En noviembre de 1928 el Ministro de Agricultura, Sr. Vellando, con otras autoridades y el numeroso público madrileño que se acercó a las orillas del río Manzanares, presenciaron la suelta de las truchas destinadas a la repoblación de dicho río.
En la fotografía de Martín y Alonso quedó plasmado aquel momento.
El 17 de junio de 1925 se constituye en Madrid la Sociedad Anónima 'Unión Radio' cuyo objetivo es dar un impulso decisivo a la radiodifusión española.
S. M. el Rey Alfonso XIII inauguró la estación dirigiendo la palabra ante el micrófono a los radioyentes españoles. Don Valentín Ruiz Senén pronunció también unas frases de saludo ofreciendo al público la nueva emisora a cuyo frente, como director, figura el ingeniero especializado en teledifusión, don Ricardo Urgoiti.
En la fotografía inferior puedes verse al Rey, acompañado del Sr. Ruiz Senén y otras personalidades, dando un paseo por la terraza del edificio. S. M. mira hacia arriba para observar la antena que allí se instaló.
La antena de la emisora, imponente para la época, estaba situada en la terraza de uno de los flamantes edificios construidos en el segundo tramo de la Gran Vía.
El edificio está ubicado en la Gran Vía, entre Mesonero Romanos y Gonzalo J. Quesada, y en él estaban los Grandes Almacenes Madrid-París.
No es fácil localizarlo ya que su fisonomía ha variado con los años. En las imágenes inferiores podemos ver el aspecto que lucía en 1924 y el actual.
Estos grandes almacenes cerraráin sus puertas en 1934, pero Unión Radio seguiría su emisión como en la actualidad lo hace la Cadena SER (Sociedad Española de Radiodifusión).
Las calles y rincones de Madrid guardan recuerdos que evocamos hoy en imágenes pasadas y perdidas en la memoria de quienes las conocieron.
La fotografía inferior fue tomada en el salón grande de EAJ 7, Unión Radio, de Madrid, y muestra a la orquesta dirigida por el maestro José María Franco.
El recuerdo de uno de los locutores de EAJ 7 frente al micrófono en la imágen del primer "speaker" de Unión Radio Madrid, trata del Sr. Antonio Gomez Pavón.
La fotografía superior corresponde al locutor Luis Medina de EAJ 7, Unión Radio, de Madrid. Puede verse en detalle elaspecto que tenían los micrófonos de la época.
En abril de 1926, el barítono Marcos Redondo interpretó canciones de su repertorio en los micrófonos de Unión Radio de Madrid.
Para la ocasión se instalaron en los balcones de la emisora sendos altavoces Marconi para disfrute del público que se agolpaba en los bajos del edificio de la Gran Vía, en aquellos entonces Avenida de Pi y Margal.
En Madrid había dos emisoras, lo mismo que en Barcelona. En Cádiz, Sevilla, Salamanca y Cartagena, una emisora cada provincia. En la Dirección de Comisiones estaban registradas solicitudes de otros proyectos de estaciones de radio.
La asociación de Unión de Radioyentes de Madrid contaba con nuevemil asociados en 1927.
El gran entusiasmo por este nuevo medio de comunicación se ve reflejado en la siguiente fotografía, donde podemos ver una 'unidad móvil' que recorrió Madrid y Ciudad Real llevando las ondas de Unión Radio.
Las calles que estamos recordando en este apartado no guardaban muchos edificios de interés, aunque algunos había, pero sí conformaban una geografía urbana que los madrileños contemplaron durante siglos. Esto es fácil de verificar viendo el plano de 1762 en uno de nuestros artículos.
Calle del Rosal
Aquella era una calle estrecha, triste y solitaria, resultando un gran esfuerzo de imaginación tratar de adivinar por cuáles motivos se la bautizó con tan florido nombre.
Cuenta la leyenda que en aquella zona estaba plantado un rosal que había en la posesión de Barrionuevo, asegurando que ocupaba en su totalidad toda la estructura de la calle.
La calle era corta y estrecha, pero no tanto como para decir que su superficie equivalía a la del rosal, pero así son las leyendas.
Allí estaba ubicado un caserón viejo y destartalado, triste y silencioso, levantado por la hermandad del "Pecado Mortal" para acoger en su seno a las damas deshonradas que allí se recluían para mitigar su pena y su dolor.
El aspecto de aquel edificio era un tanto tétrico, a través de su puerta siempre cerrada y sus ventanas eternamente obscuras se adivinaba un constante padecer.
Calle de la Garduña
A espaldas de la posesión citada de Barrionuevo había un enorme corral destinado a la cría de gallinas.
A pesar de la gran cantidad de aves que allí había, cada mañana se detectaba que faltaban unas cuantas y se atribuía a que alguna garduña saltaba la tapia por las noches y se las llevaba.
Fue entonces que descubrieron un agujero por donde, supuestamente, alguna alimaña entraba para robar y decidieron colocar un lazo bien disimulado para dar caza al ladrón.
Aquella noche, esperando todos escuchar el graznido de una alimaña, oyeron espantados que gritaba una persona. Un joven de unos trece años que murió asfixiado sin que pudiesen hacer nada por él.
Allí quedó el cuerpo sin vida del muchacho hasta que pasados tres días la Justicia lo traslado al pórtico de la iglesia de Santa Cruz, donde entonces se colocaban los cadáveres para su identificación.
Durante el tiempo que estuvo el malogrado niño tendido en el corral los curiosos que pasaban por allí exclamaban: -¡Mira, esa era la garduña que robaba las gallinas!-
Y así fue que la calle adquirió ese nombre hasta que más tarde fue cambiado por el del poeta y crítico Federico Balart.
Travesía del Conservatorio
Esta calle tiene su historia. Antes de llamarse del Conservatorio se llamó de la Cuadra, por el hecho de estar allí la que servía para guardar tres o cuatro jumentos utilizados para pasear por las calles de la Villa a los infelices condenados por el Tribunal de la Fe a la pena de azotes o de ser emplumados.
El nombre de Travesía del Conservatorio se debe a que en su proximidad había un edificio donde la Reina Gobernadora, Dña. María Cristina, instaló el primer conservatorio de música y declamación que hubo en España.
En la página 320 de la 'Guía de Forasteros de Madrid', de 1847, aparecen los miembros de aquel noble conservatorio que llevaba por nombre 'Conservatorio de Música y Declamación, de María Cristina'.
Continuaremos conociendo más calles desaparecidas e incluirémos algunos de los pocos edificios que merecen mención. También intentaremos mostrar los negocios y profesionales que en aquellas calles ejercían sus trabajos.
Llegados a este punto podemos asegurar que si para nosotros es llamativo ver una calle convertida a peatonal, o si acaso con sus aceras ensanchadas, qué no sería para los madrileños de aquellos tiempos ver convertidas varias manzanas de su ciudad en una ancha avenida.
Para comenzar el proyecto de construcción de la Gran Vía fue necesario demoler varias manzanas edificadas y hacer desaparecer del mapa conocido hasta 1910 algunas calles del centro de Madrid.
Bienvenidos entonces a este recorrido histórico por las calles desaparecidas de Madrid.
Calle de los Leones
Esta calle fue primitivamente un campo perteneciente a D. Juan de la Victoria Bracamonte. Allí se instalaron unos extranjeros que traían varias fieras para exponer, entre ellas dos leones.
Se montó allí una feria a la que acudían los vecinos de Madrid para disfrutar de aquellos animales.
Cuenta la historia que llegaron dos padres franciscanos desde Guadalajara y acudieron a la feria. Uno de ellos acercó el cordón del hábito para jugar con uno de los leones, pero la mala fortuna quiso que el león tirase fuerte de él haciendo que el franciscano se diese de bruces contra la jaula.
A pesar de los intentos de auxilio por parte de su compañero, el fraile acabó en el convento de Jesús y María herido de gravedad donde murió a los pocos días.
La noticia corrió por toda la ciudad y el negocio aumentó con gran éxito hasta que el Santo Oficio, independientemente de que aquella tragedia fuese causada por el imprudente franciscano, prohibió que se siguiesen mostrando las fieras en el campo del señor Bracamonte.
Aquella noticia perduró hasta dar nombre a esta calle de los leones.
Por cierto, los leones fueron adquiridos por el señor Bracamonte para la colección de fieras que estaba juntando en unos terrenos que tenía en la calle Jesús y María.
Calle de Ceres o de la Justa
Vivía en aquella zona, que antaño era un despoblado, una señora llamada Justa y que no tenía buena fama.
Decían us vecinos que hablaba con el diablo y que de su casa habían visto salir al mismísimo Barrabás.
Acusada de causar mal de ojo y otras maldiciones, la Justa acabó en el Tribunal de la Fe.
Resulta ser que la tétrica señora tenía un pozo de aguas cristalinas donde acudían las doncellas con sus cántaros. Una de ellas era Marieta, un bellezón madrileño de la época que, dispuesta a sacar agua, fue atacada por dos basilíscos que salieron del pozo y que le dieron muerte.
Las mujeres que allí estaban corrieron hacia la Villa para dar la noticia que poco favoreció a Justa. La hechicera fue condenada a muerte y se cegó el pozo, perdiendose para siempre aquellas ricas aguas.
De ahí que esta calle se llamase en un principio del Pozo de Justa y luego de Justa.
Posteriormente la calle tomaría el nombre de la diosa Ceres.
Calle de Eguiluz
Cuando Madrid aún no era Corte y andar por la calle San Bernardo era un auténtico peligro por estar a las afueras del Alcázar, vivió en la villa el Obispo Dionisio Mellado de Eguiluz, venerable sacerdote, de virtudes ejemplares y gran bondad.
Eguluz tenía una finca en las afueras, entre el Alcázar y la iglesia de San Martín, y allí acudía siempre que podía repartiendo limosna a quien la solicitaba y abriendo las puertas del huerto que allí tenía para que los pobres saciaran su hambre.
El crecimiento de Madrid hacia las afueras hizo que aquellos terrenos fuesen replanteados y naciendo entonces una calle que truncaba su finca.
Tal fue la fama de aquel buen sacerdote que perduró varios siglos, a tal punto que aquella nueva calle llevó por nombre el de Eguiluz.
Pero hay más calles y os las iremos mostrando en próximos artículos.