domingo, 2 de septiembre de 2012

El balneario de la calle Hileras

En nuestro anterior artículo, que recordaba a los sifones Sparklets, hacíamos referencia a las sanas costumbres que sobre la salud tuvieron su máximo esplendor en el siglo XIX. Nuevas modas o tendencias donde no faltaban las aguas mineralizadas y sus propiedades curativas. 

No solo se trataba de practicar la ingesta del líquido elemento sino también la de recibir sus baños hidroterápicos en todos los estados del agua. Es por ello que hoy recordaremos un lugar que existió y tuvo fama en el Madrid decimonónico.





De Historia Urbana de Madrid



El balneario de San Felipe Neri
Cercano a los Caños del Peral y de los primitivos Baños Moros de D. José Grimaldo, nacerá en 1858 un complejo dedicado a los conocidos entonces como "Baños Rusos" que, bajo el nombre de Balneario de San Felipe Neri, llegará a ser uno de los más importantes de Madrid y se nutrirá de las aguas de la laguna subterránea de la Plaza Mayor.

Situado en la calle Hileras, número 2, duplicado (más adelante Hileras, 4), en 1864 ampliarán sus instalaciones y el servicio a su clientela, reinaugurando las instalaciones el 1 de enero de 1865.

Hemeroteca digital BNE - Diario Oficial de Avisos de Madrid, 31 de diciembre de 1864

De grandes dimensiones será aquel balneario que también tendrá entrada por la calle Bordadores, número 3, donde se encontraban las camas de la casa de baños.

Hemeroteca Digital BNE - Publicidad: La Unión, 17 septiembre de 1880

El balneario, dirigido por los doctores Joaquín Delhom, Manuel Arnús y Felix Borrell, de la Sociedad Hidrológica Médica de París, ofrecerá, ya en su establecimiento, ya llevándolos a domicilio, tanto baños de agua como de vapor. Baños sulfurosos artificiales; con sales de mar; eléctricos; carbónicos; medicinales según receta; generales o locales. A esto hay que sumar las inspiraciones atmhídricas e hidro-pulverulentas.





Aquel Balneario de San Felipe Neri no solo se centrará en los baños hidroterápicos en sus más variopintas versiones sino que, además, ofrecerá al público un servicio permanente de baños portátiles, ya de agua caliente, ya de vapor, tanto de día como de noche.

BNE - Del opúsculo del Balneario de San Felipe Neri, Madrid, 1870

Desde su inauguración hasta 1870 habían pasado por los baños 32.000 bañistas.

El número 4 de la calle Hileras alberga en la actualidad al Restaurante Moaña, de típica cocina gallega, y el edificio ya no es el que era, es de construcción nueva (aproximadamente 1940).



Las instalaciones
Como hemos dicho, el balneario ocupaba gran parte de las calles Hileras y Bordadores (entre las calles de Arenal y Mayor) y contaba con bañeras de mármol y otras de zinc estañado, muy propias para el invierno; baños de vapor simple y del llamado sistema ruso; duchas, desde las más enérgicas y potentes hasta las abluciones más suaves; pilas para baños artificiales y de mar; además de aparatos atmosféricos y de pulverización.

BNE - Del opúsculo del Balneario de San Felipe Neri, Madrid, 1870

El plano nos muestra las diferentes estancias y las tuberías que para cada estado del agua discurrían por el edificio. Podemos observar una serie de pasillos a cuyos lados había unos cuartos de cinco metros cúbicos de capacidad y dos elevaciones que estaban destinados a los baños de vapor y de chorro. Un generador de vapor exterior con presión de dos o tres atmósferas alimentaba las estufas a través de un tubo; dicho tubo comunicaba con unas calderitas de cobre que se cerraban herméticamente y tenían en su interior un vaso donde se colocaban las sustancias sólidas o líquidas, aromáticas, emolientes, balsámicas, etc. Las calderitas disponían de dos llaves, una para llenar los baños-estufa de vapor y la otra para los chorros de vapor. También había un aparato para los potentes chorros de agua de Lozoya.

Los cuartos sudatorios disponían de las comodidades necesarias; una camita, algunos muebles y los enseres indispensables para desnudarse antes del baño. Una vez realizado el tratamiento el paciente volvía a estas dependencias para descansar, lavarse y vestirse luego.

Desde aquellos cuartos, y siempre guiados por un bañero o bañera, se accedía a los ya mencionados aposentos o baños-estufa, dotados de la calderita y tubos de duchas necesarios, que además disponían de una pequeña cúpula con mecanismo de doble válvula para la renovación voluntaria, graduada y no directa del ambiente. (ver FIG. 1, más abajo en este artículo)

El portal Memoriademadrid atesora dos tarjetas postales, que mostramos a continuación, con fotografías del balneario hacia 1930. Los originales se encuentran en el Museo de Historia de Madrid.


Click sobre la fotografía para más información
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Ramón Gómez de La Serna relata en un artículo publicado en el diario El Sol del 25 de agosto de 1927: "El patio de los baños de San Felipe Neri era patio romántico, en que el agua subterránea ponía su dramático fondo, como si el agua estuviese ligada con las más lejanas fuentes y los más novelescos ríos."


Dentro de los baños-estufa
Los baños-estufa, espacio donde el paciente recibía el tratamiento apropiado a sus afecciones, disponían de todos los objetos necesarios. Una camita o butaca de rejilla; un taburete para tomar los chorros; una pila de mármol empotrada en la pared que contenía agua fresca para empapar esponjas o compresas con las que debía mojarse frente y cara; un termómetro de líquido colorado para hacer más visible su oscilación; un reloj de agua o clepsidra para medir el exacto tiempo de duración de los chorros; manubrios fijos para apoyarse; un capacete de metal para proteger la cabeza de la fuerza y temperatura extrema de los chorros; y un timbre para llamar.

FIG. 1 - BNE - Del opúsculo del Balneario de San Felipe Neri, Madrid, 1870


Enfermedades del siglo XIX y su terapia
A continuación alguno de los métodos utilizados para el tratamiento hidropático de las enfermedades propias del siglo XIX. Creemos conveniente, para evitar cualquier confusión, reproducir el texto original del opúsculo redactado por los doctores Arnús y Borrell.


Interesante catálogo de enfermedades entre las que parece incluirse la masturbación como "pérdidas seminales nocturnas e involuntarias", posible de ser curada con un tratamiento -cuasi tortura- de chorros a presión sobre el "lomo".

El Diario oficial de avisos de Madrid del martes 23 de julio de 1878 revela un dato que puede echar al traste lo pintoresco y saludable que hasta ahora nos ha parecido el balneario:




La pobre cuarentona pasó a mejor vida dejando entre 10 y 20 reales, el terrenal parné, como pago del baño que quizá le produjo el fallecimiento.


Las tarifas
Las tarifas de baños y otros servicios en 1870 era la siguiente:




Participación ciudadana
El 30 de junio de 1916 el Comité Femenino de Higiene Popular, bajo la presidencia de la marquesa de Alhucemas, repartirá premios a obreras y niños distinguidos por su limpieza y aseo en el XXV Concurso de higiene llevado a cabo en el distrito de Congreso. Elevento quedará inmortalizado por el fotógrafo Cortés en la revista Mundo Gráfico del 5 de julio de 1916.


En el Salón de actos del Ayuntamiento se entregarán 70 premios de a 10 pesetas cada uno en la siguiente forma: 15 al grupo de viviendas, 20 al de madres y 26 al de niños, entregándoseles además a estos últimos cepillos de dientes, vasos de aluminio, pasta de dientes, frascos de elixir y vales para baños de limpieza en el balneario de San Felipe NeriNoticia aparecida en "El Liberal" del 1 de julio de 1916, página 3.


Otros balnearios
Además de San Felipe Neri existieron otros muchos balnearios o casas de baños en Madrid, siendo de los más antiguos el de la calle Valencia, establecido a mediados del siglo XVIII, y el de la calle del Mediodía Grande, fundado en 1800. Más atrás en el tiempo funcionaron los célebres de los Caños del Peral y los de Jesús y María.

Hidropático de Chamberí de Vicente Orz - Madrid, 1850

Nos cuenta Pedro de Répide que, hacia 1850, funcionaban en la Villa y Corte 20 casas de baños. Los de La Estrella, en la calle de Santa Clara; los de Oriente, en la Plaza de Isabel II; los de Cordero, en la casa de este nombre, calle Mayor,1; los de Capellanes, en el número 1 de esta calle; los de Monier, en la carrera de San Jerónimo; los de Hortaleza, en el 142 de esta calle, en cuyo número 85 había otros, los de santa Bárbara; los de Zárate, en la calle Valencia; los de San Isidro, en la calle Mayor, 35; los de la Flora, 4; los de la Madera, 6; los del Paseo de Recoletos, 11; los de Guardias de Corps, en la calle Amaniel, 33; dos en la calle de Jardines, en el 14 y el 20; los de Caballero de Gracia, en el 56 y el 23; los de la calle del Mediodía Grande, 11, y los de Arango, en Chamberí.






© Eduardo Valero García – HUM 012-004 BSFN



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lunes, 27 de agosto de 2012

Sifón Sparklets: el refresco del Madrid veraniego

Hace muchos lustros que las bebidas refrescantes del verano madrileño dejaron paso a los modernos brebajes que hoy conocemos. Los hay con gas y sin él; dietéticos o vigorizantes; nacionales o extranjeros; de diversos colores y texturas. Pero nada como las limonadas y la fresca horchata de otros tiempos. O como el agua, azucarillos y aguardiente que llegó a ser protagonista de la zarzuela homónima, de Miguel Ramos Carrión y Federico Chueca. "Agua, azucarillos y aguardiente" fue estrenada en el Teatro Apolo de Madrid el 23 de junio de 1897.

Nada más refrescante que aquellas aguas salidas directamente del botijo. Ese artilugio español que también tuvo protagonismo en la citada zarzuela con una alegoría:

Al Botijo
Soneto
Desprecio del Japón o de la China
el grandioso tibor de porcelana,
el vaso etrusco, el ánfora romana,
y la tinaja griega y damasquina.
Te canto a ti, que el agua cristalina
sabes frigorizar sin pompa vana,
expuesto en el balcón o en la ventana,
a los besos del aura vespertina.
Cuando mi boca en ti, bello cacharro,
busca ardorosa el abundante chorro
y con mis manos cálidas te agarro,
siempre encuentro propicio a mi socorro,
el caudal que refrescas en tu barro
y que brota sutil por tu pitorro.”

Lo firma Asia Pérez, la poética protagonista del sainete.

Majestuoso recipiente artesanal, dinosaurio de todos los envases conocidos, que continúa cumpliendo su función de apagar la sed y, a su vez, servir de rústico objeto decorativo. Con un gran rival llamado frigorífico, el botijo no se amedrenta y se empeña en refrescar los gargueros de campesinos y obreros.

Pero como todos los avances de la ciencia y el oportunismo, siempre surge algo que hace sombra a lo ya conocido. Y esto es lo que ocurrirá con una invención nacida en el epílogo del siglo XIX:

El Sifón Sparklets


Este artilugio con aspecto de pimentero o moderno sacacorchos no es otra cosa que el sofisticado y primitivo sifón que muchos añoramos y cuya existencia se ha visto reducida a un envase de plástico desechable carente de aquella funda enrejada que alguna vez fue de metal.

En una época en la que comenzaba a preocupar la salud, el cuidado personal y el bienestar -de las clases pudientes, claro- el sifón Sparklets sumará  el concepto de beber sano a la lista de conocidas bebidas "medicinales" tan de moda en las últimas décadas del siglo XIX, como por ejemplo el agua Vichy, Mondáriz, Marmolejo, etc.

Eran tiempos de las aguas termales, los cereales, la gimnasia y algún que otro aparato eléctrico de dudosa seguridad. En ciudades como Madrid proliferarán las Casas de Baños, como la de Felipe Neri que estaba en la calle de las Hileras.

El magnífico sifón se componía de tres cuerpos. El receptáculo, de vidrio blanco, de forma y tamaño similar a una botella de Champagne y recubierta con una malla de metal, tenía en la boca una rosca interior donde se atornillaba el segundo cuerpo; éste consistía en una esfera de metal niquelado que por su interior estaba atravesada por un tubito que ponía en comunicación el primer cuerpo con el tercero; el cual consistía en una caperuza que se atornillaba también al segundo cuerpo y que estaba destinado a recibir en él la cápsula llamada "Sparklets".

Advertimos que, aunque hoy parezca una tontería, en aquellos tiempos el proceso de licuar el ácido carbónico con un líquido por medio de esta herramienta era, si acaso, un tanto sofisticado.

La "Sparklets" era una cápsula ovoide prolongada por uno de sus extremos, en el que se encontraba un cierre de acero que se perforaba al hacer funcionar la botella, dejando paso al ácido carbónico comprimido que encerraba en su interior. Magnífica capsulita que a pesar de su reducido tamaño contenía gas a cuarenta atmósferas de presión.


Funcionamiento
Una vez añadido el líquido en el primer cuerpo, se colocaba la cápsula en el segundo y a continuación se colocaba el tercero, es decir la caperuza. Al enroscarla, un ruido similar a un pinchazo indicaba que el ácido carbónico se había mezclado con el líquido del interior de la botella, formando un espeso líquido que, una vez bebido, sentaba a las mil maravillas.

Para ilustrar lo explicado, nada mejor que esta fotografía del año 1899 donde podemos ver al ávido instructor en el movimiento anterior al de colocar la caperuza y convertir agua en gaseosa.

Revista Moderna III (109) 1899

Los primitivos sifones "Sparklets" se comercializaban en Madrid en la calle del Arenal, número 5, en una preciosa tienda llamada La Cocina, propiedad del Sr. Hipóla.






Una publicidad del año 1900 indicaba que en la calle Preciados, 58 se vendía "verdadera agua de Seltz" en sifón gigante por 15 céntimos, y con entrega a domicilio.

Trataremos en posteriores artículos de otro sifón, el madrileño de Espumos Herranz.




Guarrerías del siglo XIX
Los compradores del invento recibían, además del aparato, un "prospecto" de instrucciones con algunas sugerencias a modo de recetario.

La Revista Moderna, 1899


Como hemos visto en la publicidad, además del tradicional agua de seltz, los usuarios podían producir todo tipo de gaseosas: un delicado Champagne a partir de un peleón vino blanco y de la pasteurizada leche una riquísima bebida espumosa.




Sifón PRANA Sparklets
Más tarde, en los principios del siglo XX, los madrileños que se lo podían permitir accederán con más facilidad al comercializado Sifón "PRANA" Sparklets de venta en Casa Clausolles, Carretas, 35; J. Ripoll y Cía., Costanilla de los Ángeles, 4; I. Orueta, Peligros, 6; Martín y Durán, M. Pineda, 10; Bazar Quirúrgico, Carretas, 13 y el nuevo local del tal Sr. Hipóla en la Carrera de San Jerónimo, 16.

Publicidad ABC - Agosto 1912

Para entonces el sifón tenía un nuevo diseño, similar al que muchos hemos conocido, a pesar de nuestra juventud. Permítanme el sarcasmo.


En 1915 el sifón costaba 6,75 Ptas., y las cápsulas para 12 sifones 1,60 Ptas., exactamente el mismo valor que en 1912. El modelo familiar, de doble tamaño, costaba 9,50 Ptas., y las 12 cápsulas 2,50 Ptas. Las cápsulas que se devolvían vacías, es decir las retornables, tenían un precio de 0,50 Ptas.


Publicidad ABC - Agosto 1915

Termina este breve recuerdo a los sifones Sparklets, invento que sin duda revolucionó los hogares madrileños por su "Comodidad, Higiene y Economía". Aparato ideal para la casa o para llevarlo de viaje, con el que se podía dar rienda a la imaginación agregando espuma a cualquier mezcla, emulando al famoso Chicote o al más atrevido alquimista.

Debo confesar que continúa rondando en mi cabeza, como un pensamiento difícil de encajar, la imagen de aquel valiente que añadió ácido carbónico a la leche y le resultó un manjar.


Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.


En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2017) "Sifón Sparklets: el refresco del Madrid veraniego", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ Historia urbana de Madrid ISSN 2444-1325

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Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.
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© 2012-2017 Eduardo Valero García - HUM 012-003 SPS
Historia urbana de Madrid ISSN 2444-1325







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miércoles, 8 de agosto de 2012

El rincón de Isabel Gea en Blogger

Historia Urbana de Madrid se complace en anunciar el lanzamiento en la red del nuevo espacio de Mª. Isabel Gea Ortigas, una de las más populares escritoras sobre temas de Madrid. Como no podía ser de otro modo, Isabel ha titulado este nuevo sitio "Mayrit. Un lugar donde compartir mis aficiones", que salió a la luz el pasado 4 de agosto como Blog de la plataforma Blogger.

 


Más conocida como Isabel Gea, sus libros son un referente para los amantes de Madrid y entusiastas de las historias que en sus páginas relata. En su rincón (http://elrincondemayrit.blogspot.com.es/) podrás encontrar curiosidades y referencias a monumentos y lugares de esta Villa y Corte

Si aún no conoces la gran variedad de títulos que ha publicado, te invitamos a visitar mayrit.com, la gran librería que contiene todos los títulos publicados hasta la fecha.

Sin más, sólo nos resta dar la bienvenida a Isabel a esta otra parte de la historia, donde Eduardo Valero García, trovador de las historias de Madrid -como otros tantos- trae al presente el recuerdo del pasado de los madrileños para que perdure y lo conozcan las generaciones presentes y futuras.



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viernes, 20 de julio de 2012