domingo, 8 de julio de 2018

Galdós, las modistillas y un concurso. Madrid-Santander, 1912

En junio de 1912 Benito Pérez Galdós aun no había marchado de veraneo a su finca San Quintín (Santander); se recuperaba en el hotelito de la calle Hilarión Eslava de una operación de cataratas.

Los periódicos daban cuenta de la evolución de su salud y multitud de amigos y admiradores se acercaban a su domicilio para firmar pliegos o entregar tarjetones con los mejores deseos para el escritor. De Canarias y Santander se recibían telegramas casi a diario.

El Año Político indicaba en fecha 26 de mayo que había sido suspendida la reunión de los jefes republicanos en casa del escritor por encontrarse este «en una habitación sin luz, sometido al tratamiento preliminar de una operación a la vista».

El asunto referente a la propuesta del premio Nobel merece un capítulo aparte, mas es de interés recordar la visita que al mal llamado “anticlerical” Galdós hará el obispo de Jaca, D. Antolín López Peláez. El prelado era defensor del Nobel para el insigne escritor, además de partidario de un homenaje nacional. Galdós quiso agradecer personalmente ese detalle, pero el obispo, consciente del delicado estado de salud de don Benito, se acercó a visitarle.

Este encuentro motivó algunas entrevistas para la prensa. En una de ellas el obispo había dicho:
«(...) no debemos conformarnos solamente con solicitar el premio Nobel para Galdós; debemos darle otro premio aquí, dentro, en nuestra España, para que no se pueda decir que tratamos de imponer al mundo entero una admiración que aquí regateamos. Tiene Galdós obras maestras que son de todos los españoles, no de determinada bandería. Festejemos al autor de esas obras. Galdós es un artista verdaderamente genial, y prescindiendo del mal uso que haya hecho del genio, debemos enaltecerle. Honrando al genio, honramos a Dios de donde el genio procede.»
Claro está que de todas las obras que el religioso alababa, y entre ellas los Episodios Nacionales, torcia el pico al verse obligado a mencionar, aunque fuese para censurarlas, a Electra, Casandra, «y (...) todo lo sectario que ha producido Galdós, y de sus predicaciones radicales».



Poco después de aceptar el cargo de director artístico del teatro Español [1], Galdós pondrá rumbo a Santander junto a su familia; será hacia el 20 de julio. Varios periódicos, entre ellos El País, anunciaban:
«Nuestro ilustre y queridísimo amigo don Benito Pérez Galdós ha salido para su quinta de Santander acompañado de su familia y de su secretario particular D. Pablo Nougués. Va muy mejorado de su salud. Deseamos al gran español un feliz viaje».

El jueves 25 de julio, en San Quintín, los organizadores de la Asamblea y mitin republicano reformista se reúnen con Galdós para proponerle la presidencia del acto. Don Benito acepta el ofrecimiento y la tarde del domingo 28 estará presente en el teatro Principal, junto a Melquiades Álvarez, presidiendo el mitin. Ambos serán ovacionados con gran entusiasmo por el público.

En agosto recibirá a un grupo de modistillas madrileñas que habían sido agraciadas con el primer premio de un concurso. Será don Benito quien las invite.

Esta es la historia de aquellos días, del encuentro con las modistillas y el concurso.


Madrid, verano de 1912
Mientras don Benito se recuperaba de la operación, la revista Nuevo Mundo lanzaba un concurso para modistillas madrileñas. Constaba de tres permios a repartir entre treinta modistas o «costureras», como referirá Galdós en una carta, siendo las ganadoras del primer premio aquellas que harían un viaje de instrucción y recreo por San Sebastián, Bilbao y Santander.

A mediados de julio, el fotógrafo Ibáñez retrataba en las puertas de la casa de Nuevo Mundo a este grupo de señoritas recién inscriptas en el concurso; nueva generación de aquellas modistillas que un joven Benito conocerá desde su llegada a Madrid y, más tarde, cuando se instale en la calle Serrano, por donde pasaban rumbo a los talleres de la zona.



El concurso
A finales de junio Nuevo Mundo publica un anticipo de lo que iba a ser un gran concurso en beneficio de las modistillas madrileñas.



El 4 de julio, ocupando dos páginas de la revista, el concurso aparecerá anunciado oficialmente y con las bases del mismo. El preámbulo ofrecía una visión verdadera de la figura de las modistillas: mujeres trabajadoras, sacrificadas, de pocos recursos, condenadas al machismo de la época, con las consabidas malas prácticas y costumbres de este.
«He aquí nuestro primer concurso popular. Lo brindamos á quienes mejor representan lo castizo, lo típico, lo netamente simpático del pueblo de Madrid: á las modistas. Nadie como ellas para llevar á las provincias del Norte de España, donde en esta época se acumula la vida cortesana el pabellón de la villa coronada. Nadie como ellas merece que se premie una vocación constante y un amor al trabajo dignos de estimulo. Hay, pues, en nuestro concurro dádivas de positivo y material valor, como recompensa á la laboriosidad; de enseñanza y mejoramiento de los recursos del oficio como justo pago á la vocación por el oficio mismo; y lo que vale más, a nuestro juicio, un poco de oxígeno, nuevos horizontes, nuevos paisajes, la vista del mar, el disfrute de una quincena de alegría para quienes, de las groserías, privaciones y miserias de la vida supieron vencer, aun teniendo en sí mismas el terrible enemigo del buen palmito.»

El día 22 quedará cerrado el concurso, con la satisfacción de los organizadores por la buena acogida; se había apuntado un gran número de jóvenes modistas, mucho mayor al esperado.

Primer premio
Como hemos visto, con este concurso Nuevo Mundo se propondrá llenar de alegría y atenciones la vida de las modistas. Lo hará a través de tres premios a repartir entre treinta señoritas madrileñas o con un mínimo de cinco años de residencia en la villa y corte; de edades comprendidas entre los 15 y los 25 años; trabajadoras de algún taller de costura o en su domicilio para encargos de establecimientos de moda. Todo ello certificado por los dueños, maestros o directores de los talleres para los que trabajaban. Visto así, los requisitos dejaban fuera a otras tantas modistillas…, pero la intención era buena.

Ya hemos citado el primer premio, consistente en un viaje para diez modistillas por las playas del norte de España. El periplo se prolongaría por quince días, instalándose en hoteles de lujo en cada una de las capitales. En San Sebastián se alojarían en el hotel Biarritz; en Vizcaya, el hotel Bilbao, y el Labadic en Santander.

Segundo premio
En nuestra opinión, el segundo premio era quizá el menos superficial y más prometedor; otras diez modistillas recibirían una máquina de coser Singer tipo doméstica, «con bobina central extraornamentada y sobre mesa de extensión, con tres gavetas y cubierta gótica».


Se dice, se comenta, que Benito Pérez Galdós regalaba una máquina de coser a algunas de sus conquistas amorosas; detalle inteligente por parte del escritor, ya que significaba la forja de un porvenir para la señorita agraciada; una pequeña industria que proporcionaría no pocos beneficios.


Disponer de una máquina de coser propia resultaba muy competitivo en relación con las casas de moda. Si bien estas últimas eran más visibles y con mayor volumen de encargos, las modistas “autónomas” también podían anunciarse en los periódicos o darse a conocer por el boca a oído.

Para hacernos una idea de esa competitividad, pongo como ejemplo la casa de modas que había en la calle San Bernardo, 5, llamada Chic Parisien (de Antonia Moliné y Compañía) donde se cobraban 40 pesetas por la confección de vestidos sencillos y de 50 a 60 pesetas por los complicados. Sin embargo, una modista particular de la calle Luchana, 35, cobraba 10 pesetas por la hechura de elegantísimos vestidos de señoras y niños.

Como es lógico, a la calle San Bernardo acudiría la alta burguesía y a la de Luchana la clase media menos favorecida y aquellos con recursos más ajustados.

Volviendo al concurso, la máquina de la «acreditadísima marca Singer» se exponía en los escaparates de los establecimientos madrileños que la comercializaban; estos estaban situados en las calles de Montera, 18; Gravina, 11; Sagasta, 28; Plaza de San Marcial, 3, y Plaza del Rastro, 7.

En la siguiente fotografía podemos ver a las modistillas frente al escaparate de la calle Sagasta, donde se exponían dos de las Singer del concurso.



Tercer premio
El tercer premio tampoco era nada despreciable. Diez señoritas tendrían la posibilidad de hacer un curso de corte y confección de vestidos de señoras, impartido por la prestigiosa señora doña Eulalia Simarro de Ortiz, profesora de corte en el Centro de Instrucción Comercial de Madrid.

Por poner un ejemplo, pagando 5,50 pesetas las modistillas podían hacerse con la publicación semestral de la Academia Central de Corte Martí (Barcelona), en la que, además de recibir lecciones, conseguían patrones a tamaño natural. Pero este curso del Centro de Instrucción era gratis e impartido por tan renombrada señora.


Casualmente, en julio celebró esta institución una Exposición de labores en la que figuraban modelos realizados por las alumnas de todos los cursos que se impartían.





Galdós en Santander
Como hemos visto al inicio del artículo, Pérez Galdós presidirá el mitin republicano reformista celebrado el domingo 28 de julio en el teatro Principal.

Aquella tarde Pablo Nogués leerá el discurso que don Benito le había dictado. Las palabras más aplaudidas –que le obligaron a levantarse para saludar al público en varias ocasiones- fueron las siguientes:
«Desde este sitio, de verdadero honor, en el que me han colocado vuestras simpatías, vuestros cariños y vuestra fraternidad, he de proclamar una vez más mi norma, que es la de perseverar en el vinculo estrecho entre la gran familia republicana para realizar la suprema obra revolucionaria.
Organizándose sólidamente los partidos afectos a la Conjunción, cada vez más sólida y más vigorosa, se laborará prácticamente por el ideal, acercándonos a pasos agigantados hacia la victoria. (…) El anhelo de algunos románticos que aspiran a la constitución de un partido único me parece una linda quimera, pues la lucha tenaz contra lo estatuido es de duelo a muerte entre las dos instituciones, la Monarquía y la República. Y ni los monárquicos se unifican para defender el trono, ni nosotros tenemos por qué confundirnos en informe amalgama, y sí únicamente constituir alianza para marchar acordes por la senda revolucionaria. (…) En la vida pública ha de actuar siempre un espíritu abierto a todas las abnegaciones y todos los sacrificios, teniendo por hermanos los afines, sin más exclusión que aquellos que no se inspiren en una conducta de probidad intachable é inmaculada.
No puede ser materia de discordia para nadie el acrecentamiento de este gran partido reformista, que responde a todas las aspiraciones del pueblo y que, con un programa definido, aspira á gobernar a España».

Don Benito intentaba hacer en Santander una vida normal a pesar de la difícil operación de cataratas a la que había sido sometido. Así, en agosto finalizará Cánovas, último de la quinta serie de sus Episodios Nacionales. Saldrá a la venta el lunes 12 de septiembre, cuando el escritor aún continuaba veraneando en Santander y ya pensaba en el siguiente: Sagasta, obra que nunca verá la luz.

Mantendrá contacto con los autores y actores que abrirían la nueva temporada del teatro Español, y se tomará muy en serio su compromiso con el llamado popularmente “Corral de la Pacheca”, coliseo del que había sido elegido director artístico.

Sobre la cantidad de obras que tuvo que revisar ese verano para su inclusión o no en el programa de la nueva temporada del Español, en carta del 27 de agosto Galdós confesará a su amada Teodosia Gandarias:
«En la soledad he leído dos obras dramáticas antiguas, desechándolas por no ser de segura eficacia ante el público en los tiempos que ocurren. ¡Qué difícil es contentar al público, y qué pocos son los que logran plenamente este objeto! Obras que enloquecieron a la gente hace 30 ó 40 años, hoy producirían, antes que aplausos, bostezos o quizás manifestaciones menos inocentes. Las obras de indiscutible eternidad son pocas, muy pocas.»

Recibirá a muchos amigos y también a los periodistas que cubrían todas las noticias de la postinera sociedad veraneante en “El Sardinero”. A San Quintín asistirán muchos de ellos, porque era imperdonable no hacer una entrevista a Galdós si allí estaba. Muchas publicaciones darán cuenta de esos encuentros, y todos coincidirán en lo bien que les trataba don Benito y lo generoso que era en las explicaciones sobre sus proyectos y pensamientos políticos.

La excepcional personalidad del escritor era observada al detalle por los reporteros. En muchas crónicas se remarcaba un gesto muy representativo de su gran educación; Galdós utilizaba gafas oscuras, pero cuando recibía visitas las cambiaba inmediatamente por las transparentes, no sólo en el interior de la casa, sino también en el exterior.

Este detalle podemos apreciarlo en varias fotografías y en esta, del fotógrafo cántabro Arauna, donde aparece Galdós retratado junto al periodista local, don José Montero, en uno de sus rincones preferidos.



San Quintín y sus vistas
Sólo como referencia, ilustro al lector con estas dos fotografías que dan cuenta de la situación geográfica de San Quintín. En paisaje tan espectacular como las playas de El Sardinero y la Magdalena, con el majestuoso y novísimo palacio real dominando, ofrecían vistas tan preciosas que inspiraban al más común de los mortales. En este idílico entorno Galdós se inspirará o escribirá muchas de sus obras, pero para ese año de 1912 ya no verá el inmenso horizonte que le rodea.

En la primera fotografía podemos apreciar las vistas desde la finca San Quintín; en la segunda, la ubicación de la misma.




La visita del doctor Desvernine
El 2 de agosto se producirá un encuentro emocionante. Recién llegado de La Habana en el trasatlántico alemán Corcovado, el doctor Carlos María Desvernine y Galdós, y su esposa, visitarán al insigne escritor.

Desvernine y Galdós, pariente directo de don Benito por la rama cubana de la familia, era hijo de Pablo Desvernine y Legrás y Carolina Galdós y Echániz.

Y entre los unos y los otros que por la bonita finca pasaron, no hubo para un hombre casi setentón visita más alegre y optimista que la realizada por las modistillas.


Las modistillas en San Quintín
El 20 de agosto recibirá a las modistillas madrileñas ganadoras del primer premio, quienes iban acompañadas por algunas colegas santanderinas. Todas alegres y agradecidas de haber sido invitadas por el escritor, quien las agasajará con un espléndido lunch.

Rafaelita, hija del torero Machaquito y ahijada de José Hurtado de Mendoza (sobrino del escritor), interpretará algunas melodías en el piano para amenizar la fiesta y el espíritu de don Benito, quien tanto la quería. Prueba de ello es esta carta que, según Pablo Beltrán de Heredia, en su trabajo España en la muerte de Galdós [2], indica que fue escrita en septiembre de 1916:
«Querida Rafaelita, alegría de esa casa y de ésta. Desde que te fuiste a Madrid, aquí no hay más que tristeza, y un vacío muy grande. Solo en mi despacho, horas y horas, no oigo más que el gemido lastimero de las moscas presas de patas en el papel pegajoso...»

El periodista y director de El Cantábrico, D. José Estrañi, presente en el ágape, pronunciará un simpático y sentido discurso acompañado por un brindis a Galdós y sus jóvenes acompañantes. Por su parte, el fotógrafo Alonso retratará para la posteridad aquel martes de agosto, cuando don Benito paseaba con las modistillas por los jardines de San Quintín.



En la ruta de homenaje a Galdós que realizo por el barrio de Salamanca y El Retiro, muestro la siguiente fotografía donde lo vemos junto a unas señoritas. Hoy podemos ver que se trata de las modistillas, descartando la suposición de que una de ellas pudiera ser María, única hija reconocida por el escritor.

Esta crónica podría continuar con la llegada de las modistillas a Madrid y la cantidad de homenajes que se les ofrecieron; eso implicaría un mayor protagonismo para ellas, que lo han tenido, pero es mi cometido dárselo a D. Benito Pérez Galdós.

Finaliza aquí la historia, con la partida de Galdós rumbo a Madrid, acontecida el 30 de septiembre en el tren correo. Mucho le queda por hacer a don Benito, y tanto tendrá que escuchar sobre su persona y obra... bueno y malo.



Citas y Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

[1] En una entrevista para el periódico La Mañana, Galdós había dicho:
«Antes de marcharme a Santander me pondré de acuerdo con Benavente y los Quintero, a quienes juzgo indispensables para toda campaña teatral. Después veré a otros; pero no haré gestión alguna que se relacione con mi nuevo cargo sin llevar la seguridad de que los citados autores me ayudarán con su colaboración. (…) Mi labor como autor dramático será bien exigua. Sólo estrenaré una obra griega en la Princesa. Tenía otra para el Español; pero no podré estrenarla porque no sé hasta qué punto será compatible la doble condición de autor y director de la casa».

[2] Beltrán de Heredia, Pablo. España en la muerte de Galdós (1970) Anales galdosianos. Año V. Documento de la conferencia pronunciada en la Universidad de Texas por el profesor Pablo Beltrán de Heredia el día 17 de marzo de 1971.


En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2017) "Galdós, las modistillas y un concurso. Madrid-Santander, 1912", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

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