martes, 7 de octubre de 2014

Capas Seseña con la Villana en el Museo Cerralbo

El Museo Cerralbo tiene el gusto de ofrecer, con carácter de primicia en Madrid, el concierto de LA VILLANA, la nueva apuesta musical de la asturiana Natalia Quintanal, quien vestirá una capa diseñada en exclusiva por la firma Seseña dentro del ciclo de conciertos "A las veinte cero cero", y en la promoción de su nuevo disco "La villana Canta".



La cita será el próximo miércoles 22 de octubre, a las 20:00 horas y dará comienzo al ciclo dedicado a la música pop, titulado A LAS VEINTE CERO CERO, organizado por el Museo Cerralbo y el Museo del Romanticismo.

El Museo Cerralbo apoya así la creación musical independiente y los proyectos personales llenos de ilusión y buen hacer.

El acceso al concierto se realizará con invitación, que podrá conseguirse llamando al 91 547 36 46, a partir del miércoles 15 de octubre, en horario de 10.00 a 14.00 h.






La Villana
Coincidencias de la vida, el 1 de octubre de 1927 se estrena en el Teatro de la Zarzuela "La Villana", zarzuela en tres actos y siete cuadros de Amadeo Vives, con libreto de Federico Romero y Fernández-Shaw. La obra estaba inspirada en Peribáñez y el comendador de Ocaña, de Lope de Vega. Una de las canciones de la 1ª parte hace alusión a la capa de paño pardo:

"La capa de paño pardo
se viste en la tierra llana
y es prenda de paz y amor.
¡Que airoso, con su tabardo de lana,
va al campo mi labrador!"


 Dicho esto, un poco de historia...




Capas Seseña
Como hemos comentado, y no podía ser de otra manera para un palacio de postín como el Cerralbo, el museo contará para su concierto con la participación de Casa Seseña, centenaria sastrería madrileña y primera de España en capas.

"Ninguno la capa empeña si es de la
CASA SESEÑA
porque no hay, ni aquí ni en Parla,
dinero para pagarla.
Para ir a un sainete
o una fiesta madrileña
no hay más que
CAPAS SESEÑA"
[Publicidad: Gracia y Justicia, 31 de octubre de 1931]


Esta "Catedral de la pañosa" fue fundada en 1901 por don Santos Seseña Rojas en la madrileña calle Cruz, arteria que aglutinaba gran cantidad de sastrerías a finales del siglo XIX.
Llegó a tener tres populares y afamadas tiendas, las de la calle Cruz 27 y 30, con vuelta a la de Espoz y Mina, 11.
La primera de ellas será la del número 30 de la calle Cruz, que llevará por nombre Le Printems (La Primavera).

Publicidad: Mundo Gráfico, 13 de noviembre de 1912

Cortesía Casa Seseña

En 1927, ya conocida desde mucho tiempo atrás como Sastrería Seseña se abrirá la sucursal del número 27, regentada por Tomás Seseña Palacios, único hijo varón de don Santos.
En la fotografía, cortesía de Casa Seseña, retratados por Santos Yubero aparecen don Santos Seseña Rojas y su hijo, Tomás Seseña Palacios.


Después del repentino fallecimiento de don Tomás (1958) y de don Santos (1960), en 1965 tomará las riendas del negocio don Enrique Seseña Díez, hijo de Tomás, quien cambiará el concepto de empresa transformando la sastrería en una firma de confección y venta exclusiva de capas, especializándose en la capa española.

Cortesía de Casa Seseña

En la actualidad continúa en activo la tienda de Cruz, 23 (antiguo 27), precioso comercio cargado de historia que conserva la decoración típica de los salones de moda del Madrid decimonónico.
Desde el año 2008 están al frente del negocio Marcos y Daniel Seseña Blasco, bisnietos de Santos y nietos de Tomás. Cuatro generaciones de madrileños marcando la identidad de una firma y la popularísima prenda.

By Tamorlan (Own work) [CC-BY-SA-3.0], via Wikimedia Commons

En sus comienzos, la Gran Sastrería Santos Seseña hacía confecciones de todo y de muy buena calidad. Desde un elegante traje de frac hasta un democrático traje de americana, pasando por el gabán de pieles que cubría el cuerpo senatorial, la gabardina del estudiante, el batín del caballero, y hasta el chaquet más postinero.


"Todo el que quiera lucir
una capa española
para poder presumir,
ya se puede dirigir
hacia la
CASA SESEÑA
De allí han salido las más castizas:
la que luce Luis de Tapia, las que pregonan el garbo de Asenjito y Torres del Alamo.
La que luce nuestro director.
¡Las mejores capas! No hay que hacerse cruces,
nada más que 
CRUZ, 30
y encargarla. Y cuando vengan mal dadas y haya que echarse a la calle
en plan belicoso, también hay que pedir a Seseña
TRINCHERAS
para defenderse del fresco y de los frescos
Y CHECOS
aunque no eslavos, DESDE CUARENTA PESETAS."
[Publicidad: Gracia y Justicia, 26 de septiembre de 1931]


Versos publicitarios tan graciosos como los dos que hemos leído eran eslogan de moda en los años treinta. Sin duda Casa Seseña tenía buena rima con "madrileña", porque aún siendo capa española, tuvo gran fama en la Villa y Corte.


"-En diciembre ¿con qué tapas
esa figura mimbreña?
-Pues con una de las CAPAS
de SESEÑA.
En ellas hay alegría;
ellas matan al relente
y te darán lotería
en el número siguiente
el 37.860
del que dan una participación
en la
CASA SESEÑA
Cruz, 30 y Espoz y Mina, 11
(Única Sucursal: Cruz, 27)"
[Publicidad: Gracia y Justicia, 28 de noviembre de 1931]


Prenda retratada por Goya, de quien Seseña puso nombre a una capa; propiciadora de un motín; ornamento castrense; abrigo de reyes y plebeyos, la pañosa, antes de perder fuelle, fue paseada por Ramón de la Cruz, Moratín, Espronceda, Larra, Mendizábal, Zorrilla, Lafuente, Santos Álvarez, Alarcón, Vico, Menéndez Pelayo, Fernanflor, Chueca, Mariano de Cávia-entre otros muchos-y defendida por Eusebio Blasco y Valero de Tornos.

Y uno de los citados, don Ramón de la Cruz-hombre de desastrada capa-escribirá esta redondilla:

"Esta capa que me tapa
tan pobre y raída está,
que sólo porque se va
se reconoce que es... capa."




La revista Panorama del 25 de julio de 1927 (AÑO V - Núm. 38), en su apartado "Del mundo industrial y comercial", cita a D. Santos Seseña y dice de él:

"Nombrar en Madrid a D. Santos Seseña, es nombrar el sastre más popular de la villa y corte, y al decir de la villa y corte, bien se puede ampliar el concepto a la nación entera.
Dudamos que haya en España sastrería que goce de mayor y más satisfactoria fama que la que posee este distinguido comerciante que se halla establecido en la calle de la Cruz, números 29 y 30, con vuelta a la de Espoz y Mina, número 11. Es decir, en el corazón de Madrid, a dos pasos de la Puerta del Sol.
No es de hoy, ni de ayer, la fama de la casa Seseña; hace muchos años que tiene conquistado el singular crédito que acompaña a su nombre. ¿Quién no ha oído hablar de las famosas capas de Seseña? Son unas capas que producen la admiración de cuantos las miran. Lo mismo el garboso torero, que el señorito, que el castizo español serio y de buen gusto, adquieren de la casa de D. Santos Seseña esa prenda nacional que tantas exquisiteces literarias ha inspirado.
Y hay que agregar que el Sr. Seseña hace la capa fastuosa y llena de bordados y la capa sencilla que se posa sobre los hombros del humilde artesano. Una y otra llevan ese corte especial de distinción y de garbo que ningún sastre ha podido igualar."

En el texto, mucho más extenso que el transcrito, nos cuentan que D. Santos Seseña contribuyó con una considerable suma de dinero en la suscripción organizada para la creación de la Ciudad Universitaria. Lo cierto es que ese dinero correspondía al importe de una capa confeccionada para Alfonso XIII que quiso regalarle don Santos; regalo que el monarca no aceptó y por tanto el sastre no se avino a vendérsela. Este generoso acto fue correspondido por el monarca, condonando al sastre los títulos de proveedor de la Casa Real, donde el príncipe de Asturias fue el segundo cliente del capero.

Había acudido a Palacio Santos Seseña con su hijo Tomás-que tenía entonces diecisiete años-a tomar las medidas para confeccionar la capa. Mientras el sastre hacía su trabajo, el monarca hablaba con el jovencísimo Tomas y no paraba quieto. A don Santos se le fue el santo al cielo y exclamó:
"-¡Haga usted el favor de estarse quieto!",
a lo que Alfonso XIII, guiñando un ojo a Tomás, respondió:
"-¡A callar, niño, que riñe papá!"


Publicidad: Semanario España, 23 de noviembre de 1916


Publicidad: Mundo Gráfico, 5 de diciembre de 1917


Publicidad: Estampa, 13 de noviembre de 1928


El día 28 de diciembre de 1914, acompañando la noticia que daba cuenta de la inauguración del monumento a D. Ramón de Mesonero Romanos, celebrada el día 27 en el Paseo de Recoletos, se anunciaba el hundimiento del edificio de la calle Cruz que hacía esquina con la de Espoz y Mina, es decir, la Casa Seseña. Sin lugar a dudas, y a tenor del texto, se trataba de una inocentada.



El Liberal, del 31 de octubre de 1918, alertaba al ciudadano sobre un fraude con tintes de publicidad encubierta:



Y esta, a grandes rasgos, ha sido la historia de CASA SESEÑA, la más longeva tienda de capas que es orgullo de Madrid. Mucho más podríamos contar de la galante prenda y su uso en la moda femenina y masculina, pero queremos finalizar con una fecha muy especial para los Amigos de la Capa, y de la que hablamos a continuación.




Día Mundial de la Capa, San Martín de Tours y la Cibeles
Día Mundial de la Capa
El 11 de noviembre de 1969 la cofradía de los capistas y la de los caperos (los que vestían y los que hacían las rumbosas capas) celebraron por primera vez el Día Mundial de la Capa. Se trataba de una fiesta local, ya que no trascendió más allá del ámbito de Madrid, a pesar de que en aquella primera edición estuviese presente un grupo de capistas mejicanos.

San Martín de Tours
Eligieron los capistas madrileños esa fecha y no otra por dos motivos: uno climatológico y otro religioso. Noviembre es el mes en que da inicio el frío riguroso con los gélidos aires provenientes de Guadarrama, por lo que las calles madrileñas inauguraban en esos tiempos la temporada de capa.
Por otra parte, el día 11 la iglesia católica conmemoraba, y conmemora, al obispo San Martín de Tours, que es también patrono de San Martín de Valdeiglesias y santo que coincide con la matanza del cerdo que se practica en muchas regiones de España, de ahí lo de "A cada cerdo le llega su San Martín".

Cuenta la leyenda que siendo Martín militar de la Guardia Imperial Romana, en el invierno de 337, a las puertas de la ciudad de Amiens, encontró a un mendigo tiritando de frío y le cedió la mitad de su capa, pues la otra mitad pertenecía al ejército romano. En la noche siguiente, Cristo se le apareció vestido con la media capa para agradecerle su gesto. Tras dejar la vida militar, y habiendo vivido tamaña experiencia, se bautizó y se unió a los discípulos de San Hilario de Poitiers en la ciudad de Poitiers. En el año 370 fue nombrado Obispo de Tours.

La rara costumbre de las reliquias hizo que los reyes de Francia conservasen en su oratorio la capa del santo, sobre la que ponían la mano quienes prestaban juramento ante el monarca. Algunos soberanos galos la llevaron consigo en campañas bélicas o la cedieron para ser portada con veneración por sus capitanes dando así protección celestial a las tropas. Al menos esta es una de las tantas disparatadas versiones sobre la santa capa.

Cibeles con capa
Nuestra Cibeles, diosa que bien podría ser patrona de los capistas, lució capa de esclavina bordada y de suaves embozos en dos ocasiones. La primera allá por el año 1928 y la segunda una madrugada de abril de 1967, cuando un tuno universitario perfumado en alcohol cedió su pañosa a la hermosa diosa con el beneplácito de los leones y la mirada ausente de los guardias.

Fotografía de Alfonso, 1928



¡Olé, la capa!
Por Fina Mar
[De la revista semanal Mujeres Españolas, 14 de septiembre de 1930]

¡La capa! Prenda manola
¡airón de chulapería!
¡Florón de la tierra mía!
mientras haya una tan sola
habrá rumbo y gallardía
en la región española.
La capa la usó el chispero,
la capa la pintó Goya,
la capa es castiza joya
que engalana al caballero
y que la figura enjoya
del matador postinero.
Es elegante y rumbosa,
es cómoda y es lujosa,
y en sus embozos castizos
quedan presos los hechizos
de la madrileña hermosa.
La capa presta arrogancia
mas, de majeza perdón,
sólo cede en elegancia,
sólo rinde su prestancia
ante el fleco de un mantón.
Y cuando el chulapo mozo
va de fiesta verbenera
vendiendo tronío y gozo,
yo entonces sólo quisiera
transformarme en el embozo
de su capa postinera.
Si la reja no tuviera
flores en Andalucía,
sin gracia la reja fuera.
Mi Madrid, la tierra mía,
la patria de la majeza
tuviera menos belleza,
sin la capa jactanciosa,
que es, por noble y por airosa,
alma de la gentileza.
La capa vió azañas grandes,
cubrió locas aventuras
y engalanó las figuras
de nuestros Tercios de Flandes.
¿Por qué, pués, se ha abandonado
una prenda que en sí enlaza
excelsitud del pasado
de nuestra gloriosa raza?
Ella a Tenorio a embozado,
a ella mi sentir se abraza.
¡Capa! Prenda inimitable
relicario incomparable
de la grandeza manola,
yo, ante tu gracia incopiable
¡me siento más española!


Un español en París (Retrato de Francisco Iturrino
Óleo de Henri Evenepoel