jueves, 26 de marzo de 2015

Socavón en la calle Luchana y fábrica de harinas "La Espiga"

Recuerdos de papel en grises de una mañanita de enero de 1918 en el Paseo de Luchana.
Un nutrido grupo de curiosos se agolpa en rededor de un impresionante socavón. Trabajan con denuedo el benemérito Cuerpo de Bomberos de Madrid y los obreros municipales. La tarea es complicada y requiere destreza y esfuerzo.

Como si no hubiese en la Villa y Corte noticias de sobra, los periodistas asisten al espectáculo en busca de sensacionalismo. El fotógrafo Salazar, con ellos. Encaramado a un árbol, o venciendo la gravedad desde una cornisa, inmortaliza con su cámara esta impresionante vista del suelo madrileño.


Tremendo agujero de varios metros y de gran profundidad en la calle de Luchana, a escasos metros de donde hoy se encuentra el monumento a los chisperos. Un carro tirado por cuatro mulas y cargado de sacos de harina desaparece del horizonte urbano en un suspiro... un estruendoso suspiro. Desconocemos la identidad del carretero, quien habrá blasfemado como tal. El enorme socavón deja ver las entrañas de Madrid y sus tuberías, entre ellas una que mana agua sin cesar.

lunes, 23 de marzo de 2015

Monumento a Pérez Galdós. Parte 1: 1918, la idea

En nuestro artículo Sainz de Robles frente al monumento a Pérez Galdós, revivimos un instante del homenaje que a Galdós se rendía en Madrid con motivo del cincuentenario de su muerte. El cronista de la Villa de Madrid, don Federico Sainz de Robles, aparecía retratado frente al monumento del novelista canario levantado en el Parque de El Retiro en 1919.

La serie de artículos que hoy comenzamos a publicar nos cuentan todos los detalles del monumento, desde la primitiva iniciativa hasta su inauguración. Van acompañados de fotografías, ilustraciones y gran variedad de textos que, a modo de documentos, nos acercan al Galdós como escritor y persona; como "Gloria Nacional" vieja, y en breve eterna; como despojo de una sociedad poco agradecida; y, sobre todas las cosas, como un pobre anciano casi muerto dentro de su cuerpo. Todo esto a través de citas de periódicos y transcripciones de los discursos leídos el día de la inauguración del monumento, frente a los dos Galdós, el de piedra y su modelo carnal.

Como preámbulo a la primera parte de la serie de artículos sobre el monumento a Pérez Galdós del Parque de El Retiro, y a modo de efemérides, repasaremos momentos de la vida de don Benito durante 1918.

Aquel año comenzará con el incendio del Palacio Real de la Granja de San Ildefonso el 2 de enero; ese mismo día nevó copiosamente en el centro de Madrid. Las imágenes, de los fotógrafos Marín, Unturbe y Alfonso, respectivamente, muestran el estado en que quedó el Real Sitio y la visita de Alfonso XIII al mismo.






El 24 de febrero se celebrarán elecciones generales en medio de la crisis política y económica que venía azotando a España. Ganará el Partido Conservador de Eduardo Dato, pero se hará con el poder el Partido Liberal gracias a la coalición de García Prieto y Romanones. Será jefe de Gobierno Antonio Maura, y en noviembre lo sustituirá García Prieto, quien a los 26 días dimitirá. En diciembre formará nuevo Gobierno el conde de Romanones.

En la fotografía, de Campúa, vemos el Consejo de ministros del nuevo Gobierno, con Maura como presidente y los ministros Sres. García Prieto, Eduardo Dato, el conde de Romanones, Alba, Cambó, Marina, Pidal y González Besada, momentos después de haber prestado juramento. 



Poco después de conocerse la noticia de la formación del nuevo Gobierno, el pueblo madrileño acudió a ovacionar a los ministros a su paso por la Puerta del Sol. Dos fotografías, cuyo autor no podemos precisar, captó ese momento y otro muy elocuente, el pueblo confundido con el ejército. El paso de los nuevos ministros coincidió con el cambio de relevo de la guardia del Palacio Real, que de allí venía con toda su parafernalia.




En marzo se detectará el primer caso de la terrible pandemia denominada "fiebre española", y en julio será asesinada la familia del Zar de Rusia.

Noticias más alegres serán la creación del Parque nacional de la montaña de Covadonga (Asturias), primer Parque Nacional de España, la instauración en Suecia del sufragio femenino, y el final de la Primera Guerra Mundial.

"-¡Tenía que suceder!"
Dibujo de Tovar que representa al Imperio alemán después de la firma del Armisticio de Compiègne
HERALDO DE MADRID, 26 de noviembre de 1918



Monumento a Pérez Galdós
Parte 1: 1918, la idea




"Ante la España de pandereta que pintan esos cursis se levanta magestuosa la otra, la que conquistaba un día Myo Cid Rodrigo el de Vivar, el grande y generoso que daba su bolsa y sus vestidos; la que canta ahora otro gigante de la inteligencia, el glorioso ciego D. Benito Pérez Galdós."
EMILIO PALOMO, 1918


Galdós en el 18
Pobre, o al menos sin recursos, y ciego; así estaba Benito Pérez Galdós en el año 18 del siglo XX. Sumido en la oscuridad de su ceguera, solo y aislado, consumía poco a poco los escasos dos años que le quedaban de vida. Ya no visitaban el hotelito de la calle Hilarión Eslava-su última morada-más que unos pocos amigos, entre artistas, escritores y periodistas.




Cuenta don José Ortega y Munilla-escritor y periodista, padre de José Ortega y Gasset-, durante una visita al anciano novelista, que éste le recibió con el siguiente emocionado saludo:
"-Le agradezco a usted mucho, querido Ortega, su visita, porque aquí no viene casi nadie. Esto es una tumba."
Ortega y Munilla subió a la habitación de  don Benito y le encontró sentado en un sillón, con las piernas cubiertas por una manta y la cabeza tapada con una gorra gris. Detrás de las gafas negras unas pupilas sin vida y un gesto de dolor en el rostro.  Aún así, continuaba siendo augusto su porte.

Muy a pesar del delicado estado de salud, el anciano escritor vivió, conoció, y formó parte activa en los episodios que pasamos a enumerar:


sábado, 21 de marzo de 2015

Estampas. Madrid pueblo. Primavera galante

Primavera galante y desenfrenada. Tardes doradas de templada brisa.
Estampa del Madrid pueblo que retrató TITO, el dibujante, en 1927. Equinoccio de marzo que hace florecer los prados y altera la sangre.
Amorcillos traviesos desparramando amores y amoríos a diestra, y a menos diestras. Pone coto el guardia, para evitar que el agua del cántaro se pierda.
Renovación de vestuario, incluido el sombrero. Procesiones, toros, circos, ferias; meriendas y bailes en los sitios de recreo.
Lúdicas tardes de hípica y velocípedo; de excursión con institutriz y lecciones de botánica. Escalada a La Pedriza y sus vistas, o ganchillo y caballete bajo los anticipados almendros.

Fuera de escena la Castellana y la calle de Alcalá; más lejos, la carretera del El Pardo atestada de coches y paseantes. Estrenos de teatro y cinema.

Estampa octogenaria publicada en la revista FLIRT para celebrar que ha llegado la primavera, con todas y cada una de sus diferencias y similitudes, pero con la misma esencia.





© 2014 Eduardo Valero García - HUM 015-002 ESTAMPAS MAD

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miércoles, 18 de marzo de 2015

Los restos de Miguel de Cervantes Saavedra

Todos conocen ya las últimas noticias sobre los restos de D. Miguel de Cervantes Saavedra. Se ha confirmado que ahí está enterrado, en las Trinitarias, aunque no queda garantizado al cien por cien.
Don Francisco Etxeberria, forense y director del equipo de investigación, es prudente al confirmar que algunos restos óseos pueden ser de Cervantes, al menos-dice-,“a la vista de toda la información generada en el caso del carácter histórico, arqueológico y antropológico”.

Pues muy bien; después de casi cuatrocientos años, y probado en varios escritos que don Miguel reposa en las Trinitarias cohabitando con otros esqueletos, es casi normal que de su osamenta se encuentre poco, porque polvo somos y en polvo nos convertimos, según se dice. 

¿Y ahora qué? ¿Y para qué?
¿Repartiremos astillas de hueso en adornados relicarios por toda la geografía de España?
¿Resucitaremos la idea de aquel Panteón Nacional que otrora guardaría sus restos y el de otros tantos ilustres? Buen negocio sería ese... una obra más para la colección de despropósitos.

Historia Urbana de Madrid se queda con estas palabras del marqués de Molins:
"En cuanto á los restos de Cervantes, una cosa hay demostrada: que no han salido del Convento que él vio fundar, y en donde mandó que se enterrasen.
Por mi parte, lo confieso, me basta saber que están allí; no me importa descubrir en qué rincón. Duerme Cervantes con los que esperaron como él; guardan su sueño las que creen como él; están en su compañía las que amaron y padecieron como él.
O ¿acaso un edificio de pocas varas cuadradas será demasiado monumento para un hombre que llena el mundo con su fama?
He hecho, no obstante, cumpliendo vuestro encargo, estas averiguaciones, y en ellas he adquirido el pleno convencimiento de que allí fué sepultado, y que de allí no ha sido removido; que allí no será hallado."
["LA SEPULTURA DE MIGUEL DE CERVANTES". Memoria escrita por encargo de la Academia española y leída a la misma por su director el marqués de Molins (1870) pp. 145-146]

Cada cual tiene su opinión al respecto, y todas son respetadas. Quizá Cervantes, desde este cielo madrileño que le cobija, también tenga la suya...


© 2015 Eduardo Valero García (GARCIVAL)
HUM 015-001 CERVANTES ILUST


PARTIDA DE DEFUNCIÓN DE CERVANTES
«En 23 de Abril de 1616 años, murió Miguel Cervantes Saavedra, casado con doña Catalina de Salazar: calle del Leon. Recibió los santos sacramentos de mano del Licenciado Francisco Lopez. Mandóse enterrar en las monjas Trinitarias. Mandó dos misas del alma, y lo demás á voluntad de su mujer, que es testamentaria, y al Licenciado Francisco Nuñez, que vive allí.»
[Libro de la Parroquia de San Sebastián (folio 270)]


© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-001 CERVANTES

jueves, 12 de marzo de 2015

Coplas del domingo. La Fornarina y yo

Una copla dominguera de don Antonio Casero en jueves. Fue publicada el domingo 28 de enero de 1912 en el Heraldo de Madrid y tiene por protagonistas a la cupletista Consuelo Bello, la "Fornarina", y al propio don Antonio, en amable diálogo sobre los Madriles de aquellos tiempos.

La Fornarina, que tantos éxitos había cosechado en París, Londres y Berlín, llegaba un día de enero a la estación del Norte para actuar en el Teatro Eslava; se trataba de una función a beneficio de la Asociación de la Prensa. El atractivo y gracia de la bella artista iluminaron la velada, y al cantar una selección de sus variados cuplés, acompañada al piano por el maestro Quinito Valverde, dejó al público extasiado, que era lo habitual.

En aquella función del Eslava se volvió a representar la opereta en tres actos de José Juan Cadenas y Leo Fall "La mujer divorciada" [ver libreto], que había sido estrenada en ese teatro la noche del 21 de diciembre de 1911. En el programa figuraba también la proyección de dos películas, una del Trianón-Palace y otra de la Casa Pathé, pero ante el peligro que representaba para el público la colocación del aparato cinematográfico en la sala, se acordó suprimir la proyección.


Consuelo Bello "Fornarina"
Fotografía de Calvache para una publicidad de Perfumerías Gal
Noviembre de 1911

¡Ay, bella Fornarina! Cientos de fotografías podemos encontrar en publicaciones y álbumes de renombrados fotógrafos de la época para poner cara a la famosa cupletista. También podemos ponerle voz gracias a los archivos de nuestra Biblioteca Nacional:


LA POLICHINETTE: Couplel, 1913? Escuchar
DON NICANOR: Cuplés españoles de Cadenas, 1913? Escuchar
LA CANCIÓN DEL RHIN: Couplet, 1917? Escuchar
EL BOULEVARD: Couplet, 1917? Escuchar
EL PRIMER AMOR: Coplets, 1917? Escuchar
CUANDO VOYA PROVINCIAS: Couplet, 1922? Escuchar



En "La Fornarina y yo", que así se titula la copla de hoy, Casero habla del Madrid que "poco a poco va muriendo". Reparte el diálogo entre él y la cupletista, enumerando lo que para ellos era esencialmente madrileño y se estaba perdiendo o ya había desaparecido.
¿Cuánto tiempo llevamos los madrileños notando que Madrid ya no es lo que era? ¡Mucho!, y así seguiremos. Porque, si cantidad de costumbres han desaparecido, también van desapareciendo grandes y pequeños espacios que formaron parte de nuestra historia urbana.
Madrid, cuando nos toque, ¿qué veremos de ti desde un agujerito en el cielo?
 

Coplas del domingo, por Antonio Casero

LA FORNARINA Y YO
Sucedía que cierta noche
tuvimos un devaneo
por mor de un arroz con pollos,
muy riquísimo por cierto,
y como somos un tanto
amables, finos y espléndidos
para con las lindas damas,
invitamos á Consuelo
la Fornarina, que es chica
de reconocidos méritos,
y al de Valverde, á Quinito,
al músico madrileño
que ha extendido pour la france
el saborcillo flamenco
de esa música castiza
que la canturrea el pueblo;
hubo palabras galantes,
y hubo mil rasgos de ingenio
y muy graciosos decires,
y muy castizos recuerdos
de este castillo famoso
que al rey moro alivia el miedo.
………………………………….
—Dime, dime, Fornarina—
la pregunté yo á Consuelo—:
¿cómo encuentras los Madriles,
tus Madriles y los nuestros?
¿Cómo, dí tú, Fornarina,
encuentras á nuestro pueblo? —
Y guiñando sus ojillos
ladrones y zalameros,
contestó la cupletista,
soltando un suspiro á tiempo:
—¡Ay, Madriles de mi alma!
¿Dices cómo los encuentro?
Pues óyeme, ya que quieres
saber mi opinión, coplero:
su silueta desde el rápido
vi cuando llegué á Pozuelo;
brillaban los farolillos
como brillan los luceros;
el tren corría, y Madrid
se agrandaba por momentos.
Al cruzar el Manzanares
solté un ¡ole! á lo pequeño
y miré con alegría
los típicos merenderos
donde bailé muchas noches
de verbena, al ritmo neto
de una habanera melosa
ó de un chotis muy chulesco
se me saltaron las lágrimas
y se me ensanchó mi pecho
al llegar á los andenes
de la estación de mi pueblo.
Después, no sé qué decirte;
después, chiquillo, lo eterno:
las costumbres, averiadas;
las modas, del Extranjero;
las mujeres, como aquellas
que en los boulevares veo,
tan relamidas, tan cursis
y tan sin gracia en sus cuerpos;
no es mi Madrid este de ahora,
no son mis Madriles estos.
¿Dónde están aquellas hembras
de andar menudito y recio?...
¿Dónde aquellos pañolones
alfombrados y de flecos?...
¿Dónde las faldas planchadas
y las enaguas pidiendo
escolta, por lo relimpias;
que eran los bajos aquellos
la nieve del Guadarrama
de puro blancos y frescos?
¿Dónde están esas mantillas
de aquel carácter goyesco,
las de blonda y de madroños
con picos de terciopelo,
las peinas y los claveles?...
¿Dónde está lo madrileño?...
¿Dónde están esos decires
de los chulos postineros,
con esa gracia por fuera
y ese alioli por dentro,
para camelar mocitas
y robarlas el izquierdo?...
¿Dónde están esos barbianes?
¿Dónde están esos flamencos
que, de Chamberí á la Cava
y del Rastro á San Lorenzo
iban sembrando quereres
en las mocitas de mérito?...
—No te canses, Fornarina;
no te molestes, Consuelo;
el Madrid que tú dejaste
poco á poco va muriendo;
sólo le queda su nota,
y esa no la borra el tiempo;
Madrid siempre será alegre
y noble y populachero;
siempre le hallarás castizo.
—Vamos, no te ocupes de eso;
como que, chico, es mi gente
es mi público, Casero,
no sé que tienen sus palmas
que me suenan á oro viejo.
—No son palmas, son caricias.
—Choca, Antonio; eso es lo cierto
—Es mucha gente mi gente.
—Y es mucho pueblo mi pueblo;
ya sabes lo que decimos
por acá: “¡De Madrí al cielo!”
—Y ya sabes lo otro: “Y un
agujerito pa verlo.”
ANTONIO CASERO


En ocasiones, las coplas de Antonio Casero recibían alguna crítica irónica por parte de sus rivales de las letras y la política. Para "La Fornarina y yo" tuvo unas palabras Rogelio Pérez Olivares en su columna "De casa y de fuera - Hablando un rato" de la revista Mundo Gráfico (AÑO II - Núm. 15. Madrid, 7 de febrero de 1912).
"Antonio Casero, el romancero de cosas madrileñas, nos ha contado en el Heraldo que ha comido con la Fornarina un arroz con pollo, que estaba muy rico; de lo que nos alegramos mucho. ¡Ya era cosa sabida que aquí en Madrid para comer arroz con pollo había que ser, por lo menos, casero! Los inquilinos tenemos que contentarnos con comer el arroz... con arroz.
Pues bien; mientras hace la digestión nos cuenta en romance que aquí había hembras que se ponían faldas planchás y pañolones de alfombra, y chulos postineros que tenían por dentro—¡él lo sabrá!—un alioli con oli que quitaban el sentio á las chicas... y, muchas cosas más, para llegar á la consecuencia de que el Madrid de antaño «poco á poco va muriendo» ¡Ah!...
De la su capa bordada
no nos vuelve á decir nada."

Para Historia Urbana de Madrid publicar las coplas de Antonio Casero es devolver al madrileño de hoy parte de su idiosincrasia a través de graciosos textos que encierran entrañables historias. Quizá esta copla recuerde los tipos madrileños que identificamos en sainetes y zarzuelas, al igual que algunas costumbres, pero con un carácter melancólico más que jocoso.


© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-005 COPLAS AC

domingo, 8 de marzo de 2015

El incendio del Alcázar de Segovia

El Patronato del Alcázar de Segovia, en colaboración con el Cuerpo de Bomberos, organizó el pasado viernes 6 de marzo un simulacro de incendio para conmemorar el 153 aniversario del terrible incendio que asoló la fortaleza de los antiguos reyes de Castilla.
En la sección Madrid y Galdós de nuestro blog, recordábamos aquel episodio acontecido el 6 de marzo de 1862, pocos meses antes de emprender el joven Benito Pérez Galdós su periplo hacia tierras matritenses. La noticia que citábamos corresponde al capítulo tercero de Galdós en el Siglo XIX (1862) y está acompañada de un grabado que representa al alcázar en llamas.

Una visión de la fortaleza años después del incendio la recoge J. Laurent en la siguiente fotografía, una de las tantas que sobre este fotógrafo atesora la Biblioteca Nacional de España. Fue tomada hacia 1870.

Segovia, fachada del Alcázar. J. Laurent. Madrid
c.a. 1870
Signatura: 17/3/99
PID: bdh0000020805
Biblioteca Nacional de España

Historia Urbana de Madrid se suma al homenaje del Patronato y lo hace extensible a la memoria de aquel pueblo segoviano que luchó con denuedo intentando sofocar el voraz fuego. Para ello, nada mejor que la monografía histórica que sobre el Alcázar de Segovia escribió en 1916 el coronel de Artillería y académico D. Eduardo de Oliver-Copóns, hermano de uno de los militares que participó en las labores de extinción del incendio.


CAPITULO VII
Incendio del Alcázar
(Fragmento)
"Llegó el infausto año 1862, de tan imborrable huella en la historia del Alcázar, por haber sido presa el 6 de Marzo de voraz incendio, que tantos estragos ocasionó, arrojando de allí á sus moradores, como si sobre ellos pesase el sino de perpetua peregrinación.
En los primeros momentos no se pudo precisar el origen del fuego, que produjo en todos unos instantes de estupor y vacilación; dícese que comenzó en la salifa del Tocador de la Reina, donde estaba el despacho del primer Profesor, y en su ángulo izquierdo había una chimenea cuyo hollín se prendió; afirman otros que fué en un cuarto bajo del patio principal por causa de un brasero; algunos lo achacaron á la cocina, y no faltó quien opinase que ardieron primero los tejados, por haber prendido alguna chispa, escapada de cualquiera de las chimeneas, en las viejas vigas que formaban el armazón por debajo de las empizarradas cubiertas.
También se deslizó la infame calumnia de que lo habían originado unos Cadetes arrestados en la Torre de Juan II, precisamente en la que apenas se notaron los efectos del fuego. [...] Pero sea cualquiera el motivo y punto inicial del fuego, es lo cierto que avanzó con pasmosa rapidez, favorecido por el fuerte viento que reinaba el triste día 6 de Marzo, y bien pronto las llamas se adueñaron de todo, devorando la madera como si fuera yesca, desquiciando y deshaciendo las graníticas piedras y los empizarrados, y retorciendo las veletas, tirantes y barrotes de rejas y balcones cual débiles alambres.

No bastaron para atajar su devastadora acción los grandes y hasta temerarios esfuerzos hechos en primer término por los Jefes, Oficiales y Cadetes, que veían con profundo dolor é impotente rabia desaparecer el suntuoso Alcázar que los albergara. En la ímproba tarea fueron ayudados—es un deber consignarlo—por las autoridades militares, civiles y hasta eclesiásticas, tropa, empleados, obreros, artistas y vecinos todos de Segovia, que llenaban los alrededores del Alcázar, la plazuela y los patios, con el ansia de contener la ruina de aquella preciada joya de tan gloriosa ejecutoria.
Todo fué en vano; rendidos de la desigual lucha con el destructor elemento, agotados todos los medios con que se contaba para contrarrestarle y corridos no pocos peligros, se hubo de abandonar el edificio á la triste suerte de que desapareciera en pocas horas lo principal de sus muros interiores, arrastrando entre sus escombros los maravillosos artesonados y las múltiples bellezas artísticas, atesoradas por la realeza, el genio, la fastuosidad y el celo en tantos siglos de labor incesante.

Debió empezar el fuego por la mañana, y cuando se notó y comenzaron los primeros trabajos, ya había tomado algún incremento, que aumentó rápidamente, pues dice un testigo presencial, D. José Losáñez, que «á las once de la mañana se levantó un viento Sur de los más fuertes y violentos que en Segovia suelen reinar, y esto precipitó el desarrollo del voraz elemento».

A medio día ya eran grandes sus terribles efectos, sobre todo en los departamentos del Norte, precisamente los que más riquezas ostentaban, y los del Oeste. A la una de la tarde, cuando dieron las campanas de la Catedral y parroquias la señal de rebato, ya el fuego dominaba toda la parte superior y envolvía en llamas todos los empizarrados.
En vista de su intensidad, y para allegar más medios de combatirle, se dio orden de quitar el agua á todas las fuentes de la ciudad, para que reunida llegara con fuerza al lugar de la catástrofe.

Funcionaron cuantas bombas existían en la población; se intentaron cortes en el edificio para aislar el fuego, pero en cuanto se comenzaba una maniobra para salvar una parte, las llamas y la densidad del humo hacían abandonarla á los que la ejecutaban, asfixiados, chamuscada ropa y cabellos y con grave peligro de su vida, viendo con rabia y pena correrse el fuego desde el Salón del Trono, por las bellas salas de Galera, Pinas, Reyes, Cordón y Capilla, habitaciones de los Cadetes, armerías, sótanos, murallas de Norte á Sur, envolviendo los cuatro lados sin dejar intacta, sobre tanta ruina, más que la Torre de Juan II, aunque resentida, la del Homenaje, y una torrecilla de la izquierda de su fachada. Desapareció toda la techumbre y las afiladas cúpulas y chapiteles de sus cubos y de sus torrecillas, quedando desmochadas con parecido aspecto al que tuvieron en sus primitivos tiempos. [...] Un sentimiento general de inmenso dolor produjo en toda España este desastre, y aún más se condolió el Cuerpo de Artillería, tan encariñado con el Alcázar, que miraba como casa solariega, por cuya conservación había velado con interés vivísimo, sin que le fuera dado evitar el desgraciado accidente, que convirtió aquella hermosa mansión real en lugar de desoladoras ruinas.
Sufrieron las artes, la historia y la arqueología un rudo golpe con la pérdida de uno de los más clásicos é interesantes monumentos militares de España, soberbia joya arquitectónica, símbolo de grandiosos recuerdos y teatro de gestas memorables."

Finalizamos con un grabado que muestra el alcázar antes del incendio. Le sigue un vídeo del simulacro organizado por el Patronato del Alcázar de Segovia y el Cuerpo de Bomberos de aquella ciudad.

 






© 2015 Eduardo Valero García - HUM 015-004 MADGALDOS
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