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domingo, 22 de agosto de 2021

Electricidad y lámparas en la visera de la Puerta del Sol.

En el primero de los artículos dedicados a la visera de la Puerta del Sol hicimos referencia al estanco de D. Ángel Herrero, conocido como “el permanente de la visera” por estar abierto las 24 horas. Durante los habituales apagones de las farolas que iluminaban la plaza, la luz del estanco se reflejaba en la amplia acera ofreciendo un aspecto fantástico. Antes de aquello, la Historia de la electricidad en Madrid estuvo plagada de fracasos y aciertos, conviviendo la iluminación a gas con la eléctrica hasta bien entrado el siglo XX.
 
Hablar de la electricidad, ahora que se ha incrementado su precio, aviva nuestros más oscuros instintos; sin embargo, intentaré haceros placentera la lectura con el recuerdo de las lámparas “METAL” que iluminaron los hogares madrileños y españoles desde la visera de la Puerta del Sol. 
 
 
La fotografía, tomada desde la calle de Alcalá, nos muestra el intenso tráfico rodado de esa arteria y la plaza en la década de los 60 del siglo pasado. Además de los automóviles, los autobuses y los transeúntes, podemos ver la fisonomía de la Puerta del Sol y el luminoso de Domecq sobre el edificio de La Mallorquina; también el cartel del Hotel de París, y debajo de este el de las lámparas “METAL-MAZDA”. Para completar la estampa madrileña sólo nos faltaría ver el camión que distribuía las indispensables bombillas. 
 

Cortesía de Scalemates, base de datos de modelos a escala. https://www.scalemates.com/es/kits/modeltrans-218-ebro-b-35-lampara-metal-mazda--1104914
 

El establecimiento comercial de la Compañía General Española de Electricidad S.A., fabricante de estas lámparas de filamento metálico, estaba ubicada en la Puerta del Sol, 1 y calle de Alcalá, 2, en plena visera y frente a la plaza, símbolo de los avances del alumbrado público y privado. 

Si en 1831 se habían realizados las primeras pruebas de iluminación a gas en los jardines del Café de la Victoria (más conocido como de Lorencini) y se colocaban 24 faroles de gran tamaño en la Puerta del Sol, el 24 de enero de 1878 el Ayuntamiento inauguraba dos candelabros con tres globos de vidrio; en su interior arcos voltaicos generados por dínamos cuya maquinaria de vapor estaba en los sótanos del Ministerio de la Gobernación. 
 
Dos grabados de Pellicer, publicados en La Ilustración Española y Americana de enero y abril de 1878, retratan la plaza con sus dos enormes farolas.
 


 
Durante las ferias de mayo de ese año se iluminará el Salón del Prado. Así lo describía La Ilustración Española y Americana
«Cerca de la fuente de Apolo, y sobre un tablado de doce metros de alto, que figura al exterior una estrecha torrecilla para telégrafo óptico, brillaban dos focos de luz eléctrica, cuya viva claridad se extendía hasta el Paseo de Recoletos, por un lado, y el Jardín Botánico por otro, iluminando el prolongado Real de la Feria.» 

 


Hubo antes y después muchas conmemoraciones y eventos con la luz y la plaza como protagonistas. En 1875, con motivo de la entrada de Alfonso XII, se colocó un faro en la torre del reloj del Ministerio de la Gobernación «que dirigía vivísimos rayos al surtidor de la Puerta del Sol.» 

 

La fábrica de lámparas
Volviendo a las lámparas METAL de la Compañía General Española de Electricidad S.A., cabe destacar la fábrica, primera de este ramo fundada en España e instalada desde 1894 en la calle Arregui y Aruej del barrio de Las Adelfas (Pacífico), donde también estaba su domicilio social. El edificio había sido arrendado a la Compagnie Générale d’Electricité, de París, fundadora de la fábrica de lámparas incandescentes en Madrid y proveedora de la Casa Real. En 1907 trabajaban en la fábrica unos 200 empleados que producían 5000 bombillas diarias.



 
 
La Compañía General Española de Electricidad S.A. había sido constituida en 1910 por Ubaldo Castells y Cantó, Eugenio Arizmendi y Echeverría, Máximo Azoaga y Sorrón y José Miguel Zuviria y Legorburu, con un capital de 100 000 pesetas. Fue nombrado director gerente el señor Francisco Brandón Uste. 

En 1914, y a pesar de los inconvenientes en el suministro de material que representó la Guerra Mundial, la producción de 5000 bombillas diarias se incrementó con la contratación de 300 empleados más. 


Las mujeres en la fábrica y en la publicidad
En 1916 llegó a contar con 600 empleados, casi todos provenientes del Puente de Vallecas y de la barriada de Doña Carlota. En su mayoría eran mujeres, por ser las más cualificadas para la confección de las lámparas. La fábrica disponía de cocina, comedor y sala de lactancia para uso de sus empleadas.

Las siguientes fotografías de Salazar, publicadas en la revista La Esfera de 1916, nos muestran el proceso de fabricación realizado íntegramente por mujeres. 




La presencia del sexo femenino quedaba representada en la publicidad de sus productos y también en los conflictos laborales, porque estas mujeres fueron tan reivindicativas como las cigarreras de la fábrica de tabaco de Embajadores. Además, un eslogan de los años 50 indicaba que la lámpara METAL era "la novia del Sol". También es cierto que en aquellos tiempos se decía que "consumían menos que una mujer". En fin, volvamos a los años de esplendor disfrutando de estos anuncios.

 
El anuncio que más tiempo se mantuvo en las páginas de revistas fue el que vemos a continuación, al menos desde 1922 y hasta 1927. En la firma aparece POVO, posiblemente el artista valenciano Francisco Povo, conocido por su arte en la decoración de abanicos y muy de moda en aquellos años.
 
 
Los primeros anuncios que hemos visto eran encargados en su mayoría a la Agencia HELIOS A.G. de Barcelona. A partir de 1928 la estética de los anuncios cambió radicalmente, ajustándose al estilo del momento. Será la Agencia LOS TIROLESES, de la calle Romanones, 7 y 9, la que se haga cargo de la cuenta. 

 
Luego llegarán otras agencias, otros creativos y nuevas modas. A partir de la década de los 30 la Agencia ALAS diseñará los anuncios de la Compañía.
 
 
En 1948, el famoso dibujante publicitario Julio Ferrer Sama será designado director artístico de ALAS. ¿Os acordáis de aquello de "la novia del Sol"? Pues bien, viene de la creatividad de Ferrer Sama.



 
Lámparas A.E.G., EGMAR, METAL y MAZDA 
En la fábrica de Pacífico se confeccionaban las lámparas de las marcas “Metal T”, de filamento metálico, y “Metal ½ watt”, de nitrógeno; ambas muy utilizadas en comercios y casas particulares; además, eran suministradas a grandes empresas de Electricidad, de Coches cama y Tranvías, principalmente para la Sociedad de Tranvías de Madrid, que llevaba estas lámparas en todos sus coches. Con el tiempo fueron sumando productos, como las lámparas para automóviles “METAL-AUTO”, las válvulas de recepción y emisión para radiotelegrafía “METAL-RADIO” y hasta unas que ayuntaban mosquitos, la “METAL-PARINSECT”. 

Anuncio publicado en la revista Madrid Científico. Año 1911
 
Los avances tecnológicos los llevarán a fabricar nuevos modelos de válvulas y lámparas, como las “monowaticas”, las de gas Argón con filamento de doble espiral, las “Opales” y las de luz día, entre otras. Sus potentes lámparas halógenas iluminaron varios estadios de futbol. También comercializaron radiadores eléctricos y proyectores dióptricos, estos últimos dedicados a la navegación aérea. La Sociedad fue concesionaria de las patentes y métodos de fabricación de las compañías General Electric, Thomson Houston y Générale d’Electricité.
En 1955 participa en la Primera Exposición Nacional de la Moto y la Bicicleta, celebrada en el Parque de El Retiro. El stand ofrecía productos para automóviles, motocicletas y velomotores de su marca “METAL-AUTO”. 
 

En la convención celebrada en 1978 en Burgos, la empresa presentaba una nueva gama de luminarias múltiples. En aquella ocasión se proyectó «La nueva luz de España», especie de documental promocional de sus productos y avances tecnológicos. 

 

Si bien desconocemos el momento exacto en que la Compañía comienza a producir las bombillas MAZDA, sí podemos decir que desde 1910  fueron fabricadas por la Thomson Houston Ibérica S.A., primero con la denominación "Lámparas A.E.G." y desde 1912 como “Lámparas EGMAR” en España y Portugal (MAZDA en Estados Unidos), bajo licencia de la A.E.G. Los establecimientos comerciales de la Thomson Houston Ibérica S.A. estaban en la calle del Prado, 20 y Salón del Prado, 14.

En 1911 la A.E.G. compra los talleres de la Felten & Guilleaume Lhameyer Werke, de Frankfurt, y absorbe a la reputada Casa Juan Wenzel & Cía., representante en España de los citados talleres. La Casa Wenzel tenía sus oficinas en la Carrera de San Jerónimo, 28. Hasta 1899 habían estado instaladas en la calle Carretas, 37.


Publicidad de 1913

Publicidad de 1905

Posteriormente, y por breve espacio de tiempo, serán fabricadas con misma licencia por la Sociedad Ibérica de Construcciones Eléctricas S.A. La SICE, establecida en 1921, tenía su fábrica en la Carretera de Chamartín, 11. Sus oficinas estuvieron en la calle Barquillo, 1 y 19, donde instalaron su elegante tienda; más tarde la trasladarán a su centro de exposición de Eduardo Dato, 9. 

 

Publicidad de 1923
 

Modernización y conflictos laborales
En 1973 la Compañía General Española de Electricidad inauguraba el nuevo edificio de su sede social y fábrica en la Autopista Aeropuerto de Barajas, km. 13. 



Antes y después, las huelgas y encierros de sus trabajadores fueron frecuentes, aunque no exclusivos; los empleados de otras empresas como «Isodel» y «Standart» se unieron en 1967 a las protestas de las 500 empleadas de fábrica Metal-Mazda en la manifestación de la zona Legazpi-Atocha-Pacífico. Fábricas de diversos ramos, escuelas e institutos, trabajadores del teatro y del cine, funcionarios y muchos comercios se sumaron a la huelga de 1976, contabilizándose 340.000 huelguistas. 

En diciembre de 1975 y hasta enero del año siguiente, la fábrica “METAL-MAZDA”, que contaba entonces con una plantilla de 1200 trabajadores, había cerrado sus puertas tras la aprobación de un expediente de regulación de empleo. Reabierta en enero de 1976, como hemos dicho, fue cerrada nuevamente y desalojados sus empleados, quienes se recluyeron en la iglesia de San Timoteo en Vallecas. 

En noviembre de 1983 alrededor de 400 empleados se encerraron como protesta por la aprobación de 92 despidos por la Dirección General de Trabajo. Ese año la empresa tenía 1100 trabajadores repartidos en Madrid, el mayor volumen en Barajas (producción) y el resto en siete centros comerciales. 

Una noticia de ABC del 20 de noviembre de 1981 hablaba de la puesta en marcha de la nacionalización de empresas francesas, entre ellas se encontraba la Compañía General Española de Electricidad S.A., que había sido arrendataria de la Compagnie Générale d’Electricité, de París, desde su fundación en 1910, y en el año de la noticia lo era de Thomson-Brandt. 

En 1982, en su condición de primera empresa fabricante de lámparas para automóvil en España, sacaba al mercado un nuevo estuche confeccionado en plástico antichoque con repuestos de lámparas principales y auxiliares, además de recambio de fusibles, un destornillador y una gamuza.

Publicidad de 1982

El Diario de Burgos del 24 de febrero de 1983, en una noticia relacionada con las actuaciones del Tribunal de Defensa de la Competencia, indicaba que la dominante empresa Philips había absorbido a Metal-Mazda, haciéndose así con el control del mercado español de lámparas y aparatos eléctricos. 

Antes de finalizar este título que habla de trabajadores, recordemos al equipo de futbol de la fábrica METAL-MAZDA, retratados el 1º de mayo de 1967. 
Actualmente depositada en el Archivo Regional de la Comunidad de Madrid bajo la signatura OLRO0003_000001.JPG, la fotografía es propiedad de doña Olga Rodríguez Gambarte. Se utiliza en este artículo de investigación sin fines de lucro.


Recordemos también que existió el equipo METAL-MAZDA de Gimnasia femenina. 
 
 
Fin de la historia, con demolición
En 1988, después de 15 años abandonada, la fábrica fue ocupada por unos cien jóvenes; esto ocurrió el 20 de mayo. El grupo de okupas convirtieron el vetusto edificio en una “Kasa Popular” -así denominada- en la que se desarrollaban actividades culturales. Disponía de librería, taller de cuero, serigrafía, y comedor popular. 
La vieja fábrica, propiedad de la empresa constructora Edificaciones Cimer S.A., iba a ser demolida. No se trataba de meras especulaciones, el Ayuntamiento de Madrid había concedido la licencia de obras para el derribo. Más abajo encontraréis una serie de vídeos que recuerdan los hechos [1]
 
Y así ocurrió, la mañana del 30 de agosto fuerzas policiales desalojaron a las veinte personas que ocupaban el edificio en ese momento; a continuación, dos plumas de demolición comenzaron con el derribo de la primera fábrica de lámparas de Madrid. Casi cien años de historia quedaban reducidos a escombros. 

Fotograma del documental Arregui y Aruej: Cien días de okupación.
 
El Boletín Oficial del Registro Mercantil (BORME) del 15 de enero de 1998, anunciaba la disolución de la Sociedad anónima Compañía General Española de Electricidad. 

Esta ha sido una historia más de las que nos ofrece la visera de la Puerta del Sol.  

 

En memoria de mi padre, José Valero Hernández, 
excelente reparador de radios de válvulas y un gran maestro de la electricidad.

Eduardo Valero García
 
 


 
Bibliografía y Cibergrafía
Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

[1] Documental Arregui y Aruej: Cien días de okupación. Producciones Fendetesta. Madrid, 1991.
PARTES 1 - 2 - 3

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En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2021) "Electricidad y lámparas en la visera de la Puerta del Sol. ", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325


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Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.
De las imágenes:
Muchas de las fotografías y otras imágenes contenidas en los artículos son de dominio público y correspondientes a los archivos de la Biblioteca Nacional de España, Ministerio de Cultura, Archivos municipales y otras bibliotecas y archivos extranjeros. En varios casos corresponden a los archivos personales del autor-editor de Historia Urbana de Madrid.

La inclusión de la leyenda "Archivo HUM", y otros datos, identifican las imágenes como fruto de las investigaciones y recopilaciones realizadas para los contenidos de Historia Urbana de Madrid, salvaguardando así ese trabajo y su difusión en la red.
Ha sido necesario incorporar estos datos para evitar el abuso de copia de contenido sin citar las fuentes de origen de consulta.


© 2021 Eduardo Valero García - HUM 021-004 FOTOTECA
Historia Urbana de Madrid
ISSN 2444-1325



miércoles, 2 de junio de 2021

La visera de la Puerta del Sol, su estanco y la agencia de colocaciones

Uno de los lugares más concurrido de esta villa y corte es la Puerta del Sol. Lo es hoy como lo fue antaño, con su incesante pulular de personas oriundas y foráneas, de todo tipo de ralea, profesión o arte.
 
Fotografía de J. Laurent (hacia 1870) FPH VN-02871 Archivo RUIZ VERNACCI
 
Como muchos sabéis, entre la calle de Alcalá y la carrera de San Jerónimo estuvo situada la iglesia del Buen Suceso hasta 1854, año en que comenzó su demolición. Desaparecido el templo y hospital, su espacio, tomado como referencia geográfica, fue llamado por los madrileños “el sitio del Buen Suceso”, solar desangelado integrado a la plaza que tuvo a bien denominarse “el patio de Manzanedo”. 
 
El periódico universal La Ilustración, del 25 de marzo del mismo año del derribo, publicaba la descripción del ensanche y alineación para la Puerta del Sol propuesto al Gobierno por la Junta consultiva de Policía urbana. En lo referente a la Manzana 207, decía: 
«Las casas de la Puerta del Sol números 1 y 3, 5, 7, 9 y 11, así como las de la Carrera de San Gerónimo números 2, 4 y 6, se alinearán y decorarán en su día a medida que se vayan reedificando». 
Además, indicaba que, donde se cortaba con el Buen Suceso, quedaba «una fachada de 24,5 metros (87,95 pies)». 
 
En el deshabitado solar se estaba construyendo una “nueva casa” que sería fonda de los hermanos Fallóla, adquiriendo el título de «Grand Hotel de París», tal y como lo anunciaba en diciembre de 1863 La Correspondencia de España. Según información del mismo periódico, el 15 de agosto de 1864 abriría sus puertas con esa denominación. 
 
Publicidad de 1868

Publicidad de 1886

Publicidad de 1920

 
La fotografía que encabeza este artículo fue tomada por J. Laurent hacia 1870. En ella podemos ver el hotel en todo su esplendor y un ambiente tranquilo, excesivamente tranquilo para la plaza y “la visera” de la Puerta del Sol, donde estuvo el café Imperial, que fue después el de la Montaña y más tarde se convertiría en la cafetería Haití.
 
También ocuparon aquella fachada una papelería; una camisería; la perfumería del señor Fortis; la tienda de abanicos, paraguas y sombrillas de D. Luis Colomina; un puesto de periódicos y un limpiabotas (posiblemente, Juan Martínez Gómez, “Juanito”, quien después lo fue del Ateneo por medio siglo).
 
Fotografía de Piortiz (1930) En la Camisería contigua a la Papelería se instaló el puesto de periódicos.
 
Hubo desde sus comienzos famosas tertulias y fue punto de encuentro de toreros y aficionados a la fiesta nacional, muy relacionados con el estanco que allí pervivió por más de treinta años. 
 
 
Estanco “El permanente 
En 1887 se estableció en la visera la expendeduría número 44, establecimiento que funcionó hasta 1923, año de su cierre. Aquel estanco era conocido por todo Madrid como “el permanente de la visera” por estar abierto las veinticuatro horas del día. 
Fue su único dueño D. Ángel Herrero, un hombre bajito y con gafas, muy simpático y gran aficionado a los toros; tanto, que apoderó al diestro Cayetano (Pepeíllo). El semanario satírico El Mentidero lo consideraba, con sorna o sin ella, “centro taurino”.
 
 
 
Fallecido el señor Herrero regentaron el estanco su viuda y sus dos hijas hasta aquel año del cierre, que lo fue por clausura al descubrirse que un empleado traficaba con tabaco falso. En el recuerdo queda “el permanente”, retratado en estas palabras de Rafael Solís: 
«Parece algo de la Puerta del Sol, arraigado en la popular plaza por el tiempo y la costumbre como una farola más o como otra cartelera. En las altas horas de la madrugada, cuando los faroles hacían su aparición en la céntrica plazoleta y surgía el apagón, la luz del estanco, reflejada en la amplia acera, daba en ese momento fantástico aspecto, y su público, renovándose constantemente, cambiando como las horas del día, en curioso desfile, constituía una variación detallada e interesante del Madrid de todos los días». 
Luis Araujo-Costa, autor de Hombres y Cosas de la Puerta del Sol (1952), en el capítulo donde habla del Hotel de París hace referencia a la visera, sin citarla, y a los personajes que la frecuentaban: 
«Abajo, el zurupeto, el cesante de la casa de los Miaus con el tacón comido, la vendedora de lotería, el mendigo, el hampón, el sablista, el pregonero y vendedor de baratijas que los franceses llaman camelot, el descuidero, el petardista, el que se calienta al sol». 
Además de esta colección de personalidades hubo otras, como los mozos de cuerda directores de la pintoresca agencia de colocaciones establecida en el puesto de periódicos de la visera. 
 
 
Agencia de colocaciones para el servicio doméstico 
Fácil era dar con el señor Bienvenido, Paco "el Troncho" y Salvador "el Charlot", mozos de cuerda e improvisados agentes de empleo que en la visera se les encontraba a cualquier hora del día y de la noche. En las siguientes fotografías podemos conocer a los citados. En la primera, a la izquierda, el veterano Bienvenido; en la segunda, al Troncho y al Charlot.
 
La agencia había sido fundada quizás antes de la inauguración del Hotel de París por otro mozo de cuerda, el señor Galo. Fallecido este, cogió la dirección el tal Bienvenido, acompañado en la gestión por los otros dos. 
 
 
Puesto de periódicos utilizado como oficina de la agencia en la visera de la Puerta del Sol

 
A diferencia de los mozos de cuerda convencionales, con sus uniformes raídos y sus cuerdas gastadas y sucias, estos tres lucían impecables, con raya en el pantalón, gorra de plato nueva y en su visera el reluciente número de matrícula que tenían registrado en la Dirección General de Seguridad. Esto, y la cuerda intacta, sin uso, colgada del brazo, demostraba que no daban palo al agua en su oficio. 
 
Los mozos de cuerda Paco "el Troncho" y Salvador "el Charlot"
 
Los flamantes directores se paseaban a la espera de la llegada de señoritas necesitadas de trabajo. Las ofertas de empleo eran variadas: colocaban cocineras, planchadoras, lavanderas, pinches, doncellas, niñeras… todo un abanico de posibilidades.
Las demandas provenían de los anuncios publicados en los periódicos que vendía en su puesto un tal Baltasar, seguramente adscripto a la agencia. 
 
A primerísima hora de la mañana los tres revisaban los tabloides y apuntaban las direcciones de los demandantes y el empleo que ofrecían. Después, a esperar la llegada de las cándidas mozas. 
En ocasiones era la propia muchacha la que daba información al decir que había dejado la casa de tal señora y buscaba otra. Los hábiles agentes, con mucho disimulo, apuntaban en un papelito el domicilio y sumaban así un puesto más a su lista. 
 
La agencia ya era famosa y llevar la recomendación de estos mozos de cuerda representaba plena garantía para ser aceptada en una casa. Las propias muchachas les hacían publicidad… gratis. 
 
 
El mozo de cuerda Bienvenido dialogando con las demandantes de empleo

 
Eso sí, nadie daba duros a pesetas. La comisión por facilitar un empleo se valoraba según el puesto. Generalmente cobraban la primera mensualidad percibida por la doméstica, pagada con prontitud, porque de no hacerlo así, ya no podían contar nunca más con la agencia. Si se retrasaba, los mozos se encargaban de buscarla para exigir el pago. 
El cierre de las negociaciones solía hacerse en una taberna de la calle de Alcalá, a la que la moza era invitada a un chato de vino, pero pagaba ella. 
 
Y la cosa no quedaba ahí. La agencia también tenía servicio de hospedaje. Si una muchacha había dejado una casa y andaba con su petate a cuestas, ellos se encargaban de averiguar si llevaba dinero; entonces, con el engaño de no disponer de una casa y un sueldo acorde a su valía, a la espera de un supuesto buen trabajo la hospedaban en una casa que tenían en el Puente de Segovia. Así lo ofrecían, con la escusa de que no anduviese por las calles como una cualquiera o yendo a parar a una casa de mala reputación. 
 
¡Menudos eran estos tres! El petate de la muchacha lo cargaban otros mozos de cuerda ayudantes de los agentes, a los que le pagaban la mitad de lo cobrado a la pobre inocente. Y en aquella casa de Carabanchel quedaba hospedada hasta que se le acababa el dinero. Entonces, y sólo entonces, los agentes le daban un papelito con las señas de su nuevo empleo. 
 
Así funcionaba la agencia de colocaciones de la visera de la Puerta del Sol, lugar hoy muy frecuentado por los entusiastas de la alta tecnología. 
 
Si arriba lució durante muchos años una botella de Tío Pepe, abajo destaca en la actualidad una manzana mordida.
 
 
 
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Bibliografía y Cibergrafía

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En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2021) "La visera de la Puerta del Sol, su estanco y la agencia de colocaciones", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

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viernes, 16 de agosto de 2019

Cuatro historias del Café Central. Madrid, 1884 a 2019.

El Café Central cumplió el 12 de agosto sus 37 años de vertiginosa vida. Ubicado en la plaza del Ángel, es uno de esos locales de jazz, pero de prestigio internacional y con solera, que aporta ritmo, luz y color a las noches madrileñas.

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ACTUALIZACIÓN

El 15 de abril de 2026 el Café Central dejará de existir en la Plaza del Ángel para renacer en el Ateneo de Madrid.
Así anuncia la dirección del local el "Funeral Resurrección de Jazz": 

"El próximo 16 de abril a las cinco de la tarde músicos, clientes, excompañeros y demás amigos están convocados a participar en una despedida abierta al público: un Funeral y Resurrección de Jazz que es, en sí mismo, un acto de transformación. Quienes lo deseen podrán sumarse, los músicos están invitados a acudir con sus instrumentos. Inspirado en la tradición de las marching bands de Nueva Orleans, el cortejo partirá desde la plaza del Ángel y recorrerá las calles hasta la nueva ubicación en la calle Santa Catalina. A través de la música, este ritual colectivo recogerá la energía, la historia y la memoria del viejo local para trasladarlas simbólicamente, liberando al Café Central de su vínculo físico con ese espacio y permitiéndole existir como proyecto vivo, desasociado y sin ataduras. Esa energía será depositada en el Ateneo donde el espíritu del Café Central será protegido, permitiéndole seguir creciendo".
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En 1991 ya era el octavo de Europa, según la revista Wire (Inglaterra), especialista en la materia, y uno de los cien locales del mundo donde se podía escuchar jazz de calidad, según la lista publicada en 2001 por la revista Down Beat (EE. UU.).

En 2005, la Academia de la Música le otorgaba el merecido Premio a la Difusión de la Música; y no era para menos, porque durante aquellos más de cuatro lustros habían pasado por los escenarios del pintoresco café grandes figuras del jazz nacional e internacional, además de otros géneros.

No hace mucho tiempo, el mítico café estuvo en peligro de desaparecer. Por fortuna no fue así y hoy podemos celebrar este aniversario con cuatro historias; la primera, asociada al lugar que ocupa; la segunda, por un estruendoso apercibimiento que la gerencia del Café Central hizo al programa Jazz entre amigos de Radio Televisión Española. La tercera, el recuerdo a Tete Montoliu en un momento difícil del Central, y la cuarta,  rememorando el trigésimo aniversario y el peligro de cierre.


1 - El elegante comercio de José Prat, antes de Eguidazu
Según los datos de Catastro, el edificio donde se encuentra el Café Central fue construido en 1880 y ocupa una superficie de 1229 m2 de parcela. Tiene acceso por la calle de Atocha, número 35 y por el número 10 de la plaza.




En abril de 1903 un comerciante abría las puertas del elegante comercio ubicado en la plaza del Ángel, número 11. Se trataba de don José Prat (1863-1932), muy conocido por el público madrileño al haber trabajado en el negocio del señor Ginés Pereantón.

Si bien el negocio de Pereantón estuvo destinado en la década de los 70 del siglo XIX al ramo textil, con tiendas en la calle Jacometrezo, 11; Tres Cruces, 8, y la Sociedad Pereantón Hermanos, también del ramo textil, en la calle del Pez, 17; en 1881 se embarcará en el negocio de la cristalería abriendo fábrica y tienda en la Cuesta de Santo Domingo, 1. Allí, José Prat adquirirá los conocimientos que le sirvan después para abrir su negocio en solitario.




Realizó Prat grandes modificaciones estructurales y de decoración en el local que desde 1884 había sido de Juan Eguidazu, comerciante de molduras alemanas, marcos, oleografías, cromos y grabados.




La tienda de Eguidazu era muy conocida por los artistas y la aristocracia madrileña; además, con mucha frecuencia se publicaba en la prensa la llegada de nuevas oleografías de motivos religiosos, al parecer muy demandadas y en ocasiones de venta por cupones en los periódicos.




El nuevo dueño continuará ofreciendo estos productos, además de extender el negocio al ramo de la cristalería, lunas y espejos. Después sumará las tarjetas postales y variedad de recuerdos de primera Comunión. Vivirá con su familia en el principal del edificio, justo encima de la tienda.

En aquellos tiempos el paisaje de la plaza difería mucho del que hoy conocemos. No existían los hoteles que flanquean las esquinas con la calle de San Sebastián y la plaza de Santa Ana. De hecho, donde se encuentra el hotel NH Collection Palacio de Tepa estaba la famosa relojería de Canseco; y antes de los almacenes Simeón (hoy hotel ME Madrid Reina Victoria), estuvo el Centro del Ejército y la Armada, en el edificio que había sido palacio de Montijo y de Teba.

Al poco tiempo, el negocio de Prat ya era uno de los más afamados de la villa y corte. Un reclamo publicitario aseguraba que ofrecía gran variedad «en gustos modernos, a precios sin competencia». Además, ostentará el título de proveedor de la Real Casa.




Los talleres estaban en la calle Olivar, número 22, donde se realizaban los biselados a máquina y la decoración de lunas y cristales en molduras nacionales y extranjeras.

Con respecto a la numeración de la calle no hay que sorprenderse. En aquellos tiempos, como muestra el siguiente plano comparativo, el 11 correspondía al actual número 10. Hacia octubre de 1921 cambiará de forma intermitente a número 12, conviviendo con el 11.




En 1906, con motivo de la boda de Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg, se colocaron en el escaparate de la tienda dos hermosos retratos de estos, ampliaciones iluminadas al pastel manufacturadas por la Sociedad artística internacional J. A. Richiardi, de Londres.






En 1925 abrirá otra tienda en la calle de Atocha, números 45 y 47 (misma parcela). Allí el negocio estará destinado a la venta de objetos de arte, porcelanas y cerámicas. Y en 1926 será punto de venta, anuncios y subscripciones para la Revista de las Españas, además de sumar otro tipo de productos distintos a la decoración.





Y tan conocido era don José Prat y su comercio que llegó a organizar un baile de Folie en el hotel Ritz. Las invitaciones, como es lógico, se repartían en su tienda de la plaza del Ángel.

Pero don José fallecerá el 18 de mayo de 1932, a los sesenta y nueve años.



Su hijo se hará cargo del emporio Prat y un año más tarde fundará la Sociedad anónima CRISTAL MADRID, con oficina central en el longevo comercio.






Allí se comercializó en los años 70 el cristal CRISTAÑOLA, producido por la Cristalería Española, S.A.; también el cristal de aislamiento térmico y acústico ISOVER, fabricado por La Veneciana, S.A.

La antigua cristalería cerrará sus puertas a principio de los 80. El 12 de agosto de 1982 reabrirá sus puertas como Café Central.

Se pueden contar por miles los conciertos que desde entonces viene ofreciendo este café orientado principalmente al jazz, pero por el que han pasado artistas de otros géneros musicales, todos ellos de gran importancia.


Fotografía antigua: https://www.juancato.es/madrid/cafes.htm




2 - Televisión Española en el Café Central
Esta es una de esas historias que son anécdota y así la cuento, como una de las tantas curiosidades que ofrecen los comercios madrileños.

En 1990 el Café Central ya presentaba artistas del jazz de fama internacional. El reconocimiento más allá de nuestras fronteras llegaba pronto; quizá por eso TVE quiso grabar allí un episodio del programa Jazz entre amigos, presentado por el desaparecido Juan Claudio Cifuentes («Cifu, para los amigos», como él mismo decía en su programa de radio).

Jazz entre amigos estaba dedicado íntegramente al jazz en todos sus estilos. Se emitía por la Segunda Cadena semanalmente y su duración era aproximadamente de dos horas.

La grabación, en directo, se realizó el 28 de mayo de 1990 durante la actuación de George Adams Quartet y se emitió el 13 de octubre.

Lo curioso es que Cifuentes comenzó el programa haciendo una crítica destructiva hacia el Café Central. En el siguiente vídeo de los archivos de RTVE podemos ver al locutor despachándose a gusto sobre la que para él fue una deplorable actitud por parte del local.





«¡Qué fuerte!», dirá el común de los mortales. Pero más estridente fue la respuesta del Café Central en un comunicado remitido a la prensa. Inserto la publicada en el diario ABC del 30 de octubre de 1990 [1], donde se dan las explicaciones pertinentes:




Se puede responder más alto, pero no más claro.
Considero que Cifuentes no estuvo acertado y, siendo tan sabio como era en temas musicales, la partitura que le dieron desafinaba bastante. Él era la cara visible del programa, por detrás estaban Javier Díez Moro (director, guionista y realizador), y Alejandro Ruiz Sanz (Productor), por eso no merece que se le cargue toda la culpa.



3 - Tete Montoliu y la crisis del 94
Muchos de los que tuvimos empresa allá por los años 90, nos encontramos con una crisis complicada de afrontar. Así y todo salimos adelante, como lo hizo el Café Central gracias a la valiosísima colaboración del afamado pianista Tete Montoliu.

El verano de 1994 se presentaba desolador, poca gente en las salas de conciertos y mucha en las terrazas. Esto, sumado a la situación económica, ponía en peligro el futuro del café.

Gerardo Pérez, fundador del Café Central junto con Miguel Ángel (Nanye) Blázquez, siempre recuerda aquel momento de estrecheces y cómo Tete Montoliu se preocupó por la supervivencia del café.

El mes de agosto del sofocante 94, Tete Montoliu, a piano solo, tocó todas las noches en el Central. El pianista catalán había rebajado el caché y su presencia allí representó un lleno absoluto durante cinco semanas, más la primera de septiembre.





«Tete tenía una forma especial de producir felicidad en el público. Teníamos el agua a la altura de la frente y él nos la puso por debajo de la nariz para que pudiéramos respirar», había dicho Gerardo Pérez en una entrevista para el diario El Mundo del 21 de abril de 2005 [2].

Destaco el sabio razonamiento de Nanye Blázquez en la misma entrevista:
«A veces Madrid se pone introspectiva, pero también es cierto que nosotros no sabemos hacer otra cosa. Dependemos del público: mientras tenga ganas de música, le prepararemos un concierto cada noche».



4 - 30 años de historia y amenaza de cierre
Muchos años han pasado desde aquellos conatos de destrucción. Primero por la difamación desde TVE; después, por la crisis de los 90.

El cambio de siglo traerá otro aniversario, pero también malas noticias. Si en 2012 celebraba su trigésimo aniversario con un cartel excepcional, dos años más tarde, en 2014, se conocía la noticia de su posible desaparición.

El 1 de enero de 2015 se cumplirían 20 años de la entrada en vigor de la Ley de Arrendamientos Urbanos (LAU de 1994) por la que se extinguían los contratos de renta antigua y sus prórrogas. Para la gerencia del Central aquello suponía el cierre inevitable por representar un esfuerzo económico difícil de afrontar. De pagar un alquiler de 5000 €, la cifra se disparaba a 12000€.

A finales de septiembre de 2014 se realizaba una petición al Ayuntamiento de Madrid a través de Change.org con la intención de evitar el cierre. Bajo el título de «Salvemos el Café Central», la plataforma consiguió 33.708 firmas.

Afortunadamente, por una laguna legal, el Central conseguirá sobrevivir por cinco años más. La disposición transitoria tercera de la ley recoge que cuando se haya realizado un traspaso del local entre 1985 y 1995, los plazos contemplados se alargarán cinco años.

Confiamos en que, pasado ese lustro, las condiciones continúen siendo favorables para el Central; porque la especulación no puede seguir afectando a los comercios que con denuedo han ofrecido tanto al madrileño y visitantes.

Continuemos disfrutando de su pintoresca terraza por las mañanas y tardes. Gocemos de los conciertos que ofrece el Café Central cada noche. Y, sobre todo, que no veamos desaparecer del paisaje urbano madrileño este local de 139 años, en el que la transparencia del cristal dio paso a la armonía musical.

Ubicado en el histórico barrio de Las Letras, no encuentro frase mayor para identificarlo que un párrafo de don Benito Pérez Galdós en el que dice de un tejido tan sutil como la seda:
...tejido armonioso, cuyas hebras menudas y rígidas producen cierto ruido argentino, como el que produciría una cabellera de cristal agitada por el viento...

 

Eduardo Valero García


Bibliografía y Cibergrafía

[1] Café Central (30 octubre 1990). Jazz entre amigos, o entre clientes. ABC-Espectáculos, p. 104 [Consultado el 30 de julio de 2019] Disponible en: http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1990/10/30/104.html

[2] SANCHIDRIÁN, Antonio. (21 abril 2005). Vivir el Cafe Central. El Mundo, pp. 16-17. [Consultado el 30 de julio de 2019] Disponible en: https://www.cafecentralmadrid.com/wp-content/uploads/2013/04/El-Mundo-Vivir-el-Caf%C3%A9-Central-21-de-Abril-del-2005.pdf

Otras fuentes de consulta:
Café Central

rtve.es


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