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sábado, 21 de febrero de 2015

El controvertido Carnaval de 1915

Hace cien años el Madrid pueblo celebraba las Carnestolendas con desfiles de carrozas allá por la Castellana y Recoletos, rindiendo culto al dios Momo con alabanzas a lo ridículo y grotesco. Al anochecer se iniciaba el desfile por la calle de Alcalá.
La flor y nata de la sociedad, la más postinera y aristocrática, se sumaba a los festejos carnavalescos construyendo estrafalarias e ingeniosas carrozas a las que un Jurado -en el que participaba el Ayuntamiento- otorgaba jugosos premios en metálico. Aquella flor y nata también organizaba esplendorosos y muy sonados bailes de máscaras en los salones aristocráticos, sin embargo, durante el Carnaval de 1915 brillaron por su ausencia.
"Ha pasado el Carnaval sin que en los salones aristocráticos haya tenido el menor eco. Con este motivo han exclamado muchas personas de sociedad:
—Es la primera vez que ocurre esto en Madrid en esta época.
Y tienen razón.
Aun en los años menos animados, menos brillantes, no faltó en la sociedad madrileña una fiesta, algunas fiestas de Carnaval. Los bailes de trajes, los banquetes, hasta algunos «bridges» con enmascarados jugadores hicieron siempre su aparición en los salones aristocráticos, con el contento y el regocijo naturales de cuantos a tales fiestas asistían, y hasta casas en las que no suelen abundar las reuniones en grande abrían sus salones en estas fechas en que impera la careta y el antifaz y en los que parece que hay la obligación de alegrarse.
Pero este año, en sociedad, el Carnaval ha pasado desapercibido; ni una fiesta, ni una reunión, ni un eco, cosa que la juventud ha considerado extremada.
"
[Heraldo de Madrid, 20 de febrero de 1915. Pág. 4]

Quizá esta falta de alegría en los salones postineros venía dada por la cuestión surgida en meses anteriores sobre si era conveniente celebrar el Carnaval. Debemos tener en cuenta que Europa estaba sumida en una triste y descarnada guerra, y el pensamiento de muchos era la supresión del festejo, al menos por solidaridad a las naciones vecinas.

EL ALEMÁN. -Ya voy estando harto de la careta que me ha regalado el Kaiser.
EL FRANCÉS.-Y yo de la que me ha puesto M. Poincaré.
[Semanario de la vida nacional ESPAÑA, 1915 Año I - Núm. 3]