miércoles, 7 de septiembre de 2016

Coplas del domingo en miércoles. Noche estival. Madrid, 1904

Publicamos nuestra tradicional copla del domingo pero esta vez en miércoles. Y lo hacemos coincidiendo con el calor que hizo en aquel Madrid de agosto de 1904 -más comprensible que el de estos días de septiembre del siglo XXI.
El martes 4 de agosto de ese año, ciento doce años atrás, la temperatura máxima alcanzada fue de 40,4º a la sombra y 44,8º a la intemperie.

Ese mismo día publicaba el Heraldo de Madrid una graciosa copla de Antonio Casero que llevaba por título "Noche estival", e iba dedicada a su amigo Alejandro Saint-Aubin.[1]

Don Antonio Casero ya publicaba coplas en el Heraldo pero aun no tenía su exclusiva columna de los domingos; las entrañables “Coplas del domingo” que hacían reír al madrileño de antes, y también al de hoy a través de nuestro blog.

Con motivo de la celebración de un concurso de coplas organizado por el citado periódico en 1902 – y cuyo resultado se conoce el día 1º de enero de 1903-, se dice de Antonio Casero:
El poeta de las chulaperías, de los dichos y escenas de los barrios bajos; el aplaudido sainetero, muchas veces celebrado, acudió al certamen del HERALDO, y en él ha merecido una de las dos menciones especiales propuestas por el Jurado.
Es un joven lleno de alientos y de esperanzas.
Madrileño nato, dedica su talento á la pintura de las costumbres del pueblo en que nació.
Por su gusto resucitarían manolas y chisperos, jayanes de la Morería y guapos de Maravillas.[…]”

Dicho esto, recuperamos del pasado la copla costumbrista de don Antonio

NOCHE ESTIVAL
—Están ustes enfringiendo
y hollando las ordenanzas
y quitándole á la vía
la prespetiva que falta,
y en cuanto que yo me atufe
y use el derecho de guardia,
va á quedar esto más limpio
que una tacita de plata.
—Vamos, tú, despierta Ulogio,
que está perorando Maura,
—¡Kikirikí!
—A ese gallito
me lo meriendo yo en salsa.
—Miá que son ustés tragones
los del monecipio.
—Paca, trae la botija,
que viene la autoridaz sofocada.
—¡Cuidao con las eruciones!
—Marcelina, que le traigan
un azucarillo al pollo.
—Cuidadito con la guasa,
que de mí no se chulea
el populacho.
—¡Qué gracia!
¿dónde se ha dejao usté el yate?
—Hija, en los baños del Niágara;
miá que tiés unas preguntas,
que ni las hace el Ripalda.
—Cuidadito con las frases
y palabritas picadas.
—Más pica usté, que es guindilla
de nación, y se le aguanta.
¡Camará con Romanones
y qué genio que segasta!
¿dónde quié usté que pasemos
la noche al fresco?
—En la cama.
—¿Dónde quié usté que se aspire
oxígeno puro?...
— En casa.
—¡Hay coleoteros!
—Puede.
—¿Cómo?
—Puedo que los haiga,
—Denos usté un kilométrico
pa dir á tomar las aguas
de la Porqueriza.
—Oye,
que saquen una butaca
y que nos cuente ese cuento
de Bortoldino.
—¡Qué gracia!
Son ustedes más jucosos
que un pulichenela.
—Anda,
usté perdone, almanaque
de la risa; miá quién habla,
y paece usted propiamente
el argumento de un drama.
—Oye, Pepa, esconde al niño
que no le vea la cara
á este señor, no se crea
que es Herodes.
—Me dan ganas
de llevarle á usté á la preven
por incorreto y patarra.
—Hace calor.
—¡Uy, qué miedo!
—¡Manolo!
—¡Qué quieres!
—Saca
el aristón, pa tocarle
á este señor cualquier marcha,
a ver si con el tecleo
le bullen los pies y arranca,
porque miá que si pernozta
nos va á amargar la velada.
— Me voy por no ver lo inculta
que está todavía España,
y por no verles á ustedes,
que son fieras mal domadas.

—¡Adiós, Bidel!
—¡Adiós, Ninchi!
—Recuerdos á doña Urraca.
— Cuidao con los automóviles,
que hacen pupa cuando pasan.
—Y que escriba usté en llegando.
—Y ponga usté un telegrama.
—Y que se alivie la niña.
—Y recuerdos á la gata.
—Sí que le habéis dicho cosas
al hombre.
—Que no se salga
por peteneras, diciendo
que hollamos las Ordenanzas;
¿ú es que no va á poder una
salir del cajón de pasas
donde una vive, si es eso
vivir?
—¿Pero pa qué hablas
con el señor Caralampio
si perteneció á la rama
d'arcabuceros, y es clari
que abone á los de su casta?
—Además, no es socialista
ni demagogo.
—Ni falta.

—A ver esa del segundo,
que se la caen las enaguas;
bien podía usté tenderse
la ropa por las mañanas.
—Y ustedes podían dirse
á dormir y no dar lata,
que paece que vive una
al lao del Congreso.
—Guardias,
auxilio, que se costipa
un loro, y es una lástima.
—Que le arropen.
—Qué chistosos
son ustedes.
—Que nos traigan
al orador pa que vea
que infringen las Ordenanzas.
—No me importa; si mi esposo
es de Policía urbana.
—¿Su esposo?... ¡Quite hierro,
su administrador, y gracias.
Pues no presume usté poco,
y se pone poco ancha
con el cuarterón de hombre
que tié usted, ¡valiente alhaja!
Paece un día de tormenta.
—Perdone, no me acordaba
que á usté la pintó Murillo
un esposo.
—Vaya, vaya,
que está amaneciendo, niñas.
—Cállense ustés, que ya canta
la cordoniz.
—Marcelino,
levántate, que ya pasan
las burras de leche.
—Chicas,
descansar, y que no haiga
custiones.
—Lo mismo digo.
—¡Sereno!
—Estará en la tasca!
—Señores, que ustés descanséis.
—Hasta luego.
— Hasta mañana.
Antonio CASERO

Esta copla, típicamente sainetera, iba acompañada de una ilustración cuyo autor desconocemos. En ella quedan plasmados sus intérpretes: el erudito guindilla y una tropa de vecinos muy singular.
Prescindimos del habitual dibujo que realiza el autor del blog y damos protagonismo al de 1904.

Heraldo de Madrid, XV (5.009) Madrid, 1904
© BNE-hd
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-011 COPLAS AC
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2016) "Coplas del domingo en miércoles. Noche estival. Madrid, 1904", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/  ISSN 2444-1325

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.


© 2016 Eduardo Valero García - HUM 016-011 COPLAS AC
ISSN 2444-1325