El 30 de enero de 1901 se estrenaba Electra en el Teatro Español. La noche anterior, y por primera vez en España, se había realizado el ensayo general, con todos los decorados, trajes e iluminación idénticos al día del estreno. Los asistentes a este ensayo, todos ellos personalidades de la política y la cultura, fueron invitados de forma personal y rigurosa.
Muchas son las anécdotas que se cuentan de lo que representó aquella noche de 1901 para el pueblo. La plaza de Santa Ana, abarrotada de admiradores del escritor, y como ocurriría nueve años más tarde con el estreno de Casandra, vitorearán a Galdós y lo llevarán a hombros hasta la editorial Obras de Pérez Galdós, en calle de Hortaleza, mientras la gente gritaba y cantaba el himno de Riego.
Independientemente de las críticas vertidas por católicos y estamentos políticos contrarios a las ideas del escritor, Electra fue un gran éxito cuya magnitud llegará más allá de las fronteras.
«Joven, si habéis sido esteta,
volved en vos y gritad:
- El arte es la libertad,
y Galdós es su profeta»
Al cumplirse el centésimo vigésimo aniversario de su estreno, es nuestro interés recordar lo que se contaba antes y después de aquel acontecimiento; también estará presente la opinión y pensamiento de Galdós, además de su vida social y profesional durante aquellos días. Para ello nos remontamos al año 1900.
1900
El 30 de agosto de aquel año, Galdós había escrito a su amigo Manuel Tolosa Latour desde Santander:
Aquí he trabajado bárbaramente. Bodas Reales están ya en los dos tercios largos de cuartillaje. Acabaréla dentro de una semana, para que salga en octubre.
Estoy escribiendo, sí, una obra dramática que se titula Electra. Y que no es floja tarea. Tiene 5 actos, y mucha miga, más miga quizás de lo que conviene.
Está toda planeada en diálogo. Escritos casi definitivamente, 3 actos. Faltas 2. (Dos)
La prometí a Balart, al él se la entregaré allá en noviembre. Él sabrá cómo y cuándo y quién la estrenará.
CARICATURA DE FEDERICO BALART
Y fue en noviembre, el día 9, cuando se puso a la venta Bodas Reales, tomo treinta de los Episodios Nacionales, décimo y último de la tercera serie.
Poco antes, el 2 de noviembre, en la columna de espectáculos, el Heraldo de Madrid había confirmado el estreno de Electra para la segunda temporada del Teatro Español.
Claro que eso de “¡Título sugestivo y sonoro!” recibió una contestación inmediata por parte de Clarín desde La Correspondencia de España del 10 de noviembre:
Después del rapapolvo al título, el diario barcelonés La Dinastía del 2 de diciembre lo convertirá en “clásico y sugestivo”. En cualquier caso, las noticias sobre Electra siempre iban acompañadas de comentarios sobre el genio creador de su autor.
El domingo 9 de diciembre se celebraron dos banquetes para rendir homenaje a Benito Pérez Galdós y Vicente Blasco Ibáñez.
El de Galdós, de carácter regional, se celebró en el restaurante del Café Inglés. Allí acudieron algo más de setenta y cinco canarios para rendir homenaje al hijo ilustre de Las Palmas de Gran Canaria. Por carta se hicieron presente el general Weyler y Fernando León y Castillo.
El Café Inglés estuvo ubicado en la calle Sevilla esquina con la calle Arlabán, donde antes había estado el Café Europeo de la familia Fornos. [Ver información]
El banquete en honor a Blasco Ibáñez se celebró en los Jardines del Buen Retiro, donde años más tarde se edificó el Palacio de las Telecomunicaciones, hoy Ayuntamiento de Madrid.
Al coincidir ambos banquetes, Galdós envió una carta de adhesión a Blasco Ibáñez que fue leída y aplaudida. A pesar de esto, Don Benito se presentó a último momento para saludarle. Más aplausos, vivas, y una traca valenciana.
Mientras en toda España y el extranjero se hablaba de Galdós y su Electra, el 15 de diciembre se representaba por primera vez en el Teatro Real de Madrid la ópera Tosca, de Puccini, al cumplirse once meses de su estreno en el Teatro Constanzi, de Roma.
1901
Y llegó el año del estreno.
MARCELO AZCÁRRAGA Y PALMERO, Presidente del Consejo de Ministros.
Bajo el título «En el Español – El próximo estreno», el Heraldo de Madrid anunciaba en su edición del lunes 28 de enero:
El periodista y poeta Ricardo José Catarineu López-Grado, “Caramanchel”, estuvo presente en el ensayo y redacto ya de madrugada una breve crónica, publicada el día 30 en La Correspondencia de España:
El mismo día del estreno, el diario independiente El Día hacía referencia a Electra. Se trataba de la edición de la noche, por lo que la obra se estaba representando al momento de cerrarse la edición.
Por su parte, La Época publicaba detalles sobre los decorados realizados por el afamado escenógrafo Amalio Fernández.
Alejandro Saint-Aubin ya había hablado en el Heraldo de Madrid del 17 de enero sobre el decorado y la puesta en escena, reservándose detalles de los ensayos previos al general.
El Heraldo de Madrid dedicó una columna de su portada al insigne Don Benito. Además de datos biográficos, ofrecía detalles sobre la personalidad del novelista y su forma de trabajar.
La Revista Naval del mismo día 30, también hacía referencia al estreno de Electra; sin duda se estaba refiriendo al ensayo general del día anterior:
Dos estrenos sensacionales. En el Real, Werter: en el Español, Electra. La nueva ópera de Massenet, basada en el poema de Goethe, está reputada por la de más valía de aquel maestro francés. Hay en la partitura páginas de notable inspiración y arte exquisito. Sin embargo, el público se mostró algún tanto frío en la primera audición de esta ópera.
No sucedió lo mismo en el estreno de Electra, de Galdós. Aquello tuvo todos los caracteres y todos los entusiasmos de una verdadera apoteosis.
Sin negar nosotros el mérito de la obra ni el talento del autor dramático, creemos que en el ruidoso éxito tomó mayor parte la pasión del sectario que el sentimiento artístico. Y esto no quiere decir que no haya en la nueva producción del gran novelista admirables escenas, y que en toda la obra, puesta con gran lujo y propiedad, no se revele la admirable labor del insigne literato, Electra será obra de lucha, objeto de apasionada crítica y quizá, quizá de escasos rendimientos para su autor.
En la interpretación obtuvieron un triunfo la bella y simpática actriz Matilde Moreno y el primer actor señor Fuentes. No echamos de menos para nada a la aristocrática pareja.
Y así como la prensa del día del estreno llenaba columnas con los titulares relacionados con Electra sin conocer aún la repercusión que tendría, en Milán eran enterrados los restos mortales de Giuseppe Verdi, quien había fallecido la madrugada del día 27.
El joven periodista Galdós había dedicado varios artículos a Verdi en la Revista Musical y Revista de la Semana del diario La Nación.
El jueves 31 aparecieron las noticias sobre el apoteósico éxito de Electra. Los periódicos principales dedicaron sus portadas y páginas interiores al gran acontecimiento que propiciará una revolución dentro del teatro el día del estreno y otra en el gobierno, generando una reforma interna conocida como el «Gabinete Electra».
Como introducción a la segunda parte de este trabajo, ofrecemos la crónica resumida publicada en El Correo Militar:
Mucho más queda por contar, porque los días posteriores fueron complicados.
Ya habrá recibido el tomo de Electra. Nunca sospeche que esta obra levantara tan gran polvareda, y el día anterior al ensayo general creía firmemente, me lo puede creer, que el drama produciría poco o ningún efecto. En fin, me equivoqué en aquella apreciación, y todavía no he vuelto de mi apoteosis. Quédese para cuando nos veamos (y ojalá fuera pronto) el disputar un poco amigablemente sobre el quid de esta endiablada cuestión que a todos nos trae medio locos…
Fragmento de carta de Galdós a su amigo José María de Pereda.
Madrid, 1º de marzo de 1901
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En septiembre de 1862 había llegado a Madrid un jovencísimo Benito Pérez Galdós. Estudiante en la Universidad Central, su mayor aprendizaje lo encontrará en la geografía de la urbe matritense y en las costumbres de la sociedad; entre ellas, la celebración del Año Nuevo.
Entrado diciembre los comercios anunciaban la disponibilidad de regalos para vísperas del Año Nuevo; eran los “etrennes”, costumbre antigua que en España se conocía como el juego o sorteo de “dar los años y estrechos”.
Para este juego se vendían tarjetas en blanco y vulgares versos impresos en vistosas cartulinas al grito de “motes nuevos para damas y galantes”. En esencia, tenía similitud con el actual “Amigo invisible”, porque en las tarjetas en blanco se escribían los nombres de las personas invitadas a la celebración y luego se hacía un sorteo.
Las tarjetas con los nombres de las mujeres se colocaban en una urna y la de los hombres en otra. En el sorteo se anunciaban losnombres de los afortunados que les había “caído el año”. Es razonable suponer que se hacía trampa, porque seguramente algún galán pretendía a una dama y su interés estaba, como marcaba la costumbre, en hacerle un obsequio y cortejarla.
Estos regalos consistían mayoritariamente en cajas con dulces. Estas cajas, además de su elegante manufactura, eran multiuso.
Mi niña morena,
la chica más mona
que barre las calles
con bata de cola,
con años y estrechos
me espera afanosa.
Las cartulinas con versos se habían puesto muy de moda en la sociedad madrileña del siglo XVII. Don Basilio Sebastián Castellanos contaba en 1866:
«En la Corte del Buen Retiro, en tiempo de Felipe IV y del conde-duque de Olivares, que se desvivía por presentar a su soberano objetos de diversión, se celebraron reuniones sorprendentes de estrechos, en que los poetas de la época pusieron en prensa su talento, puesto que se improvisaban los motes o poesías las más veces, como indica Vargas cuando hablando de este asunto, dice en un romance:
Una dama del palacio
Me ha tocado por estrecho,
Que me hizo improvisarla
Tres cuartetas de un soneto.
Otras dos me mandó el rey,
Una décima mi dueño,
Y si no llega un poeta
Que me sacó del aprieto,
Desde el duque al canciller
Y desde el amo al portero,
Me convierten en poeta
A puro pedirme veros, etc.
En la actualidad ha quedado reducida esta costumbre a ser una diversión de familia, en la que suelen cruzarse los regalos y las intrigas amorosas al través de los motes de malísimos versos, que hacen los copleros para estos días, y que se venden por las calles pregonándose motes nuevos para damas y galantes».
Por su parte, así definía los años y estrechos M. Ossorio y Bernard en 1891:
«El principio de un año siempre despierta ideas fatalistas: buena prueba de ello el juego de los años y estrechos, en que admitimos como exactas las predicciones de algunos vates desconocidos, que en favor nuestro se han tomado previamente el trabajo de llenar de ripios monstruosos unos cuantos renglones, en los que nos ofrecen algunas vulgaridades, por el corto interés de diez céntimos el pliego. En semejantes predicciones se vienen perpetuando las gracias inocentes de nuestros abuelos y las trampas que eran su complemento, para que una bella señorita caiga con el mono de la casa de fieras y un enamorado con su futura suegra; pero estas mismas trampas suelen ser recibidas a disgusto por las personas formales, obstinadas en decir que este es asunto por demás serio, y que puede acarrear disgusto el violentar la suerte».
Los regalos comestibles se ponían a la venta en los comercios del ramo, como los dulces que ofrecía la fábrica de la calle del Sordo, siempre con el característico toque francés.
Una famosa tienda de juguetes de la calle de la Montera publicitaba sus productos para “etrennes”. Era la tienda de C. P. Schropp, también conocida como “Almacén de los Alemanes”. Galdós lo inmortalizará en sus novelas y en los Episodios Nacionales; también en cuentos como La mula y el buey y La princesa y el granuja, aunque en este último no lo cita, pero sí lo utiliza para la ambientación.
Los libros eran otra forma de regalo y también para el aguinaldo, quizás más orientado a aquellos que no andaban cantando villancicos por las casas o presentando sus tarjetitas de oficios. En la Puerta del Sol, la Librería Española y Extranjera del señor Moro ponía a disposición de sus clientes un gran surtido de libros, almanaque y otros objetos.
También lo hacía la famosa librería de Carlos Bailly-Bailliere, de la plaza del príncipe Alfonso (Santa Ana).
En las librerías de Duran, Moya y Plaza, la Publicidad, Dochao, Leocadio López, Hernando, en los almacenes de papel de la calle del Horno de la Mata, 19, y en la imprenta de Manuel Galiano de la plaza de los Ministerios, 3, se vendía a dos reales el calendario para 1863 El Inseparable, que ya iba por su segunda edición. Se trataba de un calendario general para toda la familia, con 200 páginas y tamaño de cartera. Incluía la nueva división municipal y judicial de Madrid que entraba en vigor ese año.
Por otra parte, las señoras y los caballeros podían aprovechar las gangas puestas a la venta en el Cisne de la calle de la Sal o en el almacén Esposición de Londres de la calle de la Montera.
Y así podríamos continuar con gran variedad de comercios que hacían su agosto en el crudo invierno de 1862.
Como en la actualidad, la gente se desplazaba a sus ciudades de origen para celebrar con los familiares estas fiestas tan señaladas. Para tal fin, trenes y diligencias ponían servicios especiales.
Recordemos que las líneas ferroviarias estaban en plena construcción, pero muchos tramos debían hacerse en diligencia. Así le había ocurrido al joven Galdós cuando hizo su viaje a Madrid. Desde Cádiz viajó hasta Sevilla en un tren de la Compañía de los Ferrocarriles de Sevilla a Jerez y Cádiz; en Sevilla, otro de la Compañía del Ferrocarril de Córdoba a Sevilla (CS) hasta Córdoba; después, un largo viaje en diligencia hasta Alcázar de San Juan, donde cogió el tren de la red de ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante (MZA) con destino a Madrid.
Como vemos, en aquellos tiempos no se festejaba la entrada a un nuevo año como hoy lo conocemos; ni uvas ni fiesta en la Puerta del Sol. El mayor jolgorio se montaba en vísperas de reyes.
El último día de 1862, que fue miércoles, los teatros dieron variadas funciones y el Circo de Price de la calle Recoletos anunció función para el 1º de enero de 1863 con la actuación en exclusiva para cuatro días de la compañía angloamericana Las Maravillas de las Montañas Peñascosas, «el non-plus-ultra de la audacia, de la fuerza y de la agilidad humana».
Por su parte, en el Circo de Paul se reunieron la noche del 31 las sociedades de baile La Constante y La Juventud Española para celebrar un gran baile de máscaras.
En el Teatro Real, a las 20:30 h, se estrenó la ópera en tres actos Zampa, con música de Louis Joseph Ferdinand Hérold y libreto de Mélésville.
En el de la Zarzuela se representó El secreto de una dama, zarzuela en tres actos y en verso, con letra de Luis Rivera y música del maestro Francisco Asenjo Barbieri.
Para el día siguiente se anunciaba la representa de Los Magyares, zarzuela en cuatro actos, de Luis de Olano, con música del maestro Joaquín Gaztambide.
En el Teatro de Lope de Vega se representó la comedia en tres actos Lo positivo, arreglada del francés por Joaquín Estébanez; había sido estrenada en este teatro el 25 de octubre de 1862.
También se representó un disparate cómico en un acto y en prosa arreglada del francés, en este caso por Manuel García González, titulada Los Misterios de la Calle del Gato.
Para el día siguiente, 1º de enero, se anunciaba la representación del melodrama en tres actos y un prólogo La Aldea de San Lorenzo, también arreglado del francés; había sido estrenado el 21 de diciembre de 1860 en el Teatro de Variedades.
En este teatro de Variedades hubo función a las 16:30 y a las 20:30 horas. En la primera se representó A Madrid me vuelvo, comedia en tres actos de Manuel Bretón de los Herreros; el baile titulado Las Mollares Sevillanas y para finalizar, la comedia en un acto La idea feliz.
En la segunda función se representó La Corte de los Milagros, comedia en tres actos y en verso de José Picón; el baile titulado Cada cual con su cada cual, y el sainete La Comedia de Maravillas, de Ramón de la Cruz.
El Teatro de Buenavista (Calle de Silva, 46) ofreció una función especial del Nacimiento a las 19:30 horas. Para el 1º de enero anunciaban tres funciones del concurrido espectáculo que se repetía cada año al menos desde 1846. Antes se había representado en las calles de Tudescos y de Mesón de Paredes.
No puedo precisar cuál fue el programa de aquellos días, aunque sí se habían añadido algunos cuadros al primitivo Nacimiento, como La degollación de los inocentes y La presentación del niño de Dios en el templo; ambos muy aplaudidos.
El espectáculo se dividía en varios cuadros representativos de la vida del hijo de Dios dispuestos en escenarios artísticamente decorados. Intervenían actores reales y autómatas, coros y orquesta, acompañados de juegos de agua y otras genialidades mecánicas.
El siguiente anuncio nos ofrece una idea clara de lo fantástico que debió ser.
La noche de San Silvestre se celebraba en los palacios más postineros de la villa y corte. Destacó la Nochevieja de 1862 el baile celebrado en el palacio de Daniel Weisweiller, banquero que llevaba todos los asuntos de la Casa Rothschild en España desde 1835. Hombre poderoso, en 1855 fundará la Weisweiller & Baüer Cía. junto con el conocido banquero Ignacio Salomón Baüer Landauer. [Ver palacio Baüer]
Al baile asistieron las infantas Isabel y Amalia, con el marido de esta última, el príncipe Adalberto de Baviera y Sajonia- Hildeburghausen.
Adalberto de Baviera y su esposa Amalia de Borbón
De ahí para abajo, estuvo presente la flor y nata de la aristocracia y la sociedad matritense, como la duquesa de Fernán-Nuñez y la princesa Pío; la condesa de Vilches; la marquesa de Molins y otras tantas condesas. Entre los personajes de la política estaban el marqués de la Habana; los señores Mon, Llorente y Castro. También muchas jovenzuelas y jovenzuelos de alta alcurnia, destacando el marqués de la Vega de Armijo y el vizconde del Pontón.
Todos bailaron hasta finalizar el año y lo continuaron haciendo en el recién estrenado 1863. En el baile se sorteaban los años y estrechos con las citadas tarjetas acompañadas de cajas de dulces y bombones.
Era costumbre dedicar el primer día del año a los niños y así lo hicieron en el palacio de Fernán-Nuñez con una matineè dansante a la que fueron invitados al menos sesenta pequeñuelos de alto copete. Todos iban disfrazados. La fiesta, con banquete incluido, acabó a las siete de la tarde.
Finalizó el 1º de enero de 1863 con otro suntuoso baile en la embajada de Inglaterra. Dos plantas del edificio fueron utilizadas para la ocasión; en una se celebró el banquete y en la otra el baile.
Otra vez la flor y nata ya citada en el baile de los Weisweiller más otros cuantos, entre ellos, Leopoldo O’Donnell, quien entraba en su último año del llamado “Gobierno largo”.
De entre todas las damas destacaba la anfitriona: Victoria Balfe, más conocida como Victorie Crampton, por se la esposa del entonces embajador inglés en Madrid, Sir John Fiennes Twisleton Crampton.
Victoria era una famosa cantante francesa que había debutado en 1857 en el Lyceum Theatre.
Victoire, Lady Crampton
by Herbert Watkins
albumen print, arched top, late 1850s
7 1/2 in. x 6 in. (191 mm x 152 mm)
Purchased, 1985
Primary Collection
NPG P301(57)
Contrajo matrimonio en 1860 con Twisleton Crampton, pero a finales de 1863 solicitó la anulación por impotencia del tal Sir.
Curiosamente, al codearse con la aristocracia madrileña, en 1864 se casará con José Bernardin Fernández de Velasco, duque de Frías.
Cotilleos aparte, el 1º de enero de 1863 aparece el primer número del diario La Democracia, fundado por Emilio Castelar, en el que en 1865 publicará el famoso artículo “El rasgo”.
Desde las postrimerías del año 1862 y a partir de 1863, Benito Pérez Galdós será protagonista de los sucesos políticos y sociales de una España revolucionaria y cambiante; muchas veces con epicentro en Madrid. La cuarta serie de los Episodios Nacionales son preámbulo y relato de cuanto aconteció en esa década y posteriores, acercándonos a los sesenta con el episodio Aita Tettauen.
Nada más queda por decir del estrenado año de 1863. Entrar en detalles sobre la situación política quitaría todo el encanto que tiene recordar aquellos tiempos pasados y sus costumbres. Una idea más o menos clara de lo que acontecería nos lo cuenta el gracioso poeta que en el Folletín de La Iberia del 1º de enero escribió:
Sobre tu tumba hoy levanta
el año nuevo la faz,
y a año nuevo, vida nueva,
que así lo dice el refrán.
Presidirá el año entrante
Júpiter, dios contumaz,
con su rayo amenazando
al ambicioso mortal.
El que en la Gigantomaquia,
guerra atroz, supo triunfar;
el que en cuestión de amoríos
fue, aunque dios, muy inmoral,
pues se casó y descasó
sin aflijirse jamás,
por aquello de que el gusto
estriba en la variedad;
ese dios calaverón
el año presidirá,
y habrá cada tremolina
que el más frío ha de bailar.
El Júpiter de la unión,
el que no puede ser más
que presidente, ahí es nada,
del belén ministerial,
encorvado bajo el peso
de su talla colosal,
se irá doblando, doblando,
y partido rodará
murmurando indiferiencia,
que es elocuente al hablar,
veremos muchas comedias
que en silbas acabarán,
muchos neos en berlina,
machas beatas rezar
que dieron su cuerpo al diablo;
habrá muchos thes dansants,
y literatos sin blanca,
muy ricos de vanidad.
Habrá lances muy estraños
en la Zarzuela y el Real,
artistas que canten bien
y cómicos que hablen mal.
En el teatro de Lope
Joaquín galaneará,
por más que nunca haya sido
don Joaquinito galán.
Seguirá echando su chorro
la fuente monumental,
y en el verano las calles
tan regadas estarán,
que parecerá cada una,
más que calle, un barrizal.
No se ensanchará Madrid,
que aquí lo que importa más
se hace siempre mal y tarde,
o más claro, tarde y mal.
Los chicos a Calderón
por las calles seguirán
gritando: «ahí va el grande hombre
que a la Europa hace temblar.»
Y aquí termino, diciendo
al que quiera saber más,
que espere a que acabe el año
y de ese modo podrá
satisfacer por completo
su mucha curiosidad.
Dedicado a todos vosotros, con la esperanza de que todo mejore.
Eduardo Valero García
Madrid, 1º de enero de 2021
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Es nuestra obligación hacer las aclaraciones oportunas en relación con un artículo publicado el pasado 11 de agosto en la prensa digital. Bajo el título de «Y Pérez Galdós se quedó sin teatro», su autor nos ofrece una visión un tanto distorsionada de aquel coliseo. [1]
Para ese cometido es necesario remontarnos a 1915, año en que la Casa del Pueblo inauguraba un nuevo salón de actos y teatro en los terrenos de la calle Gravina (antes de San Francisco), antiguos jardines del palacio ducal de Béjar. El nuevo edificio quedaba adosado al de su sede de la calle Piamonte, 2. Era una obra necesaria para la institución; su salón de actos se había quedado pequeño y carente de las comodidades necesarias para los actos y reuniones que allí se celebraban.
Casa del pueblo. Fachada del salón teatro de la calle Gravina. Autor desconocido. Publicada en la revista semanal ilustrada Acción Socialista. Año II, núm. 42. Madrid, 2 de enero de 1915
Fue proyectado y construido por D. Mauricio Jalvo, arquitecto que también había realizado las reformas y acondicionamiento del palacio de Béjar para la Casa del Pueblo de la calle Piamonte.
Se inauguró la noche del 29 de abril de 1915. Presidían la mesa el presidente del Consejo de administración, Manuel Charlón, y los señores Timoteo Arroyo, Rafael Ramírez, Rives Moyano y José Villena. Este último se disculpó en nombre de Pablo Iglesias, ausente en la celebración por encontrarse enfermo.
Hubo discursos, entre ellos los muy aplaudidos de los señores Mariano García Cortés, entonces concejal del Ayuntamiento, y de Julián Besteiro, quien aparece en la siguiente fotografía, tomada por Encinas en el momento de su intervención.
Escenario del Salón Teatro de la Casa del Pueblo. Fotografía de Encinas publicada en el diario independiente La Mañana. Año VII, núm. 1959. Madrid, 30 de abril de 1915.
Como podemos apreciar, al fondo del escenario se había colocada la mesa presidencial, con los oradores en los laterales. La mesa más cercana al público era la de los periodistas encargados de redactar la crónica del evento. Los antepechos de los palcos estaban adornados con las 123 banderas de las Sociedades de obreros existentes en la Casa del Pueblo.
Finalizó la inauguración con música. Primero un coro de mujeres interpretó El Esquirol y Vals del obrero; acto seguido debutó el Orfeón de la Casa del Pueblo, dirigido por Isidro Rocamora, cantando La Internacional y La Marsellesa.
El salón de actos y teatro
En la fotografía que encabeza este artículo, tomada al poco de finalizar las obras, vemos una fachada sobria pero elegante, dotada de grandes ventanales que ofrecían luminosidad a las estancias. La escasa superficie que ocupaba había sido aprovechada al máximo, logrando un espacio con capacidad para 3000 personas (otras noticias de la época indican 4000).
La acústica era perfecta gracias a la altura del techo, en el que se colocaron ocho chimeneas para la renovación del aire. La decoración, elegante y en tonos claros. El escenario, en forma de herradura, tenía en la parte alta de su embocadura dos medallones con los retratos al óleo de Jean Jaurès y Max Weber. En los laterales, descansando sobre el suelo de la sala, dos columnas con los bustos de Karl Marx y Pablo Iglesias.
Todos los trabajos de construcción y decoración fueron realizados por obreros y artistas asociados a la institución. Por fin, después de arrendar otros teatros para los mítines que no tenían cabida en su salón de actos, contaba ahora con un gran salón teatro. El de la calle Piamonte pasó a denominarse “salón pequeño” y en él se celebraban reuniones y juntas. Sirva este anuncio de julio de 1915 como ejemplo:
El jueves 6 de mayo, pocos días después de la inauguración del edificio, se celebró la inauguración artística con una velada magnífica en la que intervinieron, entre otros, la actriz Carmen Cobeña, con una interpretación del entremés de los hermanos Álvarez Quintero El chiquillo; la tiple Lucrecia Arana, cantando varias romanzas; los actores cómicos Ruiz y Fuentes, que interpretaron el diálogo También la gente del pueblo… y el disparate cómico-musical Filipo, acompañados por artistas de la Casa.
El actor Enrique Borrás recitó el monólogo La huelga de los herreros y el Orfeón Socialista estrenó la selección coral “a voces solas” Perfumada primavera.
Dos días después, el 8 de mayo, se celebró el XVI aniversario de las jornadas de ocho horas con el siguiente programa:
El Globo. Año XLI, núm. 13603. Madrid, 6 mayo 1915
Y así fueron pasando los años. El salón teatro continúo celebrando indistintamente mítines, reuniones y espectáculos artístico-musicales.
En octubre de 1916, se celebró una velada teatral organizada por el grupo Salud y cultura, de la Sociedad de excursionistas de la Casa del Pueblo. La nueva Sociedad Jacinto Benavente puso en escena Los intereses creados y la comedia de Vital Aza La praviana. El propio Jacinto Benavente recitó el prólogo de La ciudad alegre y confiada.
Curiosamente, el 25 de febrero de 1917 el salón teatro aparece publicitado como «TEATRO LIBRE (Gravina, 15, Casa del Pueblo)». En aquella ocasión hubo sesión doble de la exitosa comedia Tortosa y Soler, de Abati y Reparáz, y dos especiales: El noveno mandamiento, de Miguel Ramos Carrión y El místico, traducción de Joaquín Dicenta.
El 29 de abril, la Sociedad El Progreso, Cooperativa de Cocheros y “Chauffeurs” de Madrid celebró una velada en la que se puso en escena la comedia La nobleza, de Ángel Martín y Martín, y el boceto de comedia Amor selva, del mismo autor.
En 1918, después de un año intenso en mítines y manifestaciones, el Consejo de administración de la Casa del Pueblo organizó una velada artístico-musical y propagandística para conmemorar el fin de la guerra europea y el triunfo de las democracias socialistas.
En marzo de 1919, la Compañía Guerrero-Mendoza actuó en el salón teatro con la obra de Echegaray El gran galeoto.
La situación político-social de los años veinte propició las reuniones de gran envergadura y los mítines multitudinarios. Las funciones artísticas se hicieron menos frecuentes; aun así, en abril de 1922 se celebro una velada literario-musical para conmemorar el XXXVI aniversario de la fundación de la Sociedad de Socorro de Ciegos y el XI de la creación de su bandera.
Más tarde, en el mes de noviembre, durante el Congreso Nacional de la Unión General de Trabajadores que allí se celebraba, un grupo de obreros comunistas apuñalaron a uno socialista e hirieron con disparos a otros tres.
El 9 de diciembre de 1925 fallecía Pablo Iglesias Posse. Desde la Casa del Pueblo se acordó instalar la capilla ardiente en el salón pequeño, organizando la entrada por la calle Gravina y la salida por la de Piamonte. Con este suceso también fenecía el gran salón-teatro.
A mediados de enero de 1926, y a poco más de un mes del fallecimiento del padre del socialismo español, el edificio era convertido en cinematógrafo.
Cine Gravina: «El cine selecto y familiar»
Después de las obras de remodelación que aumentaron la capacidad del salón teatro de la Casa del Pueblo en 1500 localidades, el empresario Sr. Anich (o Amic) lo acondicionaba para la proyección de películas. Además, se anunciaba que contaría con “la mejor orquesta de Madrid”.
El nuevo local, decorado con sencillez y buen gusto, era el único de la zona destinado a la proyección de películas.
La noche del 17 de enero de 1926 reabría sus puertas con la denominación de «Cine Gravina». Así fue anunciado en la prensa:
La tarde del 20 de enero se estrenaba exclusivamente en esta sala “la primera zarzuela cinematográfica” Amapola (La gitana), con guion y dirección de José Martín y decorados de José María Torres. Uno de sus intérpretes, el niño madrileño Alfredo Hurtado «Pitusín», asistió al estreno como reclamo y para recibir la ovación de sus paisanos.
«Pitusín» ya era conocido en la pantalla y tenía muchos admiradores. Su anterior participación cinematográfica había sido en la “cinecomedia de la época moderna” El Lazarillo de Tormes, producción de Atlántida Films, bajo la dirección de Florián Rey y con fotografía de Alberto Arroyo. Su estreno se verificó el lunes 21 de diciembre de 1925 en el Real Cinema y Príncipe Alfonso.
Amapola estuvo varios días en cartel. Después se proyectó El ladrón de Bagdad, interpretada por Douglas Fairbanks. Fueron muy habituales los filmes de la FOX en las que intervenían los actores Tom Mix y Shirley Masson. También las proyecciones por episodios, en su mayoría del género wéstern.
El 27 de febrero se proyectó Nobleza baturra, acompañada por una colosal rondalla y los cantadores mañicos Amelia Forcés y Domingo Martínez. En abril, Las entrañas de Madrid, adaptación cinematográfica de la novela de Pedro de Répide El Madrid de los abuelos, producida y dirigida por Rafael Salvador. Estuvo acompañada por un cuadro flamenco.
Y si alguna vez hubo peleas y hasta disparos en el salón-teatro de la Casa del Pueblo, en el novísimo cine también se dieron bastantes puñetazos en febrero de 1927 con la celebración de un campeonato de boxeo. También se celebró en el Price.
En 1928, los espectadores disfrutaron de la mítica producción de George Kleine, QUO VADIS?. Este filme había sido estrenado en el Teatro de la Zarzuela el 18 de mayo de 1913.
El 27 de octubre de ese año, el Heraldo de Madrid lanzaba en su página de cine y teatro la siguiente noticia:
En noviembre del mismo año se proyecto El dos de mayo de Ediciones Buchs-Forns, acompañada de una banda militar.
Después llegaron otras representaciones de las que ofrecemos dos anuncios publicados en la prensa.
Sábado 17 de noviembre de 1928
Sábado 24 de noviembre de 1928
Los primeros días de diciembre se proyectó Gigantes y cabezudos, producción de Atlántida Films dirigida por Florián Rey. Debutaba el cuadro aragonés El Pilar y la rondalla Ramírez. Hubo graciosos cuentos baturros por El tío Matraco.
Muchas otras producciones nacionales y extranjeras pasaron por la pantalla del cine Gravina; pocas veces se trataba de estrenos, pero eran filmes que habían logrado cierto éxito.
A mediados de diciembre ya se rumoreaba que el cine se convertiría en teatro y que en él actuaría la Compañía de Bové-Torner. Y así fue, los primeros días de enero de 1929, el cine Gravina cambiaba su nombre por el de Teatro Pérez Galdós.
Cinema Teatro Pérez Galdós
Las noticias sobre su inauguración son confusas, para unos se verificó el viernes 11 de enero de 1929 y para otros el sábado 12. Más confusa aún es su condición de teatro, ya que en él se continuaron proyectando películas bajo la denominación de Cinema; por consiguiente, debemos aclarar que aquella renovada sala de la Casa del Pueblo era el Cinema-Teatro Pérez Galdós.
En el citado artículo, su autor se confunde al identificarlo sólo como teatro, posiblemente por la noticia que daba cuenta de su inauguración, en la que podía leerse:
«APERTURA DEL TEATRO PÉREZ GÁDÓS. ¿Hablábamos de la crisis teatral madrileña? Pues desde anteayer estamos con un coliseo más: el teatro Pérez Galdós, situado en la calle Gravina, donde ha desplazado un cine. Una pantalla menos y un escenario más…».
La Voz. Año X, núm. 2510. Madrid, 14 de enero de 1929
Lo cierto es que, como veremos más adelante, a los pocos días de ser inaugurado hubo sesión de cine. No se equivocaba Arturo Mori cuando decía en el diario gráfico La voz de Aragón del 6 de enero de 1929: «En fin, tendremos, por ahora, un teatro Pérez Galdós, del que no sabemos si será cine o no, pero sí que lo ha sido durante bastante tiempo».
Independientemente de esto, debemos tener en cuenta que durante muchos años el pueblo madrileño siguió identificando la sala como cine, incluso la orquesta del teatro siguió denominándose «del cine Gravina». En las guías, el Pérez Galdós aparecía en la sección de Cinematógrafos con la denominación de «cine» en el caso de la Guía industrial y artística del centro (1932), y como «cinema» en Faro-Guía de Madrid y su provincia (1935).
La noche de la inauguración del renovado coliseo se representó Marianela, adaptación de los hermanos Álvarez Quintero. Tal y como habían adelantado los periódicos, la Compañía del teatro estaba formada por Laura Bové y Luis Torner. El empresario, al no encontrar otras referencias, debió ser el citado José Luis Carballeda.
Días después, el 22 de enero, se proyectaba en su pantalla el gran éxito del momento, la película muda ¡Viva Madrid, que es mi pueblo!, de Fernando Delgado de Lara (Exclusivas Orozco, 1928). Se había estrenado con gran éxito el 5 de noviembre de 1928 en el Cine Avenida.
El sábado 26, se proyectaba otro gran éxito de Fernando Delgado: Ruta gloriosa, con guion y fotografía de Leopoldo Alonso (1925). Fue el primer filme de aventura y bélico dedicado a los aviadores militares de España.
Entre una proyección y otra hubo teatro. La Compañía Bové-Torner puso en escena la comedia en tres actos Mujeres del día, de Emilio Gómez de Miguel.
En febrero, además de un filme de Charlot, se repuso La verbena de la Paloma, versión cinematográfica de la zarzuela homónima dirigida por José Buchs (Atlántida Films, 1921).
En las páginas de información teatral del Heraldo de Madrid del 22 de mayo de 1929 se rumoreaba:
«Que de nuevo abre sus puertas el teatro de la calle de Gravina, que tan efímeramente funcionó con el nombre de teatro Pérez Galdós».
Aunque puede prestarse a confusión, el rumor venía a decir que un teatro con tan digno nombre no merecía representar un espectáculo que se ajustaba más a la figura de un recio militar como Gravina. Nos referimos a El oro del ring, sainete acompañado de un combate de boxeo.
A partir de 1930 hubo en el cinema teatro actuaciones de aficionados. En junio se celebró una función benéfica en la que se representaron las obras en un acto Coba fina y El poeta de la guardilla; también se estrenó Vida nueva, sainete en un acto de Francisco de Pablos y Apolinar Sanz; este último, director de la Compañía.
También lo hizo en enero de 1931 el cuadro artístico de la Casa de Castilla de Madrid con la representación de El genio alegre, obra de los hermanos Álvarez Quintero. Meses después representarán Marianela.
En su condición de cine y teatro, y recordando sus tiempos como salón de actos de la Casa del Pueblo, la Sociedad de Carpinteros de la edificación celebró el XXXVIII aniversario de su fundación proyectando una película cómica seguida de varios discursos, cuadros artísticos, monólogos y variados grupos musicales.
El año concluyó con la más madrileña de las veladas. La Agrupación madrileña Casa de los gatos, que tenía su sede en la calle de la Bola, 2, principal, celebró un festival en el que hizo su presentación el «Cuadro artístico de la Escuela teórica práctica de Declamación» de aquella entidad.
Más festejos hubo en 1932, como la celebración de la Semana Gallega o la velada teatral de la agrupación artística del Arenas Sporting Club. También conferencias, como la impartida por el escritor, periodista y afamado conferenciante Federico García Sanchís quien llenó el teatro en beneficio de la Agrupación Sindical de Empleados de Seguros.
Y continuaron las proyecciones cinematográficas combinadas con números artísticos y musicales. Así, en julio de ese año se proyectó la película La casa de la Troya, seguida por los coros de la agrupación Anaquiños d’a Terra y baile de munieira.
En 1933, la Sociedad de Propietarios, Comerciantes y Vecinos del Cerro de la Cabaña (Ciudad Lineal) celebró una velada teatral para homenajear a D. Julián Amorós Millares, director del cuadro artístico de la agrupación. Intervino la orquestina de la Sociedad cultural recreativa La Libertad y el barítono Francisco Martí.
Muchos fueron los aficionados que actuaron en el escenario del Pérez Galdós, en ocasiones con la intervención de artistas famosos. Y muchas las películas que allí se proyectaron, la mayoría pasadas de moda.
Los años siguientes fueron menos las proyecciones de películas y las representaciones teatrales de aficionados. El cine-teatro recuperó su condición de salón de actos para mítines.
En abril de 1935 el cinema-teatro Pérez Galdós, conocido nuevamente como teatro de la Casa del Pueblo, cerraba sus puertas definitivamente.
En la actualidad, en el espacio que ocupó el salón-teatro de la Casa del Pueblo, podemos encontrar un edificio de la década de los cincuenta del siglo pasado, con posteriores remodelaciones de la década de los ochenta. Corresponden a los portales 21 y 21 A de la calle Gravina, nueva numeración desde 1931.
Imagen de Google maps
Conclusión
El título del artículo publicado en Madridiario puede sugerir que Galdós contó con un teatro de la talla del Español o del María Guerrero (nombre con el que se quiso bautizar al salón-teatro en un primer momento). Como hemos visto, eso no fue así. El cinema-teatro Pérez Galdós daba nombre al salón-teatro de la Casa del Pueblo, como antes lo había hecho el cine Gravina.
Bien que no hubiese gustado -y también nos hubiera pesado-, saber que en Madrid existió un coliseo con el nombre de nuestro recientemente nombrado hijo adoptivo. La piqueta, instrumento que durante siglos ha borrado parte de la historia urbana madrileña, no solo hizo desaparecer aquel espacio sindical sino también muchos de los lugares que el escritor habitó durante sus casi sesenta años de vida en nuestra ciudad.
No os aflijáis, Galdós no tuvo teatro sino una sala que llevó su nombre por breve tiempo. Aquel edificio nació como salón-teatro de la Casa del Pueblo hasta su confiscación y en nuestra memoria quedará como eso que fue.
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En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2020) "De Salón-Teatro de la Casa del Pueblo a Cinema-Teatro Pérez Galdós. Madrid, 1915-1929", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325
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