lunes, 29 de febrero de 2016

La imprenta de Juan de la Cuesta y el Quijote

En el lugar que hoy ocupa la Sociedad Cervantina, aneja a la capilla del antiguo hospital de Nuestra Señora del Carmen, tuvo a bien producirse uno de los acontecimientos más importantes para la literatura española.
"Y habrá que renunciar a toda clasificación o definición y reconocer tan sólo que El Quijote, como es único en el momento de su concepción ideal, es también único en el acto de la determinación de su forma. Ni poema, ni novela, ni drama; lo que queráis: sólo un libro de caballería o su parodia, pero ese libro, esa parodia, es superior a todos los poemas, a todas las novelas, a todos los dramas, a todas las obras del arte de componer y escribir, que concibió hasta la presente hora el ingenio humano."
Enrique PÉREZ LIRIO, 1905 [1]


La imprenta de Madrigal
Madrid no fue villa famosa por sus imprentas hasta después del establecimiento de la Corte en 1561. Desde 1474 y hasta entonces, las ciudades donde se imprimían libros eran Valencia, seguida de Barcelona, Zaragoza y Galicia.

De las varias y famosas imprentas de la Villa y Corte hacemos referencia a la establecida en 1577, propiedad de uno de los mejores impresores madrileños del siglo XVI, D. Pedro de Madrigal. En su taller se imprimían libros en latín y castellano.

A diferencia de otros impresores, que se aglutinaban en la barriada de Santiago, Madrigal se instala un poco más allá del arrabal de Santa Cruz, por la calle de Atocha y cerca de la Plaza de Antón Martín.



Al momento del fallecimiento de don Pedro el negocio estaba tasado en 13.304 reales. La viuda, doña María Rodríguez de Rivalde, y su hijo Pedro regentarán la imprenta con buenos resultados.
Casualidades de la vida, doña María se casará en segundas nupcias con Juan Iñíguez de Lequerica, impresor afincado en Madrid en 1583 y proveniente de Alcalá de Henares.
En 1599 ingresa en la imprenta D. Juan de la Cuesta, lo hace como oficial de taller.


Juan de la Cuesta
Como hemos dicho, Juan de la Cuesta ingresa en la imprenta de Madrigal en 1599. En noviembre del mismo año se asocia a la Cofradía o Hermandad de los impresores de Madrid.
Al poco tiempo ya tiene amplios poderes sobre la imprenta y pasa a regentarla; dos motivos le llevan a ello, el interés por su trabajo y la relación familiar con una hija de la viuda de Madrigal, con la que se casará en 1602 y tendrá dos hijos.

De la Cuesta se especializará en la impresión de libros didácticos, de enseñanza primaria, aunque también imprimirá obras de Lope de Vega, Hurtado de Mendoza y Juan de Aranda, entre otros.

Como aparece en la primera edición del Quijote, y demás publicaciones de Cervantes y otros, se utilizará la marca del impresor Madrigal (un halcón y el león dormido), introducida por este pero utilizada también por otros impresores.



Al parecer, en 1607, de la Cuesta abandonará la imprenta por temas financieros. Algo que podemos deducir de los datos publicados en un artículo del Heraldo de Madrid [2], donde se cuentan al menos nueve oficiales, entre cajistas o componedores, correctores y prensistas, a los que la imprenta les debe dinero.

Sin embargo su nombre continuará figurando en el taller durante veinte años más. Prueba de ello puede ser la misiva enviada aparentemente a Juan de la Cuesta por Cervantes poco antes de morir, solicitando entregase un ejemplar del Quijote.

"[Nota de Miguel de Cervantes a Juan de la Cuesta, pidiéndole que entregue un ejemplar del Quijote al portador de la misma, Madrid, 9 marzo 1616]"
© BNE-BDH
Signatura: CERV.SEDÓC/130/2
Posiblemente falso autógrafo
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 CERVANTES IV CENTENARIO
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325


¿Conoció Cervantes a Juan de la Cuesta?
Don Miguel de Cervantes Saavedra, vecino de la zona, con la intermediación del editor Francisco de Robles, confiará el original del Quijote a uno de los pocos impresores que sobrevivían en la Villa.
Era el año de 1604 y las imprentas no pasaban por su mejor momento; la Corte se había instalado en Valladolid y el trabajo escaseaba.

Pudo ocurrir que Cervantes se acercase alguna vez a la imprenta y echase algún discurso con Juan de la Cuesta. Suena pintoresco, incluso probable, más es posible que el impresor sólo conociese a Francisco Robles.
Pero lo cierto es que, conociendo a uno, otro, o a ambos, Juan de la Cuesta tuvo el honor de imprimir la primera edición o edición príncipe del Quijote de Cervantes.


Consejo de Castilla
Antes de hacer realidad la impresión, el manuscrito de la obra El Ingenioso Hidalgo Don Quixote de La Mancha pasará por los censores del Consejo de Castilla, que la aprobarán. Luego será rubricada página por página por el escribano Juan Gallo de Andrada. El secretario Juan de Amézqueta despachará el privilegio real con fecha 26 de septiembre de 1604.
Con este privilegio el autor, o quien tuviese los derechos, podía editar la obra en el reino de Castilla, en un lugar y por un tiempo determinado. En el caso del Quijote fue de diez años.


Impresión del Quijote
El taller de Juan de la Cuesta recibirá el original a finales de 1604. Apremiaba el tiempo, quizá por eso la primera edición esté llena de fallos y su calidad sea baja.

En poco tiempo debieron imprimirse entre 1500 y 1750 ejemplares, correspondientes a los 83 pliegos que conformaban la obra.

Teniendo en cuenta que la fe de erratas fue firmada en Valladolid el 1 de diciembre, mediaron poco más de dos meses para realizar la impresión. De esta fe de erratas hablamos más abajo.

Aunque seguramente no sean todos, o alguno no haya participado en esa impresión, estos son los nombres de quienes supuestamente trabajaron para el Quijote:

Regente: Juan de la Cuesta.
Corrector: Juan Álvarez.
Cajistas o componedores: Pedro Ropero (el Viejo), García Martínez, Juan Bernal, Bartolomé de León, Mateo Martínez, Juan Leal, Francisco Ropero (el Mozo) y Luis Rodríguez.
Prensista: Francisco Sánchez.
Fundidor de letras: Francisco Robles.


Valladolid, 1604. Madrid, 1605
Don Francisco Rico [3], estudioso de la obra de Cervantes, indica que a finales de 1604 se imprimieron unos pocos ejemplares en Valladolid.
Como hemos dicho, la fe de erratas fue firmada por Francisco Murga de la Llana en Valladolid el 1 de diciembre de 1604, lugar donde se había establecido la Corte y donde se debía expedir la tasa.

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Firma la tasa Juan Gallo de Andrada el 20 de diciembre de ese año.

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Se imprimen entonces en algunos ejemplares que el editor había llevado a aquella ciudad. El encargado de realizar esa impresión fue Luis Sánchez en su taller vallisoletano.

En Madrid se imprime poco después, incluyéndola en el folio de la portada. Por tal motivo siempre figurará el año 1605.

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El Quijote de la BNE
Un ejemplar de la primera edición se conserva en la Biblioteca Nacional de España con la signatura Cerv/118.
De forma interactiva se pueden recorrer sus páginas, algo que recomendamos para viajar en el tiempo hasta el inicio de esta historia.

http://quijote.bne.es/libro.html?pagina=1-000




La imprenta hoy
Cuatrocientos años han pasado de aquel acontecimiento. Fácil es imaginar a unos artesanos realizando su faena con el interés propio de la debida atención al trabajo. Quizá no existió ninguna curiosidad por lo que estaban realizando o se mofaron en ocasiones por lo que tenían en las manos.

No sabemos en qué ambiente se fue imprimiendo la obra culmen de Cervantes, más en aquel rincón de un Madrid antiguo, con letras "atanasia" de cuerpo 12 y sobre papel del Monasterio de El Paular, vino a la vida el ingenioso hidalgo.

Todo aquello ocurrió en la calle de Atocha (hoy número 87), donde una lápida lo recuerda. Fue colocada el domingo 7 de mayo de 1905 para conmemorar el tricentenario de la publicación del Quijote. La realizará el escultor Lorenzo Coullaut Valera, quien años más tarde será elegido para construir el monumento de la Plaza de España.

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Hojas Selectas, 1906
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Dice en la lápida:
"Aquí estuvo la imprenta donde se hizo, en 1604, la edición príncipe de la primera parte de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, escrita por Miguel de Cervantes Saavedra, y publicada en Mayo de 1605—Conmemoración MDCCCCV"

Y es hoy el lugar donde se levanta la Sociedad Cervantina, institución creada en 1953 por iniciativa de D. Luis Astrana Marín, con el apoyo entusiasta de grandes personalidades del momento. Allí se conserva una copia exacta de la imprenta de Juan de la Cuesta.

La Sociedad Cervantina invita a conocerla. Si lo deseas puedes obtener más información sobre tarifas y reservas llamando al teléfono 91 420 34 37 (también en el 618 82 39 36) o en el mail imprenta@sociedadcervantina.es. [Fuente: Sociedad Cervantina]


La serie El Ministerio del tiempo recrea esta noche el Madrid de Cervantes y la culminación del Quijote, obra que correrá peligro por las malas artes de personajes ficticios.

Nosotros viajamos un poco más cerca, a los comienzos del siglo XX, para obsequiaros con una preciosa estampa realizada por Gaspar Camps para el número especial de la revista La Ilustración Artística de 1905, dedicado al tricentenario de la publicación de la edición príncipe de El Ingenioso Hidalgo Don Quixote de La Mancha.  

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Bibliografía

[1] Pérez Lirio, Enrique (1905) III Centenario de la Impresión de "El Quijote". Discurso pronunciado en el Teatro de Cervantes de Málaga. Málaga. Tipografía La Moderna.

[2] El arráez Maltrapillo. La imprenta madrileña en tiempos de Cervantes. Heraldo de Madrid. Madrid, 1905. XVI (5.278), portada.

[3] Rico, Francisco (1998) Don Quijote de La Mancha. Edición del Instituto Cervantes. Barcelona. Instituto Cervantes, Crítica, p. 194

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2016) "La imprenta de Juan de la Cuesta y el Quijote", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.


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ISSN 2444-1325
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lunes, 22 de febrero de 2016

Las Beatas y Antonio Grilo, calle de asesinatos y truculentos sucesos

Las calles de Madrid estaban solitarias y oscuras, porque ya habían dado las once y media de la noche del 7 de Noviembre de 1760.
El frío era intenso.
Envuelto en la sombra, con pasos silenciosos como un fantasma, deslizóse un bulto por la calle de las Beatas, volviendo luego á la izquierda y tomando por la travesía del mismo nombre.
” [1]

Así comienza la obra de D. Ramón Ortega y Frías “Honor de esposa y corazón de madre”, capítulo I, “Entre sombras”.

Estos misteriosos párrafos donde se cita la calle de las Beatas –hoy Antonio Grilo-, avivan nuestra curiosidad al ser arteria madrileña muy antigua y famosa por los terribles acontecimientos que acompañan a su historia.

Advertimos que mucho ocurrió en esta calle desde tiempos lejanos. Asesinatos, suicidios, accidentes, incendios y toda clase de sucesos truculentos -incluso algunos graciosos, pero los menos-. De estas oscuras historias se ha contado mucho y nosotros aportaremos otras igual de escabrosas que, si no erizan los pelos, nos hacen reflexionar sobre el mal fario de tan antigua vía madrileña.


Primitiva calle de las Beatas
Texeira la dibuja con maestría en su plano topográfico de 1656. Discurre entre la calle Ancha de San Bernardo y la del Álamo, identificando con el número XXII el que fuese Convento de San Norberto de los religiosos Premostratenses (léase en madrileño: “Mostenses”), fundado en 1611 por los padres canónigos de aquella congregación.

© Archivo HUM
Fragmento Plano Topográfico de Texeira, 1656
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-001 BEATAS-GRILO
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En sus terrenos se erigía la preciosa iglesia dedicada a San Norberto que en 1754 tuvo a bien reedificar Ventura Rodríguez. En los archivos de la Fototeca del Patrimonio Histórico (Ministerio de educación, cultura y deporte) se conserva la fachada dibujada por el insigne arquitecto.

"[IGLESIA DE SAN NORBERTO: FACHADA]"
© mcu-IPCE-FPH
Archivo MORENO
Signatura: 35599_B
Ventura Rodríguez
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Aquel espacio será más tarde Plaza de los Mostenses y allí se instalará en 1875 el Mercado homónimo.

Mercado de la Plaza de los Mostenses
Fotografía publicada en La Revista Moderna (1899)
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La amplia manzana queda identificada en el Plano de la Villa y Corte de Madrid (1800), de D. Juan Francisco González, Fausto Martínez de la Torre y Josef Asensio, con el número 509, donde antes de los Premostratenses dicen estuvo situado el beatario de Santa Catalina de Sena, de las terciarias de Santo Domingo.

Manuel Fernández y González afirma en 1880 que el beatario estaba en la manzana 510 y que aquellas eran beatas servitas del Santísimo Sacramento.

Sean unas u otras conclusiones, de ahí nos llega el nombre de la vía, que hacía de línea divisoria entre dos barrios, el de el Rosario y el de la Plazuela del Gato, correspondiendo ambos al “Quartel de Afligidos”.


Vecinos
Fue en sus comienzos una zona apartada, alegre y de aire sano, muy frecuentada por nobles y gente adinerada que comenzaron a construir algunas casas. Las comodidades de estas quedan patentes en el siguiente aviso:


Poco a poco las Beatas se va poblando y en ella se instalan varios artesanos y comercios.
En 1763, cuarenta y cinco años antes de la llegada de los franceses, ya había alguno de ellos viviendo en esta calle.
En la casa de un cuchillero o cerrajero se había instalado un francés con habilidad en el dorado de todo tipo de objetos en madera, como retablos, marcos, espejos, etc. Lo mismo hacía en las tapicerías que tuviesen oro o plata, en vestidos, galones, y también en pinturas finas, dejándolo todo como nuevo.
En el número 13 de la calle, frente a la casa del Maestro de Coches llamado Hilario Moreno, se había instalado otro hijo de Francia que ejercía de peluquero de señoras. Tenía por vecino a un Charolista.

En esta calle también vivía D. Ambrosio Moreno, propietario de cinco telares con los que fabricaba medias de seda.
Y en 1786 tenía su consulta D. Pedro Antonio Colomer, cirujano oculista, con muchos logros en su haber. El tal Colomer había operado con éxitos a muchos enfermos de cataratas.

El siguiente anuncio es ejemplo de la variedad de profesionales que habitaban esta calle:
En la calle de las Beatas, frente a un cuchillero, detrás de los Mostenses, casa n. 11, quarto tercero de mano izquierda , hay un sastre que echa cuchillos á calzones, y otras piezas sin que se conozca , siendo de paño, y de telas de verano , y asimismo vuelve vestidos, enmendando su corte, sino estuviese bueno.

Ya en el siglo XIX la industrialización de la calle va en aumento; se instalan nuevos negocios, como la fábrica de cuerdas ubicada en el solar del convento Premostratense, donde también funcionaba otra de velas de sebo, ambas expropiadas en 1836.

En 1831, D. Santiago Aparicio de Nieva, que vivía en la casa número 9, cuarto principal, vacunaba a las diputaciones de caridad de los barrios de San Marcos, Afligidos, Guardias de Corps y Monserrat.

El Mercado de Santo Domingo será trasladado a la denominada Plaza de los Mostenses. Al respecto dirá El Clamor Público del 28 de noviembre de 1848:


En el número 10, cuarto principal, de esta calle vivía en aquellos tiempos D. Antonio Urquina, editor de “La Biblioteca Predicable” y el “Prontuario de Teología Moral para uso de los señores sacerdotes y examinandos”. Los tomos de estas publicaciones se vendían en la propia casa del editor y en las librerías de Monier, Matute y Villa.
En el número 14, cuarto principal, se instalará hacia 1859 la redacción y administración de la publicación “Escenas Contemporáneas”.
En el número 12 se instalará la imprenta de J. E. Morete, en la que se imprimían la revista “El Artista”, el periódico “El Pabellón Nacional”, entre otras publicaciones. Estuvo allí hasta bien entrado el siglo XX.

Y así podríamos seguir enumerando muchos más negocios y, claro está, las casas “non santas” de “mujeres de vida airada”, tabernas, fondas, lugar de reuniones secretas, pensiones y hasta una academia de música y el baile público “La Amistad”.


Malos presagios
Entre las manzanas 509 y 510 se abría una corta travesía que llevó el nombre de “Aunque os pese”. Más tarde, y relacionada con historias de amoríos de D. Rodrigo Calderón, valido del duque de Lerma, esta travesía pasará a llamarse “Sal si puedes”.




Entre la manzana 510 y 498, discurría otra travesía llamada igualmente “Aunque os pese” (visible en el plano de Texeira), cuyo nombre viene, según Pedro de Répide, de una contienda sobre el derribo de un molino que allí había.
Estas dos manzanas lindaban a su vez con otra travesía llamada “Enhoramala vayas” (en la actualidad Travesía de la Parada), y cuyo nombre viene también de otra contienda.

Aunque os pese”, “Sal si puedes”, “Enhoramala vayas” son, sin duda, nombres que parecían augurar malas sombras para la zona.

Y así ocurrió. A mediados del siglo XIX la calle se convertirá por las noches en terreno no seguro. Abundaban los robos y de vez en cuando aparecía algún muerto en las inmediaciones de la plaza o gravemente herido por arma blanca.

Un sábado por la noche, en el año de 1860, fueron perpetrados varios robos. Los cacos recorrieron la calle de las Beatas y en un santiamén limpiaron tres casas de la misma acera. Al salir de la última fueron cogidos y sus planes de seguir robando se frustraron. Acabaron en el Saladero.


Primeros casos desgarradores
Los hay muy antiguos, muchos de ellos ya mencionados, más este que contamos es desgarrador.
La mañana del 10 de octubre de 1854 una multitud contemplaba el cadáver de una criatura recién nacida que yacía en plena calle. Todo hacía suponer que había sido abandonada durante la madrugada, entendiendo los vecinos que, al no oír llantos, el bebé ya estaba muerto en el momento de dejarlo.

El 25 de julio de 1874 un joven sacerdote, en traje seglar, se aferraba a los barrotes del balcón de un cuarto principal y luchaba con unos que trataban de meterlo al interior de la vivienda. El sacerdote gritaba pidiendo auxilio, indicando que aquellos querían matarle “privándole del aire”. Se trataba de Isidro Ceca, capellán del duque de Medina-Sidonia, que había sido detenido días atrás y llevado al Saladero como sospechoso de “inteligencias carlistas”. Se le había condenado al exilio.


Calle peligrosa
Las industrias modernas provocaban no pocos incendios, algunos con trágicos resultados. Por eso se pedía al Ayuntamiento que llevasen lejos de allí las carbonerías, tahonas y empresas que trabajaban con aceites minerales y gas-Mille, sustancias peligrosamente inflamables.

El 14 de septiembre de 1868, a las siete de la tarde, se iniciaba un incendio en la tienda del número 6. Un depósito de aceite mineral se inflamaba produciendo un gran fuego que se propagó al edificio colindante. Toda la tienda quedó reducida a cenizas.

Uno de los dependientes, completamente abrasado, fue rescatado por el conde de Toreno y trasladado a la Casa de Socorro del primer distrito y desde allí, inmediatamente, al hospital de la Princesa. Por su parte, el hijo del marqués de Villamagna rescató a una señora casi asfixiada que vivía en el piso segundo de la misma casa.
A las nueve de la noche quedaba sofocado el incendio, después de un complicado trabajo de los “mangueros” y las autoridades. El mismísimo gobernador de la provincia se presentó en el lugar del siniestro.


Ramón Chíes vs. Antonio Grilo
Quizá con la intención de eliminar el mal fario de las Beatas, se intenta cambiar el nombre a la calle por el de un vecino ilustre que había vivido allí desde 1883, D. Ramón Chíes, periodista, escritor y político republicano.
Chíes había fallecido el 15 de octubre de 1893:



En sesión del día 20 algunos concejales solicitaban se hiciese aquel cambio. Comenzaba entonces un largo proceso en pro y en contra de esa idea, llegando a decir un concejal que nadie conocía a Chíes pero todos sabían lo que era una beata. Recordemos que Chíes era anticlerical y ateo.

Por fin, después de tanto coloquio, en 1899 se decide ponerle el nombre de Antonio Grilo, que también había vivido en esa calle, exactamente en el número 24.
Cuando a Grilo se le preguntaba dónde vivía respondía: “-En la calle de las dos docenas de beatas.

Antonio Grilo fue un poeta cordobés muy relacionado con las clases influyentes, lo que le acercó a la familia Real, llegando a recibir una pensión vitalicia de Alfonso XII y el pago de los gastos de su libro “Ideales”, costeados por Isabel II.


Sucesos de la calle ahora llamada de Antonio Grilo
Durante un tiempo la Prensa continuó llamado a la de Grilo calle de las Beatas. Quizá por eso continuaba el mal fario en la enturbiada vía madrileña.

Niño martirizado
© Archivo HUM
En la casa número 12 de Antonio Grilo vivía una familia con cinco hijos y, según el decir de los vecinos, uno era martirizado por sus padres, teniéndole encerrado en una boardilla a pan y agua.

Doña Manuela Fernández Montero, vecina de la casa, puso una denuncia en la Delegación del distrito de Palacio; entonces se procedió a averiguar qué estaba ocurriendo.

Al momento del rescate, el pobre niño, llamado Agustín, de dieciséis años, se encontraba en un estado lamentable. Estaba escuálido y pesaba no más de dieciocho kilos.

La autoridad decidió que la pobre criatura ingresase en el Asilo de la Sociedad protectora de niños desamparados de la calle Bravo Murillo. Por su parte, el padre y la madrastra pasaron a disposición judicial y fueron llevados a prisión por malos tratos.

Los hechos ocurrieron en agosto de 1901 y fueron publicados en la revista Vida galante del 16 de agosto de aquel año. Acompañaban a la triste imagen del niño dos fotografías de la casa y boardilla donde había estado recluido.

© Archivo HUM
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-001 BEATAS-GRILO
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

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“El Sargento Español”
En el número 8 de Antonio Grilo fueron sorprendidos un grupo de quince sargentos de todas las armas del ejército. El escándalo ocupó las páginas de todos los periódicos al entenderse que se trataba de una confabulación. Nada más lejos de la realidad; lo cierto es que el director del periódico “El Sargento Español”, Sr. Manuel Pérez Hernández, se había reunido con estos mandos en busca de ayuda financiera para la continuidad del tabloide después de tres años de vida. Los sargentos acabaron en prisiones y el tal Pérez Hernández sometido a Consejo de Guerra. En aquel edificio se encontraba también la redacción de “La Correspondencia Militar”.
Estas cosas también ocurrían en aquella calle, y esto aconteció en 1907.


Asesinado en la esquina
El panadero Ángel Gómez Castillo fue asesinado poco después de las diez de la noche en la esquina de la calle Antonio Grillo con San Bernardo. Un colega del gremio llamado Daniel Yagües le atacó por la espalda, clavándole un cuchillo de grandes dimensiones en el cuello. Los hechos ocurrieron la noche del 2 de marzo de 1915.
Ese tipo de asesinatos eran habituales en las calles madrileñas, pero desde siglos atrás se repetían con frecuencia en la calle que había sido de las Beatas.


Niño descuartizado
En enero de 1926 se investigaba un macabro suceso. Se habían encontrado restos de un niño descuartizado en la zona. Primero se halló la cabeza en la calle San Cipriano y poco después el cuerpo sin extremidades en la calle de Castro. Poco más tarde aparecían los primeros rastros de sangre en la Plaza de Mostenses, esquina con Antonio Grilo, que llevaron a los investigadores hasta la travesía de las Beatas, donde fue encontrado un trozo de jubón ensangrentado. Todo hacía suponer que el asesinato se había perpetrado en esa travesía y calle Grilo.

LA NACIÓN, 28 de enero de 1926


La casa de Jauja
El fotógrafo Díaz Casariego retrataba en 1930 el estado en que se encontraba aquella casa que antes mencionamos como del niño martirizado (Antonio Grilo, 12).
Los vecinos llevaban más de quince años sin pagar el alquiler ante la ausencia de dueño de la finca.

Al parecer, en 1914 había muerto un sacerdote en una habitación de la casa, la que da al balcón que vemos a la izquierda (segunda planta), del que se decía era el dueño o administrador.
Desde entonces cada vecino ocupó las mejores habitaciones de la casa y con patada en la puerta se instalaron otros nuevos.
Nadie pagaba alquiler, ni contribución, ni nada, lo que llevó a que el edificio fuese llamado “Casa de Jauja”. Y para no ser menos, el inquilino del local de la derecha, no tuvo mejor ocurrencia que poner a su comercio el título de “El sol sale para todos”.

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Suicidio
Claro que no todo era alegría en la casa número 12.
Ese mismo año doña Dolores Gómez Ruz, de cincuenta años, puso fin a su vida arrojándose desde el balcón interior de la segunda planta que daba al patio. ¿Quizá las malas influencias del fantasma del sacerdote la hicieran tomar esa decisión?
No, la desesperación por una grave enfermedad y la falta de recursos la empujaron a tan terrible final.
El trágico suceso fue publicado en el Imparcial de 11 de noviembre de 1930.



Un derrumbe
La madrugada del 23 de noviembre de 1933 se desplomaba el edificio de dos plantas del número 14. La casa se encontraba en mal estado y llevaba denunciada desde el año 1899. En ella habitaban siete vecinos que quedaron con lo puesto aquella mañana. [LA VOZ de ese día]

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En 1989 le tocará a la casa del número 6. La noticia fue publicada en el diario ABC del 23 de febrero de aquel año.

ABC, Madrid. Jueves, 23 de febrero de 1989


Antonio Grilo, número 3
Quizá sea esta casa la más famosa pero, como hemos visto, no el único sitio donde ocurrieron macabros sucesos.

Apacible edificio que una vez ocupara D. Ramón Dueñas, maestro solador, que participó en las obras del Centro del Ejército y la Armada de la Gran Vía. La modista del principal izquierda y los huéspedes que se admitían en su casa, que debían ser caballeros. Un profesor de árabe vulgar que impartía clases en academias y a particulares. El oficial retirado Sotero Utrilla. Aquella señorita de compañía con buenos informes que quería colocarse. Y Mercedes Figuerola, que entretenía los días participando en los concursos de la revista Buen Humor.

¡Lo contentos que estuvieron los vecinos cuando en 1918 les instalaron alumbrado eléctrico!

Tantas personas que a lo largo de casi tres siglos vivieron en la antigua y moderna casa cuya fama era intachable… Hasta que llegó el año de 1945


Los asesinatos más conocidos
Volver a hablar de los más famosos asesinatos, tan comentados en blogs, visitas guiadas y programas de televisión, implicaría citar a todos ellos. Por tal motivo hemos preferido centrarnos en los titulares de la Prensa.

1945
La primera de las noticias corresponde al Diario ABC del 9 de noviembre de 1945, año en que las desgracias se apoderaron de la casa. Así se titulaba:

"SUCESOS EN MADRID
APARECE EL CADÁVER DE UN HOMBRE
ASESINADO EN CIRCUNSTANCIAS
EXTRAÑAS"

Entre el día 7 y 8 de noviembre debió ser asesinado  D. Felipe de Braña Marcos, de 48 años de edad y profesión camisero. Su cuerpo fue encontrado por la sirvienta y el hermano de la víctima, sentado encima de la cama y apoyado a la pared, vestido, con la cabeza ensangrentada y un mechón de pelo en la mano. Todo hacía suponer que hubo lucha y que había muerto por un fuerte golpe en la cabeza causado por un martillo o una porra.

1962
Así titulaba la noticia del asesinato acontecido el 1 de mayo de 1962 el periódico LA VANGUARDIA del día siguiente:

"UN DEMENTE MATA A SU MUJER Y A SUS CINCO HIJOS Y SE SUICIDA
Poco antes de quitarse la vida, el parricida manifesté
a la policía que su familia «descansaba feliz». 

Se trata del famoso crimen del sastre José María Ruiz Martínez, de 45 años, quien mató a su mujer y a sus cinco hijos con un martillo y un cuchillo de cocina. Más tarde el parricida se pegó un tiro.
Aquí queda el recuerdo a Dolores Bermúdez Fernández (40), Dolores (14), Adela (12), José María (10), Juan Carlos (5) y Susana (2), esposa e hijos del sastre.

Esto que hemos contado y algunos casos más los narra con su simpatía habitual Miriam Cano, de Carpetania Madrid, en el siguiente vídeo de Telemadrid.





Nosotros acabamos aquí, conscientes de que este recorrido por la historia de una funesta calle debe ser eso: historia, y no leyendas ni cuentos de fantasmas. Todo lo narrado es cierto; algunas noticias quedan en el tintero para ser rescatadas de su olvido con el respeto merecido.

Esperamos haberos hecho ameno el recorrido.

Bibliografía

[1] Ortega y Frías, Ramón. Honor de esposa y corazón de madre. Madrid. Saturnino Calleja, 1925-1926. Consultado el 20/02/2016 en http://www.bibliotecavirtualdeandalucia.es/

[2] Noticias generales. Anoche a las siete se inflamó el aceite. La Época. Madrid, 1868. Año XX (6.368), p. 3

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2016) "Las Beatas y Antonio Grilo, calle de asesinatos y truculentos sucesos ", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.


© 2016 Eduardo Valero García - HUM 016-001 BEATAS-GRILO
ISSN 2444-1325
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viernes, 19 de febrero de 2016

Ramón. Cochecito de paseo de la Plaza de Oriente

Mientras el 16 noviembre de 1933 los políticos hacían campaña electoral, don Ramón Gómez de la Serna se centraba en los carros que paseaban a niños por la plaza de Oriente.
Ochenta y dos años, tres meses y tres días después, este 19 de febrero de 2016, los políticos intentan formar Gobierno, la plaza tiene otra fisonomía y los carritos sólo son recuerdo de pasadas infancias.

Reproducimos las palabras de "Ramón", publicadas en LUZ bajo el título "El cochecito circunvalante" [1], coincidiendo con la serie de fotografías y grabados publicados de la plaza y estatuas


© Archivo HUM
Grabado de A. Soler, sobre un dibujo de Méndez Bringas.
Revista La Ilustración Nacional, 1893.
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 RAMÓN
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325



Acompaña al texto una fotografía tomada por Rawics. Entrañable estampa de la feliz infancia, truncada poco después por la necedad humana.

© Archivo HUM
Fotografía de Rawics
LUZ, 1933
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 RAMÓN
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

A la siguiente fotografía del carro tirado por un borriquillo, sumamos otra de la fuente que cita Ramón. Sólo unas breves líneas donde recuerda a los leones de bronce que la custodian y que forman parte del conjunto escultórico dedicado al rey planeta.

© Archivo HUM
Fotografía Alfonso o Cortés (?)
La Esfera, 1924
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 RAMÓN
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

"[Madrid] Plaza de Oriente y estatua de Felipe IV"
© mcu-IPCE-FPH
Archivo LOTY
Signatura: LOTY-00182
(Entre 1927 y 1936)
(Finales siglo XIX o principios del XX)
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 RAMÓN
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325


Bibliografía
[1] Gómez de la Serna, Ramón. El cochecito circunvalante. LUZ. Madrid, 1933. Año II (582) p. 6

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2016) "Ramón. Cochecito de paseo de la Plaza de Oriente", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.


© 2016 Eduardo Valero García - HUM 016-002 RAMÓN
ISSN 2444-1325
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jueves, 18 de febrero de 2016

Fototeca. Las estatuas de la Plaza de Oriente


En nuestro grupo de facebook hemos publicado una serie de fotografías de la antigua fisonomía de la Plaza de Oriente. También se ha publicado un grabado de 1893 que representa el paseo en carro que se daba a los niños alrededor de la plaza y que se llamó "Paseo de las estatuas"; atracción que fue costumbre hasta bien entrado el siglo XX.
"—Mira, sobrino—me respondió entonces el de Horche, volviéndose a parar violentamente en medio de la acera—. No quiero ver el Museo de Pinturas porque dudo de la autenticidad de la mayoría de los cuadros que encerráis en ese edificio. Tampoco me lleves a contemplar las estatuas de la plaza de Oriente como dicen que las contemplan los paletos andariegos. Son figuras antiartísticas, indignas de la capital de España. [...] Y no me enseñes las efigies principales que hay en los paseos y plazas de la Corte, pues te voy a preguntar por qué no habéis levantado otra porción de ellas de hombres realmente grandiosos y eminentes, y no vas a saber qué contestarme." [1]

Llaman la atención al espectador de hoy las dos fotografías que veremos a continuación. De las estatuas de la segunda imagen hablaremos, prescindiendo de las historias y leyendas ya conocidas sobre ellas.


© Archivo HUM
Fotografía de Alfonso o Cortés (?)
La Esfera, 1924
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 FOTOTECA
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

"[PALACIO REAL. PLAZA DE ORIENTE]"
© mcu-IPCE-FPH
Archivo MORENO
Signatura: 0465_C
(Finales siglo XIX o principios del XX)
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 FOTOTECA
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

Como podemos apreciar, una verja rodeaba todo el perímetro del monumento a Felipe IV y zona ajardinada. En la parte exterior cuarenta regias estatuas rodeaban la plaza. Las esculturas de los reyes godos y astures custodiaban el precioso conjunto, acompañados a su vez por frondosos árboles que deslucían la visión de tan majestuoso entorno.

"MADRID- Vista de la plaza de Oriente"
© mcu-IPCE-FPH
Archivo RUIZ VERNACCI
Signatura: VN-27995
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 FOTOTECA
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325


En 1905, tres años después de tomarse la siguiente fotografía, la plaza se encontró abarrotada de multitudes luciendo estandarte de cada una de las comisiones allí presentes. La plaza era el punto de encuentro y partida de la manifestación que desfiló hasta la Biblioteca Nacional para rendir homenaje al insigne D. José Echegaray. Desde los balcones del Palacio la familia real presenció la masiva marcha. Cuentan las crónicas que mucha gente se encaramaba a los árboles y a las cabezas y torsos de las estatuas. Ocurrió el 19 de marzo de aquel año.

"Madrid. Plaza de Oriente. 1902"
(Fragmento de positivo estereoscópico)
© mcu-IPCE-FPH
Archivo ARCIMIS
Signatura: ARC-0381
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 FOTOTECA
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

Así fue su fisonomía hasta que en 1909 la zona comenzó a hundirse y las estatuas mostraron cierto grado de inclinación. En su subsuelo confluían las aguas de los Caños del Peral, el arroyo de la Encarnación y el del Arenal, que, a pesar de los rellenos con tierras echadizas, fueron buscando su cauce, socavando y desplazando el terral.

Pero el detonante vino del terrible hundimiento frente al Palacio Real, en la puerta del Príncipe, que sacó a la luz las catastróficas consecuencias de una rotura de las tuberías del Canal de Isabel II. Ocurrió en marzo de 1910

Así lo había explicado un técnico en un reportaje de La Correspondencia de España del 29 de marzo de aquel año:



Por su parte, el alcalde de entonces, Sr. José Francos Rodríguez, dejaba claro la gravedad de la situación y el peligro que suponía una plaza que se hundía poco a poco y en la que se abrían grandes socavones sin previo aviso.


Sin ser estos acontecimientos los que cambiaron la fisonomía de la plaza, al menos propiciaron los trabajos de mejora que fueron practicados.

Para que nos hagamos una idea del estado de plaza y estatuas, nada mejor que la opinión de un protagonista, un paseante del Madrid de 1910:


Poco después, ya en 1911, se leía la siguiente noticia:


Las reformas de 1912 de subsuelo y pavimentación, acometidas en varias zonas de la ciudad, incluyeron la modificación de rasantes de la plaza y restauración de las estatuas. Para este servicio se dotó  de una partida de 124.392,7 pesetas.

En 1913 los jardines fueron remozados para dar la bienvenida al presidente de Francia, Monsieur Raymond Poincaré. A tal efecto el alcalde de entonces, Sr. Vincenti, destinó una partida de casi 80.000 pesetas. 

Vista de la plaza de Oriente en 1913
© Archivo HUM
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 FOTOTECA
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

En 1918 las mudas estatuas fueron protagonistas de la instalación de tremendos barracones para la celebración de la verbena de Santiago. Era costumbre montar allí esa fiesta con sus puestos típicos, pero lo que resultó intolerable aquel año fue la presencia de los barracones.
La plaza más regia de Madrid, en la que cohabitan Palacio, Teatro, monumento y estatuas de reyes, se convertía en una fantochada. Las críticas al Ayuntamiento llegaron enseguida.

En los años 20 desaparecerán las verjas que encarcelaban al monarca de bronce y su entorno para ser cambiadas por una decoración que -lejos de dejarle en libertad-, le encadenaban. Quedará rodeado entonces de pesadas cadenas sujetas a pilotes de piedra.

Dijo D. Ramón Gómez de La Serna:
"Por algún conducto misterioso se supo que iban a robar la Plaza de Oriente o que iba a escaparse, y por eso la cargaron de cadenas.
¿O aquella verja de intermedio de circo, tan frágil para los cuatro leones de la fuente, se ha dado por inútil al cabo del tiempo al comprender que los cuatro leones son mansos?" [2]


© Archivo HUM
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 FOTOTECA
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325


© Archivo HUM
Fotografía: Díaz Casareigo, 1928
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 FOTOTECA
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

Después de la guerra -y antes también-, las estatuas de los reyes visigodos iban presentando un estado de deterioro vergonzante. Claro está que durante la triste contienda fue cuando más daños sufrieron; pero antes de eso ya les habían desaparecido cetros, narices, algún dedo y otras extremidades.

Aquel día de 1931 que Felipe III y su corcel fueron derribados y destrozados en la Plaza Mayor, los monarcas visigodos también sufrieron varios daños.

© Archivo HUM
Fotografía: Cortés o Marín
Mundo Gráfico, 1931
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 FOTOTECA
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

Durante la guerra un obús italiano alcanzó de lleno a Doña Petronila, reina de Aragón, que en la fotografía de Benítez Casaux yace destrozada a los pies de su marido, Berenguer IV.

© Archivo HUM
Fotografía: Benitez Casaux
Estampa, 1937
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Esta otra fotografía, también de Benítez Casaux, muestra en detalle los pilotes de piedra con cadenas en un escenario de destrucción. Así se presentaba la Plaza de Oriente en guerra.

© Archivo HUM
Fotografía: Benitez Casaux
Estampa, 1937
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 FOTOTECA
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

Ya en la década de los años 40 -a principios-, se decide remodelar la plaza y reducir el número de estatuas -que como dijimos, eran cuarenta-, y situarlas en el lateral opuesto al paseo, mirando hacia el monumento a Felipe IV.

© tococoleccion.net
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© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

"[PLAZA DE ORIENTE]"
© mcu-IPCE-FPH
Archivo MORENO
Signatura: 04746_A
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 FOTOTECA
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En 1962 Patrimonio Nacional les procura un mantenimiento general para intentar borrar las cicatrices del paso del tiempo y el maltrato. Esta tarea se prolongará durante varias décadas. Así lo muestra la siguiente imagen del año 1980.

© Archivo HUM
Fotografía: Pastor
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La plaza y sus estatuas han visto pasar los tiempos que crearon historias. Han conocido reyes y a otros que no lo eran, y han sido testigos de manifestaciones en pro o en contra de esos unos y aquellos otros.

© Archivo HUM
Fotograbado MEDITERRÁNEO, 1970
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 FOTOTECA
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

© Archivo HUM
Fotograbado MEDITERRÁNEO, 1970
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 FOTOTECA
© 2016 Historia Urbana de Madrid ISSN 2444-1325

Pero la plaza ahí continúa, ostentando su viejo linaje.
Sus moradores de bronce y piedra evocan siglos perdidos en la memoria, mientras en su paseo y jardines resuenan ecos de infancia y sones de alabarderos.


© Archivo HUM
Grabado: D. F. Pradilla, 1870
© 2016 Eduardo Valero García-HUM 016-002 FOTOTECA
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Bibliografía
[1] Soler, Antonio. Los hombres y los días. El archivo de Cristóbal Colón. La Acción, diario de la noche. Madrid, 1917. Año II (380) p. 1

[2] Gómez de la Serna, Ramón. Motivos: La Plaza de Oriente Encadenada. La Esfera. Madrid, 1928. Año XV (777) p. 43

Todo el contenido de la publicación está basado en información de prensa de la época y documentos de propiedad del autor-editor.

En todos los casos cítese la fuente: Valero García, E. (2016) "Fototeca. Las estatuas de la Plaza de Oriente", en http://historia-urbana-madrid.blogspot.com.es/ ISSN 2444-1325

Citas de noticias de periódicos y otras obras, en la publicación.
En todas las citas se ha conservado la ortografía original.

© 2016 Eduardo Valero García - HUM 016-002 FOTOTECA
ISSN 2444-1325