocemos su nombre, sabemos que había ingresado como portera en 1882. En el momento de ser retratada ya tenía más de setenta años. Toda una vida dedicada a sus vecinos.
 

 
 
El orden desordenado 
Muchas porteras aparecían en las noticias testificando en juicios muy sonados, como el crimen de la calle Fuencarral, el asesinato de la joven Hildegart (Carmen Rodríguez Carballeira) y, entre otros, el de la calle de Antonio Grilo; también, en algunos casos, como imputadas. 
 
De haber continuado en vigor la Ordenanza de 1908, para el portero Francisco Mondéjar y su esposa, Felisa Díaz, poner orden en la finca hubiera sido parte de su trabajo como vigilantes. 
El caso es que este matrimonio, porteros en el número 11 de la calle del Nuncio, se vieron envueltos en un desorden que los llevó a la cárcel y con costas. Así lo relataba el abogado y periodista Alfonso Senra para el diario de la noche La Nación, del 19 de junio de 1935. 
«TRIBUNAL DE URGENCIA – ATESTADO 
En la Sección primera, constituida en Tribunal de Urgencia, se celebró esta mañana la vista contra Francisco Mondéjar y su esposa Felisa Díaz, porteros de la casa número 11 de la calle del Nuncio. 
Ocurrió, al parecer el día 1º de junio actual que un individuo, estando embriagado, comenzó a promover escándalo a la puerta de uno de los cuartos en el que viven dos señoritas solas. Una de ellas llamó al portero en demanda de auxilio, mientras la portera requería la presencia de un guardia de Asalto, inquilino de la referida casa, quien se excusó de intervenir por no estar de servicio. Sobre esta respuesta promovióse discusión entre el guardia y la portera, resultando aquel con un arañazo en la cara y ésta con erosiones en diversas partes del cuerpo. Aunque no aparece clara la intervención del portero, también éste fue procesado, pidiendo para ambos la pena de tres años, cinco meses y un día de prisión por atentado a la autoridad. 
El defensor, el culto y experto abogado don José de Gregorio, niega que en aquel momento concurriese en el guardia la condición de autoridad, y, alternativamente, que se les considere autores de una falta leve de resistencia a la autoridad. 
El Tribunal dictó sentencia de conformidad con el señor Gregorio y condenó a los procesados a quince días de arresto y quince pesetas de indemnización. Como ya llevan en la prisión más tiempo del a que fueron condenados, el Tribunal los puso en libertad inmediatamente».

 

Después de la Guerra Civil
La posguerra trajo tiempos de hambruna. La necesidad llevaba a la desesperación y ésta a cometer robos. Esos y otros delitos ocurridos en los primeros años de la década de los 40 eran muy frecuentes en casas de vecindad donde no había portera ni portero, situación que llevó a demandar su presencia. 
De forma escalonada fueron apareciendo anuncios solicitando porteras, en algunos casos con la preferencia de que no tuvieran hijos pequeños. En los años 50 comenzaron a pedir, además, buenas referencias.
 
Fueron los tiempos en que las porteras, a las que se les atribuía desde siempre su fama de cotillas, pasaron a pertenecer al género radio parlante. Así, de forma jocosa, un columnista había escrito en 1944: 
 

 
Montepío de porteros 
Por orden ministerial de 15 de enero de 1949 se había creado el Montepío Nacional de Previsión Social de los Porteros de Fincas Urbanas. Esta entidad tenía por objeto el ejercicio de la previsión social, siendo su finalidad «la protección y ayuda a sus asociados y familiares contra circunstancias fortuitas y previsibles». 
 
En 1952 se modifican y se aprueban sus Estatutos por Orden ministerial del 12 de mayo. Los socios del Montepío tenían derechos a pensión de jubilación o invalidez; pensión o subsidio de viudedad; pensión de orfandad; asistencia sanitaria; auxilio por defunción; premios por casamiento y por natalidad. 
 
Los años cincuenta y sesenta 
Dicen que las historias se repiten, que todo es cíclico; afirmaciones que para Historia urbana de Madrid no dejan de ser ciertas. Muchas de las historias que contamos tienen la particularidad de asemejarse —en una u otra medida— a las circunstancias y hechos de la sociedad actual. 
 
En 1951 se contabilizaban en Madrid unos 26.000 porteros, siendo mayoritario el porcentaje de porteras. Los sueldos de entonces oscilaban entre las 60 y las 100 pesetas, llegando en algunos casos hasta las 300 pesetas. Aquel año solicitaban un aumento de sueldo, el pago del plus de carestía, “los puntos familiares” y los quinquenios. 
 
Por Orden del 8 de enero de 1954 se modifican las retribuciones de la Reglamentación de Trabajo de Porterías de Fincas Urbanas. 
 

El prototipo de portera anciana entrada en carnes o delgada y seca, con pocos estudios o ninguno, iba desapareciendo. Nuevas generaciones ocupaban sus puestos; entre ellas, mujeres jóvenes, señoras viudas, con estudios básicos algunas o bien preparadas otras. Un ejemplo de estas últimas era Carmen Varela, poeta y cantante. 
 

Como hemos visto, en el siglo XIX y, después, en los inicios del XX, las porteras ocuparon gran parte de las noticias de sucesos, y no fueron menos en las décadas de los 50 y 60. La sociedad estaba acostumbrada a verlas como complemento del paisaje urbano y en las columnas de los tabloides relatando sus aventuras y desventuras. 
 
Las heroicas; las avispadas; las maltratadas o asesinadas; las que ganaban la Lotería y las que robaban la mensualidad al casero; las dedicadas a hacer el bien y las que hacían lo contrario. Las que como Carmen Varela tenían capacidad suficiente para dedicarles media página en el periódico o aquellas que, como en la actualidad, tienen titulaciones universitarias y se dedican a tiempo completo a la noble profesión de portera o conserje. 
 
A muchas las hemos conocido en este resumido paseo por los primeros 150 años de historia que forman parte de un total de 212 años hasta la actualidad; cifra nada despreciable como muestra de la importancia de este gremio en la sociedad a través de los siglos. 
 
Notables progresos hubo en sus condiciones laborales, además del reconocimiento como Empleados de Fincas Urbanas, pero aún queda mucho camino por recorrer para que este gremio no desaparezca. Como explicamos al inicio de este artículo, en ello están, reivindicando sus necesidades más urgentes.
 



Finalizamos nuestro artículo con la voz de Celia Gámez, una de las principales representantes del género de la revista musical española, interpretando el tango "Portera". 
Para escucharlo, accede al archivo musical de la Biblioteca Digital Hispánica, de la Biblioteca Nacional de España, clicando sobre la fotografía de la artista.




 
Bibliografía y Cibergrafía
 
Fuentes consultadas:

ARROYO ABAD, Carlos. "La relación laboral del empleado de fincas urbanas". Anuario Jurídico y Económico Escurialense, XLII (2009) 99-116 / ISSN: 1133-3677

BOE (Boletín Oficial del Estado) GAZETA https://www.boe.es/diario_gazeta/
 
Biblioteca Nacional de Francia - GALLICA
 
Archivos municipales. Memoriademadrid.
 
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En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2021) "Los Porteros madrileños (II) Dará razón la portera (1810 - 1960)", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

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© 2022 Eduardo Valero García - HUM 022-002 OFICIOS
Historia Urbana de Madrid
ISSN 2444-1325



martes, 18 de enero de 2022

Los Porteros madrileños (I) Situación actual y la de los porteros de la Real Biblioteca en el siglo XVIII.

Por esta publicación han pasado personajes pintorescos de la urbe madrileña y una importante colección de comercios y profesiones. Hace poco hablamos de los zapateros y de un proyecto de limpiabotas; también pasaron por estas páginas los mozos de cuerda, los “guindillas”, panaderos, pasteleros, serenos, faroleros, bastoneros, y otros muchos trabajadores de profesiones desaparecidas o en peligro de extinción. Pero hay una muy antigua, desvirtuada con el tiempo, que continúa sirviendo a lo público y lo privado; nos referimos a los porteros y conserjes, en esencia “agentes de la Autoridad”, tal y como lo expresaba el Real Decreto de 24 de febrero de 1908. 

Como indica el título del presente artículo, hablaremos de estos trabajadores y lo haremos en varios capítulos, porque profesión tan antigua no puede aglutinarse en uno solo. 

El pasado año volvió a tratarse la situación laboral de los porteros madrileños, afectados por un Convenio colectivo obsoleto, no actualizado desde el año 2003. La diputada Teresa Zurita Ramón (MAS Madrid) planteó este asunto en la Comisión de Economía y Empleo de la Asamblea de Madrid, comprometiendo a la Dirección General de Trabajo de nuestra Comunidad Autónoma en busca de una solución inmediata, tal y como quedó asentado en el Diario de Sesiones número 108 del 3 de diciembre de 2021 (página 5821 y siguientes

A diferencia de los convenios del mismo sector de otras Comunidades Autónomas, el madrileño no puede actualizarse por la desaparición del Sindicato Independiente de Trabajadores de Fincas Urbanas (SITFU) y la Cámara de la Propiedad Urbana de Madrid, dos de los entes que junto a Comisiones Obreras (CC. OO.) y la Unión General de Trabajadores (U.G.T.) firmaron el llamado Convenio Colectivo de Empleados de Fincas Urbanas (B.O.C.M. Núm. 13, 16 de enero de 2002, [c. n.: 2808215], pág. 60)

Casi veinte años de abandono pueden convertir esta historia en leyenda si nadie—más allá del esfuerzo de los porteros y conserjes—ofrece una solución. En este sentido, los profesionales del sector se aglutinan en una asociación en vías de legalizarse, visible en Twitter (@UrbanasFincas)  y Facebook (Empleados de Fincas Urbanas de Madrid. Grupo privado). 

 

 

Y ya que hablamos de leyendas, nos viene a la memoria la atribuida a Fortat sobre el religioso y polímata del siglo XIII Alberto Magno, del que dice había construido un autómata de bronce con forma de hombre que hacía las veces de portero de la casa, abriendo la puerta y saludando. 

Si bien ya existen robots que van aspirando y fregando el suelo, con nombres tan exóticos como "Roomba" y "Conga", la mayor preocupación está en las empresas de servicios que ofrecen conserjes y limpiadoras, fomentando así la pérdida de figura tan esencial e imprescindible como la del portero. Por eso, entendemos que así deben sentirse estos trabajadores, como mero símbolo, como autómata de bronce ante la falta de interés de los sindicatos e instituciones públicas y privadas. 

Según denuncia la diputada Teresa Zurita Ramón, y citamos textualmente: 
«Recordemos que ese convenio sectorial de empleados de fincas, efectivamente, tenía vigencia hasta diciembre [2003], y está completamente desfasado a todos los niveles: a niveles salariales, a niveles de recoger las categorías profesionales, a niveles de la formación que se necesita hoy en día..., porque la formación que necesitan estas personas para desarrollar su trabajo hoy en día es muy distinta de la que necesitaban en el año 2003; de hecho, ellos están luchando por una regularización de su profesión, por el reconocimiento de un certificado de profesionalidad que recoja la ocupación». 
Esto nos lleva a recordar la situación precaria de sus iguales de otros tiempos. No nos referimos a aquellas arcaicas figuras conocidas como Porteros de Cámara, de Cancillería, de Cadenas, de Vara, de Conventos, Emplazadores, etc., etc.—ya hablaremos de ellos—, sino a los porteros que en el siglo XVIII tuvo la Real Biblioteca de S.M., germen de lo que luego sería la Biblioteca Nacional de España.
 
 
Los porteros de la Real Biblioteca
Antiguamente los puestos de porteros se heredaban de padres a hijos, y no sólo el puesto sino también el uniforme utilizado por el predecesor. Los palacios madrileños destinaban una casa para el portero y su familia, todos ellos al servicio de los aristocráticos propietarios. Sus jornales eran escasos y los horarios no les permitían buscar un segundo empleo con el que aumentar sus ingresos. La dedicación era absoluta, tal y como les ocurre siglos después a los porteros con casa habitación (Portería). 
 
El caso de los porteros de la Real Biblioteca tenía cierta similitud en lo referente a herencia del puesto, salario y precariedad. 
 
Los datos que ofrecemos corresponden al estudio realizado por el bibliotecario, bibliógrafo y crítico literario D. Justo García Morales, bajo el título de Los empleados de la Biblioteca Real (1712-1836), publicado en la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos de enero-junio de 1966. García Morales los ordena alfabéticamente por apellido, no cronológicamente. 
 
El primero de la lista es Benito de Acosta, quien fue portero entre el 4 de enero de 1751 y el 12 de febrero de 1752, fecha en que fue destituido por estar casado. ¡¿Qué me dices?! Pues sí, la explicación del despido fue la siguiente: 
«El Señor Rávago en trece de febrero de este año participó al Señor Dn. Juan de Santander: que a Benito Acosta, criado suyo y nombrado Portero de la Biblioteca, le había despedido en el día anterior por haber sabido estaba casado desde el día once de Julio del año pasado de cincuenta y uno. Y aunque de esto no fuese consecuencia privarle del empleo, lo habría de ser por el peligro que conocía en que el portero fuese casado, pues con un sueldo tan corto para sustentar familia podía ser tentación que tragese perjuicio a la Biblioteca, de que sería bien precaberse, y que por lo tanto dispondría que se le borrase elempleo y que no se le continuase contribuyendo». 
El caso es que Benito venía a ocupar el puesto de José Hernández, quien había prestado servicio desde julio de 1748 hasta noviembre de 1750, año en que renunció por el sueldo que percibía. Este buen hombre había hecho los méritos suficientes para incrementar su salario, llegando al máximo de ocho reales diarios. Así se hacía saber: 
«Que en cumplimiento de su empleo [el de D. Blas Antonio Nasarre] pasaba este aviso, para que a proposición suya, según estaba previsto en las «Constituciones», proveyese el Rey esta plaza que tenía de sueldo cuatro reales diarios, ciertamente muy corto, por lo que según el mérito que iba haciendo el que la servía, se le iba añadiendo de dos en dos reales diarios, hasta que tuvo ocho como el Portero». 
Lo mismo pudo ocurrir con José Mireles, quien ingreso como portero de la biblioteca en 1820 y no duró ni un año. 
 
El tema de los despidos justificados poco valor tenía en aquellos tiempos. El portero Telesforo Luengo y Navarro había ingresado el 22 de mayo de 1789 y borrado de un plumazo el 20 de marzo de 1791. Estas fueron las razones de su despido: 
«1791. En 20 de Marzo: Dijo el Sr. Marqués de Bajamar a D. Tomás Sánchez: que el Rey por justas causas, que tenía por conveniente reservar, había resuelto que a Dn. Telesforo Luengo y Navarro, Portero de la Real Biblioteca, se le separase inmediatamente de este destino; y lo participaba de orden de S. M. para su inteligencia y cumplimiento».
Gran honra y ejemplaridad para los porteros fue la figura de Manuel Martínez de la Mata, portero segundo desde 1716 hasta 1748 dejando el listón muy alto. 
«El P. Guillermo Danbantón comunicó al Sr. D. Juan de Ferreras en veinte y uno de Junio [de 1721]: Que teniendo el Rey presente la aplicación y trabajo continuado de Manuel Martínez de la Mata, segundo Portero de su Real Biblioteca, y del sumo alivio que se experimentaba en la colocación de los libros, no siendo de su incumbencia, había venido S. M. en concederle cincuenta pesos de plata por vía de gratificación todos los años que sirviere el dicho empleo...».
Y resultó ser que fue merecedor del puesto y sueldo vacante por fallecimiento de Martínez de la Mata un portero ayudante llamado Felipe González, quien había ingresado en 1723 y era sobrino de un bibliotecario de la Real Biblioteca. Así fue como el Bibliotecario mayor D. Blas Antonio Nasarre comunicó al director de la Biblioteca lo siguiente: 
«Como S. M. es el dueño de la Librería, sólo él puede dar o quitar las plazas de ella; mas cuando llegare a vacar alguna de ellas, el Bibliotecario Mayor avisará de la vacante al Director, el cual, después de haber conferido con el Bibliotecario Mayor los sugetos convenientes para ella, los propondrá a S. M. para su elección.» Daba aviso que en el día de ayer 16 de Junio [de 1748] vacó la plaza de Portero de la Biblioteca por muerte de Manuel Martínez de la Mata. Que esta plaza tenía doscientos pesos escudos de salario, y se debía conferir a persona entendida y muy fiel y probada, y que no le fueran extraños los libros; que era de mucho trabajo y fatiga y de una residencia personal continua. Que ponía en su noticia que Felipe González hacía veintidós años que estaba sirviendo de Ayuda de Portero con el mismo trabajo y aun mayor que el Portero y con el mismo honor. Que la plaza de Ayuda tenía de salario cien pesos escudos; pero en atención a la calidad de Felipe y a su mérito y a ser sobrino de D. Andrés Arnaud, Bibliotecario que fue, se le añadieron a su sueldo dos reales diarios, y después otros dos, con lo cual se igualó en el sueldo el Oficio de Ayuda con el de Portero; pero que estas gracias del Rey eran personales, y así le parecía se le podría proponer a S. M. al dicho Felipe para que le diese la Portería de que era acreedor y benemérito; y que en caso de que S. M. le hiciese esta honra, vacaría la plaza de Ayuda de Portero». 
Las malas lenguas dirían hoy que el tal Felipe era un “enchufado”, quitando valor a sus méritos profesionales. 
 
Felipe González se jubiló en 1752 y su puesto fue ocupado por Diego de Guédez hasta 1763. Según los escritos de la época no queda claro si Diego falleció aún como portero o abandonó su empleo. 
 
Muchos porteros fallecieron en servicio, ponemos los nombres de alguno de ellos para recordarlos, acompañados del año de ingreso y fallecimiento: Agustín de Anaya (1752 – 1771), José Bordés (1784 – 1792), Ignacio Gazúl (1792 – 1819), Francisco Landa (1763 – 1788) y Antonio Sánchez López-Vela (1793 – 1795). 
 
La Real Biblioteca, conocida como Real Particular o de Cámara, fue la biblioteca privada de los Borbones desde Felipe V. La denominada Real Biblioteca Pública o Real Librería Pública fue de la corona hasta 1836, momento en que pasa a manos del Estado (Ministerio de la Gobernación). 
 
La Real Biblioteca del Palacio Real de Madrid, dependiente de Patrimonio Nacional, existe como tal y el lector puede acceder a ella desde este enlace
 
Finaliza este artículo dejando la puerta abierta a los siguientes. Y no os preocupéis, en el portal hay portero vigilando.
 
 
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miércoles, 13 de octubre de 2021

Un proyecto de limpiabotas, el Gremio de zapateros y los empolvados petimetres. Madrid, siglo XVIII

Muchos son los antiguos oficios y Gremios que han quedado recogidos en el callejero madrileño e identificadas sus calles con las preciosas placas realizadas por el ceramista Alfredo Ruiz de Luna González. Bordadores, botoneras, cedaceros, cabestreros, cuchilleros, curtidores, latoneros, tintoreros y yeseros, entre otros, son recuerdo de aquellas industrias artesanales reunidas en Cofradías y Gremios. 
Como indica el título de este trabajo, hablaré de uno de aquellos Gremios: el de los zapateros, oficio aún presente y necesario. 
 
Oeuvre complet d'ADRIAEN van OSTADE (circa 1710)
Lámina 21: El zapatero - Signatura: Invent/42091-Invent/42142
Biblioteca Digital Hispanica - Bilioteca Nacional de España. 
 
El oficio de zapatero, como el de tabernero y carnicero, eran citados por D. Ramón de Mesonero Romanos al referirse a los Manolos en su libro El Antiguo Madrid
«Pero volviendo al tipo especial del Manolo de Madrid, según nos le dejó pintado Goya en sus caprichos, y en sus deliciosos sainetes el picaresco D. Ramón de la Cruz, debemos consignar que ha venido sufriendo constantes y sucesivas modificaciones en sus costumbres, modales y trajes; sus oficios más favoritos continúan siendo, como en el siglo pasado, los de zapatero, tabernero, carnicero, calesero y tratantes en hierro, trapo, papel, sebo y pieles, que constituían, hasta hace pocos años, los gremios de traperos, chisperos, corredores de la cuatropea, y otros;…» [1] 
Es distinto el caso de los “limpia” –es decir, los limpiabotas–, lustrabotas, reyes del charol, del betún o del brillo; profesionales que llegaron a su mayor esplendor en el Madrid de los años 50 del siglo XX y que en las postrimerías del siglo XVIII no formaban parte del escenario urbano de nuestra ciudad. 
 
Otra cosa son los petimetres, figurones cuyo oficio era no tener oficio. De ellos también hablaré, como lo hacía en 1788 el madrileño D. Joseph de Ramos, ideólogo de la presencia de los limpiabotas en la villa y corte. 
 
 

Un proyecto de limpiabotas 

“-¿Le damos un boleo?”, señalando mis zapatos me preguntaba un día el lustrabotas sin plaza fija que deambula por los aledaños de la Plaza Mayor; iba ataviado a la vieja usanza, con su pantalón y camisa de color negro, en su caso, bastante raído. Rara avis, como los pocos que quedan en la Gran Vía con plaza casi fija. 
 
De los más pintorescos del Gremio de betuneros ambulantes madrileños, recordé hace unos años a Julián García y Sánchez, alias “Cienhigos”; actor, literato, comediógrafo y limpiabotas de principios del siglo XX.
 

 
Pero hoy viajo más lejos, tanto como a las postrimerías del siglo XVIII, cuando en el Madrid ilustrado la profesión de limpiabotas era un proyecto. Para ello debemos situarnos en 1788, último año de vida del rey Carlos III y apogeo de una de las sofisticadas tribus urbanas de la villa y corte: los petimetres.
 
José Cadalso, uno de los principales asistentes a las tertulias ilustradas de la Fonda de San Sebastián, escribía en sus Cartas Marruecas, publicadas el 1 de abril de 1789 en el Correo de Madrid (o de los ciegos): 
«Por cada petimetre que se vea mudar de moda siempre que se lo manda su peluquero, habrá cien mil españoles que no han reformado un ápice en su traje antiguo». 
Now Sr your e compleat macaroni : [estampe] : 
Le petit maître partant pour la promenade.
Signatura: Bibliothèque nationale de France, département Arsenal, EST-194 (112)
Bibliothèque nationale de France 
 
El citado Joseph de Ramos toma la palabra ahora para hablarnos de estos petimetres y la necesidad de un gremio de limpiabotas en Madrid. Lo hace a través de las páginas del Diario de Madrid en una carta al director. 
 
 

Carta al director del Diario de Madrid 

El viernes 25 de julio de 1788, bajo el título de «A los Diaristas», se publicaba en el Diario de Madrid la propuesta de este lector que había conocido el oficio de limpiabotas en París y sugería la implantación del gremio en la villa y corte. La carta es curiosa, porque nos ofrece -con bastante buen humor- una visión de la sociedad matritense de entonces, así como del completo servicio que prestaban los limpiabotas franceses. 
 

 
En el texto encontramos expresiones como «a la francesa», «carbulistas a la moda» y la mención de la pintoresca figura del petimetre; además de nombres de cafés, posadas, botillerías y las zonas más importantes donde deberían apostarse los profesionales del lustre. 
 
Joseph de Ramos firma la carta en Madrid con fecha 20 de julio. La dirige a los responsables del periódico con el desaparecido tratamiento de Vuesas mercedes (Vmds.) y el indispensable saludo final: «que su mano besa». 
 
A continuación transcribo el contenido de la misiva, acompañado de imágenes ilustrativas. 
Muy Señores mios: aunque no soy subscriptor, no por eso dexo de tomar y leer diariamente sus periódicos, para lo qual dedico todos los días cierto tiempo; de modo que nunca por leerlos dexo de cumplir con mi obligación. Habrá cosa de año y medio, día más o menos, que lo hago, y he notado que dexaron Vmds. de insertar las anécdotas históricas de España, todos los más de los días ocupa gran parte del Diario alguna carta de proyectistas a la moda (esto es a la francesa,) y viendo que gran número de gentes se dedican a esto, he querido yo también que se me cuente entre el número de los más ínfimos :: (No crean Vmds. que voy a decir de los ignorantes, no Señores, lo tendría a menos) de los idiotas o carbulistas a la moda, digo; pero escusemonos de palabras, y vamos al asunto. Yo deseára se estableciese en Madrid (ya que todo se hace a la francesa) cierto permiso que hay establecido en la Corte de París, les aseguro a Vmds. que será útil para los petimetres de esta Corte. Petimetres llamo yo a todos los que tienen los honorificos empleos, de capataces, o caporales de la tuna (cuyo número en Madrid es excesivo), de paseantes en corte, apuntadores de las esquinas de la puerta del Sol, matriculadores de M:: o P:: visas del Prado, vigías de balcones, jugadores de billar, contadores de coches, asentistas de cafés &c. &c. &c. 
 
Le petit maitre physicien : [estampe] 1784
Signatura: Bibliothèque nationale de France, département Estampes et photographie, FOL-IB-4 (3) Bibliothèque nationale de France 
 
Sin duda estarán Vmds. con el credo en la boca deseando saber que gremio será esce; gremio le llamo yo porque en París está recibido como tal; y se llaman vulgarmente los individuos que le componen Les Decroteurs [Décrotteur] eso es, los limpiadores de zapatos, de los quales se hallan como cosa de 150 (y aunque dixera 200 creo que no mentiría) solamente encima de uno de los puentes de aquella Ciudad, llamado el puente nuevo. Estos tienen todos un banquito pequeño en el qual ponen los petimetres los pies para que les limpien los zapatos; un par de zepillos, uno mas recio que el otro; un cuchillero; unos pocos de trapajos o guiñapos; y un frasquillo con aceite reluciente para el mismo fin; unos guantes de badana; un pedazo de tisa para limpiar las hebillas; una faletilla colgada de un palo con esta inscripción: Fulano de tal, esquilador de perros, capador de gatos, y limpiador de zapatos. 
 
Décrotteur (1760)
Tilliard, Jean-Baptiste , Graveur Saint-Aubin, Augustin de , Dessinateur Basan, Pierre-François , Editeur Saint-Aubin, Augustin de , Marchand d'estampes 
Número de inventario: G. 5109 - G.5110
CC0 Paris Musées / Musée Carnavalet – Histoire de Paris
 
A muchos les parecerá que este gremio no serviría de nada en Madrid, pero se engañan: que es muy útil y trahe muchas ventajas, tanto al Estado, como a los petimetres matritenses: al Estado, porque destinando a esto cierta porción de perezosos o holgazanes, se quitaban otros tantos vagos, y aun se puede decir rateros. A los petimetres, porque habiendo esta casta de pájaros limpiadores, no entraran en las tertulias y visitas con los zapatos llenos de polvo &c. Ahí es nada las ventajas que trahe el dichoso establecimiento, entrar un petimetre en una tertulia limpio de pies a cabeza, no ensuciar las alfombras o esteras, y ponerse a secretear con las damas sin riesgos de ensuciarles el vestido. Me parece que ya estoy oyendo a todos los hombres de forma decir unánimes, ¡qué borrico será el Sr. proyectista! Pero al mismo tiempo me consuela el oír decir a nuestros petimetres afrancesados, ¡Feliz España que has producido tal hombre! Pero vamos al establecimiento de dicho gremio. El número de hombres destinados no a esquilar o trasquilar perros y capar gatos como en París, sino solamente a limpiar zapatos y no deberá pasar de 50 y estos se repartirán en Madrid del modo siguiente: En la puerta del Sol estarán todo el día 18. = En la plazuela del Angel estarán 11 por la mañana y a la tarde irán a la carrera de San Gerónimo entre los Italianos y la botillería de Canosa, por haber en dicho paraje mucho polvo. = En la puerta de la Fontana de oro 6 todo el día. = En la calle de Fuencarral cerca del café de las quatro Naciones 3. = En los Caños del Peral cerca de la Opera 3. En las Platerías 4. Y en la plazuela de Sto. Domingo los quatro restantes. 
 

Vamos ahora a formar el arancel. Por cada par de zapatos dos quartos: por cada par de botas 6; y por cada uno de hebillas 4. Si se establece, verán Vmds. todos los petimetres con los zapatos limpios a poca costa. Basta por ahora, y estimaré publiquen Vmds. esta noticia por ser tan interesante como muchas de las que se publican y si acaso tengo el honor (eso es hablar a la Francesa) de ver mi nombre en sus periódicos de Vmds. les remitiré de quando en quando algunas cosillas; pero verifiquese o no todo lo dicho, siempre será su mas afecto servidor que su mano besa. 
 
La carta resulta muy interesante por los datos que aporta y principalmente por el hecho de que no existía en el Madrid dieciochesco la figura del limpiabotas tal y como la conocemos. Teniendo en cuenta que las modas de París habían llegado a la villa y corte mucho antes que la invasión napoleónica, quizás el proyecto de don Joseph de Ramos llamara la atención de algunos o se tuviera en cuenta para el futuro; porque, si bien Carlos III había ordenado hacer de Madrid una ciudad limpia y decorosa, faltaba mucho para que los transeúntes anduvieran con los zapatos limpios. 
 
Y ya que hablamos de Carlos III, notaréis que la carta está escrita el año del fallecimiento de tan ilustrado monarca madrileño, acontecido el 14 de diciembre de 1788. 
Pues bien, la lista de zapateros que encontraréis en el siguiente título comprende los ubicados en la villa desde 1758 hasta 1759, poco menos de dos años antes de la llegada del rey a Madrid (9 de diciembre de 1759). 
 
 

Los zapateros 

Desde antiguo existían profesionales del calzado en Madrid; estos artesanos se dividían en tres categorías: los maestros zapateros, los de nuevo y los de viejo. No andaban por las calles y habitualmente tenían su negocio en los portales o en su propia casa. 
 
El oficio de zapatero estuvo unido a la industria de la curtiduría y pellejería al menos hasta 1493, año en que el Concejo diferencia la industria del calzado de las otras. En 1546 aparecerán en los Libros de Acuerdos las primeras ordenanzas exclusivamente para zapateros, en las que se incluían las de borceguineros o chapineros. A su vez, se legisló sobre los zapateros de viejo o remendones. [2] 
 
Les métiers : le cordonnier (Entre 1632 y 1633) 
Bosse, Abraham , Graveur Bosse, Abraham , Dessinateur Le Blond, Jean 1er , Editeur 
Número de inventario: G.14043 
CC0 Paris Musées / Musée Carnavalet
 
Otros artesanos como los boteros, pellejeros, guarnicioneros, agujeteros y guanteros estaban incluidos en las ordenanzas para curtidores y zapateros. En 1622 existían 37 Gremios en Madrid, de entre ellos la industria de zapateros y curtidores, zapateros de viejo, boteros y pellejeros. En aquellos tiempos, el Gremio de los zapateros tuvo su portal en la Plaza Mayor. 
 
Estos obreros del calzado son citados o aparecen como personaje protagonista de varios entremeses, bailes y loas del siglo XVII, como el Bayle del Zapatero y el Valiente, de Monteser. También entremeses y sainetes del siglo XVIII en adelante, como los entremeses del Zapatero Sordo; El Zapatero y Don Terencio Catalana; El Zapatero de viejo y el Alcalde de su Lugar; El Hijo del Zapatero y el Estudiante Salmanquino; La baronesa y el zapatero, de Laserna Nieva; Los zapateros y Adonde las dan las toman o Los zapateros Renegado, de Ramón de la Cruz; Tonadilla a 3 del zapatero, de Esteve, entre otros. 
 

 

 
Aunque nos centramos en el siglo XVIII, es interesante conocer cómo eran y cómo trabajaban los zapateros de los inicios del siglo XIX. 
En la lámina número 8 de Los Gritos de Madrid (1809 - 1816) encontramos un vendedor de zapatos viejos y en una lámina de Los Oficios (Siglo XIX) se muestra a un zapatero en su faena. Estos grabados pueden verse en la Biblioteca digital Memoriademadrid
 

 
También la Biblioteca Nacional atesora imágenes de zapateros. Se trata de dibujos originales de Leonardo Alenza, gran retratista de costumbres madrileñas. 
 
Zapatero remendón (Entre 1830 y 1845)
Leonardo Alenza
Signatura: DIB/15/44/445
Biblioteca Digital Hispanica - Bilioteca Nacional de España.

 
Zapatero remendón (1830)
Leonardo Alenza
Signatura: DIB/15/43/283
Biblioteca Digital Hispanica - Bilioteca Nacional de España.

Zapatero de viejo (1830)
Leonardo Alenza
Signatura: DIB/15/41/110
Biblioteca Digital Hispanica - Bilioteca Nacional de España.
 
 

Agunos zapateros de la villa y corte

Del Diario noticioso, curioso, erudito y comercial, público y económico, rescato de sus anuncios y reclamos los nombres y/o ubicación de algunos zapateros madrileños del siglo XVIII. Sólo es una muestra en la que se citan los anunciados durante los años 1758 y 1759. 
 
  • Calle de Hortaleza, esquina a la del Caballero de Gracia, primera puerta, entre la Cerería y Zapatero. 
  • Calle de los Tudescos, entrando por la Plazuela de Santo Domingo, a mano izquierda, pasada la Carbonería y al lado de un Zapatero. 
  • Zapatero de viejo, que hay en un portal, frente al Hospital de la Pasión. // En la calle de Atocha, frente del Hospital de la Pasión, en casa de un Zapatero. // El Zapatero de Viejo que acostumbra trabajar en un portal que está en la calle de Atocha, frente del Hospital de las mujeres… // … calle de Atocha, la casa que está frente del Arco del Hospital, quarto baxo, que en el portal hay un Zapatero de Viejo. 
  • En la calle Mayor, casa de Antonio Rentero, Maestro de Zapatero. - En la Plazuela de Herradores, entre una Confitería y un Zapatero. // Plazuela de Herradores, en el quarto tercero de la casa en cuyo portal hay un Zapatero y un Dorador. 
  • En la calle Mayor, frente del Portal de San Isidro, entre una Barbería y un Zapatero (Posiblemente se esté refiriendo al maestro zapatero Antonio Rentero). 
  • En la calle Mayor, en la Tienda de Pablo Fuentes, Zapatero - Raphael Paril, Maestro Zapatero, que vive en la calle Mayor, junto a la Pastelería. 
  • Enfrente de las Monjas de Constantinopla, en el quarto segundo, que está encima del Oficio de un Escribano del Número, y en cuyo portal de la casa hay un Zapatero de Viejo… // En la calle Mayor, frente de las Monjas de Constantinopla, entre un zapatero, y la Confitería… 
  • En la calle del Carmen, entre el Peluquero y el Zapatero. 
  • En la calle del Desengaño, entrando por la de Fuencarral, pasado el Zapatero. 
  • En la calle del Príncipe, entrando por el Quartel, sobre mano derecha, pasada la Hostería, y un Zapatero 
  • Melchor Ortiz, Maestro Zapatero de Viejo, que asiste en el portal de Mr. Arneau, Posada de Cavalleros, calle del Carmen. 
  • Zapatero de Viejo, que asiste en la Cava baxa, en el portal que está frente de la Posada de San Antón. 
  • En la calle de Cavallero de Gracia, frente a la Hostería del Cavallo, en cuyo portal hay un Zapatero de Viejo… 
  • En la plazuela de Navalón, que media a la calle de la Sartén, encima de un Tendero y un Zapatero… // Plazuela de la Sartén, en medio de un Guarnicionero y un Zapatero… 
  • Tienda de Zapatero, que está junto a la Iglesia de nuestra Señora de Loreto… 
  • Frente de la Fuente de la Puerta del Sol, quarto principal, sobre un Platero, que hay un Zapatero de Viejo en el portal. (Por otro anuncio sabemos que se llamaba Juan López) 
  • El Zapatero de Viejo, que asiste junto al Concejo… 
  • Juan Antonio Diaz, Zapatero de Viejo, que vive baxo el Oratorio de la Magdalena… // Calle del Calvario, esquina a la de Ministriles, en casa de Juan Antonio Diaz, Zapatero de Viejo. 
  • Plazuela del Angel, a la Posada que llaman de la Vizcaína, que el Zapatero de Viejo que está en el portal dará razón. 
  • El Zapatero de Viejo que asiste en la calle de Fuencarral, junto a la Confitería que hace frente al Convento de las RR. PP. Agonizantes… 
  • Zapatero que está inmediato a la Capilla de Nra. Sra. de la Barquera, calle de Jacometrenzo. // En la calle de Jacometrenzo, donde está la Botillería, esquina de la calle de la Salud (…) el Zapatero que está en el portal… // Calle de Jacometrenzo, en la Casa de los Linages, donde Gines Banas, Maestro Zapatero… // En la calle de Jacometrenzo, entre la de Chinchilla, y la del Olivo, se alquila una Tienda en 3 pesos al mes, dará razón el Zapatero, que está junto a ella… // … calle de Jacometrenzo, casa de un Zapatero, que está frente del Hospital de los Franceses. 
  • El Zapatero de Viejo, que trabaja junto a la puerta de la Villa… 
  • En la calle de la Montera, frente de la calle Angosta, entre una Lonja, y una Ropería, dará razón el Zapatero de Viejo, que está en el portal… // Calle de la Montera, entrando por la Puerta del Sol, a mano derecha, en un quarto principal que está entre un Zapatero y el Tapicero… 
  • En la calle del Pez, casa que hace esquina a la calle de los Hyeseros, entre una Tienda de Mercería, y un Zapatero, frente de la Taberna… 
  • … pasado Antón Martín, la primera casa que hace esquina, en cuyo portal hay un Zapatero de Viejo. 
  • … frente de San Antonio de los Portugueses, en casa de un Maestro Zapatero. 
  • En la calle de San Onofre, en el quarto principal que cae sobre la Tienda del Zapatero… 
  • En la calle de las Infantas, frente a la casa del marqués de Villa-Castél, el Zapatero que está en el portal… 
  • En la calle de la Cruz del Espíritu Santo, frente al Señor Conde de los Cobos, en el quarto principal, sobre un Zapatero… 
  • En la calle de la Abada, frente del Molino de Chocolate, entre un Peluquero, y un Zapatero… 
  • En la Carrera de San Geronymo, frente a la Tienda de un Platero, en la casa donde hay un Dorador en el quarto baxo, y un Zapatero en el zagüan… // 
  • El Zapatero que está en el portal, frente de la Fontana de Oro, en la Carrera de San Geronymo… // … el Zapatero de Viejo, que está en un portal, frente a la Botica de Bote, que está en la Carrera de San Geronymo. 
  • … casa inmediata a la Jabonería que hay subiendo a Santa Cruz, en cuyo portal hay un Zapatero de Viejo… 
  • … Vidrería que está frente de Porta-Coeli, al quarto principal, en cuyo portal hay un Zapatero de Nuevo. 
  • En la calle del Olmo, mas abaxo de donde vive la Señora Marquesa de Villaminaya, en la casa de un Escultor, en el patio, en cuyo portal hay un Zapatero… 
  • En la baxada de Santa Cruz, casa de la Soledad, inmediata a la Lonja de Pozuelo, (…) el Zapatero que está en el portal… 
  • … calle de la Paz, en el portal donde hay un Zapatero de Viejo, frente del juego de Trucos. 
  • En la calle de Toledo, casa de Ramón Cathalan, Maestro Zapatero, que vive junto a la Portería del Convento de las Señoras Religiosas Franciscanas… 
  • En la calle de la Ruda, entrando por la Plazuela de la Cevada, a mano derecha, en el portal que hay un Zapatero de Viejo… 
  • En la calle de la Ballesta, y la casa que hace esquina a la de la Luna, en el portal hay un Zapatero de Viejo… (Otro anuncio indica que se trata de un “portal grande”) 
  • En el quarto principal de la calle de San Onofre, que hace esquina a la de Valverde, y debaxo hay un Zapatero de Nuevo… 
  • … en la calle de Leganitos, frente al Colegio de Músicos del Rey, nuestro Señor (que Dios prospere), donde hay un Zapatero de Nuevo. // El Maestro Zapatero que vive en la calle de Leganitos, frente a Mathias de Ávila… 
  • … calle de la Abada, casa de un Dorador que vive frente de Retamar, entre un Zapatero de Nuevo y otro de Viejo. 
  • El Zapatero de Viejo, que vive o está frente de la Bobeda de San Ginés… 
  • … quarto principal donde vive la Lavandera de la Reina nuestra Señora (que está en el Cielo), calle de la Concepción Geronyma, frente de la Cantarilla, encima de la Tienda de un Zapatero de Nuevo. 
  • … casa de la Parra, que está en la calle de las Fuentes, en que hay un Zapatero de Viejo… // Antonio Rosales, Maestro Zapatero, que vive en la casa de las Animas, calle de las Fuentes, frente de un Guarnicionero. 
  • El Zapatero de Viejo, que trabaja en el portal que está junto a la Taberna de la calle Zedaceros… // … el Zapatero que está junto a la Taberna de la calle Zedaceros, entrando por la de Alcalá a mano derecha. 
  • … calle de la Magdalena, en casa de un Maestro Zapatero, llamado Montaves. 
  • … en la calle de las Carretas, junto a la Librería donde se vende el Mercurio, encima de un Zapatero, y un Guarnicionero… 
  • El Zapatero de Viejo, que está en la calle de los Preciados, junto a la Jabonería… 
  • … calle de Alcalá, frente del Buen Suceso, donde hay un Zapatero de Viejo a la puerta. (Otro anuncio hace referencia a que ese portal era de la casa de D. Lucas Cavallier) 
  • … calle de Bordadores, en el patio segundo de la casa que está en la Plazuela, y en cuyo portal hay un Zapatero. 
  • … el Zapatero de Viejo que está en un portal junto al Convento de nuestra señora de los Angeles.
  • … el Zapatero de Viejo, que está en la calle del Humilladero, entrando por la puerta de Moros a mano derecha, en un portal que está frente de una Tienda. 
  • … el Zapatero de Viejo que está en la calle de la Inquisición, frente de la casa del Excelentísimo Señor Conde de Aguilar… 
  • … Red de San Luis, frente del Mesón de la Gallega, en una Lonja cerrada, quarto principal, que en el portal hay un Zapatero de Viejo. // Red de San Luis, casa de Don Miguel de Barnachea, que cae encima del Zapatero, que tiene puerta de hierro… 
  • Cava baxa, frente a la Posada de San Joseph, a la casa en cuyo portal esta entre un Zapatero, y una Barbería… 
  • Zapatero de Viejo, que está más abaxo de la Puerta del Sol, frente de los maderos de la obra de los Correos.
Para que no resulte muy brusco el cambio de zapatero a petimetre, recordemos al compositor Pablo Esteve, autor de Tonadillas como las tituladas El zapatero, su mujer y petrimetre y La dama, y el zapatero petimetre. Y más música puso a Tonadillas dedicadas a petimetres, como El cuento de la petimetra; El petimetre afectado y maja de Rechupetazo; El marido cicatero y la petimetra de moda; Tonadilla a Duo La Pretendiente de Comica y un petimetre en la corte; La burla del petimetre en el mesón; Un petimetre, una maja y un tostonero; La Bellotera y dos petimetres… 
 
 

Los petimetres 

«Llamar a un pisaverde, Pisaverde, 
No hay mujer que de tal nombre se acuerde; 
Petimetre es mejor y más usado, 
O por lo menos más afrancesado». 
José Francisco de Isla (hacia 1746) 
 
 
Petit Maître Aérostatique allant en Campagne : [estampe] 1770-1870 
Signatura: Bibliothèque nationale de France, département Estampes et photographie,
 RESERVE QB-370 (6)-FT 4 
Bibliothèque nationale de France. 
 
La opinión que Joseph tiene de ellos no es exagerada; aquella tribu de lechuguinos, pisaverdes, gomosos y currutacos afrancesados no tenía más oficio que el de cuidar su apariencia en exceso atendiendo a la última moda de Francia, simular ser aristócratas y eruditos exagerando sus maneras y lenguaje, y dedicando su tiempo al galanteo. 
 
José Francisco de Isla, en su obra Triunfo del amor y de la lealtad : dia grande de Navarra en la festiva ... aclamacion del Serenissimo catholico rey don Fernando II de Navarra y VI de Castilla egecutada en la Real Imperial Corte de Pamplona ... por su Ilustrissima Diputacion, en el dia 21 de Agosto de 1746, añade una expresión al referirse al petimetre; le llama: “almidonado, y a la chambery”. 
 
Y Don Ramón de la Cruz dice de ellos en el sainete El petimetre al referirse al buen gusto: 
 
Yo os lo diré: una fantasma 
que como a los racionales 
entes les anima el alma, 
a los entes petimetres 
anima invisible para 
que se esfuercen a salir 
de las jerarquías bajas 
de su especie, hasta ocupar 
la sublime, y se señalan 
estos felices sujetos 
ya en la hechura de las cajas 
que llevan, ya en los relojes, 
ya en la conducción gallarda 
del aire, de la figura, 
ya en la guarnición extraña 
y colores del vestido; 
y finalmente, en la gracia 
inconcusa con que se hacen 
preferir de las muchachas. 
 
Petimetres los había de ambos sexos y todos ellos recibían críticas por igual, como las vertidas en el Diario Curioso, Histórico, Erudito, etc., del 10 de enero de 1773, bajo el título «Discurso de los Petimetres»: 
Los Petimetres, son en todas partes el azote de la sociedad, y la especie mas ridícula que anda con orgullo sobre la tierra. Esta enfermedad de ser Petimetres, se ha comunicado a toda la juventud, y cada estado tiene los suyos, pero la Nobleza se distingue de todos los otros, da originales a la Corte, a las Ciudades, y aun a las Villas. 
Un Petimetre, es un animal diferente del resto de los hombres; se precia de pensar al revés de los otros, de vestir, de hablar, de andar, de toser, y de escupir de un modo contrario al de todos los demás : Los de la Corte, son los modelos de que se forman los de las Ciudades, y estos los exemplares de las Villas : Son unas gentes, que desde la mañana hasta la noche, se ocupan en componerse, que estudian en inventar nuevos gustos, que siempre están en movimiento, ya diciendo coplas entre dientes, ya bailando, o cantando; después se sientan de repente, para sacar una caxa de nuevo gusto, o para contar los favores que han merecido a las Damas. Este es el carácter de los Petimetres, a qual ha de ser mas tonto, y cada uno se sale con ello, a su modo; de suerte que los que se distinguen mas, tienen derecho a dar licencia a los otros. […] 
 
Le petit-maître coquet revenant de Gibraltar 
Bibliothèque nationale de France, département Estampes et photographie, 
RESERVE QB-201 (113)-FOL 
Bibliothèque nationale de France 
Es simpleza el creer que las casadas se ocupan en el gobierno de su casa, y en la educación de sus hijos : bueno : ese es su menor cuidado. Para ser de moda, es menester que una Dama no piense desde la mañana, hasta la noche, sino en jugar, en visitar, o en que la visiten; en responder a los billetes galantes, y en tener alrededor de si una tropa, ociosa, con el nombre de Adoradores, para entretenerla, mientras está en el tocador. Esto se llama vivir como Muger de calidad, porque el querer agradar al Marido, mirar por la casa, y por la crianza de los hijos, es de gente ordinaria. 
Hay tal simpatía entre los originales de uno, y de otro sexo, que para agradar a las Petimetras, es menester ser Petimetre, aunque nunca lo sea : y si las Mugeres de juicio gustan del hombre prudente, discreto, y modesto; las Petimetras solo se prendan de locos, de necios, desatinados, y figurones, y esto basta para que se enamoren de ellos. 
 
Le petit maître et la dame en l'air 
Bibliothèque nationale de France, département Estampes et photographie, 
FOL-IB-4 (4) 
Bibliothèque nationale de France 
Que tropel de reflexiones se me ofrecía aquí sobre la Petimetria! De buena gana las comunicaria al Publico, si pudiese así desterrar tal locura, pero por mas que diga, no remediaré nada, y así vaya solamente este ROMANCE:
 
 
 
Después de las palabras leídas sobre la figura de los petimetres, nos queda por conocer la definición de un diccionario Español-Francés del siglo XVIII. En el Nouveau dictionnaire espagnol et françois, françois et espagnol: avec l'interprétation latine de chaque mot, de Claude Marie Gattel, publicado en 1790, encontramos varias acepciones: 
 
«Pere-Maître. El padre maestro de los novicios. Δ Petit-maître. Petimetre: pisaverde, caballerete.»
«Petit-Maître. Petimetre; el joven que cuida demasiadamente de su compostura.» 
«Plumet, s. m. Plumage; el penacho de plumas que se pone por adorno en los sombreros Δ Galancete; pisaverde; petimetre Δ Ganapan que en los puertos de la ciudad de París lleva en la cabeza los sacos de carbón.» 
 
 
Desde el antiguo Gremio de zapateros hasta el proyecto de limpiabotas, pasando por la “Petimetría”, llegamos al final de este trabajo en el que no han faltado preciosas imágenes del pasado; costumbres de la sociedad de entonces; nombres de algunos zapateros y los lugares donde ejercían su profesión. 
 
En cuanto a los limpiabotas debemos esperar hasta el siglo XIX, que es cuando comienzan a formar parte de la urbe matritense. Eso lo veréis en el siguiente artículo que ahora se encuentra en proceso de investigación. Mientras tanto, recrearos con esta bonita estampa de una decimonónica “boutique de décrotteur”. 
 
"TABLEAUX DE PARIS. / Aux Arts réunies, Passage Panorama, Boutique de Décroteur, Madame au Bureau, Garçons / Elégans, Abées, Militaires, les Journeaux" (Entre 1814 y 1831) 
Opiz ou Opitz, George Emmanuel, dessinateur 
Número de inventario: D.8569 
CC0 Paris Musées / Musée Carnavalet – Histoire de Paris





Bibliografía y Cibergrafía

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.
 
[1] MESONERO ROMANOS, Ramón. El Antiguo Madrid, paseo Histórico-anecdótico... Madrid, 1861, pág. 194

[2] MENDO CARMONA, Concepción. La industria del cuero en la Villa y tierra de Madrid a finales de la Edad Media. Espacio, Tiempo y Forma. Serie III, H.^ Medieval, t. 3, 1990, págs. 181-211.
 
 
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En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2021) "Un proyecto de limpiabotas, el Gremio de zapateros y los empolvados petimetres. Madrid, siglo XVIII", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

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