domingo, 16 de octubre de 2016

La Confitería Hidalgo de la calle Barquillo. "Casa especial en bombones"

En la emblemática y transitada calle Real del Barquillo -que así se llamaba en tiempos de Fernando VI-, se inauguraba quizá en la última década del madrileño siglo XIX la postinera Confitería Hidalgo. El primer anuncio publicitario que encontramos sobre este selecto comercio data del año 1891.


Antes de Hidalgo era conocido como de Paricio, por lo que el negocio ya existía y en 1891 se hará con él un antiguo dependiente de la confitería Roldán, con doce años de experiencia en pastelería y confitería.

Estaba ubicada en el número 9 de la calle Barquillo, muy cerca de la Plaza del Rey y el mítico Circo Teatro Price. Más allá, en dirección a la casa de Tócame Roque, otro teatro, el Infanta Isabel.

Tuvo por vecino y competidor al también lujoso comercio "La Villa de Mouriscot", pastelería que estaba en el número 12, en la acera de enfrente y a escasos metros. Esta tienda tenía sucursal en Serrano, 28.

Encantadora, señorial y al gusto de la época era la fachada de Casa Hidalgo, con dos atestados escaparates y una única entrada. Su mayor reclamo, las "cajas para bodas".



A tenor de la información recabada, Hidalgo era una tienda asociada o de propiedad de Sobrino de Guinea, industrial afamado en la Villa y Corte por su Casa Sobrino de Guinea de la calle Carretas, números 27 y 29. Este comercio, que se anunciaba como "Confitería y Repostería", preparaba exquisitos roscones de Reyes con sorpresa... nada menos que una moneda de 25 pesetas, además de otros obsequios y almanaques.

En Navidad ofrecía excelentes mazapanes y turrones, muy cotizados en la Villa y Corte como en todas las provincias españolas, donde eran recibidos sin coste de envío.

En esencia, la Casa Sobrino de Guinea era un símil del primitivo Lhardy, con escaparate poblado de manjares, como jamones en dulce, pavos trufados, perdices en galantina, exquisitas empanadas de salmón, langosta o merluza, gran variedad de fiambres, dulces y una nutrida variedad de vinos y licores. El almacén de estos vinos espirituosos estaba en la calle Arenal, 2.

Dos graciosos eslóganes de 1892 y 1893, respectivamente, patrocinaban el Cognac de Moguer que allí se vendía:

"¡Viva el amor!
¡Viva el placer!
¡Viva el cognac!
¡El de Moguer!"

"Cuando venga al mundo un ser
de endeble constitución,
echadle en el biberón
Gognac fino de Moguer."



Confitería Hidalgo, "Casa especial en bombones"
Desde sus comienzos, y contando con el aval de la Casa Sobrino de Guinea, la Confitería de Hidalgo supo hacerse con una clientela selecta y de altos vuelos.
Con frecuencia se anunciaba en las crónicas de sociedad la presencia de Hidalgo como encargada del lunch o banquete en bodas de postín. Además, por la elegancia en el embasado de sus productos se había hecho con clientes de todos los estratos sociales.

Comprar unos deliciosos bombones en Hidalgo implicaba salir de allí con un precioso y elegante cofre profusamente decorado.

El interior del establecimiento era fiel reflejo del buen gusto y pompa de tan afamada firma; por él pasaron miembros de la alta sociedad madrileña de dos siglos.



La siguiente imagen corresponde a una factura de 1916 (más de cien añitos ya) cedida por el portal Todo Colección. En ella podemos ver el nombre del cliente, la "Excelentísima Señora marquesa viuda de Castrillo"; el producto adquirido, "Caja de raso con dulces y bombones finos", y el precio, veintidós pesetas con diez céntimos.
Ya desde 1901 la Confitería se había convertido en "Casa especial en bombones".


Cortesía de www.todocoleccion.net

También podemos apreciar que en ese año ya no figura Sobrino de Guinea sino el Sr. Francisco Pérez como sucesor. Más tarde, en los años 20 del pasado siglo, en los membretes figurará "Sucesores de Francisco Pérez". En algún momento Sobrino de Guinea se desprende de ese negocio y continúa con el de la calle Carretas al menos hasta 1935, año en que deja de aparecer publicidad en la prensa.

Como hemos comentado, para banquetes de postín y suministro a casas aristocráticas, ahí estaban los productos de Hidalgo. Los conocemos a través de estos anuncios:

AÑO 1891
AÑO 1900
AÑO 1901
AÑO 1903
AÑO 1909
AÑO 1912
AÑO 1915


Proveedor de la Casa Real
Y si su clientela era selecta, aún lo fue más cuando la reina Victoria Eugenia visitó la tienda en 1919 y disfrutó de sus exquisitos productos y delicados embalajes. Prueba de ello es esta fotografía -posiblemente de Salazar-, publicada en La Esfera (Ano VI. Núm. 280. Mayo de 1919).



Las famosas cajas de Hidalgo
Por cortesía de www.todocolección.net podemos mostraros el producto estrella de la confitería, sus cajas pintadas al óleo y fabricadas con materiales nobles y finísima artesanía.
La primera caja es de finales del siglo XIX y está coloreada a mano.


La siguiente caja es de principios del siglo XX, está confeccionada en tela y cartón con exquisitos acabados.

La última caja es de los años 20 y en esta ya aparece la etiqueta como "Sucesores de Francisco Pérez", nada que ver con otros sucesores del mismo nombre que eran fabricantes de tejas planas, con fábrica en Villaverde y Casa expositora en la Puerta del Sol, número 14.


Tal era el éxito de sus artesonadas cajas que en la prensa se anunciaban los nuevos modelos, y lo hacian de esta guisa:
La aristocrática confitería Hidalgo (Barquillo, 9), en la que siempre se exhiben las últimas novedades en cajas del mejor gusto para regalar los dulces de bodas, bautizos y cruzamientos, acaba de poner á la venta la última creación de sus modelos exclusivos. Son cajas con aplicaciones de cristal, placas metálicas y finísima piel que por su originalidad están siendo preferidas por las personas de buen gusto. De dichas cajas tiene ya varios encargos para las bodas que hemos anunciado en nuestras «Noticias de Sociedad». Recomendamos á cuantos necesiten estos artículos que visiten esta casa, la cual, dentro del buen gusto que la distingue, tiene de lo más rico á lo más moderno.

En enero de 1957 recibirá un premio, junto a otros comercios, correspondiente al Concurso de escaparates e iluminaciones comerciales promovido por el Círculo de la Unión Mercantil y el Ayuntamiento de Madrid.

En 1972 deberá abandonar su primitivo local de la calle Barquillo, 9 (entonces número 15), por derribo del edificio. Continuará atendiendo a su clientela en el número 10 de la misma calle, "bajo la misma dirección e iguales normas comerciales, con los mismos artículos, especialidades, etc., donde espera y atenderá con la consideración, respeto y afecto debidos que siempre ha sido su norma a todos sus antiguos clientes y amigos."

En 1974 anunciaba que habían acabado las obras de reforma de su taller, ofreciendo "nuevamente" todos sus productos y objetos de regalo. Para entonces Casa Hidalgo contaba con dos filiales: El Buen Retiro (Goya, 17) y Passy (Martínez Campos, 39).


Adiós a Casa Hidalgo
El 13 de junio de 1978 la Casa Hidalgo cierra definitivamente las puertas del local de Barquillo, 10. Continuará ofreciendo sus servicios en la calle Goya, 17.



Y así termina la historia de la "Casa especial en bombones" de Barquillo, 9. Muchas pastelerías han sobrevivido, entre ellas Casa Mira, La Mallorquina, El Riojano, La Duquesita y otras.

Nosotros hemos recordado un comercio más de los tantos que han caído en el olvido; esos que también forman parte de la historia y costumbres de nuestra ciudad y que han desaparecido de la geografía urbana de Madrid.



Bibliografía
De las imágenes:
- Archivo HUM (Historia Urbana de Madrid)
- Archivo Regional de la CAM
- Portal de coleccionismo "todocolección. net"

De los anuncios publicitarios:
- BNE (Hemeroteca digital)
- Archivo HUM

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

Otra referencia en este blog: https://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/2013/04/madrid-22-de-abril-de-1913.html

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2016) "La Confitería Hidalgo de la calle Barquillo. "Casa especial en bombones", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325 [VER: "Uso del Contenido"]

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.

© 2016 Eduardo Valero García - HUM 016-003 RECUPAPEL
Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

viernes, 7 de octubre de 2016

La saga Baüer y su palacio de la calle San Bernardo (#Punto Historia)

En el número 44 (antiguo 54) de la calle de San Bernardo, hoy Escuela Superior de Canto, se encuentra uno de los palacios más postineros de los siglos XIX y XX, y sede de la Banca Baüer.

De Luis García, CC BY-SA 3.0,
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Sirva este edificio como punto de partida para ahondar en la historia de la poderosa e influyente familia Baüer; una saga de banqueros judíos afincada en Madrid en el siglo XIX con amistades en todos los sectores de la alta sociedad y la política, incluida la Casa Real, desde Isabel II hasta Alfonso XIII.
Además del palacio de la calle San Bernardo, la familia fue propietaria de la Casa de Gentilhombres de La Granja y de El Capricho de la Alameda de Osuna, entre otros inmuebles.


El palacio Baüer
El conocido como palacio Baüer forma parte del conjunto de casas señoriales construidas en aquella zona casi periférica del Madrid dieciochesco, muy relacionada con la nobleza y con vecinos importantes, miembros ellos del Consejo Real y Supremo de su Majestad.

En nuestro artículo sobre las memorias de la calle del Pez encontramos que en el siglo XVIII se afincaban en esta emblemática calle algunas personas nobles y miembros de la Real Junta General de Comercio, Moneda, Dependencia de Estrangeros y Minas, Consejo Real y Superior de las Indias, y hasta un negocio llamado “LA ÚNICA”, dedicado a la compra-venta de fincas y préstamos hipotecarios.

Visto así, es posible que los Baüer eligiesen esta zona y ese palacio para instalarse cerca de personas influyentes o, al menos, para permanecer aglutinados financieros y aristócratas, tan relacionados los unos con los otros.


Ubicación del palacio y una aclaración
El palacio está ubicado frente a la calle de San Bernardo, entre las de Pez, travesía de las Pozas (antigua calle de la Concepción) y calle de las Pozas. Como hemos comentado, en él se emplaza en la actualidad la Escuela Superior de Canto, donde antes había estado el Real Conservatorio de Música y Declamación y temporalmente la Escuela de Arte Dramático y Danza.


Plano de Nicolás de Fer (1706)
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LIBRO QUINTO DE LA PLANIMETRÍA GENERAL DE MADRID
MANZANA 490
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© MH-SEC
Consulta catastral 11/09/2016
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Es indudable que no somos los primeros, ni los únicos, que hablamos del palacio Baüer o Bauer; existen muchas publicaciones sobre este edificio. Como referencia hemos elegido el artículo publicado por nuestra compañera Mercedes Gómez, quien en su blog Arte en Madrid nos cuenta:
Y el Palacio Bauer en el nº 44, que se ha podido visitar a lo largo de este mes de septiembre gracias al programa de la Comunidad de Madrid Bienvenidos a palacio.
Comienza la explicación de nuestra guía, Elena, con una importante aclaración, que agradecemos:
En algunas publicaciones, en internet o impresas (incluido el folleto oficial que nos entrega antes de la visita), aparece que el Palacio Bauer fue construido en el siglo XVIII “para los marqueses de Guadalcázar”, pero este dato es erróneo. Y aprovecha para recordarnos algo que olvidamos demasiado a menudo: no se deben copiar las informaciones ajenas sin intentar contrastarlas pues a veces ocurre lo que en este caso, un autor copia a otro, éste a otro… y así un error se va transmitiendo infinitamente. […] La verdad es que el Palacio que fue propiedad de los marqueses de Guadalcázar no es el que perteneció a los Bauer, en el nº 44, sino el hoy llamado Palacio de Parcent, ubicado en la misma calle de San Bernardo, en el nº 72. […] En cuanto al Palacio Bauer, era la antigua Casa nº 4 de la manzana 490, actual nº 44 de la calle de San Bernardo, que a mediados del siglo XVIII era propiedad de la Casa Noviciado de la Compañía de Jesús. […]”
Dicho esto, y atendiendo a las aclaraciones de la guía, que son refrendadas por Gómez, nos sumamos a esta afirmación aportando nuevos datos.

A tenor del comentario que hemos encontrado en la Revista Musical Ilustrada RITMO de mayo de 1943, parece ser que las equivocaciones sobre quiénes fueron los primitivos propietarios del edificio viene de antiguo. Un artículo titulado “Inauguración del nuevo edificio del Real Conservatorio de Música y Declamación” ofrece la siguiente información:
“[…] instalado magníficamente en el vetusto palacio de la calle de San Bernardo, 44, frente por frente a la Universidad Central, mandado construir por los Marqueses de Valparaíso-no los Marqueses de Perales, como por error se ha dicho-y reconstruido ahora por el Estado, al adquirirlo de sus últimos propietarios, señores Baúer […]”
Este marquesado fue creado por Felipe IV (1632) a favor de Francisco González de Andía-Irarrázabal y Zárate, I marqués de Valparaíso. Quizá la construcción del palacio se deba al VII marqués, pero eso es un dato que debemos contrastar.

Quien aquello afirmaba era el arquitecto Rodrigo Poggio, director de las obras de reforma y restauración del palacio.

Y ya que hablamos de la inauguración del Real Conservatorio de Música y declamación, debemos apuntar que la adquisición del palacio de Baüer para ese fin la realizará el Padre Nemesio Otaño por 750.000 pesetas.
Los que habéis visto estos sombríos muros, desposeídos de los ricos atavíos de sus últimos moradores y manchados y maltrechos por los milicianos rojos, que aquí tuvieron un cuartel, y os disteis cuenta de los rincones y laberintos de esta casa, sin un plan arquitectónico de conjunto, podréis ahora apreciar mejor la considerable labor que aquí se ha realizado […]”
Fragmento del discurso inaugural pronunciado por el director del Conservatorio, Padre Otaño, el día 16 de mayo de 1943.

Para establecer decorosamente el de Madrid [el Conservatorio], se adquirió el actual palacio, que con celo inigualado el P. Otaño, quien a sus condiciones de músico insigne une las de organizar extraordinario, ha convertido en albergue digno y magnífico del primer centro musical de la nación, desterrando para siempre la vergüenza de que un centro de esta categoría arrastrara una vida precaria en locales impropios de la dignidad de la función docente. Para honra del régimen que preside el Caudillo, es hoy motivo de honda satisfacción incorporar una obra ten llena de posibilidades a las muchas que en el ámbito de las Bellas Artes lleva realizadas este Ministerio.
Fragmento del discurso inaugural pronunciado por el Ministro de Educación Nacional, Sr. José Ibáñez Martín, en el Conservatorio el día 16 de mayo de 1943.


Fisonomía del palacio
Desde su construcción, en el siglo XVIII, el edificio ha cambiado de fisonomía en varias ocasiones, alcanzando su máxima elegancia y esplendor en tiempos de los Baüer.



En sus inicios fue un caserón de pisos, con portal y acceso directo a las plantas altas por una escalera principal. Más tarde, por encargo de los Baüer al arquitecto y artista Arturo Mélida y Alinari, se acometerán grandes obras de reforma.

Se construirá una escalera más solemne y de mayor importancia, habilitándose diversos y lujosos salones. Dotar al edificio de mayor amplitud conllevará la desaparición de traviesas y algunos pisos que conservaban la estructura clásica de las construcciones del siglo XVIII.

Debemos tener en cuenta que una parte del palacio la ocupaba la Banca Baüer, por lo que en la distribución existía una zona independiente para despachos de trabajo y recibir, además de una caja fuerte. Anejo a esas dependencias, en el interior, salones, estancias al uso de la época, recepción y comedor oficial.

Una serie de escaleras interiores y angostas, con estratégicos accesos a todas las estancias de la casa, estaban destinados al uso de la servidumbre. Los dormitorios de esta servidumbre se ubicaban en la tercera planta.

Otra escalera, en este caso de caracol, se situaba en el salón de baile y tenía por objeto la mejor visualización del pintoresco espectáculo desde una galería superior.

En cuanto a descripciones de la decoración, cedemos el testigo a nuestra compañera Mercedes Gómez y su citado artículo, añadiendo por nuestra parte que alguno de los valiosos tapices que adornaban las paredes ciegas serían colocados años más tarde en el Banco de España, fruto de la testamentaria de don Ignacio Salomón Baüer Landauer.



Por su parte, un bellísimo jardín interior y de carácter romántico hacía las delicias de la alta sociedad madrileña en época estival. Según comparaciones de la época, nada tenía que envidiar al del palacio del marqués de Vega-Inclán, hoy Museo del Romanticismo.



Al estallar la Guerra Civil todo el edificio será ocupado por las milicias, lo que implicará un posterior estado de ruina y abandono.

En la década de los cuarenta volverá a sufrir reformas, perdiendo parte del proyecto de Mélida, y dando paso al Real Conservatorio de Música y Declamación (1943).

Las siguientes imágenes muestran la fisonomía del palacio con sus estancias convertidas en salas del Conservatorio.

Aula de piano

Clase de Danza y Ritmo

Despacho y Estudio del Padre Otaño

Salón de visitas de la Dirección

Salón de actos

En 1966 el Conservatorio será trasladado nuevamente a su antigua sede del Teatro Real y el palacio quedará en estado de abandono.

Más tarde, en la década de los setenta, el palacio será declarado monumento histórico-artístico. Posteriormente se acometerán obras de restauración para la instalación de la Escuela Superior de Canto que hoy perdura.


BOE nº 69 de 21 de marzo de 1972, pp. 4970-4971
Origen de los documentos: Agencia Estatal del Boletín Oficial del Estado
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-001 BAÜER
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325


El teatro Ida
Era en el salón de baile donde la esposa de Ignacio Salomón Baüer Landauer, baronesa Ida Morpurgo, organizaba obras de teatro infantiles en las que participaban sus hijos y los de la aristocracia madrileña. Tanta fama tenían estas representaciones que en las crónicas de sociedad el palacio era denominado Teatro Ida, nombre de pila de la baronesa.




La saga Baüer
Ignacio Salomón Baüer Landauer [1] (Budapest, 1827-Madrid, 1895) llegaba a Madrid en la segunda mitad del siglo XIX como representante de la Casa Rothschild en España.

Perteneciente a una saga de banqueros judíos, Ignacio contrae matrimonio en 1864 con la baronesa Ida Morpurgo en Trieste. De esta unión nacerán cuatro hijos.

El banquero no tardará en hacerse con la simpatía de la Corona, tal es así que en 1863 la reina le concede Regium exequatur con nombramiento de cónsul general de Hamburgo en la Corte madrileña. Esto es peccata minuta comparado con el amplio abanico de cargos que llegó a desempeñar y que conformaron un peligroso entramado de empresas y sociedades en beneficio propio y de la poderosa Rothschild.

Fue director del Banco Español de San Fernando; formó parte del Consejo de administración de la línea ferroviaria MZA, de las Minas de Río Tinto, las de Almadén, y la Sociedad Minera y Metalúrgica Peñarroya, entre otras sociedades mercantiles y de beneficencia.

En un principio su actividad se desarrolla como agente de Rothschild conjuntamente con Daniel Weisweiller. Éste llevaba todos los asuntos de Rothschild en España desde 1835 y se asocia con Baüer en 1855 para fortalecer sus intereses. Nace entonces la Weisweiller & Baüer Cía, entidad que funcionará hasta 1892, año de fallecimiento de Weisweiller.

La siguiente noticia da cuenta del poder de Rothschild en España a través de sus agentes en Madrid:



En esos tiempos se suceden los sobornos, siendo uno de los más sonados el del contrato de Almadén de 1870, en el que se beneficiaron altos funcionarios del ministerio de Hacienda. En todos esos chanchullos Weisweiller y Baüer se mantenían en la sombra.

Fallecido Weisweiller, Baüer tomará las riendas de la agencia bajo su nombre desde 1892 hasta 1894.
Como hemos dicho anteriormente, Ignacio contrae matrimonio en 1864 con la baronesa Ida Morpurgo. De esta unión nacerán Gustavo (1865-1916), Paulina (1869-?), Manuel (1872-1895) y Fernando (1873-1943).

La buena relación de Ignacio con la Corona, nobles y otras personalidades de la alta sociedad, servirá para hacerse con participaciones en muchos negocios y ubicar a su hija entre los Grandes de España. Así, Paulina Baüer Morpurgo se convertirá al catolicismo y adquirirá el título de marquesa de Villamanrique al contraer matrimonio con Mariano Ruiz de Arana, primogénito del duque de Baena y marqués de Villamanrique. [2]




Muerte del patriarca
El 25 de mayo de 1895 se conoce la noticia del grave estado en que se encontraba Ignacio. A las seis y cuarto de la mañana del día 30 fallece en su palacio de la calle San Bernardo.



Gran multitud de personas pasarán por la casa mortuoria para dar el último adiós al banquero, al amigo, al benefactor. Su viuda hará repartir dinero entre los más necesitados como muestra de la benevolencia de Ignacio, quien era conocido por su poder pero también por su caridad.
Sus restos fueron trasladados a París desde la Estación del Norte, el 1º de junio de aquel año.

Ironías de la vida, los primeros días de agosto de ese año fallecerá su hijo Manuel Baüer Morpurgo en la residencia que la familia tenía en La Granja.


El heredero de un imperio financiero
Seguirá los pasos de Ignacio Salomón Baüer Landauer en el ya consolidado negocio su primogénito:

Gustavo Baüer Morpurgo (1865-1916).
A él se debe, además de otros asuntos, la remodelación del palacio de la calle San Bernardo y la compra en subasta pública de El Capricho.

Gustavo había comenzado a colaborar con su padre desde muy joven, por lo que conocía perfectamente los entresijos de los negocios financieros. Además, será un poderoso mecenas de gustos refinados. Su entusiasmo por las Bellas Artes le llevará a reunir una valiosa colección de obras de autores como Moreno Carbonero, Arturo Mélida, Mariano Benlliure, entre otros.

Como era tradición en el hogar de los Baüer, continuarán los famosos banquetes, tertulias y bailes del palacio de la calle San Bernardo, sumando a estos los celebrados en la nueva propiedad de la Alameda de Osuna.

En 1889 contraerá matrimonio con una prima carnal, Rosa Landauer. Fruto de esa unión nacerán tres hijos: Alfredo, Ignacio y Eduardo.

Fundará la Baüer & Cia. (1898-1908) y después la Gustavo Baüer (1908-1917).

Incursionará en la política como diputado por Coruña en 1910 y senador por Orense en 1914, 1915 y 1916.


Temprana muerte
Gustavo fallecerá en El Capricho el 23 de noviembre de 1916. La diabetes que padecía fue deteriorando su salud y la muerte le sorprendió en el palacio de Osuna, donde se había retirado a descansar.

Por expreso deseo del difunto no se colocaron esquelas en la prensa ni se hicieron invitaciones  para el funeral. A pesar de su riqueza el banquero siempre había sido muy modesto, por lo que el entierro se celebró de forma extremadamente discreta y sencilla, sin ceremonia alguna, con la presencia de la viuda y sus hijos y la asistencia del duque de Baena; el expresidente del Consejo, D. Eduardo Dato Iradier; el marqués de Urquijo y otros pocos amigos íntimos.

Desde El Capricho fue conducido el cadáver en un furgón al Cementerio de los Ingleses, donde esperaban el embajador de Francia, Monsieur Geoffray; el consejero de la embajada, Monsieur Vieugué, y poco más.

“Panteón de la familia Bauer situado en la zona con mayor presencia de tumbas hebreas.”
© Un paseo por la Memoria 2014
https://unpaseoporlamemoria.com/2014/08/05/los-secretos-del-cementerio-britanico-de-madrid/

La viuda mandó colocar un libro de condolencias en el palacio de la calle San Bernardo, donde, como en tiempos de don Ignacio, muchas personas de distintos estratos sociales pasaron a dar su pésame.


Los hijos de Gustavo
A la muerte de Gustavo, Eduardo Dato Iradier ocupará su puesto de presidente del Consejo de administración de la MZA (Dato era amigo íntimo de la familia). Más tarde renunciará en favor de Ignacio y Alfredo Baüer Landauer, quienes continuarán los pasos de su padre dentro de la Compañía como presidente y vice respectivamente.
Ignacio y su hermano Alfredo fundarán la Casa Baüer & Cia. (1917-1930).

Alfredo Baüer Landauer fue secretario general del Patronato Nacional de Turismo, presidente de la Sociedad Minera y Metalúrgica Peñarroya, además de otros puestos en el ámbito de la publicidad, el cine, la industria agrícola, electromecánica y aviación.



Eduardo Baüer Landauer también ocupará puestos importantes, pero su mayor responsabilidad será la de pertenecer a la Comisión liquidadora de la Compañía Baüer, que estuvo ubicada en El Capricho. Morirá en extrañas circunstancias en 1939; para unos asesinados, y para otros, fusilado al comenzar la guerra civil.


Por su parte, Ignacio Baüer Landauer (nieto), además de los citados puestos que ocupó, se dedicará a la docencia y la publicación de importantes libros, muchos de ellos relacionados con el judaísmo y la "geografía física y humana" de Marruecos. Fue miembro de la Academia de Historia y la de Medicina, entre otras instituciones; diputado provincial de Madrid por los romanonistas, y promotor de la primera sinagoga de Madrid, de la que fue presidente.

Siguiendo los pasos de su padre y de su abuelo, será un gran benefactor de instituciones públicas y privadas, realizando donaciones arqueológicas al Museo del Doctor Velasco (Museo Antropológico) y otros; además de las Bibliotecas públicas del Estado.



Agonía y final de un imperio
El gran imperio Baüer se desmoronará a principio de los años 30 y los descendientes del viejo Ignacio quedarán en la ruina.

Las noticias de los periódicos comenzaban a dar cuenta de la difícil situación de los Baüer y sus negocios, de los cuales algunos se asemejaban a los tejemanejes que son noticia en la actualidad.
La Banca Bauer-Marchal, que vendió el paquete de acciones que tenía de la Banca Arnús, está buscando deshacerse de otro paquete de acciones Pathé.
Veremos quién se traga el paquete.
[La Libertad (Año XIII. Nº 3428, p. 3. Madrid, 15/03/1931]
Y de esos paquetes hubo muchos. Las pérdidas de la Compañía MZA en el ejercicio de 1931 ascendieron a 6.108.926 pesetas, corriendo a cargo del Estado 2.511.716 pesetas.

El sonado caso de la Compañía Porto Pi S.A. en la que estaban implicados banqueros y financieros de relieve como los March, Recasén, Marín Lázaro, el marqués de Cortina, y la Compañía Arrendataria del Monopolio de Petróleos, la Compañía Española de Petróleos, el Banco Exterior de España, la Compañía Transmediterránea y la Banca Baüer-Marshall de París, interesada en la citada Banca Arnús, de Barcelona. La Transmediterránea y la Banca Baüer eran propietarias al 50% de la Compañía Porto Pi. En 1930 la primera vende su parte a la Banca Baüer, quedando ésta como propietaria absoluta y reclamando por sentencia de un Tribunal francés una compensación de 34 millones de francos (En algunas noticias de la época se refieren a 40 millones de pesetas).

Un despropósito difícil de resumir en pocas palabras pero que afectaba al Estado español y era similar a los rescates de Bancos de hoy; además de suponer una estrategia para el incremento abusivo en el precio del petróleo. Afortunadamente el engaño al Estado producido en 1927 fue resarcido en virtud del proyecto de Ley de 7 de noviembre de 1932, por el que el Gobierno recuperaría el dinero a través de la Compañía arrendataria del Monopolio del Petróleo. [Gaceta de Madrid número 315, del 10 de noviembre de 1932]



El 2 de julio de 1931 la Banca Baüer presentaba un escrito en el Juzgado de primera instancia solicitando se declarase la suspensión de pagos por un plazo de tres años. La petición estaba fundada en la crítica situación de los negocios en los que participaban y a la depreciación de los valores que tenían en cartera.
Lo mismo ocurrirá un día después con la C.I.A.P. (Compañía Ibero Americana de Publicaciones), que operaba con la Banca Baüer.

El 31 de julio de ese año el diario republicano de Valencia El Pueblo (Ano XXXVIII. Nº 13518, p. 1) publicaba la siguiente reflexión:
Estos días se han producido quiebras que han llamado la atención del elemento financiero y que han pretendido achacar a la falta de protección por parte del Estado. Y es de notar que esa Banca y esas empresas hundidas lo han sido porque recibían un apoyo extranjero y ese apoyo ha ido al traste. Es el caso de la Banca Baüer, que por ser judía aparecía como inalterable en una buena marcha, y sin embargo todos los recatos financieros, martingalas y recelos judíos no han podido detener una caída tan estrepitosa e inesperada. Y por caso natural han ido también al suelo las empresas españolas que recibían su apoyo. No puede ser, por lo tanto, estos hechos motivo de intranquilidad para el comercio.

En noviembre de 1932 se celebra la Junta de acreedores de la Banca Baüer y se firma el convenio que comprendía la cesión de los bienes, muebles e inmuebles personales de la Casa Baüer, de los créditos de la Banca, etc., cuyo conjunto sería liquidado para el pago a acreedores.

Formaban la Comisión liquidadora los siguientes acreedores: Banco Urquijo, Casa Rothschild, Sociedad Ibérica de Construcciones Eléctricas, La Urbana y Eduardo Baüer Landauer.

Dejamos para otro artículo lo ocurrido con El Capricho, propiedad que quiso adquirir el Ayuntamiento de Madrid en 1934, encontrándose con el oportunismo de la Comisión liquidadora de la Compañía Baüer que inflaba su precio al doble de lo ofertado.

En resumen, y habiendo pasado por alto una extensa lista de negocios dudosos y corruptela, aquella poderosa familia que había formado parte de la flor y nata de la sociedad madrileña; que se codeaba con la Corona, a la que facilitaba préstamos con beneficiosas exigencias después; aquella que manejaba los hilos de importantes empresas y era tan avariciosa con unos como benefactora hacia otros, sucumbía sin remedio.



Así, los últimos Baüer serán testigos directos del trágico final de su propio imperio.

Eduardo, como hemos comentado, será asesinado en 1939. Había contraído matrimonio con María López Chicheri y tendrá cuatro hijos: Gustavo, Juan Ignacio, Sonsoles y Patricio.

Por su parte, Ignacio pasará largas temporadas fuera de España hasta que en la década de los 50 se marchará a Suiza. Se había casado con Olga de Gunzburg y no tendrá descendencia.

Alfredo emigrará a México y también perpetuará el apellido. Se había casado con Gisela Von Ephrussi, y de esa unión nacerán tres hijos: Álvaro, Gonzalo y Mariano.


Réquiem por los Baüer
Y hasta aquí esta parte de la historia que ha recordado a los Baüer y su palacio. Otros artículos están en preparación y también hablan de la influyente familia.

Poder, riqueza y ambición. Beneficios y beneficencia. Reconocimiento y notoriedad a caballo entre dos siglos en un Madrid convulso.
De la cima al abismo y posterior olvido; porque...

"... polvo eres, y al polvo serás tornado"






Todo esto que hemos contado refuerza lo que quien escribe relata en el programa El Punto Sobre la Historia que se emitirá hoy:

Viernes 7 de octubre a las 21:30 horas, en Telemadrid



Citas y Bibliografía
[1] En “Las luminarias de Janucá” (Madrid, 1924), de R. Cansinos Assens, Ignacio Baüer es citado como “El viejo Khon”.

[2] NOTA: En algunas noticias de la época se dice “las hijas de los Sres. Baüer”, pero lo cierto es que la otra figura femenina de la casa era Irene Landauer, sobrina de Ignacio, que vivió con ellos desde pequeña, y era hermana de Rosa, mujer de Gustavo Baüer Morpurgo.
En el árbol genealógico, conservado en los archivos de la Casa Rothschild de Londres, aparece el nombre de “María de la Concepción Baüer-Marquesa de Villamanrique”, por eso algunos identifican a Paulina con este otro nombre.


En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2016) "La saga Baüer y su palacio de la calle San Bernardo (El Punto Sobre la Historia)", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325 [VER: "Uso del Contenido"]

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.

© 2016 Eduardo Valero García - HUM 016-001 BAÜER
Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325




miércoles, 7 de septiembre de 2016

Coplas del domingo en miércoles. Noche estival. Madrid, 1904

Publicamos nuestra tradicional copla del domingo pero esta vez en miércoles. Y lo hacemos coincidiendo con el calor que hizo en aquel Madrid de agosto de 1904 -más comprensible que el de estos días de septiembre del siglo XXI.
El martes 4 de agosto de ese año, ciento doce años atrás, la temperatura máxima alcanzada fue de 40,4º a la sombra y 44,8º a la intemperie.

Ese mismo día publicaba el Heraldo de Madrid una graciosa copla de Antonio Casero que llevaba por título "Noche estival", e iba dedicada a su amigo Alejandro Saint-Aubin.[1]

Don Antonio Casero ya publicaba coplas en el Heraldo pero aun no tenía su exclusiva columna de los domingos; las entrañables “Coplas del domingo” que hacían reír al madrileño de antes, y también al de hoy a través de nuestro blog.

Con motivo de la celebración de un concurso de coplas organizado por el citado periódico en 1902 – y cuyo resultado se conoce el día 1º de enero de 1903-, se dice de Antonio Casero:
El poeta de las chulaperías, de los dichos y escenas de los barrios bajos; el aplaudido sainetero, muchas veces celebrado, acudió al certamen del HERALDO, y en él ha merecido una de las dos menciones especiales propuestas por el Jurado.
Es un joven lleno de alientos y de esperanzas.
Madrileño nato, dedica su talento á la pintura de las costumbres del pueblo en que nació.
Por su gusto resucitarían manolas y chisperos, jayanes de la Morería y guapos de Maravillas.[…]”

Dicho esto, recuperamos del pasado la copla costumbrista de don Antonio

NOCHE ESTIVAL
—Están ustes enfringiendo
y hollando las ordenanzas
y quitándole á la vía
la prespetiva que falta,
y en cuanto que yo me atufe
y use el derecho de guardia,
va á quedar esto más limpio
que una tacita de plata.
—Vamos, tú, despierta Ulogio,
que está perorando Maura,
—¡Kikirikí!
—A ese gallito
me lo meriendo yo en salsa.
—Miá que son ustés tragones
los del monecipio.
—Paca, trae la botija,
que viene la autoridaz sofocada.
—¡Cuidao con las eruciones!
—Marcelina, que le traigan
un azucarillo al pollo.
—Cuidadito con la guasa,
que de mí no se chulea
el populacho.
—¡Qué gracia!
¿dónde se ha dejao usté el yate?
—Hija, en los baños del Niágara;
miá que tiés unas preguntas,
que ni las hace el Ripalda.
—Cuidadito con las frases
y palabritas picadas.
—Más pica usté, que es guindilla
de nación, y se le aguanta.
¡Camará con Romanones
y qué genio que segasta!
¿dónde quié usté que pasemos
la noche al fresco?
—En la cama.
—¿Dónde quié usté que se aspire
oxígeno puro?...
— En casa.
—¡Hay coleoteros!
—Puede.
—¿Cómo?
—Puedo que los haiga,
—Denos usté un kilométrico
pa dir á tomar las aguas
de la Porqueriza.
—Oye,
que saquen una butaca
y que nos cuente ese cuento
de Bortoldino.
—¡Qué gracia!
Son ustedes más jucosos
que un pulichenela.
—Anda,
usté perdone, almanaque
de la risa; miá quién habla,
y paece usted propiamente
el argumento de un drama.
—Oye, Pepa, esconde al niño
que no le vea la cara
á este señor, no se crea
que es Herodes.
—Me dan ganas
de llevarle á usté á la preven
por incorreto y patarra.
—Hace calor.
—¡Uy, qué miedo!
—¡Manolo!
—¡Qué quieres!
—Saca
el aristón, pa tocarle
á este señor cualquier marcha,
a ver si con el tecleo
le bullen los pies y arranca,
porque miá que si pernozta
nos va á amargar la velada.
— Me voy por no ver lo inculta
que está todavía España,
y por no verles á ustedes,
que son fieras mal domadas.

—¡Adiós, Bidel!
—¡Adiós, Ninchi!
—Recuerdos á doña Urraca.
— Cuidao con los automóviles,
que hacen pupa cuando pasan.
—Y que escriba usté en llegando.
—Y ponga usté un telegrama.
—Y que se alivie la niña.
—Y recuerdos á la gata.
—Sí que le habéis dicho cosas
al hombre.
—Que no se salga
por peteneras, diciendo
que hollamos las Ordenanzas;
¿ú es que no va á poder una
salir del cajón de pasas
donde una vive, si es eso
vivir?
—¿Pero pa qué hablas
con el señor Caralampio
si perteneció á la rama
d'arcabuceros, y es clari
que abone á los de su casta?
—Además, no es socialista
ni demagogo.
—Ni falta.

—A ver esa del segundo,
que se la caen las enaguas;
bien podía usté tenderse
la ropa por las mañanas.
—Y ustedes podían dirse
á dormir y no dar lata,
que paece que vive una
al lao del Congreso.
—Guardias,
auxilio, que se costipa
un loro, y es una lástima.
—Que le arropen.
—Qué chistosos
son ustedes.
—Que nos traigan
al orador pa que vea
que infringen las Ordenanzas.
—No me importa; si mi esposo
es de Policía urbana.
—¿Su esposo?... ¡Quite hierro,
su administrador, y gracias.
Pues no presume usté poco,
y se pone poco ancha
con el cuarterón de hombre
que tié usted, ¡valiente alhaja!
Paece un día de tormenta.
—Perdone, no me acordaba
que á usté la pintó Murillo
un esposo.
—Vaya, vaya,
que está amaneciendo, niñas.
—Cállense ustés, que ya canta
la cordoniz.
—Marcelino,
levántate, que ya pasan
las burras de leche.
—Chicas,
descansar, y que no haiga
custiones.
—Lo mismo digo.
—¡Sereno!
—Estará en la tasca!
—Señores, que ustés descanséis.
—Hasta luego.
— Hasta mañana.
Antonio CASERO

Esta copla, típicamente sainetera, iba acompañada de una ilustración cuyo autor desconocemos. En ella quedan plasmados sus intérpretes: el erudito guindilla y una tropa de vecinos muy singular.
Prescindimos del habitual dibujo que realiza el autor del blog y damos protagonismo al de 1904.

Heraldo de Madrid, XV (5.009) Madrid, 1904
© BNE-hd
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-011 COPLAS AC
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2016) "Coplas del domingo en miércoles. Noche estival. Madrid, 1904", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/  ISSN 2444-1325

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.


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sábado, 3 de septiembre de 2016

Inauguración del Teatro Lara. Madrid, 3 de septiembre de 1880

Viajamos en el tiempo hasta el Madrid de 1880. Retrocedemos ciento treinta y seis años para ser testigos de un elegante acontecimiento. No es esta una visita gastronómica como la de anteriores ocasiones, sino la invitación a la inauguración del Teatro Lara.

Fragmento del cartel de la Temporada 1884-85
© BNE-BDH
Signatura: Cart.p/64
Memoria de la seducción : carteles del siglo XIX en la Biblioteca Nacional, p. 169, 346, n. 111
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-001 TEATRO LARA
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Es el 3 de septiembre de 1880 y son las siete y media de la tarde. Tenemos las entradas, adquiridas con anterioridad en la quinta sección del Ayuntamiento por tratarse de una primera función en beneficio de los pobres de los distritos Centro y Universidad. También un ejemplar del periódico político literario La Mañana de este día, donde reza:



Iba yo en compañía de dos figuras: una estudiosa de la Villa y Corte desde mucho antes de serlo y un sereno del XXI, erudito en cosas de los madriles.

Habíamos caminado desde Alcalá rumbo a la Corredera de San Pablo, donde se encuentra el elegante teatro, guiados por el plano de Morales, Peñas y Neussel (editado ese año) que nos orientaba por el entramado de calles anteriores a la Gran Vía.


"Madrid. Planos de población. 1880 "
José Pilar Morales, Pedro Peñas, Otto Neussel

© BNE-BDH
Signatura: 1317
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-001 TEATRO LARA
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

Transitábamos por calzadas incómodas y espacios lúgubres. La estudiosa se mostraba maravillada por el paisaje real que tenía ante sus ojos, muy a pesar de la desconfianza que nos generaban algunos viandantes. El sereno a sus anchas, llevaba el chuzo.

Muy cerca de nuestra ruta –hacia la derecha- estaba el novísimo Circo Teatro de Price.
Casi sin darnos cuenta llegamos a la calle Puebla esquina con Corredera; un poco más abajo luces y aglomeración de público. El vecindario vivía con entusiasmo el vibrante y postinero espectáculo que atestaba la calle. En los balcones se apiñaban los curiosos y algún que otro reportero. Desde la calle Puebla hasta la de Luna no cabía un alfiler y los carruajes avanzaban con dificultad hasta las puertas del precioso coliseo.

Jugábamos con ventaja; sabíamos que el flamante teatro sería llamado “la bombonera”, pero el madrileño de entonces no lo supo hasta el día después, cuando un periodista que firmaba con el seudónimo de “Almaviva” escribía en La Época:
La sala recuerda, por su tamaño y forma, la de Variedades, y por la elegancia y lujo de su decorado á la de la Comedia. Es una preciosa bombonera.
Mientras esperábamos nuestro turno para acceder al recinto, algunas personas hacían comentarios sobre otros asuntos. Unos recordaban la inauguración de la Estación de Delicias, verificada el 30 de marzo del mismo año, y comparaban la cantidad de gente que había acudido al Lara y al otro evento.

Una señora recibió un empujón no intencionado; ipso facto encomendó el alma del causante del accidente al mismísimo “Luzbel” del Retiro. Con el típico gracejo madrileño, la dama enviaba al infierno al susodicho y hacía referencia a la estatua del Ángel Caído, instalada en El Retiro el 29 de abril.

Y si de estatuas inauguradas hablamos, también este año de 1880, se plantaba en la Plaza del Príncipe Alfonso (Plaza de Santa Ana) la estatua de Calderón de la Barca (2 de enero).

Por fin, después de enterarnos de otros cotilleros del momento, la concurrencia comenzó a ordenarse para acceder al teatro. No fue fácil la entrada; las estrecheces de las puertas y el tumulto formado en el vestíbulo nos impedían subir por una de las dos escaleras que conducían a los pisos superiores y camerinos de los artistas.
Una vez arriba quedamos asombrados al contemplar la sala y no pudimos hacer otra cosa que exclamar a media voz: -¡Sí que es una caja de bombones!
Tres pisos, 39 palcos y 380 butacas en 14 filas; dos anfiteatros y capacidad para 900 personas.

Las barandillas de hierro colado formando grecas de color plomizo claro y oro, el reluciente y sencillo decorado resaltando sobre el rojo oscuro del papel de las paredes. Todo a estrenar, casi recién instalado. Eso hizo brillar nuestros ojos, estábamos contemplando el teatro lleno de vida, recién nacido; joven, exultante, sin la pátina que el tiempo deposita sobre todas las cosas.

En el techo una magnífica pintura, alegoría del arte, pintada por el maestro Contreras, y en el telón, copiando un rico cortinaje similar al del Teatro Apolo, se veía entre sus pliegues otra alegoría.
La decoración había estado a cargo del maestro Dardalla, y los decorados de escena correspondían a Julio Bulumburu.

Allí estaban, brillantes e inmaculadas, las butacas originales, las de rejilla, separadas convenientemente entre fila y fila.

Una veintena de candelabros de bronce iluminaban todo lo descrito con intensa luz de gas, con tres bombas en los palcos del entresuelo, dos en el anfiteatro y una en la última galería.
A las pruebas de iluminación, verificadas la noche del 14 de julio, asistió mucha gente que tuvo la oportunidad de contemplar el edificio en todo su esplendor.

Era normal que el público se apuntase a la inauguración de la iluminación, desde abril la prensa venía hablando de don Cándido Lara y su teatro. Crecía la expectación del pueblo para conocer el que decían era un teatro elegante, más pequeño que el de la Comedia pero sin nada que envidiarle.

Volvamos a nuestro palco. Pasados los momentos de emoción, nos pusimos a fisgonear para reconocer al selecto público. Del Madrid más postinero que allí estaba el sereno pudo reconocer a unos cuantos peces gordos y algunas señoras de copete. Poco antes había reconocido a la señorita Dolores Abril y al señor Julián Romea, artistas que actuarían en el Lara.

La estudiosa de la Villa identificó inmediatamente a la duquesa de Ahumada, a la condesa de Heredia-Spínola y a la marquesa de Álava. Dudó de otras nobles damas, porque en los lienzos se las pintaba muy guapas pero en vivo y en directo era todo lo contrario.

Yo, que en los tiempos de hoy estuve haciendo un trabajo sobre los circos de Madrid, pude reconocer a varios empresarios de teatro. Allí estaban Rovira y el polifacético Felipe Ducazcal, entre otros de los muchos que fueron a conocer al recién nacido rival.

FELIPE DUCAZCAL

Hubo un instante de revuelo.
Se cruzaban las miradas entre el público; murmullos; algún grito emocionado; luego un silencio solemne. Maravillados quedamos al ver entrar a Su Alteza Real la Serenísima Señora Doña Isabel de Borbón y Borbón, princesa de Asturias, condesa viuda de Girgenti, que así la anunciaron.
Nuestra queridísima Chata se disponía a ocupar el palco real en compañía de la marquesa de Nájera y de la condesada Superunda.

"La Princesa de Asturias y las Infantas Eulalia, Paz y Pilar"
Fernando Debas, Madrid (1875)

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Signatura: 17/176/24
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Tan solo unos días más tarde, el 11 de septiembre, su regio título de princesa de Asturias pasaría a la recién nacida María de las Mercedes de Borbón y Habsburgo-Lorena.

A las ocho y media de la noche se abre el telón. En escena la obra Un novio a pedir de boca, de Bretón de los Herreros, interpretada por las actrices Dolores Abril, Matilde Rodríguez y Balbina Valverde, y los actores Julián Romea, Antonio Riquelme, Arana y Cachet; toda una compañía de categoría.

Aplausos, vítores y aclamaciones. Don Cándido Lara, recién estrenado empresario de teatro y alejado de las armas de carnicero, asentía con la cabeza.

Como fuera poco lo que acabábamos de ver y disfrutar, la compañía se arrancó con La ocasión la pintan calva, de Ramos Carrión y Vital Aza, una obra de repertorio que “agrada más cuanto más se ve” –según el comentario de un orondo y bigotudo señor que teníamos al lado.

Poco a poco se vacía la sala. El ruido de los ropajes de las damas resulta curioso y la galantería de los señores, exquisita. Los candelabros van atenuando su luz y el teatro queda en soledad, evocando los ecos de aplausos y vivas.
Don Cándido se marcha con varios señores; está orgulloso y comenta la jugada. No sabe que su teatro del barrio de Malasaña celebrará un día su ciento treinta y seis aniversario.

Fuera, en la calle, huele a excremento de caballos, a puros habanos y a frituras. La gente se dispersa haciendo comentarios; unos a pie y otros en carruajes de diversos modelos y categorías.

Mucho más podríamos contar de la “bombonera”, pero nuestra visita acaba con la inauguración de 1880. Raudos volvemos al punto de partida, la irreconocible calle de Alcalá. El sereno lleva encendido su farol y su chuzo inspira seguridad.

La estudiosa de la Villa no puede evitar echar un último vistazo a la despoblada calle, era noche cerrada y luces tenues nos vigilaban desde la Casa del Ataúd y el palacio de la duquesa de Sevillano.

Nos desvanecemos justo frente al precioso Teatro de Apolo, con ganas de quedarnos al estreno de La verbena de la Paloma… pero eso era esperar mucho tiempo.



Bibliografía
El viaje en el tiempo está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2016) "Inauguración del Teatro Lara. Madrid, 3 de septiembre de 1880", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325 [VER: "Uso del Contenido"]

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.

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