Historia Urbana de Madrid celebra este día del Santo Patrono de Madrid recuperando de los tesoros de nuestra Biblioteca Nacional tres Gozos en alabanza del glorioso San Isidro Labrador.
Ponen la nota de color dos grabados de un mismo motivo representativo de la vista de la pradera en el día del Santo de 1875.
Datos sobre las imágenes en la Bibliografía
Cuatro Gozos en alabanza del glorioso San Isidro Labrador
Cronológicamente los presentamos, comenzando con el del impresor José Martí, realizado entre 1871 y 1876. Le siguen el impreso por J. Solé en 1885, y el de M. Manáut, de entre 1880 y 1900.
Por último el de la librería Ferrandis y Villalba de 1905, conformando así estos cuatro gozos de alabanza.
Los Gozos, costumbre oral o escrita que tiene sus orígenes en la Edad Media, eran poesías de carácter religioso cantadas en honor de santos y vírgenes. Estos cánticos eran propios de las celebraciones de misas de fiesta mayor o en procesiones y bendiciones de imágenes.
En el caso de nuestro Santo Patrón, simbolizaban agradecimiento por las lluvias o ruegos por ellas. También muestras de devoción y gratitud de los labradores. [1]
Entre 1871 y 1876
1885
Entre 1880 y 1900
1905
Bibliografía
Sobre los grabados de la pradera: Datos BNE-BDH Título . Vista de la Pradera de San Isidro en el día del Santo Autor: Anónimo español (s. XIX) Fecha: 1875 Datos de edición: [Madrid? s.n. Tipo de Documento: Dibujos, grabados y fotografías Materia: Buriles España S.XIX Descripción física: 1 estampa buril Signatura: INVENT/70894 - INVENT/70895 PID: bdh0000072504 Resumen: Romeria. Con números explicativos Descripción y notas: Bajo el título: 1. Hermita del Santo. 2. Montaña inmediata. 3. Puestos de dulces y frasquetes. 4. Camino de Madrid. 5. Danza prima de Gallegos y Asturianos. 6. Comida en el campo. 7. Puestos de Cantarillas y naranjas. 8. Patrullas. Exposición del antiguo Madrid : catálogo general ilustrado, 1926, n. 1248 Madrid hasta 1875, 1980, n. 1370 Catálogo del gabinete de estampas del Museo Municipal, 173 -256 El catálogo de la Exposición del Antigua Madrid fecha la estampa en los primeros años del siglo XIX.
[1] Todos estos Gozos fueron impresos en Valencia en los años indicados. Para aportar datos sobre su finalidad hemos consultado en fecha 10-05-2016 el blog Gogistes Valencians. Autores: Sancho Aliaga, María Amparo; Raga Navarro, Salvador. [Via Vicentius-Gogistes Valencians, 2016]
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.
MEMORIA
Primeras Jornadas Madrileñas de Novela Histórica #JornadasMNH2016 http://jornadasdenovelahistoricaenmadrid.blogspot.com.es/
Inauguración
Viernes 6 de mayo de 2016
Lugar: Matadero Madrid - Casa del Lector (Fundación Germán Sánchez Ruipérez)
Autora invitada: TOTI MARTÍNEZ DE LEZEA (La Universal)
Tema: Fondas antiguas de Madrid
CONTENIDO: Posadas antiguas – Reglamento de 1787 - Un inciso: Casas a la malicia – Posadas secretas o de caballeros – Dormir en posadas y casas secretas – Reglamento de 1813 – Hospedarse en Madrid: Posadas – Otras posadas, paradores y mesones – La fonda de Genieys – Casas de huéspedes – La pupilera – Casas de alquiler - Broche final: La posada del Peine.
Primero de los temas tratados en las Jornadas con la presencia de la escritora Toti Martínez de Lezea y que hacen referencia a su novela La Universal. La periodista y escritora Carolina Molina moderó la mesa y Eduardo Valero (Historia Urbana de Madrid) habló de las fondas antiguas de Madrid.
«Al día siguiente, a primera hora, Antón se presentó en las dependencias municipales a solicitar la correspondiente licencia para abrir una pensión en el piso propiedad de su suegra. Tal y como suponía que haría, en un primer momento, Eulalia se negó en redondo a que su vivienda se transformase en una fonda. Una cosa eran los tratantes, a quienes ya conocían y que únicamente dormían una noche en el piso, manifestó, y otra, muy diferente, acoger en su casa a gentes extrañas que vete tú a saber quiénes eran y a qué se dedicaban, si tenían alguna enfermedad contagiosa o eran delincuentes. Se calmó gracias a la oportuna visita de Benigno, a quien la idea no le pareció mal; él mismo, prometió para tranquilizarla, se encargaría de interrogar a los posibles huéspedes a fin de impedir la presencia de facinerosos en un hogar honesto. Casilda, por su parte, afirmó que ella procuraría atenderlos, además de ocuparse de la señora Fuensanta, e Isabelilla aseguró que no le importaba limpiar más de lo acostumbrado. De todos modos, Eulalia sólo cedió cuando su marido le dijo que con seis o siete huéspedes podrían sacar unas quinientas pesetas o más al mes, aunque exigió de él la promesa de que cerrarían la pensión en cuanto las cosas les fueran mejor. —¿Y qué nombre le va usted a poner? —¿A quién? —preguntó a su vez Antón, extrañado por la pregunta del funcionario municipal. —A su negocio, ¿a qué va a ser? No lo había pensado, así que le dijo que volvería cuando se le ocurriese uno. No era tarea fácil, dado que en Madrid había unas mil tabernas, otras tantas fondas y casas de dormir y un sinfín de negocios, cada uno de ellos con su respectivo nombre.»
Toti Martínez de Lezea
La Universal
Con este fragmento de la novela La Universal iniciamos un recorrido por las fondas, posadas o pensiones del Madrid de otros tiempos.
Fondas antiguas de Madrid
Y en época de Cervantes comenzamos, cuando la fama de estos establecimientos destinados a dar hospedaje y comidas dejaban mucho que desear. Esa fama continuará hasta bien entrado el siglo XIX y -en algunos casos-, hasta el siglo XX.
Poco recomendable era comer en esos locales donde la higiene escaseaba y el menú resultaba impropio para estómagos delicados.
Si deambular por las noches en las calles de Madrid era empresa peligrosa, no lo era menos dormir en una fonda. De aquellas habitaciones y camas –por lo general compartidas con otros-, se podía salir infectado de cualquier enfermedad cutánea, incluso cargado de piojos.
Con la intención de evitar esto último, algunas posadas implantaron el método de “media con limpio”, sistema por el que un huésped compartía cama con un señor aseado. Esto no debe asombrarnos, pues en verdad la limpieza corporal, y en general la de cualquier espacio, no era frecuente.
Aún así, la Sala de los Señores Alcaldes de Casa y Corte controlaba desde el siglo XVI el decoro y salubridad de las fondas, cafés, botillerías y hosterías.
Reglamento de 1787
En 1787 la señorial Sala perfeccionará el reglamento que se había utilizado hasta entonces, aplicándose la siguiente normativa:
“Iº Que en las Fondas, Cafees, Hosterias y Botillerias donde actualmente no se observa aquella decencia y curiosidad que corresponde, se pongan frisos de lienzo pintados, se blanqueen las paredes, y se den de color á las puertas y mostradores. IIº Que á cada uno se sirva su plato limpio aunque se junten tres ó quatro personas, pues al sacar los vasos de la salvilla se derrama la bebida sobre la mesa, y á un leve descuido se manchan los vestidos y capas de los concurrentes. IIIº Que los mozos sirvientes se presenten aseados, sin redecilla, ni gorro, y si fuere posible peinados. IVº Que no coman, ni cenen á la vista del Cafee ó Botilleria, y solo puedan hacerlo en piezas interiores, ó después de cenar. Vº Que no consientan el uso de tabaco de hoja, y se ponga á la vista del público un letrero que diga: Aquí no se permite fumar. VIº Que desde 1º de Mayo hasta últimos de Septiembre haya en las Botillerias agua de nieve para servirla, (si alguno la pide) á los que van á beber sorbetes ó aguas heladas.”
De esas épocas podemos citar muchas posadas, siendo la primera que hemos hallado publicada en la hemeroteca la que estaba ubicada en la calle “Cavallero de Gracia” (no indica número pero sí ubicación: “cafa inmediata a la Aloxeria”), donde se alquilaba un “quarto”. El anuncio aparece en el Diario noticioso, curioso, erudito y comercial público y económico de 26 de agosto de 1760. Podemos asegurar que se trataba de una posada de caballeros o secreta, de la que hablaremos más adelante.
Como nuestra intención siempre es la de aportar nuevos datos a la historia urbana de nuestra ciudad -en esos tiempos villorrio-, reproducimos de forma cronológica anuncios de algunas posadas cuyos nombres han sido olvidados y otras que aún recordamos.
1770
En el siguiente anuncio se cita a la Posada de las Ánimas, que estaba en la Cava Baja, 37. Se vendía allí el mejor “hueso” de aceitunas para braseros “sin tufo”. Recordamos así una costumbre madrileña olvidada y curiosa.
1786
Varias posadas ubicadas principalmente en la calle de Toledo.
1787
Casa de huéspedes dela calle de la Paz, número 47, y posada de caballeros de la calle del Pez, número 15.
1791
Otra curiosidad, este anuncio que hace referencia a la posada de la calle de las Infantas y que lleva por nombre Posada de las Siete Chimeneas. ¿Fue posada aquella señorial casa?
Un inciso: Casas a la malicia
En Madrid había muchas casas a la malicia, denominadas así por construirse de tal modo que evitasen la Regalía de Aposento impuesta por Felipe II. Con esta regalía los vecinos estaban obligados a dar aposento a los funcionarios reales, al menos en la mitad de la superficie útil de la vivienda. Por tal motivo, entre los siglos XVI y XVIII, la picaresca madrileña fomento la construcción de viviendas de una única planta y las realmente llamadas "casas a la malicia", que eran viviendas de dos plantas que desde el exterior simulaban ser de una sola.
"Se utilizaban varios trucos, como colocar las ventanas de manera caótica y a diferentes alturas para despistar a los alguaciles reales. Otra estratagema consistía en construir un sótano bajo la planta que daba a la calle, que no pudiese verse desde fuera, con lo que siendo una casa de dos plantas, parecía de una sola planta, y por tanto no debía acoger a los miembros de la Corte. Los propietarios, y hubo unos cuantos centenares, parecían cumplir con la ley, pero eludían avispadamente el real decreto. Existen otras dos "casas de malicia" con el tejado en pendiente formando buhardilla, un espacio no contemplado por la Regalía de aposento." [Diego Salvador. Regalía de Aposento y Casas a la malicia (2006) La web de Diego Salvador]
Claro ejemplo de este tipo de casas se encuentra en la calle de los Mancebos esquina a la de Redondilla, en el barrio de La Morería; modelo de construcción civil del siglo XVI que aún se conserva en pie.
Posadas secretas o de caballeros
Estas posadas, que como su nombre indica eran sólo para caballeros, se distinguían de las casas de alquiler por atar papeles blancos a los hierros de los dos lados del balcón. Si la habitación estaba ocupada, el caballero lo sabía porque se colocaba un único papel en el centro del balcón.
Había una posada secreta para caballeros en la calle del Pez, esquina a la del Molino de Viento, número 15, principal. Daba una sala y dos alcobas y dos quartos separados, todo muy aseado. (1786)
Dormir en posadas y casas secretas
El siguiente grabado de 1887, publicado en el libro Viejo Madrid de Ricardo Sepúlveda, podemos ver más o menos cómo eran las habitaciones de las casas secretas en el siglo XVIII y en las condiciones que pernoctaban sus clientes.
Ésta era bastante cómoda si tenemos en cuenta que en otras los clientes dormían sentados y en hilera, colocándose una cuerda que unía todas las sillas para evitar así que se marchasen sin pagar o robasen las pertenencias de otros en la oscuridad de la noche.
Reglamento de 1813
En noviembre de 1813 se establece un reglamento por el que dejan de existir las posadas públicas o secretas tal y como habían sido concebidas. Desde ese momento debían tener licencia. Así se expresaba en el art. 1º del capítulo III:
Posadas del siglo XIX
El capítulo II de "Paseo por Madrid o Guía del Forastero en la Corte", del año 1815, indica algunos tipos de alojamientos para el viajero que se instala en Madrid. Así, comienza hablando de las principales posadas de las inmediaciones de la Puerta del Sol, centro neurálgico de la ciudad.
"[...] y como la Puerta del Sol está casi en el centro de Madrid, y es el punto más freqüentado y en cuyas inmediaciones se halla lo más selecto y todo lo que se puede necesitar y apetecer; por esta razón se encuentran inmediatas á este sitio las mejores fondas."
Esas mejores fondas eran:
• La de la Fontana de Oro "(en la Carrera de San Gerónimo)", que además de ser posada tenía fonda, café y billar.
• La de la Cruz de Malta (calle de Caballero de Gracia), con iguales comodidades.
• La del Ángel (plazuela del Ángel), ídem.
• La de la Aurora (calle Carretas), considerada entonces como una de las mejores.
• La del Carmen (calle del Carmen)
• La de San Luis (calle de la Montera)
• La de San Sebastián (calle de Atocha, junto a San Sebastián)
En las posadas el precio de los aposentos resultaba elevado al estar incluido el coste de manutención, que era lo acostumbrado. Salvo en las que sólo alquilaban habitaciones, como las de la calle Ancha de Peligros, Cava Baja, etc., donde, siendo más económicas y de menor lujo, se podía alquilar un cuarto desde 4 reales con cama, luz y asistenta.
En 1850, según nos cuenta don Pedro Felipe Monlau en "Madrid en la mano ó el amigo del forastero en Madrid y sus cercanías", en la Villa y Corte no había grandes fondas ni tenían el lujo y comodidades de las conocidas en París o Bruselas:
"Una como escepción puede hacerse en favor de la fonda de las Postas peninsulares, calle de Alcalá, núm. 15, que es la que se parece un tanto en su traza y hábitos á lo que desearíamos fuesen los establecimientos de esta clase. La fonda de Perona, calle de Cádiz , núm. 8; la de Mr. Prosper, plazuela de Santa Ana, núm. 7; la del Español, calle del Desengaño, núm. 5; la de San Luis, calle de la Montera , núm. 27; la de los Leones de oro, Postigo de S. Martin, núm. 20; la de la Noble Habana, calle de Alcalá núm. 9; la de Europa, calle de Peregrinos, núm. 4; la de las Cuatro Naciones, plazuela de Celenque, núm 3; la del Perú, calle de Alcalá, núm. 18; la del Caballo Blanco, calle del Caballero de Gracia, núm. 21; la Suiza, calle Mayor, núm. 68; y la de Barcelona, calle de los Negros, núm. 4, son las fondas más conocidas; y en algunas de ellas, como la del Perú, la de Europa, de los Leones, y de Perona, se sirven comidas á precios fijos desde 6 hasta 20 rs., mientras que en las mas aristocráticas no se sirven sino de 20 rs. para arriba, ó por lista."
Otras posadas, paradores y mesones
No valían gran cosa estos establecimientos de baja estofa, generalmente destinados para alojamiento de carros y galeras, carreteros, arrieros, trajineros y ordinarios.
Advertía Pedro Felipe Monlau en la citada guía "Madrid en la mano...":
"Ninguna persona que tenga algunas facultades, por modestas que sean, debe aventurarse á dar fondo en tales casas para alojarse; asi como debe guardarse también de satisfacer, ni siquiera accidentalmente, su apetito, en alguna de las muchas casas donde se guisa de comer, particularmente en los arrabales, y que son exclusivamente frecuentadas por los aguadores, mozos de cordel, escaroleros y demás turba-multa que no suelen tener casa ni hogar."
Añadía Monlau:
"Por lo demás, los principales paradores y posadas que hay dentro de Madrid son: el parador de S. Bruno, en la calle de Alcalá, número 40; el del Rincón, en la misma calle, núm. 21; el de Cádiz, calle de Toledo, núm. 125; el de Barcelona, calle de S. Miguel, núm. 2; la posada de la Encomienda, calle de Alcalá, núm. 18; la de Zaragoza, calle de Sevilla, núm. 16; la del Leon de oro, Cava baja, número 12; el mesón de los Huevos, calle de la Concepción Gerónima, núm. 15; el de Maragatos, calle de Segovia, núm. 34; el de Gallegos, en la misma calle, núm. 40. Casi todos los restantes 38 establecimientos de esta clase se hallan en la Cava baja, en la calle de Segovia, en la plazuela de la Cebada, ó en el último tercio de la calle de Toledo."
La fonda de Genieys
Hubo un tiempo en que destacó sobre todas las demás la conocida fonda de Genieys, que había estado primero en la calle Postigo de San Martín (antes de la invasión francesa), luego en la de la Reina (durante la invasión), y finalmente en la calle de la Salud, esquina a la de Jacometrezo, número 21, cuarto principal.
Los destrozos ocasionados por la incursión francesa habían obligado a cerrar la fonda a principios de 1810. El 29 de septiembre de ese mismo año abría sus puertas en la citada calle de la Salud.
Dice Fígaro (Mariano José de Larra) en La Revista Española del 23 de agosto de 1833:
“Tres años seguidos he tenido la desgracia de comer de fonda en Madrid, y en el día sólo el deseo de observar las variaciones que en nuestras costumbres se verifican con más rapidez de lo que algunos piensan, o el deseo de pasar un rato con amigos, pueden obligarme a semejante despropósito. No hace mucho, sin embargo, que un conocido mío me quiso arrastrar fuera de mi casa a la hora de comer. -Vamos a comer a la fonda. -Gracias; mejor quiero no comer. -Comeremos bien; iremos a Genieys: es la mejor fonda. -Linda fonda: es preciso comer de seis o siete duros para no comer mal. ¿Qué aliciente hay allí para ese precio? Las salas son bien feas; el adorno ninguno: ni una alfombra, ni un mueble elegante, ni un criado decente, ni un servicio de lujo, ni un espejo, ni una chimenea, ni una estufa en invierno, ni agua de nieve en verano, ni... ni Burdeos, ni Champagne... Porque no es Burdeos el Valdepeñas, por más raíz de lirio que se le eche.”
Casas de huéspedes
Existían en 1850 unas 450 casas de huéspedes. Este tipo de alojamiento era más económico que el anterior, oscilando sus precios entre 6 a 40 reales diarios; las más corrientes costaban entre 14 a 16 reales.
Los particulares alquilaban parte de sus estancias, incluyendo muebles, comida y buen trato en un ambiente decoroso. Los inquilinos gozaban de la compañía y las atenciones de los dueños, y disfrutaban de buenos guisos.
Era condición de estos sitios tener referencias, conocimiento o fianza del huésped a admitir. Así, como veremos más adelante, al ingresar el joven Galdós en una de estas casas, no bastará con ser conocido de un alojado, sino que necesitará el aval de un fiador.
La pupilera
Uno de las figuras más pintorescas de las casas de huéspedes y de caballeros era la pupilera, señora generalmente viuda y con hijas.
En 1916, Enrique López Marín le dedica una graciosa copla de la que ofrecemos estos fragmentos:
“En situación tan crítica,
me tuve que meter á pupilera;
pero... ¡ay de mí!, los huéspedes
me dan muchos disgustos ¡Qué caterva!
Los unos se me escapan
sin liquidar la cuenta;
los otros... en volviendo yo la vista
le dan un sofocón á la doncella,
pues, para manos largas y atrevidas,
los del Ayuntamiento y los de Hacienda.
Entre tanto, mis hijas condenadas
á soltería eterna:
no hay medio de cazar un empleado,
que los maridos de la clase media
andan, como los globos, por las nubes
y en hablando de tálamos… ¡ahuecan!
Pues... ¿y los militares?... ¡Qué lagartos'
De oficial para arriba, no se acerca
de buena fe, ninguno.
[…]
Viuda de Zarandillo,
Peligros, treinta y dos, tercero izquierda,
servidora de ustedes y tres hijas
para lo que se ofrezca. (Medio mutis)
Un detalle: la casa
tiene dos escaleras;
la portera es mujer que no pregunta
quién sale ni quién entra,
de modo que, mis huéspedes,
viven con absoluta independencia.
Sólo habré de rogar a los que vayan…
¡Que me dejen en paz a la doncella!”
Casas de alquiler
Como en el caso de las casas de caballeros, un papel o pañuelo atado en medio de las rejas del balcón indicaba que la habitación estaba disponible.
Para el forastero llegado con familia, o necesitado de independencia, este tipo de alquiler era el apropiado; podía alquilar una habitación entera, y además, tenía derecho a dejarla el mismo día de cumplir el plazo de arrendamiento sin necesidad de avisar con anterioridad al arrendador o, de acuerdo con este, cederla a otro antes de finalizar dicho plazo.
El inconveniente del alquiler en estas casas era que el inquilino debía procurarse los muebles, que de por sí resultaban costosos. Algunos pocos comercios, situados en la calle del Carmen, Alcalá y Ancha de Peligros, alquilaban mobiliario.
Si la estancia se prolongaba demasiado, hacerse con una cama podía suponer una fortuna. (En 1815, una cama alquilada costaba 80 reales al mes).
Lo ideal era hacerse con algunos muebles usados. En Madrid había varios prenderos que vendían muebles de segunda mano en la calle del Carmen y del Olivo, junto a San Isidro.
Los asistentes al día inaugural de las Primeras Jornadas Madrileñas de Novela Histórica tuvieron la oportunidad de ver y tocar un recibo de alquiler de 1876.
Posada del peine
Gil Benumeya decía en 1927 que en la Posada del Peine empezaba Europa.
Aunque en la biografía de esta posada de la calle de Postas consta que fue fundada en 1610, un artículo de 1932 publicado en la revista La Esfera y firmado por Jesús de Mijares Condado, indica que tuvo que ser inaugurada hacia 1553.
No podemos ni nos atrevemos a asegurarlo, pero una de las fotografías que acompañan al reportaje es –si acaso-, muy reveladora. Los retratados son el abogado Sr. De los Arcos y el periodista Mijares Condado. Tienen en sus manos la escritura de cesión de la posada al caballero de la Orden de Santiago don Tomás de Acebedo en el año 1558 o 1559. Este nombre puede estar ligado a otro Acebedo, Don Francisco, presidente de Castilla en tiempos de Felipe III.
“El propietario se obliga a satisfacer, diariamente, como diezmo al Estado, la cantidad de doce reales de vellón y una gallina […] igualmente, a satisfacer diez reales de vellón, sin gallina, a los padres de la Orden de Santa Cruz."
El aspecto de la posada en los años treinta difiere mucho de la bonita y colorida fachada que hoy conocemos. Las fotografías de Llompart muestran el exterior y un rincón de su interior, donde se aprecia el estilo castellano que debió tener durante mucho tiempo.
Los fantasmas de la posada
De más está decir que cierto entusiasmo surge cuando se añaden misterios y leyendas a estos y otros lugares. Bien, pues en la posada del peine hubo muchas muertes y, siguiendo algunos preceptos, donde hubo una trágica muerte queda un fantasma.
En las noticias se recogen desde antiguo una gran cantidad de suicidios, algunas otras de muerte natural y uno que otro asesinato.
Ahorcamiento, envenenamiento y salto desde las alturas eran la estrella de los métodos de suicidio.
Como muestra, la noticia publicada en El País de 30 de agosto de 1907
En los años 70 del siglo XX la posada cerrará sus puertas.
Más tarde será adquirido por la relojería Girdod y, por fin, en 2006 se reinaugurará como Petit Hotel posada del peine.
Esto que os hemos contado sobre la Posada del Peine es una pequeña parte de su historia. Queda para otra ocasión un capítulo más extenso con muchos detalles, leyendas y anécdotas.
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Nuestro agradecimiento al público asistente que hizo de estas primeras Jornadas Madrileñas de Novela Histórica un éxito absoluto.
Toti Martínez de Lezea, Carolina Molina, Olalla García, Víctor Fernández Correas, David Yagüe y Eduardo Valero García
Bibliografía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.
Historia Urbana de Madrid participa en el número 63 de la revista Madrid Histórico gracias a la confianza que ha depositado en mi trabajo su director, don Miguel Tébar (Ediciones La Librería).
Madrid Histórico nos dedica cuatro páginas con la publicación del artículo sobre el precioso frontón de la Biblioteca Nacional de España.
Incluye, además, en el total de sus noventa y siete páginas, firmas tan destacadas como la de Isabel Gea, entre otros. Es para mí, por tanto, un honor compartir un espacio con todos ellos.
Hoy, 10 de mayo, celebramos el cumpleaños de don Benito María de los Dolores Pérez Galdós; y lo hacemos retrocediendo al Madrid de cien años atrás.
Aquel día de mayo de 1916 cumplía don Benito 73 años. El clima se presentaba soportable para un hombre de su edad, con una temperatura de 13, 4º a las 8 de la mañana y casi 21º a las 4 de la tarde. Al medio día el cielo comenzó a nublarse, pero por la tarde ya estaba despejado.
Días antes de su aniversario, el 2 de mayo llegaba Galdós a Bilbao invitado por la Sociedad El Sitio. Al día siguiente se le rendía un homenaje, coincidiendo con la celebración del levantamiento del Sitio de Bilbao. Le acompañaban los Sres. Menéndez Pallarés y Pérez Ayala.
El ya deteriorado don Benito visitó el monumento a los héroes del Sitio de Bilbao en el Cementerio de Mallona. En su fuero interno resonarían las palabras escritas en Luchana.
Dos imágenes, una de Linker y otra posiblemente de Salazar, inmortalizan aquel instante.
También esos primeros días de mayo el Gobierno nombraba a Galdós delegado especial del Ministerio de Instrucción pública en el recién creado Instituto Cervantes y representante del Estado en las celebraciones del III Centenario de la muerte de Miguel de Cervantes Saavedra. Por otra parte, doña Emilia de Pardo Bazán era nombrada para ocupar la cátedra de Literatura en la Universidad Central.
El 7 de mayo se publicaba en la revista La Esfera la sexta entrega de las “Memorias de un desmemoriado”.
El día 9 se inauguraba la casa de la Asociación general de Empleados y Obreros de los Ferrocarriles de España. Al evento asistirá Alfonso XIII.
Y aquel día del septuagésimo tercer aniversario del nacimiento de Galdós, Madrid era escenario de algo que el madrileño de hoy espera casi ya con resignación…
… Apertura de las Cortes
A las tres de la tarde, con la solemnidad habitual, se verificaba la apertura del Parlamento.
Media hora antes salían del Palacio los reyes, acompañados por una comitiva compuesta por 13 carrozas con 70 caballos de tiro y 32 de silla, todos propiedad de la Real Casa, y servidos por 108 hombres.
El pueblo madrileño se agolpaba en calles y balcones para ver pasar tan pomposo cortejo y gritar vivas a los reyes.
El recorrido de los vistosos carruajes discurrió por la calle Bailén, plaza de Oriente, calle de Felipe IV, plaza de Isabel II, calle del Arenal, Puerta del Sol, calle de Alcalá, calle de Sevilla, plaza de Canalejas y carrera de San Jerónimo hasta el Congreso de los diputados.
La fotografía tomada en la Puerta del Sol corresponde al momento del regreso a Palacio.
El monarca habló de la situación en Europa; de la terrible guerra y la neutralidad de España; de la situación económica, las subsistencias y el compromiso del Gobierno para solucionar todo, hacernos más guapos y bla bla bla. Como todo discurso que se precie, las palabras eran más optimistas que la realidad.
Finalizó el rey su alocución diciendo:
“Vuestro amor a la Patria es para mí la prenda más segura del acierto. Y confío en que, al cabo de las jornadas que hoy inauguramos, España recogerá el fruto de tareas en que se hayan fundido, al calor de un común ideal, los anhelos y necesidades del pueblo, los debates y resoluciones de sus representantes y el cumplimiento de mis obligaciones como su Rey constitucional.”
Inmediatamente después el presidente del Consejo de ministros exclamó:
"Su Majestad el Rey me ordena declarar que quedan legalmente abiertas las Cortes de 1916"
Entonces el hemiciclo estalló en un "Viva el rey", y después "Viva la Reina".
Y como habían llegado se marcharon las regias figuras, otra vez acompañadas por su lujosa y extensa comitiva, dejando allí a los cerebros pensantes que solucionarían las penas del pueblo.
Un año más tarde, el presidente Romanones saldría corriendo a pesar de su pata coja y por su mala pata.