En nuestro artículo
Sainz de Robles frente al monumento a Pérez Galdós, revivimos un instante del homenaje que a Galdós se rendía en Madrid con motivo del cincuentenario de su muerte. El cronista de la Villa de Madrid, don Federico Sainz de Robles, aparecía retratado frente al monumento del novelista canario levantado en el Parque de El Retiro en 1919.
La serie de artículos que hoy comenzamos a publicar nos cuentan todos los detalles del monumento, desde la primitiva iniciativa hasta su inauguración. Van acompañados de fotografías, ilustraciones y gran variedad de textos que, a modo de documentos, nos acercan al Galdós como escritor y persona; como "
Gloria Nacional" vieja, y en breve eterna; como despojo de una sociedad poco agradecida; y, sobre todas las cosas, como un pobre anciano casi muerto dentro de su cuerpo. Todo esto a través de citas de periódicos y transcripciones de los discursos leídos el día de la inauguración del monumento, frente a los dos Galdós, el de piedra y su modelo carnal.
Como preámbulo a la primera parte de la serie de artículos sobre el monumento a Pérez Galdós del Parque de El Retiro, y a modo de efemérides, repasaremos momentos de la vida de don Benito durante 1918.
Aquel año comenzará con el incendio del Palacio Real de la Granja de San Ildefonso el 2 de enero; ese mismo día nevó copiosamente en el centro de Madrid. Las imágenes, de los fotógrafos Marín, Unturbe y Alfonso, respectivamente, muestran el estado en que quedó el Real Sitio y la visita de Alfonso XIII al mismo.
El 24 de febrero se celebrarán elecciones generales en medio de la crisis política y económica que venía azotando a España. Ganará el Partido Conservador de Eduardo Dato, pero se hará con el poder el Partido Liberal gracias a la coalición de García Prieto y Romanones. Será jefe de Gobierno Antonio Maura, y en noviembre lo sustituirá García Prieto, quien a los 26 días dimitirá. En diciembre formará nuevo Gobierno el conde de Romanones.
En la fotografía, de Campúa, vemos el Consejo de ministros del nuevo Gobierno, con Maura como presidente y los ministros Sres. García Prieto, Eduardo Dato, el conde de Romanones, Alba, Cambó, Marina, Pidal y González Besada, momentos después de haber prestado juramento.
Poco después de conocerse la noticia de la formación del nuevo Gobierno, el pueblo madrileño acudió a ovacionar a los ministros a su paso por la Puerta del Sol. Dos fotografías, cuyo autor no podemos precisar, captó ese momento y otro muy elocuente, el pueblo confundido con el ejército. El paso de los nuevos ministros coincidió con el cambio de relevo de la guardia del Palacio Real, que de allí venía con toda su parafernalia.
En marzo se detectará el primer caso de la terrible pandemia denominada "fiebre española", y en julio será asesinada la familia del Zar de Rusia.
Noticias más alegres serán la creación del Parque nacional de la montaña de Covadonga (Asturias), primer Parque Nacional de España, la instauración en Suecia del sufragio femenino, y el final de la Primera Guerra Mundial.
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"-¡Tenía que suceder!"
Dibujo de Tovar que representa al Imperio alemán después de la firma del Armisticio de Compiègne
HERALDO DE MADRID, 26 de noviembre de 1918 |
Monumento a Pérez Galdós
Parte 1: 1918, la idea
"Ante la España de pandereta que pintan esos cursis se levanta magestuosa la otra, la que conquistaba un día Myo Cid Rodrigo el de Vivar, el grande y generoso que daba su bolsa y sus vestidos; la que canta ahora otro gigante de la inteligencia, el glorioso ciego D. Benito Pérez Galdós."
EMILIO PALOMO, 1918
Galdós en el 18
Pobre, o al menos sin recursos, y ciego; así estaba Benito Pérez Galdós en el año 18 del siglo XX. Sumido en la oscuridad de su ceguera, solo y aislado, consumía poco a poco los escasos dos años que le quedaban de vida. Ya no visitaban el hotelito de la calle Hilarión Eslava-su última morada-más que unos pocos amigos, entre artistas, escritores y periodistas.
Cuenta don José Ortega y Munilla-escritor y periodista, padre de José Ortega y Gasset-, durante una visita al anciano novelista, que éste le recibió con el siguiente emocionado saludo:
"-Le agradezco a usted mucho, querido Ortega, su visita, porque aquí no viene casi nadie. Esto es una tumba."
Ortega y Munilla subió a la habitación de don Benito y le encontró sentado en un sillón, con las piernas cubiertas por una manta y la cabeza tapada con una gorra gris. Detrás de las gafas negras unas pupilas sin vida y un gesto de dolor en el rostro. Aún así, continuaba siendo augusto su porte.
Muy a pesar del delicado estado de salud, el anciano escritor vivió, conoció, y formó parte activa en los episodios que pasamos a enumerar: