domingo, 25 de enero de 2015

El Teatro Calderón y el Centro de Hijos de Madrid

Si hubo en nuestra ciudad una noble institución dedicada al porvenir del pueblo madrileño, esa fue el Centro de Hijos de Madrid.

Quienes han leído alguna de nuestras entrañables efemérides conocerán esta sociedad por la altruista y humana labor de beneficencia que realizaba para Madrid y los madrileños. Siempre estuvo ligada al fomento y desarrollo de las Bellas Artes, destacando en el ámbito popular por la organización de festejos, bailes y verbenas de carácter solidario y para las clases más necesitadas. Famosas eran sus kermesses y el tradicional reparto de pan a los pobres, en los que participaba conjuntamente con el Ayuntamiento.

Además de estos eventos, el Centro de Hijos de Madrid apoyaba y ayudaba económicamente a los obreros y empleados municipales; a los militares en campaña y a los heridos de la Guerra de África; donaba dinero a las viudas y a personas u organismos que hacían obras de bien social.
También realizaba importantes donaciones a instituciones de aquellos tiempos, como la Cuna de Jesús, Sala de infecciosos del Hospital General, Cruz Roja, Caridad Escolar, Centro Recreativo del Soldado, Sanatorio de Tuberculosos, etc.
"No ha olvidado tampoco el Centro de Hijos de Madrid la ayuda moral que debí­a prestar en toda ocasión y momento a lo que constituye fuente de nuestra riqueza: la agricultura, la industria y el comercio, ya dirigiendo a los Poderes constituidos y poderosas Empresas razonados escritos demandando protección para ese nervio vital de la nación, para fomentar su desarrollo, ya preparando la creación de colonias escolares, o ya elevando su más enérgica protesta, como aquella memorable campaña en que tan activa parte tomó la Junta directiva, en unión del Ayuntamiento de Madrid, para evitar el despojo de los terrenos de la Dehesa de la Villa."
[La Correspondencia de España, 17 de octubre de 1922]

En definitiva, la Sociedad del Centro de Hijos de Madrid, que había nacido para fines benéficos, educativos, recreativos y artísticos, tenía un papel de relevancia en lo concerniente a temas de interés de la sociedad madrileña.



Desde su fundación, el 18 de abril de 1904, irá ampliando sus fines y su organización, con la premisa de realizar importantes actos de turismo; la organización de nuevas y originales fiestas; otorgar importancia y hacer más frecuentes las exposiciones artísticas, y ofrecer conciertos musicales al alcance de todos. Así, en 1918, adquirirá el Teatro Odeón, edificio que pasará a llamarse Teatro del Centro, lugar donde se realizarán actos de gran importancia.

El madrileño de hoy, y quienes visitan nuestra ciudad, han pasado alguna vez frente al otrora Teatro del Centro, precioso edificio que otorga prestigio a la intersección de la calle de Atocha con la del Doctor Cortezo, frente a la plaza de Jacinto Benavente.


martes, 20 de enero de 2015

Estampas. Madrid en Guerra. La nevada del 38

En la búsqueda incesante de historias urbanas -de y para los madrileños y amantes de Madrid-, recuperamos del pasado cientos de ellas. Unas son recuerdos de papeles grises y sepias; otras son madrileñistas coplas; biografías; efemérides, y más historias. También son estampas dibujadas, como las publicadas en este blog durante los años 2013 y 2014, que a vista de pájaro reproducían escenas del Madrid pueblo.

En lo concerniente al otro Madrid, el de las estampas de guerra, sólo se publicó un artículo para conmemorar el 75 Aniversario del final de la Guerra Civil.
Hoy, a propósito de la débil nevada que sorprendió a la capital hace pocas noches, reestrenamos la sección "Estampas. Madrid en Guerra" con la nevada de enero de 1938.


La gran nevada sobre Madrid
Publicadas en la revista Crónica de enero de 1938 (Año X - Núm. 426), una serie de fotografías mostraban el aspecto del Madrid herido por la triste guerra. A pie de las imágenes, el siguiente texto:
"Madrid ha empezado el año de 1938 con una gran nevada, que ha cubierto completamente las calles, como si se quisiera someter a la sufrida ciudad a una nueva prueba de sacrificio. Los fuertes hielos amenazaban un estacionamiento largo de la nieve, con los consiguientes inconvenientes y molestias para el vecindario. El personal municipal ha extremado su esfuerzo para evitar el aislamiento de Madrid durante algunos días y el entorpecimiento extraordinario de su abastecimiento. La vida en el interior de la ciudad ha sido normalizada a las pocas horas, y, en definitiva, lo que hubiera podido alcanzar caracteres dramáticos, se ha limitado al espectáculo magnifico de la capital envuelta en nieve que han podido contemplar estos días los madrileños."
Son fotografías de zonas emblemáticas de la ciudad, con sus heridas cubiertas por un manto blanco y helado. En la primera de ellas vemos la gruesa protección que daba refugio a la fuente de Cibeles. Le siguen el Parque de El Retiro; los parapetos de defensa del Palacio Real; la "Avenida de los obuses" y la calle de Alcalá cubiertas de blanco; una calle difícil de identificar, casi desierta; y la Puerta de Alcalá empapelada de comunismo, con un par de milicianos, carro y mula, todos ateridos.







El fotógrafo Videa captó con el objetivo de su cámara aquella fría mañana de enero. Son imágenes conocidas para los internautas -no hemos descubierto nada nuevo-, pero quizá menos conocido es el autor de las mismas.

Frío y triste invierno de hace 77 años cuando los madrileños buscadores de calor humano, y el paréntesis necesario ante tanta penuria, encontraban sosiego en las salas de espectáculos. ¡Un estreno! ¡Clark Recargable! ¡Qué maravilla!




© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-001 ESTAMPAS MADGUERRA


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sábado, 17 de enero de 2015

Fiesta de San Antón en las Coplas del domingo

Utilizamos una copla dominguera de don Antonio Casero para ilustrar los festejos del día de San Antón y su desaparecida romería o "vuelta", que era la primera verbena del año.

Dice Casero:
"La romería está en todo su esplendor; por la calle de Hortaleza lucen su palmito las mozas de postín; engállanse al verlas los romeros que, cabalgando sobre sus corceles, enjaezados con cintas y madroñeras, recorren las calles derrochando majeza. Todo es en la fiesta alegría y bullanga."

Vestigio de la populosa fiesta es la bendición de animales y mascotas que se celebra el día 17 de enero en la iglesia de San Antón (San Antonio Abad), ubicada en la calle de Hortaleza, número 63, a la que se suma una procesión y la venta de los famosos panecillos del Santo.


San Antón hace cien años

HERALDO DE MADRID, 17 de enero de 1915

Así se desarrolló la Romería de San Antón de 1915: 

Lo religioso
Este era el culto del día 17 de enero de 1915:
"Se gana el Jubileo de Cuarenta Horas en la Escuela Pía de San Antón y habrá solemne función a su titular a las diez, predicando el P. José Calazan Rabasa, y por la tarde, a las cinco y media, estación, rosario, completas y procesión de reserva."

Lo pagano
Desde todos los puntos de Madrid venían a la calle de Hortaleza gran variedad de jinetes vestidos de domingo, montados sobre sus caballerías profusamente adornadas. Podemos decir que aquellos adornos llegaban a ser grotescos, por su cantidad y desatinado colorido. Lo mismo decimos del jinete, que además de hortera, marchaba sobre su corcel cual caballero en un torneo medieval, con cintas, lanza y estandartes absurdos.

Las calles de la Montera y Hortaleza se vieron muy concurridas aquel día de romería. Destacaban los sujetos que se paseaban con la cara pintarrajeada y el ánimo achispado, producto de las libaciones de su bota de vino.
En los balcones -a pesar del intenso frío-, se acumulaban los vecinos que querían disfrutar del desfile de caballos, mulas, burros, perros y -como en las antiguas "vueltas"-, cerdos.

También se paseaban preciosas manolas luciendo palmito, mantones de Manila y flores; algún que otro chulo postinero, y los más tristes jamelgos con sus embriagados jinetes.

En las puertas de la iglesia de San Antón se instaló un pequeño altar donde se bendecía y entregaba la cebada a los romeros. A diferencia de otros años, en 1915, escasearon los puestos de venta de los nada perecederos panecillos del Santo.

La añoranza
Ya poco quedaba de la medieval fiesta del "Cerdo del Concejo" o su símil del Siglo de Oro, la fiesta del "Rey de los cochinos", que se celebraba en la desaparecida ermita de San Blas, en Atocha.
Años mas tarde la celebración se convertiría en las "vueltas de San Antón", romería de mejor gusto y más pintoresca, que se reunía en las inmediaciones de la iglesia del santo, junto a las Escuelas Pías.

Los tiempos modernos; el progreso industrial en el campo, y los medios de locomoción mecanizados, hicieron que la tradicional verbena perdiese fuelle.

"La festividad de San Antón, no tiene ya en Madrid aquel relieve, animación y entusiasmo popular que tan característica la hacían en otro tiempo. ¡Todo cambia! Los caballos de vapor no tienen que llevar á bendecir la cebada; se alimentan de gasolina y caminan vertiginosamente, atropellando en su loca carrera cuanto se les pone por delante. Las antiguas cabalgatas, en galopar desenfrenado, aunque ofrecían algún riesgo, jamás han determinado hecatombes tan terribles como las que al presente ofrecen casi á diario los automóviles en sus diabólicas correrías.
En la transformación de los usos y costumbres, se gana y se pierde; y este parangón entre los caballos desangre y los de vapor, está demostrando que la poesía típica de otros tiempos, sustituida hoy por la prosa característica del modernismo, tenía su grandeza y su esplendor.
Los briosos corceles, tascando el freno y haciendo sonar los alegres cascabeles de sus colleras, difundían por doquier la animación y alegría, que hoy no pueden compensar las monótonas y destempladas llamadas de las bocinas, ni el árido ¡taf!, ¡taf! de los autos, máquinas exterminadoras, que lo mismo devoran kilómetros que existencias.
Con el tiempo, los 'chauffeurs' tendrán también, si no su San Antón correspondiente, su fiesta particular que libre á sus nervios de la tensión tiránica del vértigo."
[Santiago Arambiles. Revista Vida marítima. AÑO XIV - Núm. 470. 20 de enero de 1915]

Los panecillos
Nos remitimos a los "Tipos y Costumbres Españolas" (1844) en los que el costumbrista Antonio Flores dedica un artículo a los panecillos del Santo.

"Los panecillos del Santo, escitan el charlatanismo, como las ostras el vino, como los buñuelos el aguardiente, como las sardinas el agua.... como las digresiones el sueño; los diarios de avisos vienen llenos de anuncios, á cual más pomposos y retumbantes:
«En la confitería de.... dice uno, se despachan los panecillos de mazapán y coco -mejores que se han comido desde que Adán pecó.»
El otro dice:
«En mi casa se venden unos panecillos de mostachón, tan ricos, que el Santo (si fuera posible preguntar á San Antonio Abad lo qué era mostachón, no lo sabría) los ha probado desde la región celeste y ha dicho, non plus ultra.»
Á ese tenor son todos los anuncios que los confiteros españoles, que llaman charlatanes á los estrangeros, emplean para dar salida al género sobrante de Navidad. Los bolleros ambulantes, ó gente ele todos sexos, que se dan á la fabricación de los panecillos, fijan sus reales en la calle de Hortaleza, se estienden también por la de la Montera, hasta la Puerta del Sol lo más, y allí pregonan á su sabor, los legítimos del Santo, los de limón y canela, qué ricos; y los del Santo Bendito. [...] Llegan á la reja, construida de intento en la Escuela Pia de San Antonio Abad, entregan allí un celemín ó dos de cebada, reciben en cambio una centésima parte de panecillos, ó la misma cebada, sin dar limosna, en plata, por ella, y vueltos á sus casas, reparten la cebada bendita, á panecillo por barba, ó por pesebre, que tanto dá, si están llenas todas las plazas de la cuadra, y hay tantos panecillos como cabezas."

En 1915 aún se vendían los panecillos del Santo, aunque en nada se parecían a los de otros tiempos.






La copla dominguera en sábado
Hecho este breve repaso por la romería de San Antón de hace cien años, disfrutemos de esta copla escrita para sainete en tres cuadros del genial madrileñista Antonio Casero.


Coplas del domingo
EL BUEN HUMOR
BOCETO DE SAINETE EN TRES CUADROS

CUADRO PRIMERO
Es el día de la fiesta de San Antón. La tarde es espléndida. En un patio de vecindad del barrio de Lavapiés entra Cirilo, un mozalbete hijo de la Señá Celedonia, lavandera, y del Señor Gamboa, verdulero. El mozo hace su entrada en el patio cargado con el serón de las verduras. Señá Celedonia, al verlo, se santigua, suelta un ¡ay, mi madre! muy significativo y dice:

—¿Ande está tu padre?
Contesta, Cerilo;
¿ande está ese perro?-.
—Pos con el borrico;
pidió seis pesetas
al señor Remigio,
el bodegonero
c'hay en el portillo;
adornólo al burro
con lazos y pingos,
quitóle la carga,
me la dio, y me dijo:
«Un día es un día;
hay que vivir, chico;
ve y dile a tu madre
que estoy decidido
a alternar con hombres
y a beberme cinco
por la de Hortaleza,
c'hoy es día típico
y nos pide el cuerpo
a mí y al pollino
el ir a la fiesta
del Santo a lucirnos.»
Encendió un habano
de los de quincito,
se montó en el burro
que, por cierto, hizo
muestras de indiznarse;
arreó a «Perico»,
y al punto marchóse,
cantando bajito.
—Mu bien; tú te quedas
en casa ahora mismo.
—¿Ande va usté, madre?
—Ya lo verás, hijo.
—¡Deje usté la escoba,
por favor!
—¡Chitito!...

Vase Seña Celedonia en pos de un ideal y como para pedirla dos duros. Telón rápido.

CUADRO SEGUNDO
La romería está en todo su esplendor; por la calle de Hortaleza lucen su palmito las mozas de postín; engállanse al verlas los romeros que, cahalgando sobre sus corceles, enjaezados con cintas y madroñeras, recorren las calles derrochando majeza. Todo es en la fiesta alegría y bullanga. A la puerta de un «balneario vinícola» hace las delicias del público Señor Gamboa, que, con una gran chistera, vestido de mamarracho y montado sobre «Perico», que filosofa, pide vino, y coréale un selecto concurso de «golfos» y granujas. En tal momento aparece Seña Celedonia, que se abre paso por entre la multitud, y de primeras le arruga el de copa al jinete.

—¿Y eres tú, sinvergüenza maldecido
aquel hombre gentil que en la parroquia
me dio el sí natural una mañana
del mes de abril?
—El mismo, Celedonia.
—Pos bájate del burro, que te quiero
dar un recao de parte de la escoba,
¡grandísimo ladrón! ¿Y las verduras?
¿C'has hecho del negocio, di?
—Perdona;
me lo he bebido; pero no me riñas.
—¡Te debiera matar!
—¡Cuidao, paloma!
No te enfades, querube. ¡Tabernero:
a ver un mostachón pa mi señora!
Haste cargo, mujer; hoy es la fiesta
de los burros, y es tarde de cogorza.
¿Cómo iba yo a faltar, con lo que sabes,
morena, que me placen estas cosas?...
—Pos alivia pa casa.
—Y eres tú, sinvergüenza maldecido,;
—Mi sultana,
déjame que me sople un par de copas.
—Arrea, digo, u t'empavono a palos.
—Haste cargo, mujer; la vida es corta.
—¡Y el chocolate de los reverendos
a deciséis!...
—¡Que m'haces daño!
—¡Toma?
—¡Guardias!...
—¡So pingo!

El auditorio ríe: en las costillas del truhán, la escoba rompe, con furia, la ofendida dama; la gente en los tendidos se alborota, y ante la «juerga» palmotea y dice: «Muy bien, esta muy bien; siga la bronca». Los del Orden sujetan a la arpia; llévanse a trozos al señor Gamboa, y detrás va un cortejo de chungones gritando: «¡Que se bailen una polca!»

CUADRO TERCERO
El mismo patio del cuadro primero; ilumínalo Febea con su luz de plata, que dicen los poetas. El reloj de las monjas da dos solemnes campanadas; la noche es misteriosa; entréganse los gatos a sus rabiosos idilios de amor, que por algo es enero. En el cuarto del Señor Gamboa, Cirilo, lleno de inquietud al ver que aun no han aparecido sus progenitores, mira a un reloj de cuco. «¡Las dos!», gime el galán, que prusiente una catástrofe, y espera ansioso a la señá Pepa la portera y a varios vecinos que corren las Comisarías, Casas de Socorro y el Depósito judicial en pos de los verduleros... Una pausa.
El silencio del patio lo interrumpe la voz un tanto aguardentosa del sereno, que llama a Cirilo; al atribulado doncel le da un vuelco el corazón, y corre al encuentro del gusano de luz.

—¿Qué ocurre, señor Fulgueiras?
Señor Fulgueiras, ¿qué pasa?
—Que un rapaz de nu sé dónde
vinu y me traju esta carta.
—¡Dios mío, esto es que s'han hecho
cisco los dos, Virgen Santa!
—Lela a la luz del farol,
y serénate, caramba,
que te lo dice un sereno;
vamus, rapaz, lee y calla.
—¡Es de mi madre!
—Prusegue.
—«Cerilín, hijo del alma,
acuéstate, c'hace frío;
tu padre y yo, güenos, gracias;
hubo tempestad, y luego,
más tarde, vino la calma;
hemos vendió a «Perico»
en seis duros, una ganga;
hemos cenao en Botín;
después fuimos a una plaza;
de no sé dónde, a ese «cini»
que no sé cómo se llama;
ahora vamos a un té-tango
c'ha puesto la Baltasara
en Curtidores; iremos
cuando se acabe la pasta;
acuéstate, y que descanses.
Te quiere. Tu madre.»
—¡Agarra.!
—¿Qué le paece a usté, sereno?
—Que están juventiles. ¡Vaya,
acuéstate, no hagas casu,
y no llores, papanatas!
—¡No lloro por ellos! Lloro
porque no tuvieron alma;
porque han vendio a mi burro,
a lo mejor de la casa.
—¡Nun merecen tales padres
que malgastes tales lágrimas!...
(Y aquí da fin el boceto; perdonad sus muchas faltas.)
ANTONIO CASERO



© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-003 COPLAS AC

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domingo, 11 de enero de 2015

Coplas del domingo: "La noche antes"

El domingo 10 de enero de 1915, Antonio Casero publica su tradicional copla en el Heraldo de Madrid. Intercalada entre las últimas noticias sobre la trágica Primera Guerra Mundial; la toma de nuevas posiciones en Marruecos; los conflictos municipales en Oviedo, y la drástica situación de los astilleros del Ferrol -entre otras calamidades-, se vislumbra la columna que contiene las "Coplas del domingo".
Casero compone para la ocasión una tierna escena de unos padres que hablan con su hija horas antes de que ésta contraiga matrimonio. Maravillosa exaltación del amor de los padres hacia sus hijos, cargada de humor y algo de ironía. 


Coplas del domingo, por Antonio Casero

LA NOCHE ANTES
—Gueno, hija mía, ya sabes
que, si Dios quiere, mañana
contraes nupcias con el hijo
de la seña Nicolasa,
y que aquí ties a tu padre
y a tu madre que te hablan
y t'aconsejan p'al caso
lo que p'al caso hace falta,
que el asunto no es un kilo
de yemas de Santa Clara;
es pa tomarlo con cierta
seriedaz y a cucharadas.
—Y además, y habla tu padre
cortándole la palabra
a tu madre, ties la suerte
de que el muchacho es mojama
y es de lo más decentito
del barrio, y sería lástima
que tu le dieses p'al pelo
y que él te diera pa lana;
porque, aunque es algo chufillas,
y aunque es un poco tartaja,
tie madera pa que talles
un buen marido.
—Y te traiga,
y hablo yo, como a una reina.
—Y escucha bien la soflama:
aunque diga que es de noche,
siendo de día, te callas.
Güeno, de cierta manera
que tú quedes bien, mi alma.
—Llevaros como ésta y yo,
que somos un par de hermanas
de la Caridaz, y en todo
estamos d'acuerdo. Paca,
¿no es verdaz lo que yo digo?
—Eso es lo c'hacía falta,
que estuvieran tan d'acuerdo
como tú y yo.
—Si se enfada
deja que pase la nube,
y cuando venga la calma
le dices cuatro cositas
bien dichas, pero con gracia,
que, al fin, el hombre es el hombre
y es el amo.
—Y ésta el ama;
di que no; tú no t'achiques.
—Di que sí; tú óyele y calla.
—¡Pero, defiéndete, hija!
—¡Has lo que tu padre manda!
—¡Tu padre no está en sus trece!
—¡Tu madre está alienadal
—¡El loco lo serás tú!
—iQue te zumbo!
—¡Pepe!...
—¡Paca!…
—¡Vamos, padre! ¡Cuidao, madre!
—¡Es una loba esta dama!
—¡Eres tú, que eres un tigri!
—Pero, por Dios, tengan calma.
—Es que me pone frenético.
—Es que ofende cuando habla.
—Güeno; chitito, y sigamos
con la historia de mañana.
—Te decía, como padre,
que tu misión en la casa
es sufrir a tu marido,
y ser güena y ser honrada,
como lo ha sido tu madre,
eso sí que es cierto.
—Gracias!
también tu padre conmigo,
y la verdaz es sagrada,
fué un modelo de cabezas
de familia; yo me daba
con un canto en las narices
si ese tuviera la pasta de tu padre.
—Y tú salieras a tu madre.
—Y te llevaras
con él siempre tan d'acuerdo
como nosotros, palabra.
—Oye, y esto es importante:
Si alguna noche te falta
a la lista, y aparece
al clarear la mañana,
tú no le digas ni pío;
haste la dormida y calla.
—Por eso sí que no paso;
si viene tarde le arañas.
—Cuidao con amenazarle.
—Tú no t'achiques y agarra.
—¡Ten prudencia!
—¡Ten narices!
—¡Ten razones!
—¡Y una vara!
—Mira que te doy p'al pelo,
por arpía.
—¡Pepe!...
—¡Paca!...
—Pos señor, si que caminan
ustés de acuerdo. ¡Tie gracia!
—Ties razón hija, no vamos
d'acuerdo; pero, caramba,
habrá pocos que se quieran
como este y yo ¡Pepe!...
—¡Paca!...
¡Se llevan a la pitusa
de nuestro lao!
—¡Sí, mañana!
—¡Mi tesoro!
—¡Mi cariño!
—¡Esto es un valle de lágrimas!
—Cuando tengas una hija
verás canelita en rama;
verás cómo, aunque se riñe,
es el lazo que nos ata.
—Y te pasarás las horas
en quererla y en mimarla;
que en eso sí que caminan
los padres d'acuerdo, chata.
—Y cuando venga un mocito
y diga: «Quiero casaca»,
y se la des, y se quede
sin alegría tu casa,
entonces sí que sabrás,
mi vida, lo que son lágrimas.
ANTONIO CASERO.

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sábado, 10 de enero de 2015

Teresa de Jesús: La prueba de mi verdad. Biblioteca Nacional, 2015.

En 2015 se conmemora el quingentésimo aniversario del nacimiento de la religiosa Santa Teresa de Jesús (Ávila, 28 de marzo de 1515). La Biblioteca Nacional de España ha preparado una exposición de carácter biográfico sobre su figura y episodios de su vida, además de un análisis de su obra literaria y su influencia en escritores posteriores.


Para celebrar el V Centenario del nacimiento de Teresa de Jesús, la Biblioteca Nacional y Acción Cultural Española (ACE), organizan la exposición "Teresa de Jesús: La prueba de mi verdad", comisariada por Rosa Navarro Durán, filóloga y catedrática de Literatura Española, y el padre Don Juan Dobabo Fernández, de la Orden de los Carmelitas Descalzos, Licenciado en Teología y en Historia del Arte, y Director del Museo San Juan de la Cruz.

Más de un centenar de obras pertenecientes a colecciones públicas y privadas conforman esta exposición que podrá visitarse desde el 12 de marzo al 31 de mayo de 2015 en las salas de la Biblioteca Nacional.
A través de retratos de importantes personajes de la época vinculados a Teresa de Jesús, como la Emperatriz María, la Casa de Alba, el Rey Felipe II, o Fray Luis de León, conoceremos la relevancia que tuvo -incluso antes de su canonización-, por su labor como fundadora y escritora.

Las moradas de Santa Teresa de Jesús, 1701-1800.
BNE, Mss/1069
"La obra de la santa refleja, simultánea o consecutivamente, las vivencias de un misticismo ardiente de la dura actividad cotidiana. Todo lo logró con una formación que tiene mucho de autoaprendizaje, ilustrada mediante algunas lecturas muy bien seleccionadas, cuyo inicio fueron los libros de caballería y las vidas de santos. Quizá por esa afición destinó sus propios libros no sólo a sus exigentes directores espirituales, sino también a las monjas de clausura, la mayoría sin formación. Y al dirigirse a tan diversos públicos tuvo que esforzar se por ser comprendida universalmente, evitar los malentendidos, ser clara y perspicua." BNE


Fuente de la información, imágenes y textos: Gabinete de Prensa de la BNE.

martes, 6 de enero de 2015

Primera noche de Reyes de Benito Pérez Galdós en Madrid (1863)

Noche de Reyes del año 1863 en Madrid. El joven Benito Pérez Galdós pudo toparse con el magnífico espectáculo que serpenteaba por las calles madrileñas la noche del 5 de enero, víspera de la llegada de los Reyes Magos.
Grandes comparsas de hombres y mujeres atravesaban la ciudad de puerta a puerta (desde la de Alcalá hasta la de Toledo), blandiendo hachones encendidos, tocando cencerros y golpeando sartenes y cacerolas. Todos al unísono vociferando y cantando, marcando la ruta a unos atolondrados con escalera al hombro.

Museo de las Familias. Tomo VII Pág. 20
25 de febrero de 1849