lunes, 27 de julio de 2015

Fototeca. La figura del bastonero en los bailes y verbenas

Tiempo de verbenas y bailes en "La Bombilla", "La Flor", "La Estrella", "La Manzana", "La Rosa blanca", y otros tantos espacios emblemáticos donde el schotis y el pasodoble eran las delicias de la concurrencia.
La fotografía que presentamos hoy en la Fototeca es de finales del siglo XIX y corresponde a un baile en el barrio de Chamberí. Además de las elegantes parejas danzantes -con cigarro incluido-, es retratado el bastonero y su decorada vara de mando.

Fotografía: Autor desconocido (1897)
ARCHIVO HUM
© 2015 Eduardo Valero García-HUM 015-008 FOTOTECA
© 2015 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

"Las figurillas esquemáticas, ó estilizadas, de hombres bailando, representan probablemente una danza sagrada, la danza ante el dios Aitor, Atúm, Atú, ó como quiera que le llamasen los que tuvieron á bien reverenciarlo; y es de notar que una de las figuras, sin duda la del director del baile, si ya no es la del sumo sacerdote de aquella para nosotros misteriosa religión, empuña una formidable cayada, báculo ó cetro retorcido, en cuyo detalle acaso pudiera esconderse el origen del bastonero encargado de poner orden en los bailes verbeneros. Después de todo, si el baile tuvo origen hierático, ¿por qué no hubieron de tenerlo también el bastonero y su bastón?" [1]

El bastonero de bailes y verbenas
En España se baila desde muy antiguo y con muchas ganas a partir de la Edad Media. De esos tiempos proceden la pavana, la zarabanda, el pollo, la piropanda, el villano, y otros muchos.
Bailarines de alto copete fueron Felipe III, Felipe IV y el duque de Lerma. Y de esos tiempos es la creación del bastonero.

La figura del bastonero (también llamado "pericón" por reminiscencias del folclore argentino), estaba presente en todos los bailes, fuesen estos en los variados espacios y salones de recreo madrileños o en el mismísimo teatro de los Caños del Peral.

Retrocedamos a la Villa y Corte de 1856 para conocer el aspecto y funciones del bastonero de entonces. Decía El Clamor público en una crónica sobre la capital del reino:
"—El bastonero, tal como le conocemos hoy, tal como le presenta la elevada misión que está llamado á ejercer en los bailes de máscaras, es uno de nuestros tipos mas originales, un articulo de lujo, pero de imprescindible necesidad, atendidas las infinitas maniobras que ejecuta, y las sinuosidades humanas que tiene que sondear.
Mitad alguacil de la villa, y mitad fiscal de audiencia, según su traje de ordenanza, participa de las dotes especiales de estas dos representaciones de la justicia, y es listo, agudo, chanzonero, curioso y mal intencionado como el primero, y grave, circunspecto y mesurado como el segundo. No de otra manera podria desempeñar sus multiplicados deberes.
Para los que no hayan asistido nunca á un baile de máscaras, nuestro héroe no será el hombre necesario, ni la personificación de un poder cien veces mas temible que el que ejercía Faraón sobre los israelitas, pero para aquellos que hayan observado el movimiento coreográfico del teatro de Oriente, para aquellos que se hayan visto entre las encrespadas olas de un mar de máscaras que en confuso tropel se lanzan en busca de la última nota de un wals, ó de la galop infernal, para aquellos, repetimos, que hayan visto y tocan de cerca estos pronunciamientos de pies, el bastonero, nuevo Moisés que estiende su prodigiosa vara para calmar las olas del mar Rojo, aparece siempre como una figura altamente épica, cuya misión providencial no puede ser más humanitaria, más benéfica, ni más salvadora."

A propósito del "pericón" que citamos antes, diremos que es un baile popular argentino y otros países latinoamericanos conocido al menos desde el siglo XVIII-quizá antecesor de la contradanza-, por el que un grupo de parejas danzaban bajo la dirección de un bastonero, quien dictaba las figuras al grito de "aura" (ahora).

Juan Pueblo.- ¿Quién hace de bastonero?
Roca.- Si entran todas las parejas,
dirigiré el baile yo;
pero si faltan algunas,
entonces, mi amigo, no.

Del folclore argentino: bastonero o pericón

Revista Caras y Caretas, 1937
© 2015 Biblioteca Nacional de España
© 2015 Eduardo Valero García-HUM 015-008 FOTOTECA
© 2015 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

En la portada de la revista argentina Caras y Caretas que acabamos de ver se relaciona al bastonero con el director del concierto político. Los humoristas españoles también lo utilizarán como tal, como podemos apreciar en esta caricatura de Indalecio Prieto ejerciendo de bastonero cuando era ministro de Obras Públicas; entre los bailarines, el presidente Manuel Azaña.
Lo dibuja Soravilla (Cristiano Soravilla Róspide) en una serie de viñetas sobre "Las diversas distracciones [de los políticos] durante las vacaciones", en la revista Gracia y Justicia de abril de 1932.



Anterior en el tiempo (1906), el polifacético Gedeón hacía de bastonero en los saraos gubernamentales. En la viñeta lo vemos de esta guisa, portando colosal vara de mando, en diálogo con un consternado Antonio Maura en el baile de la Prensa.



¡Y no hablemos de lo espiritual! En una carta enviada por Fray Diego José de Cádiz, Misionero capuchino a una señora de la Corte, decía:
"Mas lo detuvo el que parecia el principal ó Bastonero de los que bailaban con decirle, que era un espíritu infernal que había venido a manifestarle lo que eran los bailes entre hombres y mugeres, para que conociese por aquí lo enorme del pecado, y lo mucho que el Señor en ellos es ofendido."
En el baile, el bastonero era la autoridad competente, el director, la dignidad superior. Según una descripción del siglo XIX (1881), la fisonomía de esta imponente figura era la siguiente:
"...con su frac y su pantalón negros, su chaleco y su corbata blancos, su domino negro con lazos de color, como las cajas de dulces, y su pelito rizado, cuando le usan, producen muy buen efecto."

Floro Moro Godo (Florencio Moreno Godino), en su novela "Dos anónimos", publicada por capítulos en La Ilustración Artística (1896) hace una descripción pormenorizada de los bastoneros de Capellanes. Dice de uno, al que se conocía por el apodo de "Suspirazos", que era un hombre alto, seco y tan delgado "que su epidermis se transparentaba".
Tenía la cabeza muy grande y completamente calva, y unos ojos pequeños que parecían dos puñaladas en una sandía. Estaba inmóvil la mayor parte del tiempo, rígido y silencioso, suspirando alguna vez y, cuando era necesario, exhalando la siguiente frase correctiva: "¡No hagan ustedes barbaridades!".
Lucía una levita inmensa si el baile era de sociedad, o un dominó muy corto si era de máscaras.

Describe a otros dos, ambos bajitos y rechonchos, y uno de ellos jorobado. "A éste le había dado por la alegría y el movimiento, y jaleaba a las parejas que bailaban."
Del otro nos cuenta que era esclavo de las formas y los buenos modales. Así se dirigía a la concurrencia: "Caballero, me haría usted un singular favor en abotonarse esos dos botones que están sueltos", o, dirigiéndose a una señora sentada, "Señora, si tuviera usted la amabilidad de bajarse un poco la falda, porque enseña usted cosas preciosas, mas no para vistas".

A decir de la fotografía que hoy publicamos, cualesquiera de estas personalidades podría encajar en el bastonero retratado; amén de que se tratase de un tipo fiero o pendenciero, que también los había.
De las referencias halladas sobre los bastoneros, resumimos las características de este oficio diciendo que se trataba de personas sin otro trabajo conocido y que alcanzaban notoriedad una vez asignado el apodo que los convertía en profesionales del sector. Muchos se vanagloriaban de haber sido bastoneros después de ubicarse en otra profesión o una vez retirados de aquella. En ocasiones el título pasaba de padres a hijos.

Pero no a todo el mundo le gustaba o aceptaba esta figura. Un periodista de El Liberal arremetía en 1888 contra los bastoneros en un artículo titulado "El Bastonero de nacimiento":
"En los actos públicos, en las reuniones particulares, en cualquier parte donde hay gente y ocasión de lucimiento, se improvisa un bastonero, que no permite sentarse ó detenerse en ciertos sitios, hablar alto y perturbar la simetría en que le representa al mundo su caletre. Le veréis levantarse y pasearse, mirando á todos lados, por el gusto de enmendar y mejorar algo y hacer sentir en los demás el peso de la autoridad abrumadora.
Y si por casualidad es amigo, pariente, subalterno del jefe de local, entonces reformará y derogará las órdenes del jefe, creyéndose su superior.
Felices monomaniacos de grandeza que la gozáis en tanta pequeñez.
Bastoneros de nacimiento, ¡qué sueños tan halagadores tendréis, imaginándoos vestidos de pavo real y esponjando la magnifica cola ante la multitud que os contempla con asombro!"

En los primeros años del siglo XX ganaban una media de ocho pesetas a la semana; un par de pesetas por baile. Hubo bastoneros muy famosos, aunque también ejercieron este rol de forma improvisada algunas personalidades de la literatura, el periodismo y la política; entre ellos, el madrileñista Antonio Casero, a quien todos conocemos por las coplas del domingo que en nuestro blog publicamos.
Aunque en los años 30 del siglo XX, la que había sido digna e importante profesión va desvirtuándose y comienza su declive, ya en los años 80 del siglo XIX se hablaba de la inutilidad de ese oficio y de la elección para ejercerlo.

Pero la profesión de bastonero, como veremos a continuación, tenía su aquel.

Reglamentos
En "El Censor" de 1781 (Discurso LXXX) se hablaba de fijar las normas que debían imperar en bailes y contradanzas con arreglo a las funciones del bastonero.


Se sumaba a estas normas la de hallar un criterio para diferenciar las clases en que se dividía la mujer española, con el fin de que a la llegada de nuevas de un extranjero o un isidro, supieran identificar a una dama de una maja o una cortesana, con la única finalidad de no faltar al respeto a la primera.
Tarea de gran responsabilidad la del bastonero, quien además de dar principio, dirigir, y concluir el baile, debía estar ojo avizor ante la concurrencia.

Decía Luis G. Urbina en la revista Cervantes al referirse a ciertas costumbres y tradiciones del Madrid del género chico:
"Distintos cobertizos se alzan en medio de la calle. Este cobertizo es salón de baile; dentro, danzan las parejas en típicas posturas; suena, incansable, el organillo de manubrio; se pasea el bastonero enarbolando su largo palo, que es un tirso de listones; fuera, detenida por el frágil barandalillo, la muchedumbre, atenta, mira el cuadro."

En la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos [2] de 1929, encontramos la siguiente cita del Abate D. Muchitango del año 1795:


En un artículo titulado "Antiguas costumbres españolas", publicado en Museo de las familias de 1850, se habla de los reglamentos en el baile y labores del bastonero en los siglos XVII y XVIII:
"«Los compositores, los que bailan, los que hacen de bastonero, y los que tienen funciones en sus casas (se lee en el arte de danzar á la francesa) deben tener especial cuidado, poniendo cuanto esté de su parte en disponer los bailes de modo, que se aparte el menor ademan indecente, y que al paso que la diversidad de sus mudanzas sea de agradable diversión, muevan los ánimos á una honesta recreación; pues no sin fundada razón se lamentaban los predicadores, corrigiendo lo pernicioso da algunos bailes, que por la provocación de sus movimientos debian proscribirse.»"

La Sociedad "La Juventud Artesana", que daba bailes en su sede de El Cerrillo del Rastro, número 5, había redactado en 1896 un reglamento con las bases que habían de observar los concurrentes y cargos de los empleados y socios.  Decía de los bastoneros:
"El bastonero tendrá la obligación de no dejar su puesto sin dejar otro que le supla interín el faltase del salón y tener el bastón siempre en la mano mientras se esté bailando."


La vara de mando
Con su vara de mando o bastón, que era un palo largo adornado en la punta con grandes lazos y flecos, el bastonero daba tres golpes en el suelo, iniciando así el baile. Entonces las parejas comenzaban a danzar de acuerdo a la disposición que había marcado el del bastón; si alguien se salía de lo estipulado, allí que alargaba la vara para dar un toque o un coscorrón.
Daba por finalizada una pieza o el baile con otra herramienta, el silbato.

La vara fue menguando con el tiempo. Para Pedro de Répide era una "pértiga", como lo dice en su libro "La saeta de Abaris - Del Mar Negro al Caribe", publicado en 1930:
"La danza es prolongada y se resuelve en variadas figuras. Un hombre docto en ella la dirige, oficiando entre de bastonero y maestro de ceremonias. Auxiliase unas veces de una pértiga, con que gobierna la marcha del baile, y otras de un silbato, del que se sirve para marcar el fin de cada paso."
Portada del libro

Autoridad de bastonero
"—¡Ay, Juliana!—dice él. —¡Qué tiempos aquéllos! Entonces tenías otro color, y otra frescura. Acuérdate de cuando fuimos al baile de la Zarzuela, que llamabas la atención, y quiso abrazarte en mis barbas un bastonero.
—No me lo nombres. Aún me parece que te veo con la cara hinchada.
—Sí, á causa de la irritación que me produjo aquel pillo.
—No, á causa de los bofetones que te pegó detrás de una puerta." [3]
Con vara larga o corta, mucho de cierto tenía el dicho: "Autoridad de bastonero". Muestra de ello son las noticias de época, donde había heridos por golpe de bastón o por golpes al bastonero:

EL DÍA, 31 de octubre de 1899


LA ACCIÓN, 27 de noviembre de 1916


Para finalizar este recuerdo a una de las profesiones del viejo Madrid, la Biblioteca Nacional de España, a través de la Biblioteca Digital Hispánica, nos ofrece un archivo sonoro de 1917 en el que Carmen Flores interpreta "La gachí del bastonero", de Montesinos y A. Rincón.




"Entonces esclamó el burro
Con mucha filosofía:
«Si no saben qué bailar
Y si ignoran quién repica,
Dejad solo al bastonero,
Porque mi abuelo decia
Que es muy necio aquel que en bailes
Por burlarse despepita,
Tan solo por el capricho
De lucir las pantorrillas.»"
N. GARCÍA SIERRA, 1858.



Bibliografía
[1] Anónimo. (1915) El ídolo de Peña Tú. Alrededor del mundo, XVII (817), 5

[2] Abate Don Muchitanga (1929) Ordenanzas para los bailes de contradanzas. Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, XXXIII (7 A 12), 334

[3] Taboada, Luis (1890) De todo un poco. Madrid Cómico, X (406), 2

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor. 
En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2015) "FOTOTECA. La figura del bastonero en los bailes y verbenas", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/

· Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación. 
· En todas las citas se ha conservado la ortografía original.


© 2015 Eduardo Valero García-HUM 015-008 FOTOTECA
ISSN 2444-1325